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Revolución de Mayo

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Parte de Guerras de independencia hispanoamericanas
Fecha 18–25 de mayo de 1810
Lugar Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata
Impulsores Cornelio Saavedra, Juan José Castelli, Juan José Paso, Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Antonio Luis Beruti, Domingo French, Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes, Martín Rodríguez, Juan José Viamonte, Eustoquio Díaz Vélez, entre otros
Gobierno saliente Baltasar Hidalgo de Cisneros, virrey del Virreinato del Río de la Plata
Gobierno entrante Primera Junta
Resultado Formación de un gobierno autónomo en Buenos Aires; inicio del proceso de surgimiento del Estado argentino

1. Resumen[editar]

La Revolución de Mayo fue una serie de acontecimientos revolucionarios ocurridos en la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, durante la llamada Semana de Mayo, entre el 18 de mayo de 1810, cuando se divulgaron noticias de la caída de la Junta Suprema Central en España, y el 25 de mayo, cuando juró la Primera Junta de gobierno.

La nueva junta declaró actuar «a nombre del Sr. D. Fernando Séptimo, y para guarda de sus augustos derechos», fórmula que parte de la historiografía interpreta como una maniobra para disimular propósitos independentistas, conocida como la máscara de Fernando VII. El proceso no incluyó una declaración formal de independencia: la actual Argentina la proclamó seis años más tarde, el 9 de julio de 1816, en el Congreso de Tucumán.

El desencadenante inmediato fue la crisis de la monarquía española. Tras las abdicaciones de Bayona, el trono español había quedado en manos de José Bonaparte, hermano de Napoleón Bonaparte, mientras que las autoridades españolas que resistían la ocupación francesa se reorganizaron primero en la Junta Suprema Central y luego en el Consejo de Regencia. La noticia de la disolución de aquella Junta llegó a Buenos Aires a mediados de mayo de 1810 y debilitó la legitimidad del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, nombrado por una autoridad que ya no existía.

El 22 de mayo se realizó un cabildo abierto que debatió el destino del virreinato. La mayoría votó por el cese de Cisneros. El Cabildo intentó inicialmente conservarlo al frente de una junta, pero la movilización popular del 25 de mayo forzó su renuncia definitiva y la formación de un nuevo gobierno, la Primera Junta. Este hecho es considerado el punto de partida del surgimiento del Estado argentino y uno de los primeros episodios de las guerras de independencia hispanoamericanas.

2. Causas[editar]

2.1 Causas externas[editar]

La declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776 constituyó un ejemplo para los criollos de que era posible romper el vínculo colonial y establecer un gobierno republicano. La Constitución estadounidense proclamaba la igualdad ante la ley y defendía la propiedad y la libertad, aunque en aquel momento esa igualdad no alcanzaba a los esclavos.[1]

Desde finales del siglo XVIII se difundieron también los ideales de la Revolución francesa de 1789, que terminó con siglos de monarquía al destituir y ejecutar a Luis XVI y María Antonieta y suprimir los privilegios nobiliarios. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y sus principios de «libertad, igualdad, fraternidad» tuvieron repercusión entre los jóvenes de la burguesía criolla. En Europa, la Revolución francesa impulsó el liberalismo político y económico; entre los pensadores influyentes se contaban Voltaire, Jean-Jacques Rousseau, Montesquieu y Adam Smith. En los territorios españoles la circulación de estos libros estaba restringida por las aduanas, pero se difundían de manera clandestina.[2]

En Gran Bretaña, la Revolución Industrial generó una producción creciente de carbón, acero y textiles y, con ella, la necesidad de nuevos mercados. Gran Bretaña ambicionaba que el comercio de las colonias españolas dejara de estar monopolizado por la metrópoli. Para lograrlo intentó primero conquistar el Río de la Plata con las invasiones inglesas de 1806 y 1807 y, tras el fracaso militar, promovió la emancipación de los territorios americanos.

En Europa se desarrollaban las guerras napoleónicas. Francia forzó las abdicaciones de Bayona, por las que Carlos IV y su hijo Fernando VII renunciaron al trono, ocupado entonces por José Bonaparte. La resistencia española se organizó en la Junta Suprema Central y, tras su repliegue, en el Consejo de Regencia de España e Indias.

