América Latina
| América Latina | |
|---|---|
| Tipo | Región cultural e histórica |
| Superficie | 20 111 457 km² |
| Población | 663 000 000 (est. 2024) |
| Densidad | 31–33[sin verificar] hab/km² |
| Gentilicio | latinoamericano, -na |
| Países | 20 países |
| Dependencias | 6 dependencias |
| Idiomas | español, portugués, francés, criollo haitiano, quechua, guaraní, aimara, náhuatl, mapudungún, entre otros |
| Zona horaria | UTC−2 a UTC−8 |
| Ciudades principales | Ciudad de México, São Paulo, Buenos Aires, Río de Janeiro, Lima, Bogotá, Santiago, Monterrey, Guadalajara, Belo Horizonte |
| PIB nominal | 6,7 billones de USD (2024)[sin verificar] |
| PIB PPA | 14,071 billones de USD (2024)[sin verificar] |
| PIB per cápita PPA | 21 684 USD (2024)[sin verificar] |
| Pobreza | 33,5 %[sin verificar] |
1. Resumen[editar]
América Latina o Latinoamérica es una región cultural e histórica de América en la que predominan las lenguas romances, derivadas del latín, sobre todo el español y el portugués. El término no designa un continente ni una división geológica o política rígida, sino un espacio definido por criterios lingüísticos, históricos y culturales. Por eso la región incluye territorios situados tanto en América del Norte como en América Central, el Caribe y América del Sur, y no debe confundirse con Hispanoamérica ni con Iberoamérica.[1]
La idea de una América «latina» por oposición a una América anglosajona fue formulada a mediados del siglo XIX por el político y economista francés Michel Chevalier. Poco después, el filósofo chileno Francisco Bilbao y el escritor colombiano José María Torres Caicedo usaron las expresiones «América latina» y «raza latinoamericana» en textos de carácter integracionista y antiimperialista. La denominación se afianzó durante la década de 1860, en parte por los intereses franceses bajo el Segundo Imperio, y terminó por generalizarse hacia 1870.[2]
Geográficamente, la región se extiende desde el archipiélago de Tierra del Fuego, en el sur de América del Sur, hasta el río Bravo o río Grande, en la frontera entre México y Estados Unidos. En la acepción amplia que incorpora las lenguas francesas —español, portugués y francés—, América Latina comprende 20 países y 6 dependencias. Su superficie se estima en 20 111 457 km² y su población, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), alcanzó 663 millones de habitantes en 2024.[3]
Las mayores aglomeraciones urbanas de la región son Ciudad de México, São Paulo, Buenos Aires, Río de Janeiro, Lima, Bogotá, Santiago, Monterrey, Guadalajara y Belo Horizonte, aunque el orden exacto varía según se contabilice el municipio, la zona metropolitana o la aglomeración urbana. América Latina figura entre las regiones económicas de mayor peso del mundo por su tamaño de mercado y por su dotación de recursos naturales, aunque también presenta profundas desigualdades internas.
2. Concepto y terminología[editar]
2.1. Origen del término[editar]
La idea de que el sur del continente americano era culturalmente «latino», frente a una América del Norte anglosajona, fue introducida por Michel Chevalier en las cartas que publicó en 1836, tras viajar por Estados Unidos, México y Cuba. En esos textos proponía que Francia, España, Portugal e Italia compartían una latinidad europea que podía extenderse a una parte del continente americano. Sin embargo, Chevalier no empleó propiamente la expresión «América Latina».[4]
No hay acuerdo pleno sobre quién combinó por primera vez las palabras «América» y «latina». Se suele atribuir al chileno Francisco Bilbao una conferencia pronunciada en París el 22 de junio de 1856, titulada «Iniciativa de la América. Idea de un Congreso Federal de las Repúblicas», en la que usó la fórmula «raza Latino-Americana» y propuso una confederación de repúblicas de la región. El colombiano José María Torres Caicedo usó una fórmula semejante en su poema «Las dos Américas», publicado en 1857 en la revista parisina El Correo de Ultramar. El propio Caicedo afirmó que desde 1851 empezó a dar al territorio hispanoamericano el calificativo de «latina».[5]
La historiografía ha debatido si el término nació como un instrumento antiimperialista o como una herramienta del imperialismo francés. Los historiadores Arturo Ardao y Miguel Rojas Mix sostuvieron que la expresión «Latinoamérica» tuvo desde sus primeros usos una carga anticolonialista y antiimperialista, dirigida tanto contra el expansionismo estadounidense del «Destino Manifiesto» como contra las ambiciones europeas. En cambio, es claro que el régimen de Napoleón III usó la «latinidad» como argumento para presentar a Francia como protectora de los países hispanoamericanos y con ello justificar la Segunda intervención francesa en México y el establecimiento del llamado Segundo Imperio Mexicano con Maximiliano de Habsburgo.
