Suicidio
| Suicidio | |
|---|---|
| Especialidad | Psiquiatría, psicología clínica y asistencia social clínica |
| Grupos de edad de mayor incidencia | 15 a 30 años y mayores de 70 años[sin verificar] |
| Factores de riesgo | Depresión, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastornos de la personalidad, trastornos de ansiedad, alcoholismo, abuso de sustancias |
| Prevención | Limitación del acceso a métodos, tratamiento de trastornos mentales y abuso de sustancias, cobertura responsable de los medios, mejora de condiciones sociales y económicas |
| Frecuencia | 12 por cada 100 000 al año 12 por cada 100 000 |
| Mortalidad | 793 000 a 817 000 muertes / 1,5 % de las muertes globales (2016)[sin verificar] |
1. Resumen[editar]
El suicidio es el acto por el que una persona se provoca la muerte de manera intencional. Proviene del latín suicidium, formado por sui, «de sí mismo», y -cidium, «acción de matar».[1] Por lo general es consecuencia de un sufrimiento psíquico y de una desesperación derivada o atribuible a circunstancias vitales como las dificultades financieras, los problemas en las relaciones interpersonales, las enfermedades dolorosas, la soledad, circunstancias políticas adversas o el acoso psicológico.[2]
Se trata de un fenómeno complejo y multicausal, en el que suelen combinarse factores sociales, culturales, biológicos y psicológicos. Aunque se lo asocia con frecuencia a trastornos mentales, no todos los suicidios se explican por una enfermedad psiquiátrica de base: una parte ocurre de manera impulsiva en momentos de crisis, como una pérdida económica o una ruptura afectiva.[3]
La magnitud sanitaria del suicidio es considerable. La Organización Mundial de la Salud estimó que en 2016 se produjeron alrededor de 817 000 muertes por esta causa, lo que representa un aumento frente a las 712 000 registradas en 1990.[4] Otras fuentes sitúan la cifra de 2016 en torno a 793 000, equivalente al 1,5 % de todas las muertes.[5] Esa discrepancia obedece a diferencias en los métodos de estimación y en el tratamiento de los registros nacionales. En cualquier caso, el suicidio figura entre las primeras diez causas de muerte a nivel mundial y es la segunda causa de muerte entre las personas de 10 a 29 años.[6]
El suicidio es más frecuente en hombres que en mujeres. Los hombres tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades de suicidarse, mientras que los intentos no mortales son más comunes en mujeres jóvenes y en mujeres en general.[7] Se estima que cada año se producen entre diez y veinte millones de intentos de suicidio, muchos de los cuales dejan lesiones o discapacidades de largo plazo.[8]
2. Definiciones y conceptos[editar]
El término suicidio designa el acto de quitarse deliberadamente la propia vida. En cambio, el intento de suicidio, también llamado comportamiento suicida no mortal, es la autoagresión llevada a cabo con la intención de morir que no resulta en la muerte del individuo.[9] La ideación suicida consiste en pensamientos sobre suicidarse «con diversos grados de intensidad y elaboración».[10]
El suicidio asistido se distingue de la eutanasia por el grado de participación de una tercera persona. En el suicidio asistido, alguien ayuda a la persona que desea morir proporcionándole conocimientos o medios. En la eutanasia, la persona que ayuda desempeña un papel más activo, por ejemplo al no instaurar o al suspender un tratamiento médico.[11]
El homicidio seguido de suicidio representa el suicidio de una persona en un plazo máximo de veinticuatro horas después de haber asesinado a una o más personas.[12]
La palabra suicidio fue acuñada por el monje cisterciense español Juan Caramuel y apareció por primera vez en su obra Theologia moralis fundamentalis, de 1652.[13] Antes de que el término se difundiera, las lenguas europeas usaban expresiones como «muerte propia», «muerte voluntaria» o «autolesión mortal».
