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Tragedia de Armero

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Tragedia de Armero
TipoDesastre natural por erupción volcánica
VolcánNevado del Ruiz
Fecha13 de noviembre de 1985
Hora9:09 p. m.
UbicaciónArmero, departamento del Tolima, Colombia
CausaLahares generados por la erupción
VíctimasEntre 23.000 y 25.000 muertos
HeridosCerca de 5.000
DañosArmero totalmente destruido; daños en Chinchiná y Villamaría

1. Resumen[editar]

La tragedia de Armero fue un desastre natural provocado por la erupción del volcán Nevado del Ruiz el miércoles 13 de noviembre de 1985, que afectó principalmente al municipio de Armero, en el departamento del Tolima, Colombia. Tras sesenta y nueve años de inactividad, la erupción tomó por sorpresa a los poblados cercanos, a pesar de que diversas organizaciones vulcanológicas habían advertido desde diciembre de 1984 sobre indicios de actividad volcánica.

Los flujos piroclásticos emitidos por el cráter fundieron cerca del 10 % del glaciar de la montaña, generando cuatro lahares —flujos de lodo, tierra y escombros— que descendieron por las laderas hasta los valles de los seis ríos que nacen en el volcán. La población de Armero, ubicada a poco menos de 50 km del volcán, fue arrasada por estos lahares, con la muerte de más de 20.000 de sus 29.000 habitantes. Las víctimas en Chinchiná y Villamaría elevaron la cifra total a entre 23.000 y 25.000 muertos.[1]

Los esfuerzos de rescate se vieron obstaculizados por el lodo, que hacía casi imposible moverse sin quedar atrapado. La tragedia alcanzó notoriedad mundial en parte por la fotografía de Omayra Sánchez, una adolescente que permaneció atrapada durante tres días antes de morir. El desastre generó una fuerte controversia sobre la responsabilidad del gobierno colombiano, considerando que se dispuso de advertencias y mapas de riesgo que no fueron difundidos adecuadamente.

La tragedia de Armero fue la segunda erupción volcánica más mortífera del siglo XX, superada solo por la erupción del monte Pelée en 1902, y el cuarto evento volcánico más mortífero registrado desde el año 1500. También fue el lahar más mortífero de la historia y la peor tragedia natural en la historia de Colombia.

2. Antecedentes[editar]

Armero, localizada a 46 km del Nevado del Ruiz y a 169 km de Bogotá, era la tercera población más grande del departamento del Tolima, después de Ibagué y El Espinal. Importante centro agrícola, producía cerca de una quinta parte del arroz de Colombia, además de algodón, sorgo y café. El suelo volcánico había favorecido el desarrollo agrícola de la región.

El municipio estaba construido sobre un abanico aluvial que había sido escenario de lahares anteriores. En 1595, tres erupciones plinianas generaron lahares que causaron la muerte de 636 personas. En 1845, flujos de lodo producidos por una erupción mataron a más de 1.000 personas a lo largo del río Magdalena. A pesar de esta historia, la población tenía poca conciencia del riesgo; muchos llamaban al volcán el «León durmiente».[2]

El Nevado del Ruiz ha tenido tres periodos eruptivos distintos; el actual comenzó hace 11.000 años, con al menos doce erupciones registradas. Las erupciones históricas suelen incluir una erupción de la chimenea central seguida de una explosiva, tras la cual se forman lahares. Desde el Holoceno se han identificado erupciones en los años 6660 a. C., 1245 a. C., 850 a. C., 200 a. C., 350, 675, 1350, 1541 (posible), 1570, 1595, 1623, 1805, 1826, 1828 (posible), 1829, 1831, 1833 (posible), 1845 y 1916, entre otras. El Nevado del Ruiz es el segundo volcán más activo de Colombia, superado solo por el volcán Galeras.[3]

3. Erupción de 1985[editar]

3.1 Precedentes[editar]

Desde diciembre de 1984, los geólogos observaron aumento de la actividad sísmica y aparición de fumarolas. La deposición de azufre en la cima y algunas erupciones freáticas alertaron sobre la posibilidad de una erupción. Los eventos freáticos, producidos al entrar magma en contacto con agua, continuaron hasta septiembre de 1985, expulsando chorros de vapor.