2.2. Acepciones principales[editar]
La expresión «América Latina» o «Latinoamérica» admite acepciones distintas. La más restrictiva, prácticamente sinónima de Iberoamérica, incluye los países de lengua española y portuguesa del continente americano, así como Puerto Rico, aunque se trate de un territorio no incorporado de Estados Unidos. Esta definición suele considerarse incompleta porque deja fuera territorios de herencia francesa que culturalmente también pueden considerarse latinos.
En la acepción generalmente aceptada y recogida por la Real Academia Española, América Latina es el conjunto de los países americanos que fueron colonizados por naciones latinas: España, Portugal o Francia. Con ello incluye Haití, los territorios franceses de ultramar en América y la isla Clipperton. El Diccionario panhispánico de dudas precisa que, para referirse exclusivamente a los países de lengua española, conviene usar el término Hispanoamérica; y si se incluye Brasil, es más propio hablar de Iberoamérica.[6]
Existe además una acepción menos aceptada que incorpora territorios de Norteamérica donde las lenguas romances tienen carácter oficial o presencia significativa, como California, Nuevo México, Texas, Florida o el Quebec francófono. Esta variante es minoritaria y en general se considera que Quebec y Acadia no forman parte de América Latina, pese al francés, porque su evolución histórica, institucional y cultural es distinta.
Por su parte, en la jerga geopolítica internacional es frecuente la fórmula compuesta «América Latina y el Caribe» para designar todo el hemisferio occidental al sur de Estados Unidos, incluidos los países de habla inglesa y neerlandesa del Caribe y las Guayanas. En esta definición operan criterios socioeconómicos y de historia colonial tanto o más que los lingüísticos.
2.3. Debates y términos vecinos[editar]
La denominación ha sido cuestionada desde sus orígenes. Una de las primeras críticas documentadas fue la de Juan Valera, quien consideraba que «latinoamericano» diluía la herencia histórica y lingüística española en beneficio de los intereses franceses. A comienzos del siglo XX, el filólogo español Ramón Menéndez Pidal retomó esa crítica desde el hispanismo: sostenía que las naciones americanas de lengua española no recibieron directamente la lengua del Lacio, sino lenguas peninsulares como el castellano o el portugués, que son neolatinas, no latinas en sentido estricto.[7]
Dentro del continente también surgieron objeciones. El pensador peruano Víctor Raúl Haya de la Torre consideraba que «América Latina» era el nombre de las élites vueltas hacia Europa y propuso la palabra «Indoamérica» para reivindicar la base demográfica indígena. El escritor mexicano Carlos Fuentes ensayó más tarde la variante «Indo-Afro-Ibero América». Pese a estas críticas, el filósofo mexicano Leopoldo Zea argumentó que la denominación podía reapropiarse como un proyecto histórico de emancipación, y no como una simple etiqueta impuesta por Europa.
En Estados Unidos, el apócope «latino» se popularizó para designar al conjunto de la población procedente de los países de habla hispana, muchas veces empleado como sinónimo de «hispano». Este uso estadounidense no coincide exactamente con el significado tradicional de latino, que alude primero a los habitantes del Lacio y, por extensión, a los pueblos cuyas lenguas derivan del latín, como portugueses, españoles, franceses, italianos y rumanos.
