Imperio otomano
| Nombre oficial | Sublime Estado Otomano Devlet-i Aliyye-i Osmâniyye |
|---|---|
| Nombres corrientes | Imperio otomano, Imperio turco (de uso contemporáneo, no oficial) |
| Duración | 1299–1922 (sultanato abolido el 1 de noviembre de 1922) |
| Capitales | Söğüt 1299[sin verificar]–1326 Bursa 1326–1365 Edirne 1365–1453 Constantinopla/Estambul 1453–1922 |
| Religión | Islam suní, escuela hanafí, credo maturidí |
| Idiomas | Turco otomano (oficial); árabe (litúrgico); persa (diplomacia y literatura); judeoespañol, griego, armenio, kurdo, eslavo meridional, albanés, entre otros |
| Gentilicio | Turco/turca u otomano/otomana |
| Forma de gobierno | Monarquía absoluta (1299–1876, 1920–1922) Monarquía constitucional (1876–1878, 1908–1913, 1918–1920) Califato (1517–1922; hasta 1924 en la República) |
| Primer sultán | Osmán I |
| Último sultán | Mehmed VI |
| Primer gran visir | Alaeddin Paşa |
| Último gran visir | Ahmet Tevfik Okday |
| Superficie máxima | 5 200 000[sin verificar] km² en 1683 |
| Superficie en 1914 | 1 550 000 km² |
| Población en 1914 | 18 520 016 habitantes |
| Población en 1844 | 35 350 000 habitantes |
| Moneda | Akçe, para, sultani, kuruş, lira |
| Entidades predecesoras | Imperio bizantino, Sultanato de Rum, beylicatos de Anatolia, entre otros |
| Entidad sucesora | Gobierno de Ankara / República de Turquía |
1. Resumen[editar]
El Imperio otomano fue un Estado multiétnico gobernado por la dinastía osmanlí. Oficialmente se llamó Sublime Estado Otomano (en turco otomano, Devlet-i Aliyye-i Osmâniyye). En su época, especialmente en Europa, se lo conoció también como Imperio turco, aunque los soberanos osmanlíes no emplearon ese nombre para designar a su propio Estado.[1] Entre los siglos XVI y XVII el imperio se extendía por tres continentes: controlaba una parte considerable de la península balcánica, del Cercano Oriente, del norte de África y de Europa central y oriental. Limitaba al oeste con el Sultanato de Marruecos, al este con Persia y el mar Caspio, al norte con el Zarato ruso, la Monarquía Habsburgo y la Mancomunidad de Polonia-Lituania, y al sur con Sudán, Eritrea, Somalia y el Emirato de Diriyah en Arabia.[2]
El imperio nació como uno más de los pequeños Estados turcos surgidos en Anatolia durante la decadencia del Imperio selyúcida. Los turcos otomanos fueron controlando paulatinamente a los demás beylicatos, sobrevivieron a las invasiones mongolas y, bajo Mehmed II, pusieron fin a lo que quedaba del Imperio bizantino con la conquista de Constantinopla en 1453. Con Constantinopla como capital y el territorio conquistado durante el reinado de Solimán el Magnífico —aproximadamente equivalente a las tierras gobernadas por Justiniano I mil años antes, salvo Europa occidental—, el Imperio otomano fue, en muchos sentidos, el sucesor islámico del Imperio romano de Oriente. Buena parte de los rasgos culturales bizantinos en arquitectura, cocina, gobierno y vida cotidiana fueron adoptados y reelaborados por los otomanos, y luego se mezclaron con las tradiciones de los grupos étnicos y religiosos que vivían dentro de sus fronteras.[3]
Durante mucho tiempo se consideró que el imperio entró en decadencia tras la muerte de Solimán el Magnífico en 1566. El consenso académico moderno, sin embargo, matiza esa visión: el Estado otomano mantuvo una economía, una sociedad y un ejército flexibles y fuertes durante gran parte del siglo XVIII. No obstante, tras un prolongado periodo de paz entre 1740 y 1768, el sistema militar quedó rezagado frente al de sus principales rivales europeos, los imperios Habsburgo y ruso. A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX se sucedieron graves derrotas, pérdidas territoriales y una caída del prestigio internacional. Ello impulsó un amplio programa de reformas conocido como Tanzimat. A lo largo del siglo XIX el Estado se hizo más poderoso y organizado en su interior, pese a nuevas pérdidas, sobre todo en los Balcanes, donde surgieron Estados independientes.[4]
A partir de finales del siglo XIX, varios intelectuales otomanos intentaron liberalizar la sociedad y la política siguiendo modelos europeos. Ese proceso desembocó en la Revolución de los Jóvenes Turcos de 1908, encabezada por el Comité de Unión y Progreso (CUP). La revolución inauguró la Segunda Era Constitucional e introdujo elecciones pluripartidistas bajo una monarquía constitucional. Después de las desastrosas guerras de los Balcanes, el CUP se radicalizó, se volvió cada vez más nacionalista y encabezó un golpe de Estado en 1913 que instauró un régimen de partido único. Para escapar del aislamiento diplomático que había contribuido a sus recientes pérdidas, el imperio se alió con Alemania y entró en la Primera Guerra Mundial del lado de las Potencias Centrales. Durante la guerra, el gobierno otomano cometió genocidio contra armenios, asirios y griegos.[5]
La derrota en 1918, la ocupación de Constantinopla y el auge del movimiento nacional turco asestaron el golpe definitivo. El sultanato fue abolido el 1 de noviembre de 1922 y, al año siguiente, también el califato. El 29 de octubre de 1923 se proclamó la República de Turquía, heredera del espacio político y militar que había sostenido al imperio.
