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Jamón ibérico

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Este artículo trata del jamón curado procedente del cerdo de raza ibérica. Para el jamón curado español de cerdo de capa blanca, comercializado como jamón serrano, véase la sección 2.2.
Jamón ibérico
TipoProducto cárnico curado en seco
País de origenEspaña; también se produce en Portugal con raza equivalente
PiezaExtremidad posterior del cerdo; la anterior se llama paleta y tiene norma propia
Materia primaCerdo de raza ibérica, puro o cruzado con Duroc, con un mínimo del 50 % de raza ibérica
Norma reguladoraReal Decreto 4/2014, de 10 de enero, publicado en el BOE el 11 de enero de 2014
CategoríasDe bellota 100 % ibérico, de bellota ibérico, de cebo de campo ibérico y de cebo ibérico
DistintivoPrecinto inviolable de color negro, rojo, verde o blanco, colocado en el matadero
Curación mínima600 días para piezas de menos de 7 kg; 730 días a partir de 7 kg
Denominaciones de origenGuijuelo, Dehesa de Extremadura, Jabugo y Los Pedroches
Ecosistema asociadoLa dehesa, con la montanera como fase de engorde con bellota

1. Resumen[editar]

El jamón ibérico es el jamón curado en seco que se obtiene de las extremidades posteriores del cerdo de raza ibérica, criado y sacrificado en España —y también en Portugal, donde existe una raza equivalente— y madurado durante periodos que se cuentan en años.

Su singularidad tiene una explicación biológica concreta: el cerdo ibérico posee una capacidad excepcional de infiltrar grasa dentro del músculo. Esa grasa, con una proporción alta de ácido oleico cuando el animal se ha alimentado de bellota, se funde a temperatura ambiente, se distribuye por el corte y produce la textura y el aroma que distinguen al producto. Ningún otro cerdo doméstico hace eso con la misma eficacia.

Lo que hoy determina qué puede llamarse jamón ibérico y qué no es derecho administrativo, no costumbre. La norma vigente es el Real Decreto 4/2014, de 10 de enero, que aprobó la norma de calidad para la carne, el jamón, la paleta y la caña de lomo ibéricos. Ese decreto fijó cuatro categorías identificadas por precintos de color —negro, rojo, verde y blanco—, estableció los porcentajes mínimos de raza ibérica, las edades y pesos de sacrificio, los tiempos de curación y, no menos importante, qué palabras pueden y no pueden aparecer en la etiqueta.

El resultado práctico es una regla que casi nadie enuncia correctamente: «100 % ibérico» se refiere a la raza y «de bellota» a la alimentación, y son dos cosas independientes. Existe jamón de bellota que no es 100 % ibérico, y existe jamón 100 % ibérico que no es de bellota. Solo el precinto negro reúne las dos condiciones.

2. Qué es el jamón ibérico[editar]

2.1 La pieza y sus partes[editar]

El jamón es la extremidad posterior del cerdo, curada entera con hueso. La extremidad anterior, más pequeña y de menor rendimiento, se llama paleta y tiene sus propias reglas dentro de la misma norma: no es un jamón pequeño, es otra pieza. La norma regula además la caña de lomo, que es el lomo curado embuchado.

En el corte de un jamón se distinguen tradicionalmente cuatro zonas, cada una con textura y proporción de grasa distintas: la maza, la parte más jugosa y con más carne; la contramaza o babilla, más estrecha y más curada; la punta, cercana a la cadera y de sabor intenso; y el jarrete o caña, junto al hueso final, de fibra corta y masticado más firme.

Sobre la superficie de un jamón bien curado pueden aparecer cristales blancos que los compradores primerizos confunden con sal o con moho. No son ninguna de las dos cosas: son cristales de tirosina, un aminoácido que precipita en las curaciones largas, y su presencia se interpreta como indicio de una maduración prolongada.

