Ir al contenido

Residencia Real de La Mareta

✏️ Editar🕓 Historial🔗 Enlaces
Residencia Real de La Mareta
UbicaciónMunicipio de Teguise, isla de Lanzarote, provincia de Las Palmas, España
Coordenadas28°59′15″N 13°30′19″O
ConstrucciónEntre 1970 y 1981
Promotor originalHuseín I de Jordania, que la mandó construir a finales de los años setenta
ArquitectoFernando Higueras, con participación del artista César Manrique
CesiónA finales de 1980, Huseín I regaló la casa a Juan Carlos I, que a su vez la cedió a Patrimonio Nacional
Titular actualPatrimonio Nacional, organismo público del Estado español
UsoResidencia de descanso de la familia real española y, en distintos momentos, de los presidentes del Gobierno
Origen del nombreUna mareta —aljibe tradicional canario— que existía previamente en el lugar

1. Resumen[editar]

La Residencia Real de La Mareta es una casa-palacio situada en el municipio de Teguise, en la isla de Lanzarote, Canarias, que forma parte del patrimonio del Estado español y se emplea como residencia de descanso de la familia real y, en distintos períodos, de los presidentes del Gobierno.

Su origen es inusual. La mandó construir el rey Huseín I de Jordania a finales de los años setenta —la obra se desarrolló entre 1970 y 1981— como residencia privada en el Atlántico, y la encargó a dos nombres de primer nivel: el arquitecto Fernando Higueras y el artista lanzaroteño César Manrique, la figura que definió la relación entre arquitectura y paisaje volcánico en la isla.

A finales de 1980, Huseín I regaló la casa a Juan Carlos I, entonces rey de España, quien a su vez la cedió a Patrimonio Nacional, el organismo público que administra los bienes del Estado afectos al uso de la Corona. Ese doble movimiento —un regalo personal convertido inmediatamente en patrimonio público— es la razón por la que hoy la finca no pertenece a la familia real sino al Estado.

Desde entonces ha funcionado como lugar de descanso y también como escenario de encuentros diplomáticos discretos. Por ella han pasado, entre otros, el canciller alemán Helmut Kohl (1991), el ex presidente soviético Mijaíl Gorbachov y su esposa Raísa (agosto de 1992), el presidente checo Václav Havel, el canciller Gerhard Schröder, el presidente kazajo Nursultán Nazarbáyev y los presidentes del Gobierno español José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero (2005) y Pedro Sánchez.

2. El nombre y el lugar[editar]

El topónimo procede de una mareta, el nombre que recibe en Canarias un aljibe o depósito para recoger y almacenar agua de lluvia. Existía uno en el emplazamiento antes de que se levantara la casa, y de él tomó el conjunto su nombre.

Ese detalle no es anecdótico sino que explica el lugar. Lanzarote es una isla sin ríos y con precipitaciones muy escasas, y durante siglos la vida en ella dependió por completo de la capacidad de recoger y conservar el agua que caía. Las maretas, los aljibes y los sistemas de recogida forman parte del patrimonio etnográfico de la isla igual que las viviendas encaladas o los cultivos en hoyos de ceniza volcánica.

La finca se encuentra en el municipio de Teguise, en el interior-norte de la isla, la antigua capital insular, en un entorno de paisaje volcánico característico.

3. La arquitectura[editar]

El proyecto lo firmó Fernando Higueras, uno de los arquitectos españoles más singulares del siglo XX, autor de obras de gran personalidad formal, con la participación de César Manrique.

La intervención de Manrique es la clave para entender el edificio. Manrique fue el artista que definió el modelo lanzaroteño de integración entre construcción y paisaje: blanco y verde sobre roca volcánica, volúmenes bajos, ausencia de vallas publicitarias y de edificios en altura, aprovechamiento de las formaciones naturales. Ese criterio, que él impulsó como política insular, hizo de Lanzarote un caso singular de desarrollo turístico controlado, y La Mareta se construyó dentro de esa lógica: una casa que no se ve desde lejos, adaptada al terreno en lugar de imponerse sobre él.

