Isabel de Baviera
| Isabel de Baviera | |
|---|---|
| Nombre completo | Isabel Amalia Eugenia Elisabeth Amelie Eugenie |
| Otros títulos | Duquesa en Baviera; princesa de Baviera |
| Tratamiento | Su Alteza Real hasta 1854 Su Majestad Imperial y Real desde 1854 |
| Nacimiento | 24 de diciembre de 1837 Herzog-Max-Palais, Múnich, Baviera |
| Fallecimiento | 10 de septiembre de 1898 Ginebra, Suiza |
| Sepultura | Cripta Imperial de Viena |
| Religión | Catolicismo |
| Casa real | Wittelsbach (por nacimiento) Habsburgo-Lorena (por matrimonio) |
| Padre | Maximiliano José, duque en Baviera |
| Madre | Ludovica de Baviera |
| Cónyuge | Francisco José I de Austria matr. 1854; viu. 1898 |
| Descendencia | Sofía Federica, Gisela, Rodolfo, María Valeria |
| Apodos | Sisi, Sissi, Lisi |
1. Resumen[editar]
Isabel de Baviera (en alemán, Elisabeth Amelie Eugenie Herzogin in Bayern) nació en Múnich el 24 de diciembre de 1837 y fue asesinada en Ginebra el 10 de septiembre de 1898. Fue duquesa en Baviera por nacimiento, dentro de la Casa de Wittelsbach, y emperatriz consorte de Austria por su matrimonio con Francisco José I. Desde la boda, celebrada el 24 de abril de 1854, hasta su muerte fue además reina consorte de Bohemia, Hungría, Croacia y Eslavonia, Dalmacia, Galitzia, Lodomeria e Iliria, entre otros títulos vinculados a la Casa de Habsburgo-Lorena.
Su apodo original, Sisi, se transformó en Sissi a raíz de la trilogía cinematográfica de los años cincuenta protagonizada por Romy Schneider. Esa imagen de cuento contrasta con la vida histórica de Isabel, marcada por su hostilidad al protocolo de la corte vienesa, por la educación rígida de su marido, por la temprana muerte de una hija y por el suicidio o muerte violenta de su único hijo varón, el príncipe heredero Rodolfo. Su asesinato, cometido por el anarquista italiano Luigi Lucheni, convirtió a la emperatriz en una figura trágica que aún hoy atrae tanto a la historiografía como al turismo centroeuropeo.
2. Primeros años y formación[editar]
Isabel creció alejada de la corte formal de Baviera. Nació en el Herzog-Max-Palais de Múnich, en la Ludwigstrasse, durante la Nochebuena de 1837, a las 10:43 (diez y cuarenta y tres minutos).[1] Era hija del duque Maximiliano José en Baviera y de la princesa Ludovica de Baviera. El padre pertenecía a una rama menor de los Wittelsbach, la de los duques en Baviera, mientras que la madre era hija del rey Maximiliano I de Baviera y de Carolina de Baden. Ese desequilibrio de rango entre ambos progenitores fue una constante de los primeros años de la futura emperatriz.
El matrimonio de sus padres fue descrito por los biógrafos como desdichado y conflictivo. Isabel tuvo siete hermanos: Luis, Elena —conocida como Néné—, Carlos Teodoro, María Sofía, Matilde, Sofía Carlota y Maximiliano Manuel. La familia pasaba los inviernos en Múnich y los veranos en el castillo de Possenhofen, a orillas del lago de Starnberg, que para Isabel era el hogar favorito y al que llamaba Possi.
Recibió educación en casa, a cargo de institutrices. Sus primeras lecciones se las impartió la baronesa Luisa Wülffen. Las crónicas la presentan como alumna distraída y poco constante: le costó el francés, entonces idioma de las cortes; tardó en dominar el inglés; y sintió una marcada aversión por las clases de piano. En cambio, mostró interés por el dibujo y, sobre todo, por la poesía. Desde joven leyó a Heinrich Heine, que se convertiría en su poeta predilecto. Más tarde llegaría a estudiar húngaro y griego con una dedicación notable.
