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Democracia

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Democracia
Forma de organización social y política que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía.
TipoSistema político y forma de gobierno
Origen del términoGriego antiguo: δῆμος (dḗmos, «pueblo») y κράτος (krátos, «poder» o «dominio»)
Primera aplicación históricaAntigua Atenas, siglo V a. C.
Mecanismos principalesElecciones libres y periódicas, referéndum, plebiscito, iniciativa popular, revocatoria de mandato, asambleas ciudadanas
Variantes reconocidasDemocracia directa, representativa, participativa, líquida, liberal, socialdemocracia, democracia popular
Principios asociadosIgualdad política, limitación y control del poder, regla de la mayoría, protección de minorías, derechos humanos

La democracia (del griego antiguo: δημοκρατία dēmokratía, formado por δῆμος dḗmos, «pueblo», y κράτος krátos, «poder», «fuerza» o «dominio»)[1] es una forma de organización social y política que atribuye la titularidad del poder político al conjunto de la ciudadanía. En sentido estricto, es un tipo de organización del Estado en el cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes.

La clasificación clásica de las formas de gobierno, formulada primero por Platón y después por Aristóteles, distingue tres tipos básicos: monarquía (gobierno de uno), aristocracia (gobierno «de los mejores» para Platón, «de los menos» para Aristóteles) y democracia (gobierno «de la multitud» para Platón y «de los más» para Aristóteles).[2]

En la práctica contemporánea existen múltiples variantes del concepto. La democracia indirecta o representativa se da cuando las decisiones son adoptadas por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes. La democracia participativa facilita a los ciudadanos la capacidad de asociarse, organizarse y ejercer influencia directa en las decisiones públicas, a menudo mediante mecanismos plebiscitarios consultivos. La democracia directa, por su parte, se presenta cuando las decisiones son adoptadas directamente por los miembros del pueblo, mediante plebiscitos y referéndums vinculantes, elecciones primarias, iniciativa legislativa popular o votación popular de leyes; dentro de esta última se incluye la llamada democracia líquida. Estas formas no son excluyentes y suelen integrarse como mecanismos complementarios, aunque en cada sistema político concreto suele predominar una de ellas.

1. Origen y etimología[editar]

El término «democracia» proviene del griego antiguo y fue acuñado en Atenas en el siglo V a. C. a partir de los vocablos δῆμος (dḗmos), que puede traducirse como «pueblo», y -κρατία (-kratía), de la raíz κράτος (krátos), traducible como «fuerza», «dominio» o «poder».[3]

La significación etimológica del término es probablemente más compleja de lo que sugiere la traducción literal. El vocablo «demos» parece haber sido un neologismo derivado de la fusión de las palabras demiurgos (demiurgi) y geomoros (geomori).[4] El historiador Plutarco señalaba que los geomoros y los demiurgos eran, junto a los eupátridas, las tres clases en las que Teseo dividió a la población libre del Ática. Los eupátridas eran los nobles; los demiurgos, los artesanos; y los geomoros, los campesinos. Estos dos últimos grupos, en creciente oposición a la nobleza, formaron el demos.[5] En ese sentido, «democracia» significaría textualmente, según Plutarco, el «gobierno de los artesanos y campesinos», excluyendo expresamente a esclavos y nobles.

Algunos pensadores consideran a la democracia ateniense como el primer ejemplo de un sistema democrático. Otros han criticado esta conclusión, argumentando, por un lado, que tanto en la organización tribal como en antiguas civilizaciones de todo el mundo existen ejemplos de sistemas políticos democráticos, y, por otro, que solo una minoría de la población tenía derecho a participar en la llamada democracia ateniense, ya que quedaban excluidos los residentes extranjeros, los esclavos y las mujeres.[6]

El significado del término ha cambiado varias veces con el tiempo. La definición moderna evolucionó sobre todo desde finales del siglo XVIII, con la sucesiva introducción de sistemas democráticos en muchas naciones, y a partir del reconocimiento del sufragio universal y del voto femenino en el siglo XX. Las democracias actuales son bastante distintas del sistema de gobierno ateniense del que heredan su nombre.