En marzo de 1985, una misión de la Oficina del Coordinador de las Naciones Unidas para el Socorro en Casos de Desastre (UNDRO) visitó el volcán y determinó que la actividad era anormal y correspondía a precursores típicos de una erupción de magnitud, recomendando iniciar un plan de monitoreo y mitigación del riesgo.

El 20 de octubre de 1985, a petición de la Gobernación de Caldas, una misión vulcanológica italiana analizó muestras de gases de las fumarolas y del cráter Arenas. Encontraron una mezcla de dióxido de carbono y dióxido de azufre, indicando liberación directa de magma. Dos días después publicaron un reporte donde señalaban que el riesgo de lahares era inusualmente alto y sugerían medidas de preparación. Otro equipo entregó sismógrafos a las autoridades locales, pero sin instrucciones sobre su operación.

En noviembre de 1985, la actividad se intensificó. Cantidades crecientes de gases ricos en azufre y dióxido de azufre aparecieron. El contenido de agua de las fumarolas disminuyó y los manantiales cercanos se volvieron ricos en magnesio, calcio y potasio, producto de filtraciones de magma. Las temperaturas de equilibrio termodinámico de los gases oscilaban entre 200 °C y 600 °C. La extensa desgasificación del magma produjo una presión creciente dentro del volcán, lo que llevó a una erupción explosiva.

3.2 Intentos de evacuación[editar]

En septiembre de 1985, las autoridades locales comenzaron a planear una evacuación. El 7 de octubre se terminó un mapa de riesgo para el área circundante, el primero preparado para un volcán colombiano.[4] El mapa resaltaba el peligro de caída de ceniza y rocas en Murillo, Santa Isabel y Líbano, así como el riesgo de lahares en Mariquita, Guayabal, Chinchiná y Armero.

Sin embargo, el mapa tuvo escasa distribución entre las personas en zona de riesgo. Henry Villegas, de Ingeominas, afirmó que el mapa mostraba claramente que Armero resultaría afectado, pero que se «encontró con fuerte oposición de intereses económicos» y que no pudo reproducirse masivamente por el poco tiempo disponible.

Al menos uno de los mapas publicados en el diario El Espectador presentaba errores flagrantes: sin escala apropiada, los lahares no tenían un final definido y Armero aparecía en la zona verde, supuestamente la más segura. Otro mapa de El Tiempo resultó más una representación artística que científica.

El día de la erupción, alrededor de las 3:00 p. m., salieron columnas de ceniza oscura. El director local de la Defensa Civil contactó a Ingeominas, que determinó la necesidad de evacuar. Entre las 5:00 y 7:00 p. m., la ceniza dejó de caer y las autoridades instruyeron a la población a mantener la calma y volver a sus casas. A las 5:00 p. m. se convocó una reunión del comité de emergencia; al terminar a las 7:00 p. m., varios miembros contactaron a la Cruz Roja regional para coordinar una posible evacuación de Armero, Mariquita y Honda. La Cruz Roja de Ibagué ordenó una evacuación que no se llevó a cabo por problemas eléctricos causados por una tormenta. La lluvia y los rayos ocultaron el ruido del volcán, y sin un sistema sistemático de alerta, los residentes de Armero no eran conscientes de la actividad.

A las 9:45 p. m., después de la erupción, los funcionarios de Defensa Civil intentaron advertir a las autoridades de Armero, pero no pudieron contactarlas. En la comunicación más famosa, se escuchó al alcalde de Armero gritar «se nos vino el agua» antes de ser arrastrado por el lahar.[5]

3.3 Desarrollo de la erupción[editar]

A las 9:09 p. m. del 13 de noviembre de 1985, el Nevado del Ruiz erupcionó, expulsando tefra dacítica a más de 30 km de altura. La masa total de material expulsado, incluido magma, fue de 35 millones de toneladas, equivalente al 3 % del total expulsado por el monte Santa Helena en 1980. La erupción alcanzó un índice de explosividad volcánica de 3 y expulsó aproximadamente 700.000 toneladas de dióxido de azufre, una proporción atípicamente rica en azufre.

Los flujos piroclásticos fundieron la nieve y el glaciar de la cima, generando cuatro lahares que descendieron por los valles de los ríos. Destruyeron un pequeño lago observado en el cráter Arenas meses antes; el agua caliente y ácida del lago aceleró la fusión del hielo, como lo confirmó la alta concentración de sulfatos y cloruros en el lahar.

