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Revolución mexicana

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Revolución mexicana
Fecha20 de noviembre de 1910 – 1 de diciembre de 1920 (fecha de cierre convencional)
LugarMéxico, con episodios en la frontera con Estados Unidos
CausasPermanencia en el poder de Porfirio Díaz desde 1876, concentración de la tierra, desigualdad social, cierre del sistema político y fraude electoral en 1910
ResultadoCaída del Porfiriato; destrucción del Ejército Federal; promulgación de la Constitución del 5 de febrero de 1917; formación del régimen posrevolucionario y, en 1929, del partido de Estado
Bandos sucesivosGobierno porfirista → gobierno de Francisco I. Madero → gobierno de Victoriano Huerta
frente a
maderistas, constitucionalistas (Carranza, Obregón), convencionistas (Villa, Zapata) y numerosas fuerzas regionales
LíderesPorfirio Díaz, Francisco I. Madero, Victoriano Huerta, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Francisco «Pancho» Villa, Emiliano Zapata, Pascual Orozco, Plutarco Elías Calles
Coste humanoEstimaciones de entre uno y dos millones de muertes en exceso, incluidas las causadas por hambre y por la pandemia de gripe de 1918; la cifra es objeto de discusión demográfica

1. Resumen[editar]

La Revolución mexicana fue una sucesión de conflictos armados iniciada el 20 de noviembre de 1910, fecha fijada por el Plan de San Luis Potosí de Francisco I. Madero para el levantamiento contra Porfirio Díaz. Lo que empezó como una protesta política de clases medias contra la reelección indefinida del presidente derivó en pocos años en una guerra civil de alcance nacional entre facciones —maderistas, huertistas, constitucionalistas, convencionistas, villistas y zapatistas— con proyectos de país frecuentemente incompatibles.

El proceso destruyó el Ejército Federal porfirista, lo sustituyó por un ejército nacido de la lucha armada y culminó en la Constitución promulgada el 5 de febrero de 1917, que sigue siendo la norma fundamental de México y que incorporó derechos agrarios y laborales, la educación laica y fuertes restricciones al poder de la Iglesia católica y a la propiedad extranjera. Es el acontecimiento fundacional del Estado mexicano contemporáneo, y el historiador británico Alan Knight, autor de la obra de referencia sobre el período, lo ha caracterizado precisamente como el episodio que define la historia moderna del país.

El coste humano fue enorme, aunque su medición exacta sigue discutiéndose. Y de la contienda salieron los símbolos que aún organizan la memoria popular mexicana: Zapata, Villa, la Adelita y el corrido revolucionario.

2. Antecedentes: el Porfiriato[editar]

Entre 1876 y 1911, con la única interrupción del mandato de su asociado Manuel González entre 1880 y 1884, Porfirio Díaz ejerció un poder prácticamente ininterrumpido sobre México, período conocido como el Porfiriato. Díaz, que se había distinguido militarmente en la guerra contra la intervención francesa —participó en la batalla de Puebla del 5 de mayo de 1862—, llegó al poder mediante el pronunciamiento del Plan de Tuxtepec en 1876, enarbolando, paradójicamente, la bandera de la no reelección.

Bajo su gobierno, México vivió una modernización económica notable: entrada masiva de capital extranjero, expansión de la red ferroviaria, crecimiento minero, industrial y urbano. Esa modernización, sin embargo, descansó sobre una desigualdad profunda. Las leyes de deslinde de terrenos baldíos y la desamortización de las tierras comunales transfirieron enormes superficies a un puñado de familias, hacendados y compañías deslindadoras, y convirtieron a buena parte del campesinado indígena en peones de hacienda endeudados. El régimen mantenía elecciones formales controladas por los caciques locales, y reprimía la disidencia mediante el ejército y el cuerpo de los Rurales.

La crisis económica internacional de 1907 y el descontento de unas clases medias que reclamaban apertura política —más que transformación social— erosionaron el consenso. En 1908, en una entrevista con el periodista estadounidense James Creelman, Díaz declaró que México estaba maduro para la democracia y sugirió que no buscaría la reelección en 1910. Aunque después se desdijo, la entrevista abrió la puerta a la organización de la oposición.

