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René Descartes

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René Descartes
Nombre en latínRenatus Cartesius
Nacimiento31 de marzo de 1596
La Haye-en-Touraine, Francia
Fallecimiento11 de febrero de 1650 (53 años)
Estocolmo, Suecia
OcupaciónFilósofo, matemático y físico
MovimientoRacionalismo
Cartesianismo
Obras destacadasDiscurso del método (1637)
Meditaciones metafísicas (1641)
Principios de la filosofía (1644)
PadresJoachim Descartes
Jeanne Brochard
ParejaHelena Jans van der Strom
HijosFrancine Descartes
ReligiónCatólico

1. Resumen[editar]

René Descartes —latinizado como Renatus Cartesius, de donde deriva el adjetivo cartesiano— fue un filósofo, matemático y físico francés nacido el 31 de marzo de 1596 en La Haye-en-Touraine, actual Descartes, en la región francesa de Centro-Valle del Loira, y fallecido el 11 de febrero de 1650 en Estocolmo, Suecia. Se le considera el padre de la filosofía moderna y el padre de la geometría analítica, además de una de las figuras centrales en el umbral de la revolución científica.[1]

Su método filosófico y científico, expuesto primero en las Reglas para la dirección de la mente (1628) y de forma más acabada en el Discurso del método (1637), rompió con la escolástica que se enseñaba en las universidades y tomó el modelo matemático como base para alcanzar un conocimiento firme. Su declaración filosófica más conocida es la fórmula "Pienso, luego existo" —en latín, cogito, ergo sum; en francés, je pense, donc je suis—, elemento esencial del racionalismo occidental y punto de partida de su reconstrucción del saber sobre fundamentos indudables.

Aunque la fórmula tiene precedentes anteriores, fue Descartes quien la convirtió en eje de una filosofía sistemática.[2] Su filosofía natural rechazó las causas finales aristotélicas y explicó los fenómenos en términos mecánicos, al tiempo que estableció un dualismo sustancial entre el alma —res cogitans, la sustancia pensante— y el cuerpo —res extensa, la sustancia extensa—. Este dualismo, unido a su concepción del animal como "máquina", fue debatido intensamente durante la Ilustración.

Consciente de la condena de Galileo en 1633, Descartes moderó o postergó la difusión de parte de sus ideas sobre el mundo y el hombre, pero su influencia atravesó todo el siglo XVII y se prolongó en la filosofía posterior: Malebranche, Spinoza, Leibniz, Locke, Hume, Kant y Husserl, entre otros, dialogaron críticamente con su obra. En matemáticas, el sistema de coordenadas cartesianas lleva su nombre y su Geometría de 1637 tendió el puente entre álgebra y geometría que hizo posible el cálculo infinitesimal.

2. Primeros años y formación[editar]

Descartes nació el 31 de marzo de 1596 en La Haye-en-Touraine, en la provincia francesa de Turena. Pertenecía a una familia de baja nobleza: su padre, Joachim Descartes, era consejero del Parlamento de Rennes, en Bretaña, y su madre, Jeanne Brochard, era hija del alcalde de Nantes. René fue el tercero de los hijos del matrimonio.

La madre murió pocos meses después del nacimiento de René, en mayo de 1597, días después de dar a luz a otro niño que no sobrevivió.[3] El pequeño quedó al cuidado de su abuela materna, de su padre y de una nodriza a la que permaneció ligado toda la vida. Su padre, según la biografía temprana de Adrien Baillet, lo llamaba su "pequeño filósofo" porque el niño no dejaba de hacer preguntas.

Con once años ingresó en el colegio jesuita Henri IV de La Flèche, uno de los centros de enseñanza de la Compañía de Jesús. Allí permaneció hasta 1614. Debido a su salud frágil, estaba eximido de asistir a clase por la mañana, privilegio que aprovechaba para leer y meditar; los educadores valoraban sus dotes intelectuales precoces. En La Flèche estudió latín y griego a través de autores clásicos —Cicerón, Horacio y Virgilio, por un lado; Homero, Píndaro y Platón, por otro—, así como física, filosofía escolástica y una introducción a las matemáticas puras y aplicadas. El plan de estudios descansaba en gran medida en Aristóteles, acompañado por comentarios jesuitas como los de Suárez y Toledo.