Los lahares, formados por agua, hielo, pumita y otras rocas, incorporaron arcilla al erosionar el terreno y descendieron a una velocidad promedio de 60 km/h. Al llegar a los valles de los seis ríos, aumentaron cuatro veces su volumen original. En el río Gualí, un lahar alcanzó un ancho de 50 metros.

Sobrevivientes de Armero describieron la noche como «tranquila». Durante el día había caído ceniza volcánica, pero se les informó que no había nada de qué preocuparse. Al final de la tarde, tras un periodo de calma, la ceniza volvió a caer. Las estaciones de radio locales recomendaban ignorarla y usar tapabocas. Un sobreviviente afirmó haber ido a la estación de bomberos y le dijeron que la ceniza «no era nada».

Poco antes de las 11:30 p. m., el suministro eléctrico se suspendió cuando el primer lahar destruyó la subestación. Minutos después, una enorme corriente de agua invadió Armero, lo suficientemente poderosa para volcar automóviles y arrastrar personas. Se escuchó un fuerte estruendo, pero los residentes creyeron que se trataba de una inundación.

A las 11:30 p. m., el primer lahar llegó al pueblo, seguido rápidamente por otros. Uno de los lahares destruyó prácticamente la totalidad de Armero; tres cuartas partes de sus 28.700 habitantes murieron. Avanzando en tres grandes oleadas, este lahar tenía 30 metros de profundidad, se movía a 12 metros por segundo y duró de diez a veinte minutos. El segundo lahar viajó a unos 6 metros por segundo y duró media hora. Un pulso eruptivo permitió a un último lahar durar cerca de dos horas. Para entonces, el 85 % de Armero estaba cubierto de lodo.

Los sobrevivientes describieron cómo las personas se aferraban a restos de casas y vehículos para mantenerse a flote. Los edificios colapsaron, aplastando personas y generando escombros que actuaban como proyectiles. El frente del lahar contenía rocas gigantescas; las partes más lentas estaban llenas de piedras pequeñas y afiladas que causaban laceraciones. El lodo se introducía en heridas y orificios corporales con suficiente presión para provocar asfixia traumática en uno o dos minutos. Muchos de los que sobrevivieron al lahar murieron por sus heridas mientras estaban atrapados; la hipotermia fue menos probable porque el lodo fue descrito como caliente.

Otro lahar, que descendió por el valle del río Chinchiná, mató a cerca de 1.800 personas y destruyó 400 casas en Chinchiná. En esa población se realizó una evacuación localizada pocos minutos después de la erupción, gracias a un trabajo previo de comunicación y socialización del riesgo por parte de la Defensa Civil de Caldas, lo que redujo significativamente el número de víctimas.

En total murieron entre 23.000 y 25.000 personas, cerca de 5.000 quedaron heridas y 5.000 hogares de trece poblaciones fueron destruidos. Aproximadamente 230.000 personas se vieron afectadas, 20.000 quedaron sin hogar y 110 km² de terrenos resultaron perjudicados. Los daños se estimaron en 7.000 millones de dólares, una quinta parte del producto interno bruto colombiano de 1985.[6]

4. Esfuerzos de rescate[editar]

La erupción ocurrió dos meses después del terremoto de México de 1985, lo que limitó la cantidad de suministros disponibles para ambos desastres. Los esfuerzos de socorro se coordinaron desde Ibagué y Bogotá para Armero, y desde Cali para Chinchiná. Se establecieron estaciones de triaje improvisadas en Lérida, Guayabal y Mariquita, que pronto se saturaron por el alto número de lesionados. Las víctimas restantes fueron enviadas a hospitales en Ibagué, ya que los de la región habían sido destruidos o estaban en riesgo.

El gobierno de Estados Unidos invirtió más de un millón de dólares en ayuda. El embajador estadounidense, Charles S. Gillespie Jr., donó 25.000 dólares. La Oficina de Asistencia para Desastres en el Exterior de USAID envió un miembro del Servicio Geológico de Estados Unidos, un experto en gestión de desastres y doce helicópteros con personal médico desde Panamá. Estados Unidos envió además 500 carpas, 2.250 frazadas y equipos de reparación. Otras 24 naciones contribuyeron al rescate: Ecuador suministró un hospital móvil, la Cruz Roja islandesa donó 4.650 dólares, Francia envió suministros médicos y 1.300 carpas, y Japón aportó 1,25 millones de dólares, médicos, enfermeras e ingenieros, además de 50.000 dólares a la ONU. El Club de Leones donó otros 50.000 dólares.