3. Estallido de la revolución (1910-1911)[editar]

3.1 El Plan de San Luis Potosí[editar]

Francisco I. Madero, hijo de una acaudalada familia de Coahuila y cabeza del Partido Antirreeleccionista, se presentó como candidato frente a Díaz. Fue detenido en San Luis Potosí antes de los comicios y Díaz se declaró vencedor en unas elecciones consideradas fraudulentas. Liberado bajo fianza, Madero huyó a San Antonio (Texas), desde donde difundió el Plan de San Luis Potosí, fechado el 5 de octubre de 1910, que declaraba nulas las elecciones, desconocía al gobierno y llamaba a un levantamiento nacional para el 20 de noviembre de 1910 —fecha que se considera el inicio oficial de la Revolución.

La respuesta inicial fue escasa, pero durante el invierno de 1910-1911 proliferaron las partidas armadas: primero en Chihuahua, con Pascual Orozco y Francisco «Pancho» Villa, y después en el centro y el sur. En marzo de 1911, Emiliano Zapata encabezó en Morelos un levantamiento campesino centrado en la restitución de tierras y aguas usurpadas por las haciendas azucareras.

3.2 Caída de Porfirio Díaz[editar]

El aparato militar porfirista, envejecido y disperso, no logró contener la insurgencia. La toma de Ciudad Juárez por las fuerzas de Orozco y Villa, el 10 de mayo de 1911, fue el golpe decisivo. El 21 de mayo de 1911 se firmaron los Tratados de Ciudad Juárez, que pactaban la renuncia de Díaz a cambio del licenciamiento de las tropas revolucionarias y del mantenimiento del Ejército Federal y de la estructura administrativa del régimen —una concesión que la mayoría de los historiadores considera el error de origen del maderismo—.

Díaz renunció el 25 de mayo de 1911 y partió al exilio a bordo del vapor Ypiranga. Murió en París el 2 de julio de 1915 y sus restos siguen enterrados en el cementerio de Montparnasse.

En octubre de 1911 se celebraron elecciones presidenciales, consideradas las más limpias hasta entonces, en las que Madero resultó elegido con holgura. Asumió la presidencia el 6 de noviembre de 1911.

4. Gobierno de Francisco I. Madero (1911-1913)[editar]

El gobierno de Madero fue débil desde el primer día. Convencido de que la solución era estrictamente institucional, permitió una apertura política y de prensa sin precedentes —que la prensa conservadora empleó para hostigarlo sin descanso— y decepcionó a sus antiguos aliados al no acometer la reforma agraria.

Emiliano Zapata, que esperaba la restitución inmediata de las tierras de las comunidades de Morelos, rompió con él y proclamó el Plan de Ayala, fechado el 25 de noviembre de 1911 y redactado con el maestro rural Otilio Montaño. Es el documento más radical de la Revolución: exigía la devolución inmediata de las tierras usurpadas, la expropiación de un tercio de las haciendas con indemnización y la nacionalización de las de quienes se opusieran, bajo el lema "Tierra y Libertad".

Pascual Orozco, que se sentía postergado y consideraba insuficiente el ritmo de las reformas, se sublevó en el norte en 1912. A esas rebeliones se sumaron las conspiraciones de los antiguos porfiristas y la hostilidad activa del embajador estadounidense Henry Lane Wilson.

En febrero de 1913, durante los diez días de combates en la capital conocidos como la Decena Trágica (9 al 19 de febrero), el general Victoriano Huerta, a quien Madero había confiado la defensa del gobierno, pactó con los sublevados en la embajada estadounidense. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron obligados a renunciar el 19 de febrero y asesinados el 22 de febrero de 1913 mientras eran trasladados a la penitenciaría, en un episodio presentado oficialmente como un intento de fuga. Huerta asumió la presidencia.

5. La usurpación de Huerta y la guerra constitucionalista (1913-1914)[editar]

El golpe fue rechazado por buena parte de los gobernadores. El de Coahuila, Venustiano Carranza, se negó a reconocer a Huerta y proclamó el 26 de marzo de 1913 el Plan de Guadalupe, que llamaba a las armas para restablecer el orden constitucional. Aquí conviene una precisión que a menudo se pierde: la constitución que los constitucionalistas decían defender era la liberal de 1857, no la de 1917, que aún no existía y que sería obra posterior del propio movimiento.