3. Compromiso y matrimonio con Francisco José[editar]
Conoció a Francisco José en Innsbruck en 1848, con once años, mientras la familia imperial austríaca se había refugiado allí a causa de la revolución de 1848. Su madre, Ludovica, y la archiduquesa Sofía, madre del futuro emperador, eran hermanas. Francisco José aún no reinaba en aquel primer encuentro y, dadas la diferencia de edad y la agitación política, no se fijó en su prima bávara. En cambio, su hermano Carlos Luis sí se enamoró de Isabel y llegó a enviarle cartas y regalos.
En agosto de 1853, con quince años, Isabel volvió a encontrarse con Francisco José en Bad Ischl. El emperador, ya viudo de su soltería, buscaba esposa por influencia de su madre, la archiduquesa Sofía, que había pensado en Elena, hermana mayor de Isabel, como candidata. El encuentro estaba pensado para que el emperador se fijara en Elena, pero Francisco José eligió a Isabel. Al día siguiente manifestó su deseo de casarse con ella, pese a las objeciones de su madre. Isabel, según las biografías, lloró durante toda una noche al conocer la noticia: no estaba enamorada y se sentía abrumada por la magnitud del compromiso. Aun así, la posibilidad de rechazar al emperador era impensable.
La boda se celebró en la Iglesia de los Agustinos de Viena el 24 de abril de 1854. Isabel había salido de Múnich el 20 de abril y el desplazamiento a Viena duró tres días. En el momento de la ceremonia se convirtió en emperatriz consorte de Austria. Los trajes nupciales no se conservaron, ya que, según la tradición, se descosieron y cortaron para confeccionar casullas y mantos eclesiásticos donados a la basílica de Maria Taferl y a la iglesia de Matías de Budapest.
Los primeros tiempos en la corte fueron difíciles. Isabel sufrió un ataque de pánico antes de una recepción diplomática posterior a la boda. La noche nupcial no se consumó de inmediato, y la corte vienesa, extremadamente formal, miró con desdén a aquella muchacha de Baviera a la que consideraban sin el pedigrí necesario. Esta situación está documentada como el inicio de los episodios depresivos que la acompañaron durante años.
4. Vida en la corte y descendencia[editar]
El matrimonio tuvo cuatro hijos:
- Sofía Federica de Habsburgo-Lorena (1855-1857), archiduquesa de Austria, fallecida a los dos años de tifus.
- Gisela de Habsburgo-Lorena (1856-1932), archiduquesa de Austria.
- Rodolfo de Habsburgo-Lorena (1858-1889), príncipe heredero de la Corona.
- María Valeria de Habsburgo-Lorena (1868-1924), archiduquesa de Austria.
En 1857, durante un viaje a Hungría, Isabel insistió en llevar consigo a sus dos hijas mayores, Sofía y Gisela, pese a la negativa de su suegra, la archiduquesa Sofía. Las niñas enfermaron gravemente durante el viaje. Gisela se recuperó, pero Sofía murió, probablemente deshidratada. La muerte de la primogénita sumió a Isabel en una depresión profunda y sirvió para que la archiduquesa Sofía asumiera el control de la educación de los hijos supervivientes.
Isabel solo pudo criar plenamente a su última hija, María Valeria, a la que llamaba cariñosamente «mi hija húngara». La corte austríaca, sobre todo los sectores hostiles a la emperatriz, la llamaba despectivamente «la niña húngara». Circularon rumores de que la niña podía ser hija del conde húngaro Gyula Andrássy, pero el parecido físico de María Valeria con Francisco José debilitó esas habladurías.
5. Personalidad e intereses[editar]
Isabel fue descrita como una mujer de gran belleza física, al mismo tiempo rebelde, culta y alejada de las convenciones de su época. Montaba a caballo, participó en cacerías y sintió un fuerte apego por los animales. Tenía perros con los que paseaba incluso por los salones de palacio, le gustaban los papagayos y los animales exóticos, y llegó a montar una pequeña pista de circo en los jardines de su residencia de Corfú.