En el Discurso del método, Descartes recordaría esa formación con respeto, pero afirmaría que no le parecía adecuada para el desarrollo de la razón: las disputas escolásticas, escribió, servían más para explicar lo ya conocido o para hablar con verosimilitud de lo ignorado que para alcanzar certezas nuevas. Tras dejar La Flèche, se matriculó en la Universidad de Poitiers para estudiar derecho y medicina. En 1616 obtuvo los grados de bachiller y licenciado en derecho, obedeciendo el deseo paterno de que se convirtiera en abogado.

3. Trayectoria[editar]

3.1 Juventud, milicia y los tres sueños[editar]

En 1618, con veintidós años, Descartes partió hacia los Países Bajos y se enroló como mercenario en el ejército de los Estados neerlandeses, bajo el mando de Mauricio de Nassau, en Breda. Allí entró en contacto con la ingeniería militar y, en noviembre de 1618, conoció al científico y médico Isaac Beeckman, con quien mantuvo una intensa amistad durante años. Beeckman, que intentaba desarrollar una física corpuscularista basada en conceptos matemáticos, estimuló decisivamente el interés de Descartes por la matemática y la física. Para esta época Descartes redactó pequeños trabajos como el Compendio de música (escrito en 1618) y estudios sobre la presión del agua y la caída de una piedra en el vacío.

En 1619 se alistó en las filas del duque Maximiliano de Baviera. Un año después, en noviembre de 1620, estuvo presente en la batalla de la Montaña Blanca, cerca de Praga, en el contexto de la guerra de los Treinta Años. Según la tradición recogida por Baillet, la noche del 10 al 11 de noviembre de 1619 —día de San Martín—, acuartelado en Neuburg an der Donau, cerca de Ulm[sin verificar], Descartes se encerró en una habitación calentada por una estufa y experimentó tres sueños sucesivos que interpretó como un mensaje divino para consagrarse a la investigación.[4] Al salir de la habitación, según sus biógrafos, había formulado el proyecto de una "ciencia maravillosa": la idea de aplicar el método matemático a la filosofía y, con ello, lo que más tarde se conocería como geometría analítica.

3.2 Francia, Italia y el regreso a París[editar]

Descartes renunció a la vida militar en 1619 o 1620. Visitó el santuario de la Santa Casa de Loreto, en Italia, y viajó por varios países antes de regresar a Francia en 1622. En París vendió sus posesiones y las invirtió en bonos, lo que le aseguró una renta modesta e independiente para dedicarse al estudio. Entre 1623 y 1625 pasó una temporada en Italia.

En París reanudó sus contactos intelectuales, especialmente con Marin Mersenne y Jean-Louis Guez de Balzac, y se movió en círculos cercanos a los llamados "libertinos". Su reputación creció hasta el punto de que su casa se convirtió en un lugar de reunión para quienes querían discutir ideas. Su vida parisina no fue del todo serena: en 1628 se batió en duelo. Poco antes, en 1627, había asistido como observador al asedio de La Rochela dirigido por el cardenal Richelieu; allí se interesó por la estructura del gran dique que se construía y conoció al matemático Girard Desargues. En el otoño de ese año, en la residencia del nuncio papal, el cardenal Pierre de Bérulle lo instó a exponer su nueva filosofía fuera del alcance de la Inquisición.

Fue en París donde compuso su primer ensayo sobre el método, las Regulae ad Directionem Ingenii (Reglas para la dirección de la mente), fechado hacia 1628, que quedó inconcluso y se publicó póstumamente.

