Conquista de México
| Conquista de México | |
|---|---|
| Fecha | 1519 – 13 de agosto de 1521 |
| Lugar | Centro-sur del actual territorio de México |
| Resultado | Victoria de las fuerzas españolas y sus aliados indígenas; fin de la hegemonía mexica en Mesoamérica |
| Consecuencias | El Imperio mexica se convierte en el Virreinato de la Nueva España; inicio de la evangelización de los demás señoríos al sur y norte del antiguo imperio |
| Beligerantes | Corona de Castilla, confederación de Tlaxcala, Cempoala, facciones texcocanas y chalcas, entre otros Contra el Imperio mexica o Triple Alianza (Tenochtitlan, Tlatelolco, Tlacopan) |
| Comandantes | Hernán Cortés, Pedro de Alvarado, Cristóbal de Olid, Gonzalo de Sandoval Moctezuma Xocoyotzin, Cuitláhuac, Cuauhtémoc |
| Fuerzas en combate | Españoles: 2.500–3.000; aliados indígenas: 80.000–200.000 tlaxcaltecas, 10.000 totonacas Guerreros mexicas: 200.000 (1521) |
| Bajas | Españoles: 1.800 muertos; decenas de miles de tlaxcaltecas y aliados muertos o heridos Triple Alianza: 200.000–240.000 entre soldados y civiles, la gran mayoría por enfermedades |
1. Resumen[editar]
La conquista de México, también denominada conquista de México-Tenochtitlan o conquista del Imperio mexica, fue una serie de campañas militares dirigidas por Hernán Cortés en alianza con los pueblos originarios del valle de México, con el objetivo de sitiar, derrocar y ocupar la capital del Imperio mexica. El proceso, desarrollado entre 1519 y 1521, concluyó con el asalto final y la toma de la ciudad de México-Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521. Este hecho marcó el inicio de un largo proceso de colonización, evangelización y mestizaje de Mesoamérica y de lo que hoy es México.[1]
Las fuentes principales para su estudio son las crónicas de Indias redactadas en el siglo XVI. Destacan la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, soldado que participó directamente en las campañas; las Cartas de relación de Hernán Cortés al rey Carlos I; y la Historia general de las Indias, de Francisco López de Gómara, quien nunca pisó el continente americano pero pasó los últimos años de la vida de Cortés escuchando sus memorias.[2]
La victoria no fue solo española: los pueblos indígenas aliados —principalmente los tlaxcaltecas, los totonacas y facciones texcocanas y chalcas— aportaron la mayoría de los combatientes. Los estudios contemporáneos subrayan que, sin estas alianzas, la caída de Tenochtitlan habría sido improbable, y que la conquista fue tanto una guerra entre indígenas como entre europeos y mesoamericanos.[3]
2. Antecedentes[editar]
2.1 Las expediciones que antecedieron a la conquista[editar]
En enero de 1516 murió Fernando el Católico. Casi un cuarto de siglo había transcurrido desde los descubrimientos colombinos en América. Debido a la imposibilidad de gobernar de su hija Juana I, el testamento designó al nieto Carlos I como sucesor, pero antes de que este asumiera el trono, el cardenal primado Francisco Jiménez de Cisneros ejerció brevemente la regencia de Castilla.
En España ya se tenían noticias de que en el territorio ignoto había pueblos «muy ricos en oro y otros metales preciosos». Como medio para acceder a esas riquezas, se proclamó una ley que autorizaba el rescate de oro, con la cual se promovía que los españoles viajaran a América para comerciar con los nativos, pagando a la corona el quinto del rey (20% de las ganancias). Para regular este comercio se creó la Casa de Contratación en 1503, controlada por el obispo de Burgos, Juan Rodríguez de Fonseca.
En Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar era teniente de gobernador, supeditado de nombre al almirante Diego Colón. La economía de los colonos se basaba en las encomiendas, pero la población nativa había sido diezmada por las campañas de conquista y las enfermedades, lo que generó una presión creciente por encontrar nuevas oportunidades de medro.
Primera expedición (1517). Tres vecinos de Cuba —Francisco Hernández de Córdoba, Lope Ochoa de Caicedo y Cristóbal de Morante— se organizaron para comprar dos naves. El gobernador Velázquez aportó un bergantín y consiguió los permisos ante los frailes jerónimos, que eran requisito para emprender el viaje. El objetivo declarado era, en buena medida, encontrar esclavos.[4]
El 8 de febrero de 1517 zarparon de Santiago de Cuba tres embarcaciones con ciento diez hombres, pilotados por Antón de Alaminos. Navegaron por la banda norte de Cuba y fueron sorprendidos por una tormenta en el canal de Yucatán, llegando los primeros días de marzo a la deshabitada Isla Mujeres. Cruzaron luego hacia la costa norte de la península de Yucatán, avistando Ekab, lugar que bautizaron como el «Gran Cairo». Los nativos se acercaron en canoas y, según la transliteración española original, invitaban diciendo «cones cotoch», «cones cotoch», expresión que fue interpretada como «andad acá a mis casas», por lo que el lugar fue llamado punta Catoche.[5]
El 5 de marzo, tras un desembarco formal, los mayas emboscaron a los expedicionarios: murieron dos españoles y quince nativos. Hernández de Córdoba capturó a dos indígenas, apodados Julianillo y Melchorejo, que serían posteriormente los primeros traductores maya-español. La expedición continuó hacia Can Pech, donde fueron recibidos pacíficamente, y luego hacia Chakán Putum, donde fueron atacados sin previo aviso por mayas liderados por Moch Couoh, sufriendo más de veinte bajas. El propio Hernández de Córdoba resultó herido y murió diez días después del regreso a Cuba.
La expedición regresó con noticias contradictorias: se creyó que existía oro en la región, se confirmó la existencia de náufragos en la costa y, por una mala interpretación, se pensó que el lugar recientemente descubierto se llamaba en maya «Yucatán», nombre que a partir de entonces se aplicó al territorio. Velázquez, viendo la importancia de estos hallazgos, solicitó dos permisos para continuar las exploraciones: uno a los frailes jerónimos en Santo Domingo y otro directamente al rey Carlos I, solicitando el nombramiento de adelantado.
Segunda expedición (1518). Al año siguiente, Velázquez organizó una segunda expedición recuperando las naves del primer viaje y añadiendo una carabela y un bergantín. Designó como capitán general a su sobrino Juan de Grijalva, y como capitanes de los otros navíos a Francisco de Montejo, Pedro de Alvarado y Alonso de Ávila.