3. Geografía y medio ambiente[editar]
América Latina se extiende desde el río Bravo, en el norte de México, hasta el archipiélago de Tierra del Fuego, en el extremo sur de Chile y Argentina. Incluye la parte central del continente americano, las islas del Caribe y la mayor parte de América del Sur. Dentro de esta amplia franja conviven la cordillera de los Andes, el Amazonas, los llanos del Orinoco y del Plata, las selvas centroamericanas y el Caribe insular.
La región abarca poco más de 20 millones de kilómetros cuadrados. Su posición en ambos hemisferios y su variada altitud producen una gran diversidad climática: climas tropicales húmedos en la cuenca amazónica, desiertos costeros y de altura en el Pacífico sudamericano, climas templados en el Cono Sur y climas fríos en la Patagonia y los Andes. La mayoría del territorio pertenece al llamado reino neotropical, una de las divisiones biogeográficas del planeta, que contiene una parte considerable de los bosques tropicales y de la biodiversidad terrestre.[8]
América Latina posee recursos hídricos importantes, acceso a los océanos Pacífico y Atlántico, y una franja costera muy extensa. Las zonas montañosas han condicionado históricamente la localización de la población: Bogotá, Quito, La Paz, Ciudad de México y Santiago son ejemplos de ciudades situadas a gran altitud o en valles interiores. La cuenca del Amazonas, compartida principalmente por Brasil, Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia, Venezuela y las Guayanas, es uno de los principales reservorios de agua dulce y biodiversidad del mundo.
El medio ambiente de la región ha sido transformado por la expansión agrícola y ganadera, la minería, la urbanización y la construcción de represas. En las últimas décadas se expandió la preocupación por la deforestación amazónica, la gestión del agua y la protección de áreas naturales. Brasil, México y Perú figuran entre los países de la región con mayor número de sitios naturales reconocidos por la UNESCO, aunque el conteo exacto depende del año y del tipo de inscripción.
4. Historia[editar]
4.1. Período precolombino[editar]
La noción de América Latina presupone una definición a partir de categorías europeas, por lo que, en sentido estricto, no existe una historia latinoamericana anterior a la llegada de europeos en 1492. Lo que sí existió fue una América indígena, plurilingüe y culturalmente diversa, cuyas sociedades habían construido sistemas agrícolas, urbanos, políticos y religiosos complejos.
Entre las civilizaciones más conocidas estuvieron la olmeca, maya, teotihuacana, zapoteca, tolteca y mexica en Mesoamérica, y la muisca, moche, nazca, chimú, tiahuanaco e inca en el área andina. Son notables sus calendarios, sistemas de escritura y notación, arquitectura monumental, metalurgia, textilería, sistemas de riego y gestión ambiental. Sitios como Teotihuacán, Monte Albán, Tikal, Chichén Itzá, Caral, Chavín de Huántar, Cuzco y Machu Picchu muestran la escala de esas sociedades.
Algunos pueblos precolombinos practicaron sacrificios humanos, tortura ritual y, en ciertos contextos, antropofagia. La evidencia arqueológica y documental indica que no se trató de una práctica homogénea: varió según la cultura, la región y el periodo. Con la conquista europea, estos ritos fueron prohibidos, aunque continuaron de manera clandestina en zonas remotas durante un tiempo.[9]
4.2. Período colonial[editar]
La colonización europea comenzó con el primer desembarco de Cristóbal Colón, al servicio de la Corona de Castilla, el 12 de octubre de 1492. España fue la primera potencia que estableció dominios estables. Entre 1519 y 1521, Hernán Cortés sometió al imperio mexica y fundó la Ciudad de México sobre Tenochtitlán. En 1532, Francisco Pizarro capturó al inca Atahualpa en Cajamarca y abrió el dominio español sobre la región andina.
