Ir al contenido

Baal

✏️ Editar🕓 Historial🔗 Enlaces
Baal
Significado«amo», «señor», «dueño»; también «esposo»
FunciónDios de la tormenta, la lluvia, el relámpago, el viento, la fertilidad y la realeza
RegiónLevante, Fenicia, Ugarit, Canaán, Cartago, Egipto
SímbolosToro, carnero, rayo, maza
ConsorteAnat o Astarté (posiblemente); Tanit en Cartago
PadresDagán (tradición siria); El y Atirat (en algunos textos ugaríticos)
EquivalentesHadad (arameo y mesopotámico), Teshub (hurrita), Zeus (griego), Seth (egipcio)
Textos principalesCiclo de Baal (Ugarit), Antiguo Testamento, Corán

1. Resumen[editar]

Baal (en ugarítico 𐎁𐎓𐎍, fenicio 𐤁𐤏𐤋, hebreo בַּעַל, árabe بعل) es una voz de las lenguas semíticas noroccidentales que significaba originalmente «amo», «señor» o «dueño» y, por extensión, «esposo».[1] En las religiones del antiguo Cercano Oriente, el término funcionó primero como un título honorífico aplicado a distintas divinidades locales; con el tiempo, sobre todo en el Levante mediterráneo, se convirtió en el nombre propio de un dios de la tormenta, la lluvia, el rayo, el viento, la vegetación, la fertilidad y la realeza.[2]

La figura mejor documentada de Baal procede de la antigua ciudad portuaria de Ugarit, en la costa siria. Allí los textos cuneiformes alfabéticos, excavados en Ras Shamra, conservan un largo poema conocido como el Ciclo de Baal, en el que el dios combate contra Yam, la deidad del mar, recibe un palacio y muere y resucita al enfrentarse con Mot, dios de la muerte y del inframundo. Esos relatos lo presentan con epítetos como «Jinete de las nubes», «Baal el Victorioso» y «Aliyán Baal», y lo asocian de manera directa con el ciclo agrícola de lluvias y sequías del Levante.

El culto de Baal se extendió por Fenicia y, mediante la colonización fenicia, por el Mediterráneo. En Cartago, la deidad suprema fue Baal Hammón, asociado con la diosa Tanit y representado a menudo con cuernos de carnero.[3] En la Biblia hebrea, Baal aparece como un falso dios rival de Yahvé, y el relato de 1 Reyes 18 narra el desafío del profeta Elías contra los sacerdotes de Baal. La tradición bíblica posterior transformó además el nombre Baal Zebub en Belcebú, figura demoníaca del cristianismo.[4] El Corán menciona asimismo a Baal como una deidad cuestionada por el profeta Elías, y en árabe la raíz baʿl conserva significados como «esposo» y «tierra de secano regada por lluvia».[5]

2. Etimología y significado del nombre[editar]

La forma española «Baal» llegó a través del latín Baal, tomado a su vez del griego Βάαλ (Báal). El griego transmitía el nombre usado en la Septuaginta, la traducción al griego koiné de la Biblia hebrea, y el latín lo fijó en la Vulgata.[1:1] La palabra semítica original BʿL no representa vocales, por lo que las pronunciaciones antiguas deben reconstruirse.

En las lenguas semíticas noroccidentales —ugarítico, fenicio, hebreo, amorreo y arameo—, baʿal significaba «dueño» y, por ampliación, «amo», «señor», «maestro» y «esposo».[1:2] La forma femenina era baʿalah, «dueña» o «señora de la casa», y se empleaba también, de modo poco frecuente, para «esposa». El término posee cognados claros en otras lenguas semíticas: el acadio bēlu, el amárico bal y el árabe baʿl. En hebreo moderno baʿal sigue siendo la palabra común para «esposo».[6]

El valor genérico de «señor» explica que en el Oriente antiguo el término pudiera aplicarse a distintos dioses, de forma parecida al acadio bēlu o al sumerio EN. Solo el contexto, un epíteto geográfico o un genitivo permitían saber a qué divinidad se refería cada mención.[7] Durante la Reforma protestante, la connotación bíblica de Baal como dios falso se amplió para denunciar, en el lenguaje polémico de la época, imágenes de santos, ídolos y prácticas de la Iglesia católica en general.[1:3]

3. Baal, Hadad y las deidades semíticas[editar]

3.1 Baal y Hadad[editar]

La mayoría de los especialistas actuales sostiene que el Baal invocado como «El Señor» (Ha-Baʿal) en inscripciones del Levante se identifica con Hadad, el dios semita de la tormenta y la fertilidad.[8] El nombre aparece ya en el tercer milenio a. C. en una lista de dioses de Abu Salabikh, en Mesopotamia. También se documenta la forma Baʿal Haddu, en la cual Baal es tratado aún como epíteto de Hadad.

