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Ataque a Pearl Harbor

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Ataque a Pearl Harbor
Parte de Frente del Océano Pacífico de la Segunda Guerra Mundial
Fecha 7 de diciembre de 1941
Lugar Pearl Harbor, Oahu, Hawái
Resultado Victoria japonesa
Beligerantes Estados Unidos
Imperio del Japón
Comandantes Husband E. Kimmel, Walter Short, Robert A. Theobald
Chūichi Nagumo, Isoroku Yamamoto, Mitsuo Fuchida
Fuerzas estadounidenses 8 acorazados, 8 cruceros, 30 destructores, 4 submarinos, 49 barcos de otros tipos, ~390 aviones
Fuerzas japonesas 6 portaaviones, 2 acorazados, 2 cruceros pesados, 1 crucero ligero, 9 destructores, 23 submarinos, 414 aviones, 5 minisubmarinos
Bajas estadounidenses 4 acorazados hundidos, 3 dañados, 1 encallado, 3 cruceros dañados, 3 destructores dañados, 5 barcos hundidos, 188 aviones destruidos, 159 aviones dañados, 2403[sin verificar] muertos, 1247[sin verificar] heridos
Bajas japonesas 29 aviones destruidos, 64 muertos (55 pilotos y 9 marinos), 4 minisubmarinos hundidos, 1 minisubmarino encallado, 1 prisionero

1. Resumen[editar]

El ataque a Pearl Harbor fue una ofensiva militar sorpresiva ejecutada por la Armada Imperial Japonesa contra la base naval de la Armada de los Estados Unidos en Pearl Harbor, en la isla de Oahu, Hawái, el domingo 7 de diciembre de 1941. La operación había sido concebida como una acción preventiva para neutralizar a la Flota del Pacífico estadounidense y de esa manera proteger la expansión japonesa en el Sudeste Asiático, donde el Imperio del Japón pretendía asegurarse el acceso a recursos naturales como el petróleo y el caucho.[1]

El ataque comenzó a las 7:48 a.m., hora local, y fue ejecutado por 353 aviones japoneses que incluían cazas de combate, bombarderos y torpederos, los cuales despegaron desde seis portaaviones.[2] Resultaron dañados los ocho acorazados estadounidenses atracados en el puerto, de los cuales cuatro se hundieron. De esos ocho, dos fueron reflotados y cuatro reparados, de modo que seis pudieron volver a entrar en servicio durante la guerra. Además, tres cruceros, tres destructores, un buque escuela y un minador fueron hundidos o dañados. Los japoneses no atacaron la central eléctrica, el astillero, las instalaciones de mantenimiento, los depósitos de combustible y torpedos, los muelles de submarinos ni el edificio del cuartel general.[3]

La inexistencia de una declaración formal de guerra por parte japonesa, mientras aun estaban en marcha negociaciones que parecían prosperar, llevó al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt a calificar el 7 de diciembre de 1941 como «una fecha que vivirá en la infamia». El ataque fue posteriormente juzgado en los Juicios de Tokio como crimen de agresión.[4]

2. Antecedentes[editar]

2.1 El expansionismo japonés en Asia[editar]

El ataque a Pearl Harbor buscaba neutralizar la Flota del Pacífico de los Estados Unidos y proteger el avance de Japón en la Malasia británica y en las Indias Orientales Neerlandesas, territorios ricos en recursos naturales como petróleo y caucho. La posibilidad de una guerra entre Japón y Estados Unidos era contemplada por ambas naciones desde la década de 1920, aunque las tensiones no comenzaron a elevarse seriamente hasta la invasión japonesa de Manchuria en 1931. En la década siguiente, el imperio nipón continuó su expansión en China, lo que desembocó en una guerra abierta en 1937, la segunda guerra sino-japonesa.[5]

Para asegurar su victoria en el continente asiático, Japón trató de aislar a China y conseguir autosuficiencia en recursos naturales. Con esa finalidad diseñó la denominada «Operación del sur». Sin embargo, acontecimientos como el ataque japonés al barco estadounidense USS Panay en diciembre de 1937 y la masacre de Nankín, en la que fueron asesinadas más de 200,000 personas, pusieron a la opinión pública occidental en contra de Japón e intensificaron el miedo a su expansionismo. Ello llevó a Estados Unidos, el Reino Unido y Francia a proveer asistencia financiera a la República de China para la compra de armamento.[6]

En 1940, Japón ocupó la Indochina francesa en un esfuerzo por controlar los suministros que llegaban a China. Los Estados Unidos cancelaron entonces los envíos de aeronaves, repuestos, maquinaria y combustible de aviación, medida que los japoneses percibieron como un acto poco amistoso. No obstante, Washington no detuvo en ese momento las exportaciones de petróleo a Japón, dado que consideraba que sería una medida extrema por la dependencia nipona del crudo estadounidense, y que podría ser vista como una provocación.

