Eduardo VIII del Reino Unido
| Eduardo VIII del Reino Unido | |
|---|---|
| Rey del Reino Unido y de los Dominios Británicos de Ultramar Emperador de la India |
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| Reinado | 20 de enero de 1936 – 11 de diciembre de 1936 |
| Predecesor | Jorge V |
| Sucesor | Jorge VI |
| Duque de Windsor | 8 de marzo de 1937 – 28 de mayo de 1972 |
| Nombre completo | Edward Albert Christian George Andrew Patrick David |
| Tratamiento | Su Majestad (1936) Su Alteza Real |
| Nacimiento | 23 de junio de 1894 White Lodge, Richmond Park, Surrey, Inglaterra |
| Fallecimiento | 28 de mayo de 1972 Villa Windsor, Neuilly-sur-Seine, Francia |
| Sepultura | Cementerio real de Frogmore, Windsor |
| Casa real | Windsor |
| Padre | Jorge V del Reino Unido |
| Madre | María de Teck |
| Cónyuge | Wallis Simpson (matrimonio 1937) |
| Religión | Anglicanismo |
| Rango militar | Mariscal de campo honorario |
| Conflictos | Primera Guerra Mundial |
1. Resumen[editar]
Eduardo VIII del Reino Unido, nacido Edward Albert Christian George Andrew Patrick David, nació el 23 de junio de 1894 en White Lodge, dentro de Richmond Park, en Surrey, Inglaterra, y falleció el 28 de mayo de 1972 en la Villa Windsor de Neuilly-sur-Seine, cerca de París. Fue rey del Reino Unido y de los dominios británicos de ultramar y emperador de la India desde el 20 de enero hasta el 11 de diciembre de 1936, fecha en que abdicó para casarse con Wallis Simpson, una celebridad estadounidense que se había divorciado en dos ocasiones.
Con un reinado de 325 días, Eduardo VIII fue uno de los monarcas de más corto reinado en la historia británica y nunca llegó a ser coronado. Su abdicación provocó una profunda crisis constitucional que remodeló las reglas no escritas de la monarquía británica y convirtió a su hermano menor, Alberto, duque de York, en rey con el nombre de Jorge VI.
Tras la abdicación, Eduardo recibió el título de duque de Windsor y se casó con Wallis en Francia en 1937. Durante los años siguientes se alejó de la familia real, visitó la Alemania nazi y, ya en la Segunda Guerra Mundial, fue enviado como gobernador a las Bahamas para minimizar su posible influencia política. Pasó el resto de su vida en el exilio, fundamentalmente en París, y murió sin haber vuelto a desempeñar funciones oficiales de relevancia.
La crisis de la abdicación y la relación entre Eduardo y Wallis Simpson han sido tratadas en numerosas obras de teatro, novelas, documentales y películas, entre ellas la película de 2010 El discurso del rey, que se estrenó en América Latina con ese mismo título y aborda la ascensión al trono de su hermano Jorge VI.
2. Primeros años y formación[editar]
Nacimiento y familia[editar]
Eduardo nació en White Lodge, en el distrito de Richmond, condado de Surrey, Inglaterra, el 23 de junio de 1894. Fue el hijo mayor de los entonces duques de York, el futuro rey Jorge V y la princesa María de Teck. Era bisnieto de la reina Victoria por línea paterna, por lo que desde su nacimiento recibió el tratamiento de Su Alteza y el título de príncipe Eduardo de York.
Por parte de padre, Eduardo descendía de Eduardo VII y de Alejandra de Dinamarca. Por parte de madre, era nieto del duque de Teck, Francisco, y de la princesa María Adelaida de Cambridge. Estos vínculos lo colocaron desde niño en el centro de la red dinástica europea: era primo de Nicolás II de Rusia y de otros soberanos y príncipes de la época.
Fue bautizado el 16 de julio de 1894 en el Salón Verde de White Lodge. El encargado del bautismo fue el arzobispo de Canterbury, Edward White Benson,[1] y los padrinos incluyeron a sus abuelos, varios bisabuelos y diversos parientes reales que en muchos casos estuvieron representados por terceros.
Sus nombres fueron elegidos para honrar a su difunto tío, Alberto Víctor de Clarence, a quien la familia llamaba Eddy o Eduardo, y al rey Cristián IX de Dinamarca. El nombre Alberto se incluyó por petición expresa de la reina Victoria. Sus cuatro últimos nombres —Jorge, Andrés, Patricio y David— correspondían a los santos patronos de Inglaterra, Escocia, Irlanda y Gales. La familia y los amigos cercanos lo llamaron siempre David.
La crianza de Eduardo y de sus hermanos estuvo marcada por la distancia paterna habitual en la aristocracia británica de la época. Una de sus primeras niñeras lo pellizcaba antes de presentarlo ante sus padres; su llanto hacía que los duques la apartaran con él. Cuando se supo lo que ocurría, la niñera fue despedida.[2]
Educación[editar]
Los primeros estudios de Eduardo se realizaron en casa. Su institutriz fue Helene Bricka, que ya lo había sido de su madre, María de Teck. Durante una larga gira de sus padres por el Imperio británico tras la muerte de la reina Victoria en 1901, Eduardo y sus hermanos permanecieron con sus abuelos, el rey Eduardo VII y la reina Alejandra, quienes prodigaban afecto a sus nietos.