3.3 Países Bajos: la etapa de madurez[editar]

En 1628 Descartes regresó a las Provincias Unidas de los Países Bajos, donde permaneció, con interrupciones, hasta 1649. Escogió la región en busca de tranquilidad, tolerancia relativa y un ambiente favorable a la ciencia: las ciudades neerlandesas florecían gracias al comercio y en ellas surgían academias y círculos científicos. En abril de 1629 se inscribió en la Universidad de Franeker y al año siguiente, bajo el nombre de "Poitevin", en la Universidad de Leiden, entonces protestante. En Leiden estudió matemáticas con Jacobus Golius y astronomía con Martin Hortensius.

Durante su larga estancia neerlandesa, Descartes cambió de residencia constantemente para mantener oculto su paradero; vivió, entre otras ciudades, en Dordrecht, Franeker, Ámsterdam, Leiden, Deventer, Utrecht, Egmond y Santpoort.[5] En Ámsterdam mantuvo una relación con una sirvienta, Helena Jans van der Strom, con quien tuvo una hija, Francine, nacida en 1635 en Deventer. La niña fue bautizada como protestante y murió de escarlatina a los cinco años, en 1640, una pérdida que Descartes lloró abiertamente y que algunos biógrafos consideran un punto de inflexión en su obra.

En 1630 se distanció de Beeckman, a quien acusó de plagiar parte de sus ideas. En 1633, al conocer la condena de Galileo por la Inquisición, renunció a publicar su Tratado del mundo, en el que había trabajado durante los cuatro años anteriores. En una carta a Mersenne, impactado por el caso Galileo, llegó a plantearse no dejar ver sus papeles a nadie. La obra solo vería la luz póstumamente.

En 1637 publicó su primera gran obra: el Discours de la méthode (Discurso del método), acompañado de tres ensayos científicos: La Dioptrique (La dióptrica), Les Météores (Los meteoros) y La Géométrie (La geometría). En 1641 aparecieron, en latín, las Meditationes de Prima Philosophia (Meditaciones metafísicas), dirigidas al público erudito, y en 1644 los Principia Philosophiae (Principios de la filosofía), dedicados a Sofía de Hannover.

A partir de 1643, la filosofía cartesiana fue condenada en la Universidad de Utrecht, lo que obligó a Descartes a refugiarse en La Haya y después a establecerse en Egmond-Binnen. En esos años mantuvo una correspondencia de seis años con la princesa Isabel de Bohemia, dedicada sobre todo a cuestiones morales y psicológicas. Fruto de ese diálogo, en 1649 publicó Les Passions de l'âme (Las pasiones del alma), dedicada a la princesa. La traducción francesa de los Principios, preparada por el abad Claude Picot, se publicó en 1647; en su prefacio, Descartes defendió la filosofía como vía para alcanzar la sabiduría mediante la búsqueda de las primeras causas.

3.4 Suecia y fallecimiento[editar]

Hacia 1649, Descartes era ya uno de los filósofos y científicos más célebres de Europa. Ese año, la reina Cristina de Suecia lo invitó a su corte para organizar una academia científica y para que la instruyera en sus ideas sobre el amor. Descartes aceptó y se trasladó al imperio sueco en pleno invierno. Se alojó como huésped del embajador francés Pierre Chanut, en la calle Västerlånggatan de Estocolmo, a menos de quinientos metros del castillo de Tre Kronor. Allí, Chanut y Descartes realizaron observaciones con un barómetro de mercurio de tipo torricelliano y, desafiando a Pascal, tomaron lecturas barométricas con la intención de ver si la presión atmosférica podía servir para pronosticar el tiempo.

El acuerdo con la reina resultó pronto problemático: las clases debían impartirse muy temprano, en un castillo frío y con corrientes de aire, y para el 15 de enero de 1650 Cristina solo se había reunido con Descartes cuatro o cinco veces. Ninguno de los dos se sentía a gusto: a ella no le interesaba la filosofía mecánica cartesiana y a él no le interesaba la literatura griega antigua que ella cultivaba. El 1 de febrero de 1650 Descartes contrajo una neumonía y murió el 11 de febrero, en la residencia de Chanut, a los cincuenta y tres años.

