Enrique VIII de Inglaterra
| Enrique VIII | |
|---|---|
| Nombre completo | Enrique Tudor (Henry Tudor) |
| Nacimiento | 28 de junio de 1491, Palacio de Placentia, Greenwich |
| Fallecimiento | 28 de enero de 1547, Palacio de Whitehall, Londres (55 años) |
| Reinado | 21 de abril de 1509 - 28 de enero de 1547 (37 años) |
| Coronación | 24 de junio de 1509, abadía de Westminster |
| Casa | Tudor |
| Padres | Enrique VII de Inglaterra e Isabel de York |
| Cónyuges | Catalina de Aragón, Ana Bolena, Juana Seymour, Ana de Cléveris, Catalina Howard y Catalina Parr |
| Hijos que le sobrevivieron | María I (1516-1558), Isabel I (1533-1603) y Eduardo VI (1537-1553) |
| Títulos | Rey de Inglaterra y de Irlanda (desde 1541-1542; antes «señor de Irlanda»), «Defensor de la Fe» desde 1521 y «Suprema Cabeza en la Tierra de la Iglesia de Inglaterra» desde 1534 |
| Sepultura | Capilla de San Jorge, castillo de Windsor, junto a Juana Seymour |
| Sucesor | Eduardo VI |
1. Resumen[editar]
Enrique VIII (28 de junio de 1491 - 28 de enero de 1547) fue rey de Inglaterra desde 1509 hasta su muerte y la figura más reconocible de toda la historia de la monarquía inglesa. Su fama popular descansa sobre un solo dato —se casó seis veces y mandó ejecutar a dos de sus esposas—, pero la razón por la que su reinado importa es otra: fue el proceso por el que Inglaterra rompió con el papado de Roma, el rey se convirtió en cabeza de su propia Iglesia y la Corona absorbió, con la disolución de los monasterios, la mayor transferencia de propiedad de la historia inglesa antes de la industrialización.
La secuencia es la que hace única esta historia. Enrique no era, ni de lejos, un reformador religioso: en 1521 escribió contra Lutero un tratado, la Assertio septem sacramentorum, por el que el papa León X le concedió el título de «Defensor de la Fe» —un título que la monarquía británica sigue usando hoy, con la ironía intacta. Lo que lo llevó a la ruptura no fue la teología, sino la falta de un heredero varón y su decisión de casarse con Ana Bolena. Cuando el papa Clemente VII, prisionero político de las circunstancias tras el saqueo de Roma por las tropas del emperador Carlos V —sobrino de la reina Catalina—, se negó a anular su primer matrimonio, Enrique no cambió de esposa: cambió de Iglesia.
El resultado fue una revolución legislativa. Entre 1533 y 1536, el llamado Parlamento de la Reforma aprobó la ley que prohibía apelar a Roma, la que declaraba al rey suprema cabeza de la Iglesia de Inglaterra, la que convertía en traición negarlo y la que fijaba una nueva línea sucesoria. La resistencia costó la vida al canciller Tomás Moro, al obispo John Fisher y a los cartujos de Londres; la mayor rebelión popular del reinado, la Peregrinación de Gracia de 1536-1537, terminó con la palabra del rey rota y sus cabecillas ejecutados.
Enrique murió en 1547 obeso, con una úlcera crónica en la pierna que arrastraba desde un accidente de justas de 1536, y dejando un hijo varón de nueve años, Eduardo VI, que reinaría seis. Tras él vendrían sus dos hijas: María I, que intentó devolver Inglaterra a Roma, e Isabel I, hija de Ana Bolena, que consolidó definitivamente la separación. La sucesión que le costó tres matrimonios, dos ejecuciones y una ruptura con la cristiandad occidental se extinguió en una sola generación: ninguno de sus tres hijos dejó descendencia.
2. Juventud y ascenso al trono[editar]
2.1 El segundo hijo[editar]
Enrique nació en el Palacio de Placentia, en Greenwich, el 28 de junio de 1491, tercer hijo y segundo varón de Enrique VII, el primer rey Tudor, e Isabel de York. Su padre había ganado la corona en el campo de batalla en 1485 y pasó el reinado consolidándola; el objetivo de la dinastía era la estabilidad, y la estabilidad era el hermano mayor, Arturo, príncipe de Gales.
Como segundo hijo, Enrique recibió una educación excepcionalmente completa, más propia de un príncipe destinado a la Iglesia o a la corte que al trono: latín, francés y español, música, teología y las armas. Fue un músico y compositor competente —se le atribuyen piezas como «Pastime with Good Company», «Though that Men Do Call» o «If Love Now Reigned»—, un jinete y justador brillante, un jugador de real tennis entusiasta y un apostador constante. La imagen del rey obeso e implacable de los retratos tardíos oscurece por completo la del príncipe de dieciocho años que subió al trono: alto para su época, atlético y considerado el príncipe más prometedor de Europa.
