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El grito

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Este artículo trata sobre la obra de Edvard Munch. Para la película mexicana de 1968, véase El grito (película); para la novela argentina de 2004, véase El grito (novela).

El grito
AutorEdvard Munch
Título originalSkrik
Año1893
TécnicaÓleo, témpera y pastel sobre cartón
Dimensiones91 cm × 73,5 cm
EstiloExpresionismo
LocalizaciónGalería Nacional de Noruega, Oslo, Noruega

1. Resumen[editar]

El grito —cuyo título original en noruego es Skrik— es el nombre con el que se conoce una serie de cuatro cuadros del pintor noruego Edvard Munch, completados entre 1893 y 1910. La versión más célebre se encuentra en la Galería Nacional de Noruega, en Oslo, y fue concluida en 1893.[1] Otras dos versiones se conservan en el Museo Munch, también en Oslo, mientras que una cuarta versión perteneció a colecciones particulares y fue subastada en 2012.

La imagen representa una figura andrógina en primer plano, con el rostro entre las manos y la boca abierta, en un gesto de profunda angustia y desesperación existencial. Detrás se extiende un paisaje que corresponde a Oslo y al fiordo, vistos desde la colina de Ekeberg. El cielo aparece fluido y arremolinado, con colores cálidos y una luz semioscura.[1:1]

El grito está considerada una de las obras más importantes de Munch y del movimiento expresionista. Con el paso del siglo XX adquirió estatus de icono cultural, comparable por su ubicuidad al de la La Gioconda de Leonardo da Vinci. Su imagen ha sido reproducida en litografía, pintura, publicidad, objetos de consumo y múltiples apropiaciones del arte pop y del arte posmoderno.

La obra también ha estado marcada por dos robos de gran repercusión mediática. La versión de la Galería Nacional fue robada en febrero de 1994 y recuperada doce semanas después. En agosto de 2004 fue robada una de las versiones del Museo Munch, junto con la Madonna del mismo autor; ambas fueron recuperadas por la policía noruega el 31 de agosto de 2006.[2]

2. Contexto y creación[editar]

El origen de la imagen se conoce con un grado poco habitual de detalle gracias a un texto del propio Munch, citado con frecuencia por la crítica y por el Museo Munch. En una anotación recuperada como testimonio del proceso creativo, el artista escribió:

Paseaba por un sendero con dos amigos; el sol se puso. De repente, el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio: sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad. Mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad. Sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.[3]

Esa impresión fue trasladada primero al cuadro La desesperación, una escena similar en la que aparece un hombre con sombrero de copa, de medio lado, inclinado sobre una barandilla. Poco conforme con el resultado, Munch pintó una nueva versión: una figura más andrógina, de frente, mostrando el rostro y con una actitud más activa y desesperada. Esa primera versión de El grito también se llamó inicialmente La desesperación.[3:1]

El especialista Robert Rosenblum sostuvo que la fuente de inspiración para esa figura estilizada pudo ser una momia peruana que Munch habría visto en la Exposición Universal de París de 1889.[4] Se trata de una hipótesis difundida, aunque no es la única explicación que ha circulado sobre el origen de la figura; otras lecturas la relacionan con la propia experiencia emocional del artista y con la atmósfera del simbolismo nórdico de finales del siglo XIX.

El cuadro se expuso por primera vez en 1893, como parte de un conjunto de seis piezas titulado Amor. La idea de Munch era representar distintas fases de un vínculo amoroso, desde el enamoramiento inicial hasta la ruptura dramática. El grito ocupaba la última etapa, envuelta en angustia. La acogida de la crítica fue intensa y dividida: un crítico de la época consideró el conjunto tan perturbador que recomendó a las mujeres embarazadas no visitar la exposición.[3:2] En paralelo, la obra se convirtió en motivo de debate público y su título empezó a aparecer de manera regular en críticas y reportajes.