En el inglés estadounidense ha sido muy influyente la definición de James Madison, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos. Madison insistía en que el término democracia debía reservarse exactamente para el gobierno de Atenas, y escribió: «Los dos grandes puntos de diferencia entre una democracia y una república son: primero, la delegación del gobierno, en esta última, a un pequeño número de ciudadanos elegidos por el resto; en segundo lugar, el mayor número de ciudadanos, y la mayor esfera del país, sobre el cual puede extenderse este último».[7] No obstante, su coautor Alexander Hamilton acuñó el término «democracia representativa» para referirse al nuevo sistema.[8]

2. Historia[editar]

La democracia aparece por primera vez en muchas de las civilizaciones antiguas que organizaron sus instituciones sobre la base de sistemas comunitarios e igualitarios tribales, una forma que se ha denominado democracia tribal.

2.1. Antigüedad[editar]

Entre los casos mejor conocidos se encuentra la relativamente breve experiencia de algunas ciudades-Estado de la Antigua Grecia, en especial Atenas, alrededor del año 500 a. C. Las pequeñas dimensiones y la escasa población de las polis griegas explican la posibilidad de que apareciera una asamblea del pueblo, de la que solo podían formar parte los varones libres. Quedaba excluida la mayor parte de la población, integrada por esclavos, mujeres y extranjeros; se ha estimado que la exclusión podía afectar a cerca del 75 % de la población ateniense. La asamblea fue el símbolo de la democracia ateniense. En la democracia griega no existía la representación: los cargos de gobierno eran ocupados alternativamente por todos los ciudadanos y la soberanía de la asamblea era absoluta. Todas estas restricciones y la reducida población de Atenas —unos 300.000 habitantes— permitieron minimizar las dificultades logísticas de esta forma de gobierno.

En la América del siglo XVIII se formó la Liga Democrática y Constitucional de Haudenosaunee, integrada por las naciones Seneca, Cayuga, Oneida, Onondaga y Mohicanos, donde se consagraron los principios de limitación y división del poder, así como de igualdad democrática de hombres y mujeres. La democracia de Haudenosaunee ha sido considerada por varios pensadores como el antecedente más directo de la democracia moderna.[9]

2.2. Edad Media y Renacimiento[editar]

Durante la Edad Media europea se utilizó el término «democracias urbanas» para designar a las ciudades comerciales, sobre todo en Italia y Flandes, aunque en realidad muchas de ellas eran gobernadas por regímenes aristocráticos. También existieron algunas democracias llamadas campesinas, como la de Islandia, cuyo primer parlamento se reunió en 930, y la de los cantones suizos en el siglo XIII. A fines del siglo XII se organizaron sobre principios democráticos las Cortes del Reino de León, en 1188, inicialmente llamadas «ayuntamiento» porque reunían representantes de todos los estamentos sociales.

En escritores como Guillermo de Ockham, Marsilio de Padua y Johannes Althusius aparecen concepciones sobre la soberanía del pueblo, consideradas revolucionarias para su época y recogidas más tarde por autores como Hobbes, Locke y Rousseau. En Europa central, la República de las Dos Naciones desarrolló un sistema político denominado «Democracia de los Nobles» o «Libertad dorada», caracterizado por la limitación del poder del monarca por las leyes y por una cámara legislativa, el Sejm, controlada por la nobleza. Este sistema ha sido considerado precursor de los conceptos modernos de democracia,[10] monarquía constitucional,[11] y federación.[12]

El protestantismo fomentó la reacción democrática al rechazar la autoridad del papa, aunque por otra parte fortaleció el poder temporal de los príncipes. Desde el lado católico, la Escuela de Salamanca atacó la idea del poder de los reyes por designio divino, defendiendo que el pueblo era el receptor de la soberanía. El pueblo podía retener la soberanía para sí (siendo la democracia la forma natural de gobierno) o cederla voluntariamente para dejarse gobernar por una monarquía. En 1653 se publicó en Inglaterra el Instrument of Government, donde se consagró la idea de la limitación del poder político mediante el establecimiento de garantías frente al posible abuso del poder real. A partir de 1688, la democracia triunfante en Inglaterra se basó en el principio de libertad de discusión, ejercida sobre todo en el Parlamento.

