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El Niño (fenómeno)

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El Niño
TipoFenómeno océano-atmosférico
ClasificaciónFase cálida del ENOS
Fase opuestaLa Niña
RegiónOcéano Pacífico oriental ecuatorial
PeriodicidadIrregular; ciclos de 2 a 7 años, entre 3 y 8 años según autores
Indicador comúnAnomalía positiva de la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial; el agua puede superar en varios grados su valor normal
Regiones afectadasCosta del Pacífico de América del Sur, América Central, sureste de Asia, África y otras zonas intertropicales
Primeras descripcionesPescadores de Paita, Perú; Antonio de Alcedo (1788); Camilo Carrillo (1892)
Término relacionadoOscilación del Sur, acuñada por Gilbert Walker en 1924
Investigador claveJacob Bjerknes vinculó El Niño con la Oscilación del Sur en 1969

1. Resumen[editar]

El Niño es un fenómeno climático que se manifiesta como un calentamiento anómalo de la capa superficial del océano Pacífico oriental ecuatorial. Técnicamente corresponde a la fase cálida del patrón climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur, abreviado ENOS —en inglés, El Niño-Southern Oscillation o ENSO—, cuya fase fría recibe el nombre de La Niña. Aunque en el lenguaje cotidiano se suele hablar de El Niño como si fuera un suceso aislado, se trata de una parte de una oscilación acoplada entre el océano y la atmósfera que altera los vientos, la presión atmosférica, las lluvias y las corrientes marinas en amplias zonas del planeta.

El fenómeno ocurre de manera irregular. Según el geógrafo Arthur N. Strahler, puede presentarse en ciclos de entre tres y ocho años; otras descripciones habituales sitúan la recurrencia entre dos y siete años, con intensidad variable.[1] Durante un episodio típico, las aguas del Pacífico oriental pueden quedar hasta varios grados Celsius por encima de su valor normal, y la llamada piscina cálida del Pacífico occidental se desplaza hacia el este. En sus manifestaciones más intensas, El Niño provoca tormentas, inundaciones y sequías en distintas regiones intertropicales y subtropicales, con efectos especialmente marcados en la costa del Pacífico de América del Sur.

El nombre no proviene de un descubrimiento académico sino de la experiencia de los pescadores del puerto de Paita, en el noroeste del Perú, que observaron durante siglos una corriente cálida estacional cerca de la época navideña. La asociación popular con el Niño Jesús dio origen a la denominación que hoy se usa en la climatología internacional. A lo largo del siglo XX, los trabajos de Gilbert Walker y Jacob Bjerknes convirtieron esa vieja observación costera en un concepto central para entender la variabilidad climática global.

2. Nombre y primeras observaciones[editar]

El nombre «El Niño» se debe a la asociación del fenómeno con la llamada corriente del Niño, una anomalía conocida por los pescadores del puerto de Paita, en el noroeste del Perú. Los pescadores notaban que las aguas aumentaban su temperatura durante la época de las fiestas navideñas y que los cardúmenes o bancos de peces desaparecían de la superficie oceánica. Deducían que la anormalidad estaba relacionada con una corriente de aire caliente procedente del golfo de Guayaquil, en Ecuador.[2]

Existen registros coloniales que describen episodios asociados a esta alteración climática. Antonio de Alcedo, en su Diccionario Geográfico-Histórico de las Indias Occidentales, publicado en 1788, refiere que en Paita —ciudad de la costa norte del Perú— normalmente no llueve y que en 1728 ocurrió un fenómeno raro de lluvia que arruinó la mayor parte de la población. El texto es citado con frecuencia como uno de los testimonios históricos más antiguos de la relación entre las lluvias costeras del norte peruano y un evento cálido del Pacífico.[3]

Posteriormente, en 1892, el marino y científico peruano Camilo Carrillo observó la existencia periódica de una corriente marina cálida en las costas normalmente frías del Perú. Su trabajo consolidó la idea de que el calentamiento no era un hecho aislado sino parte de una recurrencia regional. En 1894, Víctor Eguiguren Escudero informó sobre la conexión entre El Niño y las inundaciones de ese año; un año después, Federico Alfonso Pezet describió la contracorriente «El Niño» en la costa norte del Perú.[4]