3. Las cuatro versiones y la litografía[editar]

Munch realizó cuatro versiones pintadas de El grito. La más conocida, terminada en 1893, mide 91 x 73,5 cm, está realizada con una técnica mixta de óleo, témpera y pastel sobre cartón y pertenece a la Galería Nacional de Noruega.[1:2]

Las otras tres versiones suelen identificarse de la siguiente manera:

  • Una versión en pastel sobre cartón de 1893, de 74 x 56 cm, conservada en el Museo Munch de Oslo.[5]
  • Una versión en pastel sobre cartón de 1895, de 79 x 59 cm, que permaneció en una colección particular y fue subastada en 2012.[5:1]
  • Una versión en témpera sobre cartón, de 83,5 x 66 cm, del Museo Munch, fechada con frecuencia en 1910. Esta fue la obra robada en 2004 y posteriormente recuperada.[5:2]

La datación precisa de las versiones ha sido descrita de manera dispar en algunas publicaciones, sobre todo en el caso de la témpera del Museo Munch.[5:3]

Además de las cuatro pinturas, en 1895 Munch realizó una litografía con el mismo título. La litografía permitió reproducir la imagen en revistas y periódicos, y fue clave para convertirla en un icono de difusión masiva. Una de sus primeras apariciones relevantes se produjo en la revista La Revue Blanche en diciembre de 1895.[6]

4. Análisis de la composición[editar]

El grito muestra en primer plano una figura de aspecto andrógino que se lleva las manos al rostro y abre la boca en una expresión de desesperación. Su cuerpo es estilizado, casi sinuoso, y contrasta con la rectitud de la barandilla del sendero y con el trazado diagonal del camino.

El paisaje del fondo representa Oslo y su fiordo vistos desde la colina de Ekeberg. La escena está construida con colores cálidos y una luz semioscura. El cielo aparece fluido y arremolinado, con bandas rojas, anaranjadas y azules que envuelven toda la escena. En el fondo, casi fuera de escena, se distinguen dos figuras con sombrero que no pueden identificarse con claridad.

Un detalle importante es que la figura principal no está situada fuera del mundo que la rodea, sino dentro de un paisaje que parece deformarse con su propio estado emocional. Esa identificación entre interior y exterior —el malestar del personaje parece contagiar al cielo y al fiordo— ha sido leída como un rasgo anticipatorio del expresionismo y como la razón principal de la fuerza perturbadora de la obra.

La técnica varía según la versión. La pieza de la Galería Nacional combina óleo, témpera y pastel sobre cartón, una elección que da a la superficie un acabado mate y una textura particular. La versión en pastel de 1895, en cambio, destaca por su color más vibrante. Sotheby's la describió en 2012 como la más colorida y luminosa de las cuatro versiones, y como la única cuyo marco fue pintado a mano por el artista.[7]

5. Robos y recuperaciones[editar]

Robo de 1994[editar]

El 12 de febrero de 1994, la versión de la Galería Nacional de Oslo fue robada en pleno día. En un primer momento, un grupo antiabortista activo en Noruega se atribuyó el robo; más tarde se comprobó que había sido obra de una banda encabezada por Pål Enger, presentado por la prensa como el ladrón de arte más conocido de Noruega.[8][9]

El robo duró 50 segundos. Según declaraciones posteriores del propio Enger, el cuadro estuvo escondido entre las tablas de la mesa del comedor. Los ladrones dejaron una nota con la frase: «Gracias por la falta de seguridad».[9:1] Tres meses después, solicitaron al gobierno noruego un millón de dólares por la entrega de la obra; el gobierno rechazó la oferta.

El 7 de mayo de 1994, la pintura fue recuperada en una acción conjunta de la policía noruega, Scotland Yard y el Museo J. Paul Getty.[3:3]

Robo de 2004[editar]

El 22 de agosto de 2004, la versión en témpera expuesta en el Museo Munch fue robada a mano armada por tres hombres enmascarados, junto con la Madonna del mismo autor. El museo esperó una petición de rescate, pero esta nunca llegó. Se ofreció una recompensa cuya cifra publicada en la prensa sueca fue de 97 millones de euros.[10] Según el diario sueco Svenska Dagbladet, se llegó a especular con que el cuadro había sido quemado para eliminar pruebas.

Las dos obras fueron recuperadas por la policía noruega el 31 de agosto de 2006, dos años después del robo, y en relativo buen estado.[2:1] Sin embargo, el 20 de diciembre de ese mismo año se reveló que los expertos del Museo Munch consideraban el daño hecho a El grito irreparable. El deterioro, provocado por la humedad en la zona baja de la pintura, causó una decoloración que impide restaurar completamente la obra a su estado original.[10:1]

6. Récord de subasta de 2012[editar]

La versión al pastel de 1895, propiedad del empresario noruego Petter Olsen, se vendió el 2 de mayo de 2012 en Sotheby's de Nueva York por 119,9 millones de dólares, convirtiéndose en aquel momento en la obra más cara jamás vendida en una subasta.[7:1] El precio final, incluida la prima del comprador, fue de 119 922 500 dólares.[11]