2. Origen y formación[editar]
El origen de los turcos se ubica en las estepas de Asia Central, en el Turquestán. Se trataba de comunidades dedicadas principalmente a la ganadería trashumante, en especial de caballos, y al comercio, con modos de vida seminómadas. Pronto entraron en contacto con las culturas musulmanas de su entorno, establecieron relaciones comerciales y adoptaron el islam en su rama suní. Ese contacto estuvo probablemente ligado a la Ruta de la Seda, por la que transitaban mercaderes musulmanes en las regiones de Asia Central.[6] Las primeras penetraciones organizadas de tribus turcas en el espacio que luego sería el Imperio otomano se produjeron en el ámbito militar, cuando los ejércitos del califato abasí necesitaron soldados para sus luchas internas y para combatir a cristianos y bizantinos durante el siglo IX. Dentro del califato abasí, los turcos fueron escalando posiciones en el ejército y en la administración.
La ocupación turca de Anatolia suele relacionarse con la batalla de Manzikert, en 1071, cuando los turcos al servicio de los selyúcidas derrotaron al ejército bizantino del emperador Romano IV Diógenes. La victoria permitió a los selyúcidas crear un vasto sultanato que abarcaba Iraq e Irán. Hacia 1243, sin embargo, una invasión mongola acaudillada por Batu, kan de la Horda de Oro, destrozó el poder selyúcida. Aun así, sobrevivieron pequeños principados autónomos, entre ellos el Sultanato de Rum, con capital en Konya.
Uno de esos principados, pequeño y modesto, había sido cedido por el sultán selyúcida antes de la invasión mongola a Ertuğrul, primer jefe dinástico de los otomanos. Su capital estaba en Söğüt. Ertuğrul murió hacia 1290 y fue sucedido por su hijo Osmán I, de cuyo nombre derivan los términos otomano y osmanlí. Con Osmán comenzó la expansión territorial de los turcos en Anatolia y se sentaron las bases del imperio que duraría casi siete siglos.[7]
La historiografía otomana adoptó el año 1299 como fecha de fundación del Estado, probablemente porque ese año los otomanos habrían obtenido su independencia respecto del sultán selyúcida de Konya.[8]
3. Expansión temprana[editar]
3.1 Primeras victorias[editar]
Los otomanos no alcanzaron la fuerza suficiente para eliminar a sus enemigos inmediatos y construir un verdadero Estado hasta el reinado de Orhan I, hijo y sucesor de Osmán. El punto clave de su gobierno fue la conquista de Nicea en 1331 y de Bursa. Bursa no solo aportó una capital, sino también los recursos necesarios para crear una administración otomana. Orhan pudo además neutralizar a sus vecinos turcomanos y ganar influencia en los conflictos dinásticos bizantinos. Los otomanos ayudaron al candidato Juan Cantacuceno y recibieron a cambio el derecho a saquear territorio bizantino en Tracia, además de la mano de su hija Teodora.