Al regreso de sus padres, Eduardo quedó bajo el cuidado de Frederick Finch y Henry Hansell, quienes prácticamente se ocuparon de él y de sus hermanos durante el resto de la infancia. Hansell ejerció una tutela estricta hasta que Eduardo tuvo cerca de trece años. Su padre se opuso a que entrara a la escuela a una edad más temprana.
En 1907, Eduardo ingresó en el Osborne Naval College y más tarde pasó al Real Colegio Naval de Dartmouth. No disfrutó de su paso por Osborne. Se pensó en un curso de dos años y en el posterior ingreso en la Marina Real, pero su camino cambió cuando su padre ascendió al trono el 6 de mayo de 1910, tras la muerte de Eduardo VII. Ese mismo año, Eduardo se convirtió automáticamente en duque de Cornualles y duque de Rothesay. Fue creado príncipe de Gales el 23 de junio de 1910, al cumplir dieciséis años, y desde entonces comenzó una preparación más formal para sus futuras funciones.
Antes de dejar la carrera naval, sirvió durante tres meses como guardiamarina a bordo del acorazado HMS Hindustan. Después ingresó en el Magdalen College de la Universidad de Oxford. Según varios biógrafos, su preparación intelectual fue escasa; abandonó Oxford tras ocho trimestres sin obtener credenciales académicas.
3. Príncipe de Gales (1910-1936)[editar]
Investidura y viajes[editar]
Eduardo fue investido formalmente como príncipe de Gales en el castillo de Caernarfon el 13 de julio de 1911. La ceremonia, celebrada en Gales, fue impulsada por el político galés David Lloyd George, que ideó un acto de marcado carácter galés y preparó al joven príncipe para que pronunciara unas palabras en idioma galés.
La ceremonia formaba parte de una estrategia más amplia para conectar a la monarquía con la identidad galesa y con las élites políticas liberales de la época. Aunque el título de príncipe de Gales era tradicional, la investidura pública ayudó a consolidar la imagen de Eduardo como heredero.
Durante las décadas de 1910, 1920 y 1930, Eduardo representó a su padre en numerosos actos y viajes por el Reino Unido y el extranjero. Entre 1919 y 1935 realizó alrededor de dieciséis grandes viajes oficiales a distintas partes del Imperio británico y a otros países. En ese periodo adquirió una propiedad rural en Bedingfield, cerca de Pekisko, en Canadá.
Sus viajes por América Latina fueron especialmente celebrados por la prensa de la región. Visitó Argentina y Chile en 1925, en un contexto de amplia cobertura periodística. En Chile, un grupo de masones británicos acordó formar una nueva logia a la que, en honor del príncipe, llamaron Prince of Wales, con el número 19 de la Gran Logia de Chile. Eduardo envió posteriormente un retrato suyo revestido con los paramentos de la Gran Logia Unida de Inglaterra.
A pesar de su popularidad, Eduardo mostró en varios viajes un desapego notable por el protocolo y por las autoridades locales. Se ha registrado su negativa a conocer a personalidades importantes en la India y su incomodidad ante ciertos deberes ceremoniales.
Primera Guerra Mundial[editar]
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Eduardo ya tenía la edad mínima para el servicio activo y deseaba ir al frente. Se alistó en los Grenadier Guards en junio de 1914. Sin embargo, el secretario de Estado para la Guerra, Lord Kitchener, se negó a permitirle servir en primera línea, argumentando el daño inmenso que se produciría si el heredero al trono fuera capturado por el enemigo.
A pesar de la restricción, Eduardo visitó la línea del frente siempre que pudo y fue testigo directo de la guerra. En 1916 fue condecorado con la Cruz Militar. Su papel, aunque limitado, le valió popularidad entre los veteranos. En 1918 realizó su primer vuelo militar y más tarde obtuvo la licencia de piloto.
La experiencia de la guerra marcó profundamente su visión de Europa. Después afirmó que las «escenas de horror sin fin» contribuyeron a su apoyo a la política de apaciguamiento y a su interés por evitar una nueva guerra.
Imagen pública y popularidad[editar]
Durante los años veinte y treinta, Eduardo se convirtió en una figura excepcionalmente popular. Su rango, sus viajes, su buena apariencia y su soltería lo convirtieron en una celebridad comparable a las estrellas de cine que empezaban a surgir en la época. A diferencia de su padre, que rara vez sonreía en público, Eduardo daba una imagen de jovialidad y cercanía.
Llegó a ser una de las personas más fotografiadas de su tiempo y marcó tendencias en la moda masculina. En 1924 donó el Trofeo Príncipe de Gales a la Liga Nacional de Hockey de Estados Unidos, un trofeo que todavía lleva su nombre.
Sin embargo, su imagen pública posterior se deterioró cuando se conocieron actitudes y comentarios suyos sobre distintos pueblos del Imperio. Sobre los indígenas australianos llegó a decir que eran «la forma más repugnante de seres vivos» que había visto y «lo más parecido a los monos».[3] Estas afirmaciones, poco comentadas en su momento, fueron revaloradas décadas después por los historiadores.