2.2 Causas internas[editar]

Las reformas borbónicas del siglo XVIII reforzaron los mecanismos de control y extracción de la Corona: se crearon nuevos virreinatos, se implantaron las intendencias, aumentó la presión fiscal y se reguló más estrictamente el comercio. En 1776 se creó el Virreinato del Río de la Plata, que agrupó territorios hasta entonces dependientes del Virreinato del Perú y otorgó a Buenos Aires un papel central como capital virreinal. Estas medidas profundizaron las tensiones con las élites locales y generaron un clima de descontento que alimentaría más tarde los movimientos independentistas.[3]

En el Río de la Plata el comercio exterior era monopolio de España y no era legal comerciar con otras potencias. Como los productos metropolitanos eran escasos y caros, se desarrolló un contrabando tolerado por la mayoría de los gobernantes locales. El llamado proteccionismo a la producción local fue más un argumento retórico que una política sistemática: la región carecía de un sector manufacturero capaz de competir con la producción europea.[4] No obstante, el entramado de intereses no era simple: sectores vinculados al monopolio y comerciantes favorables a una mayor apertura podían alternar entre el comercio legal y el ilegal según la coyuntura.

La Corona tendía a designar funcionarios peninsulares para los principales cargos administrativos, lo que limitaba el acceso de las familias locales al poder y al prestigio. A ello se sumaban la prohibición de casarse con mujeres de la jurisdicción, los juicios de residencia y los traslados periódicos, mecanismos destinados a evitar que los funcionarios se integraran demasiado con las élites locales. Esta situación acentuó la rivalidad entre criollos y españoles peninsulares.

Buenos Aires ganó prestigio ante las demás ciudades del virreinato al expulsar a las tropas inglesas durante las invasiones inglesas. La victoria se obtuvo sin ayuda de España, lo que alentó los ánimos de cambio. Durante el conflicto se formaron milicias criollas que luego adquirieron peso político; la principal era el Regimiento de Patricios, liderado por Cornelio Saavedra.

Otra alternativa considerada antes de la revolución fue el carlotismo: apoyar a la infanta Carlota Joaquina, hermana de Fernando VII y esposa del príncipe regente de Portugal, para que gobernara las colonias españolas como regente. Algunos revolucionarios, entre ellos Juan José Castelli, Juan José Paso, Antonio Luis Beruti, Hipólito Vieytes y Manuel Belgrano, vieron en ello la posibilidad de lograr un gobierno local. Otros, como Mariano Moreno y Cornelio Saavedra, estuvieron en desacuerdo. La propia infanta desautorizó los apoyos y denunció ante el virrey las intenciones revolucionarias que contenían las cartas llevadas por James Paroissien desde Río de Janeiro. El proyecto quedó abandonado.[5]

2.3 Corrientes de pensamiento subyacentes[editar]

Desde mediados del siglo XVIII influían en el Río de la Plata dos corrientes de pensamiento. La primera, de inspiración cristiana, se vinculaba a la doctrina de Francisco Suárez, de la Escuela de Salamanca, según la cual la autoridad es dada por Dios, pero no al rey, sino al pueblo. Esta doctrina fue enseñada por profesores de la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca y aprendida por muchos de los patriotas que impulsaron la Revolución de Mayo.

La segunda corriente era racionalista, laicista e iluminista, y se apoyaba en la filosofía política de Voltaire y en las ideas de la Revolución francesa. A comienzos del siglo XIX, ambas posiciones convivieron entre los protagonistas del proceso de emancipación, con tensiones entre quienes defendían el pensamiento católico y quienes promovían políticas regalistas y secularizadoras.

3. Antecedentes[editar]

3.1 El virrey Liniers[editar]

Tras las invasiones inglesas, la población de Buenos Aires consideraba que el virrey Rafael de Sobremonte había actuado con cobardía al retirarse de la ciudad rumbo a Córdoba con los caudales públicos. El 14 de agosto de 1806 se celebró un cabildo abierto que debatió la crisis de autoridad y reconoció de hecho el liderazgo militar de Santiago de Liniers. El 28 de agosto de 1806, Sobremonte dispuso que Liniers asumiera como comandante militar de la plaza de Buenos Aires, mientras el gobierno político y la Real Hacienda quedaban a cargo del regente de la Real Audiencia. Liniers fue designado virrey interino y asumió el 29 de junio de 1807.