Hacia finales de enero de 1518 zarparon de Santiago, haciendo escala en Matanzas. El 3 de mayo llegaron a Cozumel, bautizado por Grijalva como Santa Cruz de la Puerta Latina. De este lugar, los expedicionarios recogieron a una mujer jamaiquina que había llegado dos años antes de forma accidental y cuyos compañeros habían sido sacrificados; ella actuó como intérprete, ya que algunos españoles conocían su idioma.[6]
Los expedicionarios continuaron explorando la costa. El 8 de junio descubrieron el afluente que llamaron río Grijalva y desembarcaron en Potonchán, donde el cacique maya Tabscoob obsequió piezas de oro a los recién llegados. A lo largo del litoral encontraron diversos asentamientos. A mediados de junio llegaron a la Isla de Sacrificios, donde hallaron un templo con cuatro indígenas muertos aparentemente sacrificados al dios Tezcatlipoca. Desembarcaron en Chalchicueyecan. Al preguntar por los sacrificios, el intérprete maya chontal «Francisco» respondió que habían sido ordenados por «los colhuas». La respuesta fue malinterpretada y se creyó que el lugar se llamaba Ulúa; por ser 24 de junio, fue bautizado como San Juan de Ulúa.[7]
En San Juan de Ulúa, los españoles intercambiaron oro con los totonacas, pueblo sometido por los mexicas. Poco después llegaron varios calpixques —recaudadores tributarios— enviados por el huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin, y se realizaron trueques pacíficos. Grijalva comprendió que los aztecas dominaban la región y eran temidos por los pueblos sometidos. Pedro de Alvarado fue enviado de regreso a Cuba para notificar y entregar los tesoros obtenidos a Velázquez, cuyo interés aumentó considerablemente.
A pesar de los logros de la expedición, Velázquez estaba a disgusto con su sobrino: oficialmente le había ordenado no establecer colonias, pero extraoficialmente esperaba lo contrario. Grijalva obedeció la instrucción literal y no fundó ninguna guarnición, lo que su tío consideró un fracaso.
2.2 El Imperio mexica hacia 1519[editar]
Desde mediados del siglo XV el estado mexica se venía extendiendo por un gran territorio, sometiendo a diversos pueblos y volviéndolos tributarios. Hacia 1517 el huey tlatoani en turno, Moctezuma Xocoyotzin, continuaba las campañas militares de expansión. La Triple Alianza —formada por Tenochtitlan, Tlatelolco y Tlacopan— constituía el núcleo del poder en el valle de México.
Los tlaxcaltecas, vecinos de los mexicas, habían resistido tenazmente su dominio y se encontraban prácticamente sitiados: todas las poblaciones a su alrededor habían sido conquistadas, quedando ellos virtualmente rodeados por el imperio. Su hostilidad hacia Tenochtitlan sería un factor decisivo en la conquista.
Por otro lado, tras la caída de Tula circulaba la leyenda de que el dios Quetzalcóatl volvería algún día llegando por el mar del oriente, de donde nace el sol y donde supuestamente vivían los dioses. Esta leyenda era bien conocida por los mexicas. Algunos profetas vaticinaban el retorno de Quetzalcóatl como el fin del señorío vigente. Moctezuma Xocoyotzin creía firmemente en estas profecías debido a ciertos presagios, como la aparición de un cometa, un «fuego espontáneo» en la casa del dios Huitzilopochtli, un rayo en el templo de Xiuhtecuhtli y otros sucesos.[8]
Cuando comenzaron a llegar noticias de las embarcaciones españolas —descritas como «montañas que se movían sobre el agua y con hombres barbados de piel blanca sobre ellas»—, el hecho fue inmediatamente relacionado con el regreso de Quetzalcóatl. Moctezuma ordenó al calpixque de Cuextlan, llamado Pínotl, construir atalayas y montar guardias en la costa en los emplazamientos de Nautla, Toztlan y Mitlanquactla, para vigilar el posible regreso de las embarcaciones.
Dado que los primeros encuentros con los españoles terminaban en intercambios comerciales por el «rescate de oro», en muchos pueblos corrió la idea de que la manera de deshacerse de ellos sin pelear era sencillamente entregarles oro o mujeres y aceptar lo que trajeran para intercambiar. Los europeos, de este modo, retornarían a sus naves y se marcharían. Esta estrategia produjo el efecto contrario al esperado: los españoles interpretaron la abundancia de regalos como prueba de tesoros inagotables, despertando su ambición.[9]
2.3 La expedición de Cortés y su ruptura con Velázquez[editar]
Sin haber recibido respuesta a su solicitud de nombramiento como adelantado, Diego Velázquez organizó una tercera expedición. El gobernador consideró que su sobrino había fracasado en su misión y requería un nuevo capitán. Después de ponderar sus opciones, y a instancias de su secretario Andrés de Duero y del contador Amador de Lares, optó por Hernán Cortés, entonces alcalde de Santiago.
Ambos firmaron unas capitulaciones e instrucciones el 23 de octubre de 1518. Los documentos, redactados por Andrés de Duero, presentaban contradicciones entre el preámbulo y las veinticuatro instrucciones, lo que alimentó la controversia posterior sobre la insurrección de Cortés. El gobernador firmó como adjunto del almirante Diego Colón, pues todavía no había recibido el nombramiento real.
Se reunieron once embarcaciones: tres aportadas por Velázquez, tres por Cortés y el resto por los capitanes participantes. Sin embargo, a última hora el gobernador cambió de opinión y decidió destituir a Cortés, bloqueando además el suministro de insumos. Cortés decidió marcharse de Santiago evadiendo las órdenes. El día de los hechos, cuando Velázquez lo confrontó en el muelle, Cortés, rodeado de sus hombres armados, le respondió: «Perdonadme, pero todas estas cosas se pensaron antes de ordenarlas. ¿Cuáles son vuestras órdenes ahora?».[10]
Los barcos zarparon el 18 de noviembre de 1518 con dirección al occidente de Cuba. Pararon en Trinidad durante casi tres meses, donde se reclutaron soldados y se abastecieron de alimentos y pertrechos.
Los capitanes designados por Cortés fueron Pedro de Alvarado, Alonso de Ávila, Alonso Hernández Portocarrero, Diego de Ordás, Francisco de Montejo, Francisco de Morla, Francisco de Saucedo, Juan de Escalante, Juan Velázquez de León, Cristóbal de Olid y Gonzalo de Sandoval. Como piloto mayor nombró a Antón de Alaminos, quien conocía la zona por haber participado en las expediciones de Hernández de Córdoba en 1517, de Grijalva en 1518 y de Juan Ponce de León a la Florida en 1513.
Cortés reunió cerca de 550 españoles (de los cuales 50 eran marineros) y 16 caballos. Según la crónica de Bartolomé de las Casas, llevó también doscientos auxiliares, algunos nativos de la isla y otros esclavos negros.[11]
El gobernador de Cuba hizo un segundo intento por detenerlo: envió cartas al propio Cortés ordenándole esperar, y otras a Juan Velázquez de León, Diego de Ordás y al alcalde de Trinidad, pidiendo entretener la salida e incluso ordenando la aprehensión del caudillo. Como último recurso, envió a Gaspar de Garnica para aprehenderlo en La Habana. A pesar de todo, los barcos de Cortés abandonaron las costas de Cuba el 18 de febrero de 1519.[12]
Mientras tanto en España, el rey Carlos I había firmado el 13 de noviembre de 1518 el documento que autorizaba a Velázquez a realizar la expedición. La naturaleza exacta del documento —licencia, faculta o nombramiento de adelantado— es objeto de debate entre historiadores.[13]
3. Las primeras escalas: de Cozumel a Centla[editar]
3.1 Cozumel y el rescate de Jerónimo de Aguilar[editar]
Cortés se dirigió a la isla de Cozumel siguiendo el trayecto de sus antecesores. En el camino, la embarcación capitaneada por Francisco de Morla sufrió una avería, retrasando a las demás naves. La nave de Pedro de Alvarado llegó a Cozumel dos días antes, lo que molestó a Cortés, quien mandó castigar al piloto.
