Libro de Enoc
| Libro de Enoc (1 Enoc) | |
|---|---|
| Otros nombres | Libro de Henoc, 1 Enoc |
| Género | Literatura apocalíptica judía |
| Lengua original | Arameo, en su mayor parte; fragmentos en hebreo |
| Fecha de composición | Entre los siglos III a. C. y I d. C., aproximadamente |
| Atribución tradicional | Enoc, bisabuelo de Noé |
| Canon | Iglesia ortodoxa de Etiopía e Iglesia ortodoxa de Eritrea |
| Versión íntegra conservada | Ge'ez |
El Libro de Enoc o Libro de Henoc, abreviado como 1 Enoc, es un texto intertestamentario de carácter apocalíptico que forma parte del canon de la Biblia de la Iglesia ortodoxa de Etiopía y de la Iglesia ortodoxa de Eritrea, pero no es reconocido como canónico por las demás iglesias cristianas ni por el judaísmo. La tradición lo atribuye a Enoc, bisabuelo de Noé, aunque la crítica moderna lo considera una compilación de obras independientes producidas por autores judíos anónimos en la época del Segundo Templo.[1]
El libro contiene materiales sin paralelo directo en el texto bíblico canónico, como la caída de los Vigilantes, el origen de los gigantes o nefilim, los demonios y una descripción detallada del calendario solar antiguo. Su influencia alcanzó a varios escritos del Nuevo Testamento, en particular la Epístola de Judas, que cita 1 Enoc 1:9.
1. Resumen[editar]
El Libro de Enoc no es una obra unitaria, sino una recopilación de escritos apocalípticos producidos en Judea y la Alta Galilea, en su mayor parte entre los siglos III a. C. y I d. C. Los especialistas distinguen cinco secciones principales: el Libro de los Vigilantes, el Libro de las Parábolas, el Libro Astronómico, el Libro de los Sueños y la Epístola de Enoc. Cada sección tiene rasgos teológicos y literarios propios, lo que indica que fueron escritas de manera independiente y reunidas más tarde en la colección conocida como 1 Enoc.[2]
La primera parte narra la caída de los ángeles llamados Vigilantes y sus consecuencias para la humanidad. El resto del libro se presenta como una serie de viajes celestiales, visiones, sueños y revelaciones transmitidas por Enoc, en las que se expone el destino de los justos y de los impíos, se describe el movimiento de los cuerpos celestes y se anuncia la llegada de un mesías o Hijo del Hombre.
El texto es apocalíptico en el sentido pleno del término: interpreta la historia como un conflicto entre el bien y el mal, anuncia un juicio futuro y ofrece a los justos una esperanza de victoria. Por ese motivo, suelen insertarse dentro de la apocalíptica judía.[3]
2. Manuscritos[editar]
Las únicas versiones íntegras que se conservan están en ge'ez, la lengua litúrgica de la Iglesia etíope. Se conocen además varias partes en griego, un fragmento en latín y un fragmento en copto (93:3-8) hallado en Antínoe.[4]
Los descubrimientos de Qumrán modificaron profundamente el estudio del libro. En las cuevas de Qumrán se hallaron múltiples fragmentos en arameo y uno en hebreo (4Q317). Los fragmentos arameos de la cueva 4 fueron publicados y estudiados por Józef Milik en 1976. El hallazgo confirmó la antigüedad de varias secciones y demostró que el Libro Astronómico y el Libro de los Vigilantes circulaban ya en el siglo III o II a. C.[5]
La comparación entre los fragmentos arameos y la versión ge'ez muestra que el libro tuvo una historia de transmisión larga y compleja. Se acepta, sin embargo, que las versiones etíopes son testimonio esencial para reconstruir el texto, dada la pérdida de la versión griega completa.