Una hipótesis difundida sostiene que, al crecer la importancia del culto de Hadad, su nombre verdadero llegó a considerarse demasiado sagrado para ser pronunciado y se lo sustituyó por el título «Señor» (Baal), de manera parecida a como los babilonios usaron Bel para Marduk y los israelitas usaron Adonai para Yahvé. Una minoría de investigadores propone, en cambio, que Baal fue una deidad cananea local cuyo perfil absorbió rasgos del dios mesopotámico Adad. Sea cual fuere la relación original, en el primer milenio a. C. los dos nombres estaban diferenciados: los arameos adoraban a Hadad y los fenicios y cananeos a Baal.[9]

3.2 Atributos y epítetos[editar]

Los textos ugaríticos presentan a Baal como dios meteorológico, con poder sobre el relámpago, el viento, la lluvia y la fertilidad vegetal.[10] Su ámbito de acción no incluía, en las fuentes conservadas, la fertilidad humana; las interpretaciones que lo hacían dios solar o dios de la fertilidad humana se consideran superadas o basadas en malentendidos. La estación seca del verano levantino se explicaba como el tiempo de Baal en el inframundo, y el regreso de las tormentas en otoño como su vuelta a la vida y al trono.

Los epítetos de Baal son numerosos. Entre los más conocidos figuran:

  • «Jinete de las nubes» o «montador de las nubes» (rkb ʿrpt).
  • «Baal el Victorioso» o «Aliyán Baal» (Aliyn Baal).
  • «El Poderoso» o «El más fuerte» (ʾAly).
  • «El más fuerte de los héroes» (Aliy Qrdm).
  • «El Potente» (Dmrn).
  • «Baal de Ugarit», como patrón de la ciudad.
  • «Baal Zafón» (Baʿal Ṣapunu), por su palacio en el monte Safón.

Las inscripciones fenicias y arameas añaden formas como «Baal de la Mazo», «Baal del Líbano», «Baal de Sidón», «Baal de los cielos» (Baal Shamem) y «Baal Addir».[11] La multiplicidad de títulos no implica que se adorara a dioses distintos; los textos de Ugarit muestran que se trataba de manifestaciones locales de una misma deidad, de modo análogo a las advocaciones locales de la Virgen María en el catolicismo, según la comparación citada por algunos biblistas.[12]

3.3 Símbolos y enemigos[editar]

Baal fue asociado con el toro, símbolo de fuerza y fertilidad, y en algunas tradiciones con el carnero. En Ugarit, tanto Baal como el dios El fueron vinculados con el toro. Las representaciones lo muestran como un joven guerrero, a veces con un casco con cuernos y sosteniendo una maza o un garrote en una mano y un relámpago que termina en punta de lanza en la otra.

En los relatos ugaríticos, Baal mantiene una enemistad especial con las serpientes, tanto por sí mismas como por ser representantes de Yam, el mar. Combate contra el Tannin, la «Serpiente retorcida», contra «Lotán, la serpiente fugitiva» —el Leviatán bíblico— y contra el «Poderoso de las Siete Cabezas».[13] Su victoria sobre el mar lo convirtió para fenicios y cananeos en patrón de los navegantes y de los comerciantes marítimos. Como vencedor de Mot, la muerte, recibió el título de Baal Rapi'uma y fue considerado jefe de los refaim, los espíritus ancestrales, especialmente los de las dinastías reales.[14]

4. El ciclo canónico de Baal[editar]

4.1 Los textos de Ras Shamra[editar]

Poco se sabía del culto de Baal hasta que las excavaciones arqueológicas en Ugarit, la moderna Ras Shamra, situada en la costa de Siria frente al extremo nordeste de Chipre, sacaron a la luz cientos de tablillas de arcilla. Las excavaciones sistemáticas comenzaron en 1929[sin verificar].[15] Muchos de esos documentos, llamados Textos de Ras Shamra, se interpretan como liturgias o palabras de los participantes en los rituales de las fiestas religiosas.