La gestión de Liniers recibió cuestionamientos de su principal adversario, el gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, quien denunció su origen francés y se negó a reconocer su autoridad, además de formar una junta de gobierno en Montevideo independiente de Buenos Aires.

3.2 La asonada de Álzaga[editar]

El 1 de enero de 1809, el alcalde y comerciante español Martín de Álzaga encabezó una asonada para destituir al virrey Liniers. Un cabildo abierto exigió su renuncia y designó una junta en nombre de Fernando VII, presidida por Álzaga. Las milicias españolas apoyaron la rebelión, pero las milicias criollas lideradas por Cornelio Saavedra rodearon la plaza y dispersaron a los sublevados. Los cabecillas fueron desterrados a Carmen de Patagones y los cuerpos militares sublevados, disueltos. El poder militar quedó en manos de los criollos que habían sostenido a Liniers, y la rivalidad entre criollos y peninsulares se acentuó. Los desterrados fueron rescatados por Elío y llevados a Montevideo.

3.3 Nombramiento del virrey Cisneros[editar]

Para terminar con los enfrentamientos, la Junta Suprema Central reemplazó a Liniers por Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien llegó a Montevideo en junio de 1809. El traspaso del mando se hizo en Colonia del Sacramento; Elío aceptó la autoridad del nuevo virrey y disolvió la Junta de Montevideo. Cisneros rearmó las milicias españolas disueltas tras la asonada e indultó a sus responsables.

En Buenos Aires, Juan Martín de Pueyrredón se reunió con jefes militares para intentar desconocer la autoridad del nuevo virrey. El plan contó con el apoyo de Saavedra, Belgrano, Eustoquio Díaz Vélez, Juan José Viamonte, Miguel de Azcuénaga, Castelli y Paso, pero no con el de Liniers, que permaneció leal a las autoridades realistas.

3.4 Agitación revolucionaria en el Alto Perú[editar]

El descontento con los funcionarios españoles se manifestó también en el Alto Perú. El 25 de mayo de 1809, la Revolución de Chuquisaca destituyó al gobernador presidente de la Real Audiencia de Charcas, Ramón García de León y Pizarro, y el mando militar recayó en el coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales. El 16 de julio, en La Paz, otro movimiento liderado por el coronel Pedro Domingo Murillo y otros patriotas obligó a renunciar al gobernador intendente Tadeo Dávila y al obispo Remigio de la Santa y Ortega; se formó la Junta Tuitiva de los Derechos del Pueblo, presidida por Murillo.

La Revolución de Chuquisaca no se proponía alterar la fidelidad al rey, mientras que la de La Paz proclamó una abierta independencia. Por ello, los historiadores discrepan sobre cuál fue la primera revolución independentista en Hispanoamérica.[6] La reacción realista derrotó ambos movimientos: el de La Paz fue aplastado por un ejército enviado desde el Virreinato del Perú y el de Chuquisaca fue sofocado por tropas enviadas por Cisneros. Las medidas del virrey acentuaron el resentimiento criollo, porque los responsables de la asonada de Álzaga habían sido indultados, lo que reforzaba una sensación de inequidad. Castelli había participado de los debates de la Universidad de San Francisco Xavier, donde se formuló el llamado silogismo de Chuquisaca, que influyó en sus posturas durante la Semana de Mayo.

3.5 Reformas económicas y medidas políticas de Cisneros[editar]

Ante las dificultades del comercio con España, Cisneros aceptó una propuesta de Mariano Moreno e instauró el 6 de noviembre de 1809 el libre comercio con otras potencias. Los principales beneficiados fueron Gran Bretaña y los sectores ganaderos exportadores de cueros. Sin embargo, comerciantes perjudicados reclamaron la anulación de la medida, a la que el virrey accedió para no perder apoyo. Moreno criticó la anulación con la Representación de los Hacendados, considerada el informe de política económica más completo de la época virreinal. Cisneros otorgó una prórroga al libre comercio, que finalizó el 19 de mayo de 1810.