3. Historia del estudio científico[editar]

La comprensión científica de El Niño se fue construyendo por etapas. En 1888, el astrónomo Charles Todd sugirió que las sequías de India y Australia tendían a ocurrir al mismo tiempo, una conexión que Norman Lockyer volvió a documentar en 1904. Estos primeros indicios apuntaban a que los climas de regiones separadas por el océano Índico y el Pacífico podían estar vinculados entre sí, aunque todavía no se entendía el mecanismo común.

En 1924, el matemático británico Gilbert Walker acuñó el término «Oscilación del Sur» para describir la alternancia de presión atmosférica entre el Pacífico occidental y el Pacífico oriental. Walker observó que cuando la presión era alta en el oeste del Pacífico, solía ser baja en el este, y viceversa. Esa variación estaba relacionada con cambios en los vientos alisios y con las lluvias monzónicas de Asia y Australia.[5]

El vínculo directo entre el calentamiento del Pacífico oriental y la Oscilación del Sur fue propuesto de manera clara por el meteorólogo noruego-estadounidense Jacob Bjerknes en 1969. Bjerknes, que dirigió una oficina de pronóstico meteorológico anexa al Departamento de Física de la Universidad de California en Los Ángeles y fundó allí el Departamento de Meteorología, explicó que un calentamiento inusual del Pacífico oriental debilita la diferencia de temperatura entre el este y el oeste del océano. Ese desequilibrio reduce la fuerza de los vientos alisios que empujan las aguas cálidas hacia el oeste, lo que a su vez permite que más agua cálida se extienda hacia el este, hacia las costas intertropicales de América del Sur. La idea de que el océano y la atmósfera se acoplan mutuamente fue resumida por Richard T. Barber con la frase «The ocean is clearly driving the atmosphere» —«El océano claramente dirige a la atmósfera»—.[6]

El propio Bjerknes observó que la baja presión anómala en el Pacífico occidental se vincula con el enfriamiento del Pacífico oriental —la fase La Niña— y con el fortalecimiento de los vientos del este. Esta visión de dos fases opuestas dentro de una misma oscilación es la base del monitoreo moderno del ENOS.

4. Mecanismo físico[editar]

En condiciones normales del Pacífico tropical, los vientos alisios soplan de este a oeste y empujan las aguas superficiales cálidas hacia Indonesia y Australia. Ese movimiento permite que, en la costa occidental de América del Sur, el agua fría de la corriente de Humboldt ascienda mediante un proceso de surgencia, enriqueciendo la zona con nutrientes y sosteniendo grandes pesquerías. La piscina cálida del Pacífico occidental se mantiene así separada del Pacífico oriental, que permanece relativamente frío.

Durante un episodio de El Niño, los vientos alisios se debilitan durante semanas o meses. La piscina cálida se desplaza hacia el este ecuatorial y las aguas cálidas se extienden hacia la costa sudamericana. Según la explicación de Bjerknes, este calentamiento reduce la diferencia térmica entre el este y el oeste del océano, lo que retroalimenta la debilidad de los vientos y favorece lluvias intensas sobre las zonas donde el mar está más caliente. En la condición de El Niño, la temperatura superficial en el Pacífico ecuatorial oriental puede exceder los 20 °C y la termoclina —la capa de transición entre aguas cálidas superficiales y aguas frías profundas— puede superar los 50 metros de profundidad.[7]

Desde el punto de vista atmosférico, un El Niño altera la circulación tropical. Las zonas de ascenso del aire, que normalmente se ubican sobre el Pacífico occidental, se desplazan hacia el centro y el este del océano. Esto modifica la posición de la corriente en chorro y, con ello, los patrones de tormentas y sequías en latitudes medias y tropicales. Se produce así un cambio en la Oscilación del Sur: la presión atmosférica tiende a aumentar en el Pacífico occidental y a disminuir en el Pacífico oriental.