De la expedición de Hernández de Córdoba llevaban al intérprete Melchorejo, y de la de Grijalva a la esclava jamaiquina. Cortés los envió a buscar a los jefes mayas de la isla para anunciar una visita pacífica. Al principio, el halach uinik (jefe supremo) y los batab (jefes secundarios) se negaron a entrevistarse.
Tres días después, se presentó ante Cortés una persona que se dijo señor de toda la isla. Tras una larga charla, Cortés le habló sobre el rey de España y la fe católica, insistiendo en sus intenciones pacíficas si toda la gente de la isla se subordinaba a España. El halach uinik aceptó y llamó a los demás batabob. Según las crónicas, poco después los pobladores abandonaron aparentemente el culto a sus dioses y adoraron la cruz cristiana y una imagen de la Virgen que Cortés les instaló.[14]
En Cozumel, Cortés confirmó la presencia de otros dos españoles que hacía ocho años habían naufragado en el golfo de Darién y, tras sobrevivir en un bote, habían sido arrastrados por la corriente hasta las costas de la península, donde fueron hechos prisioneros por los mayas. Cortés envió cuentas verdes como pago de rescate y una carta dirigida a los náufragos, confiada a dos habitantes de la isla. Además, mandó dos barcos para que se acercaran a la costa y esperaran como apoyo.
Seis días estuvieron esperando sin noticias. Dos días después de regresar a Cozumel, una canoa llegó con nativos y con el náufrago Jerónimo de Aguilar, a quien por su aspecto confundieron con un maya. Aguilar se unió a la expedición y actuó en adelante como intérprete maya-castellano.[15]
Antes de partir, el halach uinik de Cozumel pidió a Cortés una carta o salvoconducto que describiera que la población no fuera agredida por futuras expediciones españolas a la isla. El 4 de marzo de 1519 los conquistadores zarparon de Cozumel despidiéndose amigablemente de los mayas.
3.2 La batalla de Centla y la Malinche[editar]
La flota prosiguió costeando hasta Tabasco. En Potonchán decidieron aprovisionarse de agua y comida. Los mayas chontales permitieron el aprovisionamiento y les pidieron irse, pues no tenían suficiente comida para entregar. Cortés se negó y ordenó el desembarco. Intentó infructuosamente negociar más suministros y oro por medio de Melchorejo y Jerónimo de Aguilar, pero el intérprete maya aprovechó la oportunidad para escapar y aconsejó a los chontales atacar. Ante la negativa y las amenazas de los nativos, Diego de Godoy leyó el requerimiento —la primera actuación notarial en lo que hoy es México— y se inició la batalla de Centla el 14 de marzo de 1519, primera gran batalla de los españoles en tierras de la Nueva España.[16]
Los españoles lograron la victoria gracias a la superioridad de sus armas y, en especial, al temor que los nativos tenían a los caballos, usados por primera vez en una batalla en territorio mesoamericano. El capellán Juan Díaz ofició la que se considera la primera misa católica en tierra firme de la Nueva España, y Hernán Cortés fundó el 25 de marzo de 1519 el poblado de Santa María de la Victoria, que más tarde sería la capital de la provincia de Tabasco.
Vencidos, los mayas chontales entregaron como prenda de paz veinte mujeres, entre ellas una esclava de nombre Mallinalli o Malinche Tenépatl, llamada así —Tenépatl— por su facilidad de palabra. Fue bautizada y conocida por los españoles como doña Marina, y por los indígenas como Malintzin. Conocía el maya y el náhuatl, por lo que se convirtió en la intérprete clave: Jerónimo de Aguilar traducía del español al maya, y doña Marina del maya al náhuatl para comunicarse con los mexicas.[17]
Los españoles permanecieron en Santa María de la Victoria hasta el 12 de abril, fecha en que Cortés decidió continuar hacia San Juan de Ulúa, dejando un puñado de españoles en la recién fundada villa para pacificar y poblar la región.
4. Villa Rica y la ruptura jurídica con Velázquez[editar]
4.1 La llegada a San Juan de Ulúa[editar]
Los españoles continuaron hacia el norte y llegaron el 21 de abril de 1519 a Chalchicueyecan, lugar previamente bautizado por Grijalva como San Juan de Ulúa. Para los mexicas era el año 1-caña. El calpixque en turno del emplazamiento de Cuextlan era Teudile, quien, asistido por el sacerdote de Yohualichan, formó una pequeña comitiva de bienvenida, siguiendo órdenes previas de Moctezuma.
Moctezuma estaba convencido de que se trataba del regreso de Quetzalcóatl, y había enviado previamente diversos regalos: objetos de oro y máscaras con turquesas. Cortés correspondió con cuentas de vidrio verdes y amarillas, una silla y un casco que, a los ojos de los mexicas, evocaba al dios de la guerra Huitzilopochtli. Para impresionar a los embajadores, Cortés organizó en la playa una carrera de caballos con disparos de artillería. Casi de inmediato salieron mensajeros hacia Tenochtitlan con los informes para el tlatoani.
Moctezuma, alarmado, envió mensajes con evasivas, diciendo que le resultaría imposible recibirles en Tenochtitlan, y sugiriendo que se marcharan lo antes posible. Envió nuevamente ricos presentes. La respuesta del tlatoani solo excitó la codicia de los soldados: Cortés y sus hombres se dieron cuenta de que la riqueza del imperio era grande y que los pueblos sometidos resentían la dominación mexica, por lo que decidieron avanzar hacia el interior.
4.2 La fundación de Villa Rica de la Vera Cruz[editar]
Conforme a la ley española, si se fundaba una ciudad con cabildo, esta era autónoma. Entre el 5 y el 10 de julio de 1519 se creó la Villa Rica de la Vera Cruz, que eligió cabildo inmediatamente. Era un plan elaborado meticulosamente por Cortés, quien había analizado y comentado entre sus colegas la posibilidad de dar este paso mucho antes de la salida de Cuba. Sabía, por supuesto, que los seguidores de Velázquez se opondrían; por tal motivo, envió a Francisco de Montejo y Juan Velázquez de León en una misión de reconocimiento con el objetivo oficial de buscar un mejor emplazamiento para el campamento.