2.2 Arturo, Catalina y la dispensa[editar]
Arturo se casó con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, en 1501, y murió veinte semanas después, en 1502. La alianza anglo-española quedaba en el aire y la dote a medio pagar. La solución fue casar a la viuda con el nuevo heredero.
Aquí está sembrada la semilla de todo lo que vendría después. Casarse con la viuda del hermano estaba prohibido por el derecho canónico —el Levítico lo declara impuro—, y aunque Catalina sostuvo siempre que su matrimonio con Arturo nunca se había consumado (lo que habría hecho innecesaria cualquier dispensa), las cortes española e inglesa exigieron una bula papal que despejara toda duda sobre la legitimidad de la futura descendencia. Julio II la concedió.
Enrique VII murió el 21 de abril de 1509. Su hijo fue proclamado rey ese mismo día, se casó con Catalina el 11 de junio de 1509 y ambos fueron coronados el 24 de junio en Westminster. Tenía diecisiete años; ella, veintitrés.
3. Las guerras, Wolsey y el esplendor[editar]
Los primeros veinte años del reinado fueron los de un rey renacentista convencional: guerra en el continente, magnificencia en la corte y un ministro todopoderoso.
La política exterior giró en torno a la rivalidad con Francia. En 1513 Enrique cruzó el Canal y participó en la llamada batalla de las Espuelas; mientras estaba fuera, los escoceses invadieron Inglaterra y fueron aniquilados en la batalla de Flodden, el 9 de septiembre de 1513, donde murió el rey Jacobo IV de Escocia, cuñado de Enrique. En 1520 tuvo lugar el episodio más célebre de su diplomacia, el Campo del Paño de Oro: un encuentro de dieciocho días con Francisco I de Francia cerca de Calais, con tiendas de tela dorada, torneos y banquetes, concebido como una demostración de poder y amistad que no impidió que Enrique se aliara con el emperador contra Francia poco después. La última campaña, ya en la vejez, tomó Boulogne el 14 de septiembre de 1544, a un coste financiero ruinoso.
El artífice de esa política fue el cardenal Thomas Wolsey, hijo de un carnicero de Ipswich, arzobispo de York, cardenal, legado papal y lord canciller desde 1515. Durante quince años gobernó de facto Inglaterra, acumuló una riqueza y un fasto que rivalizaban con los del rey —Hampton Court fue suya antes que del monarca— y concentró un poder que sólo dependía de una cosa: seguir dando al rey lo que pedía. Cuando lo que el rey pidió fue la anulación de su matrimonio y Wolsey no pudo conseguirla, cayó en 1529 y murió al año siguiente, en 1530, camino de Londres para responder por traición.
4. El «Gran Asunto» y la ruptura con Roma[editar]
4.1 El problema[editar]
Catalina de Aragón quedó embarazada al menos siete veces. De todos esos embarazos sobrevivió una sola hija, María, nacida el 18 de febrero de 1516. Hacia mediados de la década de 1520 era evidente que no habría más hijos, y Enrique se convenció —sinceramente, según la mayoría de los historiadores— de que aquella esterilidad era el castigo bíblico por haberse casado con la mujer de su hermano.
A esa convicción se sumó otra cosa: Ana Bolena, dama de la corte formada en Malinas y en Francia, que se negó a convertirse en amante del rey. La combinación de escrúpulo teológico, urgencia dinástica y deseo personal puso en marcha, hacia 1526-1527, lo que la corte llamó el King's Great Matter, el «Gran Asunto» del rey.
4.2 Por qué el papa no podía ceder[editar]
En circunstancias normales, un rey europeo obtenía una anulación. Enrique tuvo la peor suerte posible en el peor momento. En 1527 las tropas del emperador Carlos V saquearon Roma y el papa Clemente VII quedó de hecho a merced del emperador, que era sobrino carnal de Catalina de Aragón. Conceder la anulación equivalía a declarar que su predecesor Julio II se había equivocado y a humillar a la casa de Austria. El papa hizo lo único que podía hacer: ganar tiempo.
El tribunal legatino de Blackfriars, en 1529, presidido por Wolsey y el cardenal Lorenzo Campeggio, fue la escenificación de esa dilación. Catalina compareció, se arrodilló ante el rey, declaró públicamente que había llegado virgen a su lecho y apeló directamente a Roma. La causa fue avocada al papa y quedó paralizada. Wolsey cayó.
