Conquista de América
| Conquista de América | |
|---|---|
| Período | Desde 1492. Las grandes campañas contra los estados indígenas se concentran entre 1519 y 1572; en las zonas de frontera el proceso se prolongó durante siglos y no admite una fecha de cierre única |
| Lugar | Continente americano: Caribe, Mesoamérica, área andina y, con muy distinta intensidad, América del Norte y el Cono Sur |
| Potencias | Corona de Castilla (después monarquía hispánica); Portugal en Brasil; en fases posteriores, Francia, Inglaterra y las Provincias Unidas |
| Principales estados sometidos | Imperio mexica (azteca), Imperio inca (Tahuantinsuyo), Estado purépecha, señoríos mayas, cacicazgos taínos y muiscas, y centenares de pueblos sin estructura estatal |
| Figuras principales | Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Diego de Almagro, Vasco Núñez de Balboa, Pedro de Alvarado, Pedro de Valdivia, Gonzalo Jiménez de Quesada, Sebastián de Belalcázar; Moctezuma II, Cuauhtémoc, Atahualpa, Manco Inca, Malintzin (La Malinche), Lautaro |
| Resultado | Desaparición política de los grandes estados americanos; establecimiento del Virreinato de Nueva España (1535) y del Virreinato del Perú (1542); colapso demográfico de la población indígena |
1. Resumen[editar]
La conquista de América es el conjunto de campañas militares, alianzas políticas, procesos de evangelización y dispositivos administrativos mediante los cuales las monarquías europeas —principalmente la castellana y, en Brasil, la portuguesa— sometieron los territorios y las poblaciones del continente americano a partir del desembarco de Cristóbal Colón en 1492.
No fue un proceso uniforme ni rápido. Combinó campañas breves y decisivas contra estados centralizados —la caída del Imperio mexica entre 1519 y 1521 y la del Imperio inca a partir de 1532— con procesos largos, fragmentarios y en algunos casos inconclusos frente a pueblos sin estructura estatal, como ocurrió en el Caribe, en la Amazonía, en el norte de México o en la Araucanía chilena, donde la resistencia mapuche mantuvo una frontera efectiva hasta el siglo XIX.
Tres factores explican, según la historiografía actual, un desenlace que la sola superioridad técnica no basta para justificar: la alianza masiva de pueblos indígenas enfrentados a los poderes dominantes —sin los tlaxcaltecas no hay caída de Tenochtitlan—; las crisis internas de los estados atacados, como la guerra civil que dividía al Tahuantinsuyo cuando llegó Pizarro; y, sobre todo, la irrupción de enfermedades del Viejo Mundo frente a las que la población americana carecía de inmunidad. El resultado fue la desaparición política de los grandes estados prehispánicos, la creación de un orden colonial que duró tres siglos y una catástrofe demográfica cuya magnitud sigue siendo objeto de debate.
2. Antecedentes[editar]
2.1 El contexto europeo[editar]
A finales del siglo XV, la unión dinástica de Castilla y Aragón bajo los Reyes Católicos, la toma de Granada en enero de 1492 —que liberó recursos y un excedente de hidalgos militares sin ocupación— y la necesidad de encontrar rutas alternativas hacia Asia tras el cierre otomano del Mediterráneo oriental crearon las condiciones para financiar expediciones atlánticas de largo alcance. Portugal llevaba décadas de ventaja en la navegación africana; Castilla apostó por la ruta occidental.
Cristóbal Colón, navegante de origen genovés según la posición ampliamente mayoritaria de los historiadores —se han propuesto orígenes alternativos, pero ninguno ha alcanzado consenso académico—, obtuvo el patrocinio de la Corona castellana y zarpó de Palos de la Frontera el 3 de agosto de 1492.
2.2 El primer contacto (1492)[editar]
El 12 de octubre de 1492, la expedición llegó a una isla del archipiélago de las Bahamas que sus habitantes llamaban Guanahaní y que Colón bautizó San Salvador. Colón realizó en total cuatro viajes (1492-1493, 1493-1496, 1498-1500 y 1502-1504) y murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506 sin haber comprendido del todo la naturaleza de lo que había alcanzado, convencido hasta el final de haber llegado a las proximidades de Asia.
Los primeros asentamientos permanentes se establecieron en La Española, que funcionó durante dos décadas como base y laboratorio de los procedimientos —el reparto de indígenas, la búsqueda de oro, la fundación de villas— que después se aplicarían en el continente.