4. Relaciones sentimentales y vida privada[editar]
Romances y preocupación institucional[editar]
El hecho de que Eduardo fuera un mujeriego compulsivo y tuviera una conducta imprudente durante los años veinte y treinta preocupó al primer ministro Stanley Baldwin, al rey Jorge V y a muchos de los allegados a la casa real. Alan Lascelles, secretario privado del príncipe durante ocho años, llegó a decir que, «por alguna razón hereditaria o fisiológica, su desarrollo mental normal se detuvo en seco al llegar a la adolescencia».
Jorge V estaba decepcionado con su hijo mayor y desaprobaba sus numerosos romances con mujeres casadas. Se cuenta que el rey dijo sobre Eduardo: «Después de mi muerte, el chico se arruinará en doce meses». La frase expresa bien el temor de la corte a que Eduardo no estuviera a la altura de la corona.
En 1929, la revista Time informó de que Eduardo llamaba en broma a su nueva cuñada, Isabel Bowes-Lyon, esposa de su hermano Alberto, «reina Isabel». La revista se preguntaba si ella no dudaría de cuánta verdad había en la historia de que Eduardo renunciaría algún día a sus derechos, lo que haría que aquel apodo se convirtiera en realidad.
Jorge V, mientras tanto, depositaba sus esperanzas en su segundo hijo, Alberto, y en su nieta mayor, Isabel. Llegó a decir que rogaba a Dios que su hijo mayor nunca se casara ni tuviera hijos, para que nada se interpusiera entre Bertie y Lilibet y el trono.
Wallis Simpson[editar]
En 1930 el rey le dio a Eduardo una casa, Fort Belvedere, cerca de Sunningdale, en Inglaterra. Allí el príncipe mantuvo relaciones con una serie de mujeres casadas, como Freda Dudley Ward y Thelma Furness, una estadounidense que le presentó a su amiga Wallis Simpson.
Wallis Simpson se había divorciado de su primer marido en 1927 y después se casó con Ernest Simpson, un hombre de negocios británico-estadounidense. Se acepta generalmente que Wallis y el príncipe de Gales se hicieron amantes mientras Thelma Furness viajaba por el extranjero, aunque Eduardo insistió firmemente ante su padre en que no había intimado con ella.
La relación debilitó aún más la mala comunicación entre Eduardo y su padre. Aunque el rey y la reina conocieron a Wallis en el palacio de Buckingham en 1935, más tarde se negaron a recibirla. Eduardo, sin embargo, se enamoró de Wallis y la relación se hizo cada vez más íntima.
La preocupación institucional llegó a tal punto que la pareja fue vigilada por la Sección Especial de la Policía Metropolitana, que examinó en secreto la naturaleza de su relación. En un informe sin fecha, un comerciante declaró que la dama parecía dominar completamente al príncipe de Gales.
Interés público y censura[editar]
El romance con una divorciada estadounidense generó ansiedad entre el gobierno y el establishment británico. La posibilidad de que Wallis Simpson ejerciera tanta influencia sobre el heredero alarmaba tanto al primer ministro como a los círculos eclesiásticos y de la corte.
Durante años, la prensa británica mantuvo un discreto silencio sobre la relación. Los periódicos de referencia no publicaban detalles del romance, en parte por la cultura de respeto a la monarquía y en parte por temor a represalias sociales o legales. La información circuló primero en el extranjero, especialmente en Estados Unidos, y solo más tarde acabó apareciendo en el Reino Unido, cuando la crisis ya era imposible de ocultar.
5. Reinado (1936)[editar]
Ascenso al trono[editar]
El rey Jorge V murió el 20 de enero de 1936 y Eduardo subió al trono como Eduardo VIII. Al día siguiente rompió el protocolo al observar la proclamación de su ascenso desde una ventana del palacio de St. James en compañía de Wallis Simpson, que todavía seguía casada.
Eduardo VIII se convirtió en el primer monarca de los reinos de la Mancomunidad en volar en un avión, al trasladarse de Sandringham a Londres para el Consejo de Adhesión. Su reinado comenzó con gestos que fueron vistos como modernos y espontáneos, pero también como poco respetuosos con las convenciones constitucionales.
Actuaciones polémicas[editar]
Eduardo causó malestar en los círculos gubernamentales con acciones que se interpretaron como interferencia en asuntos políticos. Cuando visitó los pueblos afectados por la crisis de las minas de carbón en el sur de Gales, su observación «hay que hacer algo» en favor de los mineros desocupados se consideró una crítica directa al Gobierno, aunque nunca quedó claro si el rey tenía algo particular en mente.
Los ministros se mostraban reticentes a enviar documentos confidenciales y documentos de Estado a Fort Belvedere, porque era evidente que Eduardo les prestaba poca atención y porque existía el peligro de que Wallis Simpson u otros invitados pudieran verlos.