Existe también una tradición de estudios oceanográficos que analiza el papel de las mareas y de la geometría de las costas sudamericanas en la llegada de aguas cálidas. Algunos autores han propuesto que las corrientes de marea, especialmente en torno al golfo de Panamá, podrían contribuir al transporte de agua cálida hacia la costa de Colombia, Ecuador y Perú. Sin embargo, la explicación predominante en la climatología actual sigue siendo la del acoplamiento océano-atmósfera formulado por Bjerknes.[8]

5. Efectos globales[editar]

Los efectos de El Niño no se limitan al Pacífico. La atmósfera funciona en buena medida como un sistema de compensación: más lluvia en unas regiones suele producirse a expensas de sequías en otras. Durante los episodios cálidos, la corriente en chorro sobre el Pacífico se vuelve más fuerte y arroja tormentas más frecuentes e intensas sobre el oeste de Estados Unidos, especialmente California, y a lo largo de la costa oeste de América del Sur. En contraste, zonas normalmente lluviosas del sur de Asia y Australia se vuelven anormalmente secas.

En África, El Niño ha sido relacionado con inundaciones intensas en las secciones orientales del continente, con deslizamientos de tierra, aumento de enfermedades transmitidas por el agua y problemas de abastecimiento alimentario. Al mismo tiempo, las franjas septentrional y meridional del continente pueden experimentar sequías graves. La señal regional varía según la intensidad del episodio y la época del año, pero el patrón general de alteración de las lluvias se repite en los eventos fuertes.

El fenómeno también influye en la actividad ciclónica. Un Pacífico más cálido suele favorecer más huracanes o tifones en esa cuenca, mientras que en el Atlántico tienden a formarse menos huracanes porque los vientos fuertes en los niveles superiores impiden su desarrollo. Ese contraste se observó con claridad durante la temporada de huracanes de 2015, cuando el Pacífico registró una actividad récord mientras el Atlántico tuvo un año relativamente tranquilo.

6. Efectos en América del Sur[editar]

La costa del Pacífico sudamericano es una de las zonas donde El Niño produce alteraciones más visibles. Entre los efectos reconocidos figuran la alteración de la corriente de Humboldt, pérdidas pesqueras en ciertas especies e incrementos en otras, intensa formación de nubes en la zona de convergencia intertropical, periodos muy húmedos, baja presión atmosférica y generación de aluviones. A esto se suman pérdidas agrícolas, especialmente en las regiones donde el exceso de lluvia coincide con suelos frágiles o pendientes pronunciadas.

En Colombia, el fenómeno suele provocar una disminución pronunciada de las precipitaciones y de la humedad en las regiones Caribe y Andina. Ello afecta al sector agrícola, puede limitar la cantidad de energía eléctrica que se puede generar, incrementa la probabilidad de racionamientos de agua para consumo humano y animal, y favorece los incendios forestales y la reducción de los caudales de los ríos. El instituto estatal encargado de estudiar la atmósfera, el tiempo y el clima en Colombia es el IDEAM, y es la entidad que publica los reportes y bases de datos sobre el seguimiento del fenómeno.[9] Históricamente, los cultivos más afectados han sido el fique, la yuca, la palma africana, la cebada, el arroz y la papa. En cambio, las repercusiones sobre la producción de café no han sido tan importantes, según los registros del Ministerio de Agricultura.

En el cono sur, el sur de Brasil y el norte de Argentina experimentan un clima más húmedo que en condiciones normales, sobre todo durante el verano. En invierno puede producirse un aumento de la temperatura media y una reducción considerable de las heladas ocasionales en el centro y norte de Argentina, debido a que la nubosidad nocturna devuelve parte de la radiación. Paraguay, Uruguay, Argentina y Brasil suelen registrar lluvias intensas que provocan inundaciones, afectan a las personas y dañan cultivos de trigo y cebada, además de favorecer la aparición de enfermedades fúngicas.