3. Cronología general[editar]
3.1 El Caribe (1492-1511)[editar]
Desde La Española, las expediciones se extendieron por las Antillas Mayores: Puerto Rico hacia 1508, Jamaica hacia 1509 y Cuba en 1511. Fueron campañas de escala menor que las posteriores, pero de consecuencias extremas para la población taína y caribe, que sufrió el colapso demográfico más severo y más rápido de todo el continente por la combinación de guerra, trabajo forzado en el lavado de oro, desestructuración de la agricultura y epidemias. Es en el Caribe donde se ensaya la encomienda y donde, ya en 1511, el dominico Antonio de Montesinos pronuncia el sermón de Adviento que abre el debate moral y jurídico sobre la conquista.
3.2 El Imperio mexica (1519-1521)[editar]
Hernán Cortés zarpó de Cuba el 10 de febrero de 1519 con once naves, unos 508 soldados, alrededor de cien marineros y dieciséis caballos, y desembarcó en la costa del actual estado de Veracruz el 22 de abril. Fundó allí la Villa Rica de la Vera Cruz para desvincularse jurídicamente del gobernador de Cuba y avanzó hacia el interior.
La clave de la campaña fue política antes que militar: tras derrotar y luego pactar con Tlaxcala, enemiga secular de los mexicas, Cortés dispuso de decenas de miles de guerreros aliados. La intérprete Malintzin —bautizada Marina y conocida como La Malinche—, que hablaba náhuatl y maya, hizo posible junto al náufrago Jerónimo de Aguilar toda la negociación; es hoy una de las figuras más discutidas de la memoria histórica mexicana.
En noviembre de 1519 los españoles entraron en Tenochtitlan y tomaron como rehén a Moctezuma II. En mayo de 1520, la matanza del Templo Mayor, ordenada por Pedro de Alvarado durante una ausencia de Cortés, desencadenó la rebelión mexica y forzó la huida de los españoles en la llamada Noche Triste (30 de junio de 1520), con pérdidas muy elevadas. Moctezuma murió en esos días, en circunstancias que las fuentes españolas e indígenas relatan de forma incompatible: las primeras lo atribuyen a las pedradas de sus propios súbditos, las segundas a los españoles.
Le sucedieron Cuitláhuac, que murió de viruela a las pocas semanas —la epidemia había llegado con la expedición de Pánfilo de Narváez y devastó la cuenca de México antes del asedio—, y Cuauhtémoc. Reforzado por sus aliados indígenas y por bergantines construidos para dominar la laguna, Cortés sitió la ciudad durante tres meses y la tomó el 13 de agosto de 1521. Cuauhtémoc fue capturado y, tras años de cautiverio, ejecutado en 1525 durante la expedición de Cortés a Honduras.
El Estado purépecha de Michoacán, la otra gran potencia mesoamericana, no fue conquistado militarmente: su gobernante, Tangáxoan II, recibió pacíficamente a Cristóbal de Olid el 25 de junio de 1522 y aceptó la sujeción. Fue la campaña violenta de Nuño de Guzmán, en 1529-1530, la que saqueó la región y acabó con la ejecución de Tangáxoan en 1530.
Sobre los territorios sometidos se erigió el Virreinato de Nueva España, creado en 1535, cuyo primer virrey fue Antonio de Mendoza.
3.3 El Imperio inca (1532-1572)[editar]
Francisco Pizarro —que había participado en 1513 en la expedición de Vasco Núñez de Balboa que alcanzó el Pacífico— desembarcó en la costa andina en 1532, en un momento excepcionalmente favorable: el Tahuantinsuyo salía de una guerra civil entre los hermanos Atahualpa y Huáscar, y la viruela, llegada por delante de los europeos, había matado ya al inca Huayna Cápac y a su heredero.
El 16 de noviembre de 1532, en Cajamarca, Pizarro capturó a Atahualpa en una emboscada. El inca ofreció un célebre rescate en oro y plata, que se pagó, y aun así fue ejecutado el 26 de julio de 1533. Ese mismo año Pizarro tomó Cuzco, y el 18 de enero de 1535 fundó Lima, la Ciudad de los Reyes, futura capital del Virreinato del Perú, creado el 20 de noviembre de 1542 por las Leyes Nuevas; su primer virrey, Blasco Núñez Vela, llegó a Lima el 15 de mayo de 1544.