Las tablillas KTU 1.1–6 conservan lo que suele denominarse el ciclo canónico de Baal o épica de Baal, la tradición mitológica más completa conservada de esta deidad. Aunque los textos no siempre presentan una unidad temática o cronológica, permiten reconstruir con bastante detalle la ideología religiosa de Ugarit. El ciclo puede dividirse en tres partes: el combate contra Yam, la construcción del palacio de Baal y el combate contra Mot.[16] La edición española de referencia de estos textos es la de Gregorio del Olmo Lete, Mitos, leyendas y rituales de los semitas occidentales, publicada en 1998.

4.2 El combate contra Yam[editar]

El primer bloque comienza con un lamento, posiblemente por la situación precaria del dios Yam, el mar, llamado también Nahar, el río. Yam convence a El, dios supremo del panteón ugarítico, de que lo respalde como rey de los dioses y del universo. Para hacerse con ese título, Yam debe derrotar antes a Baal, su rival y también hijo de El.

El convoca a los dioses del monte Safón, equivalente ugarítico del Olimpo griego, a un banquete en el que debe decidirse a quién respaldarán en el duelo. El dios artesano Kothar se inclina por Baal, mientras que Anat, diosa de la guerra llamada también Astarté en las tablillas, adopta una posición más respetuosa de la voluntad de El. Pese a la postura de Kothar, El le ordena construir un palacio para Yam, pues sin palacio no podría reinar en Safón. La decisión enfurece a Baal y anuncia el preludio de la contienda.

Un tercer aspirante, el dios Athar, intenta entrar en la disputa, pero el dios sol Shapash lo disuade. Baal declara la guerra a Yam, lo que implica también una declaración de guerra contra El, y El ordena a Baal que se someta. Baal se niega y mata a unos mensajeros de Yam. Tras discursos que no se conservan bien, las tablillas describen el combate.

Baal desciende al mar, morada natural de Yam, e intenta matarlo sin éxito. Cuando la batalla parece perdida, Kothar le entrega dos armas mágicas que le dan la victoria. Finalmente, Baal se dirige ante El para pedirle que lo reconozca como líder legítimo de los dioses.[17]

4.3 La construcción del palacio de Baal[editar]

Tras la victoria contra Yam, Baal recibe el respeto de su hermana y esposa Anat. Él le comunica su deseo de proveerse de rayos y truenos, sus atributos principales, pero Anat comprende que, sin un palacio, Baal no podrá gobernar sobre los dioses. Anat se dispone a convencer a El de autorizar la construcción. Como sabe que El puede oponerse, declara que está dispuesta a usar la violencia para lograrlo.

No se conserva la respuesta de El en el texto, pero se sabe que Anat tuvo que obtener el consentimiento de Asera, esposa de El, de los demás hijos de El y de Yam, que reaparece vivo aunque ello pueda deberse a que este bloque no formaba, en su origen, una unidad redaccional con el anterior. Asera convence por fin a El de legitimar a Baal y de darle un palacio.

Con la autorización del panteón, Kothar construye la morada. El palacio posee una claraboya destinada a permitir que la voz de Baal —el trueno— y su arma —el rayo— salgan y asombren a dioses y humanos. Tras la construcción, Baal exige al dios del inframundo, Mot, que reconozca su autoridad.[18]

4.4 El combate contra Mot[editar]

Mot, dios de la muerte y del inframundo —la palabra hebrea mot significa «muerte»—, se niega a someterse a Baal en represalia por la derrota de Yam. De modo sorprendente, Baal se rinde ante él y acepta descender al inframundo para morir, con la condición de que siga habiendo fertilidad en la tierra de los humanos. La mitología ugarítica comprendía la muerte como el hecho de ser «tragado» por Mot; aun siendo dios, Baal queda sujeto a esa misma mortalidad.

Baal desciende y muere, lo que provoca el lamento de El y de Anat, aunque Anat sospecha que El y los demás dioses secretamente se alegran de la muerte de su esposo. Ante la ausencia del rey de los dioses, El elige a Athtar como sustituto, pero el dios se revela incapaz para ejercer la función real, dejando a Mot como único heredero posible. Un reino de Mot significaría la extinción de la vida en la tierra, y por eso Anat decide ir a rescatar a Baal del vientre de Mot.