2.2 Ibérico y serrano: la diferencia real[editar]

La confusión entre jamón ibérico y jamón serrano es tan común como innecesaria, y no se resuelve con adjetivos de calidad sino con un dato concreto: la raza del animal.

Jamón ibérico Jamón serrano
Raza Cerdo ibérico, puro o cruzado con Duroc, con mínimo 50 % de raza ibérica Cerdos de capa blanca: Duroc, Landrace, Large White y sus cruces
Norma Real Decreto 4/2014, norma de calidad del ibérico Reglas propias, entre ellas la especialidad tradicional garantizada europea
Grasa Muy infiltrada en el músculo Concentrada sobre todo en la capa exterior
Pezuña Con frecuencia oscura, pero no siempre Normalmente clara
Curación habitual De año y medio a cuatro años De unos meses a algo más de un año

La pezuña negra no es prueba de nada. Hay cerdos ibéricos de variedades rubias con pezuña clara, y hay cerdos de capa blanca con pezuña oscura. Es exactamente por eso por lo que la norma de 2014 restringió el uso comercial de la expresión «pata negra», como se explica más adelante.

3. El cerdo ibérico[editar]

3.1 La raza y sus variedades[editar]

El cerdo ibérico es una raza porcina autóctona de la península ibérica, adaptada al aprovechamiento de los recursos del bosque mediterráneo. Su morfología —cuerpo alargado, extremidades finas, cabeza estrecha— y su comportamiento son los de un animal que se mueve mucho y engorda despacio, justo lo contrario de lo que persiguen las razas de producción intensiva.

Dentro de la raza existen varias variedades reconocidas en el libro genealógico, con distinta capa y distinto grado de amenaza: entre ellas el retinto, el negro lampiño, el entrepelado, el torbiscal, el manchado de Jabugo y el negro de los Pedroches. Algunas están en situación demográfica delicada y son objeto de programas de conservación.

3.2 La grasa infiltrada, el rasgo decisivo[editar]

La razón por la que el jamón ibérico existe como categoría es fisiológica: el cerdo ibérico deposita grasa dentro del músculo —el veteado o infiltración— y no solo bajo la piel. Ese comportamiento, unido a una curación de años, produce un producto que las razas de crecimiento rápido no pueden dar.

Cuando el animal se alimenta de bellota, rica en ácido oleico, esa grasa incorpora una proporción alta de ese ácido graso monoinsaturado, con dos consecuencias prácticas: funde a temperatura más baja, lo que explica que una loncha bien cortada brille y se ablande al contacto con la mano, y se comporta de otro modo durante la curación. Es también el fundamento del análisis de ácidos grasos que se emplea para verificar la alimentación declarada.

3.3 El cruce con Duroc[editar]

La norma admite que el cerdo no sea de raza ibérica pura, siempre que alcance un mínimo del 50 %. Los cruces permitidos son solo dos, y están definidos con precisión en el decreto:

Grado de raza Madre Padre
100 % ibérico 100 % ibérica, inscrita en el libro genealógico 100 % ibérico, inscrito en el libro genealógico
75 % ibérico 100 % ibérica, inscrita Producto del cruce de madre 100 % ibérica con padre 100 % Duroc, ambos inscritos
50 % ibérico 100 % ibérica, inscrita 100 % Duroc, inscrito

Son tres grados y la tabla tiene tres filas. Obsérvese que la madre es siempre 100 % ibérica: la norma no admite el cruce recíproco. La raza que puede aportar el macho es exclusivamente la Duroc; ninguna otra sirve.

El motivo declarado del decreto para endurecer estos requisitos fue proteger el patrimonio genético de la raza, amenazado por el uso de reproductores no inscritos en el libro genealógico.