La conquista del área andina no terminó ahí. Manco Inca Yupanqui, entronizado por los españoles como gobernante títere, se sublevó en 1536 y puso sitio a Cuzco; derrotado, se replegó a Vilcabamba, donde el Estado neoinca sobrevivió hasta 1572, cuando fue capturado y ejecutado Túpac Amaru I. Entretanto, los propios conquistadores se destrozaron entre sí en las guerras civiles del Perú: Almagro fue ejecutado por los pizarristas en 1538 y Francisco Pizarro asesinado por los almagristas en 1541.
3.4 Otras conquistas regionales[editar]
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- Centroamérica: en 1524, Pedro de Alvarado fue enviado contra los señoríos mayas de Guatemala y Cristóbal de Olid hacia el golfo de Honduras. Pedro Arias Dávila (Pedrarias) había establecido desde 1514 el gobierno de Castilla del Oro, en los actuales Panamá y Nicaragua. Los señoríos mayas de las tierras altas cayeron pronto; el último reino maya independiente, el itzá de Tayasal (Petén), no fue tomado hasta 1697.
- Nueva Granada: Gonzalo Jiménez de Quesada remontó el Magdalena desde la costa caribeña y sometió a los muiscas de la sabana, fundando Bogotá en 1538; ese mismo año coincidió allí con Sebastián de Belalcázar, que llegaba desde el Perú, y con el alemán Nicolás de Federmán, en un encuentro que estuvo a punto de acabar en guerra entre las tres huestes.
- Chile: tras la expedición fallida de Diego de Almagro (1535-1537, unos veinte meses de marcha), Pedro de Valdivia fundó Santiago el 12 de febrero de 1541. La resistencia del pueblo mapuche —que costó la vida al propio Valdivia en 1553— impidió el control del territorio al sur del Biobío y dio lugar a una frontera estable que se mantuvo hasta la ocupación de la Araucanía por el Estado chileno, en el último tercio del siglo XIX.
- Florida y el sureste de América del Norte: Juan Ponce de León exploró la Florida en 1513 y murió en 1521 a consecuencia de las heridas recibidas en una segunda expedición. Lucas Vázquez de Ayllón fundó en 1526 San Miguel de Gualdape, considerado el primer asentamiento europeo en el territorio de los actuales Estados Unidos; se abandonó en pocos meses y su emplazamiento exacto sigue discutido entre la costa de Georgia y la de Carolina del Sur. La expedición de Pánfilo de Narváez de 1527 terminó en catástrofe: de los varios centenares de hombres que desembarcaron en Florida, solo cuatro —entre ellos Álvar Núñez Cabeza de Vaca y el africano Estebanico— alcanzaron territorio novohispano, en 1536, tras ocho años de travesía continental.
4. Actores principales[editar]
4.1 Los conquistadores[editar]
El término «conquistador» designa a los participantes en estas expediciones, en su mayoría hidalgos de fortuna modesta, soldados y campesinos, que se enrolaban por su cuenta y riesgo a cambio de una parte del botín, de tierras y de indígenas encomendados. No eran un ejército real: las huestes se financiaban mediante capitulaciones con la Corona que repartían costes y beneficios, y ese carácter de empresa privada explica tanto su agresividad como su tendencia a la guerra entre facciones.
La Corona resolvió progresivamente ese problema sustituyendo a los conquistadores por virreyes, audiencias y funcionarios de designación real, en un proceso que ya en la década de 1540 era irreversible y que las Leyes Nuevas de 1542 aceleraron al golpear la herencia de las encomiendas.
4.2 Los aliados y traductores indígenas[editar]
La conquista no se entiende sin la participación activa de pueblos indígenas que se aliaron con los recién llegados por motivos propios, generalmente el rechazo a un dominio anterior. Tlaxcala es el caso mayor: aportó el grueso de las fuerzas que tomaron Tenochtitlan y negoció a cambio un estatuto de privilegio que conservó durante todo el período colonial. Los tlaxcaltecas participaron después en las campañas del norte de México y de Centroamérica.
La mediación lingüística y cultural fue igualmente decisiva. Malintzin en México y los intérpretes formados por Pizarro en el Perú hicieron posibles negociaciones sin las cuales las campañas habrían sido inviables. La valoración de estas figuras sigue siendo objeto de intensa discusión: en México, el nombre de La Malinche dio origen al término «malinchismo», que designa la preferencia por lo extranjero, en una lectura que la historiografía reciente ha cuestionado por proyectar sobre una mujer esclavizada categorías de traición nacional inexistentes en su época.