Anat desciende, lucha contra Mot, lo mata y logra devolver la vida a Baal. Junto con Shapash, busca su cuerpo revivido. Baal no puede subir al trono de inmediato, sino que debe luchar contra Mot para ganarse el título; en la teología ugarítica, Mot muere y no muere, rasgo típico de esos relatos. Tras varios enfrentamientos, Mot, debilitado y aconsejado por Shapash, se rinde. El ciclo culmina con un himno de alabanza, posiblemente a Baal o a Shapash, al final de la tablilla KTU 1.6.[19]

5. Culto en Canaán, Egipto y Fenicia[editar]

5.1 Canaán y los baales locales[editar]

En la antigua región de Canaán las lluvias comienzan en octubre y continúan hasta abril; entre finales de abril y septiembre apenas llueve. Esa alternancia determinó el ciclo agrario y fue explicada mediante los conflictos entre los dioses. El final de las lluvias y el marchitamiento de la vegetación se atribuían al triunfo de Mot, dios de la muerte y de la aridez, sobre Baal, dios de la lluvia y la fertilidad, lo que obligaba a este último a retirarse a las profundidades de la tierra. El comienzo de la estación lluviosa indicaba, en cambio, que Baal había despertado, gracias al triunfo de Anat sobre Mot.

La unión de Baal con su esposa, probablemente Astarté, se consideraba una garantía de la fertilidad del año entrante. Los agricultores y ganaderos cananeos probablemente creían que su participación en ritos prescritos —una especie de magia imitativa— estimulaba a los dioses a actuar conforme al modelo celebrado en las fiestas, asegurando así cosechas, rebaños y protección contra sequías y plagas.[20]

Cada ciudad cananea debió de tener un santuario dedicado al Baal local, y en los llamados «lugares altos» se levantaban columnas de piedra, postes sagrados que representaban a la diosa Aserá y estantes de incienso. El nombre de cada Baal local se formaba con frecuencia mediante un epíteto geográfico: Baal-peor, adorado por moabitas y madianitas, tomó su nombre del monte Peor. Con el tiempo, esos nombres pasaron a integrarse, por metonimia, en la toponimia: Baal-hermón, Baal-hazor, Baal-zefón, Bamot-baal. Uno de los textos de Ras Shamra menciona además una ofrenda a la «Reina Shapash [el Sol] y a las estrellas».

5.2 Egipto y los hicsos[editar]

Baal ya era venerado en el tercer milenio a. C. por los semitas amorreos, que lo conocían con el nombre propio Hadad, con variantes como Adad, Haddu, Addu, Had y Ad. Ese culto fue introducido en Egipto aparentemente por los hicsos, pueblos de origen semita que hacia el siglo XVIII a. C. dominaban el delta del Nilo.

En Egipto, Baal fue identificado con Seth, dios guerrero, y asociado también con Montu. Seth era la divinidad egipcia de los extranjeros, lo que facilitó la equiparación con el dios llegado de fuera. Durante la dinastía XVIII, sin embargo, el culto de Baal en Egipto fue denigrado.[21]

5.3 Fenicia y el Mediterráneo[editar]

Desde Canaán, el culto de Baal se difundió a Egipto y, tras las oleadas de colonización fenicia del primer milenio a. C., a todo el Mediterráneo. En el mundo fenicio, el Baal de Tiro solía identificarse con Melqart, dios tutelar de la ciudad. Las inscripciones fenicias y arameas mencionan múltiples formas locales del dios, y su figura de vencedor del mar lo convirtió en protector de marineros y comerciantes.

La difusión fenicia llevó su culto a Chipre, Cerdeña, Sicilia, la península ibérica y el norte de África. En el Mediterráneo occidental, la forma más importante fue Baal Hammón, dios supremo de Cartago.

6. Baal Hammón y Cartago[editar]

Baal Hammón fue adorado en Cartago, la gran colonia fenicia de Tiro, como dios supremo de su panteón. Se cree que esa posición se consolidó en el siglo V a. C., después de que Cartago cortara sus lazos con Tiro tras la batalla de Hímera de 480 a. C.[22] Como Hadad en el Oriente, Baal Hammón fue un dios de la fertilidad.

A diferencia del toro, con el que se asocia al Baal levantino, Baal Hammón estuvo ligado al carnero y fue representado con sus cuernos. Se lo adoró especialmente como Baal Karnaim, el «Señor de los Dos Cuernos», en un santuario al aire libre de Jebel Bu Kornein, frente a la bahía de Cartago, entre el monte y el mar. Su consorte fue la diosa Tanit.