Los rescates se vieron obstaculizados por el barro, de hasta 4,6 m de profundidad, que hacía imposible atravesarlo sin hundirse. La carretera y varios puentes que conectaban a Armero fueron destruidos. Tomó casi doce horas rescatar a los primeros sobrevivientes, por lo que muchos heridos graves que podían haberse salvado murieron antes de la llegada de los rescatistas. El hospital de Armero fue destruido, así que las víctimas fueron trasladadas a hospitales cercanos. Seis poblados levantaron clínicas improvisadas divididas en áreas de tratamiento y refugios. De los 1.244 pacientes distribuidos, 150 murieron por infecciones o complicaciones. Si los antibióticos hubieran estado disponibles con rapidez y todas las heridas se hubieran limpiado correctamente, un número indeterminado de personas podría haber sobrevivido.

El 20 de noviembre de 1985, una semana después, los esfuerzos de rescate empezaron a disminuir. Cerca de 4.000 rescatistas seguían buscando sobrevivientes con pocas esperanzas. Para entonces, la cifra oficial era de 22.540 víctimas, 3.300 desaparecidos, 4.000 heridos y 20.000 personas sin hogar. Grupos de saqueadores irrumpieron en las ruinas, y los sobrevivientes enfrentaban el riesgo de tifus o fiebre amarilla.

En el ámbito psiquiátrico, la erupción fue usada como ejemplo de recuperación tras un desastre natural. Un estudio mostró que las víctimas sufrían ansiedad y depresión, lo que podía derivar en problemas con el alcohol, maritales y sociales. Rafael Ruiz Navarro, mayor del ejército que sirvió 18 meses como alcalde provisional de Armero, declaró que muchos sobrevivientes estaban «nerviosos», padecían «pesadillas» y tenían «problemas emocionales».

5. Repercusiones[editar]

La falta de preparación contribuyó al alto número de víctimas. Armero estaba situada sobre un abanico aluvial con historia de lahares, y las autoridades ignoraron un mapa de riesgo que mostraba el potencial daño. Los pobladores se mantuvieron en sus hogares para escapar de la ceniza, siguiendo las instrucciones locales, sin pensar que podían ser enterrados por lodo.

El desastre alcanzó notoriedad mundial en parte por la fotografía de Frank Fournier de Omayra Sánchez, una joven que permaneció atrapada entre escombros durante tres días antes de morir. Omayra llamó la atención de los reporteros por su dignidad y coraje, y generó controversia cuando se preguntó por qué los periodistas no hicieron nada para salvarla, algo imposible sin herramientas. Un llamado al gobierno para conseguir una bomba hidráulica no fue atendido; Omayra sucumbió a la gangrena y la hipotermia tras sesenta horas atrapada. Su muerte sintetizó la naturaleza trágica del evento: pudo haberse salvado si el gobierno hubiera actuado con prontitud y atendido las advertencias. La fotografía ganó el premio World Press Photo of the Year.

Dos fotógrafos del Miami Herald ganaron el Premio Pulitzer por sus imágenes de los efectos del lahar. El doctor Stanley Williams, de la Universidad Estatal de Luisiana, afirmó que con la posible excepción del monte Santa Helena, ningún otro volcán del hemisferio occidental había sido observado de manera tan detallada como el Nevado del Ruiz.

Como respuesta, el Servicio Geológico de Estados Unidos conformó en 1986 el Programa de Asistencia en Desastres Volcánicos y el Equipo de Asistencia en Crisis Volcánicas. El volcán hizo erupción varias veces más entre 1985 y 1994, y continuó activo posteriormente.

5.1 Negligencia estatal[editar]

La controversia sobre la negligencia de las autoridades nacionales y departamentales fue intensa. El alcalde de Armero, Ramón Rodríguez, y varios oficiales locales intentaron sin éxito llamar la atención del gobierno. Rodríguez llamó al volcán una «bomba de tiempo» y advirtió que una erupción rompería una presa natural río arriba, provocando una inundación. Solo los congresistas Hernando Arango Monedero y Guillermo Alfonso Jaramillo prestaron interés, realizando debates en el Congreso y advirtiendo al gobierno, junto con Ingeominas.