Durante la ausencia de dichos capitanes, Cortés fingió estar decidido a regresar a Cuba, pues de acuerdo a las instrucciones de Velázquez los objetivos ya se habían conseguido. Las «protestas» de sus amigos en favor de continuar la estancia y poblar el lugar cubrieron las apariencias ante los velazquistas. Cortés convocó una asamblea, se hizo de rogar para dimitir al cargo de capitán general del gobernador de Cuba, e hizo que las nuevas autoridades lo «eligieran» capitán general de una nueva expedición que solo debería obediencia al rey de España, desvinculándose de la autoridad de las islas.
Fueron nombrados alcaldes Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo —quien más tarde sería adelantado en la conquista de Yucatán, quedando así implicado en la conspiración—. Como regidores fueron nombrados Alonso de Ávila, Pedro de Alvarado, Alonso de Alvarado y Gonzalo de Sandoval; alguacil mayor, Juan de Escalante; y procurador general, Francisco Álvarez Chico. De esta forma surgió el primer ayuntamiento en México.
Se redactó la Carta del Cabildo, fechada el 10 de julio, en la cual el concejo comunicó a Carlos I la fundación de la villa, la designación de Cortés como capitán general y justicia mayor, y suplicó reiteradamente no otorgar el nombramiento de adelantado a Diego Velázquez, acusándolo de no haber administrado correctamente los asuntos de Cuba. En el texto se describieron las tierras descubiertas y se anexó el quinto del rey.
Para el envío se designó como procuradores y representantes ante el rey a los alcaldes Francisco de Montejo y Alonso Hernández Portocarrero, quienes debían viajar directamente a España con el piloto Antón de Alaminos. Sin embargo, desobedecieron las órdenes haciendo escala en Cuba, donde rápidamente las noticias y rumores llegaron a Santiago. Velázquez envió a Gonzalo de Guzmán y Manuel Rojas en persecución de los emisarios de Cortés, junto con una carta al obispo Fonseca solicitando ayuda.
El gobernador de Cuba denunció el acto de rebeldía ante el licenciado Rodrigo de Figueroa, nuevo juez de residencia y alcalde mayor de La Española, y comenzó a organizar un ejército para capturar a Cortés. Por su parte, en España, el almirante Diego Colón reclamó para sí los derechos de las capitulaciones de Santa Fe, que a su juicio incluían todos aquellos territorios.
5. La alianza con los totonacas[editar]
Cortés se dirigió hacia Quiahuiztlán y Cempoala, pueblos totonacas que eran tributarios de los mexicas. Los gobernantes, o teuctlis, habían conocido a Juan de Grijalva y mantenían buena relación con los españoles. El teuctli de Cempoala, Chicomácatl, recibió a los expedicionarios.
La alianza con los totonacas fue un paso fundamental: Cortés comprendió que podía capitalizar el resentimiento de los pueblos sometidos para construir una fuerza indígena aliada. Los totonacas se quejaban del pago de tributos y de la opresión de los calpixques, quienes cobraban bienes y personas para el imperio.
Según las crónicas, Cortés animó a los totonacas a apresar a los calpixques mexicas que llegaron a recaudar el tributo, con lo que selló de facto la alianza. No obstante, intentó mantener un doble juego con Moctezuma: liberó a algunos recaudadores y se presentó ante el tlatoani como mediador, mientras consolidaba su control sobre los pueblos totonacas.[18]
Los totonacas proporcionaron a los españoles información clave sobre el imperio, guías, cargadores y, sobre todo, un modelo de alianza que después se replicaría con los tlaxcaltecas y otros pueblos. La rebelión de Cempoala y Quiahuiztlán contra el dominio mexica fue uno de los primeros efectos políticos de la llegada de Cortés.
Esta alianza fue el modelo de las que después establecería con otros pueblos, particularmente con los tlaxcaltecas, quienes se convertirían en sus aliados más decisivos. La conquista, desde esta perspectiva, fue también una guerra civil mesoamericana en la que los pueblos sometidos buscaron liberarse del yugo de Tenochtitlan.
6. La marcha hacia Tenochtitlan[editar]
6.1 La alianza con Tlaxcala[editar]
En agosto de 1519, Cortés inició la marcha hacia el interior con un contingente que incluía cientos de totonacas aliados y cargadores indígenas. Para entonces, la expedición había dejado una guarnición en Villa Rica al mando de Juan de Escalante.
El primer gran obstáculo fue la confederación de Tlaxcala, el señorío que había resistido al dominio mexica durante décadas y que se encontraba prácticamente rodeado por el imperio. Según las crónicas, los tlaxcaltecas enfrentaron inicialmente a los españoles en batallas durante septiembre de 1519.[19]
Tras comprobar la superioridad militar de los recién llegados, el senado tlaxcalteca optó por la alianza. Los principales jefes, entre ellos Xicoténcatl el Viejo y su hijo Xicoténcatl el Joven, negociaron con Cortés. El acuerdo convirtió a Tlaxcala en la base más sólida de la campaña española: sin sus miles de guerreros, la caída de Tenochtitlan habría sido improbable.[20]
A cambio de la alianza, Tlaxcala obtuvo de Cortés promesas de protección, exención de tributos y participación en el reparto de los territorios conquistados. La alianza hispano-tlaxcalteca se mantuvo durante toda la campaña y fue, junto con las de otros pueblos, la columna vertebral militar de la conquista.
6.2 La matanza de Cholula[editar]
De Tlaxcala, la expedición se dirigió a Cholula, importante centro religioso y comercial, en octubre de 1519. Según las crónicas españolas, Cortés fue advertido —principalmente por doña Marina, según algunas versiones— de una presunta emboscada planeada por los cholultecas en complicidad con los mexicas. La versión indígena, recogida posteriormente, difiere en los detalles y niega en algunos casos la existencia de un plan de ataque. El hecho es que se produjo una matanza de cientos o miles de cholultecas en la plaza principal de la ciudad.[21]
La matanza de Cholula sembró el terror en la región y disuadió la resistencia de otros pueblos en el camino hacia Tenochtitlan. Tras el episodio, la expedición continuó la marcha hacia el valle de México, pasando por las faldas de los volcanes.
6.3 La entrada en Tenochtitlan[editar]
El 8 de noviembre de 1519, la columna española y sus aliados indígenas hizo su entrada en México-Tenochtitlan. La ciudad, construida sobre el lago de Texcoco y conectada a tierra firme por calzadas, impresionó profundamente a los españoles por su tamaño, su trazado urbano y su organización. Díaz del Castillo escribió que parecía un sueño, comparando la ciudad con las grandes urbes europeas.[22]
Moctezuma Xocoyotzin recibió a Cortés en la calzada que unía la ciudad con tierra firme. Según los testimonios recogidos por misioneros posteriores, Moctezuma habló a Cortés en términos que algunos interpretaron como una cesión simbólica del poder. Las crónicas españolas y las versiones indígenas difieren sensiblemente en el contenido de este diálogo. La versión más difundida, influida por los relatos de los frailes, presenta a Moctezuma entregando su reino a los recién llegados; otros testimonios presentan el encuentro como una recepción diplomática convencional.[23]
Los españoles fueron alojados en el palacio de Axayácatl, donde, según las crónicas, encontraron objetos de oro que excitaron la codicia de los soldados. En los días siguientes, Cortés y Moctezuma se entrevistaron varias veces y se intercambiaron presentes. La tensión fue creciendo a medida que los españoles comprendían su posición precaria en medio de una ciudad densamente poblada.