4. Pensamiento filosófico[editar]

Desde que Hegel escribió sus Lecciones de historia de la filosofía, suele considerarse a Descartes como el "padre de la filosofía moderna". El juicio se apoya en su decisión de rechazar las verdades recibidas —sobre todo las de la escolástica—, combatir los prejuicios y poner en el centro de la reflexión el problema del conocimiento. Ese giro epistemológico fue seguido por la mayoría de sus grandes sucesores, aunque no debe ocultar los vínculos de Descartes con la filosofía clásica, en particular con Platón, Aristóteles, Cicerón y Sexto Empírico.

4.1 Las reglas del método[editar]

En la segunda parte del Discurso del método, Descartes sostiene que, en la investigación libremente elegida, conviene seguir un rumbo fijo, como el caminante extraviado que avanza en una sola dirección. Para sustituir la lógica escolástica y sus interminables silogismos, propone un método breve. En lugar del gran número de preceptos de la lógica, estimó suficientes cuatro reglas:

  1. No admitir jamás cosa alguna como verdadera sin conocerla con evidencia como tal; evitar la precipitación y la prevención, y no incluir en los juicios más que lo que se presentara tan clara y distintamente al espíritu que no hubiera motivo alguno para dudarlo.
  2. Dividir cada una de las dificultades a examinar en tantas partes como fuera posible y necesario para resolverlas mejor.
  3. Conducir ordenadamente los pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ascender gradualmente hasta el conocimiento de los más complejos, suponiendo un orden incluso entre aquellos que no se preceden naturalmente.
  4. Hacer en todo recuentos tan completos y revisiones tan amplias que se pudiera estar seguro de no omitir nada.

Para la vida cotidiana, mientras dura la investigación, Descartes adopta una "moral provisional": metas realistas, resolución para actuar y adaptación al entorno, a fin de no llenarse de conflictos que impidan estudiar. La búsqueda del fundamento del conocimiento no suspende, pues, la vida ordinaria.

4.2 La duda metódica[editar]

En aplicación de la primera regla, Descartes se propone no asentir a todo aquello de lo que pueda dudarse racionalmente. Establece tres niveles principales de duda:

  • El primero cuestiona ciertas percepciones sensoriales, sobre todo las relativas a objetos lejanos o a condiciones desfavorables.
  • El segundo señala la similitud entre vigilia y sueño y la falta de criterios claros para distinguirlos.
  • El tercero, el más célebre, concibe la hipótesis de un "genio maligno" extremadamente poderoso, capaz de manipular las creencias y de inducir a error incluso sobre las ideas más evidentes.

La duda no imita la del escéptico ni afecta la vida práctica: es un instrumento al servicio de la investigación, comparable al microscopio en el laboratorio. Descartes ilustró su procedimiento con la imagen de una cesta de manzanas: si una puede estar podrida, conviene inspeccionar una a una las creencias para distinguir las sanas de las dañinas.

4.3 El cogito, ergo sum[editar]

Aplicada la duda, Descartes llega a un primer principio: si dudo, pienso; y si pienso, existo. La frase se lee en francés en el Discurso del método ("Je pense, donc je suis") y en latín en los Principios de la filosofía ("cogito, ergo sum"). En la segunda de las Meditaciones metafísicas concluye que la proposición "Yo soy, yo existo" es necesariamente verdadera cada vez que se pronuncia o se concibe en la mente.

Descartes define el pensamiento (cogitatio) como todo aquello de lo que somos inmediatamente conscientes. Ante la hipótesis del genio maligno, el yo solo se conoce con certeza como "cosa pensante", no como cuerpo dotado de sentidos. Más tarde matizó, en respuesta a las objeciones a las Meditaciones, que el cogito no se obtiene mediante un silogismo, sino por simple inspección del espíritu, pese a que en los Principios la presentación pueda parecer silogística. En una entrevista con Frans Burman, declaró que la premisa "Todo lo que piensa existe" es anterior a la inferencia, aunque no siempre se advierta explícitamente.[6]