3. Factores de riesgo[editar]
El suicidio consumado suele ser la consecuencia de la suma de diversos factores determinantes, precipitantes o predisponentes, de índole social, cultural y biológica. Los trabajos sociológicos recientes han subrayado cada vez más el papel del significado, la cultura y los mecanismos de nivel intermedio en la explicación del suicidio.[14]
La evaluación de las causas concretas es difícil, entre otros motivos porque solo entre un 15 y un 40 % de los casos dejan una nota de suicidio.[15]
3.1 Trastornos mentales[editar]
Se ha estimado que en más del 90 % de los casos, incluidos los intentos, existía al momento del acto algún trastorno mental; en un 27 % concurrían problemas importantes de alcohol o drogas.[16] En los pacientes ingresados en unidades psiquiátricas, el riesgo vitalicio de consumar el suicidio es de aproximadamente 8,6 %.[17]
La mitad de las personas fallecidas por esta causa podrían haber padecido un trastorno depresivo mayor. Los trastornos del estado de ánimo, como la depresión y el trastorno bipolar, pueden incrementar hasta veinte veces el riesgo de suicidio.[18] La esquizofrenia, los trastornos de la personalidad y el trastorno por estrés postraumático también se asocian a un mayor riesgo. Cerca del 5 % de las personas con esquizofrenia mueren por suicidio.[19]
Los intentos previos son el indicador más «robusto» de un suicidio ulterior.[20] Alrededor de un 20 % de quienes mueren por suicidio intentaron matarse antes. De ellos, el 1 % concretó el suicidio al cabo de un año y el 5 % en un plazo de diez años.[21] Aproximadamente el 80 % de los suicidas acudió a un médico en el año anterior a su muerte, y un 45 % lo hizo en el mes previo.[22] Un estudio de Ahmedani y colaboradores (2014) halló que, de 5894 muertes por suicidio, el 83 % había recibido alguna atención médica en el año anterior y aproximadamente el 45 % había sido diagnosticado con una enfermedad mental.[23]
3.2 Abuso de sustancias adictivas[editar]
El abuso de sustancias es el segundo factor de riesgo más común, después de los trastornos mentales.[24] Están asociados tanto el consumo crónico como la intoxicación aguda. La mayoría de las personas se encuentra bajo la influencia de drogas sedantes —como el alcohol o las benzodiazepinas— en el momento de suicidarse.[25] El alcoholismo está presente en entre el 15 y el 61 % de los casos.[26]
Los países con mayores tasas de consumo de alcohol y mayor densidad de bares tienden a registrar tasas de suicidio más altas. Entre el 2,2 y el 3,4 % de las personas tratadas por alcoholismo fallecen por suicidio.[27] En quienes se inyectan heroína, entre el 3 y el 35 % de las muertes corresponden a suicidio.[28] El abuso de cocaína y metanfetaminas también tiene una alta correlación con el suicidio. En las personas que consumen cocaína, el riesgo es mayor durante la fase de abstinencia.[29]
En los adolescentes con abuso de alcohol, las disfunciones neurológicas y psicológicas pueden contribuir a incrementar el riesgo.[30] El consumo de tabaco se ha asociado asimismo a cierto riesgo de suicidio, aunque existe poca evidencia sobre los mecanismos: se ha conjeturado que la predisposición a fumar y la predisposición al suicidio podrían compartir bases, que fumar provoca problemas de salud que llevan a poner fin a la vida, o que el tabaco afecta la química cerebral.[31]
3.3 Ludopatía[editar]
En comparación con la población general, los ludópatas presentan una mayor ideación suicida y una mayor cantidad de intentos de suicidio.[32] Entre el 12 y el 24 % de los apostadores patológicos han intentado acabar con su vida.[33] En las esposas de ludópatas, la tasa de suicidio es tres veces mayor que la de la población general. Otros factores que aumentan el riesgo en este grupo son las enfermedades mentales y el abuso de sustancias.