2.2 La tensión se intensifica[editar]

A comienzos de 1941, el presidente Franklin D. Roosevelt ordenó el traslado de la Flota del Pacífico a Hawái desde su base anterior en San Diego, y el rearme de Filipinas, con la esperanza de disuadir la agresión japonesa en el Lejano Oriente. El alto mando japonés, sin embargo, estaba convencido, de forma errónea, de que cualquier ataque a las colonias británicas en el Sudeste Asiático provocaría la entrada de Estados Unidos en la guerra mundial. Por eso decidió llevar a cabo un ataque preventivo que impidiera la interferencia naval estadounidense. Esa estrategia de un gran golpe naval preventivo ya había sido empleada por Japón contra los rusos en la guerra ruso-japonesa, con el ataque a Port Arthur en febrero de 1904.

El cese de la exportación de petróleo por parte de Estados Unidos se produjo efectivamente en julio de 1941, una vez que la invasión japonesa de la Indochina francesa se llevó a cabo aprovechando la caída de Francia. Ese giro llevó a los japoneses a poner en marcha los planes de conquista de las Indias Orientales Neerlandesas, territorio rico en petróleo. La planificación preliminar para atacar Pearl Harbor había comenzado a inicios de 1941 bajo el auspicio del almirante Isoroku Yamamoto, entonces comandante de la Flota Combinada japonesa, quien logró, tras intensas discusiones con el Cuartel General Naval, la autorización para desarrollar un plan formal y el entrenamiento requerido, llegando a amenazar con renunciar a su puesto si este no era aceptado.

A fines de 1941, muchos observadores creían que las hostilidades entre Estados Unidos y Japón eran inminentes. Una encuesta llevada a cabo antes del ataque indicaba que el 52 % de los estadounidenses esperaba la guerra con Japón. Aunque las bases e instalaciones estadounidenses en el Pacífico habían sido puestas en alerta en varias ocasiones, los militares dudaban de que Pearl Harbor fuera un objetivo real y creían que las Filipinas serían atacadas primero, presunción fundada en la amenaza que las bases estadounidenses suponían para el envío de suministros de Japón hacia el sur. Asimismo, estaban convencidos de que el Imperio del Japón era incapaz de montar más de una gran operación naval al mismo tiempo.

3. Plan de ataque[editar]

3.1 Concepción y diseño[editar]

El plan de ataque a Pearl Harbor fue obra del almirante Isoroku Yamamoto, jefe de la Flota Combinada, quien irónicamente no creía que Japón pudiera ganar una guerra contra Estados Unidos, y así lo había advertido al Estado Mayor de la Armada. En un informe había escrito: «No se debe librar una guerra con unas probabilidades tan pequeñas de victoria». Pese a ello, Yamamoto pensaba que si la guerra finalmente estallaba, su obligación era explorar la más mínima posibilidad de ganarla. Desde la firma del Pacto Tripartito en septiembre de 1940 — al que se había opuesto por considerarlo un camino directo a la guerra con las potencias occidentales —, comenzó a diseñar la estrategia japonesa en el Pacífico. Llegó a la conclusión de que la única posibilidad de victoria era asestar un golpe decisivo al inicio de las hostilidades, que quizá obligara a Estados Unidos a negociar. Ese golpe debía ser el ataque a la flota estadounidense del Pacífico en su propia base de Pearl Harbor.

En febrero de 1941, Yamamoto envió una carta, por intermedio del contralmirante Takijiro Onishi, al capitán Minoru Genda, miembro de la plana mayor de la Primera División Aérea y considerado el mejor piloto de la Armada Imperial, en la que le pedía investigar pormenorizadamente la viabilidad de un ataque aéreo a Pearl Harbor. En la carta, Yamamoto reconocía que «no sería fácil llevar a cabo algo así», pero se mostraba decidido a ejecutar el plan.