El episodio de 1997-1998 dejó registros muy detallados de estos efectos. En Perú, las lluvias promedio mensuales alcanzaron 701 mm en Tumbes y 623 mm en Chiclayo, muy por encima de los niveles normales. Los departamentos más afectados fueron Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad e Ica. Se estimaron 880 km de carreteras destruidas —115 km asfaltadas, 394 km afirmadas y 334 km sin afirmar—, además de 58 puentes dañados totalmente y 28 puentes afectados. Las vías de ferrocarril central, del sur y del suroriente sufrieron el embate de más de 150 huaicos, y varias poblaciones vieron comprometidas sus obras de saneamiento de agua y desagüe. En Ecuador, el fenómeno afectó sobre todo a las provincias de Esmeraldas, Manabí, Los Ríos, Guayas y El Oro, aunque también se registraron daños en provincias de la sierra.[10]

7. Efectos en América Central[editar]

América Central también sufre variaciones importantes durante los eventos de El Niño. En Guatemala, el fenómeno se ha reflejado en la alteración de los regímenes de lluvia. Bajo eventos severos se ha registrado una disminución importante de los acumulados de lluvia al inicio de la época lluviosa, con implicaciones en la disponibilidad de agua y en el aumento de incendios forestales. El fenómeno se asocia a una mayor incidencia de frentes fríos y a un aumento del número de huracanes en el Pacífico, mientras que los huracanes del Atlántico, el Caribe y el golfo de México tienden a disminuir. Las cuencas de la vertiente del Pacífico, en particular, pueden sufrir inundaciones importantes agravadas por la alta vulnerabilidad de las zonas pobladas asentadas en márgenes de ríos o en laderas propensas a deslizamientos.

En Costa Rica, el Instituto Meteorológico Nacional ha analizado una variación similar: cuando El Niño es muy intenso, la probabilidad de formación de huracanes en el mar Caribe disminuye. Esto se traduce en una reducción de la lluvia acumulada, en especial en la vertiente del Pacífico, y afecta actividades económicas como el cultivo del arroz y la ganadería en la provincia de Guanacaste.

8. Sureste de Asia y otras consecuencias socioeconómicas[editar]

En el sureste asiático, El Niño suele provocar condiciones opuestas a las de la costa sudamericana: lluvias escasas, enfriamiento del océano, menor formación de nubes, periodos muy secos, alta presión atmosférica y escasez de alimentos marinos. Los cultivos pueden arruinarse, los ríos reducen su caudal y las actividades económicas primarias sufren pérdidas. El patrón seco también puede intensificar el riesgo de incendios forestales y ampliar las zonas afectadas por sequías en Indonesia, Filipinas y otros países de la región.

Más allá de los impactos directos sobre la agricultura y el agua, el fenómeno tiene consecuencias económicas y sociales. En Colombia, por ejemplo, se ha estimado que El Niño reduce aproximadamente un 5% el rendimiento agrícola, y la producción de leche también ha mostrado reducciones cercanas al 5%. En Ecuador, las pérdidas del episodio 1982-1983 fueron calculadas en alrededor del 5,3% del PIB de 1983, y las lluvias de 1987 causaron destrucción de vías, pérdida de cultivos y aislamiento de zonas. El Niño de 1997-98 causó daños tan graves en el sector agrícola exportador del golfo de Guayaquil —de donde salía más del 70% de la balanza comercial no petrolera del país— que deterioró la cartera de varios bancos y contribuyó a una crisis financiera y cambiaria. Esa crisis llevó posteriormente a las autoridades ecuatorianas a adoptar la dolarización de la economía como medida de respuesta.[11]

9. El Niño en el registro prehispánico e histórico[editar]

El fenómeno no es un descubrimiento moderno. Las culturas que habitaron la costa del Pacífico de América del Sur y Centroamérica lo conocieron de manera práctica y lo incorporaron a sus sistemas de intercambio y rituales. El Niño está vinculado a la concha spondylus, conocida por las culturas prehispánicas como «mullu», que durante siglos fungió como medio de cambio a lo largo del Pacífico. El hábitat de esta concha se extiende junto a la costa occidental de América, entre el golfo de California y el golfo de Guayaquil. El aumento de temperatura, salinidad, nutrientes y clorofila asociado al fenómeno favorece su desarrollo, lo que fue identificado por las culturas ancestrales.[12]