3.4 Condiciones médicas[editar]
Existe una asociación entre la conducta suicida y varias condiciones de salud, como el dolor crónico, el traumatismo craneoencefálico, el cáncer, la insuficiencia renal con necesidad de hemodiálisis, el sida y el lupus eritematoso sistémico.[34] El diagnóstico de cáncer duplica el riesgo subsiguiente de suicidio.[35] En Japón, los problemas de salud se registran como la principal razón de suicidio.[36]
Los trastornos del sueño, como el insomnio o la apnea del sueño, son también factores de riesgo para la depresión y el suicidio. En algunos casos pueden constituir un factor de riesgo independiente para la depresión.[37] Otras condiciones médicas pueden presentarse con síntomas similares a los trastornos del estado de ánimo, como el hipertiroidismo, la enfermedad de Alzheimer, los tumores cerebrales, el lupus eritematoso sistémico y los efectos adversos de ciertos fármacos, como los betabloqueadores y los esteroides.[38]
3.5 Factores psicosociales[editar]
Varios estados psicológicos aumentan el riesgo de suicidio: la desesperanza, la anhedonia, la depresión, la ansiedad, una pobre capacidad para resolver problemas, la pérdida de capacidades que antes se tenían y el escaso control de impulsos.[39] En los adultos mayores, la percepción de ser una carga para otras personas es un factor importante.[40]
El suicidio derivado de una «pobre integración a la sociedad» se denomina suicidio egoísta, en la terminología clásica de la sociología.[41] La impulsividad está ampliamente asociada al suicidio. Situaciones emocionales adversas como el duelo, la pérdida de un familiar o de un trabajo, o el aislamiento social incrementan el riesgo. Las personas que nunca se han casado presentan un riesgo mayor.[42]
En sentido contrario, la religiosidad puede reducirlo. Ello se ha atribuido a las percepciones negativas que muchas religiones tienen sobre el suicidio y a la red de relaciones que la práctica religiosa puede proveer.[43] Algunas personas optan por el suicidio para escapar del acoso escolar o del prejuicio. Un historial de abuso sexual infantil y de acogidas temporales son también factores de riesgo.[44] Se estima que el abuso sexual contribuye con alrededor del 20 % del riesgo total.[45]
La pobreza está relacionada con el suicidio. El aumento de la pobreza relativa, es decir, la desventaja económica en comparación con las personas que rodean al individuo, incrementa el riesgo.[46] Cerca de 200 000 granjeros en la India se quitaron la vida desde 1997 debido, en parte, a problemas financieros.[47] En China, el suicidio es tres veces mayor en las regiones rurales, lo que se atribuye parcialmente a las dificultades económicas de esas zonas.[48]
4. Métodos de suicidio[editar]
Los métodos de suicidio varían por país y están parcialmente relacionados con su disponibilidad. Los más comunes son el ahorcamiento, el envenenamiento con plaguicidas y la manipulación de armas de fuego.[49] La disponibilidad de medios incrementa el riesgo: se observan tasas de suicidio mayores en hogares con armas de fuego.[50]
Limitar el acceso a los métodos más letales —armas de fuego, drogas, venenos— es una de las intervenciones preventivas con mayor respaldo. De allí que la restricción de plaguicidas, el control de armas y la colocación de barreras en lugares elevados figuren entre las medidas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud.
5. Epidemiología[editar]
El suicidio es un problema de salud pública de alcance global. En 2016 causó la muerte de aproximadamente 817 000 personas, según el estudio Global Burden of Disease, frente a las 712 000 de 1990.[51] Otras estimaciones sitúan la cifra de 2016 en 793 000, lo que equivale al 1,5 % de todas las muertes.[52] Estas diferencias reflejan variaciones en la clasificación de causas y en la calidad de los registros civiles de cada país.
En términos de tasa, la frecuencia mundial se estima en 12 muertes por cada 100 000 habitantes por año.[53] El suicidio es la novena causa de muerte a nivel mundial y la segunda entre las personas de 10 a 29 años.[54]
La distribución por sexo es marcada. Los hombres se suicidan con una frecuencia tres a cuatro veces mayor que las mujeres, mientras que los intentos no mortales son más comunes en mujeres.[55] Se calcula que cada año ocurren entre diez y veinte millones de intentos de suicidio.[56]
En América Latina y el Caribe, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha señalado que el suicidio es un fenómeno creciente y ha impulsado estrategias de prevención en los sistemas de salud de la región.[57] Las tasas varían notablemente entre países; en algunos el subregistro dificulta las comparaciones precisas.