4.3 Los pueblos sometidos[editar]
Del lado indígena, la memoria ha retenido sobre todo a los últimos gobernantes de los estados vencidos —Moctezuma II y Cuauhtémoc, Atahualpa— y a los líderes de la resistencia posterior: Manco Inca y Túpac Amaru I en los Andes, Lautaro y Caupolicán entre los mapuches, el cacique Enriquillo en La Española. Junto a ellos, la inmensa mayoría de la población indígena atravesó el proceso no como combatiente sino como sujeto de tributo, trabajo y evangelización, y es de esa mayoría de la que menos sabemos.
5. Instituciones y métodos de dominación[editar]
La conquista militar fue seguida de inmediato por la creación de instituciones destinadas a organizar la extracción de trabajo y tributo:
- La encomienda: la Corona asignaba a un conquistador el derecho a percibir tributo y trabajo de un grupo de indígenas, a cambio de la obligación —con frecuencia incumplida— de protegerlos e instruirlos en la fe. No incluía la propiedad de la tierra ni de las personas, pero en la práctica funcionó a menudo como servidumbre.
- El repartimiento y la mita: sistemas de trabajo forzado rotativo. La mita minera de Potosí, instituida por el virrey Toledo en 1573, obligaba a las comunidades del Alto Perú a enviar por turnos una fracción de sus varones adultos a la mina, y fue una de las causas principales de la despoblación de la región andina.
- El requerimiento (1513): texto leído en castellano ante poblaciones que no lo entendían, mediante el cual se les conminaba a aceptar la soberanía castellana y la fe cristiana; su rechazo legitimaba jurídicamente la guerra. Fue objeto de burla ya entre los propios contemporáneos.
- La legislación protectora: las Leyes de Burgos de 1512, ampliadas en 1513, y sobre todo las Leyes Nuevas de 1542, que prohibieron la esclavización de indígenas y ordenaron la extinción gradual de las encomiendas. Su aplicación fue muy desigual y provocó la rebelión abierta de los encomenderos en el Perú.
- La evangelización, entendida por la Corona y la Iglesia como una «conquista espiritual» y esgrimida como principal justificación del conjunto del proceso. En la ceremonia del perdón del 12 de marzo de 2000, el papa Juan Pablo II pidió perdón por los pecados cometidos por miembros de la Iglesia a lo largo de la historia, incluidos los cometidos contra los pueblos indígenas y las conversiones forzadas.
Merece mención aparte el hecho de que la propia monarquía albergase, desde muy pronto, una impugnación jurídica de lo que estaba haciendo. El debate de Valladolid de 1550-1551 enfrentó a Bartolomé de las Casas —autor de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de 1552— con Juan Ginés de Sepúlveda, que defendía la licitud de la guerra contra los indígenas. Antes, Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca habían negado que la donación papal o el descubrimiento bastasen como títulos legítimos de dominio. Ese debate interno es uno de los rasgos que distinguen el caso hispánico de otras expansiones coloniales europeas, y también, con el tiempo, una de las principales fuentes de las que se nutrió la crítica exterior a España.
6. Resistencia indígena[editar]
La conquista no fue un proceso aceptado pasivamente. Además de las guerras de conquista propiamente dichas, se sucedieron levantamientos posteriores a la caída de las capitales:
- La rebelión de Manco Inca (1536) y el Estado neoinca de Vilcabamba, que resistió hasta 1572.
- La guerra de Arauco: la resistencia mapuche al sur del Biobío, que tras la victoria de Curalaba (1598) obligó a la Corona a reconocer de hecho una frontera y a negociar mediante «parlamentos». No fue sometida hasta las campañas del Estado chileno independiente, en el siglo XIX.
- La rebelión de Enriquillo en La Española, entre 1519 y 1533: un cacique taíno educado por los franciscanos mantuvo durante catorce años una guerra de guerrillas en la sierra del Bahoruco y derrotó a todas las expediciones enviadas contra él, hasta obtener un acuerdo de paz negociado por orden directa de Carlos I —considerado el primer tratado de paz firmado en América— que le concedió tierras y el tratamiento de «don».
- La guerra del Mixtón (1540-1542) y la guerra chichimeca (1550-1590) en el norte de Nueva España, esta última resuelta finalmente mediante una política de pactos y abastecimiento en lugar de la vía militar.
- La resistencia maya en el Petén, que mantuvo independiente el reino itzá hasta 1697.
