Toma de la embajada de la República Dominicana en Colombia
| Toma de la embajada de la República Dominicana | |
| Otro nombre | Operación Libertad y Democracia |
|---|---|
| Conflicto | Conflicto armado interno en Colombia |
| Fecha | 27 de febrero – 25 de abril de 1980 |
| Lugar | Embajada de la República Dominicana, Bogotá, Colombia |
| Resultado | Negociación con el M-19 en Cuba y liberación de los rehenes |
| Beligerantes | Gobierno de Colombia M-19 (Movimiento 19 de abril) |
| Comandantes | Colombia: Julio César Turbay, Luis Carlos Camacho Leyva, Fernando Landazábal Reyes, Óscar Peláez Carmona M-19: Jaime Bateman Cayón, Luis Otero Cifuentes, Rosemberg Pabón, Guillermo Elvecio Ruiz, Carmenza Cardona Londoño, Natalia Mendoza Arias, Ligia Vásquez |
| Unidades | Colombia: Ejército Nacional, Policía Nacional, DAS M-19: Comando Libertad o Democracia |
| Fuerzas | ~500 soldados y policías (Colombia) 15 guerrilleros (M-19) |
| Bajas | Colombia: ninguna M-19: 1 muerto 5 civiles heridos |
1. Resumen[editar]
La Toma de la embajada de la República Dominicana en Colombia, conocida también como Operación Libertad y Democracia, fue una acción armada ejecutada por la guerrilla colombiana Movimiento 19 de abril (M-19). El 27 de febrero de 1980, un comando guerrillero irrumpió en la sede de la embajada dominicana en Bogotá durante la recepción por la fiesta nacional de la República Dominicana y tomó como rehenes a un grupo de diplomáticos de alto rango de numerosos países.
El asalto se prolongó durante casi dos meses. Después de semanas de negociaciones entre el Gobierno de Colombia, la guerrilla y diversos mediadores internacionales, el 25 de abril de 1980 los guerrilleros y los rehenes viajaron a Cuba, donde los diplomáticos fueron liberados. El episodio se convirtió en uno de los hechos más notorios del conflicto armado interno colombiano de la década de 1980 y marcó un punto de inflexión en la estrategia mediática del M-19.[1]
2. Antecedentes[editar]
2.1 El conflicto armado en Colombia[editar]
Durante la década de 1970, Colombia enfrentaba una escalada de movimientos guerrilleros que hacían temer una posible guerra civil. Entre los grupos activos de la época se encontraban las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL), la Autodefensa Obrera (ADO) y el Movimiento 19 de abril (M-19). La crisis política y social se manifestó en hechos como la masacre del 26 de febrero de 1971 en Cali, el paro cívico nacional de 1977 y el asesinato del exministro de Gobierno Rafael Pardo Buelvas en 1978, además de las medidas económicas impulsadas por los gobiernos de Misael Pastrana, Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay.[2]
2.2 El M-19 y el robo del Cantón Norte[editar]
El M-19 había nacido a comienzos de los años setenta como una guerrilla urbana con un discurso nacionalista. Su golpe de mayor repercusión antes de la toma de la embajada fue el robo de armas del Cantón Norte, una guarnición militar en Bogotá, de donde los guerrilleros sustrajeron más de 5.000 armas. Ese hecho desencadenó una intensa persecución militar: el Ejército Nacional lanzó operativos para recuperar el armamento, capturó a varios mandos altos del M-19 y fue acusado de cometer violaciones de derechos humanos amparadas por el Estatuto de Seguridad.
La toma de la embajada se produjo, por tanto, en un momento de fuerte presión militar sobre la organización guerrillera. La acción fue presentada por el M-19 como una respuesta a las capturas masivas y a la represión que siguió al robo del Cantón Norte.
2.3 La sede de la embajada[editar]
La sede asaltada estaba ubicada en la carrera 30 con calle 46 de Bogotá. El edificio había sido, a mediados de los años cincuenta, residencia del expresidente colombiano Gustavo Rojas Pinilla. En torno a la casa circuló el rumor de que existía un túnel secreto por el que los guerrilleros planearían escapar con los embajadores; el túnel jamás fue encontrado.[3]
A comienzos de 1980, la atención internacional estaba concentrada en el desarrollo de la crisis de los rehenes en la embajada de Estados Unidos en Irán, lo que condicionó la cobertura y las reacciones diplomáticas frente a la toma de la sede dominicana en Bogotá.