En Ecuador, en el sitio Achayán de la península de Santa Elena, la arqueóloga Karen Stothert encontró una ofrenda de dos piezas coloradas de spondylus en la base de retención de una albarrada. Las albarradas son cercados construidos con muros de tierra capaces de acumular agua de lluvia o de pequeños cauces, especialmente durante El Niño, para asegurar una reserva de agua dulce en lugares áridos. De ahí viene la asociación ritual entre spondylus, albarrada y fertilidad, entendida como disponibilidad de recursos hídricos para la vida.

En el extremo sur del Perú, los estudios de eventos climáticos excepcionales sugerieren que los episodios de El Niño existen desde hace por lo menos 40 000 años. En la costa peruana se observa, en promedio, un evento de El Niño con inundaciones cada 5 o 10 años, aunque los catastróficos son más espaciados. Algunos autores sostienen que cada 200, 300 o 500 años sobreviene una catástrofe climática mayor que pudo haber favorecido o precipitado la desaparición de sociedades como la cultura Chavín, la dinastía Ñaimlap o la cultura Lambayeque. La ciudad asociada a algunos de estos registros fue destruida en 1585 por lluvias torrenciales vinculadas a un fenómeno fuerte.[13]

En los años 1460, una serie asociada de El Niño y La Niña provocó hambrunas y pestes que, según la historiadora Margarita Gascón, probablemente influyeron en una profunda crisis del Imperio inca. Estos ejemplos ilustran que la variabilidad del ENOS ha sido parte de la historia social y política de la región andina mucho antes de su formalización científica.

10. Episodios históricos destacados[editar]

La cronología de episodios de El Niño se ha reconstruido a partir de registros instrumentales, crónicas coloniales, dendrocronología, sedimentos y testimonios arqueológicos. Entre los eventos calificados como muy fuertes o meganiños en la literatura especializada aparecen los de 1578, 1728, 1790-1793, 1828, 1876-1878, 1891, 1925-1926, 1982-1983, 1997-1998, 2014-2016, 2023-2024 y el de 2026-2027, que algunas recopilaciones incluyen como evento posterior.[14] La frecuencia es irregular: los episodios muy fuertes parecen presentarse con espaciamientos cercanos al medio siglo, mientras que los episodios fuertes o muy fuertes, en conjunto, se aproximan a uno cada nueve años. Los episodios canónicos o moderados se presentan en promedio cada tres o cuatro años, con efectos a veces benignos para la agricultura y los recursos hídricos, aunque también pueden causar daños apreciables.

El Niño de 1982-1983 fue uno de los más intensos del siglo XX. Provocó lluvias torrenciales, deslizamientos, pérdidas pesqueras y agrícolas, y un fuerte impacto económico en los países del Pacífico sudamericano. En Ecuador, las pérdidas se estimaron en una reducción de 5,3% del PIB de 1983. El fenómeno de 1997-1998 fue considerado en su momento uno de los más fuertes observados con instrumentos modernos. En noviembre de 1997 se realizó un foro para predecir sus impactos, y los efectos se extendieron desde el norte de México y California hasta el sur del Perú y el norte de Chile. El 13 de diciembre de 1997, un frente frío se combinó con las lluvias del fenómeno y produjo una nevada en el norte y centro de Jalisco, con descensos de temperatura de hasta -7 °C, algo que no se presentaba en 116 años. También se registraron nevadas en ciudades donde no nieva anualmente, como Guadalajara, San Luis Potosí, León y Aguascalientes, y se suspendieron actividades en los puertos de Manzanillo y Lázaro Cárdenas, en México.[15]