En el plano exterior, Eduardo comenzó a intervenir de forma considerada constitucionalmente indebida. Mantuvo conversaciones con el embajador alemán en Londres, Leopold von Hoesch. Según algunos historiadores, llegó a confesarle que había amenazado al primer ministro Baldwin con abdicar si Inglaterra entraba en guerra con Alemania. Esta información pudo convencer a Hitler de que el Reino Unido no intervendría ante la ocupación de Renania.
Monedas e imagen[editar]
El enfoque poco ortodoxo de Eduardo se extendió a las monedas. Rompió con la tradición de que, en las sucesivas monedas de cada monarca, la efigie mirara en dirección opuesta a la del predecesor. Eduardo insistió en que su rostro mirara hacia la izquierda, como había hecho su padre, para mostrar la raya de su peinado.
Solo se acuñó un puñado de monedas antes de su abdicación. Cuando lo sucedió Jorge VI, la nueva efigie también miró hacia la izquierda para mantener la tradición, lo que sugiere que se habían acuñado previamente algunas piezas con la efigie de Eduardo mirando hacia la derecha.[4]
Intento de asesinato[editar]
El 16 de julio de 1936 se produjo un intento de asesinato contra Eduardo. Un irlandés descontento, Jerome Brannigan, también conocido como George Andrew McMahon, sacó un revólver cargado cuando el rey iba a caballo por Constitution Hill, cerca del palacio de Buckingham. La policía vio el arma, se abalanzó sobre él y lo detuvo.
En el juicio, Brannigan alegó que una «potencia extranjera» le había pedido matar al rey y que él había informado al MI5 del plan, actuando como observador y colaborador. El tribunal rechazó esos alegatos y lo envió a prisión por un año. Todavía se discute si Brannigan había estado realmente en contacto con el MI5.
Acercamiento a la crisis[editar]
En agosto y septiembre de 1936, Eduardo y Wallis Simpson recorrieron el Mediterráneo oriental en el yate de vapor Nahlin. En octubre quedó claro que el nuevo rey pensaba casarse con Wallis, sobre todo cuando el proceso de divorcio entre Ernest y Wallis Simpson fue llevado a la Corte de la Corona en Ipswich.
Se hicieron preparativos para todas las contingencias, incluida la posible coronación de Wallis como reina. Debido a las implicaciones religiosas del matrimonio, se planificó una ceremonia de coronación secular fuera de la abadía de Westminster, en Banqueting House, dentro del palacio de Whitehall.
6. Crisis y abdicación[editar]
La oposición del gobierno[editar]
El 16 de noviembre de 1936, Eduardo invitó al primer ministro Stanley Baldwin al palacio de Buckingham y le expresó su deseo de casarse con Wallis Simpson cuando esta estuviera en condiciones de volver a casarse. Baldwin le informó de que sus súbditos consideraban moralmente inaceptable el posible matrimonio, en gran parte porque volver a casarse después del divorcio era opuesto a los principios de la Iglesia de Inglaterra. Además, el pueblo no toleraría a Wallis como reina.
Como rey, Eduardo ocupaba el cargo de gobernador supremo de la Iglesia de Inglaterra, y el clero esperaba que defendiera las enseñanzas de la Iglesia. Su posible matrimonio con una divorciada creaba un conflicto directo con ese papel.
Eduardo propuso una solución alternativa: un matrimonio morganático, según el cual podría seguir siendo rey, pero Wallis no se convertiría en reina. Recibiría un título menor y los hijos que tuvieran no heredarían el trono. Esta fórmula fue rechazada por el gabinete británico y por los gobiernos de los dominios.
De conformidad con el Estatuto de Westminster de 1931, cualquier alteración en la sucesión al trono o en los títulos y tratamientos reales requería el consentimiento de los parlamentos de todos los dominios y del Parlamento del Reino Unido. Los primeros ministros de Australia, Canadá y la Unión Sudafricana dejaron clara su oposición al matrimonio con una divorciada. El primer ministro irlandés expresó indiferencia y desapego, mientras que el de Nueva Zelanda, que apenas conocía a Wallis, vaciló con incredulidad. Ante esta oposición, Eduardo respondió en un primer momento que «no había mucha gente en Australia» y que su opinión no le importaba.
La decisión de abdicar[editar]
El rey informó a Baldwin de que iba a renunciar si no podía casarse con Wallis Simpson. Baldwin le presentó tres opciones: renunciar a la idea del matrimonio, casarse contra los deseos de sus ministros o abdicar.
Eduardo no estaba dispuesto a renunciar a Wallis y sabía que si se casaba contra el consejo de sus ministros provocaría la dimisión del gobierno y una crisis constitucional. Escogió abdicar.
El 10 de diciembre de 1936, Eduardo firmó los instrumentos de abdicación en Fort Belvedere en presencia de sus tres hermanos varones supervivientes: el duque de York, el duque de Gloucester y el duque de Kent. El hermano menor, el príncipe Juan, había muerto en 1919. Se hicieron quince[sin verificar] copias para los distintos reinos, dominios e instituciones.
Al día siguiente, el último acto de su reinado fue la aprobación real del Acta de la Declaración de Abdicación de Su Majestad de 1936. Todos los dominios aprobaron la abdicación, aunque el Estado Libre Irlandés no la incluyó en su Acta de Relaciones Exteriores hasta el 12 de diciembre.