4. La dehesa y la montanera[editar]

4.1 Qué es una dehesa[editar]

La dehesa es un sistema agrosilvopastoral característico del suroeste de la península ibérica: un bosque mediterráneo de encinas, alcornoques y quejigos aclarado por la mano humana durante siglos, con pasto entre los árboles y aprovechamiento ganadero. No es un bosque virgen ni un prado: es un paisaje construido, y su conservación depende de que siga siendo económicamente útil.

La dehesa ocupa grandes extensiones de Extremadura, Andalucía occidental, el suroeste de Castilla y León y zonas de Portugal. Su vínculo con el jamón ibérico es directo y de doble sentido: la dehesa produce la bellota que alimenta al cerdo, y la ganadería extensiva de cerdo ibérico es una de las pocas actividades que hacen rentable mantener la dehesa en pie.

4.2 La montanera[editar]

La montanera es la fase final de engorde en la que los cerdos se sueltan en la dehesa para alimentarse de bellota, hierba y demás recursos naturales. Coincide con la caída del fruto y se desarrolla en otoño e invierno.

El decreto la acota con fechas concretas: la entrada de los animales en montanera debe producirse entre el 1 de octubre y el 15 de diciembre, y el sacrificio, entre el 15 de diciembre y el 31 de marzo. Durante ese periodo, el animal debe permanecer un mínimo de 60 días y ganar al menos 46 kilogramos de peso, entrando con un peso medio de entre 92 y 115 kilogramos.

Esas cifras no son decorativas: fijan de manera verificable qué significa «de bellota». Un animal que no gane ese peso en ese tiempo no puede recibir la designación, por mucho que haya pisado la dehesa.

4.3 Cargas ganaderas[editar]

La cantidad de bellota que produce una dehesa es limitada, así que la norma fija cuántos cerdos pueden alimentarse por hectárea. La horquilla va aproximadamente de 0,25 a 1,25 animales por hectárea, según la densidad de arbolado y la superficie de copa de cada finca, con arreglo a las tablas del anexo del decreto.

Es una restricción de fondo: sin ella, la designación «de bellota» se convertiría en una declaración de intenciones. Con ella, la producción de bellota de la dehesa impone un techo físico al número de jamones de precinto negro y rojo que pueden existir cada año.

5. Origen e historia documentada[editar]

5.1 Antigüedad y Edad Media[editar]

La cría de cerdo y la conservación de sus perniles con sal son prácticas muy antiguas en la península ibérica, con testimonios arqueológicos y referencias en autores grecolatinos que elogian los jamones hispanos. Conviene, sin embargo, no confundir esa continuidad con una identidad: aquellos productos no son el jamón ibérico actual, que es resultado de una raza definida, un manejo concreto y una tecnología de curación muy posterior.

En la Edad Media, la montanera aparece ya como derecho de aprovechamiento regulado en fueros y ordenanzas concejiles, que fijaban cuándo podían entrar los cerdos en el monte y cuántos. Es decir, el sistema de aprovechamiento existía como institución jurídica mucho antes de que existiera una norma de calidad.

Tras la conquista cristiana de los territorios peninsulares y las expulsiones de los siglos XV y XVI, el consumo de cerdo adquirió además una dimensión identitaria: comer cerdo públicamente funcionaba como signo de adscripción religiosa en una sociedad que vigilaba las prácticas alimentarias. La abundancia de embutidos y curados en la cocina española tiene ahí una de sus raíces.

5.2 La sal, el frío y el secadero[editar]

La técnica de la curación descansa en tres factores: la sal, que deshidrata y frena el desarrollo microbiano; el frío del invierno, que permite una salazón segura antes de la subida de temperaturas; y la variación estacional de temperatura y humedad, que hace «sudar» a la pieza en verano y madurar sus grasas.

Por eso los secaderos tradicionales se instalaron en zonas de montaña y clima continental —sierras de Salamanca, de Huelva, de Córdoba, de Extremadura—, donde el ciclo anual proporciona esa alternancia de forma natural. Los secaderos modernos la reproducen con control climático, pero el ciclo que imitan es el mismo.