En Perú, el episodio de 1997-1998 dejó cifras muy concretas: 701 mm de lluvia mensual en Tumbes y 623 mm en Chiclayo, más de 150 huaicos en las líneas ferroviarias y miles de kilómetros de carreteras dañadas o destruidas. En Ecuador, las lluvias golpearon la agricultura del golfo de Guayaquil y deterioraron la cartera de varios bancos, lo que se sumó a la crisis financiera que desembocó en la dolarización. El Niño de 2014-2016 fue prolongado y finalizó, en la costa peruana, con el llamado Niño costero de 2017, que produjo lluvias intensas en el norte y centro del Perú. El episodio de 2023-2024 volvió a situar al fenómeno en la agenda internacional por sus efectos en la agricultura, el abastecimiento de agua y la actividad pesquera de la región.

11. Relación con el calentamiento global[editar]

La posible conexión entre El Niño y el calentamiento global ha sido objeto de intenso debate científico. Durante las últimas décadas, el número de eventos de El Niño aumentó, aunque se necesita un periodo de observación más largo para detectar cambios robustos. En 2014, un estudio publicado en Nature señaló una tendencia al aumento de los El Niños extremos, lo que algunos modelos atribuyen al calentamiento no mitigado del Pacífico oriental ecuatorial. Sin embargo, no hay consenso absoluto sobre la magnitud ni sobre los mecanismos exactos que relacionan el cambio climático con la variabilidad del ENOS.

Varios estudios de datos históricos sugieren que la variación reciente de El Niño está vinculada al calentamiento global, pero otros advierten que la influencia de la variabilidad decenal o multidecadal —como la Oscilación Decadal del Pacífico— debe separarse cuidadosamente de la tendencia de largo plazo. Se ha estimado que la amplitud de la variabilidad del ENOS en los datos observados aumentó hasta 60% en los últimos 50 años, aunque el periodo es corto en términos climáticos.

Los modelos globales proponen escenarios diversos: algunos sugieren que los El Niños extremos se volverán más frecuentes conforme se caliente el planeta, mientras que otros indican que el fenómeno podría debilitarse una vez que las capas profundas del océano se calienten. También se ha planteado la posibilidad de que las fuerzas estabilizadoras y desestabilizadoras terminen compensándose entre sí. En cualquier caso, la investigación sobre este punto sigue activa y es considerada clave para la proyección de lluvias, sequías y eventos extremos en los países tropicales.

En Indonesia, los estudios sobre el cultivo de arroz ilustran el tipo de impacto que podría intensificarse. Bali y Java concentran alrededor del 55% de los cultivos de arroz del país, y se ha calculado que podrían experimentar entre 9% y 10% menos monzones si los eventos de El Niño se vuelven más intensos, lo que prolongaría las temporadas de hambre y reduciría el rendimiento de las cosechas.

12. Monitoreo y presencia hispanoamericana[editar]

En América Latina, varios organismos nacionales monitorean El Niño y publican informes periódicos. En Colombia, el IDEAM es la entidad de referencia para los estudios de atmósfera, clima y tiempo. En Costa Rica, el Instituto Meteorológico Nacional analiza los efectos del ENOS, especialmente su influencia en la formación de huracanes y en las lluvias de la vertiente del Pacífico. En Perú, el Instituto Geofísico del Perú y el Ministerio del Ambiente han difundido materiales sobre la diferencia entre El Niño global y el Niño costero, una distinción importante para la gestión del riesgo en el país.

La presencia hispanoamericana en la historia del conocimiento de El Niño es temprana. Las primeras observaciones documentadas provienen del norte del Perú y del golfo de Guayaquil, y los nombres de Paita, Piura, Tumbes, Guayaquil y Santa Elena forman parte de la geografía fundacional del fenómeno. El investigador peruano Víctor Eguiguren Escudero y el marino Camilo Carrillo hicieron aportes pioneros en el siglo XIX, antes de que el término adquiriera escala global con Walker y Bjerknes.