En América, la revolución de los comuneros de Paraguay de 1735 sostuvo el principio democrático elaborado por José de Antequera y Castro: «la voluntad del común es superior a la del propio rey». En Brasil, los africanos esclavizados que lograban huir de la esclavitud portuguesa se organizaron en repúblicas democráticas llamadas quilombos, como el Quilombo de los Palmares o el Quilombo de Macaco.

2.3. Revoluciones burguesas y surgimiento de la democracia moderna[editar]

La Independencia de Estados Unidos en 1776 estableció un nuevo ideal para las instituciones políticas de base democrática y se convirtió en la primera democracia moderna,[13] modelo expandido por la Revolución francesa de 1789 y por la Guerra de Independencia Hispanoamericana (1809–1824), que difundieron las ideas liberales, los derechos humanos concretados en la Declaración de Derechos de Virginia y en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el constitucionalismo y el derecho a la independencia. La suma de estas revoluciones se conoce como las Revoluciones burguesas.

Las constituciones de Estados Unidos de 1787 con las enmiendas de 1791, Venezuela de 1811, España de 1812, Francia de 1848 y Argentina de 1853 ya presentan algunas características democráticas, con complejos avances y retrocesos. La evolución democrática inglesa fue mucho más lenta y se manifestó en las sucesivas reformas electorales a partir de 1832, que culminaron en 1911 con la Parliament Act, la cual consagró la definitiva supremacía de la Cámara de los Comunes sobre la Cámara de los Lores.

En sentido estricto, puede hablarse de la aparición progresiva de países democráticos a partir del siglo XX, con la abolición de la esclavitud, la conquista del sufragio universal, el reconocimiento de la igualdad legal de las mujeres, el fin del colonialismo europeo, el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y las garantías de no discriminación para minorías raciales y étnicas.

3. Tipos de democracia[editar]

Clásicamente la democracia ha sido dividida en dos grandes formas: directa y representativa. En la práctica se añaden formas intermedias y variantes ideológicas.

3.1. Democracia representativa[editar]

Es aquella en la que los ciudadanos ejercen el poder político a través de sus representantes, elegidos mediante el voto en elecciones libres y periódicas.

3.2. Democracia semidirecta o participativa[editar]

En esta variante el pueblo se expresa directamente en circunstancias particulares, básicamente a través de cuatro mecanismos:

  • Referéndum: el pueblo elige «sí» o «no» sobre una propuesta.
  • Plebiscito: el pueblo concede o no concede la aprobación final de una norma (constitución, ley, tratado).
  • Iniciativa popular: un grupo de ciudadanos puede proponer la sanción o anulación de una ley.
  • Destitución popular, revocación de mandato o recall: los ciudadanos pueden destituir a un representante electo.

3.3. Democracia directa[editar]

Se trata de la forma más directa de democracia, similar a la practicada en la Atenas clásica y presente en Suiza. Las decisiones las toma el pueblo soberano en asamblea. No existen representantes del pueblo, sino delegados que se hacen portavoces del pueblo y que únicamente emiten el mandato asambleario. Es el tipo de democracia preferido no solo por los demócratas de la Antigua Grecia, sino también por muchos pensadores modernos como Rousseau.

3.4. Democracia líquida[editar]

La democracia líquida es una clase de democracia directa en la que cada ciudadano tiene la posibilidad de votar cada decisión del parlamento y realizar propuestas, pero puede ceder su voto a un representante para aquellas decisiones en las que prefiere no participar.

3.5. Democracia liberal[editar]

En muchos casos la palabra «democracia» se utiliza como sinónimo de democracia liberal. Suele entenderse por democracia liberal un tipo genérico de Estado surgido de la Independencia de Estados Unidos de 1776 y luego generalizado en las repúblicas y monarquías constitucionales que emergieron de los procesos de emancipación o revolucionarios contra las grandes monarquías absolutas. En ese sistema, la población puede votar y ser votada, al mismo tiempo que el derecho de propiedad es preservado.[14]

Aunque estrictamente el término «democracia» solo se refiere a un sistema de gobierno en que el pueblo ostenta la soberanía, el concepto de democracia liberal supone un sistema con las siguientes características:

  • Una constitución que limita los diversos poderes y controla el funcionamiento formal del gobierno, constituyendo un Estado de derecho.
  • División de poderes.
  • El derecho a votar y ser votado en las elecciones para una amplia mayoría de la población (sufragio universal).
  • Protección del derecho de propiedad y existencia de importantes grupos privados de poder en la actividad económica.
  • Existencia de varios partidos políticos (no es un sistema de partido único).
  • Libertad de expresión.
  • Libertad de prensa y acceso a fuentes de información alternativas a las del gobierno.
  • Libertad de asociación.
  • Vigencia de los derechos humanos, con un marco institucional de protección a las minorías.

A partir de lo anterior, algunos estudiosos han sugerido la definición de democracia liberal como «la regla de la mayoría con derechos para las minorías».

3.6. Socialdemocracia[editar]

La socialdemocracia es una versión de la democracia en la que se recurre a la regulación estatal y a la creación de programas y organizaciones patrocinados por el Estado para atenuar o eliminar las desigualdades e injusticias sociales que, según sus defensores, existen en la economía libre y el capitalismo. Se apoya básicamente en el sufragio universal, la noción de justicia social y el Estado de bienestar.[15]

Surgió a finales del siglo XIX a partir del movimiento socialista, como una propuesta alternativa, pacífica y más moderada, a la forma revolucionaria de toma del poder y de imposición de una dictadura del proletariado. En general se ha presentado como ejemplo real de socialdemocracia el sistema de gobierno predominante en los países escandinavos, conocido como modelo nórdico de bienestar.

La democracia popular es un modelo basado en la experiencia de la Comuna de París y en la superación del grado de representatividad de la democracia liberal. Parte desde los puestos de trabajo cotidiano, donde se eligen representantes en cada fábrica, taller, granja u oficina, con mandato revocable en cualquier momento. Estos delegados se constituyen en una asamblea local (soviets) y luego envían su representante a la Asamblea Nacional de Delegados del Pueblo. Por eso se la ha denominado también democracia obrera o dictadura del proletariado, ya que aplica el poder político contra el poder económico instituido.

Los países con sistemas políticos inspirados en el comunismo marxista, conocidos como «socialismo real», suelen utilizar la denominación de «democracias populares». Se caracterizan por estar organizados sobre la base de un sistema de partido político único o hegemónico, íntimamente vinculado al Estado. Según sus defensores, es el único tipo de democracia en la cual se puede garantizar la igualdad económica, social y cultural de los ciudadanos, ya que los poderes económicos privados no pueden influir en el sistema de representación. Algunos marxistas opinan, sin embargo, que las actuales «democracias populares» no son verdaderas democracias socialistas y que constituyen una deformación de los principios originales del marxismo.

3.8. Democracia y monarquías constitucionales[editar]

La monarquía constitucional es una forma de gobierno que caracteriza a varios países de Europa (Gran Bretaña, España, Países Bajos), América (Canadá, Jamaica) y Asia (Japón, Malasia). Estas monarquías varían bastante de país a país. En el Reino Unido, las normas constitucionales actuales conceden ciertos poderes formales al rey y a los nobles, además de poderes informales derivados de sus posiciones. En España, el rey promulga las leyes, convoca y disuelve las Cortes Generales, convoca referéndum, propone y cesa al presidente, ejerce el derecho de gracia, declara la guerra y hace la paz. Sin embargo, en el ejercicio de todas sus funciones actúa como mediador, árbitro o moderador, sin asumir la responsabilidad de sus actos, que han de ser refrendados por el poder ejecutivo o legislativo.[16]

Existe una tendencia general a la reducción progresiva del poder de los reyes y nobles en las monarquías constitucionales, acentuada desde el siglo XX. Ello ha dado origen al dicho popular de que los reyes «reinan pero no gobiernan».