5.3 De producto doméstico a industria[editar]

Hasta bien entrado el siglo XX, la matanza fue en buena parte de España un acontecimiento doméstico y anual, con reparto de tareas y de piezas dentro de la familia y la vecindad. La industrialización del sector, la aparición de marcas, la normativa sanitaria y el frío industrial desplazaron progresivamente esa práctica hacia la producción reglada.

En las últimas décadas del siglo XX, el jamón ibérico dio el salto al mercado de lujo y a la exportación, y con él llegó el problema que la norma de 2014 vino a atajar: la proliferación de etiquetas —«pata negra», «ibérico puro», «recebo», «bellota» aplicado con laxitud— que el comprador no podía interpretar.

5.4 La construcción de la norma[editar]

El régimen actual no nació de golpe. Hubo normas de calidad anteriores a lo largo de los años noventa y dos mil, con categorías distintas de las de hoy —entre ellas el «recebo», para animales que completaban en montanera con pienso—, que fueron sustituidas por el decreto vigente.

6. Proceso de elaboración[editar]

6.1 Sacrificio y perfilado[editar]

Sacrificado el animal y despiezada la canal, los perniles se perfilan: se recorta la piel y la grasa según el estilo de cada elaborador, y se les da la forma característica —en «V» o redondeada— que después facilitará el corte. Es también en el matadero donde se coloca el precinto que identificará la pieza durante toda su vida.

6.2 Salazón[editar]

Las piezas se cubren de sal marina en cámaras frías y con humedad alta durante un número de días que se calcula en función del peso: la regla artesanal clásica es del orden de un día por kilogramo, ajustada por la experiencia del maestro y por el tipo de pieza.

6.3 Lavado y post-salado[editar]

Se retira la sal superficial con agua y se pasa a una fase de post-salado o asentamiento, de varias semanas o meses, en la que la sal se reparte de manera homogénea por el interior de la pieza y la humedad desciende de forma gradual y controlada.

6.4 Secado y maduración[editar]

La pieza pasa a los secaderos, donde permanece durante meses colgada, sometida a la variación estacional de temperatura y humedad. Aquí se produce el fenómeno de la «sudación»: con el calor, la grasa se funde parcialmente y migra por el músculo, arrastrando compuestos aromáticos. Es la fase que construye el sabor.

6.5 Bodega[editar]

Terminado el secado, las piezas bajan a bodega, un espacio más fresco y estable, donde completan la maduración durante meses o años. En esta fase se desarrolla en la superficie una flora de mohos característica que interviene en el resultado final y que forma parte del proceso.

6.6 La cala[editar]

Antes de dar una pieza por terminada, el maestro jamonero practica la cala: introduce una cala —una aguja fina de hueso de caballo, tradicionalmente de la tibia— en puntos determinados de la pieza y huele el aroma que retiene. El hueso, poroso y de olor neutro, capta el aroma sin transmitirle nada. Es un control organoléptico, no instrumental, y sigue siendo la prueba definitiva.

7. El Real Decreto 4/2014 y las cuatro etiquetas[editar]

7.1 La denominación de venta tiene tres piezas[editar]

La aportación más útil del decreto para el comprador es que obligó a que el nombre comercial del producto se componga siempre de tres elementos, en un orden fijo:

  1. La pieza: jamón, paleta o caña de lomo.
  2. La alimentación y el manejo: de bellota, de cebo de campo o de cebo.
  3. La raza: 100 % ibérico o ibérico.

De ahí salen nombres como «jamón de bellota 100 % ibérico» o «paleta de cebo ibérico». La norma exige además que los tres elementos figuren en lugar destacado y con el mismo tipo de letra, tamaño, grosor y color, precisamente para impedir la práctica de agrandar «ibérico» y esconder «de cebo».