Hablaba alemán, inglés, francés y húngaro, y se dedicó con constancia al griego para poder leer a los clásicos en su lengua original. Cuidaba su figura de manera obsesiva: instaló anillas y espalderas en sus aposentos para hacer ejercicio sin ser vista, y mantuvo una dieta muy estricta basada en pescado hervido, fruta y zumo de carne exprimida. Su cabellera, larga y muy cuidada, ocupaba a su peluquera al menos dos horas al día. A partir de los treinta y cinco años no volvió a posar para retratos ni fotografías; salía con un velo azul, una sombrilla y un abanico de cuero negro con el que se tapaba el rostro.[2]
Detestaba el protocolo de la corte imperial de Viena y procuró mantenerse alejada de la vida pública. Paseaba a diario durante horas, hasta agotar a varias de sus damas de compañía, y nunca permanecía mucho tiempo en un mismo lugar. Leía con interés a Shakespeare, Hegel y Heine. En un poema temprano expresó su sensación de encierro:
«¡Ojalá nunca hubiera dejado la senda / que a la libertad me había de llevar! / ¡Ojalá no me hubiera extraviado / por las anchas avenidas de la vanidad! / He despertado en un calabozo / con esposas en las manos; / mi nostalgia crece de día en día. Y tú, / libertad, me volviste la espalda.»
Posible bisexualidad y crisis matrimoniales[editar]
En las últimas décadas, algunas biografías y ensayos han planteado que Isabel pudo haber sentido atracción hacia mujeres. La escritora española Ángeles Caso publicó una visión desmitificadora del personaje, y la historiadora Ana Polo Alonso ha ido más lejos al sostener que es probable que la emperatriz viviera alguna amistad amorosa con damas de su entorno. Entre los indicios citados figura la afición de Isabel a coleccionar fotografías de mujeres, algunas muy atrevidas para la época. Estas lecturas no son unánimes y deben tomarse como hipótesis biográficas, no como hechos demostrados.
También se ha discutido la causa de la primera gran huida de Isabel de Viena. Tradicionalmente se habló de un problema pulmonar grave, pero estudios recientes sugieren que pudo tratarse de una crisis conyugal y de salud venérea, ligada a una posible infidelidad de Francisco José. Tras la derrota austríaca en la batalla de Solferino, el matrimonio habría entrado en una etapa de fuertes tensiones. En la corte se rumoreaba que el emperador tenía una amante, y algunas biografías apuntan a que Isabel buscó alejarse lo más posible de Viena por humillación y dolor más que solo por razones climáticas.
6. Hungría y la coronación de 1867[editar]
Isabel mantuvo una relación emocional muy intensa con Hungría. Tras pasar años evitando un nuevo embarazo, decidió buscar un cuarto hijo y presentó esa decisión como parte de una negociación política: ella quería que Hungría obtuviera una posición equiparable a la de Austria dentro del Imperio.
El Compromiso austrohúngaro de 1867 creó la monarquía dual. Gyula Andrássy se convirtió en primer ministro húngaro y, como parte del nuevo equilibrio, Francisco José e Isabel fueron coronados rey y reina de Hungría en Budapest en junio de 1867. Como regalo de coronación, la pareja recibió una residencia en Gödöllő, a unos 32 kilómetros al noreste de Budapest. Isabel vivió allí durante largas temporadas y dejó de lado sus obligaciones en Austria.
Si el cuarto hijo hubiera sido varón, Isabel pensaba llamarlo Esteban, en honor al primer rey de Hungría. Nació sin embargo una niña, María Valeria, diez meses después de la coronación. Fue bautizada en Hungría en abril de 1868. Esta vez Isabel consiguió criar a su hija sin la injerencia de la archiduquesa Sofía, cuya influencia terminó con su muerte en 1872.
7. El crimen de Mayerling[editar]
El 30 de enero de 1889 murió el príncipe heredero Rodolfo en el pabellón de caza de Mayerling. Junto a él se encontró el cuerpo de la joven baronesa María Vetsera. La versión oficial habló de un pacto suicida: Rodolfo habría convencido a su amante para quitarse la vida junto a él. Sin embargo, desde el primer momento circularon versiones sobre un complot.