El 25 de noviembre de 1809, Cisneros creó el Juzgado de Vigilancia Política para perseguir a los afrancesados y a quienes alentaran regímenes opuestos a la dependencia de América respecto de España. En abril de 1810, Saavedra expresaba a sus allegados: «Aún no es tiempo; dejen ustedes que las brevas maduren y entonces las comeremos.»[7]

4. La Semana de Mayo[editar]

4.1 La llegada de las noticias[editar]

El 14 de mayo llegó al puerto de Buenos Aires la goleta británica HMS Mistletoe, al mando del teniente Robert Ramsay y procedente de Río de Janeiro, con periódicos de Londres que informaban sobre la ocupación francesa de Andalucía, la fuga de la Junta Central desde Sevilla rumbo a Cádiz y la formación de una regencia. Esas noticias fueron reimpresas en Buenos Aires con el título de «Copia de los artículos de la Gazeta de Londres, de 16, 17 y 24 de febrero último [1810], referentes a los sucesos de España».[8]

El 13 de mayo había ingresado al puerto de Montevideo la fragata mercante inglesa John Paris, procedente de Gibraltar. El gobernador interino de Montevideo, Joaquín de Soria, incautó los papeles que traía y los remitió a Cisneros. Los documentos llegaron a Buenos Aires el 17 de mayo. Uno era un impreso fechado en Cádiz el 3 de febrero, sobre la formación del Supremo Consejo de Regencia, y otro era un decreto de la Junta Provincial fechado en Cádiz el 6 de febrero. Estas noticias fueron publicadas en Buenos Aires el 19 de mayo con el título de «Aviso al Público».[9] La historiografía conoció estos impresos de manera tardía: Carlos Alberto Pueyrredón publicó en 1953 el facsímil de la separata de Londres, y Enrique Corbellini publicó el «Aviso al Público» en 1950. Esos hallazgos corrigieron la idea, predominante desde comienzos del siglo XX, de que Cisneros había intentado ocultar deliberadamente la gravedad de lo que ocurría en España.

4.2 Viernes 18 y sábado 19 de mayo[editar]

El 18 de mayo se publicaron las separatas que Cisneros había ordenado imprimir. El contenido fue la base sobre la que trabajaron los integrantes del movimiento juntista, que se reunieron en la casa de Nicolás Rodríguez Peña y en la jabonería de Hipólito Vieytes. Llamaron con urgencia a Castelli y a Saavedra, que estaban en sus quintas de San Isidro. Castelli llegó a Buenos Aires a las ocho de la noche. A esas reuniones concurrían, entre otros, Manuel Belgrano, Juan José Paso, Antonio Luis Beruti, Eustoquio Díaz Vélez, Feliciano Antonio Chiclana, José Darragueira, Martín Jacobo Thompson y Juan José Viamonte. Otro grupo se congregaba en la quinta de Orma, encabezado por fray Ignacio Grela, con Domingo French entre los destacados.

El 19 de mayo se puso al tanto a Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, que hasta entonces había desaconsejado actuar contra el virrey. Al conocer la caída de la Junta de Sevilla, Saavedra consideró que había llegado el momento. El grupo de Castelli se inclinaba por un cabildo abierto, mientras algunos militares criollos proponían deponer al virrey por la fuerza. Durante la mañana, Saavedra y Belgrano se reunieron con el alcalde de primer voto, Juan José de Lezica, y Castelli con el síndico procurador, Julián de Leyva, para solicitar el cese del mando de Cisneros. Ese mismo día se produjeron hechos preparatorios: se acuarteló a los milicianos, se les proveyó municiones y se entregó dinero a soldados y oficiales. Nicolás Rodríguez Peña prestó 4.500 pesos y los hermanos Miguel y Matías Irigoyen entregaron otros 4.000 pesos para la tropa de los Patricios.[10]

4.3 Domingo 20 de mayo[editar]

Lezica y Leyva se entrevistaron con Cisneros para transmitirle las exigencias. El virrey citó a los jefes militares en el fuerte a las siete de la tarde. Saavedra respondió en nombre de los regimientos criollos. Comparó la situación con la de la asonada de Álzaga de 1809 y sostuvo que la España que había nombrado a Cisneros ya no existía, con excepción de Cádiz y la isla de León, y que las tropas no sostendrían al virrey. Explicó que se habían reasumido los derechos propios y que el mando de Cisneros carecía ya de autoridad.