7.2 Los cuatro precintos[editar]

En el matadero, cada pieza recibe un precinto inviolable de color, distribuido por la interprofesional del sector, que la acompaña hasta el punto de venta:

Color del precinto Denominación de venta Alimentación Raza admitida
Negro De bellota 100 % ibérico Bellota, hierba y recursos naturales de la dehesa en montanera Exclusivamente 100 % ibérica
Rojo De bellota ibérico La misma que el anterior 75 % o 50 % de raza ibérica
Verde De cebo de campo ibérico Piensos de cereales y leguminosas, más recursos del campo, en régimen extensivo 100 %, 75 % o 50 %
Blanco De cebo ibérico Piensos de cereales y leguminosas, en explotación intensiva 100 %, 75 % o 50 %

Son cuatro precintos y la tabla tiene cuatro filas. La lectura correcta de esa tabla es la que da la clave de todo el sistema: el color negro no significa «el mejor», significa la coincidencia de dos condiciones —bellota y pureza racial total—. Un jamón de precinto rojo es también de bellota; lo que le falta respecto al negro no es alimentación sino porcentaje de raza.

Y a la inversa: un precinto blanco o verde puede corresponder perfectamente a un animal 100 % ibérico, porque la pureza racial no obliga a alimentar con bellota. Es el caso que más desconcierta a los compradores.

7.3 Edades, pesos y superficies[editar]

El decreto acota cada categoría con requisitos verificables:

Categoría Edad mínima de sacrificio Peso mínimo de la canal Espacio por animal
De bellota (negro y rojo) 14 meses 115 kg, o 108 kg si el animal es 100 % ibérico Según carga ganadera de la dehesa, de 0,25 a 1,25 animales por hectárea
De cebo de campo (verde) 12 meses 115 kg, o 108 kg si es 100 % ibérico Mínimo 100 m² de superficie libre por animal de más de 110 kg de peso vivo
De cebo (blanco) 10 meses 115 kg, o 108 kg si es 100 % ibérico Mínimo 2 m² de superficie libre por animal de más de 110 kg de peso vivo

Son tres regímenes de manejo —montanera, campo e intensivo— y la tabla tiene tres filas, porque negro y rojo comparten régimen y se distinguen solo por la raza. La diferencia de superficie entre el cebo de campo y el cebo intensivo, cincuenta veces, es probablemente el dato más elocuente de todo el decreto.

7.4 Tiempos mínimos de elaboración[editar]

La norma fija duraciones mínimas de elaboración y pesos mínimos de la pieza terminada:

Pieza Peso de la pieza Elaboración mínima Peso mínimo terminada
Jamón Menos de 7 kg 600 días 5,75 kg si es 100 % ibérico
Jamón 7 kg o más 730 días 7 kg si es ibérico
Paleta Cualquiera 365 días 3,7 kg si es 100 % ibérico; 4 kg si es ibérico

Los 730 días —dos años— del jamón de mayor calibre son el dato que más se cita mal: se presentan a veces como si fueran el máximo cuando son el mínimo legal, y muchas piezas de precinto negro superan ampliamente ese plazo.

7.5 Lo que la norma prohíbe decir[editar]

El decreto interviene también sobre el lenguaje comercial, y esta es la parte que más gente desconoce:

  • «Pata negra» solo puede emplearse para la designación de bellota 100 % ibérico, es decir, para el precinto negro y para nada más. No es una expresión prohibida, es una expresión reservada.
  • «Dehesa» y «montanera» quedan reservadas a los productos de bellota.
  • «Ibérico puro» está prohibido. La forma correcta es «100 % ibérico».
  • «Recebo» está prohibido como designación, al haber desaparecido la categoría que lo amparaba.

7.6 Las modificaciones posteriores[editar]

El Real Decreto 4/2014 ha sido modificado en al menos dos ocasiones desde su aprobación: por el Real Decreto 818/2015, que ajustó los plazos transitorios de adaptación para los ganaderos, y por el Real Decreto 255/2016, que incorporó una disposición adicional sobre el reconocimiento de equivalencias con la raza alentejana portuguesa.[1] Ninguna de las dos alteró el esquema de las cuatro categorías ni los colores de los precintos.