4.3 La solución inglesa[editar]
Lo que siguió fue la ruptura, ejecutada por vía parlamentaria y con una arquitectura jurídica coherente diseñada en buena parte por Thomas Cromwell:
- Acta de Restricción de Apelaciones (aprobada en 1533; citada por su año de sesión parlamentaria como Act in Restraint of Appeals de 1532). Su preámbulo contiene la afirmación decisiva: que Inglaterra es «un imperio» cuyo rey no reconoce superior en la tierra. En la práctica, prohibió apelar a Roma cualquier causa eclesiástica, lo que dejaba la anulación en manos inglesas.
- Thomas Cranmer, nombrado arzobispo de Canterbury el 30 de marzo de 1533, declaró nulo el matrimonio con Catalina el 23 de mayo de 1533 y válido el que el rey ya había contraído en secreto con Ana Bolena el 25 de enero de 1533.
- Acta de Sucesión (1534): declaró ilegítima a María, fijó la sucesión en los hijos de Ana y exigió un juramento de aceptación.
- Acta de Supremacía (26 Hen. 8 c. 1, sancionada el 18 de diciembre de 1534 y con efecto desde el 3 de noviembre de ese año): declaró al rey «la única suprema cabeza en la Tierra de la Iglesia de Inglaterra».
- Acta de Traiciones (26 Hen. 8 c. 13, 1534): convirtió en alta traición, castigada con la muerte, negar de palabra los títulos del rey.
El papa reaccionó tarde y en dos tiempos: Clemente VII decretó la excomunión el 11 de julio de 1533, con efecto suspendido para dejar abierta la reconciliación, y Paulo III la hizo definitiva el 17 de diciembre de 1538, cuando la ruptura llevaba años consumada.
Conviene subrayar un matiz que suele perderse: la Inglaterra de Enrique VIII no se hizo protestante. La misa siguió siendo en latín, la doctrina de los siete sacramentos se mantuvo y los Seis Artículos de 1539 reafirmaron posiciones netamente católicas bajo pena de muerte. Lo que cambió fue quién mandaba, no qué se creía. La Reforma doctrinal inglesa llegaría con su hijo Eduardo VI y se estabilizaría con su hija Isabel.
4.4 El precio humano[editar]
La Ley de Traiciones se aplicó. Tomás Moro, humanista europeo, autor de Utopía y antiguo lord canciller, se negó a jurar el Acta de Sucesión y fue decapitado el 6 de julio de 1535; el obispo John Fisher, poco antes; los priores cartujos de Londres, ahorcados, arrastrados y descuartizados. Moro fue canonizado por la Iglesia católica en 1935 y su figura —sobre todo a través de la obra Un hombre para la eternidad— es la imagen dominante de la resistencia a Enrique en la cultura popular.
5. La disolución de los monasterios[editar]
Entre 1536 y 1541, la Corona suprimió todas las casas religiosas de Inglaterra, Gales e Irlanda —abadías, prioratos, conventos, casas de frailes— y se apropió de sus tierras, edificios, rentas, bibliotecas y objetos litúrgicos. Fue el mayor traspaso de propiedad de la historia inglesa antes de la Revolución Industrial.
El mecanismo fue gradual y jurídicamente cuidadoso. Cromwell organizó primero una visitación general que documentó abusos reales e inventados; una primera ley suprimió las casas menores (la conocida como Suppression of Religious Houses Act, citada por su año de sesión como de 1535 y aplicada desde 1536), y una segunda, en 1539, completó la operación con las grandes abadías. Los abades que resistieron —Glastonbury, Colchester, Reading— fueron ejecutados.
Las consecuencias fueron enormes y duraderas:
- La Corona multiplicó sus ingresos, pero vendió la mayor parte de las tierras en pocos años para financiar las guerras contra Francia y Escocia. El resultado no fue una monarquía rica, sino una nueva clase terrateniente —la gentry que compró aquellas tierras— cuya prosperidad quedó atada a que la Reforma no se revirtiera. Ese fue el verdadero seguro de la ruptura con Roma: demasiada gente había comprado la abadía del pueblo.
- Desapareció la principal red de asistencia a pobres, enfermos y viajeros del país, sin sustituto durante generaciones.
- Se destruyó o dispersó un patrimonio artístico y bibliográfico incalculable. Las ruinas de abadías que hoy son postales inglesas —Fountains, Rievaulx, Whitby, Tintern— son el paisaje que dejó esta operación.
