Felipe II de España
| Felipe II | |
|---|---|
| Rey de | |
| Reinado (España) | 16 de enero de 1556 - 13 de septiembre de 1598 |
| Predecesor | Carlos I de España |
| Sucesor | Felipe III de España |
| Reinado (Portugal) | 12 de septiembre de 1580 - 13 de septiembre de 1598 |
| Nombre completo | Felipe de Austria (o Habsburgo) |
| Nacimiento | 21 de mayo de 1527 Valladolid, Corona de Castilla |
| Fallecimiento | 13 de septiembre de 1598 San Lorenzo de El Escorial, Madrid, Corona de Castilla |
| Sepultura | Cripta Real del Monasterio de El Escorial |
| Dinastía | Casa de Austria (Habsburgo) |
| Padre | Carlos I de España |
| Madre | Isabel de Portugal |
| Cónyuges |
María Manuela de Portugal (matr. 1543; fall. 1545) María I de Inglaterra (matr. 1554; fall. 1558) Isabel de Valois (matr. 1559; fall. 1568) Ana de Austria (matr. 1570; fall. 1580) |
| Hijos |
Carlos de Austria (1545-1568) Isabel Clara Eugenia (1566-1633) Catalina Micaela (1567-1597) Felipe, príncipe de |
| Religión | Catolicismo |
1. Resumen[editar]
Felipe II de España (Valladolid, 21 de mayo de 1527 – San Lorenzo de El Escorial, 13 de septiembre de 1598), llamado "el Prudente", fue el monarca más poderoso de la segunda mitad del siglo XVI. Hijo primogénito de Carlos I de España y de Isabel de Portugal, heredó un vasto imperio en el que "no se ponía el sol", al que incorporó la corona de Portugal en 1580, unificando dinásticamente toda la península ibérica y los inmensos dominios lusitanos en América, África y Asia.
Durante su reinado, la Monarquía Hispánica alcanzó su máxima expansión territorial, pero también afrontó desafíos internos y externos que sentaron las bases de su progresivo declive en el siglo siguiente. Entre los hitos de su gobierno se cuentan la consolidación del sistema de Consejos, la creación de un Estado burocrático que centralizó el poder en Madrid —convertida en capital permanente en 1561—, la defensa a ultranza del catolicismo frente a la Reforma protestante y la construcción del Monasterio de El Escorial, símbolo por excelencia de su reinado.
En el haber de su legado figuran la victoria de Lepanto (1571) contra el Imperio otomano, la incorporación de Portugal y su imperio, y un mecenazgo artístico que llenó sus palacios de obras de Tiziano, El Bosco y otros maestros.[1] En el debe, el fracaso de la Gran Armada contra Inglaterra (1588), la larga y costosa guerra en los Países Bajos, y cuatro bancarrotas de la Hacienda real que reflejan las dificultades fiscales de un imperio que gastaba más de lo que ingresaba.[2]
Su figura ha sido objeto de intensas controversias historiográficas. La imagen difundida por la propaganda protestante —la llamada "leyenda negra"— lo retrata como un fanático religioso, autoritario y sombrío. La historiografía contemporánea ha matizado esa visión, destacando su labor como administrador meticuloso y su sensibilidad intelectual,[3] sin negar por ello el rigor de la ortodoxia católica que impuso como política de Estado.
2. Primeros años y formación[editar]
2.1. Nacimiento y educación cortesana[editar]
El infante Felipe de Austria nació en el palacio del conde de Benavente, en Valladolid, el 21 de mayo de 1527. Fue el único hijo varón legítimo de Carlos I y de Isabel de Portugal que alcanzó la edad adulta.
Su educación fue encomendada a preceptores de orientación erasmista y humanista, entre ellos Juan Martínez Silíceo y Juan Ginés de Sepúlveda, aunque fue el papel de Juan de Zúñiga, su primer ayo, el que más marcó su formación cortesana y caballeresca.[4] Aprendió latín, rudimentos de griego, italiano y francés, si bien la lengua en la que se expresaba con soltura era el castellano, que se convirtió en lengua de corte y de administración durante su reinado. Se interesó por la geografía, la cosmografía y la arquitectura, y desde joven demostró una inclinación meticulosa por los detalles administrativos.