4. Principios democráticos[editar]

La democracia debe entenderse como un sistema político entre las diferentes posibilidades que han existido para configurar los Estados a lo largo de la historia. Conlleva la posibilidad de que existan medios de participación por parte de la ciudadanía, diferencias entre los participantes del proceso y expresión de opiniones contrapuestas.[17] De este modo, repudia la posibilidad de que una sola persona se arrogue el poder por propio y exclusivo arbitrio.[18]

4.1. La igualdad en la democracia[editar]

La democracia reconoce la posibilidad de que cualquier persona pueda participar en el ejercicio del poder político dentro de un determinado Estado. Por ello es necesario reconocer la existencia de igualdad entre los ciudadanos, ya que sin ella no existirían los medios necesarios para que la participación y la oposición se desarrollen libremente. Se abren así dos paradigmas: el de la redistribución, relativo a la igualdad de derechos para participar en los procesos democráticos, y el del reconocimiento, relativo al hecho de que no todos los participantes se encuentran en circunstancias fácticas igualitarias y sus opiniones son diferenciadas entre sí.[19]

La esencia de la democracia se observa en una secuencia: primero, el reconocimiento de las divergencias dentro de la sociedad; luego, la posibilidad de que esas divergencias sean expresadas libremente; después, la creación de mecanismos para que dichas diferencias lleguen al ente político que ostenta el poder; y, finalmente, que todo ello ocurra en igualdad de circunstancias y sin dejar a ningún individuo fuera de los medios de acceso a la entidad política. Partiendo del supuesto de que todos los individuos que participan en la toma de decisiones políticas son iguales en cuanto a su derecho a participar, nace el concepto de la democracia: la voluntad política proviene de quienes se encuentran gobernados por el mismo.[20]

4.2. La limitación del poder[editar]

La democracia, para garantizar las condiciones mínimas de participación ciudadana, impone al poder público límites en su ejercicio, dirigidos a salvaguardar los intereses y derechos de los individuos. Al mismo tiempo, determina las funciones del propio poder y lo divide. Así se crean instituciones como el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial, y se asigna a cada rama una función específica del poder, con competencias y supuestos para su ejercicio.

Los límites pueden identificarse en tres tipos: el del Estado frente al individuo, garantizado mediante los derechos fundamentales que la Constitución establece a favor del gobernado; el de las propias instituciones del Estado entre ellas, garantizado mediante la división del poder y el establecimiento de competencias; y el de los individuos entre sí, logrado mediante la inclusión y reglamentación de los derechos sociales.

4.3. La esfera de lo indecidible[editar]

La Constitución de un Estado democrático reconoce la posibilidad de que la totalidad de los miembros de la sociedad participen en la decisión de cómo habrá de configurarse el nuevo ente político. Las decisiones tomadas por los factores reales del poder al definir el rumbo del Estado son las llamadas decisiones políticas fundamentales. Estas decisiones forman parte de la «esfera de lo indecidible»: no pueden ser limitadas o desconocidas por persona o institución alguna, incluidas las mayorías.[21]

De ahí surge una diferenciación entre democracia formal y democracia material. Una decisión democrática tomada por una mayoría es formalmente válida si se adopta conforme al procedimiento establecido constitucionalmente. Pero no es suficiente para considerarla materialmente válida: su contenido debe ser acorde con los principios fundamentales adoptados en la Constitución por la totalidad de los miembros de la sociedad. Este principio busca impedir el problema democrático conocido como «tiranía de las mayorías».

4.4. El control del poder[editar]

Un Estado democrático no puede subsistir sin herramientas que garanticen la regularidad de los actos de autoridad respecto de la esencia del Estado. El control de la constitucionalidad de los actos se convierte en un eje de la eficacia constitucional, reforzando el carácter obligatorio de la Constitución y de las decisiones políticas fundamentales. Los medios de control de la constitucionalidad son recursos jurídicos diseñados para verificar la correspondencia entre los actos emitidos por quienes detentan el poder y la Constitución, anulándolos cuando quebranten los principios constitucionales.[22]

De ese modo, los derechos y principios contenidos en la Constitución —el pacto político por excelencia de una democracia— adquieren naturaleza de norma jurídica oponible frente a todos los actos que la contradigan.