La noche del 11 de diciembre de 1936, Eduardo, que ahora volvía a tener el título de príncipe, dio un discurso a la nación y al Imperio para explicar su decisión. Fue entonces cuando pronunció una de sus frases más recordadas:
«Me ha resultado imposible soportar la pesada carga de responsabilidad y desempeñar mis funciones como rey, en la forma en que desearía hacerlo, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo».
Después de la emisión, Eduardo partió del Reino Unido hacia Austria. No pudo reunirse con Wallis hasta que su divorcio fue efectivo, varios meses después. Su hermano, el príncipe Alberto, duque de York, ascendió al trono como Jorge VI. La hija mayor de Jorge, la princesa Isabel, pasó a ocupar el primer lugar en la línea de sucesión.
7. Duque de Windsor y exilio[editar]
Título y tratamiento[editar]
El 12 de diciembre de 1936, en la reunión de adhesión del Consejo Privado, Jorge VI anunció que iba a nombrar a su hermano «Su Alteza Real el duque de Windsor». Quería que este fuera el primer acto de su reinado, aunque los documentos formales no se firmaron hasta el 8 de marzo de 1937.
La decisión de hacerlo duque real aseguró que Eduardo no podría presentarse a elecciones a la Cámara de los Comunes ni hablar sobre temas políticos en la Cámara de los Lores.
Sin embargo, la patente de cartas del 27 de mayo de 1937, que reconfirió al duque el tratamiento de alteza real, declaró expresamente que su esposa y sus descendientes no podrían recibir ese título. Esta cuestión generó conflictos durante décadas. Algunos juristas sostenían que Wallis obtenía automáticamente el rango de esposa de un príncipe, mientras que otros consideraban que Eduardo, al abdicar, había perdido todo rango real y que el rey podía regular el tratamiento mediante prerrogativa real.
Matrimonio[editar]
El duque de Windsor se casó con Wallis Simpson, que había cambiado su nombre por el de Wallis Warfield, en una ceremonia privada el 3 de junio de 1937 en el castillo de Candé, cerca de Tours, Francia. Como la Iglesia de Inglaterra se negó a autorizar la unión, un clérigo del condado de Durham, el reverendo Robert Anderson Jardine, se ofreció a celebrar la ceremonia y el duque aceptó.
Jorge VI prohibió a los miembros de la familia real asistir a la boda. Eduardo quería especialmente la presencia de sus hermanos, los duques de Gloucester y de Kent, y de su primo segundo Luis Mountbatten. La ausencia de la familia real en la ceremonia marcó el inicio de un distanciamiento que duró décadas.
A la duquesa de Windsor se le negó el tratamiento de alteza real. El gobierno también rechazó incluir al duque o a la duquesa en la Lista Civil, de modo que el nuevo rey pagó personalmente el subsidio de su hermano. La relación entre el duque y el resto de la familia real se volvió tensa. Eduardo ocultó el valor real de sus finanzas durante las negociaciones y llamaba por teléfono a diario para importunar al rey por dinero y por el tratamiento de su esposa, hasta que Jorge VI ordenó que no le pasaran las llamadas.
Eduardo había acumulado una fortuna procedente de las rentas del ducado de Cornualles al ser príncipe de Gales. El nuevo rey y la reina también le compraron Sandringham House y el castillo de Balmoral, propiedades personales de Eduardo heredadas de Jorge V, que no pasaban automáticamente a la corona.
Exilio en Francia[editar]
El duque supuso que podría instalarse en Gran Bretaña después de uno o dos años de exilio en Francia. Sin embargo, Jorge VI, con el apoyo de su madre, la reina María, y de su esposa, la reina Isabel, amenazó con cortarle el apoyo económico si regresaba sin ser invitado.
La reina María mantuvo su rabia contra Eduardo durante mucho tiempo. Según se ha citado, decía: «Renunciar a todo esto por qué». Eduardo, por su parte, le escribió en 1939: «[Tu última carta] destruyó el último vestigio de sentimientos que tenía para ti [...] y ha hecho que una posterior correspondencia normal entre nosotros sea imposible».
8. Segunda Guerra Mundial[editar]
Visita a la Alemania nazi[editar]
En octubre de 1937, el duque y la duquesa visitaron la Alemania nazi contra el consejo del gobierno británico y se reunieron con Adolf Hitler en Obersalzberg. La visita fue ampliamente publicitada por los medios alemanes, y durante ella Eduardo hizo el saludo fascista.
El exembajador austríaco, conde Albert von Mensdorff-Pouilly-Dietrichstein, que era primo segundo y amigo de Jorge V, creía que Eduardo favorecía el fascismo alemán como un baluarte contra el comunismo y que en un principio estuvo a favor de una alianza con Alemania.
Hitler, por su parte, consideraba que Eduardo se mostraba amistoso con la Alemania nazi. Albert Speer, arquitecto jefe y miembro del círculo cercano de Hitler, citó al dictador diciendo que, si Eduardo no hubiera abdicado, las relaciones angloalemanas podrían haber sido diferentes. Según Speer, Hitler dijo: «Su abdicación fue una grave pérdida para nosotros».