3. Estructura y contenido[editar]
El libro se divide tradicionalmente en cinco grandes secciones:
- Libro de los Vigilantes (1 Enoc 1-36)
- Libro de las Parábolas (1 Enoc 37-71), también llamado Similitudes de Enoc
- Libro Astronómico (1 Enoc 72-82), también llamado Libro de las Luminarias Celestiales
- Libro de los Sueños (1 Enoc 83-90), también llamado Libro de las Visiones de los Sueños
- Epístola de Enoc (1 Enoc 91-108)
La crítica ha propuesto divisiones adicionales dentro de algunas secciones. Los capítulos 106-107, por ejemplo, parecen ser parte de un Libro de Noé hoy perdido, fragmentos del cual se han identificado entre los manuscritos del Mar Muerto.[6]
3.1 Libro del Juicio (capítulos 1-5)[editar]
Es una introducción breve que presenta las palabras de bendición de Enoc a los justos y anuncia el juicio de los impíos. Se estima que su composición data de antes del 200 a. C., según las dataciones recogidas por la Enciclopedia Católica; la cifra exacta varía según los autores.
3.2 Libro de los Vigilantes (capítulos 1-36)[editar]
La sección más antigua y una de las más influyentes. Interpreta el pasaje de Génesis 6:1-5 y presenta a los Vigilantes como ángeles que descienden a la tierra, tienen relaciones sexuales con mujeres y engendran a los nefilim, gigantes que siembran la violencia y pervierten a la humanidad.
El texto narra también cómo los ángeles enseñaron a los seres humanos saberes y técnicas, entre ellos la guerra, la metalurgia y el encantamiento, y cómo la tierra, llena de violencia, acusa a sus habitantes. Los arcángeles Miguel, Sariel, Rafael y Gabriel ven la sangre derramada y la injusticia, y Dios los envía a encadenar a los Vigilantes y a destruir a los gigantes. Los ángeles caídos piden a Enoc que interceda por ellos y por los gigantes ante Dios.[7]
La sección es, además, una de las fuentes fundamentales para la angelología judía antigua y para la identificación de los Vigilantes con los llamados "ángeles caídos". En 1 Enoc 19:2 se mencionan incluso figuras asociadas en la tradición con las sirenas, un detalle excepcional en la literatura judía antigua.
3.3 Libro de las Parábolas (capítulos 37-71)[editar]
Es la parte de carácter mesiánico. Profetiza la venida del Hijo del Hombre, la caída de los reyes y poderosos y el día del Elegido. Se trata de la única sección principal que no se ha encontrado entre los manuscritos de Qumrán.[8] Está estrechamente relacionada con las visiones del Hijo del Hombre del Libro de Daniel, capítulo 7, y fue una referencia importante para la cristología primitiva.
La datación del Libro de las Parábolas ha sido objeto de debate. Se propone una composición posterior al 63 a. C., quizá hacia fines del siglo I a. C. o en el siglo I d. C., pero las propuestas precisas varían según los especialistas. La sección incluye la famosa proclamación de 1 Enoc 71:14, en la que una voz declara a Enoc, según la traducción: "Tú eres el Hijo del Hombre".[9] Algunas versiones han traducido la fórmula como "este es el Hijo del Hombre", para referir el pasaje a un mesías futuro, pero numerosos filólogos consideran más correcto "tú eres el Hijo del Hombre".
3.4 Libro Astronómico (capítulos 72-82)[editar]
Expone en detalle el antiguo calendario solar hebreo, en concordancia con el Libro de los Jubileos, que en 4:17 cita este libro de las luminarias del cielo. El calendario descrito fue adoptado por la comunidad de Qumrán, que consideraba que el calendario oficial se había desviado de las fiestas establecidas en la Torá.[10]
Esta sección es anterior al Libro de los Jubileos y, por lo tanto, se remonta por lo menos al siglo III a. C. Algunos fragmentos hallados en Qumrán han sido datados por paleógrafos a fines de ese siglo.
3.5 Libro de los Sueños (capítulos 83-90)[editar]
Contiene dos visiones apocalípticas obtenidas por Enoc en sueños. La primera anuncia la destrucción de la Tierra. La segunda es una historia simbólica de la humanidad y de Israel hasta el fin de los tiempos, en la que los actores aparecen representados como animales. Los estudiosos han destacado su valor como interpretación simbólica de la historia judía.