5. Aplicación práctica[editar]

En la práctica, los mecanismos de democracia más extendidos son los de la democracia representativa; de hecho, es el sistema de gobierno más utilizado en el mundo. Algunos países, como Suiza o Estados Unidos, cuentan con mecanismos propios de la democracia directa. La democracia deliberativa pone el énfasis en el proceso de deliberación o debate, y no tanto en las votaciones. El concepto de democracia participativa propone la creación de formas democráticas directas para atenuar el carácter puramente representativo (audiencias públicas, recursos administrativos, ombudsman). El concepto de democracia social propone el reconocimiento de las organizaciones de la sociedad civil como sujetos políticos (consejos económicos y sociales, diálogo social).[23]

Estas diferenciaciones no se presentan en forma pura. Los sistemas democráticos suelen tener componentes de unas y otras formas de democracia. Las democracias modernas tienden a establecer un complejo sistema de mecanismos de control de los cargos públicos. Una de las manifestaciones de estos controles horizontales es la figura del juicio político, al que pueden ser sometidos tanto los presidentes como los jueces por parte de los parlamentos, de acuerdo con ciertas constituciones, como las de Argentina, Brasil o Estados Unidos. Otras agencias modernas orientadas al mismo fin son el defensor del pueblo u ombudsman, las sindicaturas de empresas públicas, los organismos de auditoría y las oficinas de ética pública.[24]

Existe también una corriente crecientemente relevante en el mundo anglosajón que propugna combinaciones de las instituciones actuales con aplicaciones democráticas del sorteo. Entre los autores más relevantes pueden citarse John Burnheim, Ernest Callenbach, A. Barnett, Peter Carty, Barbara Goodwin y, en el ámbito francés, Yves Sintomer. Autores consagrados como Robert A. Dahl y Benjamin Barber han dedicado espacio a este tipo de propuestas. En el mundo hispanohablante la recepción es aún muy reducida, si bien autores como Juan Ramón Capella han planteado la posibilidad de acudir al sorteo como herramienta democratizadora.[25]

6. Componentes de la democracia[editar]

6.1. La regla de la mayoría[editar]

En la democracia moderna juega un rol decisivo la llamada regla de la mayoría: el derecho de la mayoría a que se adopte su posición cuando existen diversas propuestas. Las elecciones son el instrumento en el que se aplica la regla de la mayoría. Sin embargo, muchos sistemas democráticos no utilizan la regla de la mayoría o la restringen mediante sistemas de elección rotativos, al azar, derecho a veto (mayorías especiales), etc.[26] De hecho, en determinadas circunstancias la regla de la mayoría puede volverse antidemocrática cuando afecta derechos fundamentales de las minorías, de los individuos o vulnera los principios fundamentales de la vida del Estado, cuestiones que se conocen como la «esfera de lo indecidible».[27]

Las democracias reales suelen ser complejos mecanismos articulados, con múltiples reglas de participación en los procesos de deliberación y toma de decisiones, en los que el poder se divide constitucional o estatutariamente en múltiples funciones y ámbitos territoriales, y se establecen variedad de sistemas de control, contrapesos y limitaciones, que llevan a la conformación de distintos tipos de mayorías, a la preservación de ámbitos básicos para las minorías y a garantizar los derechos humanos de los individuos y grupos sociales.

Existe también una diferencia fundamental entre el concepto de democracia y el de democratización. El concepto de democracia está conectado a la capacidad de la clase política de responder a las necesidades de la población. En cambio, el concepto de democratización tiene que ver con la capacidad de una sociedad de adaptarse al proceso de homogeneización cultural, legal y política que tuvo lugar luego del fin de la Guerra Fría.[28]

6.2. Mecanismos de control y accountability horizontal[editar]

Guillermo O'Donnell ha puesto de manifiesto la importancia de los mecanismos de control o accountability horizontal en las democracias modernas, a las que él prefiere denominar «poliarquías». El control horizontal se diferencia del control vertical democrático, que se realiza por medio de las elecciones periódicas. El control horizontal es una conformación del Estado integrada por diversas agencias con poder para actuar contra las acciones u omisiones ilícitas realizadas por otros agentes del Estado.[29]

Las democracias modernas tienden a establecer un complejo sistema de mecanismos de control de los cargos públicos. Una de las manifestaciones de estos controles horizontales es la figura del juicio político, al que pueden ser sometidos tanto los presidentes como los jueces por parte de los parlamentos, de acuerdo con ciertas constituciones, como las de Argentina, Brasil o Estados Unidos. Otras agencias modernas orientadas al mismo fin son el defensor del pueblo u ombudsman, las sindicaturas de empresas públicas, los organismos de auditoría y las oficinas de ética pública.