7. Consecuencias[editar]
7.1 El colapso demográfico[editar]
La consecuencia de mayor alcance fue el hundimiento de la población indígena americana. Es también el punto donde las cifras varían más y donde conviene ser explícito sobre qué se sabe y qué se discute.
No existe acuerdo sobre la población de América en 1492. Las estimaciones se agrupan en tres tradiciones:
| Escuela | Autores y fecha | Población estimada en 1492 |
|---|---|---|
| Minimalista | Alfred Kroeber (1939); Ángel Rosenblat (1954) | 8,4 a 13,3 millones |
| Intermedia | Karl Sapper (1924); William Denevan (1976, revisado en 1992) | 37 a 54 millones |
| Maximalista | Henry Dobyns (1966); Woodrow Borah y Sherburne Cook (años 1960-70) | 90 a 112 millones; Borah y Cook calcularon por sí solos más de 25 millones para el centro de México |
La posición más difundida hoy en el ámbito académico se sitúa en la franja intermedia. El estudio cuantitativo más citado de los últimos años, el de Koch, Brierley, Maslin y Lewis (University College de Londres, 2019), agregó 119 estimaciones regionales publicadas y obtuvo una población previa a 1492 de 60,5 millones (rango intercuartílico de 44,8 a 78,2 millones) y unos 56 millones de muertes hacia 1600. Los mismos autores sostienen que el abandono de tierras de cultivo resultante fue lo bastante grande como para dejar una señal detectable en la concentración atmosférica de CO₂.
Lo que no se discute es la magnitud relativa de la caída. Cualquiera de los puntos de partida anteriores produce, hacia 1600-1650, un descenso superior al 80 %, y en algunas regiones muy superior. El Caribe fue el caso extremo, con una desaparición prácticamente total de la población originaria. Cook y Borah calcularon para el centro de México una caída del 97 % en poco más de un siglo. Las cifras absolutas dependen del modelo; el orden de magnitud del desastre, no.
Sobre las causas hay un debate abierto y politizado. Una posición mayoritaria —Alfred Crosby, con su concepto de «intercambio colombino», Noble David Cook y, en la divulgación, Jared Diamond— atribuye entre el 75 % y el 95 % de las muertes a las epidemias de viruela, sarampión, tifus y gripe frente a las que la población americana carecía de defensas previas, y subraya que buena parte de esa mortalidad precedió a la llegada física de los europeos a muchas regiones. Una segunda posición no niega el peso de la enfermedad pero rechaza que baste como explicación: Massimo Livi-Bacci y Robert McCaa han argumentado que las epidemias por sí solas no producen colapsos tan prolongados ni impiden la recuperación demográfica, y que lo decisivo fue la combinación de contagio con guerra, desplazamiento forzoso, régimen de trabajo obligatorio, ruptura de los sistemas agrícolas y hambre. Un tercer grupo de autores, como David Stannard y Ward Churchill, ha defendido la calificación de genocidio, tesis rechazada por la mayoría de los demógrafos históricos en lo que respecta a la mortalidad epidémica —que no fue intencional ni comprendida en su mecanismo— pero que sigue discutiéndose en relación con episodios y regiones concretos.
Investigaciones recientes siguen moviendo los números en ambas direcciones: un estudio genético publicado en 2020 sobre 263 individuos precolombinos del Caribe apunta a poblaciones de partida considerablemente menores de lo que suponían las estimaciones tradicionales para las Antillas.
7.2 Consecuencias políticas y administrativas[editar]
Sobre los territorios conquistados se levantó un aparato de gobierno articulado en virreinatos —Nueva España (1535) y Perú (1542), a los que en el siglo XVIII se sumaron Nueva Granada y el Río de la Plata—, audiencias, gobernaciones y cabildos, con el Consejo de Indias en Madrid y la Casa de Contratación de Sevilla como órganos centrales. Ese ordenamiento, reformado sucesivamente, se mantuvo hasta los procesos de independencia del siglo XIX, y las fronteras administrativas coloniales son en buena medida el origen de las fronteras de los Estados hispanoamericanos actuales.
7.3 Consecuencias culturales y sociales[editar]
La conquista abrió un proceso de mestizaje biológico y cultural de enormes proporciones, sobre el que se construyó una sociedad jerarquizada por origen —el llamado sistema de castas— que estructuró la vida colonial. El hijo de Cortés y Malintzin, Martín Cortés, suele citarse como ejemplo simbólico temprano, aunque, como los propios historiadores advierten, difícilmente fue el primero.