2.2. Primeras responsabilidades de Estado: la regencia[editar]
Carlos I, con frecuencia ausente de la península para atender sus dominios en Alemania y los Países Bajos, delegó el gobierno de los reinos hispánicos en su hijo. En 1543, con apenas 16 años, Felipe fue nombrado regente de España por primera vez, asesorado por un Consejo de Regencia presidido por el cardenal Tavera, y más tarde por el duque de Alba. Así comenzó un aprendizaje práctico del oficio de reinar que le llevó a presidir consejos, revisar cuentas e impartir justicia.
3. Trayectoria[editar]
3.1. Ascenso al trono (1554-1556)[editar]
El camino hacia la corona se aceleró con su segundo matrimonio. En 1554 casó con María Tudor, reina de Inglaterra, lo que le convirtió en rey consorte (iure uxoris) de Inglaterra e Irlanda. La boda formaba parte de la estrategia de Carlos I para aislar a Francia con un bloque hispano-inglés. Ese mismo año, su padre le cedió el reino de Nápoles y el ducado de Milán. La abdicación formal de Carlos I en 1556, tras la Paz de Augsburgo, culminó el proceso: Felipe heredaba la Monarquía Hispánica, los Países Bajos, el Franco Condado y los territorios americanos, aunque no el título imperial —que pasó a su tío Fernando—, sellando así la división de la Casa de Austria en dos ramas.
3.2. La paz con Francia y el desastre de San Quintín[editar]
El reinado comenzó en guerra. El conflicto con Enrique II de Francia se prolongó hasta la firma de la Paz de Cateau-Cambrésis en 1559, sellada por el matrimonio de Felipe con la princesa Isabel de Valois. El hito militar más recordado de la contienda fue la batalla de San Quintín (1557), librada el 10 de agosto de 1557, día de San Lorenzo. La victoria total de las armas españolas, comandadas por Manuel Filiberto de Saboya, subyugó a la corte francesa y permitió a Felipe imponer condiciones ventajosas. Fue aquella victoria la que inspiró al monarca a erigir una gran fundación religiosa en honor a San Lorenzo: el Monasterio de El Escorial.
3.3. La fijación de la corte en Madrid (1561)[editar]
Uno de los actos administrativos más decisivos del monarca fue el establecimiento de la corte en Madrid de forma permanente a partir de 1561. La elección no fue caprichosa: Madrid era una villa de realengo, sin sede arzobispal ni presencia de una nobleza demasiado poderosa, y su ubicación central en la península facilitaba las comunicaciones. Esta decisión transformó la villa en el centro político y administrativo de una monarquía pluricontinental.
3.4. La rebelión de los Países Bajos[editar]
Los Estados Generales de los Países Bajos, un conglomerado de provincias prósperas pero fragmentadas, fueron desde muy pronto una fuente de conflictos. Las tensiones religiosas —difusión del calvinismo—, fiscales —rechazo a la alcabala del décimo— y políticas —exigencia de mayor autonomía frente a los designios de Madrid— confluyeron en un levantamiento abierto. Felipe II encargó al duque de Alba una represión que los protestantes europeos tacharon de tiránica. La guerra de los Ochenta Años, iniciada en 1568, drenó recursos humanos y financieros del imperio durante el resto del reinado, y solo se resolvería en tiempos de Felipe IV de España.
3.5. La rebelión de las Alpujarras (1568-1571)[editar]
En el plano interno, los moriscos del reino de Granada —descendientes de musulmanes convertidos al cristianismo— protagonizaron la guerra de las Alpujarras entre 1568 y 1571. La sublevación, sofocada por Juan de Austria, tuvo consecuencias graves: Felipe II ordenó la dispersión de los moriscos granadinos por toda la Corona de Castilla, una deportación masiva que causó grandes sufrimientos y desarticuló la economía de la región.[5]
3.6. La Liga Santa y la batalla de Lepanto (1571)[editar]
La expansión otomana por el Mediterráneo oriental y central, y la amenaza que representaba para los reinos cristianos ribereños, llevaron a Felipe II a auspiciar una alianza militar con la Santa Sede y Venecia, conocida como la Liga Santa. Al mando de la escuadra combinada se situó a su medio hermano, Juan de Austria. En la batalla de Lepanto, librada el 7 de octubre de 1571[sin verificar], la armada cristiana infligió una derrota aplastante a la flota otomana. Aunque sus réditos territoriales fueron menores de lo esperado, Lepanto tuvo un impacto simbólico enorme al quebrar la percepción de invencibilidad turca en el mar.