En la esfera social, algunos trabajos han vinculado los episodios más duros de El Niño con un aumento del riesgo de conflicto. Según un análisis del Instituto para la Tierra de la Universidad de Columbia, los periodos de El Niño habrían precedido a cerca del 30% de las guerras civiles registradas en un centenar de países, y el riesgo de conflicto se duplicaría respecto a los periodos de La Niña. De los 234 conflictos analizados entre 1950 y 2004, cerca de 21% estarían relacionados con temperaturas excesivas y grandes sequías. Esta línea de investigación, conocida como guerras climáticas, refleja que el fenómeno no debe entenderse solo como un problema meteorológico, sino también como un factor que interactúa con las condiciones económicas, políticas y sociales de las regiones afectadas.

El Niño sigue siendo, al mismo tiempo, un fenómeno de observación científica y un actor central en la conversación pública de los países hispanoamericanos. Los episodios intensos afectan la vida cotidiana, la producción de alimentos, la generación eléctrica, la infraestructura y la estabilidad de numerosas comunidades costeras y andinas. Por ello, la terminología nacida en los puertos peruanos —El Niño, La Niña, Niño costero— se ha convertido en parte del vocabulario compartido de la región.


  1. Las cifras de periodicidad varían según la fuente. Strahler habla de ciclos de tres a ocho años; el Centro de Predicción del Clima y otras fuentes suelen indicar entre dos y siete años, con intensidad variable de un evento a otro. ↩︎

  2. La asociación con la Navidad es el origen más aceptado del nombre. La corriente cálida estacional recibió el nombre de «El Niño» por su proximidad temporal con las fiestas navideñas. ↩︎

  3. Alcedo (1788) describe a Paita como una ciudad pequeña de la provincia y corregimiento de Piura, situada en la costa del mar del Sur, donde normalmente no llueve; el episodio de 1728 arruinó la mayor parte del lugar. ↩︎

  4. Eguiguren publicó en 1894 «Las lluvias de Piura» en el Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima. Pezet publicó en 1895 una versión en inglés y en 1896 una en español sobre la contracorriente El Niño. ↩︎

  5. Walker describió la variación de presión interanual e introdujo el término «Southern Oscillation» en 1924. ↩︎

  6. Bjerknes es reconocido como el científico que formalizó el acoplamiento entre El Niño y la Oscilación del Sur, base del ENOS moderno. ↩︎

  7. Estos umbrales proceden de las descripciones de la temperatura superficial y de la profundidad de la termoclina en el Pacífico ecuatorial oriental durante la fase cálida. ↩︎

  8. La explicación basada en corrientes de marea y en la forma de las costas aparece en discusiones de divulgación y en textos de meteorología, pero no es la explicación predominante en la literatura climática actual. ↩︎

  9. IDEAM es el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia. Los efectos regionales del fenómeno se consultan en sus bases de datos, informes y reportes. ↩︎

  10. Las cifras de lluvia y daños del episodio 1997-1998 corresponden a una evaluación oficial citada en el estudio hidrológico-meteorológico de la vertiente del Pacífico peruano. ↩︎

  11. La crisis ecuatoriana de fin de siglo tuvo múltiples causas; el impacto de El Niño sobre la agricultura y la cartera bancaria se describe como un factor coadyuvante. ↩︎

  12. El spondylus, llamado mullu en lenguas ancestrales, era objeto de intercambio y ofrenda a lo largo del Pacífico. Su vínculo con El Niño se debe a que las aguas más cálidas favorecen su desarrollo. ↩︎

  13. Los estudios arqueológicos e históricos proponen que eventos muy fuertes de El Niño pudieron contribuir a crisis de sociedades costeras andinas, aunque la causalidad directa es difícil de establecer. ↩︎

  14. Las listas de episodios varían entre publicaciones. 2026-2027[sin verificar] aparece en algunas recopilaciones recientes, pero su condición histórica debe confirmarse. ↩︎

  15. La nevada de Jalisco de diciembre de 1997 fue un evento excepcional que coincidió con el episodio cálido del Pacífico; las marcas de frío y las ciudades afectadas citadas provienen de los registros periodísticos y meteorológicos de ese mes. ↩︎