Esa noche, Castelli y Martín Rodríguez se presentaron en el fuerte y pidieron nuevamente un cabildo abierto. Cisneros reaccionó con enojo, pero tras una breve discusión accedió. En la memoria histórica quedó una anécdota, surgida de las memorias de Martín Rodríguez, según la cual la comisión le dio a Cisneros un plazo de cinco minutos para responder y éste contestó: «hagan lo que quieran». El relato, sin embargo, no aparece en el detallado oficio que Cisneros envió al Consejo de Regencia el 22 de junio de 1810 ni en las memorias de Saavedra, por lo que la historiografía lo trata con cautela.[11]

También se cita para esa noche la representación de una obra de tema antiránico, «Roma salvada»[sin verificar], en la que el actor Morante interpretaba a Cicerón. El jefe de policía pidió sin éxito que se suspendiera; durante la representación se produjeron vivas a la libertad de Buenos Aires y un pequeño altercado.

4.4 Lunes 21 de mayo[editar]

Un grupo de unas 600 personas se congregó en la plaza de la Victoria, comandado por Domingo French, Antonio Beruti y un tal Arzac, probablemente José María de Arzac. Armados con pistolas y puñales, se autodenominaban Legión Infernal y llevaban una cinta blanca en el sombrero o en el ojal como señal de unión entre españoles americanos y europeos, además de un retrato de Fernando VII. Pedían la renuncia de Cisneros y la convocatoria de un cabildo abierto.

A las nueve de la mañana, el Cabildo inició una sesión privada. Los regidores Manuel José de Ocampo y Andrés Domínguez se presentaron ante Cisneros con un oficio de renuncia para que lo firmara, pero regresaron con una autorización para realizar el cabildo abierto, sin renuncia. El Cabildo adaptó su acta a esa respuesta. Saavedra acudió al Cabildo y se presentó como garante de la seguridad pública; salió a la plaza y convenció a la gente de retirarse.

El Cabildo mandó imprimir unas 600 invitaciones, de las cuales se distribuyeron alrededor de 450. Muchos posibles asistentes no recibieron la suya. El texto convocaba a los vecinos al cabildo abierto del 22 de mayo, a las nueve y «sin etiqueta alguna, y en clase de vecino».

4.5 Martes 22: el cabildo abierto[editar]

De los 450 invitados, participaron unos 251. French y Beruti, al mando de unos 600 hombres armados con cuchillos, trabucos y fusiles, controlaron el acceso a la plaza para asegurar una mayoría criolla. La sesión se prolongó desde la mañana hasta la medianoche.

El debate central fue la legitimidad del virrey y de la autoridad en ausencia del monarca. El principio de retroversión de la soberanía planteaba que, desaparecido el monarca legítimo, el poder volvía al pueblo, que tenía derecho a formar un nuevo gobierno. Se enfrentaron dos posiciones: la de quienes sostenían que la situación debía mantenerse sin cambios con Cisneros como virrey, y la de quienes proponían el reemplazo del virrey por una junta de gobierno, como las constituidas en España. Los partidarios del cambio no reconocían la autoridad del Consejo de Regencia y argumentaban que las colonias no habían sido consultadas para su formación.

No se conserva ningún texto oficial de los discursos del cabildo abierto. Las intervenciones que la historiografía atribuye a los participantes provienen de memorias de testigos, escritas en algunos casos mucho después de los hechos, por lo que deben ser usadas con reservas.[12]

Entre los oradores, el obispo de Buenos Aires, Benito Lué y Riega, sostuvo que no había motivo para remover al virrey y que el mando no debía pasar a los hijos del país mientras hubiera un español en América. Juan José Castelli sostuvo que los pueblos americanos debían asumir la dirección de sus destinos hasta que Fernando VII pudiera volver al trono. Pascual Ruiz Huidobro expuso que, caducada la autoridad que había designado a Cisneros, éste debía separarse del gobierno y el Cabildo asumir el mando. El fiscal Manuel Genaro Villota, representante de los sectores conservadores, señaló que Buenos Aires no podía decidir por sí sola sin convocar a las demás ciudades del virreinato, porque ello rompería la unidad del territorio. Juan José Paso aceptó el argumento, pero adujo que la urgencia de la situación europea y la amenaza de un avance francés sobre América exigían una resolución inmediata.

El cura Juan Nepomuceno Solá propuso que el Cabildo recibiera el mando provisoriamente hasta la formación de una junta con representantes de todo el virreinato. Cornelio Saavedra propuso que el mando se delegara en el Cabildo hasta la formación de una junta, en el modo y forma que el Cabildo estimara conveniente, y destacó que «no queda duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando».[13] La postura de Castelli se acopló a la de Saavedra al momento de votar.