En noviembre de 1519, tras conocer la noticia de un ataque en Nautla que había causado la muerte de algunos españoles y aliados totonacas, Cortés tomó la decisión de apresar a Moctezuma dentro de su propio palacio. El movimiento le permitió gobernar indirectamente a través del tlatoani durante varios meses. La fecha exacta de la captura se sitúa entre el 14 y el 16 de noviembre de 1519 según las distintas crónicas.[24]
7. La Noche Triste y la batalla de Otumba[editar]
7.1 La expedición de Pánfilo de Narváez[editar]
Mientras tanto, en Cuba, Diego Velázquez había organizado una expedición de captura contra Cortés al mando de Pánfilo de Narváez. Con una flota de alrededor de 19 barcos y aproximadamente 1.400 hombres, Narváez llegó a la costa del golfo de México en abril de 1520[sin verificar].
Cortés dejó una guarnición en Tenochtitlan al mando de Pedro de Alvarado y marchó a la costa para enfrentar a Narváez. Mediante una combinación de negociación, sobornos y un ataque sorpresa nocturno en Cempoala, logró capturar a Narváez y convencer a la mayoría de sus hombres de unirse a su expedición. Este refuerzo casi duplicó el número de españoles disponibles para la conquista.[25]
7.2 La matanza de Tóxcatl[editar]
Ausente Cortés, Pedro de Alvarado ordenó atacar a la nobleza mexica durante la festividad religiosa de Tóxcatl, celebrada en el recinto del Templo Mayor el 22 de mayo de 1520[sin verificar]. Cientos, quizá miles, de mexicas desarmados fueron asesinados. Alvarado alegó haber descubierto una conspiración en su contra, pero la acción ha sido condenada por la mayoría de las crónicas, incluidas las españolas.[26]
La ciudad se levantó en armas. Los mexicas atacaron el palacio donde se refugiaban los españoles y su tlatoani prisionero. Cuando Cortés regresó a la ciudad, la encontró en rebelión y a sus hombres sitiados. Intentó calmar la situación haciendo salir a Moctezuma a la azotea para que hablara a la multitud. Según la mayoría de las versiones, el tlatoani fue apedreado por los propios mexicas; según otras, fue asesinado por los españoles. Moctezuma murió a finales de junio de 1520.[27]
7.3 La Noche Triste[editar]
Sitiados en la ciudad, los españoles intentaron abandonarla de noche por una de las calzadas, pero los centinelas mexicas dieron la alarma.
La retirada se convirtió en un desastre. Miles de guerreros atacaron a la columna española y a sus aliados tlaxcaltecas desde canoas a lo largo de las calzadas. Muchos soldados cargaban pesados botines de oro, lo que les impidió luchar con eficacia y provocó que se hundieran en el lago. Cortés perdió la artillería y gran parte del tesoro. La noche pasó a la historia como la Noche Triste.[28]
7.4 La batalla de Otumba[editar]
Los sobrevivientes, heridos y agotados, lograron reagruparse y marchar hacia territorio aliado en Tlaxcala. En la batalla campal de Otumba, las fuerzas de Cortés, muy inferiores en número, lograron resistir. Según las crónicas, el punto de inflexión se produjo cuando los españoles lograron matar al jefe mexica que portaba el estandarte principal, lo que provocó la retirada del ejército enemigo. La victoria —si así puede llamarse— permitió a los restos de la expedición llegar a Tlaxcala, donde fueron recibidos por sus aliados.
A pesar de las pérdidas, la alianza con los tlaxcaltecas se mantuvo. Este hecho es revelador: Tlaxcala siguió apostando por la alianza con los españoles incluso después de su derrota más grave, lo que evidencia que la guerra contra Tenochtitlan era, ante todo, una guerra indígena.[29]
8. El asedio y la caída de Tenochtitlan[editar]
8.1 La reorganización y la epidemia de viruela[editar]
En Tlaxcala, Cortés reorganizó sus fuerzas. La alianza con los tlaxcaltecas y otros pueblos indígenas le permitió disponer de una base segura y de miles de guerreros adicionales. Además, recibió refuerzos españoles y suministros desde la costa.
Durante este período, una epidemia —identificada generalmente como viruela— asoló el valle de México. La enfermedad, introducida por un integrante de la expedición de Narváez, causó estragos en la población indígena, que carecía de inmunidad. Entre las víctimas mortales se contó el nuevo huey tlatoani Cuitláhuac, quien había sucedido a Moctezuma y había dirigido la defensa durante la Noche Triste. [30]
8.2 Los bergantines y el plan de asedio[editar]
Cortés planificó el asedio de Tenochtitlan con cuidado. Hizo construir trece bergantines desarmados en Tlaxcala, que luego fueron transportados por tierra en secciones hasta el lago de Texcoco y ensamblados allí. Estos barcos de poco calado serían fundamentales para romper el control mexica de las aguas del lago.
Además, Cortés intensificó sus alianzas con los pueblos ribereños del lago y, en particular, con facciones texcocanas rivales. La política de alianzas indígenas fue esencial para aislar a Tenochtitlan y cortar sus rutas de aprovisionamiento. El señorío de Texcoco, uno de los tres miembros de la Triple Alianza, se dividió: una facción apoyó a los españoles bajo el liderazgo de Fernando Cortés Ixtlilxóchitl, mientras que la facción leal a Tenochtitlan resistió.
Las fuerzas de Cortés se dividieron en varias columnas: Pedro de Alvarado avanzó por Tacuba, Cristóbal de Olid por Coyoacán y Gonzalo de Sandoval por Iztapalapa, mientras Cortés comandaba la flota de bergantines.
8.3 La defensa de Cuauhtémoc y el fin del asedio[editar]
El asedio fue feroz y prolongado, y se extendió por aproximadamente tres meses. Los mexicas, liderados por Cuauhtémoc, defendieron la ciudad calle por calle, canal por canal. El hambre, la sed y las enfermedades se convirtieron en armas de guerra. Los españoles y sus aliados tlaxcaltecas destruyeron progresivamente los edificios de la ciudad para avanzar y evitar emboscadas.
La defensa de Tenochtitlan fue tenaz. A pesar de la superioridad tecnológica española y de la abrumadora ventaja numérica de los aliados indígenas, los mexicas resistieron durante semanas, infligiendo fuertes pérdidas. Cuauhtémoc rechazó las ofertas de rendición y reorganizó la defensa incluso en las últimas fases del asedio.