Para administrar los territorios, la Corona española creó el Virreinato de Nueva España en 1535 y el Virreinato del Perú en 1545; más adelante se establecieron el Virreinato de Nueva Granada y el Virreinato del Río de la Plata. Portugal, por su parte, inició la colonización de Brasil en 1500 con la llegada de Pedro Álvares Cabral. Francia fundó Quebec y estableció colonias en el Caribe, como el Saint-Domingue, origen de Haití. Inglaterra arrebató Jamaica a España en 1655 y se hizo con varias islas del Caribe, mientras que los Países Bajos se hicieron con Surinam y con enclaves en las Antillas Neerlandesas, como Aruba, Curazao y Bonaire.[10]
La economía colonial de la América española y portuguesa se basó en la extracción de metales, la agricultura y el comercio atlántico. La caída demográfica de la población indígena, provocada por enfermedades, trabajo forzado y violencia, condujo al uso creciente de mano de obra esclavizada de origen africano. La Iglesia católica desempeñó un papel central en la administración y en la vida cotidiana de los territorios coloniales.
4.3. Independencias y formación de los estados[editar]
La independencia de Haití, proclamada en 1805, inauguró el ciclo de independencias latinoamericanas. En la América española, la crisis política generada por la ocupación francesa de España en 1808 desató la formación de juntas de gobierno y, más tarde, guerras abiertas entre independentistas y realistas. Los movimientos independentistas variaron según la región: la élite caraqueña inició su proceso en 1810, mientras que Lima se dividió y en buena medida se opuso a la independencia temprana del Perú.
Las guerras de independencia hispanoamericanas se extendieron aproximadamente entre 1809 y 1826. La batalla de Ayacucho, librada el 9 de diciembre de 1824 en el Perú, es considerada el último gran enfrentamiento de las campañas terrestres y el fin definitivo del dominio virreinal español en América del Sur. En Brasil, la independencia se proclamó en 1822 y tomó la forma de una monarquía encabezada por Pedro I.[11]
Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia establecieron relaciones comerciales con los nuevos estados y reconocieron su soberanía a lo largo de la década de 1820. España abandonó progresivamente los planes de reconquista y las Cortes españolas renunciaron en 1836 a los dominios americanos. Tras la independencia, los nuevos países enfrentaron conflictos internos, caudillismo, fragmentación territorial y una difícil inserción en la economía mundial.
4.4. Siglo XX[editar]
Durante el siglo XX, América Latina fue escenario de una modernización acelerada pero desigual. La urbanización, la industrialización por sustitución de importaciones y el crecimiento de las clases medias transformaron a los principales países de la región. Al mismo tiempo, la inestabilidad política, los golpes de Estado, los populismos y las dictaduras militares marcaron la vida pública de numerosos países.
La Guerra Fría intensificó la intervención de Estados Unidos en la región y dio un alcance hemisférico a los conflictos internos. La Revolución cubana de 1959 alineó a Cuba con la Unión Soviética y convirtió a la isla en un punto de tensión global. En las décadas de 1960 y 1970, varios países del Cono Sur y de la región andina vivieron regímenes autoritarios que aplicaron políticas de represión y transformaron sus economías según orientaciones de mercado.
La crisis de la deuda externa de los años ochenta cerró un ciclo de crecimiento y produjo una década de ajuste, inflación y retroceso social en varios países. Desde finales de los ochenta y durante los noventa, la mayoría de los países de la región adoptaron regímenes electorales, aunque persistieron la pobreza, la desigualdad y sistemas políticos frágiles.
4.5. Siglo XXI[editar]
En los primeros años del siglo XXI, una serie de gobiernos de izquierda llegó al poder en varios países, un fenómeno llamado «marea rosa» o «giro a la izquierda». Hugo Chávez en Venezuela, Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet en Chile, Tabaré Vázquez y José Mujica en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua formaron parte de ese ciclo. Muchos de esos gobiernos impulsaron discursos latinoamericanistas y, en algunos casos, políticas de integración regional como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA.
La primera década del siglo coincidió con un auge de los precios de las materias primas, lo que favoreció el crecimiento y la reducción de la pobreza en varios países. La Gran Recesión de 2008 puso fin gradualmente a ese ciclo. La desaceleración afectó a los gobiernos de la llamada marea rosa y abrió paso a una «oleada conservadora». En México, el Partido Acción Nacional ya había llegado al poder en 2000 con Vicente Fox. Más tarde, Mauricio Macri en Argentina, Michel Temer en Brasil y Sebastián Piñera en Chile representaron gobiernos de orientación conservadora.