El recuento dio como resultado la cesación del virrey por amplia mayoría: 155 votos contra 69 a favor de la continuidad, con un total de 224 votos.[14] Los votos por la cesación se dividieron en varias fórmulas: la de Ruiz Huidobro, que dejaba el gobierno en el Cabildo, recibió 25 votos; la de Pedro Andrés García y Luis José de Chorroarín, 20; la de Saavedra, que obtuvo el mayor número, 87; la de Solá, 19; y otras variantes, 4 votos. Otra reconstrucción historiográfica atribuye a la fórmula de Ruiz Huidobro alrededor de 35 votos, lo que refleja las dificultades de reconstruir con exactitud la agregación de los sufragios.[15]

Manuel Belgrano permaneció cerca de una ventana con un lienzo blanco preparado para dar una señal a la multitud en caso de que la sesión se desviara; el plan no fue necesario.

4.6 Miércoles 23 y jueves 24 de mayo[editar]

El 23 de mayo el Cabildo comunicó que el virrey cesaba en el mando y que la autoridad recaía temporalmente en el propio Cabildo hasta la formación de una junta gubernativa. Se fijaron avisos en distintos puntos de la ciudad.

El 24 de mayo, sin embargo, el Cabildo interpretó la decisión a su manera y formó una junta presidida por el ex virrey Cisneros, acompañado por Cornelio Saavedra, Juan José Castelli, Juan Nepomuceno Solá y José Santos Inchaurregui. Julián de Leyva redactó un reglamento que limitaba el accionar de la junta: no podía ejercer el poder judicial, Cisneros no podía actuar sin el apoyo de los demás miembros, el Cabildo podía destituir a quienes descuidaran su deber y se debía convocar a las demás ciudades a enviar representantes.

La permanencia de Cisneros al frente del nuevo cuerpo fue vista como una violación de la voluntad del cabildo abierto. Una movilización encabezada por French y Beruti llenó la plaza. El coronel Martín Rodríguez advirtió que, si el ejército sostenía un gobierno con Cisneros, podría verse obligado a disparar contra el pueblo y que las tropas se amotinarían. Esa noche, Castelli y Saavedra comunicaron a Cisneros su renuncia a la junta y le advirtieron que no podían contener la movilización. Cisneros aceptó renunciar y envió su renuncia al Cabildo.

4.7 Viernes 25 de mayo[editar]

En la mañana del 25 de mayo, pese al mal tiempo, una multitud se congregó en la plaza de la Victoria junto a las milicias de French y Beruti. Se reclamaba el cese definitivo de Cisneros, la disolución de la junta formada el día anterior y la designación de una nueva junta sin el ex virrey. Bartolomé Mitre sostuvo que French y Beruti distribuyeron cintas celestes y blancas, pero los historiadores posteriores lo consideran dudoso, aunque posible, como distintivo de identificación.[16] Ante la demora del Cabildo, la multitud gritaba «¡El pueblo quiere saber de qué se trata!».

El Cabildo se reunió a las nueve y rechazó la renuncia de Cisneros, al considerar que la movilización no tenía derecho a modificar lo resuelto. Citó a los comandantes para hacer cumplir sus órdenes, pero muchos no concurrieron y los presentes dijeron no poder contener a los manifestantes. La multitud ingresó al edificio capitular. Beruti, Chiclana, French y Grela ingresaron a la sala de deliberaciones. El Cabildo objetó que Buenos Aires no podía romper por sí sola el sistema del virreinato; respondieron que la convocatoria a las provincias ya estaba prevista. Finalmente, ante la presión, el Cabildo aceptó la renuncia de Cisneros. Beruti exigió que la nueva junta fuera elegida por el pueblo y no por el Cabildo.

Así se formó la Primera Junta, integrada por Cornelio Saavedra como presidente, Mariano Moreno y Juan José Paso como secretarios, y Manuel Alberti, Miguel de Azcuénaga, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Juan Larrea y Domingo Matheu como vocales[sin verificar]. El gobierno surgido de la revolución juró en nombre de Fernando VII.