7. Democracia y derechos humanos[editar]

Por derechos humanos y de los ciudadanos se entiende el conjunto de derechos civiles, políticos y sociales que están en la base de la democracia moderna. Alcanzan su plena afirmación en el siglo XX.

  • Derechos civiles: libertad individual, de expresión, de ideología y religión, derecho a la propiedad, a cerrar contratos y a la justicia. Afirmados en el siglo XVIII.
  • Derechos políticos: derecho a la participación en el proceso político como miembro de un cuerpo al que se le otorga autoridad política. Afirmados en el siglo XIX.
  • Derechos sociales: libertad sindical y derecho a un bienestar económico mínimo y a una vida digna, según los estándares prevalentes en la sociedad en cada momento histórico. Afirmados en el siglo XX.

También se ha distinguido entre derechos humanos de primera generación (políticos y civiles), de segunda generación (sociolaborales), de tercera generación (socioambientales) y de cuarta generación (participativos).

8. Transición y cultura democrática[editar]

En aquellos países que no tienen una fuerte tradición democrática, la introducción de elecciones libres por sí sola raramente ha sido suficiente para llevar a cabo con éxito una transición desde una dictadura a una democracia. Es necesario también que se produzca un cambio profundo en la cultura política, así como la formación gradual de las instituciones del gobierno democrático. Hay varios ejemplos de países que solo han sido capaces de mantener la democracia de forma muy limitada hasta que han tenido lugar cambios culturales profundos, en el sentido del respeto a la regla de la mayoría.

Uno de los aspectos clave de la cultura democrática es el concepto de «oposición leal». Este es un cambio cultural especialmente difícil de conseguir en naciones en las que históricamente los cambios de poder se han sucedido de forma violenta. El término se refiere a que los principales actores participantes en una democracia comparten un compromiso común con sus valores básicos, y que no recurrirán a la fuerza o a mecanismos de desestabilización económica o social para obtener o recuperar el poder.

Esto no quiere decir que no existan disputas políticas, pero siempre respetando y reconociendo la legitimidad de todos los grupos políticos. Una sociedad democrática debe promover la tolerancia y el debate público civilizado. Durante las distintas elecciones o referéndums, los grupos que no han conseguido sus objetivos aceptan los resultados, ya que expresan las preferencias de la ciudadanía.

El proceso de expansión mundial de las instituciones representativas entre mediados de los años setenta y el final del siglo XX, conocido como «Tercera Ola de Democratización» según la denominación de Samuel Huntington (1991), produjo un número considerable de regímenes híbridos y democracias duraderas pero de calidad menos que óptima.[30]

9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La difusión de las ideas democráticas en el mundo hispanohablante estuvo ligada a los procesos de independencia americanos y a la Constitución de Cádiz de 1812. La Guerra de Independencia Hispanoamericana (1809–1824) expandió los ideales liberales y los principios de soberanía popular en los territorios que se separaron de la monarquía española. Constituciones como la de Venezuela de 1811 y la de Argentina de 1853 incorporaron características democráticas tempranas, aunque con avances y retrocesos a lo largo del siglo XIX.

En España, la evolución democrática fue lenta y se manifestó en las sucesivas reformas electorales a partir de 1832, que culminaron en 1911 con la Parliament Act. La restauración democrática posterior al franquismo, a partir de 1977, fue un proceso de transición que se convirtió en referencia para muchos países de América Latina. En la región, la tercera ola de democratización alcanzó a países como Argentina (1983), Uruguay (1985), Chile (1990) y otros, tras décadas de gobiernos militares.

En la actualidad, los sistemas democráticos representativos predominan en los países hispanohablantes, aunque persisten debates sobre la calidad institucional, la participación ciudadana directa y los mecanismos de rendición de cuentas.