Se impusieron el castellano y el catolicismo como marcos comunes, pero la imposición nunca fue completa: cientos de lenguas indígenas sobrevivieron —el náhuatl, el quechua, el aimara, el guaraní y el maya yucateco cuentan hoy millones de hablantes—, y las prácticas religiosas resultantes fueron en muchos casos abiertamente sincréticas. En sentido inverso, el llamado intercambio colombino transformó la alimentación mundial: el maíz, la papa, el tomate, el cacao, el chile y el tabaco pasaron a Europa, Asia y África, mientras el trigo, el arroz, la caña de azúcar, el ganado vacuno, el caballo y el cerdo llegaban a América.
8. Historiografía y debate[editar]
El relato de la conquista ha estado en disputa desde el mismo siglo XVI. Las crónicas fundacionales ya se contradecían: la Historia general de las Indias de Francisco López de Gómara (1552), capellán de Cortés que nunca pisó América y escribió una versión centrada en la figura de su patrón, provocó la réplica de Bernal Díaz del Castillo, soldado de la campaña, cuya Historia verdadera de la conquista de la Nueva España reivindicó el papel colectivo de la tropa. Frente a ambas, la Brevísima relación de Las Casas ofreció una denuncia sistemática de las atrocidades, escrita para forzar un cambio de política.
De esa denuncia —traducida, ilustrada y difundida por las potencias rivales de España— nació lo que en el siglo XX se llamó «leyenda negra», término acuñado por Julián Juderías en 1914 para designar una imagen deliberadamente hostil de la acción española. La discusión sobre ese concepto ha generado a su vez una corriente apologética que tiende a minimizar la violencia, a presentar la conquista como una empresa esencialmente civilizadora y a explicarla como un asunto entre indígenas en el que los españoles solo pusieron el catalizador.
La historiografía académica contemporánea no trabaja en ninguno de esos dos marcos. Sus líneas dominantes son otras: la incorporación sistemática de fuentes indígenas —los testimonios nahuas recogidos en el Códice Florentino, las crónicas de Guamán Poma de Ayala y del Inca Garcilaso, los títulos primordiales—, el estudio de la conquista como un proceso de negociación y alianza tanto como de violencia, la crítica del concepto mismo de «conquista» como acontecimiento cerrado, y el análisis demográfico y epidemiológico. El propio vocabulario sigue en disputa pública: «conquista», «encuentro», «invasión» y «descubrimiento» no son sinónimos y la elección entre ellos es, en la mayoría de los países hispanoamericanos, una toma de posición.
9. Presencia en el mundo hispanohablante actual[editar]
La conquista ocupa un lugar central, y con frecuencia conflictivo, en la memoria de los países hispanohablantes:
- En
México, la caída de Tenochtitlan el 13 de agosto es objeto de conmemoraciones oficiales y de un debate recurrente sobre el legado prehispánico frente al colonial; la figura de Malintzin sigue siendo un campo de disputa identitaria. El gobierno mexicano solicitó formalmente en 2019 a España y al Vaticano una petición de perdón por los agravios de la conquista, solicitud que el Gobierno español rechazó. - En Perú, la batalla de Cajamarca y la ejecución de Atahualpa forman parte del currículo escolar y de la representación teatral popular; Cuzco conserva un patrimonio en el que la sillería inca y la construcción colonial son literalmente el mismo muro.
- En Chile, la resistencia mapuche es un eje central de los debates contemporáneos sobre derechos de los pueblos originarios, tierras y reconocimiento constitucional.
- En
Colombia y Bolivia, la memoria de la mita y de la explotación de Potosí ocupa un lugar equivalente. - El 12 de octubre se conmemora en cada país bajo denominaciones distintas y en abierta disputa: Día de la Hispanidad y fiesta nacional en España, Día de la Raza en varios países, Día del Respeto a la Diversidad Cultural en
Argentina, Día de las Culturas en Costa Rica, Día de la Resistencia Indígena en Venezuela y Nicaragua. Ninguna denominación panhispánica común ha prosperado, y la propia diversidad de nombres es el mejor indicador del estado de la cuestión.
La conquista de América no es, en definitiva, un capítulo cerrado del pasado colonial: es un proceso cuya interpretación sigue disputándose activamente en el debate público, educativo y político de los países hispanoamericanos y de España.