La puja comenzó en 40 millones de dólares y duró más de doce minutos, hasta que el financiero estadounidense Leon Black realizó por teléfono la oferta final.[11:1] El padre de Petter Olsen había sido vecino, amigo y posteriormente mecenas de Munch, lo que vinculaba a la pieza con una larga historia de coleccionismo familiar.[7:2]

Sotheby's la describió como la versión más colorida y vibrante de las cuatro pintadas por Munch y la única cuyo marco fue pintado a mano por el artista para incluir su poema sobre la inspiración de la obra.[7:3] Tras la venta, el subastador Tobias Meyer afirmó que la obra «valía cada centavo» y que quien la había comprado debía ser felicitado.[12]

El anterior récord de la obra de arte más cara vendida en una subasta lo tenía Desnudo, hojas verdes y busto de Pablo Picasso, vendida por 106,5 millones de dólares en Christie's el 4 de mayo de 2010.[7:4] En 2018, el pastel de Munch seguía siendo el cuarto precio nominal más alto pagado por un cuadro en una subasta.[13]

7. Icono cultural[editar]

La transformación de El grito en icono cultural comenzó a consolidarse después de la Segunda Guerra Mundial. La publicación de la litografía en La Revue Blanche en diciembre de 1895 había marcado el inicio de la estrecha identificación del pintor con esta obra.[6:1]

En 1961, la revista Time utilizó la imagen en la portada de una edición dedicada a los complejos de culpa y la ansiedad. Entre 1983 y 1984, el artista pop Andy Warhol realizó una serie de estampaciones en seda sobre obras de Munch, incluida El grito, con la intención de desacralizar la pintura y convertirla en un objeto de reproducción masiva. También dentro del arte posmoderno, el artista Erró realizó los acrílicos El segundo grito (1967) y Ding dong (1979), en los que trató la obra cumbre de Munch con ironía e irreverencia.

La reproducción de la imagen en camisetas, tazas, pósteres, llaveros y toda clase de productos da cuenta de su estatus como icono y de su completa desacralización para el público actual. En 1991, el muralista estadounidense Robert Fishbone comenzó a vender muñecas inflables con la figura central de la obra. Su empresa, On The Wall Productions, con sede en San Luis, Misuri, vendió cientos de miles de unidades.[14] Los críticos han señalado que, al sacar la figura de contexto, Fishbone destruye la unidad de la obra de Munch y neutraliza su fuerza expresiva.

La comparación con La Gioconda es frecuente en la bibliografía especializada y en la prensa. Ambas imágenes han superado el ámbito del museo para convertirse en signos visuales reconocibles incluso para personas que no conocen su contexto original. En el caso de El grito, la banalización en la cultura popular suele interpretarse como un intento de desactivar la incomodidad que la imagen produce en el espectador.

8. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

En español, la obra se conoce de manera casi unánime como El grito, traducción literal del noruego Skrik. El mismo título se utiliza en publicaciones académicas, prensa cultural y divulgación museística. En México y en otros países hispanohablantes conviene distinguir la obra de Munch del Grito de Dolores, el acontecimiento histórico de 1810 que da nombre a la festividad de la independencia mexicana, y de la película mexicana El grito (1968). También existe la novela argentina El grito (2004), de Florencia Abbate.

La prensa en español ha seguido de cerca los episodios más relevantes de la historia de la obra. El diario español El País informó sobre el robo de 1994, la atribución inicial a grupos antiabortistas y la recuperación del cuadro,[8:1] así como sobre la recuperación de las dos obras robadas en 2004.[2:2] En 2012, BBC Mundo publicó una crónica sobre la subasta titulada «Un grito millonario: el precio del arte en tiempos de recesión», en la que contextualizó el precio récord dentro del mercado internacional del arte.[12:1]

En el ámbito plástico latinoamericano, el pintor mexicano Mauricio García Vega ha realizado una versión de El grito en blanco y negro.[15] Se trata de una de las numerosas apropiaciones que confirman la circulación de la imagen mucho más allá de Noruega y del circuito de los grandes museos europeos y estadounidenses.