3.7. La incorporación de Portugal (1580)[editar]
En 1578, el rey Sebastián I de Portugal murió sin descendencia en la batalla de Alcazarquivir. Le sucedió su tío abuelo, el cardenal Enrique, cuya muerte en 1580 dejó vacante el trono. Felipe II, como hijo de Isabel de Portugal, era uno de los pretendientes más fuertes, aunque no el único —el prior de Crato, Antonio, hijo ilegítimo de la casa real, también reclamaba sus derechos—. El duque de Alba invadió Portugal y derrotó a las tropas del prior de Crato. Felipe II fue reconocido como Felipe I de Portugal en las Cortes de Tomar de 1581, asumiendo el compromiso de mantener las leyes, instituciones y la administración del imperio portugués bajo un modelo de unión personal de las coronas.
3.8. El conflicto con Inglaterra y la empresa de Inglaterra (1588)[editar]
Las relaciones con Inglaterra, ya frágiles tras la muerte de María Tudor, empeoraron durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, con la que Felipe II había contemplado incluso una hipotética boda mientras enviudaba.[6] La ejecución de María Estuardo en 1587, los ataques corsarios a las flotas de Indias y el apoyo inglés a los rebeldes de los Países Bajos decidieron al rey a intentar la invasión de la isla. La llamada "Gran Armada" o Armada Invencible, compuesta por más de 130[sin verificar] navíos y mandada por el duque de Medina Sidonia, zarpó en 1588. La campaña resultó un fracaso catastrófico: a los desajustes tácticos se sumaron los temporales que dispersaron la flota. La derrota fue explotada como propaganda por los enemigos de España, aunque su impacto militar a corto plazo fue limitado —la guerra continuaría hasta 1604—.
3.9. Los últimos años y la muerte[editar]
El reinado de Felipe II acabó con un imperio exhausto. La cuarta bancarrota, la peste que asoló Castilla y la interminable guerra en Flandes marcaron los últimos años. La firma de la Paz de Vervins en 1598 con Francia permitió liquidar al menos un frente bélico. El monarca, recluido en El Escorial y aquejado de gota, artritis e hidropesía, murió el 13 de septiembre de 1598 en una agonía larga, soportada con estoicismo.
4. Estilo y características[editar]
4.1. El rey burócrata o "el rey papelero"[editar]
Felipe II gobernó a través de un sistema polisinodial —consejos territoriales y temáticos— que él presidía a distancia, despachando miles de documentos en su despacho del Alcázar o de El Escorial. Su microgestión de los asuntos le valió los apodos de "rey papelero" o "rey prudente". Esta exhaustividad le permitió un conocimiento enciclopédico de sus reinos, pero a costa de una lentitud exasperante en la toma de decisiones, que críticos y embajadores extranjeros censuraron con frecuencia.[7]
4.2. La religiosidad militante[editar]
La política de Felipe II estuvo guiada por una convicción católica profunda que se convirtió en principio rector de su acción internacional. Se consideró a sí mismo como el defensor secular de la ortodoxia católica frente al protestantismo del norte de Europa y frente al islam del Imperio otomano. Esta identificación del interés dinástico con la defensa de la fe justificó, a sus ojos, la guerra en los Países Bajos, la construcción de El Escorial —"una fábrica de fe y de poder"— y el patrocinio de la Inquisición como instrumento de control religioso y social en la península.
4.3. La imagen del monarca: entre la leyenda negra y la revisión[editar]
La llamada "leyenda negra", difundida sobre todo a partir de la llamada Apología de Guillermo de Orange y los panfletos ingleses y neerlandeses, construyó la imagen de un rey cruel, fanático, tenebroso y dispuesto a asesinar a cualquiera —incluido su propio hijo, el príncipe Carlos— por conservar el poder.[8] La historiografía moderna ha desmontado la acusación de asesinato, pero ha reconocido que la muerte del príncipe en prisión en 1568 contribuyó decisivamente a la negra reputación del monarca.