A partir de 1354, las expediciones dirigidas por el hijo de Orhan, Suleyman Paşa, establecieron una base permanente en la península europea de Galípoli. Bajo Murad I (1360–1389) se realizaron las primeras conquistas estables en la Europa sudoriental. Edirne, la antigua Adrianópolis, fue tomada en 1361 y convertida en capital. Murad nombró al primer visir del imperio: Kara Halil Paşa, de la familia Candarli, que monopolizó el cargo durante el siglo siguiente. El emperador bizantino se vio obligado a pagar tributo regularmente y a enviar contingentes militares al ejército otomano.
Durante el reinado de Murad I también se creó el cuerpo de los jenízaros, pieza central del poder militar otomano. Murad fue el primer gobernante en usar el título de sultán, mientras que sus predecesores habían ostentado el de emir.[9] Su política de expansión por los Balcanes se combinó con una actitud de tolerancia hacia los dhimmíes, o «gentes del libro», cristianos y judíos que conservaban la protección de sus vidas, propiedades y creencias a cambio de aceptar un gobierno musulmán y pagar los tributos correspondientes.
3.2 Avance por los Balcanes y crisis dinástica[editar]
En 1389, la victoria otomana en la batalla de Kosovo acabó con la última defensa organizada de importancia en los Balcanes y dejó a Hungría como el único rival serio del sudeste europeo. Durante la batalla, un soldado serbio, Milos Obilic, mató a Murad I, el único sultán caído en combate. Le sucedió su hijo Bayezid I, quien asentó el hábito de eliminar a los hermanos para evitar luchas sucesorias, práctica que Mehmed II institucionalizaría más tarde. En 1396, Bayezid venció a las fuerzas cruzadas del rey Segismundo de Hungría en la batalla de Nicópolis.
La expansión hacia el este llevó a los otomanos a chocar con un enemigo mucho más poderoso: Tamerlán. En 1402, en la batalla de Ankara, los otomanos sufrieron una derrota severa. Bayezid cayó prisionero y murió en cautiverio en 1403. La autoridad otomana entró en crisis durante once años y cuatro príncipes se disputaron el trono. Finalmente Mehmed I logró imponerse y restauró la unidad. Su ejército comenzó el primero de los grandes sitios a Constantinopla en 1422, no necesariamente para conquistarla, sino para castigar a los bizantinos por haber apoyado a sus rivales.
Murad II (1421–1451) desarrolló el sistema del devşirme, mediante el cual se reclutaba periódicamente a jóvenes cristianos de los Balcanes, se los convertía al islam y se los destinaba al servicio de por vida del Estado. Ese sistema sirvió para equilibrar el poder de la aristocracia turca. En 1444, una nueva cruzada intentó expulsar a los otomanos de Europa. Murad II logró una victoria aplastante en la batalla de Varna, donde murió el rey Vladislao I de Hungría. El imperio consolidó el control directo sobre Macedonia, Tracia, Bulgaria y gran parte de Grecia.
3.3 La caída de Constantinopla[editar]
Mehmed II, llamado el Conquistador (1451–1481), se apoyó en el devşirme para contrarrestar a la oposición aristocrática. El famoso sitio de Constantinopla duró del 6 de abril al 29 de mayo de 1453. Tras ocho semanas de asedio, los jenízaros entraron en la ciudad y el último emperador bizantino, Constantino XI, murió en la defensa. La caída de Constantinopla puso fin al Imperio romano de Oriente y convirtió a la ciudad, desde entonces llamada Estambul, en capital otomana.[10]
La conquista significó también el principio del fin de la influencia de la aristocracia turca tradicional. En los años siguientes, Bosnia y Serbia pasaron a ser provincias otomanas; Albania fue incorporada después de sofocar la revuelta de Skanderbeg; y los venecianos terminaron reconociendo la soberanía otomana y pagando tributo. Mehmed II sometió asimismo el último principado turco independiente de Anatolia, Karamania, y consolidó la posición otomana en Morea y Serbia.
Para evitar la desintegración que había afectado a otros Estados turcos, repartidos entre varios herederos, Mehmed y sus sucesores afirmaron el principio de indivisibilidad del poder. Se extendió la costumbre de ejecutar a los hermanos inmediatos del soberano. Mehmed inició además la codificación de normas que luego quedaría plasmada en el Kanunname, completado bajo Solimán el Magnífico.