Por un lado, se ha propuesto que los servicios secretos austríacos pudieron estar implicados, debido a las ideas liberales y antidinásticas que Rodolfo profesaba en privado. Por otro, se ha hablado de un posible complot de los servicios secretos franceses, ante la negativa de Rodolfo a participar en un golpe contra la política de su padre. Los estudios sobre los cuerpos aportaron datos contradictorios: María Vetsera no habría muerto por un disparo en la cabeza, sino por una paliza previa, y Rodolfo presentaba cortes en la cara y en el cuerpo que no encajan del todo con un suicidio. La causa exacta de la muerte sigue siendo, a día de hoy, un enigma.
Para Isabel, la pérdida de su único hijo varón marcó una ruptura. Abandonó Viena, adoptó el negro como único color de su vestimenta y aumentó su fobia a ser fotografiada. Solo se conservan unas pocas imágenes tomadas por fotógrafos que lograron captarla sin que lo advirtiera. Curiosamente, en esa última etapa la correspondencia con Francisco José se hizo más frecuente y la relación entre los esposos se volvió más plácida, aunque ya sin convivencia continua.
8. Últimos años y asesinato[editar]
La última década de Isabel estuvo dominada por los viajes. Compró un vapor al que llamó Miramar y recorrió el Mediterráneo. Uno de sus lugares favoritos fue Cap Martin, en la Riviera francesa, y también pasó temporadas en el lago de Ginebra, en Bad Ischl y en Corfú. En esta última isla mandó construir el palacio Achilleion, en honor a Aquiles, uno de sus héroes griegos preferidos. Para perfeccionar su griego contó con la ayuda del joven profesor Constantin Christomanos.
Viajó por Portugal, España, Marruecos, Argelia, Malta, Grecia, Turquía y Egipto. En España estuvo varias veces. Visitó Alicante y, de incógnito, la Alhambra de Granada el 6 de enero de 1893. También se le atribuye la visita a Elche en 1894 que dio origen al nombre de la Palmera Imperial, en el Palmeral de Elche.
El 10 de septiembre de 1898, mientras paseaba por la orilla del lago Lemán, en Ginebra, fue atacada por el anarquista italiano Luigi Lucheni. Iba acompañada de una dama de compañía, la condesa húngara Irma Sztáray. Lucheni simuló tropezar y aprovechó el desconcierto para clavarle un fino estilete en el corazón. En un primer momento, Isabel no fue consciente de la gravedad de la herida. Solo al subir al barco que las esperaba comenzó a sentirse mal y se desvaneció. Al desabrocharle el vestido, su acompañante descubrió una pequeña mancha de sangre en el pecho. La herida causó un taponamiento cardíaco que provocó la muerte.
Lucheni había planeado en principio atentar contra un pretendiente al trono francés de la Casa de Orleans, pero cambió de víctima al leer en un periódico que la visita del príncipe se había cancelado y que la emperatriz austríaca se encontraba en Ginebra. El cuerpo de Isabel fue trasladado a Viena y sepultado en la Cripta Imperial, o Kaisergruft, de la iglesia de los Capuchinos, a pesar de que en su testamento había expresado el deseo de ser enterrada en el Achilleion de Corfú.
9. Títulos, distinciones y legado[editar]
Antes de casarse, Isabel fue duquesa en Baviera con tratamiento de Alteza Real. Desde el 24 de abril de 1854 y hasta su muerte, fue emperatriz consorte de Austria y reina consorte de Hungría, Bohemia, Croacia y Eslavonia, Dalmacia, Galitzia, Lodomeria e Iliria. De 1854 a 1866 fue también reina consorte del reino lombardo-véneto.
Entre sus distinciones figuran:
[ Desplegar / Plegar ]
- Gran maestre de la Orden de la Cruz Estrellada, 1854-1898.