La fórmula tiene precedentes históricos: ya en 1554 Gómez Pereira había escrito "Nosco me aliquid noscere: at quidquid noscit, est: ergo ego sum" ("Conozco que yo conozco algo; todo lo que conoce es; luego yo soy"), y Francisco Sánchez formuló en 1576 un método de puesta en duda cercano. Existen antecedentes antiguos y medievales en Agustín de Hipona y Avicena. En su propio siglo, Pierre Daniel Huet acusó a Descartes de plagio por estas semejanzas.[2:1]

4.4 Las pruebas de la existencia de Dios[editar]

Para salir de la duda y recuperar el conocimiento del mundo, Descartes intenta demostrar que existe un Dios benévolo y no engañador. En la tercera y quinta de las Meditaciones ofrece dos pruebas principales, aunque en los Principios y en otros pasajes desarrolla variantes.[7]

La primera, llamada a veces "argumento de la marca", es causal: la idea de un ser sumamente perfecto no puede provenir de mí, que soy imperfecto y dudo, porque lo más perfecto no puede ser efecto de lo menos perfecto. Del mismo modo que una marca o sello en un objeto remite a su fabricante, la idea de perfección remite a un origen perfecto, Dios. Descartes invoca el principio ex nihilo nihil fit ("nada surge de la nada").

La segunda es una versión del argumento ontológico de san Anselmo: la idea de un ser supremamente perfecto incluye todas las perfecciones; y como la existencia necesaria es una perfección, tal ser no puede ser pensado como inexistente sin contradicción. Así como de la idea de triángulo se deduce que sus ángulos suman dos rectos, de la idea de Dios se deduce que existe.

Puesto que Dios es bueno y no engañador, Descartes sostiene que puede fiarse de su mente y de un sistema sensorial que, bien usado, no lo induce sistemáticamente a error. Con ello considera refutada la hipótesis del genio maligno y abre la vía para recuperar la percepción y la deducción como fuentes de conocimiento.

4.5 Dualismo mente-cuerpo[editar]

La filosofía cartesiana radicaliza la distinción entre alma y cuerpo. El alma es res cogitans, sustancia pensante e inextensa; el cuerpo es res extensa, sustancia extensa y no pensante. Descartes sostiene que son real y ontológicamente distintas: puedo concebir con claridad y distinción que yo, como cosa pensante, existo sin cuerpo, pero no puedo concebir del mismo modo el cuerpo sin pensamiento. En su argumento de la indivisibilidad, subraya que la mente es enteramente indivisible, mientras que el cuerpo siempre puede dividirse en partes.

El famoso pasaje del trozo de cera, en la segunda de las Meditaciones, ilustra esta posición: la cera no se conoce propiamente por los sentidos ni por la imaginación, porque todas sus cualidades sensibles cambian al acercarla al fuego; solo el entendimiento la concibe como una misma sustancia extensa y flexible. El conocimiento claro, pues, es obra del espíritu y no de los sentidos.

Sin embargo, Descartes no niega la unión entre ambas sustancias: en la sexta de las Meditaciones afirma que la naturaleza le enseña, por las sensaciones de dolor, hambre y sed, que no está en su cuerpo "como un piloto en su nave", sino íntimamente unido a él, de modo que ambos forman una unidad. Esta tensión entre distinción y unión dejó planteado el llamado problema mente-cuerpo, que ocupó a la filosofía posterior durante siglos.

En el plano fisiológico, Descartes postuló que el cuerpo funcionaba mediante "espíritus animales", fluidos sutiles que circulaban por los nervios entre el cerebro y los músculos, y situó en la glándula pineal el punto de interacción entre alma y cuerpo. Esta hipótesis, hoy abandonada, anunció sin embargo una visión mecanicista del organismo que preparó el terreno a la fisiología moderna.

4.6 Las pasiones y el cuerpo humano[editar]

En Las pasiones del alma (1649), su última obra publicada en vida, Descartes analizó las emociones desde la doble perspectiva del cuerpo y la mente. Distinguió seis pasiones básicas —la admiración, el amor, el odio, el deseo, la alegría y la tristeza— y las explicó como combinaciones de los movimientos de los espíritus animales, que inclinan al alma a querer o a actuar. Sostuvo que los movimientos corporales automáticos no requieren pensamiento, una idea que influyó en la teoría decimonónica del reflejo.