4. Edad Clásica (1453–1566)[editar]
4.1 Bayezid II y Selim I[editar]
Tras la muerte de Mehmed II, le sucedió su hijo Bayezid II (1481–1512). Su reinado fue una etapa de consolidación: se anularon algunas reformas internas, se reorganizó la estructura fiscal y se buscó un equilibrio entre la aristocracia turca y los altos cargos del devşirme. Bayezid II luchó contra la expansión del chiismo y favoreció una interpretación estricta del islam suní. Aun así, permitió la llegada masiva de los judíos expulsados de España y de otras partes de Europa, un hecho de gran importancia para la historia sefardí y para la conexión entre el mundo hispánico y el imperio.[11]
La sucesión de Bayezid II fue conflictiva. En 1512, presionado por los jenízaros, cedió el trono a su hijo Selim I, quien gobernó hasta 1520. Selim eliminó a sus hermanos y a varios parientes, lo que le valió el sobrenombre de «el Cruel». Dirigió su primera gran campaña contra los chiíes de Irán. Aunque obtuvo una victoria tras una larga campaña, no eliminó por completo la amenaza persa.
La segunda gran expedición de Selim I, en 1516, fue contra los mamelucos de Egipto. Tras vencer en Siria, cerca de Alepo, los otomanos avanzaron hacia Egipto y lo conquistaron. El califa abasí Mütevekkil III cayó prisionero en 1517 y cedió su título al sultán otomano. Selim I logró también dominar La Meca y Medina. En 1519, el señor de Argelia se incorporó al imperio. Su reinado fue breve, pero aseguró las fronteras orientales y otorgó el control otomano sobre algunas de las provincias más ricas del mundo árabe, además del comercio entre el Mediterráneo y el océano Índico.
4.2 Solimán el Magnífico (1520–1566)[editar]
Solimán I, conocido en Occidente como Solimán el Magnífico y en el mundo turco como el Legislador, gobernó entre 1520 y 1566. Durante su reinado el imperio alcanzó su máxima extensión territorial, que perduraría hasta 1683. Consolidó la paz interior, restauró el poder del gran visir y fue generoso con los jenízaros. Su actividad legisladora abarcó la organización del ejército, el feudalismo militar, la propiedad territorial y el sistema de impuestos. Reunió la legislación en el Kanunname y concedió capitulaciones a Francia en 1535.[12]
Solimán llevó a cabo personalmente varias campañas militares. La más famosa fue el primer sitio de Viena, en 1529, que fracasó. Aun así, los territorios del centro y este de Hungría quedaron bajo control otomano. En 1526, en la batalla de Mohács, el ejército de Solimán derrotó a los húngaros y dio muerte al rey Luis II de Hungría. Ese acontecimiento abrió la puerta a la fragmentación del reino húngaro y a la creación del Principado de Transilvania como vasallo otomano.
Durante su reinado, el Estado otomano alcanzó un alto grado de desarrollo civil. Se embelleció Estambul y se dio gran impulso a las artes. El gran visir Pargalı İbrahim Paşa, que ejerció entre 1523 y 1536, tuvo un papel decisivo en las campañas militares y en la administración del imperio. La alianza con Francia se evidenció, por ejemplo, en el sitio y la toma de Niza en 1543 por tropas otomanas y francesas. Esa alianza fue más ventajosa para Francia, que buscaba aliviar la presión de los Habsburgo, que para los otomanos.[13]
5. Organización del Estado[editar]
5.1 Sultanato y dinastía[editar]
El sultán era la cúspide del poder político, militar y religioso del imperio. A partir de 1517, tras la incorporación de los territorios mamelucos, el soberano otomano reclamó también la condición de califa. La legitimidad dinástica descansaba en la casa de Osmán, la dinastía osmanlí. Mehmed II reforzó la autoridad del sultán adoptando ceremoniales y jerarquías de la antigua corte bizantina, con la intención de separar al soberano del pueblo y hacer de él una figura respetada y temida.
Para evitar la fragmentación del Estado, los otomanos establecieron el principio de indivisibilidad del poder: el imperio no se repartía entre los hijos. En su lugar, el soberano elegía al más capaz de sus hijos y, sobre todo durante los siglos XIV a XVII, se eliminaba a los hermanos inmediatos. Esas disposiciones se codificaron en el Kanunname. Con el tiempo, el sistema sucesorio se estabilizó en torno a la figura del miembro de mayor edad de la dinastía, pero las luchas palaciegas no desaparecieron.