En torno a Carranza se organizó el Ejército Constitucionalista, con Álvaro Obregón al frente del Cuerpo de Ejército del Noroeste. En Chihuahua se formó la División del Norte, mandada por Pancho Villa, la fuerza militar más poderosa del conflicto, mientras en el sur el zapatismo mantenía su propia guerra.

La presión militar, el aislamiento internacional del régimen —el presidente estadounidense Woodrow Wilson se negó a reconocerlo— y la ocupación estadounidense del puerto de Veracruz a partir del 21 de abril de 1914, que cortó a Huerta su principal fuente de armas e ingresos aduaneros, precipitaron el desenlace. Huerta renunció el 15 de julio de 1914 y salió del país; murió en El Paso (Texas) el 13 de enero de 1916, tras haber sido detenido por las autoridades estadounidenses mientras conspiraba con Pascual Orozco, que había muerto abatido en Texas el 30 de agosto de 1915.

6. La guerra de facciones (1914-1916)[editar]

La caída de Huerta no trajo la paz sino una segunda guerra, esta vez entre los vencedores. La Convención de Aguascalientes, reunida en el Teatro Morelos del 10 de octubre al 9 de noviembre de 1914, buscó conciliar a las facciones y sí llegó a designar un gobierno: eligió presidente al general Eulalio Gutiérrez. Carranza se negó a acatar el acuerdo y trasladó su gobierno a Veracruz. De esa ruptura salió la división entre convencionistas —Villa y Zapata— y constitucionalistas —Carranza y Obregón—.

El 4 de diciembre de 1914, Villa y Zapata se entrevistaron en Xochimilco y dos días después sus fuerzas entraron juntas en la Ciudad de México, en la imagen más célebre de toda la Revolución. La alianza, sin embargo, nunca llegó a articular un programa común ni una estrategia militar coordinada: ambos regresaron a sus bases regionales y dejaron la iniciativa a Obregón.

El punto de inflexión llegó en Celaya (Guanajuato) en abril de 1915. En dos batallas sucesivas —del 6 al 7 y del 13 al 15 de abril—, Obregón aplicó las tácticas defensivas de la Primera Guerra Mundial (trincheras, alambradas y ametralladoras en posiciones fijas) contra las cargas de caballería que habían dado su fama a la División del Norte, y la destrozó. Las derrotas de León y Trinidad, en junio, y de Aguascalientes, en julio, completaron el desastre villista.

Reducido a la guerra irregular en Chihuahua, Villa atacó la localidad estadounidense de Columbus (Nuevo México) el 9 de marzo de 1916. En respuesta, Estados Unidos envió la Expedición Punitiva al mando del general John J. Pershing: entre diez y catorce mil soldados según la fuente, que operaron en el norte de México desde el 16 de marzo de 1916 hasta la retirada, completada en los primeros días de febrero de 1917, sin lograr capturarlo, con el efecto paradójico de reforzar su prestigio dentro del país.

7. La Constitución de 1917[editar]

Con villistas y zapatistas militarmente derrotados, Carranza consolidó el control del país y convocó un Congreso Constituyente en Querétaro, instalado el 1 de diciembre de 1916. El propósito declarado era reformar la Constitución de 1857, pero el ala radical de los diputados —encabezada por Francisco J. Múgica— impuso un texto sustancialmente nuevo, más avanzado que el proyecto que había presentado el propio Carranza.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se promulgó el 5 de febrero de 1917 y sigue vigente. Sus artículos más característicos son:

  • Artículo 27: la propiedad originaria de las tierras y aguas corresponde a la nación; base jurídica del reparto agrario y, más tarde, de la expropiación petrolera de 1938.
  • Artículo 123: jornada máxima de ocho horas, salario mínimo, descanso semanal, derecho de asociación sindical y de huelga, indemnizaciones por accidente. Fue el primer texto constitucional del mundo en incorporar derechos sociales del trabajo.
  • Artículo 3: educación laica y gratuita como responsabilidad del Estado.
  • Artículo 130 y concordantes: fuertes restricciones al culto público, a la personalidad jurídica de las iglesias y a su capacidad de poseer bienes.

Carranza fue elegido presidente constitucional en marzo de 1917 y tomó posesión el 1 de mayo. El conflicto, sin embargo, continuó: el zapatismo siguió activo en Morelos hasta que, el 10 de abril de 1919, Emiliano Zapata fue asesinado en una emboscada tendida en la hacienda de Chinameca por el coronel Jesús Guajardo, que había fingido pasarse a su bando por orden del general carrancista Pablo González.