El conjunto es una casa-palacio moderna, de una arquitectura contemporánea sin pretensiones historicistas, en contraste con el resto de las residencias oficiales de la Corona española, que son en su mayoría palacios históricos.

4. De Jordania a Patrimonio Nacional[editar]

La secuencia de propiedad de La Mareta es el aspecto más citado de su historia y conviene precisarla, porque suele contarse de forma confusa:

  1. El rey Huseín I de Jordania mandó construir la casa a finales de los años setenta como residencia propia.
  2. A finales de 1980 se la regaló a Juan Carlos I, rey de España.
  3. Juan Carlos I la cedió a Patrimonio Nacional.

La consecuencia jurídica de ese tercer paso es la relevante: La Mareta no es propiedad privada de la familia real sino un bien del Estado, gestionado por el organismo que administra los Reales Sitios —el Palacio Real de Madrid, El Escorial, Aranjuez, La Granja y el resto del conjunto—, y su mantenimiento corre a cargo de fondos públicos.

Esa condición explica también que su uso no esté reservado a la Corona: los presidentes del Gobierno han hecho uso de la residencia en distintos momentos, en la práctica como lugar de vacaciones oficiales o de reuniones fuera de Madrid.

5. Uso diplomático y visitas[editar]

Más allá del descanso, La Mareta ha funcionado durante décadas como un escenario de diplomacia informal: un lugar apartado, discreto y con seguridad garantizada, adecuado para encuentros que no requieren el aparato de una visita de Estado.

La lista de huéspedes documentados incluye a Helmut Kohl, canciller de Alemania, en 1991; a Mijaíl Gorbachov, último presidente de la Unión Soviética, junto a su esposa Raísa, en agosto de 1992, pocos meses después de la disolución de la URSS; al dramaturgo y presidente checo Václav Havel; al canciller alemán Gerhard Schröder; y al presidente de Kazajistán Nursultán Nazarbáyev.

Entre los jefes del Ejecutivo español que han hecho uso de ella figuran José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero, en 2005, y Pedro Sánchez.

6. La Mareta en el debate público español[editar]

La residencia aparece de forma recurrente en la conversación pública española, y siempre por el mismo motivo: el uso de bienes públicos por parte de la Corona y del Gobierno.

Los términos del debate son conocidos. Por un lado, se trata de un inmueble del Estado con un coste de mantenimiento sufragado con fondos públicos, cuyo uso queda reservado a un número muy reducido de personas y sobre el que la información disponible es limitada. Por otro, La Mareta cumple funciones de representación y de seguridad que cualquier Estado atiende de un modo u otro, y su origen —un regalo cedido de inmediato al patrimonio público en lugar de retenido en privado— es precisamente el argumento que se esgrime en sentido contrario.

Es un debate que se reactiva cada verano con las vacaciones oficiales y que forma parte del escrutinio más amplio sobre la transparencia de la Casa Real, intensificado en España a lo largo de la última década.

7. La Mareta y Canarias[editar]

Para Lanzarote, la residencia tiene un significado propio que va más allá de la política nacional.

Es una obra de César Manrique. Aunque su autoría principal corresponda a Higueras, la implicación de Manrique inscribe La Mareta en el catálogo de intervenciones que hicieron de Lanzarote un caso de estudio internacional: los Jameos del Agua, el Mirador del Río, el Jardín de Cactus y la propia normativa insular que prohibió la construcción en altura y los carteles publicitarios. Ese conjunto es la razón por la que la isla fue declarada Reserva de la Biosfera y por la que su modelo turístico se cita como alternativa al desarrollo masivo del litoral mediterráneo español.

Es una pieza de la relación entre Canarias y el Estado. La presencia de una residencia oficial en una isla atlántica situada a más de mil kilómetros de la península tiene una lectura simbólica en un archipiélago cuya relación con el centro peninsular ha estado históricamente marcada por la distancia. Que el jefe del Estado y el presidente del Gobierno pasen allí temporadas es, en ese sentido, un hecho político menor pero no irrelevante.