El registro arqueológico parece confirmar las acusaciones de las fuentes romanas según las cuales los cartagineses quemaban a niños como sacrificios humanos en los tofet, los recintos sacrificiales.[23] La interpretación de esos restos sigue siendo debatida: para algunos arqueólogos los tofet eran cementerios infantiles, mientras que para otros constituyen evidencia de sacrificio ritual. El epíteto Hammon es de origen oscuro; suele relacionarse con la raíz semítica ḥammān, «brasero», en relación con una posible función solar, o con el topónimo Hammon, entre Tiro y Acre, o con el monte Amanus, en la frontera entre Siria y Cilicia.

7. Baal en la narrativa bíblica[editar]

7.1 Baal como falso dios[editar]

En la Biblia hebrea, el término Baal aparece unas noventa veces en referencia a varias divinidades. Los sacerdotes del Baal cananeo son mencionados en numerosas ocasiones, sobre todo en el primer libro de los Reyes. Muchos estudiosos consideran que esos textos reflejan el ambiente de la época en que Jezabel intentó introducir en Samaria, capital del reino de Israel, el culto del Baal de Tiro durante el siglo IX a. C.[24]

Jezabel, de origen fenicio, promovió activamente el culto del Baal tirio, que la mayor parte de los investigadores identifica con Melqart, aunque algunos proponen que se trataba más bien de Baal Shamem, el «Señor de los Cielos». Ese programa hizo anatema, para los israelitas, el nombre mismo de Baal.

7.2 El desafío de Elías[editar]

El relato más conocido del conflicto entre Yahvé y Baal está en 1 Reyes 18. El profeta Elías desafía a los sacerdotes de Jezabel a un duelo sacrificial. Ambos bandos preparan un altar con leña y un buey sacrificado; el dios que responda con fuego será reconocido como el verdadero. Los profetas de Baal invocan a su dios desde la mañana hasta el mediodía, gritando y sajándose según su costumbre, pero no obtienen respuesta. Elías, en cambio, manda mojar abundantemente su altar y, tras invocar a Yahvé, el fuego cae del cielo y consume el holocausto, la leña, las piedras y el agua. La multitud, siguiendo las instrucciones de Elías, mata a los sacerdotes de Baal, y Yahvé envía de nuevo la lluvia tras una larga sequía.[25]

7.3 Baal, Yahvé y los nombres teóforos[editar]

El título baʿal fue en algunos contextos sinónimo del hebreo adon («señor») y de adonai («mi señor»), términos que después se aplicaron a Yahvé. Según algunos estudiosos, los hebreos primitivos pudieron utilizar Baal («Señor») y Baali («mi Señor») en referencia al Señor de Israel, del mismo modo que Baal designaba al Señor de Ugarit o del Líbano. Nombres como Jerubaal (Gedeón), Esbaal, Meribaal y Beeliada contienen ese elemento.[26]

No hay consenso total sobre si esos nombres aludían al dios cananeo Baal, equiparaban a Yahvé con Baal o simplemente usaban el sustantivo común «señor». En cualquier caso, con el endurecimiento de la lucha entre los dos cultos, los nombres con el componente baʿal fueron sustituidos en la transmisión bíblica por bosheth, «vergüenza»: Esbaal pasó a Ish-bóset y Meribaal a Mefibóset. El uso directo de Baali seguía vivo al menos en tiempos del profeta Oseas, que reprocha a los israelitas llamar así a su dios.[27]

La relación entre Baal y Yahvé es hoy un tema central de la historia de la religión de Israel. Mark S. Smith sostiene que Yahvé, como guerrero divino de la tormenta, se parece más a Baal que al pacífico El, y que algunos rasgos baálicos fueron asimilados al dios de Israel durante el proceso de formación del yahvismo. Otros autores, como Brian P. Irwin, proponen que ciertos círculos israelitas veneraron una forma de Yahvé bajo el nombre de Baal, forma luego rechazada como extranjera por los profetas. La condena de los «baales» habría sido, en este marco, una manera de separar al Yahvé oficial de esas tradiciones.[28]

7.4 Baal Berith[editar]

Baal Berith, el «Señor de la Alianza», fue un dios adorado por los israelitas cuando, según el libro de los Jueces, «se desviaron» tras la muerte de Gedeón. El mismo relato cuenta que Abimelec, hijo de Gedeón, recibió de sus parientes de Siquem setenta siclos de plata procedentes del «templo de Baal Berith» para matar a sus setenta hermanos. Un pasaje anterior presenta a Siquem como escenario de la alianza entre todas las tribus de Israel y «El Yahvé, nuestro dios de Israel», y uno posterior la describe como lugar del «templo de El Berith».[29]