8. El fin del conflicto armado (1919-1920)[editar]

La sucesión presidencial de 1920 enfrentó a Carranza con Álvaro Obregón, su principal general, que había anunciado su candidatura. Carranza intentó imponer a un civil de su confianza, Ignacio Bonillas, y los sonorenses respondieron con el Plan de Agua Prieta, proclamado el 23 de abril de 1920 por Obregón, Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta. El apoyo a Carranza se desmoronó en semanas; huyendo hacia Veracruz, fue asesinado el 21 de mayo de 1920 en Tlaxcalantongo (Puebla).

Adolfo de la Huerta ocupó la presidencia interina de junio a noviembre de 1920 y logró, entre otras cosas, la rendición negociada de Pancho Villa, que se retiró a la hacienda de Canutillo. En las elecciones de septiembre venció Obregón, que tomó posesión el 1 de diciembre de 1920. Esa fecha es el cierre convencional del período armado de la Revolución en la mayoría de la historiografía, aunque la periodización no es unánime: hay autores que sitúan el final en 1917, con la Constitución, y otros —Alan Knight entre ellos— que consideran que el proceso revolucionario, entendido como transformación social y consolidación del nuevo Estado, no concluye hasta la década de 1940.

La violencia política siguió cobrándose a sus protagonistas. Pancho Villa fue asesinado el 20 de julio de 1923 en una emboscada en Parral (Chihuahua). Y Álvaro Obregón, ya presidente electo por segunda vez, fue asesinado el 17 de julio de 1928 en el restaurante La Bombilla de San Ángel, en la Ciudad de México, por José de León Toral, militante católico vinculado a la guerra cristera entonces en curso.

9. Principales figuras y facciones[editar]

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Porfirio Díaz 1830-1915 Presidente derrocado; encarnó el régimen contra el que se levantó la Revolución. Murió exiliado en París.
Francisco I. Madero 1873-1913 Autor del Plan de San Luis Potosí y primer presidente surgido de la Revolución. Asesinado tras el golpe de Huerta.
Emiliano Zapata 1879-1919 Caudillo agrarista de Morelos, autor del Plan de Ayala. Asesinado en Chinameca.
Francisco «Pancho» Villa 1878-1923 Jefe de la División del Norte, la mayor fuerza militar del conflicto. Asesinado en Parral.
Victoriano Huerta 1850-1916 Usurpador de la presidencia tras el asesinato de Madero. Murió en El Paso.
Venustiano Carranza 1859-1920 Primer Jefe del constitucionalismo y presidente durante la promulgación de la Constitución de 1917. Asesinado en Tlaxcalantongo.
Álvaro Obregón 1880-1928 General constitucionalista, vencedor de Villa en Celaya; presidente entre 1920 y 1924. Asesinado siendo presidente electo.
Pascual Orozco 1882-1915 Jefe militar de Chihuahua, aliado y después opositor de Madero. Muerto en Texas.
Plutarco Elías Calles 1877-1945 General sonorense, presidente entre 1924 y 1928 y hombre fuerte del período siguiente; fundador del partido de Estado en 1929.
Adolfo de la Huerta 1881-1955 Presidente interino entre junio y noviembre de 1920; pacificó a Villa.

10. Consecuencias y legado[editar]

  • Fin del régimen porfirista y sustitución del Ejército Federal por un ejército nacional surgido de las fuerzas revolucionarias, base del control civil-militar posterior.
  • Constitución de 1917, vigente hasta hoy, con derechos agrarios, laborales y educativos y restricciones a la Iglesia y a la inversión extranjera.
  • Reforma agraria, ejecutada a lo largo de las décadas siguientes mediante la figura del ejido, de forma muy desigual según regiones y presidencias; su fase más intensa fue la de Lázaro Cárdenas en los años treinta.
  • No reelección presidencial. El proceso no fue automático y conviene precisarlo: la reforma constitucional impulsada por Calles a comienzos de 1927 permitió la reelección no consecutiva, precisamente para que Obregón pudiera volver a presentarse; tras su asesinato en 1928, una nueva reforma aprobada el 29 de abril de 1933 estableció la prohibición absoluta de reelección para el presidente y los gobernadores, que sigue vigente.
  • Formación del partido de Estado: en 1929, Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario, que pasó a llamarse Partido de la Revolución Mexicana en 1938 y Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 1946. Gobernó México de forma ininterrumpida hasta el año 2000.
  • Coste humano y migración. El censo de 1910 registró unos 15,2 millones de habitantes y el de 1921, unos 14,3: una pérdida neta en un período en que la población debía haber crecido. Las estimaciones de mortalidad en exceso oscilan entre uno y dos millones de personas, según los supuestos demográficos empleados, y una parte sustancial de ellas corresponde a la pandemia de gripe de 1918, que golpeó a un país exhausto y cuyos efectos son difíciles de separar de los de la guerra. Ese es el motivo por el que las cifras que circulan varían tanto: el desacuerdo no es sobre el orden de magnitud, sino sobre qué muertes deben atribuirse al conflicto. A ello se suman los cientos de miles de personas que emigraron a Estados Unidos, base de comunidades mexicano-estadounidenses que persisten hasta hoy.