6. Prevención[editar]
La prevención del suicidio se aborda en varios niveles. La psicoterapia es efectiva para tratar las causas y circunstancias subyacentes. Algunas medidas limitan el momento inmediato y previo al acto: restringir el acceso a armas de fuego, drogas y venenos, y tratar el abuso de sustancias.[58]
La cobertura responsable de los medios de comunicación es otra pieza clave. Se considera que una cobertura sensible —evitar detalles innecesarios sobre el método, no glorificar el acto, ofrecer recursos de ayuda— puede reducir los intentos.[59] Las mejoras de las condiciones económicas también forman parte de las estrategias de prevención: estudios han apuntado que el aumento del salario mínimo puede prevenir suicidios.[60]
Los factores de riesgo y de protección actúan de manera acumulativa. Entre los factores de riesgo figuran las barreras de acceso a la atención de salud, las catástrofes, las guerras y los conflictos, y los intentos previos. Entre los factores de protección se cuentan las relaciones personales sólidas, las creencias religiosas o espirituales y las estrategias de afrontamiento positivas.[61]
Aunque son comunes las líneas telefónicas de ayuda, no existe evidencia concluyente sobre su efectividad.[62] En la actualidad se desarrollan estudios de lingüística computacional que usan algoritmos para detectar patrones en el lenguaje de una persona que planea un suicidio; esta vía busca abrir nuevas formas de detección temprana.[63]
7. Perspectivas culturales y jurídicas[editar]
La valoración del suicidio ha cambiado según la época, la religión y la cultura. Tradicionalmente, las religiones abrahámicas lo consideran un pecado, debido a la creencia en la santidad de la vida. Durante la era de los samuráis en Japón, el harakiri era respetado como una manera de resarcir un fracaso o como forma de protesta. El ritual hinduista del satí, prohibido durante el Raj británico, implicaba la inmolación de la viuda en la pira funeraria del marido recién fallecido, ya fuera voluntariamente o por presión de la familia o la sociedad.[64]
En el plano jurídico, aunque en diversos países el suicidio o su intento son considerados delito, en la mayoría de las naciones occidentales no son punibles.[65] Durante los siglos XX y XXI, el suicidio mediante inmolación fue utilizado en algunas ocasiones como forma de protesta, mientras que los ataques suicidas —como los del kamikaze— han sido empleados como técnica militar y terrorista.[66]
8. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
En el ámbito hispanohablante, la conversación pública sobre el suicidio ha ido ganando espacio en los últimos años. Organismos como la OPS/OMS impulsan el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre.[67] 10 de septiembre
En varios países de América Latina existen líneas telefónicas de ayuda en crisis y programas nacionales de prevención, aunque su cobertura y recursos varían. El acceso a servicios de salud mental sigue siendo desigual en la región, lo que constituye una barrera para la atención oportuna de las personas en riesgo.
En el mundo de habla española también se han difundido obras literarias y cinematográficas que abordan el tema, lo que ha contribuido a un debate público más amplio sobre la salud mental. Pese a ello, el estigma asociado al suicidio y a los trastornos mentales continúa dificultando la búsqueda de ayuda en muchos contextos.
Suicidium proviene del latín sui, «de sí mismo», y -cidium, «acción de matar», raíz de caedĕre, «matar». ↩︎
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Ficha técnica de la Wikipedia en español; cifra compilada de OMS y GBD. ↩︎
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Ibíd. ↩︎
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Cita sobre el suicidio rural en China; fuente recogida en la Wikipedia en español. ↩︎
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GBD 2016 Causes of Death Collaborators, op. cit. ↩︎
Ficha técnica de la Wikipedia en español; compilación de OMS y GBD. ↩︎
OMS, «Suicidio», ficha descriptiva. ↩︎
Ibíd. ↩︎
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Bertolote, J. M. et al., op. cit. ↩︎
Organización Panamericana de la Salud, «Prevención del suicidio», OPS/OMS. ↩︎
OMS, «Suicidio», ficha descriptiva. ↩︎
Ibíd. ↩︎
«Un estudio apunta a que aumentar el salario mínimo 1 dólar puede prevenir miles de suicidios», Viento Sur. ↩︎
OPS, «Prevención del suicidio». ↩︎
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Ibíd. ↩︎
Organización Mundial de la Salud, Día Mundial para la Prevención del Suicidio. ↩︎