Finalmente, el 13 de agosto de 1521, Tenochtitlan cayó. Cuauhtémoc fue capturado cuando intentaba escapar en una canoa por el lago. Conducido ante Cortés, según la tradición histórica, pronunció palabras que han sido objeto de múltiples interpretaciones: pidió que se le diera muerte, reconociendo haber hecho todo lo posible por defender a su pueblo. La ciudad, otrora espléndida, quedó en ruinas. La caída de Tenochtitlan puso fin a la hegemonía mexica en Mesoamérica.[31]
9. Batallas principales de la conquista[editar]
Las principales batallas y episodios militares de la conquista, desde los primeros contactos hasta la caída de Tenochtitlan, incluyen:
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- Batalla de Champotón (1517), primera expedición de Hernández de Córdoba
- Batalla de Centla (14 de marzo de 1519), primera gran batalla de Cortés
- Batallas contra Tlaxcala (septiembre de 1519), previas a la alianza
- Matanza de Cholula (octubre de 1519)
- Matanza de Tóxcatl (22 de mayo de 1520)
- La Noche Triste (30 de junio de 1520)
- Batalla de Otumba (7 de julio de 1520)
- Asedio de Tenochtitlan (30 de mayo – 13 de agosto de 1521)
Algunas de estas fechas son objeto de debate entre las fuentes y deben ser contrastadas con las crónicas originales.
10. Consecuencias[editar]
10.1 La catástrofe demográfica[editar]
El contacto con los europeos causó una fuerte caída demográfica en las décadas posteriores a la conquista, principalmente debida a las enfermedades epidémicas del Viejo Mundo. La viruela fue la primera en devastar a una población sin defensas inmunológicas, seguida del sarampión, el tifus y otras enfermedades.[32]
La mortandad asociada con la guerra de conquista fue, según varios historiadores, un factor secundario frente a las enfermedades. La conquista no fue solo militar: fue también, y sobre todo, un colapso demográfico que transformó profundamente la composición de la población mesoamericana.
10.2 El Virreinato de la Nueva España[editar]
El Imperio mexica se convirtió en el Virreinato de la Nueva España. Sobre las ruinas de Tenochtitlan se fundó la Ciudad de México, que se convirtió en la capital virreinal. Los españoles reedificaron la ciudad siguiendo el trazado de la antigua urbe mexica en algunos aspectos, aunque transformando radicalmente su estructura urbana y simbólica.
Posteriormente se desarrollaron otras expediciones y campañas militares, tanto de Hernán Cortés como de sus capitanes, entre 1521 y 1525 en la zona central, norte y sur del territorio de los actuales México y América Central, las cuales fueron sentando los primeros límites del Virreinato de la Nueva España. Desde esta base inicial, el proceso continuó con la incorporación de otros territorios por diversos conquistadores y adelantados españoles: California, la península de Yucatán, la Nueva Galicia en el occidente, el Nuevo Reino de León en el noreste, la Nueva Vizcaya y otros territorios de América del Norte y Central.
La evangelización fue una dimensión fundamental del proceso. Los misioneros —franciscanos, dominicos y agustinos— emprendieron la conversión de los pueblos indígenas en un proceso que combinó la destrucción de templos y dioses prehispánicos con la construcción de iglesias y la imposición del cristianismo. El proceso fue acompañado por un profundo mestizaje biológico y cultural.
10.3 La resistencia indígena[editar]
La conquista no terminó en 1521. Durante los siglos de dominación española, hubo resistencia indígena en diversas formas: rebeliones abiertas, resistencia cultural, preservación de lenguas y tradiciones, y negociación dentro del sistema colonial. La resistencia armada continuó en regiones que no habían sido inicialmente sometidas, como la península de Yucatán, la zona norte y otras áreas de difícil acceso.[33]
La conquista, desde esta perspectiva, no fue un acontecimiento puntual sino el inicio de un largo proceso de dominación, negociación y resistencia que duró tres siglos.
11. Fuentes históricas[editar]
Las fuentes principales de información de las campañas de Cortés y sus capitanes son las crónicas de Indias redactadas en el siglo XVI. Cada una tiene sus particularidades y sesgos, y su lectura exige una crítica documental rigurosa.
La Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, fue escrita por un soldado que participó directamente en las campañas. Escrita décadas después de los hechos, busca reivindicar el papel de los soldados comunes frente al protagonismo excesivo que, según el autor, otras crónicas otorgaban a Cortés. Es considerada la fuente más vívida y detallada, aunque no por ello imparcial.
Las Cartas de relación de Hernán Cortés, dirigidas al emperador Carlos I, fueron escritas durante la propia conquista. Son documentos de justificación personal en los que Cortés presenta sus actos —incluida la rebelión contra Velázquez— como servicios a la corona. Su valor documental es enorme, pero su carácter de propaganda debe ser tenido en cuenta.
La Historia general de las Indias de Francisco López de Gómara fue escrita por un clérigo que nunca viajó a América, pero que pasó los últimos años de la vida de Cortés escuchando sus memorias. Es una crónica de corte cortesano que exalta la figura del conquistador.
Además, existen fuentes indígenas, algunas recogidas por misioneros, que resultan indispensables: los testimonios en náhuatl reunidos por fray Bernardino de Sahagún en el Códice Florentino, la Visión de los vencidos, los anales de Tlaxcala y otras tradiciones. Estas fuentes ofrecen la versión de los vencidos, fundamental para una comprensión no unilateral del proceso.[34]
El debate historiográfico contemporáneo ha puesto en cuestión las narrativas heroicas y ha enfatizado la complejidad del proceso: la conquista fue, a la vez, una invasión europea, una guerra civil mesoamericana, una catástrofe demográfica y un proceso de mestizaje.
12. Legado y presencia en el mundo hispanohablante[editar]
12.1 Un acontecimiento fundacional y controvertido[editar]
La conquista de México es un acontecimiento fundacional de la identidad mexicana y, por extensión, de gran parte de Hispanoamérica. Su interpretación ha variado radicalmente según la época y la perspectiva política.
En el México independiente, el relato de la conquista se construyó inicialmente como un episodio de sometimiento extranjero del que el país debía liberarse simbólica y políticamente. La figura de Cuauhtémoc fue exaltada como héroe nacional, y la caída de Tenochtitlan se recordó en distintas épocas con ceremonias a los caídos.[35]
En España, la conquista fue tradicionalmente narrada como una gesta civilizadora, aunque en las últimas décadas existe un debate historiográfico y público más matizado, que reconoce la violencia, el colapso demográfico y la destrucción cultural, sin dejar de subrayar la complejidad del proceso.
12.2 Las figuras controvertidas[editar]
Hernán Cortés, Moctezuma, Malintzin y Cuauhtémoc son figuras que siguen suscitando debates intensos en todo el mundo hispanohablante.