Por otro lado, en la historiografía hispana se ha tendido a ensalzar su laboriosidad y su prudencia, presentándolo como un rey que antepuso el deber dinástico a cualquier otra consideración. La verdad es compleja: Felipe II fue un gobernante extraordinariamente trabajador, un mecenas de las artes y un administrador meticuloso, cuyo celo religioso le llevó a tomar decisiones políticas desastrosas en el plano económico y, a la larga, también militar.
5. Palmarés y récords[editar]
Bajo su reinado, la Monarquía Hispánica acumuló un conjunto de hitos:
- Victoria en la batalla de San Quintín (1557).
- Victoria en la batalla de Lepanto (1571), considerada la mayor batalla naval del siglo XVI entre galeras.
- Unión dinástica con Portugal y su imperio en 1580, creando por sesenta años el mayor imperio territorial conocido.
- Máxima expansión territorial de la Monarquía Hispánica: desde los Países Bajos hasta las Filipinas (bautizadas en su honor), pasando por los inmensos territorios americanos.
- Fundación del Monasterio de El Escorial, considerado desde entonces la octava maravilla del mundo por sus contemporáneos.
[ Desplegar / Plegar ] — Otros hitos
- Creación del primer sistema postal regular entre España y América.
- Finalización de la colonización de Florida (San Agustín, 1565, primera ciudad permanente de origen europeo en lo que hoy es
Estados Unidos). - Expediciones científicas y de conquista que culminaron en hitos como la primera vuelta al mundo y el Galeón de Manila.
- Establecimiento de un sistema administrativo por Consejos que influyó en la administración pública europea moderna.
6. Vida pública y legado[editar]
6.1. El Escorial: el monumento de un reinado[editar]
No se puede entender a Felipe II sin el Monasterio de El Escorial, monasterio, palacio, panteón dinástico y biblioteca, construido entre 1563 y 1584. El rey supervisó personalmente el proyecto desde sus planos, y se retiró a sus aposentos anexos a la basílica para gobernar desde allí. Representa la síntesis entre el poder real, la fe contrarreformista y el humanismo científico que, con todas sus contradicciones, el monarca quiso encarnar.
6.2. Cambio en la capitalidad[editar]
La instalación de la corte en Madrid en 1561 condicionó el desarrollo urbanístico, demográfico y económico de la ciudad y de la propia monarquía. La doble capitalidad simbólica Madrid-El Escorial (administración y palacio-monasterio) expresó una nueva manera de entender el espacio del poder.
6.3. Legado hispanoamericano[editar]
Durante el reinado de Felipe II se consolidaron las estructuras del imperio español en América. Se fundaron decenas de ciudades, se creó el Consejo de Indias como institución específica y se promulgaron las Leyes de Indias. La llegada de la plata de
Potosí y de
México, con un volumen nunca antes visto, financió la política imperial europea pero también desencadenó procesos inflacionarios que afectaron a las economías ibéricas y europeas.
7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
7.1. Toponimia y memoria[editar]
El nombre de Felipe II fue otorgado a numerosas localidades americanas durante su reinado y en siglos posteriores. Las islas Filipinas, descubiertas por la expedición de Magallanes y conquistadas durante el reinado, llevan su nombre. Su figura ha sido evocado en la literatura, el cine y el ensayo histórico en lengua española.
7.2. En el cine y la televisión[editar]
La figura de Felipe II ha sido representada en numerosas producciones cinematográficas y televisivas:
- En el cine clásico, el actor Ramón Vallarino[sin verificar] lo encarnó en producciones españolas de la posguerra.
- En La conjura de El Escorial (2008), fue interpretado por Juanjo Puigcorbé[sin verificar].
- En la serie El Ministerio del Tiempo (TVE) y en Carlos, Rey Emperador (TVE), aparece como personaje secundario o principal, contribuyendo a la divulgación de su figura entre el público contemporáneo.
7.3. En la literatura hispanoamericana[editar]
La figura del rey y su legado burocrático y contrarreformista ha aparecido en la obra de ensayistas como Octavio Paz (Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe) y en novelistas como Alejo Carpentier (El siglo de las luces), en las que el mundo colonial bajo Felipe II se presenta como un antecedente directo de las estructuras sociales y mentales del siglo XVIII americano.