Genda y Onishi se concentraron inmediatamente en solucionar los problemas técnicos que planteaba el uso de torpedos en aguas poco profundas. Con ayuda de los técnicos, lograron reducir drásticamente la profundidad a la que los torpedos debían hundirse para poder dirigirse al blanco, y adiestraron a los pilotos para volar muy bajo, disminuyendo así la posibilidad de que los torpedos se incrustaran en el fondo marino al ser lanzados desde los aviones. En septiembre comenzaron los ejercicios de simulación bélica en la bahía de Kinko, en Kagoshima, elegida por su parecido con Pearl Harbor. Ninguno de los pilotos que participaron sabía cuál era el objetivo. A finales de septiembre, el plan estaba listo. Además de Genda y Onishi, el principal colaborador de Yamamoto fue Kameto Kuroshima, un oficial de planificación que se atrevía a contradecir a su superior y ofrecerle soluciones que no se le habían ocurrido a él.

Inicialmente, el plan presentado por Yamamoto fue rechazado por el Estado Mayor de la Armada Imperial por ser demasiado arriesgado y por requerir seis de los diez portaaviones con que contaba la Armada Imperial. Pero Yamamoto no se conformó y envió a Tokio a Kuroshima para defender el plan y, como último recurso, amenazar con su dimisión y la de todo su equipo. El 20 de octubre, el Estado Mayor cedió ante la posibilidad de perder al marino de más prestigio de la Armada, y aprobó el plan, a pesar de las dudas que seguía suscitando.

La fecha para el ataque se fijó en el lunes 8 de diciembre — domingo 7 de diciembre en Hawái y Estados Unidos — porque la luna proporcionaría ese día una luz favorable que facilitaría el vuelo de los aviones japoneses antes del amanecer.[7]

3.2 Objetivos y limitaciones[editar]

El ataque, llamado Operación Hawái u Operación AI por el Cuartel General Imperial japonés, y Operación Z durante su planificación, perseguía tres objetivos principales. En primer lugar, intentaba destruir unidades navales estadounidenses para impedir la interferencia de su Flota del Pacífico en la conquista japonesa de las Indias Orientales Neerlandesas y Malasia. En segundo lugar, esperaba ganar tiempo para que Japón consolidara su posición e incrementara su fuerza naval antes de que los estadounidenses aumentaran en un 70 % el número de buques de su flota, de acuerdo con lo aprobado por el Acta Vinson-Walsh. Por último, se buscaba infligir un golpe moral que disuadiera a Estados Unidos de emprender una guerra prolongada en el Pacífico.

Para maximizar el efecto moral, los acorazados fueron elegidos como objetivos prioritarios, pues eran el orgullo de cualquier armada de la época. Sin embargo, golpear a la flota anclada en Pearl Harbor tenía dos claras desventajas: los buques estaban fondeados en aguas poco profundas — lo que facilitaba su reflotamiento y reparación —, y la mayoría de sus tripulantes sobrevivirían al ataque, ya que se encontrarían de permiso en tierra o serían rescatados desde el puerto. Otro contratiempo importante fue la ausencia de los tres portaaviones de la Flota del Pacífico: el Enterprise, el Lexington y el Saratoga. El alto mando japonés, imbuido de la doctrina de la «batalla decisiva» del almirante Alfred Mahan, que aseguraba la victoria para la armada que destruyera más acorazados enemigos, decidió seguir adelante a pesar de esta ausencia. Los japoneses ignoraron otros objetivos como el astillero, los depósitos de combustible y la base de submarinos, pues pensaban que la guerra sería tan breve que estas instalaciones no llegarían a influir en su desarrollo.

El hecho de que los portaaviones estadounidenses no estuvieran en la base tendría gran importancia en el desarrollo de la guerra. El Lexington, acompañado de tres cruceros pesados y cinco destructores, había entregado en Midway un cargamento de aviones de refuerzo. El Enterprise hacía lo mismo en la isla Wake. El Saratoga regresaba de San Diego y en el momento del ataque se hallaba a 320 kilómetros de Hawái. El Yorktown estaba en un punto intermedio entre San Diego y Norfolk, mientras que el Hornet acababa de zarpar desde Norfolk.

4. Desarrollo[editar]

4.1 Partida de la fuerza japonesa[editar]

El 26 de noviembre de 1941, una fuerza de ataque japonesa compuesta por seis portaaviones — Akagi, Kaga, Sōryū, Hiryū, Shōkaku y Zuikaku — al mando del vicealmirante Chūichi Nagumo zarpó en secreto de la bahía de Hitokappu, en la isla de Iturup, en el archipiélago de las Kúriles. Fue entonces cuando se informó a las tripulaciones de que el objetivo de la misión era atacar Pearl Harbor.