9. Legado y valoración crítica[editar]

El grito es considerada una de las obras fundacionales del expresionismo, aunque su fecha de creación, 1893, la sitúa también dentro del simbolismo europeo. La imagen condensa varias preocupaciones centrales del arte moderno: la representación de los estados interiores, la deformación expresiva de la realidad y la renuncia a la mímesis académica.

No todos los contemporáneos de Munch la recibieron con entusiasmo. El conjunto Amor, del que formó parte, llegó a ser clasificado como «arte demente» por parte de la crítica conservadora. Más tarde, durante el régimen nazi, Munch fue etiquetado como artista degenerado y sus obras fueron retiradas de una exposición en Alemania.[3:4] Esa condena política no impidió que, con el tiempo, El grito se consolidara como una de las imágenes más reconocibles y caras del arte europeo.

Su influencia se extiende desde el arte pop de Warhol hasta la cultura visual contemporánea. La combinación de un grito sin sonido, un paisaje que se transforma y una figura que mira de frente al espectador la convirtió en una imagen muy citada, parodiada y reinterpretada. Por su mezcla de protagonismo público, valor económico y densidad existencial, El grito ocupa un lugar singular: es, a la vez, obra de museo, objeto de mercado, símbolo de la ansiedad moderna y mercancía cultural reproducida hasta el agotamiento.

Notas[editar]


  1. Museo Munch, «The Conservation of Scream and Madonna», consultado el 29 de junio de 2011. Disponible en: https://web.archive.org/web/20120422002916/http://www.munch.museum.no/content.aspx?id=151 ↩︎ ↩︎ ↩︎

  2. El País, «La policía encuentra 'El grito' y 'Madonna' de Munch dos años después de su robo», 31 de agosto de 2006. ↩︎ ↩︎ ↩︎

  3. La cita del diario de Munch, la relación con La desesperación y los episodios de recepción crítica proceden de la descripción histórica de la obra. Algunas versiones consultadas varían ligeramente en la traducción del texto original noruego. ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎

  4. La hipótesis de la momia peruana fue difundida por Robert Rosenblum y ha sido retomada en estudios iconográficos. Existe bibliografía que la considera plausible y otra que la matiza. ↩︎

  5. Las dimensiones y fechas de las cuatro versiones presentan variaciones menores según la fuente. La versión en témpera del Museo Munch no siempre aparece fechada de forma unánime. ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎

  6. Museo Thyssen-Bornemisza, «Edvard Munch. Arquetipos», consultado el 29 de septiembre de 2015. Disponible en: https://wwws.mecd.es/cultura20/web/guest/agenda/cultural/mcu/listado/detalle?p_p_id=MCU_AGENDA_5&p_p_lifecycle=0&p_p_state=normal&p_p_mode=view&p_p_col_id=column-1&p_p_col_count=1&p_r_p_564233524_event=672431 ↩︎ ↩︎

  7. Carol Vogel, «The Scream Is Auctioned for a Record $119.9 Million», The New York Times, 2 de mayo de 2012. ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎

  8. El País, «Antiabortistas noruegos se atribuyen el robo del cuadro 'El grito'», 18 de febrero de 1994. ↩︎ ↩︎

  9. El Mundo, «Es el ladrón de arte más conocido de Noruega», 25 de septiembre de 2008. ↩︎ ↩︎

  10. Las cifras de la recompensa y los detalles sobre el deterioro de la obra proceden de las crónicas citadas de El País y de la prensa sueca. Algunas informaciones varían sobre el monto exacto ofrecido y sobre la magnitud final de los daños. ↩︎ ↩︎

  11. Kelly Crow, «Munch's "The Scream" Sold to Financier Leon Black», The Wall Street Journal, 11 de julio de 2012. ↩︎ ↩︎

  12. BBC Mundo, «Un grito millonario: el precio del arte en tiempos de recesión», 3 de mayo de 2012. ↩︎ ↩︎

  13. Carol Vogel, «At $142.4 Million, Triptych Is the Most Expensive Artwork Ever Sold at an Auction», The New York Times, 12 de noviembre de 2013, con datos posteriores sobre el orden de los precios en subasta. ↩︎

  14. La información sobre Robert Fishbone y On The Wall Productions proviene de las crónicas sobre la difusión popular de la imagen. Las cifras de ventas son aproximadas según las fuentes de la época. ↩︎

  15. La mención de la versión de Mauricio García Vega procede del artículo en español sobre la obra. No se indican aquí detalles adicionales sobre técnica o colección porque no figuran en la fuente consultada. ↩︎