La crisis venezolana se convirtió en una de las mayores crisis políticas, económicas y migratorias de la región. Además, el escándalo de corrupción del conglomerado brasileño Odebrecht implicó a políticos y empresarios de varios países y es considerado uno de los mayores casos de corrupción de la historia latinoamericana. La pandemia de covid-19 generó una fuerte contracción económica y puso a prueba las democracias y los sistemas sanitarios de la región.
5. Países, dependencias y subregiones[editar]
5.1. Países y dependencias[editar]
En la acepción amplia que considera las lenguas romances, América Latina comprende 20 países y 6 dependencias. La lista habitual es la siguiente.
[ Desplegar / Plegar lista de países y dependencias ]
Países:
- Argentina
- Bolivia
- Brasil
- Chile
- Colombia
- Costa Rica
- Cuba
- Ecuador
- El Salvador
- Guatemala
- Haití
- Honduras
- México
- Nicaragua
- Panamá
- Paraguay
- Perú
- República Dominicana
- Uruguay
- Venezuela
Dependencias:
- Guadalupe
- Guayana Francesa
- Martinica
- Puerto Rico
- San Bartolomé
- San Martín
Esta lista varía según la definición. La definición más restrictiva excluye a Haití y a los territorios franceses, y se acerca a Iberoamérica, porque se limita al espacio de colonización española y portuguesa. En esa interpretación, Puerto Rico aparece como un territorio hispanoamericano incluido pese a su vínculo político con Estados Unidos. Por el contrario, las definiciones sociológicas o geopolíticas más amplias añaden al Caribe anglófono y neerlandófono, a Belice y a las Guayanas.
Los países mencionados se agrupan en cuatro subregiones geográficas básicas: América del Norte, América Central, el Caribe y América del Sur. Dentro de América del Sur se distinguen a su vez zonas como el Cono Sur, los Andes, las Guayanas y la cuenca amazónica.
5.2. Subregiones y aglomeraciones[editar]
América del Norte latina comprende fundamentalmente a México. Aunque México forma parte de la placa y del subcontinente de América del Norte, su lengua, su historia colonial y su cultura lo integran a América Latina. Centroamérica, por su parte, se extiende por Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, si bien Belice no suele ser considerado latinoamericano por su herencia anglófona. El Caribe incluye países de habla hispana como Cuba y República Dominicana, y a Haití en la acepción amplia. América del Sur comprende Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.
Las principales aglomeraciones urbanas se concentran sobre todo en cuatro polos: México, Brasil, el norte de América del Sur y el Cono Sur. Ciudad de México, São Paulo y Buenos Aires encabezan la jerarquía urbana. Lima, Bogotá, Santiago, Río de Janeiro, Monterrey, Guadalajara y Belo Horizonte completan la lista de los principales centros metropolitanos.
[ Desplegar / Plegar principales aglomeraciones urbanas ]
- Ciudad de México
- São Paulo
- Buenos Aires
- Río de Janeiro
- Lima
- Bogotá
- Santiago
- Monterrey
- Guadalajara
- Belo Horizonte
El orden varía según se use el municipio, la zona metropolitana o la aglomeración urbana. Por ejemplo, Río de Janeiro suele superar a Buenos Aires en población municipal, mientras que Buenos Aires la supera en algunos recuentos nacidos de la mancha urbana. Pese a estos matices, la lista de las diez principales aglomeraciones no cambia en los primeros diez nombres.