En total se emplearían 408 aeronaves: 360 para dos oleadas de ataque y 48 para tareas defensivas de patrulla aérea de combate. La primera oleada sería el ataque principal, mientras que la segunda intentaría rematar lo que la primera no hubiera podido destruir. La oleada inicial portaba el grueso de las armas destinadas a inutilizar los grandes buques, especialmente los torpedos aéreos Tipo 91, que habían sido diseñados con un mecanismo antigiro y una extensión en el timón que les permitiría operar en aguas poco profundas.

A los pilotos japoneses se les ordenó seleccionar los objetivos más valiosos — acorazados y portaaviones — o, si estos no estaban presentes, cualquier otro gran buque de guerra. Los bombarderos en picado atacarían objetivos en tierra, y los cazas recibieron la misión del ametrallamiento y destrucción de todos los aviones estadounidenses en tierra para impedir que despegaran y contraatacaran. Dos aeronaves de reconocimiento despegaron desde cruceros para explorar sobre Oahu e informar de la presencia de cualquier flota enemiga, mientras que otras cuatro patrullaron el área entre la fuerza de portaaviones y Niihau.

4.2 Primera oleada[editar]

El primer ataque lo llevaron a cabo 183 aeronaves que partieron desde el norte de Oahu, lideradas por el comandante Mitsuo Fuchida. El primer grupo — compuesto por 50 bombarderos Nakajima B5N Kate armados con bombas perforantes de 800 kg y 40 bombarderos B5N armados con torpedos Tipo 91 — tenía como objetivos los acorazados y portaaviones. El segundo grupo, integrado por 50 bombarderos en picado Aichi D3A Val, apuntaba a la isla Ford y al aeródromo Wheeler. El tercer grupo, con 45 cazas Mitsubishi A6M Zero, se encargaría del control aéreo y el ametrallamiento de las aeronaves en tierra.[8]

A medida que la primera oleada se acercaba a Oahu, un radar SCR-270 del Ejército de los Estados Unidos ubicado en Punta Opana detectó la formación y dio la señal de alarma. Los operadores, los soldados George Elliot Jr. y Joseph Lockard, informaron del objetivo, pero el teniente Kermit A. Tyler supuso que se trataba del regreso de seis bombarderos B-17 que se esperaban desde el continente. Los operadores olvidaron mencionar el tamaño de la formación, y Tyler no pudo comunicar, por razones de seguridad, que podría tratarse de los B-17.

La parte aérea del ataque comenzó a las 7:48 a.m., hora hawaiana, con el ataque a la base de Kaneohe. Un total de 353 aviones japoneses en dos oleadas llegaron a Oahu, encabezados por los lentos y vulnerables torpederos, que explotaron los primeros momentos de sorpresa para atacar a los buques más importantes. Simultáneamente, los bombarderos en picado se lanzaron contra las bases aéreas, comenzando por el aeródromo Hickam, el más grande, y continuando por el campo Wheeler, la principal base de cazas del ejército norteamericano.

Los hombres a bordo de los buques estadounidenses se despertaron con las alarmas, las explosiones de bombas y el tiroteo. Los defensores no estaban preparados: los almacenes de munición estaban cerrados y los aviones estaban estacionados ala con ala a la intemperie para evitar sabotajes. Casi nadie logró poner en funcionamiento las ametralladoras defensivas. A pesar de este bajo nivel de alerta, numerosos militares estadounidenses respondieron con eficacia durante la batalla. El alférez Joe Taussig Jr., único oficial a bordo del USS Nevada, tomó el mando de la nave, aunque perdió una pierna. El barco acabó varado en el puerto.

4.3 Segunda oleada[editar]

La segunda oleada japonesa comprendía 171 aviones: 54 B5N, 81 D3A y 36 A6M, comandados por Shigekazu Shimazaki. El primer grupo, de 54 B5N armados con bombas de 249 y 60 kg, atacaría aviones y hangares en Kaneohe, la isla Ford y la base Hickam. El segundo grupo, de 81 D3A, tenía como objetivos portaaviones y cruceros. El tercer grupo, de 36 A6M, se encargó de la defensa y el ametrallamiento.