5. La Primera Junta y la máscara de Fernando VII[editar]

La Primera Junta se presentó como un gobierno que actuaba a nombre de Fernando VII. La fórmula ha generado un largo debate historiográfico: para algunos, se trató de una genuina fidelidad al rey cautivo; para otros, fue una máscara para ocultar el objetivo independentista ante una población que no estaba preparada para un cambio radical. Aunque no hubo declaración formal de independencia, el nuevo gobierno negó legitimidad al Consejo de Regencia y ejerció en los hechos una autonomía que hizo estallar un conflicto entre las regiones que aceptaron el resultado de Buenos Aires y las que permanecieron leales a España.

La Junta invitó a las demás ciudades del virreinato a enviar representantes para incorporarse. La aceptación fue desigual: algunas provincias reconocieron al nuevo gobierno y otras se mantuvieron bajo autoridades realistas.

6. Consecuencias[editar]

6.1 El inicio de la guerra[editar]

La Revolución de Mayo dio inicio a la guerra de independencia de la actual Argentina. La Primera Junta organizó expediciones militares para extender su autoridad: una de ellas partió hacia el Alto Perú, otra hacia el Paraguay y una tercera hacia la Banda Oriental. La resistencia realista se concentró en Córdoba, encabezada por Liniers, y en Montevideo, que permaneció bajo control español; también Paraguay optó por no subordinarse a Buenos Aires. El proceso desembocó en una larga guerra continental, en la que se inscriben las campañas al Alto Perú, la expedición al Paraguay, la lucha en la Banda Oriental y, más tarde, el Ejército de los Andes.

6.2 La ruptura del virreinato[editar]

La crisis de 1810 aceleró la fragmentación del Virreinato del Río de la Plata. De él surgieron, con el tiempo, las repúblicas de Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay, además de la disputada Banda Oriental. La Revolución de Mayo es considerada uno de los primeros eventos de las guerras de independencia hispanoamericanas, en un ciclo que incluyó juntas similares en Caracas, Santiago de Chile, Santafé de Bogotá y otras ciudades.

7. Historiografía y debates[editar]

La propia idea de «Semana de Mayo» fue una construcción de la historiografía y del sistema educativo argentino de la segunda mitad del siglo XIX, que buscaba consolidar una unidad colectiva nacional. El término designa el lapso entre el 18 y el 25 de mayo de 1810, desde la publicación de las noticias de España hasta la jura de la Primera Junta.[17]

Varios puntos han sido revisados por la historiografía contemporánea. Los hallazgos de Pueyrredón y Corbellini sobre las noticias de Londres y el «Aviso al Público» modificaron la imagen de un Cisneros empeñado en ocultar la verdad. Roberto Marfany sostuvo que el cabildo abierto no fue un logro de los revolucionarios, sino un recurso del virrey y del Cabildo para salvar su autoridad mediante la convocatoria de «vecinos de distinción».[18] También se ha cuestionado la autoría del discurso de Paso conocido como «argumento de la hermana mayor», que carece de prueba documental y fue rechazado por Mitre, Levene y otros historiadores.[19]

El debate sobre si la Revolución de Chuquisaca o la de La Paz fue la primera revolución independentista hispanoamericana sigue abierto. En el primer caso, una interpretación destaca que se mantuvo el sistema español y que no se respaldó la revolución de La Paz; en el segundo, se subraya que la Revolución de Chuquisaca formuló el silogismo altoperuano: «Las Indias son un dominio personal del rey de España; el rey está impedido de reinar; luego las Indias deben gobernarse a sí mismas».[6:1]

También se ha discutido la interpretación de los discursos del cabildo abierto. Fernando Jumar ha señalado que las memorias de los protagonistas, escritas a posteriori, deberían descartarse para reconstruir los hechos, aunque resultan útiles para analizar cómo se construyó el mito de la revolución.[20]

8. Legado y presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La Revolución de Mayo es una de las fechas centrales de la identidad argentina. El 25 de Mayo es feriado nacional y conmemora la formación del primer gobierno patrio. La ciudad de Buenos Aires le dedicó la Plaza de Mayo, la Avenida de Mayo y numerosos monumentos, entre ellos la Pirámide de Mayo. El Cabildo de Buenos Aires, escenario de los hechos, es hoy museo y símbolo del proceso.

En la cultura de masas, la efeméride ha sido representada en el cine, la literatura y la pintura. Existe una película titulada La Revolución de Mayo, centrada en los sucesos de 1810, y obras plásticas clásicas como los óleos de Juan Manuel Blanes y Pedro Subercaseaux recrean el cabildo abierto del 22 de mayo. El acontecimiento se enseña en las escuelas argentinas como inicio del proceso independentista.