Malintzin, en particular, ha pasado de ser vista como traidora a ser reivindicada como mediadora cultural y sobreviviente. Cortés es tanto admirado como repudiado: en México no existe hasta hoy consenso sobre cómo recordarlo, y en otros países hispanoamericanos su figura está asociada a las luchas por la memoria histórica. Cuauhtémoc se mantiene como símbolo de resistencia y dignidad; numerosos municipios, avenidas y monumentos en México y en otros países llevan su nombre. Moctezuma ha sido objeto de interpretaciones contrastantes: para unos, un gobernante indeciso que facilitó la caída; para otros, un líder atrapado en una situación históricamente imposible.[36]
12.3 Presencia en la cultura y la educación[editar]
La conquista de México ha inspirado obras literarias, pictóricas, cinematográficas y televisivas a lo largo de los siglos. Desde los lienzos del siglo XVI hasta las series y documentales contemporáneos, el episodio sigue siendo narrado y reinterpretado.
En el mundo hispanohablante, la conquista se estudia en los sistemas educativos de prácticamente todos los países. El relato escolar varía: en México, el énfasis ha estado tradicionalmente en la resistencia indígena y en la figura de Cuauhtémoc; en España, en la expansión ultramarina y en la figura de Cortés. En ambos casos, el relato se ha complejizado en las últimas décadas, incorporando la crítica de las fuentes y la perspectiva de los vencidos.
La conquista sigue siendo un campo de disputa historiográfica, política y cultural. Cada generación la reinterpreta según sus propias preocupaciones, y es probable que así siga siendo, porque en este episodio se condensa gran parte de lo que México y el mundo hispánico han llegado a ser.
El término "conquista de México" se consolida después de la independencia, cuando "México" pasó a designar la totalidad del territorio heredado del Virreinato de la Nueva España, que durante sus tres siglos de existencia se extendió mucho más allá del antiguo Imperio mexica. ↩︎
Cada fuente tiene limitaciones particulares. Díaz del Castillo escribió décadas después con la intención de reivindicar a los soldados comunes; Cortés buscaba justificar sus actos ante la corona; y Gómara dependía casi enteramente de la versión del propio Cortés. Estas mediaciones deben tenerse presentes en toda lectura del episodio. ↩︎
La narrativa del siglo XVI minimizó el peso de los aliados indígenas para presentar la conquista como una hazaña exclusivamente española. La historiografía contemporánea ha restituido el papel decisivo de Tlaxcala y otros pueblos. La conquista debe entenderse como un proceso profundamente indígena en su composición y en sus contradicciones. ↩︎
Díaz del Castillo relata que el propósito propuesto por Velázquez era «cargar los navíos de indios... para servirse de ellos por esclavos». Algunos soldados consideraron injusta la orden. Los que encabezaban las naves, sin embargo, pretendían también «buscar y descubrir tierras nuevas», con la esperanza de obtener gobernaciones. ↩︎
La traducción es incierta y discutida. Se ha propuesto que la expresión original en maya yucateco era «koonex u otoch», donde «otoch» significa pequeña casa o choza. Este primer malentendido lingüístico inauguró una larga serie de confusiones entre españoles y mayas. ↩︎
La presencia de la jamaiquina en Cozumel es un recordatorio de la complejidad caribeña del período: los flujos de náufragos, esclavos e intérpretes precedieron a la conquista continental y crearon redes de comunicación que Cortés supo aprovechar. ↩︎
«Colhua» era un gentilicio ligado a los pueblos que se reclamaban descendientes de los toltecas. La confusión quedó fijada en el topónimo San Juan de Ulúa, que perdura hasta hoy como nombre del puerto de Veracruz. ↩︎
La identificación de Cortés con Quetzalcóatl es un punto intensamente debatido. Algunos historiadores contemporáneos la consideran una construcción posterior de las crónicas españolas y de los textos indígenas redactados bajo influencia cristiana, destinada a presentar la conquista como un destino providencial. No hay evidencia documental contemporánea que confirme de manera inequívoca que Moctezuma identificara a Cortés con el dios. ↩︎
La lógica del «rescate» —intercambio desigual de baratijas por oro— era vista por los europeos como comercio y por muchos pueblos mesoamericanos como una forma de saciar a los extraños para que se fueran. Esta asimetría de interpretaciones es central para entender los primeros encuentros. ↩︎
Este episodio de insubordinación abierta es narrado de forma distinta por las fuentes. Los cronistas favorables a Cortés lo presentan como un malentendido; los partidarios de Velázquez lo describen como un acto de rebeldía. La historiografía moderna tiende a ver en él la prefiguración de la ruptura definitiva que vendría meses después con la fundación de Villa Rica. ↩︎
Participaron africanos y afrodescendientes esclavos y libres en la ocupación de Tenochtitlan. El Códice Azcatitlán muestra a un africano —posiblemente Juan Garrido— entre los auxiliares armados que acompañaron los ejércitos de exploración y conquista. ↩︎
La bandera de insignia llevaba fuegos blancos y azules con una cruz colorada en medio y un letrero en latín: «Amici sequamur crucem, & si nos habuerimus fidem in hoc signo vincemus» («Hermanos y compañeros: sigamos la señal de la Santa Cruz con fe verdadera, que con ella venceremos»). ↩︎
Hugh Thomas sostiene que el documento era una «licencia y facultad para descubrir», que mantenía a Velázquez como lugarteniente de Diego Colón. Mario Sánchez-Barba coincide en que el adelantamiento no se consiguió sino hasta mayo de 1519. Otros autores, como Francisco Fuentenebro Zamarro, aseguran que el documento era el nombramiento de adelantado propiamente dicho. La ambigüedad legal alimentó la controversia sobre quién tenía derecho a gobernar los territorios descubiertos. ↩︎
La conversión narrada por las crónicas españolas debe leerse con cautela: los mayas probablemente incorporaron a los nuevos símbolos dentro de su propio sistema religioso, sin abandonar necesariamente sus creencias anteriores. La «conversión» era a menudo presentada por los cronistas como un logro inmediato, cuando en la práctica fue un proceso más lento y sincrético. ↩︎
Aguilar declaró haberse entrevistado con su compañero náufrago Gonzalo Guerrero, quien se había adaptado completamente a la vida maya: era casado, tenía tres hijos y había sido nombrado capitán de guerreros (nacom). Guerrero prefirió quedarse en Yucatán. Su figura es emblemática del fenómeno del «renegado» europeo que opta por la cultura nativa. ↩︎
El requerimiento era un texto legal redactado en Castilla que debía leerse a los indígenas antes de cualquier acción armada. Exigía que reconocieran la autoridad del papa y del rey español. A menudo se leía en castellano ante poblaciones que no entendían el idioma, lo que la convertía en una formalidad vacía. La lectura ante los chontales de Tabasco fue su primera aplicación en el actual territorio mexicano. ↩︎
Malintzin tuvo más tarde un hijo de Cortés, Martín, apodado «el Mestizo». Años después, el apelativo «Malinche» —que originalmente designaba a Cortés como «amo de Malintzin»— fue transferido a doña Marina. En el México contemporáneo, «malinchista» describe a quien prefiere lo extranjero sobre lo propio. No hay consenso historiográfico sobre cómo juzgar su papel: para unos fue traidora; para otros, una sobreviviente que actuó con agencia dentro de un sistema violento. ↩︎