La reacción llegó en octubre de 1536 con la Peregrinación de Gracia, una rebelión masiva del norte de Inglaterra, encabezada por el abogado Robert Aske, que llegó a movilizar a decenas de miles de personas bajo estandartes de las Cinco Llagas de Cristo. El rey negoció, prometió un perdón general y un parlamento en el norte, y en cuanto los rebeldes se dispersaron rompió su palabra: en 1537 Aske y buena parte de los cabecillas fueron ejecutados.
6. Las seis esposas[editar]
La regla mnemotécnica inglesa —divorced, beheaded, died; divorced, beheaded, survived— resume el destino de las seis: anulada, decapitada, muerta; anulada, decapitada, superviviente.
[ Desplegar / Plegar ] Los seis matrimonios, en orden
| Esposa | Matrimonio | Final del matrimonio | Descendencia |
|---|---|---|---|
| Catalina de Aragón | 11 de junio de 1509 | Anulado el 23 de mayo de 1533; ella murió en enero de 1536 | María I (1516) |
| Ana Bolena | 25 de enero de 1533 (en secreto) | Anulado en mayo de 1536; ejecutada el 19 de mayo de 1536 | Isabel I (1533) |
| Juana Seymour | 30 de mayo de 1536 | Murió el 24 de octubre de 1537, de fiebres puerperales | Eduardo VI (1537) |
| Ana de Cléveris | 6 de enero de 1540 | Anulado el 9 de julio de 1540 | Ninguna |
| Catalina Howard | 28 de julio de 1540 | Privada de sus derechos y ejecutada el 13 de febrero de 1542 | Ninguna |
| Catalina Parr | 12 de julio de 1543 | Le sobrevivió | Ninguna |
Catalina de Aragón (1485-1536) fue reina durante veinticuatro años, gobernó Inglaterra como regente durante la campaña de 1513 —fue bajo su regencia cuando se libró Flodden— y nunca aceptó la anulación: murió en 1536 firmando como reina y escribiendo al rey que sus ojos lo deseaban «sobre todas las cosas».
Ana Bolena (véase el artículo propio) fue reina apenas tres años. Dio a luz a Isabel el 7 de septiembre de 1533, sufrió después al menos un aborto de un feto varón y fue arrestada el 2 de mayo de 1536 acusada de adulterio con cinco hombres —incluido su propio hermano—, incesto y conspiración para matar al rey. Fue decapitada el 19 de mayo de 1536 por un espadachín traído de Calais. Prácticamente ningún historiador actual considera creíbles los cargos.
Juana Seymour (c. 1508-1537) fue la esposa que dio a Enrique el hijo varón, Eduardo, nacido el 12 de octubre de 1537, y murió doce días después de complicaciones del parto. Fue la única a la que el rey hizo enterrar consigo, y la única que aparece en el retrato dinástico que Enrique encargó años más tarde, cuando ya estaba casado con otra.
Ana de Cléveris (1515-1557) fue un matrimonio puramente diplomático, negociado por Cromwell para acercar a Inglaterra a los príncipes protestantes alemanes. Enrique quedó decepcionado al conocerla y el matrimonio, nunca consumado, se anuló el 9 de julio de 1540. Ana aceptó la anulación, recibió propiedades y el trato honorífico de «hermana amada del rey» y sobrevivió a todos. Fue, con diferencia, la que mejor salió del asunto. A Cromwell, en cambio, el fiasco le costó la cabeza: fue ejecutado el 28 de julio de 1540, el mismo día en que el rey se casaba con su quinta esposa.
Catalina Howard (c. 1523-1542), prima de Ana Bolena, tenía en torno a diecisiete años al casarse con un rey de cuarenta y nueve, obeso y enfermo. Las revelaciones sobre sus relaciones anteriores al matrimonio y su relación con el cortesano Thomas Culpeper llevaron a su condena por vía de attainder parlamentario y a su ejecución el 13 de febrero de 1542.
Catalina Parr (1512-1548), dos veces viuda antes de casarse con Enrique, fue una mujer culta y de convicciones reformistas, la primera reina de Inglaterra que publicó libros con su propio nombre. Actuó como regente durante la campaña de 1544, reconcilió al rey con sus hijas María e Isabel y tuvo una influencia directa en la educación de Isabel y Eduardo. Sobrevivió al rey y murió en 1548.
7. Últimos años y muerte[editar]
En enero de 1536 Enrique sufrió una caída grave en una justa que lo dejó inconsciente durante horas y le abrió en la pierna una herida que nunca cerró: se convirtió en una úlcera crónica, dolorosa y purulenta, que le impidió el ejercicio físico que había sido central en su vida. A partir de ahí engordó de forma extrema —las fuentes citan una cintura que llegó a 137 centímetros— y su carácter se volvió, según todos los testimonios contemporáneos, cada vez más colérico e imprevisible. La hipótesis de la sífilis, muy repetida en la divulgación, no cuenta con apoyo mayoritario entre los historiadores médicos actuales, que discuten otras explicaciones para su declive.