8. Denominaciones de origen protegidas[editar]

Al margen de la norma de calidad, que se aplica a todo el sector, existen cuatro denominaciones de origen protegidas de jamón ibérico, cada una con su consejo regulador, su pliego de condiciones y su territorio:

Denominación Zona principal Reconocimiento
Guijuelo Sierra de Salamanca, en Castilla y León Década de 1980
Dehesa de Extremadura Dehesas de Cáceres y Badajoz Década de 1990
Jabugo Sierra de Huelva, en Andalucía Década de 1990, con cambio posterior de nombre
Los Pedroches Valle de los Pedroches, en la provincia de Córdoba Década de 2000

Son cuatro denominaciones y la tabla tiene cuatro filas.[2] La denominación de Jabugo se llamó durante años «Jamón de Huelva» y adoptó su nombre actual en una modificación posterior de su pliego, tramitada ante la Unión Europea.

Una denominación de origen añade exigencias a la norma de calidad —zona geográfica delimitada, control por consejo regulador, a menudo tiempos de curación superiores a los mínimos legales—, pero no la sustituye: un jamón amparado por una denominación de origen lleva también su precinto de color. Conviene subrayar que la mayor parte del jamón ibérico español no está amparado por ninguna denominación de origen, y eso no lo hace peor: son dos sistemas de garantía que conviven.

9. Consumo y cultura[editar]

9.1 El corte[editar]

El corte del jamón es en España un oficio con nombre propio —cortador— y con competiciones profesionales. Se hace con la pieza sujeta en un jamonero, con un cuchillo jamonero de hoja larga, flexible y estrecha para las lonchas, un cuchillo corto y rígido para separar la corteza y perfilar, y una puntilla para el trabajo junto al hueso.

Las lonchas deben ser muy finas, casi translúcidas, de tamaño de bocado y con su parte proporcional de grasa: la grasa no se retira, porque es donde reside buena parte del aroma. Un corte grueso arruina un jamón excelente, y esta afirmación es de las pocas en materia gastronómica sobre las que hay acuerdo unánime.

La orientación de la pieza al empezar depende del ritmo de consumo. Si va a consumirse en poco tiempo, se empieza por la maza, la parte más jugosa; si va a durar semanas, muchos cortadores prefieren empezar por la contramaza, que se reseca antes.

9.2 Temperatura y servicio[editar]

La temperatura de servicio recomendada se sitúa en torno a los 20 a 24 °C, el punto en el que la grasa empieza a fundir y libera aroma. El jamón frío de nevera pierde buena parte de lo que lo justifica; por eso las lonchas se sirven en un plato que no esté frío y se cortan poco antes de comerlas.

Acompaña a pan, a pan con tomate, a picos y a copas de vino fino, manzanilla, cava o tinto ligero, según la zona y la costumbre.

9.3 Conservación[editar]

Una pieza empezada se protege cubriendo la superficie cortada con la propia grasa recortada o con un paño de algodón, y se guarda a temperatura ambiente en lugar fresco y seco, nunca en nevera si es posible evitarlo. El jamón loncheado y envasado al vacío, en cambio, se conserva refrigerado y conviene atemperarlo antes de servir.

9.4 El jamón en la mesa española[editar]

El jamón ocupa en la cultura gastronómica española un lugar que no depende de la ocasión: está en el bar y en la mesa de fiesta, en la tapa y en el regalo de empresa, en la Navidad y en la boda. Es, junto a la paella y al aceite de oliva, uno de los productos con los que la cocina española se presenta fuera.

En Madrid y en Barcelona, las barras con jamoneros a la vista son parte del paisaje urbano, y el corte a la vista del cliente es un espectáculo comercial deliberado.