3. La toma[editar]
3.1 El asalto[editar]
El 27 de febrero de 1980, la embajada de la República Dominicana ofrecía una recepción para conmemorar la fiesta nacional de ese país. Numerosos diplomáticos asistían al evento, y los guardaespaldas de los embajadores permanecían fuera de la sede. A las 12:10 del mediodía, el grupo guerrillero irrumpió en el lugar.
Según el relato de Rosemberg Pabón, quien se haría conocido como Comandante Uno, los asaltantes estaban organizados en cuatro grupos de cuatro personas, es decir, dieciséis guerrilleros, aunque otras fuentes sitúan la cifra entre doce y quince. Los integrantes del comando habrían llegado vestidos de deportistas, simulando provenir de los campos de fútbol de la Universidad Nacional, ubicados en las inmediaciones de la embajada, aprovechando los disturbios que la Fuerza Pública intentaba controlar en esa zona universitaria.
Pabón, vestido de saco y corbata y armado con una pistola 9 milímetros, fue uno de los primeros en entrar a la recepción simulando ser un invitado. En cuestión de segundos sacó el arma y disparó al aire, se identificó como Comandante Uno y anunció que se trataba de un asalto. Según su propio testimonio, un día antes del asalto ni él ni los demás guerrilleros conocían la ubicación exacta de la embajada; al verse reflejado en un espejo, se asustó y realizó el disparo que dio inicio a la operación.[4]
El comando tomó el control de la embajada y neutralizó a los invitados. En el ingreso se produjo un tiroteo con efectivos del Ejército Nacional, en el que un guerrillero joven murió por un impacto de bala. El embajador de Venezuela resultó herido durante el fuego cruzado, y una de las mujeres guerrilleras que participó en la acción también fue herida; más tarde fue atendida por un médico y apareció en fotografías con vendas en la cabeza.
3.2 El cerco militar y la amenaza[editar]
El Ejército Nacional rodeó la sede diplomática y posicionó francotiradores en los edificios aledaños. Periodistas de medios nacionales e internacionales acamparon en las inmediaciones, en un campamento que la prensa de la época bautizó popularmente como Villa Chiva.[5]
El Comandante Uno advirtió que, en caso de un ataque armado de la Fuerza Pública contra la embajada, los guerrilleros ejecutarían a dos rehenes cada diez minutos. La amenaza elevó la presión sobre el presidente Julio César Turbay, quien recibió pedidos de altos mandos militares y políticos para autorizar un rescate por asalto. El gobierno optó, sin embargo, por una salida negociada.
4. Los rehenes[editar]
En la recepción fueron tomados como rehenes diplomáticos de alto rango de numerosos países. Las listas contemporáneas mencionan 14[sin verificar] diplomáticos secuestrados, aunque algunas crónicas hablan de 16.
[ Desplegar / Plegar lista de rehenes ]
- Diego Cortés Asencio, embajador de Estados Unidos
- Angelo Acerbi, nuncio apostólico de la Santa Sede
- Virgilio Lovera, embajador de Venezuela
- Ricardo Galán, embajador de México
- Fernando Gómez Fynn, embajador de Uruguay
- Eliahu Barak, embajador de Israel
- María Elena Chassoul, embajadora de Costa Rica
- Geraldo do Nascimento, embajador de Brasil
- Diógenes Mallol, embajador de República Dominicana
- Edgar Seltzer, embajador de Austria
- Salah Alouba, embajador de Egipto
- Jean Bourgeois, embajador de Suiza
- Aquiles Pinto, embajador de Guatemala
- Pierre Henry Louis, embajador de Haití
El embajador soviético evitó ser secuestrado al salir de la recepción escasos segundos antes de la entrada de los guerrilleros.[6]
Poco después del asalto, el embajador uruguayo Fernando Gómez Fynn aprovechó un descuido de los captores y logró escapar de la embajada, un episodio que fue destacado por la prensa de su país.