La política de sus últimos años estuvo dominada por el coste de la guerra. La toma de Boulogne y las campañas contra Escocia consumieron el producto de la disolución monástica y obligaron a degradar la moneda, con una inflación que marcaría la década siguiente. En el terreno naval, Enrique dejó una herencia de largo alcance: invirtió como ningún rey inglés anterior en buques de guerra artillados y en fortificaciones costeras, y su barco insignia, el Mary Rose, se hundió a la vista del rey durante el ataque francés al Solent en 1545 —su pecio, recuperado en 1982, es hoy uno de los conjuntos arqueológicos Tudor más importantes del mundo.
Murió en el Palacio de Whitehall el 28 de enero de 1547 y fue enterrado en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor, junto a Juana Seymour. El monumento funerario grandioso que había proyectado nunca llegó a construirse.
Su testamento y la Tercera Acta de Sucesión restituyeron a María y a Isabel en la línea sucesoria por detrás de Eduardo, sin restaurar formalmente su legitimidad. Fue una decisión práctica que resultó decisiva: gracias a ella reinaron sucesivamente Eduardo VI (1547-1553), María I (1553-1558) e Isabel I (1558-1603). Ninguno tuvo descendencia, y con la muerte de Isabel se extinguió la dinastía Tudor.
8. Valoración e historiografía[editar]
La interpretación de Enrique VIII ha cambiado de forma notable y sigue en discusión, y conviene exponerla como un debate y no como un veredicto.
La lectura tradicional, consolidada en el siglo XIX y todavía dominante en la cultura popular, presenta a un tirano caprichoso cuya vida privada arrastró a un país entero, y trata la Reforma inglesa como un accidente conyugal.
Frente a ella, la escuela encabezada por G. R. Elton propuso desde 1953 la tesis de la «revolución Tudor en el gobierno»: lo decisivo del período no habría sido el rey sino Thomas Cromwell, que en la década de 1530 habría construido un Estado moderno, burocrático y soberano, sustituyendo el gobierno doméstico de la casa real por departamentos permanentes. En esta lectura, el divorcio fue la ocasión, no la causa.
Una tercera corriente, la de los historiadores revisionistas de la Reforma —J. J. Scarisbrick, Christopher Haigh y sobre todo Eamon Duffy en The Stripping of the Altars (1992)—, invirtió el planteamiento: sostiene que el catolicismo inglés de vísperas de la Reforma gozaba de excelente salud y del apoyo entusiasta de la población, y que la Reforma no fue un movimiento popular que el rey encabezó, sino una imposición desde arriba resistida durante décadas. La Peregrinación de Gracia es su prueba principal.
Sobre el propio Enrique, la biografía moderna se ha desplazado del retrato de monstruo al del gobernante inseguro y manipulable, dependiente de ministros sucesivos —Wolsey, Cromwell— a los que elevó y destruyó, y cuyos giros dependieron tanto de las facciones cortesanas como de su voluntad. Ninguna de estas lecturas ha desplazado por completo a las otras.
9. Enrique VIII en la cultura[editar]
Pocos personajes históricos tienen una presencia tan continuada en la ficción. En el teatro, la obra Enrique VIII atribuida a Shakespeare y John Fletcher (1613) —durante cuya representación se incendió el teatro The Globe— y Un hombre para la eternidad (1960) de Robert Bolt, llevada al cine en 1966. En la novela, la trilogía de Hilary Mantel iniciada con Wolf Hall (2009), que cuenta el reinado desde el punto de vista de Cromwell y ganó dos veces el Premio Booker. En televisión, la serie de la BBC Las seis esposas de Enrique VIII (1970) y la superproducción Los Tudor (2007-2010). Y en el musical contemporáneo, Six (2017), que devuelve la palabra a las seis reinas.
Para el lector hispanohablante hay además un hilo propio: Catalina de Aragón era hija de los Reyes Católicos, y su repudio fue durante siglos un agravio nacional en la historiografía española; Carlos V, su sobrino, fue el actor internacional que hizo imposible la anulación; y la hija de Catalina, María I, se casaría en 1554 con Felipe II, en un intento fallido de reintegrar Inglaterra al orbe católico y a la órbita española. La ruptura de Enrique VIII es, vista desde Madrid, el primer capítulo de la larga rivalidad anglo-española que culminaría en la Armada de 1588.