Por ello no queda claro si el culto condenado de los baales en Jueces era la adoración de un ídolo nuevo o cierta manera de situar a Yahvé como un dios local dentro de un panteón mayor. La Biblia hebrea presenta la adoración de Baal como una amenaza para Israel desde el período de los jueces hasta la monarquía, aunque durante la época de los jueces tal culto parece haber sido una desviación ocasional dentro de una fe predominante en Yahvé.

7.5 Baal Zebub y Belcebú[editar]

Baal Zebub, «Señor de las Moscas», aparece en el primer capítulo del segundo libro de los Reyes como el dios filisteo de Ecrón. Ocozías, rey de Israel, envía consultar a los sacerdotes de Baal Zebub sobre si sobrevivirá a las heridas de una caída. Elías, indignado por esa impiedad, le anuncia que morirá y hace caer fuego del cielo sobre los soldados enviados a castigarlo.[30]

Los estudiosos judíos han interpretado el título «Señor de las Moscas» como una forma de mofarse del dios filisteo, mientras que otros proponen una relación con el poder de causar o curar pestilencias, coherente con la consulta de Ocozías. La Septuaginta transcribe el nombre como Baälzeboúb, y el traductor Símaco el Ebionita prefirió Beëlzeboúl, forma que reflejaría un original Bʿl Zbl, «Príncipe Baal» o «Señor de la morada». Los masoretas habrían cambiado el nombre para ridiculizar al ídolo. En el Nuevo Testamento, Belcebú o Belzebú se identifica con Satanás, príncipe de los demonios.[31]

8. Baal en el islam[editar]

El Corán menciona a Baal como un dios falso contra el que predicó el profeta Elías, llamado en árabe Ilyās o Ilyasīn. En la azora 37, versículos 123–132, Elías pregunta a su pueblo: «¿Invocáis a Baal y abandonáis al mejor de los creadores, Alá, vuestro Señor y Señor de vuestros antepasados?». El texto presenta a los adoradores como rechazadores del mensaje y anuncia su castigo.[32]

Algunos comentaristas islámicos medievales situaron la predicación de Elías en la ciudad de Baalbek, en el actual Líbano, cuyo nombre toponímico deriva de Baal. Al-Tabari señala que baal es un término árabe usado para denotar todo aquello que es «señor» sobre algo. Al-Thaʿlabī ofrece una descripción más detallada: Baal habría sido un ídolo de oro de veinte codos de altura y con cuatro rostros.[33]

En el Corán, la raíz árabe bā, ʿayn, lām (b-ʿ-l) se emplea asimismo en su acepción semítica común de «dueño» o «esposo», por ejemplo cuando Sara, esposa de Abraham, se refiere a su marido. En el árabe levantino, arḍ baʿal designa la tierra de secano, regada solo por la lluvia natural y no por riego artificial.

9. Fuentes clásicas y demonología cristiana[editar]

Fuera de los contextos judío y cristiano, las distintas formas de Baal fueron vertidas en las fuentes clásicas como Belus, del griego Βῆλος (Bē̂los). Flavio Josefo, por ejemplo, afirma que Jezabel «edificó un templo al dios de los tirios, al que llaman Belus»; se trata del Baal de Tiro, es decir, Melqart. Herrmann identifica con Baal la figura de Demarus o Demarous mencionada por Filón de Biblos.

Baal Hammón, por su parte, fue identificado en el mundo grecorromano con Cronos y Saturno. La designación Zabul Saturno se usó en el África romana. En el cristianismo, Belcebú o Belzebú se identificó con Satanás o con un príncipe de los demonios.[34] John Milton, en su poema épico El paraíso perdido (1667), describe a los ángeles caídos reunidos alrededor de Satanás y afirma que, borrados sus nombres celestiales, adquirieron otros nuevos al recorrer la Tierra como dioses falsos. Baalim y Astarot aparecen como nombres colectivos de los demonios masculinos y femeninos venidos de la región entre el Éufrates y el arroyo que separa Egipto de Siria.

10. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

En las Biblias hispanoamericanas, el nombre Baal aparece con regularidad en los pasajes del Antiguo Testamento, normalmente con la misma grafía hebrea transcrita. Las versiones más difundidas en América Latina, como Reina-Valera y la Biblia de Jerusalén, distinguen entre Baal, los baales y Belcebú. La pronunciación más extendida en español es la que marca el hiato, «Ba-al», aunque en la lectura bíblica popular no es raro oír una sílaba única ba-al[sin verificar].

El componente Baal sobrevive indirectamente en nombres propios usados en el ámbito hispánico. Aníbal deriva del fenicio-púnico Hannibaal, «gracia de Baal» o «favor de Baal», y Asdrúbal de Azrubaal, «Baal ayuda». Baltasar, aunque a veces se incluye en este grupo, se vincula más bien con el acadio Bēl, cognado de Baal, por lo que su relación con el dios cananeo es discutida.[35] Bael y Belcebú, formas derivadas de Baal, pasaron a la demonología y a la literatura.

La investigación en español sobre Baal y los textos de Ugarit tiene un referente importante en el orientalista español Gregorio del Olmo Lete, cuya edición de los mitos y rituales de los semitas occidentales es de uso común en universidades hispanoamericanas. Su trabajo permitió a los estudiantes y lectores de habla hispana acceder directamente a los textos del Ciclo de Baal sin depender exclusivamente de traducciones inglesas, francesas o alemanas.

En América Latina, el nombre Baal no designa un culto continuo ni una devoción popular; aparece ante todo en estudios bíblicos, en cursos de historia antigua y en la cultura literaria y audiovisual de tradición cristiana, habitualmente como figura negativa o demonizada. No hay lugares de culto ni celebraciones asociadas a Baal en la región.

11. Legado cultural y reapariciones contemporáneas[editar]

La figura de Baal pasó a la demonología cristiana bajo los nombres Bael, Belcebú y, en algunos grimorios, como un demonio de rango principesco. En la literatura y el cine de tradición cristiana, Baal o Belcebú funciona como sinónimo de falso dios o de poder diabólico, especialmente en contextos apocalípticos.

En 2026 se documentaron actos contemporáneos que retoman la imagen de Baal como símbolo de idolatría. El 11 de febrero de 2026, durante la conmemoración de la Revolución iraní, se quemaron en varias ciudades de Irán efigies de Baal junto con obeliscos, en un acto en que los participantes declararon su rechazo a los «adoradores de Baal» y de Satanás. El 13 de marzo de 2026, en Bagdad, grupos chiítas quemaron una efigie de Baal con símbolos israelíes durante la marcha del Día de Al-Quds.[36] Estos actos se inscriben en el uso político-religioso contemporáneo del nombre de Baal, ya lejos del culto antiguo.

En un terreno distinto, a raíz de la difusión parcial de documentos del caso Epstein por el Departamento de Justicia de Estados Unidos el 30 de enero de 2026, circularon en internet afirmaciones que vinculaban a Baal con supuestos ritos satánicos. Las verificaciones posteriores señalaron que la palabra aparecía por un probable error de escaneo o de reconocimiento óptico de caracteres, en el que «Bank Name» fue malinterpretado como «Baal. name». Las fuentes difundidas no ofrecen base clara para inferir un culto o una red oculta.[37]


  1. La raíz semítica bʿl no escribe las vocales; la pronunciación reconstruida es aproximadamente /baʕl/ o /baʕal/. La forma española «Baal» procede del griego Βάαλ y del latín Baal. ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎

  2. La erudición moderna evitó la idea, común en el siglo XIX, de que Baal era una personificación del sol. Las inscripciones asocian el nombre sobre todo con el dios de la tormenta y la fertilidad Hadad y con sus manifestaciones locales. ↩︎

  3. Baal Hammón fue identificado en fuentes romanas con Cronos y Saturno, y su consorte cartaginesa fue Tanit. ↩︎

  4. La etimología popular de «Belcebú» como «señor de las moscas» deriva de Baal Zebub; algunos estudiosos proponen que el original hebreo fue Baal Zebul, «señor de la morada». ↩︎

  5. El árabe baʿl se usa todavía como palabra para «esposo»; en árabe levantino, arḍ baʿal designa la tierra que depende exclusivamente de la lluvia y no del riego artificial. ↩︎

  6. En hebreo moderno, el femenino baʿalah es raro y arcaizante para «mujer casada». ↩︎

  7. Este uso genérico es análogo al de títulos como «Señor» o «Adonai» en el judaísmo. La comparación antigua entre Baal y el dios céltico Belenos fue propuesta por eruditos modernos tempranos, pero hoy se considera infundada. ↩︎