10. Economía y mercado[editar]

Los datos de la interprofesional del cerdo ibérico correspondientes a la montanera 2025/2026 permiten dimensionar el segmento superior del sector. Se sacrificaron 598.090 cerdos de bellota, un 3 % más que la campaña anterior —17.425 animales más—, rompiendo tres campañas consecutivas de ajuste.[3]

El reparto por grado de raza fue este:

Grado de raza Cabezas Porcentaje
100 % ibérico (precinto negro) 381.566 63,80 %
50 % ibérico (precinto rojo) 181.930 30,42 %
75 % ibérico (precinto rojo) 34.594 5,78 %
Total 598.090 100 %

La suma de la columna de cabezas da el total declarado.[3:1] El porcentaje de animales 100 % ibéricos descendió respecto a la campaña anterior, en la que había sido del 66,7 %.

El reparto territorial confirma dónde está la dehesa:

Comunidad Cabezas Porcentaje
Andalucía 289.396 48,39 %
Extremadura 220.485 36,86 %
Resto de comunidades 88.209 14,75 %
Total 598.090 100 %

La suma de las tres primeras filas da el total; Andalucía y Extremadura reúnen entre las dos más del 85 % del sacrificio de bellota.

En cuanto al sistema de garantía, alrededor del 83 % de los animales se amparó únicamente en la norma de calidad y en torno al 17 % en alguna denominación de origen protegida, con tendencia al alza de estas últimas.

Un apunte que conviene retener: estas cifras corresponden solo a los cerdos de bellota. El grueso del volumen del sector, en número de piezas, corresponde a las categorías de cebo y cebo de campo, mucho más numerosas.

11. Errores frecuentes[editar]

  • «Pata negra» equivale a ibérico. No. Desde 2014 es una expresión reservada al precinto negro, y además la pezuña oscura no acredita nada por sí misma.
  • «100 % ibérico» significa que se alimentó de bellota. No. Se refiere exclusivamente a la raza. Existe jamón 100 % ibérico de cebo, con precinto blanco.
  • Los cristales blancos son sal. No: son tirosina, y su presencia se asocia a curaciones largas.
  • La grasa se retira antes de comer. En el ibérico, la grasa infiltrada es el vehículo del aroma; retirarla es desperdiciar el producto.
  • El jamón se guarda en la nevera. La pieza entera, no: el frío endurece la grasa y apaga el aroma. El loncheado envasado sí.
  • Cuanto más oscuro el color, mejor. El color depende de la curación, la raza, la alimentación y la zona de la pieza, y no es un indicador fiable por sí solo.
  • Ibérico y serrano son grados de calidad de lo mismo. Son productos de razas distintas con normas distintas.

12. Términos relacionados[editar]

  • España — el país donde se produce y se regula.
  • Paella — otro de los productos con los que la cocina española se presenta en el exterior.
  • Madrid — ciudad donde el corte a la vista forma parte del paisaje de las barras.
  • Barcelona — donde el jamón acompaña al pan con tomate.

  1. Real Decreto 4/2014, de 10 de enero, texto consolidado publicado por el Boletín Oficial del Estado. Las modificaciones registradas en el texto consolidado consultado son el Real Decreto 818/2015 y el Real Decreto 255/2016. ↩︎

  2. Los años exactos de reconocimiento de cada denominación difieren según se tome la aprobación del reglamento nacional o la inscripción en el registro europeo, por lo que aquí se indica la década. La denominación hoy llamada Jabugo se registró inicialmente como «Jamón de Huelva». ↩︎

  3. Asociación Interprofesional del Cerdo Ibérico (ASICI), análisis de la montanera 2025/2026 a partir de su base de datos Ítaca, difundido en abril de 2026. La cifra de «resto de comunidades» es la diferencia entre el total y las dos comunidades desglosadas en la fuente. ↩︎ ↩︎