5. Exigencias del M-19[editar]
En un primer momento, el M-19 exigió al gobierno de Julio César Turbay dos cosas: la liberación de 300 prisioneros políticos que se encontraban detenidos como resultado del conflicto armado interno y de la represión posterior al robo del Cantón Norte, y el pago de cinco millones de dólares estadounidenses.
Como gesto humanitario, los guerrilleros liberaron durante los primeros días al vicecónsul de Paraguay, que estaba herido, a un niño, a las esposas de algunos embajadores y a las mujeres que ocupaban cargos de embajadoras.
6. Negociaciones[editar]
6.1 Primeros contactos[editar]
El 2 de marzo de 1980, cuatro días después de la toma, el gobierno colombiano autorizó contactos directos con el comando guerrillero. Como vocera del M-19 fue designada Carmenza Cardona Londoño, conocida como La Chiqui. Ella se reunió con los representantes del gobierno Ramiro Zambrano Cárdenas y Camilo Jiménez Villalba, en una camioneta amarilla aparcada frente a la embajada. El embajador mexicano Ricardo Galán participó como testigo y mediador en esas conversaciones.
En total, se llevaron a cabo alrededor de 24 encuentros entre los representantes del gobierno y los delegados del M-19.
6.2 Intervención de la OEA y de la Santa Sede[editar]
El 21 de abril de 1980, una comisión de derechos humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA) se entrevistó con el presidente Turbay y con miembros de su gabinete. En esa instancia, el mandatario expuso los avances de las negociaciones y mencionó que hasta ese momento se habían realizado 16 diálogos entre personeros del gobierno y los guerrilleros. El presidente solicitó formalmente la cooperación de la comisión para alcanzar una solución jurídica a la toma.
Una comisión especial de funcionarios diplomáticos de países con rehenes en la embajada, encabezada por el nuncio apostólico de la Santa Sede en Argentina, monseñor Pío Laghi, en su calidad de delegado del papa Juan Pablo II, se reunió con la comisión de la OEA en sus oficinas del Hotel Tequendama para impulsar una salida favorable a la repercusión internacional del episodio.
A partir del 22 de abril, la comisión de la OEA visitó en reiteradas oportunidades la sede diplomática tomada, se entrevistó con el presidente Turbay, con el entonces ministro de Relaciones Exteriores Diego Uribe Vargas y con otras autoridades colombianas, y sostuvo sucesivos diálogos con los integrantes del comando guerrillero y con los rehenes.
7. Desenlace[editar]
7.1 Acuerdo y viaje a Cuba[editar]
Después de 52 días de negociaciones, el Comandante Uno y los representantes del gobierno acordaron que los guerrilleros y los rehenes viajarían juntos a Cuba. La salida se produjo el 25 de abril de 1980, 58 días después de iniciada la toma. Una vez en la isla, los embajadores fueron dejados en libertad y los guerrilleros permanecieron allí como parte del acuerdo.
El entonces líder del M-19, Jaime Bateman Cayón, sostuvo que la propaganda política generada por la acción había sido más eficaz que una operación guerrillera armada, porque le dio al movimiento un protagonismo internacional inédito. Afirmó que el objetivo principal en ese punto era mantener con vida a los guerrilleros durante la ocupación, y otorgó al Comandante Uno plena autonomía para cerrar la operación.
7.2 Controversia por el pago[editar]
Desde la época del suceso circularon versiones sobre un pago del gobierno colombiano al M-19, aparentemente financiado por Israel. Las cifras citadas varían entre uno y dos millones de dólares, aunque el propio Rosemberg Pabón reconoció años después que el grupo recibió tres millones de dólares antes de la salida hacia Cuba. Pabón admitió también que la guerrilla fracasó en su objetivo principal: no logró la liberación inmediata de los más de 300 presos políticos. Esa liberación llegaría dos años después, bajo el gobierno de Belisario Betancur, mediante una ley de amnistía.