Descartes fue uno de los primeros pensadores modernos en sostener que el alma debía someterse a investigación científica, lo que incomodó a las autoridades religiosas de su tiempo. Su programa investigó también la relación entre emoción y cognición: sostenía que las pasiones debían regularse mediante la razón y el hábito, sin que el conocimiento verdadero tuviera que ceder ante ellas.

En su concepción del animal como máquina, Descartes negó el alma a los animales, considerándolos cuerpos sin pensamiento. Esta tesis fue duramente criticada durante la Ilustración por Diderot, Rousseau y Voltaire.[8]

5. Matemáticas y ciencias naturales[editar]

El aporte matemático más recordado de Descartes es la geometría analítica, que unificó el álgebra y la geometría al representar curvas mediante ecuaciones y coordenadas. El sistema de coordenadas cartesianas lleva su nombre, y la geometría cartesiana permitió expresar lugares geométricos en forma algebraica, abriendo el camino al cálculo infinitesimal y al análisis matemático.

Buena parte de estos resultados apareció en La Géométrie (1637), uno de los tres ensayos que acompañaron al Discurso del método. En ella Descartes explotó descubrimientos realizados junto a Pierre de Fermat y sentó las bases de lo que hoy se llama geometría cartesiana. A él se asocian también la regla de los signos de Descartes y el folium de Descartes, curva algebraica de tercer grado. En física, formuló tempranamente un principio de conservación de la cantidad de movimiento (quantitas motus) y contribuyó a la óptica con su tratamiento de la refracción y de la forma de las lentes en La Dioptrique. En Los meteoros explicó fenómenos atmosféricos como el arcoíris mediante la geometría de los rayos de luz, ejemplo característico de su programa de explicar la naturaleza por mecanismos físicos y no por fines.

6. Obras principales[editar]

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Año Obra Notas
1618 Compendium musicae Pequeño tratado de música, publicado póstumamente.
1628 Regulae ad Directionem Ingenii (Reglas para la dirección de la mente) Primer ensayo de método, inconcluso y póstumo.
1633 Le Monde (El mundo o Tratado de la luz) Retirado de la publicación tras la condena de Galileo; póstumo.
1637 Discours de la méthode (Discurso del método) Incluye La Dioptrique, Les Météores y La Géométrie.
1641 Meditationes de Prima Philosophia (Meditaciones metafísicas) Escrita en latín, con objeciones y respuestas.
1644 Principia Philosophiae (Principios de la filosofía) Síntesis de su física y metafísica.
1649 Les Passions de l'âme (Las pasiones del alma) Última obra publicada en vida, dedicada a Isabel de Bohemia.

7. Muerte, restos y controversias[editar]

La muerte de Descartes, el 11 de febrero de 1650, se atribuyó inicialmente a una neumonía contraída en el crudo invierno sueco. El embajador Chanut habló de neumonía, mientras que el médico de la reina, Johann van Wullen, describió el cuadro como una perineumonía. Décadas después, el historiador y médico alemán Eike Pies halló en la Universidad de Leiden una carta en la que el médico holandés que atendió a Descartes describía con detalle su agonía; según Pies, los síntomas —náuseas, vómitos y escalofríos— no eran propios de una neumonía, y concluyó, tras consultar a patólogos, que la causa podía haber sido envenenamiento por arsénico.[9] La hipótesis ha sido discutida y no existe consenso: las fuentes recuerdan que Descartes se negó a ciertos tratamientos y que hay argumentos en contra de aquella tesis.

Como católico en un país protestante, Descartes fue enterrado en el cementerio del distrito de Norrmalm, en Estocolmo, en lo que después sería la iglesia de Adolf Fredrik. Sus manuscritos pasaron a manos de Claude Clerselier, cuñado de Chanut, quien preparó ediciones póstumas.