3.6 Epístola de Enoc (capítulos 91-108)[editar]
Reúne exhortaciones a los justos y denuncias contra los opresores. En su núcleo se encuentra el "Apocalipsis de las Semanas", que divide la historia en diez semanas e interpreta el pasado y el futuro en clave escatológica. Incluye también el capítulo 108, que se presenta explícitamente como "otro libro de Enoc" y falta en varios manuscritos.
4. Composición[editar]
El análisis clásico de Robert Henry Charles distinguió varios estratos: los capítulos 1-36 serían los más antiguos, compuestos antes del 170 a. C.; los capítulos 37-70 y 83-90 se situarían entre 166 y 161 a. C.; los capítulos 91-104 entre 134 y 95 a. C.; el Libro de las Parábolas entre 94 y 64 a. C.; y el Libro Astronómico tendría fecha indeterminada.[11] Estas dataciones siguen sirviendo de referencia, aunque han sido precisadas y discutidas por investigaciones posteriores.
Algunos autores proponen que el Libro de los Vigilantes pudo redactarse, al menos en parte, hacia el 400 a. C., pero la mayoría sitúa las primeras secciones en el siglo II a. C., a más tardar en 166 a. C.[12] La opinión más extendida es que los autores dependieron en parte del Pentateuco y ampliaron pasajes del Génesis, Números y Deuteronomio. El caso más claro es 1 Enoc 1:9, citado en Judas 1:14-15, que pudo ser originalmente un midrash de Deuteronomio 33:2.[13]
5. Los cristianos y el Libro de Enoc[editar]
El libro fue muy apreciado por parte de los primeros cristianos. La referencia de la Epístola de Judas 1:14-16 cita un pasaje de 1 Enoc 1:9. También se ven ecos en 2 Pedro 2:4 y en la Epístola de Bernabé, que cita como Escritura un versículo de 1 Enoc 89:56 y en 4:3 se refiere a 1 Enoc 80:2.[14]
Varios Padres de la Iglesia y escritores cristianos antiguos, entre ellos Justino Mártir, Atenágoras, Taciano, Ireneo de Lyon, Orígenes, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Lactancio, Metodio de Filipo, Minucio Félix, Comodiano y Cipriano de Cartago, se refieren al libro o lo citan. Tertuliano, en su obra "Sobre la vestimenta de las mujeres", señala que "la Escritura de Enoc" no era recibida por algunos porque tampoco estaba admitida en el canon judío, lo que muestra que en su época el debate sobre su autoridad ya estaba abierto.[15]
Un defensor destacado del libro fue el obispo Prisciliano, quien fue el primer cristiano condenado a muerte y ejecutado por cristianos por supuesta herejía, en 385. Su conexión con el enoquismo suele mencionarse entre los factores que hicieron sospechosa la obra en Occidente.
Sine embargo, 1 Enoc fue definitivamente apartado del canon tras el Concilio de Laodicea, en 364. La versión griega completa se perdió más tarde; el último en citar pasajes del libro en griego fue el monje bizantino Jorge Sincelo, en el siglo VIII. La traducción al ge'ez se pudo realizar en el siglo VI, una época de intensa actividad de traducción religiosa en la Iglesia etíope.[16]
Dado por perdido en Occidente desde el siglo IX, el texto volvió a Europa en 1773, cuando el viajero escocés James Bruce llevó desde Abisinia tres copias. Una fue consignada a la Bibliothèque nationale de París, otra a la Biblioteca Bodleiana de Oxford y de la tercera se dice que quedó en manos vinculadas a la francmasonería de rito escocés; este último punto pertenece a la tradición bibliográfica y es difícil de confirmar documentalmente.[17]
Uno de los manuscritos fue traducido al inglés en 1821 por Richard Laurence. En 1891 y 1912 se realizaron nuevas ediciones. La más conocida es la edición crítica de Robert Henry Charles, publicada en 1913.
6. El problema del canon y su exclusión[editar]
La mayoría de los cánones cristianos consideran 1 Enoc un libro apócrifo. Pese a la antigüedad de algunos de sus estratos, que supera en parte a los evangelios canónicos, el libro no ingresó en la Biblia hebrea ni en el canon de la mayoría de las iglesias cristianas.