Para el conjunto de Hispanoamérica, la Revolución de Mayo forma parte de un ciclo más amplio de crisis de la monarquía española, la misma coyuntura que llevó a la formación de juntas de gobierno en Caracas, Santiago, Bogotá y otras capitales. Aunque cada trayectoria fue distinta, la experiencia de Buenos Aires fue una de las primeras en consolidarse y en lanzar campañas militares de alcance regional, lo que la convierte en un hito de las guerras de independencia hispanoamericanas y, para la Argentina, en el punto de partida de su historia nacional.


  1. La proclamación de igualdad de la Constitución estadounidense convivía con la esclavitud legal, que recién fue abolida en ese país en 1865. ↩︎

  2. La circulación clandestina de impresos era habitual pese a los controles aduaneros; los textos llegaban por vía marítima y por redes de estudiantes y comerciantes. ↩︎

  3. La creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 reordenó la administración y el comercio de la región, con Buenos Aires como beneficiaria principal. ↩︎

  4. El Reglamento de Libre Comercio de 1778 amplió los puertos habilitados, pero no eliminó el monopolio español, y el contrabando siguió siendo una vía importante de abastecimiento. ↩︎

  5. La infanta Carlota Joaquina estaba casada con el príncipe regente Juan de Portugal; su proyecto de regencia despertó sospechas de expansión portuguesa y fracasó ante la falta de apoyos consistentes. ↩︎

  6. Una parte de la historiografía considera que la Revolución de Chuquisaca fue independentista y otra que fue resultado de una disputa interna entre leales a Fernando VII y partidarios de Carlota. La cuestión sigue abierta. ↩︎ ↩︎

  7. La frase, citada en Crónica Histórica Argentina, Tomo I, página 145, se convirtió en símbolo de la estrategia de Saavedra de esperar el momento político más favorable. ↩︎

  8. La separata reproducía noticias de la Gazeta de Londres sobre la ocupación francesa de Andalucía, la salida de la Junta Central de Sevilla y la formación de una regencia. ↩︎

  9. El impreso combinaba noticias fechadas en Cádiz el 3 y el 6 de febrero de 1810 y fue difundido en Buenos Aires el 19 de mayo. ↩︎

  10. Rodrigo Fraga consideró que la entrega de dinero a la tropa podía responder a una antigua costumbre militar de pagar antes del combate, pero Corbellini lo interpretó como un recurso para ganar voluntades; el préstamo de los Irigoyen fue confirmado por escrito en 1826. ↩︎

  11. La historiografía moderna prefiere no basarse en la anécdota de la intimación, porque el episodio no aparece en las fuentes contemporáneas más completas. ↩︎

  12. Las versiones de los discursos se transmitieron sobre todo a través de las memorias de Cornelio Saavedra y de otros protagonistas, redactadas años después. ↩︎

  13. La fórmula recogida en las actas del cabildo abierto fue «que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando». ↩︎

  14. La clasificación más difundida, la de Ricardo Levene, agrupa los sufragios en dos bloques: 155 por la cesación y 69 por la continuidad, con un total de 224 votos. ↩︎

  15. Las cifras por fórmulas varían según la fuente: la de Ruiz Huidobro aparece como 25 votos en algunas reconstrucciones y como 35 en otras, probablemente por las distintas maneras de reunir adhesiones individuales. ↩︎

  16. Bartolomé Mitre habló de cintas celestes y blancas; historiadores posteriores lo consideran posible, pero no documentado con certeza. ↩︎

  17. La denominación «Semana de Mayo» es posterior a los hechos y corresponde a la operación historiográfica del siglo XIX; en 1810 la expresión no era de uso común. ↩︎

  18. Marfany sostuvo que el cabildo abierto fue un recurso del propio Cisneros y del Cabildo para salvar la autoridad virreinal, y no una conquista de los revolucionarios. ↩︎

  19. La versión del «hermano mayor» fue difundida por Vicente Fidel López; sin embargo, no cuenta con respaldo documental contemporáneo y fue rechazada por Mitre y otros historiadores. ↩︎

  20. Fernando Jumar sostiene que las memorias de los involucrados deberían descartarse como fuente factual, aunque sirven para estudiar la construcción del mito. ↩︎