5.2 Devşirme y jenízaros[editar]
El devşirme consistía en el reclutamiento periódico de jóvenes cristianos de las provincias balcánicas, quienes eran convertidos al islam y educados para el servicio del Estado. Los más aptos podían ingresar en la administración o en la corte, y muchos formaban parte del cuerpo de jenízaros, infantería de élite que se convirtió en guardia personal del sultán. Con el tiempo, los jenízaros adquirieron un poder político considerable: podían forzar cambios de gobierno, protagonizar motines e influir en la sucesión. La orden sufí Bektashi estuvo estrechamente asociada al cuerpo.
5.3 Millet y administración provincial[editar]
Las comunidades no musulmanas se organizaron en millets, unidades autónomas y autogobernadas que constituyeron la base de gobierno de esas poblaciones. El sultán elegía al primer responsable de cada millet; después, la comunidad lo elegía por su cuenta. En la Constantinopla otomana se establecieron el patriarca ortodoxo griego, el catholicós armenio y el gran rabino judío, quienes actuaban como jefes tanto religiosos como civiles de sus seguidores.[14]
En el plano territorial, el imperio llegó a contar con 29 provincias, además de Estados vasallos como Moldavia, Transilvania, Valaquia y el Kanato de Crimea. El gobierno directo combinaba gobernadores provinciales, jueces y guarniciones militares con una amplia autonomía local.
6. Economía[editar]
La ubicación geográfica del imperio convirtió a los otomanos en intermediarios imprescindibles de los intercambios entre Europa y el este, el sur y el sudeste de Asia. Una de las principales ciudades europeas con las que comerciaban era Venecia, que se convirtió en gran centro de importación de arte oriental. Hasta 1566, el Imperio otomano no solo era poderoso, sino también próspero, como lo demuestra el superávit anual de sus arcas. El imperio era en buena medida autosuficiente: producía alimentos y materias primas en abundancia, que los artesanos locales transformaban tanto para el consumo interno como para la exportación.
El control de tres continentes y de varios mares generaba ingresos considerables por transporte, sobre todo en la ruta de las especias y en la ruta de la seda. También se establecieron contactos comerciales con Génova, Florencia y Ragusa. La moneda otomana pasó por distintas piezas a lo largo de los siglos: el akçe, el para, el sultani, el kuruş y, ya en el siglo XIX, la lira.
A partir del siglo XVII, la apertura de nuevas rutas oceánicas por parte de Portugal y España y el fortalecimiento de las economías atlánticas europeas fueron reconfigurando las ventajas del imperio como intermediario. Las capitulaciones, concebidas en principio como privilegios comerciales otorgados a potencias amigas, se convirtieron con el tiempo en una limitación de la soberanía fiscal otomana.
7. Cultura y religión[editar]
7.1 Tolerancia y jerarquías religiosas[editar]
El islam avanzó durante la expansión otomana. Los cristianos y judíos que vivían bajo dominio musulmán quedaban protegidos como dhimmíes, a cambio de impuestos personales y de aceptar la tutela islámica. El imperio no hizo esfuerzos sistemáticos de conversión masiva. Sin embargo, en épocas de crisis, la jerarquía religiosa oficial mostró a menudo rigidez y resistencia a las reformas. Muchos ulemas quedaron asociados a la corrupción del gobierno central, lo que llevó a numerosos sectores de la población a buscar guía moral en líderes populares sufíes.
Las órdenes sufíes se expandieron con fuerza entre 1500 y 1750. La orden Bektashi, muy extendida entre los jenízaros, quedó identificada con ese cuerpo. Los ulemas condenaron con frecuencia prácticas como la música, la danza, el café, el tabaco o el hachís, vinculadas en parte a ceremonias sufíes, aunque esas costumbres se consolidaron socialmente.
7.2 Intercambio cultural entre Oriente y Occidente[editar]
La «amenaza turca» fue muy visible en la Europa del siglo XVI, sobre todo después del primer sitio de Viena. El «turco» se convirtió en una figura recurrente en las fiestas, el teatro y el folclore europeos: enemigo de la cristiandad, pero también imagen familiar y hasta fascinante.[15] Los artistas europeos expresaban una ambivalencia: atracción por el mundo otomano y temor ante su expansión. Durante los siglos XVI y XVII, los objetos turcos se integraron al estilo rococó; cultivos como el albaricoque o el melón y costumbres como el consumo de café ingresaron en Europa gracias al contacto con los otomanos.[16]
En el sentido inverso, los otomanos adoptaron y reelaboraron rasgos bizantinos. Santa Sofía, antigua basílica del Imperio bizantino, fue convertida en mezquita. La arquitectura otomana se desarrolló en torno a grandes complejos religiosos, como la Mezquita Azul de Estambul, construida frente a Santa Sofía. La cocina, la administración y la vida cortesana mostraron esa combinación de tradiciones bizantinas, turcas, persas y árabes.