- Soberana gran maestre de la Orden del Amor al Prójimo, 1854-1898.
- Soberana gran maestre de la Orden de los Virtuosos, 1854-1898.
- Protectora de la Orden de Isabel Teresa, 1854-1898.
- Dama gran cruz de la Imperial Orden de San Carlos, del Segundo Imperio Mexicano.
- Dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa, del Reino de España, desde el 16 de junio de 1854.
- Rosa de Oro de la Cristiandad, Ciudad del Vaticano, 1868.
Su figura es hoy un icono turístico de Austria y de Baviera. En el palacio Hofburg de Viena existe un museo dedicado a su memoria, y también se le dedica una exposición en el castillo de Possenhofen. El vals Myrthen-Kränze Walzer, Op.154, de Johann Strauss hijo, se estrenó con motivo de un cumpleaños de la emperatriz.
En España, la Palmera Imperial del Palmeral de Elche debe su nombre a la visita de Isabel. Según la tradición local, al ver la famosa palmera de siete brazos, la emperatriz exclamó que era digna de un imperio. La escritora Ángeles Caso y la historiadora Ana Polo Alonso han contribuido a divulgar en el mundo hispanohablante una imagen más matizada y menos edulcorada de Isabel. La biografía de referencia durante décadas fue Sisi, emperatriz contra su voluntad, de la germano-austríaca Brigitte Hamann.
10. Presencia en el mundo hispanohablante y cultura popular[editar]
La imagen popular de Isabel de Baviera es inseparable del cine. La trilogía austroalemana de los años cincuenta —Sissí, Sissí Emperatriz y El destino de Sissí— la convirtió en un icono romántico. La actriz vienesa Romy Schneider la interpretó en las tres películas y volvió a encarnarla en Ludwig II (1972), de Luchino Visconti. La primera aparición cinematográfica del personaje, sin embargo, fue un cortometraje de 1932 realizado por la alemana Lotte Reiniger.
[ Desplegar / Plegar ]
| Año | Producción | Actriz o formato |
|---|---|---|
| 1955 | Sissi | Romy Schneider |
| 1956 | Sissi Emperatriz | Romy Schneider |
| 1957 | El destino de Sissi | Romy Schneider |
| 1968 | Mayerling | Ava Gardner |
| 1972 | Ludwig II | Romy Schneider |
| 1991 | Sissi, el beso del emperador | Vanessa Wagner |
| 1997 | La princesa Sissi | Dibujos animados |
| 2004 | Sissi, l'impreratrice rebelle | Arielle Dombasle |
| 2009 | Sissi, emperatriz de Austria | Cristiana Capotondi |
| 2021 | Sisi | Dominique Devenport |
| 2022 | La emperatriz | Devrim Lingnau |
| 2022 | La emperatriz rebelde | Vicky Krieps |
En el mercado hispanohablante, el personaje también alcanzó popularidad a través de revistas infantiles. La editorial Bruguera publicó en 1958 la revista para niñas Sissi, tratando de aprovechar el éxito de las películas de Romy Schneider. En 1992 se estrenó en Viena el musical Elisabeth, traducido a varios idiomas y representado en países como Alemania, Finlandia, Japón, Hungría, Países Bajos y Suecia, con especial éxito en Japón. Las plataformas de streaming devolvieron al personaje a la actualidad recientemente: en 2021 se estrenó la miniserie Sisi de RTL y, en 2022, La emperatriz, distribuida por Netflix. Ese mismo año la directora austriaca Marie Kreutzer rodó La emperatriz rebelde, con Vicky Krieps como una Isabel de cuarenta años, más cercana al desencanto que al cuento.
11. Notas[editar]
Las fuentes decimonónicas recogen que Isabel nació con un diente ya fuera de la encía, lo que en aquel entorno se interpretó como signo de mal agüero. ↩︎
La fotografía más difundida de Isabel fue tomada por Ludwig Angerer en 1863 y retocada en 1899, después de su muerte, por Carl Pietzner, que intentó darle el aspecto que tendría en el momento del asesinato. ↩︎