En 1663, la Iglesia católica incluyó sus obras filosóficas, así como Las pasiones del alma, en el Índice de Libros Prohibidos, con la anotación donec corrigantur ("hasta que sean corregidas"). En 1671, Luis XIV prohibió en Francia la enseñanza del cartesianismo.

Los restos de Descartes fueron exhumados el 1 de mayo de 1666, colocados en un ataúd de cobre y trasladados a París a comienzos de 1667. Tras pasar por la iglesia de San Pablo y por Santa Genoveva del Monte, los huesos iban a ser llevados al Panteón de París por decreto revolucionario, pero el traslado no se realizó. Después de la Restauración borbónica, fueron depositados el 26 de febrero de 1819 en la iglesia de la abadía de Saint-Germain-des-Prés, donde se encuentran en la actualidad, aunque sin el cráneo ni un dedo. El supuesto cráneo se conserva en el Museo del Hombre de París; investigaciones de 2020 sugieren que podría ser una falsificación. El cráneo original probablemente se fragmentó en Suecia y una de las piezas llegó en 1691 a la Universidad de Lund, donde se preserva.[10]

8. Legado e influencia[editar]

La herencia cartesiana fue inmediata y amplia. El cartesianismo se expandió por Francia, los Países Bajos y Europa central, y los principales filósofos posteriores se definieron en relación con Descartes: Malebranche y Arnauld desarrollaron aspectos de su sistema, mientras que Hobbes, Spinoza, Leibniz, Locke, Pascal, Berkeley y Hume lo rechazaron o reelaboraron. El fundacionalismo cartesiano, la primacía del problema epistemológico y el dualismo mente-cuerpo definieron buena parte de la agenda de la filosofía moderna.

En ciencia, su mecanicismo contribuyó a desterrar las causas finales de la explicación física y a consolidar la imagen de la naturaleza como sistema regido por leyes. En matemáticas, la geometría analítica fue condición de posibilidad del cálculo de Newton y Leibniz.

Su nombre fue dado, en 1935, a un cráter lunar, y en 1967 su ciudad natal adoptó oficialmente el nombre de Descartes. La figura de Descartes sigue siendo, en la historiografía, el símbolo de la ruptura con la escolástica y del comienzo de la modernidad filosófica: la frase "Pienso, luego existo" funciona todavía como emblema del giro hacia el sujeto en la cultura occidental.

9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La obra de Descartes ha circulado en español con las traducciones convertidas en canónicas. Entre las ediciones castellanas difundidas en la segunda mitad del siglo XX figuran el Discurso del método en traducción de G. Quintás (Alfaguara, Madrid, 1981) y las Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas en traducción de Vidal Peña (Alfaguara, Madrid, 1977). Ambas se citan con frecuencia en los cursos universitarios de filosofía de América Latina y España.

La fórmula "Pienso, luego existo" —o su variante "pienso, por lo tanto existo"— es una de las expresiones filosóficas más reconocidas en el habla culta hispanoamericana. El pensamiento cartesiano forma parte del canon de la historia de la filosofía que se estudia en los colegios y universidades de la región, tanto en los cursos generales como en los de epistemología, historia de la ciencia y filosofía moderna.

La recepción académica en español también ha producido estudios especializados. La Revista Cubana de Filosofía publicó en 1950 un trabajo de Victoria González sobre el argumento ontológico en Descartes, y en México, Laura Benítez Grobet, investigadora de la UNAM, ha analizado la correspondencia de Descartes con Regius sobre el disimulo y la prudencia ante la censura. Estos ejemplos muestran una recepción hispanoamericana que ha leído a Descartes tanto en clave filosófica como a la luz del problema de la libertad de pensamiento.