Francia, España y Portugal[editar]
Después de la boda, los duques se establecieron en Francia. Al estallar la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, Lord Mountbatten los llevó de vuelta a Gran Bretaña a bordo del HMS Kelly. El duque, pese a ser mariscal de campo honorario, fue nombrado general de división adscrito a la misión militar británica en Francia.
En febrero de 1940, el ministro alemán en La Haya, conde Julius von Zac-Burkersroda, afirmó que el duque había filtrado los planes de guerra aliados para la defensa de Bélgica. Cuando Alemania invadió el norte de Francia en mayo de 1940, los Windsor huyeron primero a Biarritz y luego a España. En julio se trasladaron a Lisboa, donde se alojaron en casa del banquero portugués Ricardo de Espírito Santo, que tenía contactos tanto británicos como alemanes.
Durante la ocupación alemana de Francia, el duque pidió a las fuerzas alemanas que pusieran guardias en sus casas de París y de la Costa Azul, y así se hizo. Después concedió una entrevista de tono derrotista que se distribuyó ampliamente. El gobierno británico consideró que era la gota que colmaba el vaso. El primer ministro Winston Churchill amenazó con someterlo a un consejo de guerra si no regresaba a suelo británico.
En Portugal, los alemanes organizaron operaciones para atraer al duque, con planes que incluían la posibilidad de secuestrarlo si no accedía voluntariamente. La situación era lo bastante grave para que el gobierno británico decidiera alejarlo de Europa.
Gobernador de las Bahamas[editar]
En agosto de 1940, un buque de guerra británico transportó a la pareja a las Bahamas. Churchill consideraba que desde allí el duque podía hacer menos daño al esfuerzo de guerra británico.
Eduardo fue instalado como gobernador de las Bahamas, cargo que no le gustaba. Se refería a las islas como «una colonia británica de tercera clase». El Ministerio de Relaciones Exteriores se opuso enérgicamente cuando la pareja planeó un recorrido a bordo de un yate perteneciente al magnate sueco Axel Wenner-Gren, a quien la inteligencia estadounidense consideraba erróneamente amigo cercano de Hermann Göring.
En una entrevista en la revista Liberty, el duque dijo que si Hitler fuese derrocado, sería «verdaderamente trágico para el mundo», y que Hitler era «el líder adecuado y lógico para el pueblo alemán». Llegó a sugerir que una oferta de paz apoyada por el duque de Windsor podría iniciar una revolución en Inglaterra. El artículo fue severamente censurado en Gran Bretaña.
A pesar de su desprecio por muchos de los habitantes de las islas, Eduardo fue elogiado por sus esfuerzos para combatir la pobreza en Nassau y por resolver conflictos civiles causados por los bajos salarios en 1942. Sin embargo, culpó de las dificultades a «problemáticos comunistas» y a «los hombres de ascendencia judía de la Europa Central». Sobre Étienne Dupuch, editor del Nassau Daily Tribune, escribió que «Dupuch es más de la mitad negro y, debido a la peculiar mentalidad de esta raza, [los negros] parecen incapaces de destacar sin perder su equilibrio».
Renunció al cargo de gobernador el 16 de marzo de 1945.
Sospechas y operaciones alemanas[editar]
Muchos historiadores han sostenido que Hitler estaba dispuesto a reintegrar a Eduardo como rey con la esperanza de establecer un régimen fascista en Gran Bretaña. La idea de que el duque y la duquesa simpatizaban con el fascismo antes y durante la guerra era amplia y contribuyó a su envío a las Bahamas.
Los aliados estaban lo bastante preocupados como para que el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt ordenara la vigilancia discreta del duque y de la duquesa durante una visita a Palm Beach, Florida, en abril de 1941. Un miembro de la realeza alemana exiliado, el duque Carlos Alejandro de Wurtemberg, había convencido al FBI de que Wallis se había acostado con el embajador alemán en Londres, Joachim von Ribbentrop, y de que se mantenía en contacto permanente con él.
Hacia el final de la guerra, Jorge VI envió al bibliotecario real Owen Morshead y a Anthony Blunt, agente del MI5 y entonces trabajador a tiempo parcial de la Biblioteca Real, al castillo de Friedrichshof, en Alemania, para asegurar documentos relacionados con la emperatriz alemana Victoria, hija de la reina Victoria. Algunos autores han afirmado que la misión también sirvió para recuperar cartas entre el duque de Windsor y Adolf Hitler, aunque esta versión no está plenamente confirmada.
Después de la guerra, el duque admitió en sus memorias que admiraba a los alemanes, pero negó ser pronazi. Sin embargo, en la década de 1960 dijo en privado a un amigo: «Nunca pensé que Hitler fuera un mal tipo».
9. Vida posterior[editar]
Después de la guerra, los duques regresaron a Francia y pasaron el resto de su vida retirados. Eduardo no volvió a desempeñar ninguna función oficial relevante después de gobernar las Bahamas.
La ciudad de París le concedió al duque, por un alquiler simbólico, la Villa Windsor, una casa en el número 4 de la rue du Champ d'Entraînement, en Neuilly-sur-Seine, dentro del Bois de Boulogne. El gobierno francés lo eximió del pago de impuestos sobre la renta y la pareja podía comprar productos libres de impuestos a través de la embajada británica y de la comisaría militar.