El doble juego de Cortés —alentar la rebelión totonaca y al mismo tiempo negar ante Moctezuma cualquier responsabilidad— es un patrón que se repite en toda la campaña. Las fuentes indígenas y españolas coinciden en describir esta estrategia, aunque evalúan su moralidad de forma distinta. ↩︎
Las batallas contra los tlaxcaltecas son narradas de forma distinta según las fuentes. Los españoles enfatizan la dureza del combate y su capacidad de resistencia; las fuentes tlaxcaltecas, recogidas posteriormente, subrayan la deliberación política del senado. La historiografía moderna debate si la resistencia inicial fue una prueba de fuerzas o una estrategia de negociación. ↩︎
El papel de Tlaxcala ha sido reivindicado por la historiografía contemporánea. La narrativa española del siglo XVI minimizó el peso de los aliados indígenas para presentar la conquista como una hazaña de un puñado de europeos. Los estudios modernos sostienen que los tlaxcaltecas y otros pueblos indígenas constituyeron la mayoría numérica y el factor decisivo de la caída del Imperio mexica. ↩︎
El número de víctimas es objeto de debate extremo: las crónicas españolas hablan de miles, mientras que algunas versiones indígenas mencionan centenares. La propia existencia de la emboscada planeada no ha podido ser probada con fuentes independientes. Algunos historiadores interpretan el episodio como un acto calculado de terror ejemplarizante, destinado a disuadir la resistencia en el resto del camino. ↩︎
Las descripciones españolas de Tenochtitlan reflejan asombro genuino. La ciudad tenía una población estimada por algunos estudiosos en 200.000–300.000 habitantes, comparable o superior a las grandes ciudades europeas de la época. Estas estimaciones, sin embargo, son objeto de debate entre los demógrafos históricos. ↩︎
El discurso atribuido a Moctezuma es uno de los pasajes más controvertidos de la historia de la conquista. El texto recogido por Sahagún, redactado décadas después, pudo haber sido moldeado para presentar la conquista como voluntad de los propios gobernantes indígenas. La interpretación de ese discurso divide a los especialistas. ↩︎
El episodio de Nautla quedó ligado a la ejecución de un jefe local llamado Quetzalpopoca, narrada de forma contradictoria en las fuentes. La decisión de apresar a Moctezuma transformó la expedición en un control de facto de la ciudad. ↩︎
La incorporación de los hombres de Narváez fue decisiva militarmente, pero trajo consigo algo más letal: según algunas crónicas, uno de los soldados recién llegados portaba el virus de la viruela, que se propagó por Mesoamérica con efectos devastadores. La epidemia subsiguiente mataría a millones de indígenas en los meses y años siguientes. ↩︎
La matanza de Tóxcatl provocó la rebelión abierta de Tenochtitlan. La decisión de Alvarado sigue siendo uno de los episodios más controvertidos de la conquista. Su crónica personal, en la que justifica el ataque, no es considerada una fuente imparcial. Las versiones indígenas describen la matanza como un acto de traición inmotivada durante una ceremonia religiosa. ↩︎
La muerte de Moctezuma y sus responsables exactos son objeto de debate. Las crónicas españolas culpan al pueblo de Tenochtitlan; algunas versiones indígenas sugieren que los españoles lo mataron cuando dejó de ser útil como rehén. No existe una fuente que resuelva definitivamente el punto. El cadáver del tlatoani fue entregado a los mexicas según la tradición, pero su destino es incierto. ↩︎
La cifra exacta de bajas es imposible de establecer. Las crónicas ofrecen estimaciones que varían según el autor. Bernal Díaz del Castillo relata que muchos españoles murieron ahogados, arrastrados por el peso del oro que intentaban llevar consigo. La Noche Triste se convirtió en un símbolo de la fragilidad de la posición española. ↩︎
La supervivencia de la alianza hispano-tlaxcalteca tras la Noche Triste es, para muchos historiadores, la prueba más clara de que la conquista fue una empresa en la que los intereses indígenas eran tan importantes como los europeos. Si Tlaxcala hubiera abandonado a Cortés en ese momento, la expedición probablemente habría sido aniquilada. ↩︎
La viruela mató a Cuitláhuac en noviembre o diciembre de 1520, según las distintas fuentes. Su muerte convirtió a Cuauhtémoc, sobrino de Moctezuma, en el último huey tlatoani independiente de Tenochtitlan. La epidemia fue un factor militar decisivo: mientras diezmaba a la población mexica, los españoles eran ya inmunes por su contacto previo con la enfermedad en Europa. ↩︎
La fecha del 13 de agosto de 1521 es la convención histórica, pero la rendición se produjo tras semanas de combate en las que la línea entre asedio final y caída es difusa. La captura de Cuauhtémoc, narrada en todas las crónicas, es el hito simbólico del fin del imperio. ↩︎
Las estimaciones de la población del antiguo México antes de la conquista varían ampliamente: entre 4 y 30 millones de habitantes según distintos estudios. Para 1595, la caída se estima entre el 22% y el 95% de la población de 1519. Los estudiosos debaten la magnitud exacta, pero hay consenso en que se trató de una catástrofe demográfica sin precedentes en la región. Algunos cálculos sitúan el total de muertos como resultado de la conquista en aproximadamente 10,5 millones, equivalente a cerca del 8% de la población del territorio actual de México, pero estas cifras son estimativas. ↩︎
La resistencia maya en Yucatán se prolongó durante buena parte del siglo XVI y más allá, y en la región del actual norte de México los pueblos seminómadas opusieron resistencia durante siglos. El término «conquista de México» a menudo invisibiliza esta larga historia de resistencia. La rebelión del Mixtón (1541-1542) en la Nueva Galicia fue una de las más importantes, recordatorio de que el dominio español no fue aceptado pasivamente. ↩︎
La denominada «visión de los vencidos» fue popularizada por Miguel León-Portilla, quien recopiló y tradujo textos indígenas sobre la conquista. Su obra mostró que la memoria indígena de la conquista era rica, matizada y profundamente dolorosa, y puso en cuestión la narrativa exclusivamente española. Sin embargo, algunos críticos señalan que estos textos también fueron mediados por los misioneros y no deben leerse como voces indígenas «puras». ↩︎
La conmemoración de la conquista es controvertida. Durante el quinto centenario de la llegada de Cortés (2019) y de la caída de Tenochtitlan (2021), el gobierno mexicano solicitó formalmente a España y a la corona española disculpas por los abusos de la conquista, lo que generó un intenso debate internacional. La respuesta del gobierno español fue negativa, rechazando la exigencia de disculpas. El intercambio diplomático reveló cuán vivo sigue este episodio. ↩︎
La palabra «malinchista» sigue usándose en México y otros países para describir a quien prefiere lo extranjero sobre lo propio. La carga simbólica de la figura de Malintzin es tan intensa que ninguna interpretación ha logrado imponerse. Cuauhtémoc, por su parte, fue nombrado símbolo nacional en el siglo XIX, y su efigie aparece en monumentos y billetes mexicanos. ↩︎