6. Demografía e idiomas[editar]
La población de América Latina, en su delimitación más habitual, se situó en 663 millones de personas en 2024, según la CEPAL. La cifra depende de si se incluye solo a los países de lengua española y portuguesa o si se suman los territorios francófonos y el Caribe amplio. En 2023, los recuentos de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos para veinte países de lengua española y portuguesa arrojaban una población cercana a 641 millones, lo que muestra la sensibilidad del dato al criterio de inclusión.[12]
La región es predominantemente urbana. La urbanización comenzó a acelerarse a mediados del siglo XX y hoy la mayor parte de la población vive en ciudades. Las tasas de urbanización más altas corresponden a países como Argentina, Chile, Uruguay y México, mientras que los países centroamericanos y andinos conservan, en promedio, mayores proporciones de población rural.
El tejido étnico y cultural es resultado de la confluencia de pueblos indígenas, pobladores europeos, africanos y, en menor medida, migrantes asiáticos y del Medio Oriente. Según el informe Latinobarómetro 2018, la población latinoamericana se describía a sí misma en esos términos: 40 % mestiza, 29 % blanca, 19 % mulata, 6 % indígena, 5 % afrodescendiente y 1 % asiática. Estas categorías son aproximadas y varían según el país y la metodología censal.[13]
Los idiomas oficiales o predominantes son el español, el portugués y el francés, aunque en Haití el criollo haitiano es la lengua de la mayoría de la población. Las lenguas indígenas —quechua, guaraní, aimara, náhuatl, mapudungún, lenguas mayenses y muchas otras— siguen vitales en países como Bolivia, Guatemala, México, Perú, Paraguay y Ecuador. El guaraní es oficial en Paraguay, junto con el español, y el quechua y el aimara tienen reconocimiento en varios países andinos.
7. Economía[editar]
América Latina es una de las principales regiones económicas del mundo. Según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, en 2024 el producto interno bruto nominal conjunto fue de alrededor de 6,7 billones de USD, y el PIB medido en paridad de poder adquisitivo, de 14,071 billones de USD. El ingreso por habitante calculado en PPA se situó en 21 684 USD, un valor muy superior al promedio de los países de ingreso medio y bajo, pero inferior al de las economías avanzadas.
La riqueza producida por los países latinoamericanos no se distribuye de manera uniforme. Brasil y México, que concentran a más de la mitad de la población regional, explican una parte importante del producto total. Brasil es la mayor economía de América del Sur, mientras que México es la mayor economía hispanoamericana. Argentina, Chile, Colombia y Perú completan el grupo de economías de mayor tamaño de la región, cada una con estructuras productivas y niveles de ingreso distintos.
Históricamente, la economía latinoamericana se ha ligado a la exportación de materias primas: plata, azúcar, café, cobre, banano, petróleo, soja, litio y gas natural, entre otras. Durante el siglo XX, varios países desarrollaron industrias manufactureras y de servicios, pero la región como conjunto sigue dependiendo de los precios internacionales de los recursos naturales. El auge de los precios de las materias primas entre 2002 y 2008 benefició a muchos países, mientras que la caída posterior y la pandemia de covid-19 evidenciaron esa vulnerabilidad.
La pobreza y la desigualdad son problemas persistentes. El dato de pobreza regional se ubicó en 33,5 % según recopilaciones del infobox de Wikipedia en español, aunque el porcentaje debe leerse con cautela porque las mediciones de la CEPAL varían cada año y emplean líneas de pobreza distintas. La región incluye países de ingreso medio-alto, como Chile y Uruguay, y economías en crisis profunda como la venezolana.
China se ha convertido en uno de los principales socios comerciales de varios países de América Latina, lo que modificó parcialmente el histórico predominio de Estados Unidos y Europa. Las relaciones con Asia-Pacífico son particularmente relevantes en el caso de Brasil, Chile, Perú y México.
8. Cultura y presencia hispanohablante[editar]
La cultura latinoamericana se caracteriza por la coexistencia de tradiciones indígenas, europeas, africanas y asiáticas. El idioma común en diecinueve de los veinte países —todos excepto Brasil— es el español, mientras que el portugués brasileño es la lengua dominante en Brasil. En Haití y los territorios franceses, la herencia francesa y criolla es el rasgo lingüístico central.