La segunda oleada atacó dividida en tres grandes grupos, uno con destino a Kaneohe y los otros dos al propio Pearl Harbor, llegando por distintas direcciones casi al mismo tiempo. Noventa minutos después de su inicio, el ataque aéreo finalizó. Habían muerto 2,386 estadounidenses — 55 de ellos civiles, la mayoría víctimas de la artillería antiaérea estadounidense que cayó en zonas residenciales — y 1,139 resultaron heridos. Dieciocho barcos fueron hundidos o encallados, entre ellos cinco acorazados. De todas las víctimas estadounidenses, casi la mitad — 1,177 — se produjeron por la explosión de la santabárbara del acorazado Arizona, que fue penetrada por una bomba de 800 kg.[9]

Dañado por un torpedo y en llamas, el USS Nevada intentó salir del puerto, pero acabó siendo blanco de numerosos bombarderos japoneses y fue encallado deliberadamente para evitar el bloqueo de la entrada del puerto. El USS California recibió impactos de dos bombas y dos torpedos. El aceite en llamas vertido por el Arizona y el West Virginia produjo enormes columnas de humo negro. El buque objetivo desarmado Utah resultó horadado por dos torpedos, y el West Virginia por siete, el último de los cuales arrancó su timón. El Oklahoma recibió cuatro impactos de torpedos, los dos últimos por encima de su cinturón blindado, lo que causó su vuelco. El Maryland encajó dos bombas de 800 kg, pero ninguna le provocó daños de seriedad.

De los 402 aviones estadounidenses presentes en Hawái, 188 fueron destruidos y 159 dañados, la mayoría de ellos en tierra. Prácticamente ninguno estaba listo para despegar y defender la base. Solo ocho pilotos del ejército estadounidense lograron despegar durante la batalla. Seis de ellos tienen acreditado el derribo de al menos un aparato japonés: los tenientes Lewis M. Sanders, Philip M. Rasmussen, Kenneth M. Taylor, George S. Welch, Harry W. Brown y Gordon H. Sterling Jr. Este último fue derribado y murió por fuego amigo mientras regresaba del combate.

En el ataque murieron 55 pilotos y nueve marinos japoneses, y uno fue hecho prisionero. De los 414 aviones japoneses que participaron, fueron derribados 29 — nueve en la primera oleada y veinte en la segunda —, mientras que otros 74 aparatos recibieron daños de la artillería antiaérea.

4.4 La posible tercera oleada[editar]

Varios oficiales japoneses, entre ellos Mitsuo Fuchida y Minoru Genda, instaron al vicealmirante Nagumo a lanzar una tercera oleada que destruyera los depósitos de combustible y torpedos, las instalaciones de mantenimiento y el dique seco. Los capitanes de los otros cinco portaaviones informaron que estaban dispuestos a lanzar una tercera ofensiva. Los historiadores militares opinan que la destrucción de esas instalaciones habría afectado mucho más profundamente a la Flota del Pacífico que la pérdida de los acorazados. Si todo hubiera sido destruido, «las grandes operaciones norteamericanas en el Pacífico tendrían que haberse pospuesto más de un año». El almirante estadounidense Chester Nimitz, que llegaría a ser comandante en jefe de la Flota del Pacífico, estimó que «habría prolongado la guerra otros dos años».

Sin embargo, Nagumo decidió retirarse por varias razones. La efectividad antiaérea estadounidense había mejorado considerablemente durante la segunda oleada, en la que se produjeron dos tercios del total de bajas japonesas. Nagumo creyó que una tercera incursión pondría en grave peligro tres cuartas partes de las fuerzas de la Flota Combinada. Además, los portaaviones estadounidenses seguían en paradero desconocido, y la fuerza japonesa estaba dentro del radio de acción de los bombarderos basados en tierra. Una tercera oleada habría requerido un tiempo sustancial de preparación, y quizá habría obligado a algunos aparatos a regresar de noche, algo arriesgado en una época en que solo la Marina Real Británica había desarrollado técnicas nocturnas de operación con portaaviones. Las reservas de combustible tampoco permitían permanecer mucho más tiempo en aguas del norte de Hawái, y Nagumo consideró que la segunda oleada ya había cumplido los objetivos esenciales de la misión.

En una conferencia a bordo del acorazado Yamato en la mañana siguiente, el almirante Yamamoto apoyó en principio la decisión de Nagumo.