En 1951, Eduardo publicó su autobiografía escrita por un escritor fantasma, A King's Story, en la que mostró su desacuerdo con la política liberal. Nueve años más tarde publicó un libro menos conocido, A Family Album, dedicado sobre todo a la moda y a las costumbres de la familia real desde la época de la reina Victoria.
Los duques de Windsor llevaban la vida de celebridades menores y eran considerados parte de la café society de los años cincuenta y sesenta. Organizaban fiestas y viajaban entre París y Nueva York. Personas que los trataron de cerca, como Gore Vidal, dejaron por escrito lo vacía que era a menudo la conversación del duque. La pareja sentía un gran cariño por sus perros pug.
En junio de 1953, en lugar de asistir a la coronación de la reina Isabel II en Londres, vieron la ceremonia por televisión desde París. Eduardo argumentó que iba contra los precedentes que un soberano o exsoberano asistiera a la coronación de otro. Se le pagó por escribir artículos sobre la ceremonia para el Sunday Express y para el Women's Home Companion, así como un libro corto titulado The Crown and the People, 1902-1953.
En 1955 visitó al presidente Dwight D. Eisenhower en la Casa Blanca. En 1956, la pareja apareció en el programa de entrevistas de Edward R. Murrow, Person to Person, y en 1970 concedió una entrevista de cincuenta minutos a la BBC. Ese mismo año fueron invitados por el presidente Richard Nixon a una cena en la Casa Blanca como huéspedes de honor.
La familia real nunca aceptó plenamente a la duquesa. La reina María se negó a recibirla formalmente. Aun así, Eduardo se reunió ocasionalmente con su madre y con su hermano, el rey Jorge VI, y asistió al funeral de Jorge. En 1965, los Windsor regresaron a Londres y fueron visitados por la reina Isabel II, por la princesa Marina, duquesa de Kent, y por María, princesa real y condesa de Harewood. Una semana después, la princesa real murió y la pareja asistió a su funeral.
En 1967 se unieron a la familia real para el centenario del nacimiento de la reina María. La última ceremonia real a la que acudió Eduardo fue el funeral de la princesa Marina en 1968. Declinó una invitación de la reina para asistir a la investidura del príncipe Carlos en 1969, alegando que el príncipe Carlos no quería allí a su «viejo tío abuelo».
10. Muerte y funeral[editar]
A partir de la década de 1960, la salud del duque comenzó a deteriorarse. En diciembre de 1964, el médico Michael DeBakey lo operó en Houston, Texas, de un aneurisma de la aorta abdominal. En febrero de 1965, Stewart Duke-Elder le trató un desprendimiento de retina en el ojo izquierdo.
Eduardo fumaba desde muy joven y a finales de 1971 se le diagnosticó cáncer de garganta. Fue sometido a terapia de cobalto. La reina Isabel II visitó a los Windsor en París en 1972, durante una visita de Estado a Francia, aunque solo la duquesa se unió a la comitiva real para una sesión fotográfica.
Eduardo murió en su casa de París el 28 de mayo de 1972, a los setenta y siete años. Su cuerpo fue trasladado a Gran Bretaña para ser velado en la capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor. El funeral se celebró en la capilla el 5 de junio de 1972 en presencia de la reina, la familia real y la duquesa de Windsor.
Fue sepultado en el cementerio real de Frogmore, detrás del Mausoleo Real de la reina Victoria y del príncipe Alberto. La duquesa, frágil y cada vez más afectada por la demencia senil, murió catorce años más tarde y fue enterrada junto a él.[5]
11. Estilo y características[editar]
Eduardo VIII fue una figura de contrastes. En público, proyectó durante años una imagen de modernidad, cercanía y glamour. En privado, fue descrito como voluble, dependiente emocionalmente de Wallis Simpson y poco interesado en los asuntos de Estado. Su reinado breve fue más de gestos que de programas, y su abdicación se convirtió en el hecho que definió su lugar en la historia.
Su estilo personal rompió con la solemnidad de su padre. Introdujo una manera más informal de vestir, predijo modas y se relacionó con ambientes ajenos a la corte tradicional. Al mismo tiempo, sus prejuicios raciales y sus simpatías políticas cuestionables empañaron su figura una vez que se conocieron.
El historiador Alan Lascelles, que trabajó con él durante ocho años, dejó un retrato demoledor: creía que su desarrollo mental se detuvo en la adolescencia. Otros lo vieron con más piedad, como un hombre atrapado entre el deber y un amor que no supo o no quiso abandonar.
Su forma de gobernar, durante los pocos meses que fue rey, mostró poca disciplina constitucional. La interferencia en asuntos políticos, las conversaciones con diplomáticos extranjeros y el manejo negligente de documentos oficiales inquietaron al gobierno antes de que estallara el conflicto del matrimonio.
12. Palmarés y récords[editar]
Aunque Eduardo VIII no fue un deportista ni un militar con una foja de combate, su trayectoria incluye varios hitos y condecoraciones.
Entre los récords y hechos destacables se cuentan:
- Rey del Reino Unido con uno de los reinados más cortos de la historia moderna británica: 325 días.