Los reportes de los ministerios de minas, defensa y obras públicas afirmaban que el gobierno estaba al tanto del riesgo y que actuaba para proteger a la población. La falta de responsabilidad llevó a pedir la renuncia del gobernador del Tolima, Eduardo Alzate García, quien en días previos se había negado a asistir a reuniones del comité departamental de emergencia y a hablar con Rodríguez. Tras la tragedia afirmó que había ordenado la evacuación de Armero y el aprovisionamiento de hospitales, afirmaciones desmentidas por la Cruz Roja y la Defensa Civil. En un funeral masivo en Ibagué, pancartas afirmaban: «el volcán no mató a 22.000 personas. El gobierno las mató».[7]

6. Legado[editar]

El Nevado del Ruiz sigue constituyendo una seria amenaza para los poblados cercanos, incluso con erupciones de poco volumen que pueden desestabilizar glaciares y producir lahares. A pesar de que gran parte del glaciar se ha retraído, un volumen significativo de hielo permanece en la cima. Con derretirse solo el 10 % del hielo se producirían lahares de hasta 200 millones de metros cúbicos, similares a los de 1985. Estos lahares podrían viajar hasta 100 km por los valles en pocas horas.

Se estima que 500.000 personas que viven en los valles de los ríos Combeima, Chinchiná, Coello-Toche y Gualí están en riesgo, de las cuales 100.000 están en alto riesgo. Los lahares amenazan a Honda, Mariquita, Ambalema, Herveo, Villahermosa, Puerto Salgar y La Dorada. Una erupción de gran magnitud podría incluso afectar el aeropuerto de Bogotá por caída de ceniza.

Como consecuencia de la tragedia, el gobierno colombiano creó la Oficina Nacional para la Atención de Desastres, hoy Dirección de Prevención y Atención de Desastres, para prevenir futuros incidentes. Se ordenó a las ciudades colombianas promover planes de prevención. En 1989, cerca de 2.300 personas fueron evacuadas de las márgenes de ríos cercanos al Ruiz cuando el volcán erupcionó. Cuando el Nevado del Huila erupcionó en 2008, miles de personas fueron evacuadas ante el temor de que se repitiera un desastre similar.

6.1 Conmemoraciones[editar]

Poco menos de un año después, el papa Juan Pablo II visitó la zona del desastre junto con el presidente Belisario Betancur. El papa declaró el lugar de Armero como campo santo.[8]

Omayra Sánchez fue inmortalizada en poemas, novelas y piezas musicales. La obra «Adiós, Omayra», de Eduardo Santa, ilustra los últimos días de la joven. Los sobrevivientes fueron reconocidos en el especial de televisión «No morirás», de Germán Santamaría, donde algunas víctimas aparecieron como extras. En 2017 se estrenó la película «Armero», inspirada en hechos reales, como homenaje a las víctimas.

La tragedia de Armero dejó una lección sobre la importancia de la prevención, la comunicación del riesgo y la toma de decisiones oportunas ante amenazas naturales, consolidándose como uno de los desastres más recordados de América Latina.

Notas y referencias[editar]


  1. Las cifras varían entre fuentes; El Heraldo, El País, La Opinión y BBC citan entre 23.000 y 25.000 muertos, mientras que otras fuentes hablan de más de 20.000 solo en Armero. ↩︎

  2. Debido a que la última erupción importante había ocurrido 140 años antes, en 1845, muchos pobladores no creían en el peligro del volcán; lo apodaban el «León durmiente». ↩︎

  3. El Nevado del Ruiz es el segundo volcán más activo de Colombia, después del volcán Galeras. ↩︎

  4. El mapa de riesgo terminado el 7 de octubre de 1985 fue el primero elaborado para un volcán colombiano. ↩︎

  5. La comunicación del alcalde de Armero, Ramón Rodríguez, se escuchó a través de una radio casera antes de ser arrastrado por el lahar. ↩︎

  6. Los daños se calcularon en 7.000 millones de dólares, equivalentes a una quinta parte del PIB colombiano de 1985. ↩︎

  7. La pancarta citada en el funeral masivo de Ibagué reflejaba el sentimiento de indignación popular: «el volcán no mató a 22.000 personas. El gobierno las mató». ↩︎

  8. El papa Juan Pablo II visitó la zona el 7 de julio de 1986 y declaró campo santo el lugar donde se encontraba Armero. ↩︎