Los argumentos para su exclusión son de orden teológico e histórico. La obra contiene tradiciones que no fueron aceptadas por el judaísmo rabínico, y su identificación de Enoc con el Hijo del Hombre en 1 Enoc 71 presenta un problema interpretativo para la cristología tradicional, que identifica a Jesús con el Hijo del Hombre de Daniel 7. Algunos defensores de la canonicidad entienden que esa identificación es el resultado de la composición seudónima y las particularidades del texto, mientras que otros consideran que la tradición enoquiana ofrece un trasfondo esencial para comprender el lenguaje mesiánico del Nuevo Testamento.
El punto central es que la exclusión no implicó la desaparición de la tradición de Enoc: pasajes y motivos del libro continuaron circulando en comunidades judías y cristianas, y su recuperación moderna abrió un campo importante para el estudio de la literatura apocalíptica.
7. Traducciones y recepción moderna[editar]
El Libro de Enoc ha sido traducido a numerosas lenguas. Entre las traducciones al español más citadas se cuentan:
- Federico Corriente y Antonio Piñero (1982), con introducción analítica y notas.
- Gonzalo Aranda (1984).
- Florentino García Martínez (1992), que incluye los fragmentos de Qumrán.
- Juli Peradejordi (1995).
- Fermín Navascuez (2005).
- Editorial J.O.P. (2023), traducción completa.
La edición de Corriente y Piñero, publicada en Apócrifos del Antiguo Testamento, es una de las más manejadas en el ámbito hispanohablante.[18] La publicación de los fragmentos de Qumrán por Florentino García Martínez y el trabajo de Józef Milik sobre los fragmentos arameos de la cueva 4 renovaron el estudio del texto en el siglo XX.
En la actualidad, el Libro de Enoc es leído tanto en ámbitos académicos como religiosos, y circuló ampliamente por internet y en ediciones de divulgación. Su presencia en la cultura popular y en discusiones sobre el origen de los ángeles caídos, los gigantes y el Diluvio lo ha convertido en uno de los apócrifos más consultados en español.
8. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
En América Latina y España, el Libro de Enoc se conoce sobre todo por dos vías: el interés por los apócrifos bíblicos y la literatura escatológica, y las discusiones sobre la angelología y la caída de los Vigilantes. Las ediciones de divulgación y las traducciones directas al español, publicadas a partir de los años ochenta, ampliaron su acceso a lectores no especializados.
El vínculo del libro con Etiopía también ha despertado interés, sobre todo por su relación con la tradición bíblica etíope y con el Kebra Nagast, otro texto central de la tradición religiosa etíope. A diferencia del Kebra Nagast, el Libro de Enoc no tiene un ciclo de representaciones visuales surgido en Europa, sino que su influencia se ha mantenido principalmente textual y teológica.
9. Legado[editar]
El legado del Libro de Enoc se manifiesta en varias áreas. En la angelología judía y cristiana, proporcionó una narración articulada de la caída de los ángeles que amplía el breve relato del Génesis. En la apocalíptica, ofreció un modelo de revelaciones celestiales y de división de la historia que influyó en otros textos del período, entre ellos el Libro de los Jubileos y algunos escritos de Qumrán. En la cristología, su lenguaje del Hijo del Hombre y del Elegido constituye un trasfondo útil para leer los evangelios y las epístolas, aunque su estatuto canónico haya sido rechazado por la mayoría de las iglesias.