- Primer monarca de los reinos de la Mancomunidad en volar en un avión.
- Primer soberano británico moderno en abdicar voluntariamente.
- Condecorado con la Cruz Militar en 1916 por su presencia y servicio simbólico durante la Primera Guerra Mundial.
- Donador del Trofeo Príncipe de Gales a la National Hockey League en 1924.
No llegó a ser coronado, por lo que su reinado carece de una ceremonia de coronación formal. Su sucesor, Jorge VI, fue coronado en 1937 en la abadía de Westminster.
La rareza de sus monedas y sellos lo convirtió en un objeto de coleccionismo. Las monedas con su efigie son escasas y alcanzan precios muy altos en subastas internacionales.
13. Vida pública y legado[editar]
El legado de Eduardo VIII es inseparable de la crisis constitucional de 1936. Su abdicación forzó al Reino Unido y a los dominios a debatir públicamente los límites entre la vida privada del rey y su papel institucional, y dejó una huella duradera en la monarquía británica.
La crisis confirmó el principio de que el soberano británico debe actuar como monarca constitucional y políticamente neutral. La intervención de los primeros ministros de los dominios en la decisión consolidó la idea de que la Corona es una institución compartida, no un asunto exclusivamente británico. El Estatuto de Westminster de 1931 encontró en la abdicación una de sus primeras pruebas reales.
La figura de Eduardo VIII también sirvió de advertencia para las generaciones posteriores de la familia real. La monarquía posterior a 1936, encarnada por Jorge VI y luego por Isabel II, acentuó el deber, la estabilidad y la neutralidad pública, en contraste con la espontaneidad de Eduardo.
Su relación con Wallis Simpson, a la que el público británico conoció en gran medida después de la crisis, se convirtió en un relato mediático permanente. La historia del rey que renunció al trono por amor se ha contado en libros, canciones, entrevistas, series y películas. En 2010, la película El discurso del rey volvió a poner la abdicación en el centro de la cultura popular, aunque su foco fuera Jorge VI.
La memoria de Eduardo sigue siendo ambivalente. Para algunos, fue un romántico que antepuso la vida personal al trono. Para otros, fue un hombre profundamente inmaduro, con simpatías políticas inaceptables, cuya salida de la escena británica fue una suerte para el país. Los historiadores continúan debatiendo el alcance real de sus contactos pronazis y el grado de peligro que representó durante la Segunda Guerra Mundial.
14. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
Eduardo VIII dejó algunas huellas concretas en América Latina y en la cultura en español.
En 1925 visitó Argentina y Chile dentro de una gira que despertó gran interés periodístico. La revista argentina El Gráfico lo mostró en una imagen durante su visita de Estado. En Chile, su paso motivó la fundación de la logia masónica Prince of Wales, con el número 19 de la Gran Logia de Chile. El príncipe envió después un retrato suyo a esa logia, revestido con los paramentos de la Gran Logia Unida de Inglaterra.
Estos viajes formaron parte de la estrategia británica de acercarse a los países sudamericanos en un contexto de competencia con otras potencias. La figura de Eduardo, joven y carismática, resultaba útil para proyectar una imagen renovada de la monarquía británica en el extranjero.
En el cine y la televisión en español, la historia de Eduardo VIII y Wallis Simpson suele presentarse con el rótulo de «el rey que abdicó por amor». La película de 2010 El discurso del rey se estrenó en América Latina con ese título y contribuyó a renovar el interés por el periodo. Documentales sobre la Segunda Guerra Mundial y sobre la familia real británica disponibles en plataformas de streaming incluyen con frecuencia segmentos sobre la crisis de 1936 y la visita de los duques a Hitler.
Aunque su memoria en el mundo hispanohablante no tiene la intensidad de la de Isabel II o Jorge VI, Eduardo VIII sigue apareciendo como un personaje recurrente en la divulgación histórica sobre la monarquía británica, casi siempre bajo la sombra de su abdicación y de su controvertida relación con el régimen nazi.
Algunas fuentes enumeran doce padrinos, entre representaciones y presencias directas; el número varía según se cuente a los representantes o a los representados. ↩︎
El padre de Eduardo, Jorge V, solía ejercer una disciplina severa, aunque también demostraba afecto en privado. La madre, María de Teck, mostró a menudo un lado más distendido con sus hijos que contrastaba con su imagen pública austera. ↩︎
La frase aparece citada en cartas de Eduardo a Freda Dudley Ward publicadas en Letters From a Prince, editado por Rupert Godfrey en 1998. El impacto de esas cartas contribuyó a una revisión crítica de la figura del príncipe. ↩︎
La Real Casa de la Moneda británica confirmó más tarde que existieron ensayos y piezas de Eduardo VIII, pero muchas nunca entraron en circulación. Las monedas de Eduardo VIII se volvieron piezas muy buscadas por los coleccionistas. ↩︎
Durante años, los duques tuvieron planeado enterrarse en una parcela del Green Mount Cemetery de Baltimore, Maryland, donde yacía el padre de Wallis, hasta que alcanzaron un acuerdo con Isabel II en 1965. ↩︎