8. Transformación y reflujo (1566–1700)[editar]
La expansión territorial alcanzó su punto culminante en la segunda mitad del siglo XVII. Aunque la narrativa clásica hablaba de un declive iniciado con la muerte de Solimán, el consenso académico actual prefiere hablar de una transformación: el imperio no se derrumbó, sino que cambió su forma de gobernar, de financiar el ejército y de negociar con las elites provinciales. Las crisis internas y las revueltas fueron frecuentes, pero el sistema logró adaptarse durante buena parte del periodo.
En 1683, el imperio comprometió todos sus recursos en un nuevo asalto a Viena, que fracasó. La ciudad fue defendida gracias a la tenaz resistencia austriaca y a la llegada de un ejército de coalición europea comandado por el rey polaco Juan III Sobieski. Aquel fracaso dio inicio a la Gran Guerra Turca (1645–1699 en un sentido amplio, con fases distintas). Las pérdidas territoriales frente a los Habsburgo, Rusia y la Liga Santa cambiaron el equilibrio en Europa central y oriental. Aun así, el Estado otomano siguió siendo una gran potencia hasta bien entrado el siglo XVIII.
9. Siglo XVIII: estancamiento y reformas militares[editar]
Tras un largo periodo de paz entre 1740 y 1768, el sistema militar otomano quedó rezagado frente al de los imperios Habsburgo y ruso. El siglo XVIII no fue de simple decadencia, pero sí de reacomodo: la autoridad del centro se negociaba con notables locales, jeques, gobernadores y jenízaros. Las derrotas militares de finales del XVIII y comienzos del XIX, especialmente contra Rusia, provocaron pérdidas territoriales y una crisis de legitimidad.
Las primeras reformas militares se impulsaron para modernizar el ejército y recuperar la disciplina. Algunas fracasaron por la oposición de los jenízaros y de sectores conservadores de la ulema. Con el tiempo, sin embargo, la necesidad de reformar se volvió ineludible.
10. Tanzimat y despertar constitucional[editar]
10.1 La era de reformas[editar]
Entre los siglos XVIII y XIX, el Estado otomano impulsó un amplio proceso de reforma y modernización conocido como Tanzimat, literalmente «reordenamiento». Las reformas buscaban reorganizar el ejército, la fiscalidad, la justicia y la administración provincial, así como reconocer la igualdad de los súbditos ante la ley. Se crearon escuelas, tribunales y burocracias de nuevo tipo. A lo largo del siglo XIX, el Estado otomano se hizo más poderoso y organizado internamente, pese a las pérdidas territoriales en los Balcanes, donde surgieron nuevos Estados.
10.2 Primera constitución y Jóvenes Turcos[editar]
En 1876, en un ambiente de presión interna e internacional, se proclamó la primera constitución otomana y se abrió la Primera Era Constitucional. El experimento duró poco: el sultán Abdul Hamid II suspendió la constitución y restauró un gobierno autocrático. Una generación de intelectuales y militares conocidos como los Jóvenes Otomanos y, más tarde, los Jóvenes Turcos, exigió la restauración del parlamentarismo.
En 1908, la Revolución de los Jóvenes Turcos, liderada por el Comité de Unión y Progreso, obligó a restablecer la constitución e inauguró la Segunda Era Constitucional, con elecciones pluripartidistas. El optimismo liberal, sin embargo, no duró mucho.
10.3 Guerras balcánicas y golpe de 1913[editar]
Las guerras de los Balcanes (1912–1913) supusieron una desastrosa pérdida de territorios europeos que el imperio consideraba suyos desde hacía siglos. El CUP, radicalizado y cada vez más nacionalista, encabezó un golpe de Estado en 1913 y estableció un régimen de partido único. Ese escenario preparó la entrada del imperio en la Primera Guerra Mundial.
11. Crisis final: Primera Guerra Mundial[editar]
11.1 Alianza con Alemania y entrada en la guerra[editar]
Para escapar del aislamiento diplomático que había contribuido a sus recientes pérdidas, el imperio se alió con Alemania. En 1914 entró en la Primera Guerra Mundial del lado de las Potencias Centrales. Aunque el imperio consiguió sostenerse durante gran parte del conflicto, tuvo que enfrentar graves dificultades internas, especialmente la Rebelión Árabe.