La recepción moderna confirmó su importancia histórica: los hallazgos de Qumrán demostraron que la tradición enoquiana era mucho más antigua y más extendida de lo que se creía en Occidente, y la versión etíope resultó un testimonio valioso de un corpus apocalíptico que de otro modo se habría perdido.[19]
La Iglesia ortodoxa de Etiopía usa el término maṣḥafa hēnok en ge'ez. La Iglesia ortodoxa de Eritrea comparte sustancialmente la misma tradición canónica que la etíope, aunque su autonomía definitiva como iglesia independiente data de 1993; el detalle de cuándo comenzó a imprimirse o reconocerse formalmente 1 Enoc en Eritrea conviene verificarlo en fuentes eclesiásticas locales. ↩︎
La idea de que las cinco secciones fueron originalmente obras independientes, con fechas distintas y numerosos arreglos editoriales, es la posición mayoritaria entre los especialistas; véase, por ejemplo, VanderKam (2004) y Nickelsburg (2004). ↩︎
La apocalíptica judía se desarrolló sobre todo a partir del siglo III a. C. y comparte rasgos como la revelación mediante visiones, la periodización de la historia y la esperanza de una intervención divina final. El Libro de Enoc es una de sus expresiones más tempranas. ↩︎
El fragmento copto hallado en Antínoe es breve y fue publicado y estudiado en la compilación española Apócrifos del Antiguo Testamento, tomo IV. ↩︎
Se han encontrado fragmentos arameos de varias secciones de 1 Enoc en las cuevas de Qumrán, lo que confirma su circulación previa al cristianismo. El fragmento hebreo 4Q317 pertenece al material astronómico. ↩︎
La existencia de un Libro de Noé independiente o de materiales noicos integrados en 1 Enoc fue defendida ya por la crítica temprana y se apoya en la presencia de capítulos como 106-107 y en algunos fragmentos de Qumrán. ↩︎
La mención de Sariel entre los arcángeles varía en las tradiciones; en algunos lugares se identifica con Uriel. Esta fluctuación es un detalle clásico de la angelología enoquiana. ↩︎
La ausencia del Libro de las Parábolas en Qumrán se ha usado como argumento para datarlo tardíamente, aunque el consenso no es unánime. ↩︎
La traducción de 1 Enoc 71:14 es debatida. La interpretación "tú eres el Hijo del Hombre" plantea problemas distintos de la variante "este es el Hijo del Hombre"; la cuestión depende de la sintaxis del ge'ez y de la crítica textual de las versiones. ↩︎
El calendario solar de 364 días descrito en 1 Enoc 72-82 difiere del calendario lunar; la comunidad de Qumrán lo defendió como el calendario revelado para las fiestas de la Torá. ↩︎
Robert Henry Charles fue un erudito anglicano que produjo una de las ediciones críticas más utilizadas de 1 Enoc. Sus dataciones, aunque antiguas, siguen citándose como marco de referencia. ↩︎
La datación "a más tardar en 166 a. C." se apoya en la conexión del Libro de los Vigilantes con las concepciones apocalípticas del siglo II a. C. y en que el Libro Astronómico era anterior al Libro de los Jubileos. ↩︎
La relación entre 1 Enoc 1:9 y Deuteronomio 33:2 es un ejemplo clásico de cómo el enoquismo reelabora textos bíblicos anteriores. ↩︎
La Epístola de Bernabé trata a 1 Enoc como Escritura, lo que atestigua la consideración del libro en el cristianismo primitivo, incluso fuera del canon posterior. ↩︎
Tertuliano, "Sobre la vestimenta de las mujeres", capítulo 3, registra que la Escritura de Enoc no era recibida por todos. El pasaje es una fuente temprana para el debate sobre su autoridad. ↩︎
La datación de la traducción al ge'ez en el siglo VI es probable, pero no unánimemente aceptada; conviene contrastarla con estudios recientes de literatura etíope. ↩︎
James Bruce llevó a Europa copias de 1 Enoc en 1773. El destino de la tercera copia es una tradición no confirmada y debe tratarse con cautela. ↩︎
La traducción de Federico Corriente y Antonio Piñero fue publicada en 1982 según el resultado de búsqueda, dentro del volumen IV de Apócrifos del Antiguo Testamento (1984); algunos catálogos dan fechas ligeramente distintas para la edición. ↩︎
El estudio moderno de 1 Enoc se consolidó con la publicación de los fragmentos arameos por Milik en 1976 y con los comentarios de Nickelsburg y VanderKam; en español, las traducciones de Corriente/Piñero y de García Martínez siguen siendo referencias habituales. ↩︎