8. Matrimonios y descendencia[editar]
Felipe II contrajo cuatro matrimonios:
- María Manuela de Portugal (1543–1545): Princesa de Portugal y, por tanto, prima carnal tanto por vía paterna como materna. De esta unión nació el príncipe Carlos (1545–1568), que murió en prisión sin descendencia y en circunstancias controvertidas.
- María I de Inglaterra (1554–1558): Reina católica de Inglaterra, once años mayor que él. No tuvieron hijos.
- Isabel de Valois (1559–1568): Hija del rey Enrique II de Francia, cuyo matrimonio selló la Paz de Cateau-Cambrésis. De esta unión nacieron Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela.
- Ana de Austria (1570–1580): Sobrina carnal, hija de su hermana María y del emperador Maximiliano II. De esta unión nació, entre otros, su hijo y heredero, el futuro Felipe III de España.
La sucesión dinástica quedó asegurada con el nacimiento de Felipe en 1578, tras la muerte del problemático príncipe Carlos. Este hijo, criado con una educación mucho más afectuosa que la que recibió su padre, heredaría finalmente la corona en 1598.
[ Desplegar / Plegar ] — Árbol genealógico simplificado
- Padre: Carlos I de España (1500-1558).
- Madre: Isabel de Portugal (1503-1539).
- Descendientes adultos:
- Carlos, príncipe de Asturias (1545-1568).
- Isabel Clara Eugenia (1566-1633), soberana de los Países Bajos.
- Catalina Micaela (1567-1597), duquesa de Saboya.
- Felipe III (1578-1621), rey de España y Portugal.
Felipe II tuvo además descendencia ilegítima en menor medida; entre los hijos naturales más conocidos figura Juan de Austria, héroe de Lepanto, quien era su medio hermano y no su hijo, aunque la paternidad ficticia "hijo del emperador Carlos" a menudo confunde las relaciones familiares habsburguesas en la época.
9. Muerte y sucesión[editar]
El rey falleció en el Monasterio de El Escorial a los 71 años, tras una enfermedad larga y penosa que soportó con una entereza que impresionó a sus contemporáneos. Fue amortajado con el hábito de la Orden de Santiago y enterrado en la cripta que él mismo había hecho construir bajo el altar mayor de la basílica escurialense. Le sucedió en los tronos de España y Portugal su hijo, Felipe III de España, que delegaría el gobierno en validos, marcando el inicio del declive político de la Casa de Austria en España.
La colección real iniciada por Felipe II, sumada a las de sus sucesores, conforma hoy el núcleo del Museo del Prado, en Madrid. ↩︎
La monarquía suspendió pagos en 1557, 1560, 1575 y 1596; la deuda consolidada y sus intereses consumían la mayor parte de los ingresos fiscales, obligando a renegociaciones con banqueros genoveses y alemanes. ↩︎
Felipe II reunió una biblioteca notable, se interesó por la cartografía, la botánica y la alquimia, y pasó horas despachando miles de documentos de Estado de su puño y letra, lo que le granjeó fama de gobernante minucioso hasta el extremo. ↩︎
La relación entre Felipe y Zúñiga fue estrecha; el ayo le guio en los códigos de la etiqueta borgoñona que caracterizaría a la corte habsburguesa en Madrid. ↩︎
La medida fue un anticipo de la expulsión general de los moriscos que decretaría su hijo, Felipe III, en 1609. ↩︎
La historiografía discute hasta qué punto fue una maniobra diplomática o una posibilidad real. Véase Parker, G., Felipe II. La biografía definitiva, 2014, para un análisis de las propuestas matrimoniales a Isabel I. ↩︎
El embajador veneciano Leonardo Donà escribió en 1573 que el rey "quiere hacerlo todo él mismo y no se fía de nadie, de modo que todo tarda más de lo razonable". ↩︎
El príncipe Carlos, primogénito de Felipe II con María Manuela de Portugal, sufría graves trastornos físicos y psíquicos que le incapacitaban para gobernar. Fue recluido por orden del rey, en medio de crecientes conflictos, y falleció en su habitación el 24 de julio de 1568. La leyenda de su envenenamiento por orden paterna carece de fundamento pero fue instrumentalizada como arma propagandística. ↩︎