11.2 Genocidios de armenios, asirios y griegos[editar]
Durante la guerra, el gobierno otomano cometió genocidio contra armenios, asirios y griegos. El genocidio armenio, que se desarrolló sobre todo entre 1915 y 1923, consistió en deportaciones masivas, masacres y destrucción sistemática de comunidades. También se registraron atrocidades contra las comunidades asiria y griega. Estos crímenes constituyen uno de los episodios más graves y controvertidos de la historia del imperio, y su memoria sigue siendo objeto de debate político y académico.[5:1]
11.3 Derrota y partición[editar]
La derrota de las Potencias Centrales selló el destino del imperio. Las potencias vencedoras, en particular el Reino Unido y Francia, procedieron a la partición de los territorios otomanos del sur, en el Cercano Oriente. Estambul fue ocupada por los aliados. La descomposición del poder imperial fue acompañada por el surgimiento de un movimiento nacional turco que rechazaba las condiciones impuestas a la nación.
12. Disolución y nacimiento de Turquía[editar]
12.1 Abolición del sultanato[editar]
El sultanato fue abolido el 1 de noviembre de 1922, cuando el imperio bajo la dirección de un sultán dejó de existir formalmente. Mehmed VI fue el último soberano de la dinastía osmanlí. Poco después, en 1924, se abolió también el califato, incluso dentro del nuevo régimen republicano.
12.2 República de Turquía[editar]
Los movimientos revolucionarios que habían derrocado al poder imperial se agruparon y, tras la Guerra de Independencia turca, fundaron la República de Turquía el 29 de octubre de 1923. La república fue la heredera del espacio político y militar del núcleo anatolio del imperio, pero rompió con el orden dinástico y con la legitimidad califal.
13. Legado[editar]
El Imperio otomano dejó una huella profunda en Europa sudoriental, Oriente Próximo, el norte de África y el Cáucaso. Muchas fronteras, instituciones y poblaciones actuales de la región son en parte herencia de la administración otomana. Su sistema de millets, la coexistencia regulada de comunidades religiosas y su derecho se encuentran entre los referentes históricos para entender la diversidad de los Balcanes y del Mediterráneo oriental.
El legado cultural es vasto: arquitectura monumental, cocina, música, urbanismo y literatura. Estambul, como capital imperial, conserva los principales símbolos de esa fusión bizantina, turca, persa y árabe. La lengua turca moderna, aunque distinta del turco otomano, conserva una parte considerable del vocabulario y de las estructuras que se fijaron durante el imperio.
La memoria del imperio también está marcada por los genocidios de armenios, asirios y griegos, por las guerras balcánicas y por la violencia de la partición. Ese pasado sigue presente en los debates públicos de Turquía y de los países que formaron parte del imperio.
14. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
La relación entre el Imperio otomano y el mundo hispánico fue intensa y contradictoria. Uno de los vínculos más duraderos fue la llegada de los judíos sefardíes expulsados de España en 1492. Muchos de ellos fueron acogidos en ciudades otomanas como Estambul, Salónica, Esmirna y Alejandría, donde conservaron el judeoespañol o ladino durante siglos. Esa lengua, derivada del castellano medieval, se mantuvo viva dentro de las comunidades sefardíes del antiguo imperio hasta bien entrado el siglo XX.[17]
En el plano militar, el Mediterráneo fue escenario de repetidos choques entre la Monarquía Hispánica y el poder otomano. La batalla de Lepanto, en 1571, enfrentó a la flota de la Liga Santa, liderada por España y Venecia, con la armada otomana. Miguel de Cervantes participó en aquella batalla y luego fue capturado en el Mediterráneo, permaneciendo cautivo en Argel, ciudad bajo suzeranía otomana. Esa experiencia influyó en su obra, sobre todo en algunos episodios de los relatos de cautiverio.[18]
La literatura y el imaginario hispánico del Siglo de Oro construyeron una imagen ambivalente del «turco» como enemigo temible y, al mismo tiempo, figura cercana y exótica. Palabras como café, tulipán o almirante recuerdan, por vías distintas, los contactos entre el mundo de habla hispana y el Mediterráneo oriental. En la actualidad, la herencia otomana se difunde en América Latina mediante traducciones, series, novelas históricas y estudios académicos sobre el Mediterráneo, el mundo islámico y la formación de la modernidad turca.