5. Consecuencias[editar]

5.1 Entrada de Estados Unidos en la guerra[editar]

Al día siguiente del ataque, el 8 de diciembre, Estados Unidos declaró la guerra al Imperio del Japón. La fuerte postura de no intervención en el conflicto desapareció de inmediato, mientras que la asistencia clandestina al Reino Unido fue reemplazada por una alianza plena. La Alemania nazi y la Italia fascista declararon la guerra a Estados Unidos el 11 de diciembre, en respuesta a las operaciones puestas en marcha contra la potencia asiática del Eje.

El ataque conmocionó profundamente al pueblo estadounidense y llevó directamente a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, tanto en los teatros de guerra de Europa como del Pacífico. La inexistencia de una declaración formal por parte nipona mientras se llevaban a cabo negociaciones que parecían prosperar fue denunciada por Roosevelt en su discurso ante el Congreso, en el que calificó al 7 de diciembre de 1941 como «una fecha que vivirá en la infamia».

El ataque a Pearl Harbor fue juzgado en los Juicios de Tokio como crimen de agresión.[10]

5.2 Impacto militar y estratégico[editar]

Paradójicamente, el ataque no logró todos sus objetivos. Los portaaviones estadounidenses, ausentes del puerto, se convirtieron en el núcleo de la respuesta naval en el Pacífico, y la infraestructura de reparación que los japoneses dejaron intacta permitió que varios de los acorazados dañados volvieran al servicio. La decisión de no lanzar una tercera oleada sobre los depósitos de combustible sería vista retrospectivamente como una oportunidad perdida para paralizar por completo la capacidad estadounidense.

El ataque, sin embargo, logró consolidar la expansión japonesa en el Sudeste Asiático durante los primeros meses de 1942. Simultáneamente con Pearl Harbor, los japoneses atacaron posesiones británicas — como Hong Kong, Malasia y Singapur —, que estuvieron en su poder a mediados de febrero de 1942.[11] La conquista sistemática de Filipinas, las Indias Orientales Neerlandesas y otras islas del Pacífico se desarrolló en los meses siguientes.

6. Presencia hispanoamericana[editar]

El ataque a Pearl Harbor tuvo consecuencias directas para América Latina. La entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial transformó las relaciones hemisféricas y ejerció presión sobre los gobiernos latinoamericanos para que se alinearan con la política de seguridad colectiva impulsada por Washington. Varios países de la región declararon la guerra al Eje en los días y semanas posteriores, mientras que otros mantuvieron por un tiempo la neutralidad.

La respuesta latinoamericana se desarrolló principalmente a través del sistema interamericano. Los países del continente, reunidos en conferencias panamericanas, habían adoptado posiciones de defensa hemisférica ante posibles ataques del Eje, y el ataque a Pearl Harbor aceleró la alineación de la mayoría de los gobiernos con la causa aliada. El puerto de Pearl Harbor, como sede de una porción significativa de la flota estadounidense, se convirtió en un símbolo de la amenaza que se cernía sobre todo el hemisferio.[12]

Desde el punto de vista de la memoria histórica, el ataque a Pearl Harbor ocupa un lugar central en la narrativa estadounidense sobre la Segunda Guerra Mundial. Su significado se ha difundido ampliamente en el mundo hispanohablante a través de la historiografía, la literatura y el cine, contribuyendo a la percepción del conflicto como un episodio decisivo de la historia mundial.

7. Legado[editar]

7.1 Memoriales y memoria[editar]

El USS Arizona, que permanece hundido en Pearl Harbor, se ha convertido en un monumento conmemorativo de los caídos. Cada año, el 7 de diciembre se conmemora el aniversario del ataque con ceremonias en Hawái y en todo Estados Unidos. La frase «fecha que vivirá en la infamia» quedó incorporada al discurso público estadounidense como una de las expresiones más recordadas de la presidencia de Franklin D. Roosevelt.