La región comparte un mercado cultural en español y portugués que abarca literatura, música, cine, televisión y medios digitales. Géneros como el tango, la samba, el bolero, la cumbia, el son cubano, el vallenato y el reguetón han circulado ampliamente por todo el continente y por el mundo hispanohablante. La telenovela y la serie latinoamericana, con centros de producción en México, Brasil, Colombia y Argentina, han sido históricamente vehículos de exportación cultural.
Los títulos y fechas de estreno de las producciones internacionales suelen adaptarse al español de América. El doblaje en español neutro o en variantes nacionales es una práctica consolidada en México, Venezuela, Argentina y Chile. Sin embargo, los nombres concretos de actores de doblaje, estudios y fechas de estreno requieren verificación caso por caso, ya que la información disponible cambia según el país y el mercado.
La literatura latinoamericana tuvo una proyección internacional importante desde el siglo XIX y, sobre todo, durante el llamado boom latinoamericano de la década de 1960, en el que escritores como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes alcanzaron lectores en todo el mundo hispanohablante y fuera de él. La región ha producido además una notable literatura en portugués, en particular de Brasil.
9. Integración regional[editar]
La integración latinoamericana es tanto una tradición política como una realidad fragmentaria. Desde el siglo XIX, pensadores y dirigentes propusieron uniones o confederaciones de las repúblicas americanas, en gran parte para defenderse de intervenciones extranjeras y para coordinar posiciones económicas. La primera Conferencia Panamericana se celebró en Washington D. C. en 1889, y al año siguiente la expresión «América Latina» apareció por primera vez en un documento oficial estadounidense.
En la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI se crearon numerosos organismos regionales. El Mercado Común del Sur, Mercosur, agrupa a varios países sudamericanos, en particular a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. La Comunidad Andina y la Alianza del Pacífico articulan otras porciones del espacio sudamericano y latinoamericano. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, es una instancia de coordinación amplia que reúne a los países de América Latina y el Caribe sin la participación de Estados Unidos ni de Canadá.
La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA, se formó como una alternativa política y económica impulsada por Venezuela y Cuba en los años 2000. La Asociación Latinoamericana de Integración, ALADI, es una de las instancias de integración comercial más longevas de la región. También existen organismos financieros y de desarrollo, como el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, así como la CEPAL, que es una comisión económica de las Naciones Unidas.
[ Desplegar / Plegar organismos regionales citados con frecuencia ]
ALADI, Alianza del Pacífico, ALBA, APEC, BID, CAF, CAN, CELAC, CEPAL, CARICOM, FAO, FLAR, G3, Mercosur, OECO, Parlatino, SELA, SICA, T-MEC, UNASUR.
La proliferación de instituciones no siempre se ha traducido en una integración efectiva. El regionalismo latinoamericano ha oscilado entre proyectos ambiciosos de unión y acuerdos comerciales superpuestos de alcance limitado. Los proyectos de integración suramericana también han cambiado con los ciclos políticos: la UNASUR, impulsada en los años 2000, perdió relevancia en la década siguiente cuando varios gobiernos suspendieron su participación.
La relación de América Latina con la Península Ibérica es estrecha por razones históricas, migratorias y lingüísticas. España y Portugal forman parte de las cumbres iberoamericanas y de la comunidad cultural iberoamericana, pero no son países latinoamericanos. En ese sentido, Iberoamérica es un círculo más amplio que Hispanoamérica y, según las definiciones, puede no coincidir con América Latina.
10. Significado actual y debates abiertos[editar]
Hoy América Latina es a la vez un concepto útil y un concepto discutido. Los organismos internacionales, los medios y la academia lo emplean para referirse a un espacio con problemas comunes: desigualdad, violencia, informalidad, crisis institucionales y vulnerabilidad ante los cambios del comercio global. Pero la propia delimitación del concepto sigue en debate.
El principal desacuerdo se refiere a la pertinencia del criterio lingüístico. La palabra «latina» alude a una herencia romana que no describe por igual a una región donde las lenguas y culturas indígenas y africanas han sido centrales. Los críticos sostienen que el término reduce la historia del continente a la experiencia colonial europea; los defensores responden que su valor no reside en lo etimológico, sino en su capacidad para nombrar una comunidad histórica real y políticamente movilizable.