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- Osmán I: 1299[sin verificar]–1326
- Orhan I: 1324–1360
- Murad I: 1360–1389
- Bayezid I: 1389–1402
- Interregno otomano: 1402–1413
- Mehmed I: 1413–1421
- Murad II: 1421–1451
- Mehmed II: 1451–1481
- Bayezid II: 1481–1512
- Selim I: 1512–1520
- Solimán el Magnífico: 1520–1566
- Selim II: 1566–1574
- Murad III: 1574–1595
- Mehmed III: 1595–1603
- Ahmed I: 1603–1617
- Mustafa I: 1617–1618 y 1622–1623
- Osman II: 1618–1622
- Murad IV: 1623–1640
- Ibrahim: 1640–1648
- Mehmed IV: 1648–1687
Los contemporáneos europeos hablaban con frecuencia de «Imperio turco», pero los soberanos osmanlíes no utilizaron ese término para designar oficialmente a su Estado. La expresión podía tener un matiz étnico o geográfico, no necesariamente jurídico. ↩︎
La descripción de los límites máximos del imperio corresponde a su periodo de mayor extensión, entre los siglos XVI y XVII, cuando controlaba territorios en Europa, Asia y África. ↩︎
Se trata de una interpretación ampliamente aceptada: los otomanos no solo conquistaron la capital bizantina, sino que adoptaron y reelaboraron numerosas instituciones, ceremonias y tradiciones. ↩︎
El consenso historiográfico reciente insiste en que la palabra «declive» es insuficiente para describir un proceso largo de transformación institucional, militar y económica. ↩︎
El uso del término genocidio para los casos armenio, asirio y griego es mayoritario en la historiografía actual, aunque el Estado turco moderno ha rechazado históricamente esa calificación para el caso armenio. ↩︎ ↩︎
La Ruta de la Seda fue uno de los grandes corredores comerciales entre Asia y Europa, y su existencia explica en parte la temprana relación de los pueblos túrquicos con el islam. ↩︎
Las fechas del reinado de Osmán I y la de su muerte presentan variaciones según las fuentes. Se suele ubicar su dominio entre finales del siglo XIII y 1326. ↩︎
La historiografía otomana adoptó 1299 como fecha de fundación. Es una convención, ya que la formación del Estado fue un proceso gradual. ↩︎
El paso del título de emir al de sultán refleja la consolidación de un poder soberano independiente y no es uniforme en todos los relatos cronísticos. ↩︎
La caída de Constantinopla es una de las fechas más citadas como fin de la Edad Media. La ciudad pasó a denominarse Estambul, nombre de uso común aunque no oficial durante mucho tiempo. ↩︎
La expulsión de los judíos de España se produjo en 1492, durante el reinado de Bayezid II. La llegada de sefardíes al imperio reforzó comunidades urbanas de los Balcanes y del Mediterráneo oriental. ↩︎
Las capitulaciones eran privilegios comerciales y jurídicos otorgados a comerciantes de potencias extranjeras. Con el tiempo, se convirtieron en una fuente de presión extranjera sobre la soberanía otomana. ↩︎
La alianza entre el Imperio otomano y Francia es un caso notable de cooperación entre una potencia musulmana y una monarquía católica, motivada por intereses frente a los Habsburgo. ↩︎
El sistema de millets no fue una invención puramente otomana, pero alcanzó una forma institucional muy desarrollada bajo el imperio. Cada millet gozaba de autonomía en asuntos personales y religiosos. ↩︎
La imagen del «turco» en el folclore europeo moderno mezclaba miedo, desprecio y curiosidad. Ese imaginario aparece en fiestas, autos, romances y, más tarde, en la ópera y el teatro. ↩︎
El café, originario de regiones del mundo islámico, se difundió en Europa en parte gracias a los contactos con los otomanos. Su consumo fue al principio polémico, como lo fue también dentro del propio imperio. ↩︎
El judeoespañol es una variedad lingüística derivada del castellano medieval. Se conservó durante siglos en las comunidades sefardíes establecidas en el antiguo territorio otomano. ↩︎
La batalla de Lepanto se libró el 7 de octubre de 1571. Cervantes fue herido en la mano izquierda y, años después, capturado por corsarios en el Mediterráneo, permaneciendo cautivo en Argel entre 1575 y 1580. ↩︎