7.2 Significado historiográfico[editar]

El ataque a Pearl Harbor sigue siendo objeto de debate entre historiadores. Los temas más discutidos incluyen la cuestión de si el alto mando estadounidense tuvo conocimiento previo del ataque, la decisión japonesa de no lanzar una tercera oleada, y la posibilidad de que el ataque pudiera haberse evitado mediante una diplomacia más hábil. En 1999, el profesor Takeo Iguchi descubrió documentos que apuntaban a un fuerte debate en el gobierno japonés sobre si informar y de qué forma a Washington de sus intenciones de romper las negociaciones e iniciar la guerra. Un documento del 7 de diciembre menciona: «Nuestra diplomacia engañosa conduce al éxito», lo que sugiere que el ataque fue deliberadamente coordinado para sorprender a los estadounidenses sin advertencia formal.[13]

7.3 Influencia cultural[editar]

El ataque ha inspirado numerosas obras cinematográficas, documentales y literarias en el mundo hispanohablante, contribuyendo a la persistencia del evento en la memoria colectiva. La imagen de los acorazados en llamas en el puerto de Hawái se ha convertido en un símbolo reconocible de la Segunda Guerra Mundial y de los peligros de la subestimación militar. La conmemoración anual del 7 de diciembre recuerda no solo a las víctimas, sino también las consecuencias geopolíticas de la entrada de Estados Unidos en el conflicto mundial.

El ataque a Pearl Harbor marca un antes y un después en la historia del siglo XX. Transformó una guerra principalmente europea y asiática en una contienda verdaderamente global, con Estados Unidos como actor decisivo en ambos teatros. Para Japón, representó una apuesta estratégica de enorme riesgo que eventualmente conduciría a su derrota, después de las grandes batallas navales del Pacífico, como la de Midway, que invirtieron el curso del conflicto en 1942.

En la perspectiva histórica actual, el ataque a Pearl Harbor se estudia no solo como un episodio militar sino también como un ejemplo de los costos de la expansión imperial y de la falla en la comunicación diplomática entre potencias. Su legado continúa vigente en las conmemoraciones anuales, en la historiografía y en la comprensión de los factores que condujeron al orden mundial de posguerra.


  1. El plan japonés de expansión hacia el sur buscaba asegurar el acceso a recursos vitales, especialmente petróleo y caucho, en un contexto de creciente aislamiento económico impuesto por las potencias occidentales. ↩︎

  2. Las fuentes japonesas y occidentales difieren ligeramente en el número exacto de aeronaves. La cifra más aceptada es 353 aviones en dos oleadas, aunque el total desplegado, incluyendo aeronaves de reconocimiento y defensa, asciende a 408 según algunas fuentes. ↩︎

  3. La ausencia de ataques a la infraestructura de mantenimiento resultó decisiva, ya que permitió reparar rápidamente la mayoría de los buques dañados en los meses siguientes. ↩︎

  4. El Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente, conocido como Juicios de Tokio, calificó el ataque como crimen de agresión, un concepto jurídico que cobraría mayor relevancia después de la Segunda Guerra Mundial. ↩︎

  5. La segunda guerra sino-japonesa, que comenzó con el incidente del Puente Marco Polo en julio de 1937, fue el frente asiático más prolongado del conflicto global. ↩︎

  6. La asistencia occidental a China reflejaba la percepción de que Japón representaba una amenaza a los intereses occidentales en Asia, pero también contribuyó a intensificar las tensiones bilaterales con Tokio. ↩︎

  7. La elección de un domingo por la mañana se basó en el conocimiento de que la flota estadounidense estaría en el puerto. La fecha, además, precedía por pocos días a la prevista para las negociaciones finales. ↩︎

  8. Las composiciones exactas de las oleadas pueden variar ligeramente según la fuente histórica, pero la estructura general — bombarderos de altura, torpederos, bombarderos en picado y cazas — es consistente en la historiografía. ↩︎

  9. La explosión del santabárbara del Arizona, causada por una bomba perforante que alcanzó el polvorín de proa, se produjo a las 8:06 a.m. según la mayoría de los testimonios. ↩︎

  10. El concepto de «crimen de agresión» se aplicó en los juicios de Tokio y posteriormente se incorporó al derecho internacional, aunque su definición precisa fue objeto de debate durante décadas. ↩︎

  11. El ataque simultáneo a las posesiones británicas forma parte integral de la planificación japonesa, que preveía la conquista del Sudeste Asiático en un plazo máximo de 20 semanas. ↩︎

  12. La política hemisférica estadounidense encontró un aliado eficaz en el sistema panamericano, que movilizó a los países latinoamericanos en defensa del continente contra el Eje. ↩︎

  13. El descubrimiento de Takeo Iguchi en 1999, basado en documentos del Ministerio de Relaciones Exteriores japonés, reforzó la interpretación de que la ausencia de declaración formal fue deliberada. ↩︎