Alan Knight ha subrayado la doble naturaleza del proceso: fue a la vez una revolución política de corte liberal, comparable en algunos aspectos a la francesa o la estadounidense, que produjo una nueva constitución y un mandato de legitimidad electoral; y una revolución social, con demandas agrarias y obreras que la aproximan a procesos como el ruso o el chino. La tensión entre ambos proyectos —y entre las facciones que los encarnaban— explica buena parte de la violencia y de la duración del conflicto.

11. Memoria histórica y conmemoración[editar]

El Día de la Revolución es fiesta nacional en México. Originalmente se celebraba el 20 de noviembre; una reforma del artículo 74 de la Ley Federal del Trabajo, aprobada a finales de 2005 y en vigor desde 2006, trasladó el descanso obligatorio al tercer lunes de noviembre para generar un fin de semana largo. La conmemoración incluye desfiles deportivos y escolares, ferias y actos oficiales.

El 16 de junio de 2006, el Congreso de la Unión declaró 2010 «Año del Bicentenario del inicio del movimiento de Independencia Nacional y del Centenario del inicio de la Revolución Mexicana», y el 29 de octubre de 2007 se creó una comisión especial del Senado para coordinar los actos. Una crítica recurrente de los analistas del período fue que la doble efeméride se saldó con un claro desequilibrio a favor del Bicentenario de la Independencia frente al Centenario de la Revolución.

El estudio y la custodia documental del período corresponden al Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), dependiente de la Secretaría de Cultura. Fuera del país, algunas de las colecciones fotográficas y documentales más importantes se conservan en universidades estadounidenses, entre ellas la Biblioteca Beinecke de Yale y la Biblioteca DeGolyer de la Southern Methodist University.

La Revolución mexicana ocupa un lugar central no solo en la memoria nacional de México, sino en el imaginario cultural de buena parte de Hispanoamérica, gracias sobre todo a su proyección literaria, musical y cinematográfica.

  • Literatura: la «novela de la Revolución» es un género fundacional de la narrativa mexicana del siglo XX. Los de abajo, de Mariano Azuela, publicada por entregas en 1915, es su obra emblemática; a ella se suman El águila y la serpiente, de Martín Luis Guzmán, y, ya en clave de balance crítico, Pedro Páramo de Juan Rulfo y La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes. Todas ellas se leen y estudian en universidades de toda América Latina y España.
  • Música: el corrido revolucionarioLa Adelita, La cucaracha, La Valentina— pasó de crónica cantada de los hechos a repertorio popular estable, y su forma narrativa sigue viva en el corrido mexicano contemporáneo.
  • Artes plásticas: el muralismo de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros fijó la iconografía visual de la Revolución y se convirtió en el principal producto de exportación artística de México en el siglo XX. La fotografía de Agustín Víctor Casasola cumplió la misma función en el registro documental.
  • Cine: Villa y Zapata han sido personajes recurrentes del cine mexicano y extranjero desde la propia contienda —Villa firmó en 1914 un contrato con la Mutual Film Corporation para filmar sus campañas— hasta la actualidad.
  • Símbolos compartidos: el zapatismo es el elemento de mayor circulación internacional. Su lema y su iconografía han sido reivindicados por movimientos campesinos e indígenas de toda América Latina, y en 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), surgido en Chiapas, retomó explícitamente el nombre y el ideario de Zapata, proyectándolos de nuevo a escala global.