8. Consecuencias[editar]
El episodio dio al M-19 una visibilidad internacional sin precedentes y legitimó temporalmente su capacidad de negociación. Para el gobierno de Turbay representó una crisis diplomática de gran escala, aunque evitó un desenlace violento que habría podido implicar la muerte de embajadores de potencias y de la Santa Sede.
Rosemberg Pabón permaneció en Cuba y regresó posteriormente a Colombia al frente de una columna de unos 80 insurgentes que desembarcó por la desembocadura del río Mira, en el departamento de Nariño. Fue capturado junto con Carlos Toledo Plata y juzgado en un Consejo Verbal de Guerra. En diciembre de 1982 recuperó la libertad junto a otros dirigentes del M-19, a raíz de la Ley 35 del gobierno de Belisario Betancur, que decretó la amnistía para más de tres centenares de presos políticos.[7]
Más adelante, como resultado del acuerdo de paz de 1990 y de la dejación de armas del M-19, Pabón participó en el proceso que condujo a la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. El M-19 se transformó entonces en el partido político Alianza Democrática M-19. Pabón fue elegido alcalde de Yumbo, en el Valle del Cauca, ocupó una suplencia en el Senado en reemplazo de Antonio Navarro Wolff y, tiempo después, se desempeñó como funcionario del gobierno de Álvaro Uribe Vélez.
Pabón llegó a afirmar públicamente que, si el presidente Turbay no hubiera optado por el diálogo y la negociación, la toma habría terminado en tragedia y en una escalada aún mayor del conflicto entre el M-19 y el Estado colombiano.
9. Obras basadas en la toma[editar]
[ Desplegar / Plegar obras relacionadas ]
- La toma de la embajada (2000), película dirigida por Ciro Durán, coproducción colombiana, mexicana y venezolana.
- Así nos tomamos la embajada (1984), libro testimonial escrito por Rosemberg Pabón. ISBN 958-614-059-8.
- Terror en la embajada (1983), libro de Diego Cortés Asencio y Nancy Asencio. ISBN 978-84-8276-400-9.
- La primera vez (serie de televisión, 2026), cuyos primeros capítulos de la cuarta temporada toman como eje la toma de la embajada.
10. Véase también[editar]
Entre los hechos comparables en América Latina se cuentan la toma del Palacio de Justicia, perpetrada por el M-19 en Bogotá en 1985, y la toma de la residencia del embajador de Japón en Lima por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) en 1996-1997, resuelta mediante la Operación Chavín de Huántar durante el gobierno de Alberto Fujimori.
La atención sobre la crisis también se enmarcó en el contexto internacional de la toma de rehenes en la embajada de Estados Unidos en Irán, que había comenzado en noviembre de 1979 y acaparaba la cobertura mundial de ese tipo de incidentes. ↩︎
La década combinó protestas urbanas, expansión guerrillera rural y una respuesta estatal crecientemente militarizada. Bajo el gobierno de Turbay se expidió el Estatuto de Seguridad, que amplió las facultades de las Fuerzas Militares y fue señalado por organizaciones de derechos humanos por facilitar detenciones arbitrarias y torturas. ↩︎
El rumor del túnel se alimentó de la memoria de la casa como antigua residencia presidencial. Tanto la prensa de la época como los cronistas posteriores lo mencionaron como un detalle llamativo, pero nunca se localizó ninguna construcción subterránea. ↩︎
La anécdota del espejo fue relatada por el propio Pabón años después y recogida por medios dominicanos y colombianos. Tiene valor testimonial, aunque ha sido recibida con escepticismo por algunos cronistas. ↩︎
El nombre aludía a los vehículos de transmisión de los canales de televisión, conocidos en Colombia como "chivas" por su apariencia. La zona se convirtió en un improvisado centro de transmisiones. ↩︎
La salida del embajador de la Unión Soviética ha sido citada como un golpe de suerte y, en algunas crónicas, como una decisión deliberada que evitó una crisis diplomática aún mayor con Moscú. Las fuentes no coinciden en las circunstancias exactas. ↩︎
La Ley 35 de 1982 fue una de las primeras medidas del gobierno Betancur orientadas a abrir un proceso de paz con las guerrillas. Benefició a dirigentes del M-19 capturados tras la toma y por las operaciones militares posteriores. ↩︎