10. Referencias[editar]


  1. Real Academia Española, «democracia», Diccionario de la lengua española. ↩︎

  2. Bobbio, Norberto (1978). Democracia y dictadura, enciclopedia Einaudi. ↩︎

  3. Real Academia Española, «-cracia», Diccionario de la lengua española. ↩︎

  4. Ochoa del Río, José Augusto (2006). «La Democracia: aportes para un análisis conceptual», Biblioteca Jurídica. ↩︎

  5. Ruiz Galacho, Diego (2000). «El Estado ateniense», Revista Laberinto, n.º 2. ↩︎

  6. Mann, Charles (2005). 1491. Madrid: Taurus. ↩︎

  7. Madison, James (1787). Federalist Papers No. 10. ↩︎

  8. Hamilton, Alexander. «Carta a Gouverneur Morris», Founders Archives. ↩︎

  9. Mann, Charles (2006). 1491. Madrid: Taurus. ↩︎

  10. Janowski, Maciej (2001). Pensamiento liberal polaco. Universidad de Europa Central. ISBN 963-9241-18-0. ↩︎

  11. Schroeder, Paul W. (1996). Transformación de políticas europeas 1763–1848. Universidad de Oxford. ISBN 0-19-820654-2. ↩︎

  12. Gella, Aleksander (1998). Clase de desarrollo cultural en Europa del este: Polonia y sus vecinos del sur. SUNY Press. ISBN 0-88706-833-2. ↩︎

  13. López Arribas, Pedro (2001). «El origen de la democracia moderna», Política. Universidad Autónoma de Madrid. ISSN 1131-7744. ↩︎

  14. Macpherson, C. B. (1981). La democracia liberal y su época. Madrid: Alianza. ISBN 84-206-1870-5. ↩︎

  15. Fundación por la Socialdemocracia de las Américas (2006). ¿Qué es la socialdemocracia? Los principios y valores de la tercera vía. ↩︎

  16. Constitución española, Título II. De la Corona, artículos 56 a 65. ↩︎

  17. Ávila Ornelas, Roberto (2012). La Suprema Corte de Justicia de la Nación y la Transición Democrática. Porrúa. ↩︎

  18. Paniagua Corazao, Valentín (2004). Constitución, democracia y autocracia. Instituto de Investigaciones Jurídicas. ↩︎

  19. Pérez de la Fuente, Óscar (2014). Por senda de justicia: inclusión, redistribución y reconocimiento. Instituto de Investigaciones Jurídicas. ↩︎

  20. Huerta Ochoa, Carla (2009). Cuaderno de Derecho Electoral. Los procesos de participación ciudadana. Tribunal Electoral del Distrito Federal. ↩︎

  21. Lasalle, Ferdinand. ¿Qué es una Constitución? Traducción de W. Roces. Ediciones Coyoacán. ↩︎

  22. Covián Andrade, Miguel (2013). Fundamentos teóricos del control de la constitucionalidad. Centro de Estudios de Ingeniería Política y Constitucional, A.C. ↩︎

  23. Macpherson, C. B. (1981). La democracia liberal y su época. Madrid: Alianza. ISBN 84-206-1870-5. ↩︎

  24. Salvadores de Arzuaga, Carlos I. (1999). Los controles institucionales en la Constitución Argentina 1853–1994. Buenos Aires: La Ley. ↩︎

  25. Cancio, Jorge (2009). «Invitación a un debate: el sorteo y las cámaras sorteadas como mejoras institucionales a la democracia», Mientras Tanto, n.º 112. ↩︎

  26. Bobbio, Norberto (1998). «La regla de la mayoría: límites y aporías», Ágora, verano, n.º 8. ↩︎

  27. Ferrajoli, Luigi (2010). Democracia y garantismo. Madrid: Trotta. ↩︎

  28. Lewkowicz, Nicolas (2020). Auge y ocaso de la era liberal. Una pequeña historia del siglo XXI. Buenos Aires: Biblos. ISBN 978-987-691-881-7. ↩︎

  29. O'Donnell, Guillermo (1998). «Accountability horizontal», Ágora Cuaderno de Estudios Políticos, n.º 8, verano. ↩︎

  30. Huntington, Samuel P. (1991). The Third Wave: Democratization in the Late Twentieth Century. University of Oklahoma Press. ISBN 978-0806125169. ↩︎