  8. La identificación básica entre Baal y Hadad es defendida por la mayor parte de la bibliografía moderna, aunque los detalles varían según los autores. ↩︎

  9. Herrmann, en el Dictionary of Deities and Demons in the Bible, resume esta distinción de cultos en el primer milenio a. C. ↩︎

  10. Los estudiosos señalan que el poder de Baal sobre la fertilidad se extiende a la vegetación, no a la reproducción humana. ↩︎

  11. La lista de epítetos está bien documentada en inscripciones fenicio-púnicas; Baal Shamen aparece con frecuencia en el mundo fenicio. ↩︎

  12. La comparación con las advocaciones marianas proviene de John Day y es citada habitualmente en la bibliografía bíblica. ↩︎

  13. Algunos pasajes son oscuros o presentan lagunas; en otros puntos es la diosa Anat quien se atribuye la aniquilación de esos monstruos. ↩︎

  14. El conflicto de Baal con Yam se considera hoy el prototipo de la visión del capítulo 7 del libro bíblico de Daniel. ↩︎

  15. La fecha exacta suele darse como 1929, aunque el descubrimiento casual de la necrópolis de Ras Shamra ocurrió el año anterior. ↩︎

  16. La división tripartita procede de la edición de Del Olmo Lete y de las ediciones críticas de los textos ugaríticos. ↩︎

  17. El orden narrativo presenta algunas oscilaciones, pero la victoria de Baal y la búsqueda de reconocimiento por parte de El son los elementos centrales de esta sección. ↩︎

  18. La imagen del palacio con claraboya es uno de los pasajes más citados para explicar la relación entre el mito y las tormentas reales del Levante. ↩︎

  19. Este mito de muerte y resurrección de Baal estacional es central para explicar el culto cananeo de la fertilidad. ↩︎

  20. Las fuentes bíblicas y algunos textos de Ugarit sugieren rituales vinculados a la fertilidad, pero la naturaleza exacta de esos ritos es discutida por los especialistas. ↩︎

  21. Baal Zafón, forma local de Baal Hadad, fue equiparado en otros contextos egipcios con Horus. ↩︎

  22. La datación y la relación con la batalla de Hímera son la hipótesis más aceptada. ↩︎

  23. El debate sobre los tofet cartagineses y el sacrificio infantil continúa; aquí se recoge la lectura arqueológica mayoritaria, sin zanjar la controversia. ↩︎

  24. La identificación del Baal de Jezabel con Melqart se apoya, entre otros, en Flavio Josefo, Antigüedades judías 8.13.1. ↩︎

  25. El pasaje se encuentra en 1 Reyes 18:20–39 y su desenlace en 1 Reyes 18:40. ↩︎

  26. Jerubaal se glosa en Jueces 6:32 como burla del dios cananeo, interpretando que Gedeón luchó en vano contra Baal. ↩︎

  27. Oseas 2:16-17 es el pasaje clásico sobre el abandono del nombre Baali. ↩︎

  28. Estas tesis reflejan un debate académico vivo; se presentan aquí como posiciones de autores concretos y no como consenso. ↩︎

  29. La alternancia entre Baal Berith y El Berith sugiere un fondo de sincretismo o de reinterpretación teológica. ↩︎

  30. El relato está en 2 Reyes 1:1–18. ↩︎

  31. La ecuación Belcebú-Satanás aparece en Mateo 12:24-27, Marcos 3:22-23 y Lucas 11:15-18. ↩︎

  32. La traducción del pasaje coránico se ofrece aquí de manera parafrástica a partir de las versiones citadas en las fuentes. ↩︎

  33. Estas noticias medievales reflejan tradiciones exegéticas islámicas; no constituyen descripción arqueológica histórica. ↩︎

  34. La asociación de Belcebú con Satanás se consolidó en la literatura cristiana antigua y medieval. ↩︎

  35. El nombre Baltasar corresponde más propiamente al acadio Bēl-šar-uṣur, «Bel proteja al rey», donde Bel es el dios babilonio Marduk. ↩︎

  36. Las fechas y detalles de estos actos proceden de reportes periodísticos de febrero y marzo de 2026. ↩︎

  37. La explicación del error de OCR fue recogida por medios internacionales de verificación en febrero de 2026. ↩︎