Otro debate se refiere a los límites geográficos. La incorporación de Haití, Puerto Rico y los territorios franceses sigue sin ser uniforme. La fórmula «América Latina y el Caribe» ha ganado terreno en los organismos multilaterales porque permite incluir a los países caribeños de habla no romance, pero a costa de volver aún más flexible la frontera del término.
En la cultura popular y en la vida política, la palabra «Latinoamérica» conserva un fuerte valor simbólico. Se usa para nombrar una unidad que no corresponde a un Estado, pero que aparece en la música, el cine, la diplomacia y los movimientos sociales. Esa elasticidad explica tanto su permanencia como las dudas que genera entre historiadores, lingüistas y geógrafos.
En definitiva, América Latina no es un país ni un continente, sino una región en cuya definición conviven la lengua, la historia, la cultura y la política. Su nombre nació en el siglo XIX, se consolidó como categoría internacional durante el XX y llegó al XXI cargado de significados múltiples. Más que un territorio delimitado por fronteras naturales, es una idea histórica sobre la que se siguen proyectando proyectos, identidades y conflictos.
Fundéu y la RAE distinguen tres conceptos: Hispanoamérica comprende los países de lengua española; Iberoamérica incluye además a Brasil y, en la práctica panhispánica, a Portugal y España; y América Latina designa a los países de lenguas romances. ↩︎
El término aparece en inglés y francés como Latin America y Amérique latine; en portugués, América Latina. La forma «Latinoamérica» es una variante aceptada, aunque el gentilicio habitual es «latinoamericano». ↩︎
La CEPAL sitúa en 663 millones la población de América Latina y el Caribe en 2024. Otras fuentes, con una definición más restrictiva, dan cifras cercanas a 641 millones para 2023. ↩︎
La idea de «latinidad» de Chevalier era básicamente cultural y no debe confundirse con una teoría racial biológicamente determinada. Su uso político quedó claro durante la Segunda intervención francesa en México. ↩︎
Torres Caicedo publicó «Las dos Américas» el 15 de febrero de 1857. La conferencia de Bilbao en París data del 22 de junio de 1856; algunos autores consideran que allí se usó por primera vez la expresión impresa. ↩︎
El Diccionario panhispánico de dudas advierte que el uso de «Latinoamérica» para referirse solo a Hispanoamérica es impreciso. Hispanoamérica es el término adecuado para los países de lengua española; Iberoamérica, para los de herencia ibérica. ↩︎
Menéndez Pidal defendía que los países hispanoamericanos recibieron el castellano y el portugués de la Península ibérica, no directamente del latín. Por eso consideraba que el adjetivo más propio era «neolatino» o «hispánico», no «latino». ↩︎
El reino neotropical incluye la mayor parte de la región y se distingue del reino neártico, que domina en América del Norte. Los bosques amazónicos son una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta. ↩︎
El sacrificio humano está documentado entre los mexicas, mayas, toltecas, mochicas, incas y otras culturas, aunque su extensión y significado fueron variables. Bernal Díaz del Castillo y otras fuentes coloniales describen además prácticas caníbales en ciertos rituales mesoamericanos. ↩︎
Las colonias danesas del Caribe, formadas por Saint Thomas, Saint John y Saint Croix, permanecieron bajo soberanía de Dinamarca hasta 1917, cuando fueron vendidas a Estados Unidos. ↩︎
La batalla de Tampico de 1829 es considerada un cierre tardío de los intentos de reconquista española en México. Después de la muerte de Fernando VII, España renunció gradualmente a sus antiguos dominios. ↩︎
La cifra de 641 565 971 habitantes corresponde a la suma de veinte países de lengua española y portuguesa, incluido Puerto Rico, según la tabla de la Wikipedia en inglés. No incluye Haití. ↩︎
Las categorías étnicas de Latinobarómetro se basan en autopercepción. Los censos nacionales emplean criterios distintos, por lo que no siempre son comparables entre países. ↩︎