  1. La atribución de Descartes como "padre de la filosofía moderna" suele remontarse a las Lecciones de historia de la filosofía de Hegel, y fue repetida por la historiografía posterior; la frase convive, sin embargo, con reconocimientos expresos de su deuda con la tradición antigua y medieval. ↩︎

  2. La fórmula de Gómez Pereira aparece en De Inmortalitate Animae (1554), en la edición madrileña de 1749. Francisco Sánchez, en Quod nihil scitur ("Que nada se sabe", 1576), describe un procedimiento de puesta en duda semejante. Agustín de Hipona y Avicena formularon intuiciones próximas; Pierre Daniel Huet acusó a Descartes de plagio en su Censura filosófica cartesiana (París, 1689). ↩︎ ↩︎

  3. La fecha precisa difiere según las fuentes: la tradición biográfica señala el 13 de mayo de 1597, unos trece meses después del nacimiento de René y pocos días después de dar a luz a un niño que no sobrevivió; otras fuentes indican simplemente "mayo de 1597". ↩︎

  4. En el primer sueño, unos fantasmas atormentaban a Descartes y salía a la calle encorvado, sacudido por un torbellino; un hombre le decía que "Monsieur N" tenía algo para él: un melón de un país extranjero. En el segundo, un estruendo como un relámpago lo sobresaltó y vio centellas de fuego en la habitación. En el tercero encontró un diccionario y una antología de poesía latina, Corpus Poetarum, abierta en el verso "Quod vitae sectabor iter?" ("¿Qué camino de vida debo seguir?"), y un hombre le mostró otro que empezaba "Est & Non" ("Sí o No"). Descartes interpretó el diccionario como el conjunto de todas las ciencias y los poemas como la unión de filosofía y sabiduría. ↩︎

  5. Durante su estancia neerlandesa, Descartes cambió de domicilio con frecuencia: Dordrecht (1628), Franeker (1629), Ámsterdam (1629-1630), Leiden (1630), Ámsterdam (1630-1632), Deventer (1632-1634), Ámsterdam (1634-1635), Utrecht (1635-1636), Leiden (1636), Egmond (1636-1638), Santpoort (1638-1640), Leiden (1640-1641), Endegeest, cerca de Oegstgeest (1641-1643) y, finalmente, Egmond-Binnen (1643-1649). ↩︎

  6. Pierre Gassendi objetó con la fórmula "ambulo, ergo sum" ("me paseo, luego existo"), sosteniendo que la experiencia sensible, y no solo el pensamiento, da acceso a la propia existencia. Descartes respondió que el paseo solo se conoce como pensamiento: la existencia del cuerpo y del movimiento puede ser falsa, como en los sueños. Críticos posteriores, como Harry G. Frankfurt, no consideraron concluyente esa respuesta. ↩︎

  7. La lectura estándar distingue dos pruebas principales en las Meditaciones: el argumento causal o "de la marca", en la tercera meditación, y el argumento ontológico, en la quinta. Algunas lecturas, apoyadas en pasajes del Discurso y de los Principios, identifican tres variantes o tres funciones distintas de las pruebas, ligadas a la refutación de las diversas hipótesis escépticas. ↩︎

  8. La tesis del "animal máquina" no es unánime en los estudios cartesianos: algunos autores subrayan que Descartes negaba un alma racional a los animales, pero su sensibilidad y su capacidad de sentir siguen siendo objeto de debate. La crítica ilustrada de Diderot, Rousseau y Voltaire se dirigió contra la consecuencia práctica de tratarlos como meros cuerpos. ↩︎

  9. Pies publicó su hipótesis en El homicidio de Descartes, documentos, indicios, pruebas; la carta del médico holandés Johan Van Wullen a un antepasado de Pies describía una agonía con náuseas, vómitos y escalofríos. La tesis del envenenamiento convive con la explicación tradicional de la neumonía y no es aceptada por todos los especialistas; algunas fuentes recuerdan que Descartes rechazó tratamientos y que el diagnóstico de sus contemporáneos fue enfermedad pulmonar. ↩︎

  10. Según las reconstrucciones más recientes, el cráneo original se dividió en Suecia y pasó a coleccionistas privados; un fragmento llegó a la Universidad de Lund en 1691. El cráneo conservado en el Museo del Hombre de París podría ser, de acuerdo con investigaciones de 2020, una falsificación. Los restos de Saint-Germain-des-Prés carecen además de un dedo. ↩︎