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Gottfried Leibniz

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Gottfried Wilhelm Leibniz
Nacimiento 1 de julio de 1646
Leipzig, Electorado de Sajonia, Sacro Imperio Romano
Fallecimiento 14 de noviembre de 1716 (70 años)
Hannover, Electorado de Brunswick-Luneburgo, Sacro Imperio Romano
Residencia Hannover (principal), París (1672–1676), Londres (breves estancias) [sin verificar]
Nacionalidad Alemana (sajona)
Educación Universidad de Leipzig, Universidad de Altdorf (Doctor en Derecho, 1667)
Ocupación Filósofo, matemático, lógico, diplomático, jurista, bibliotecario, historiador, físico, inventor
Área Filosofía, matemáticas, derecho, física, lógica, teología, historia, política, mecánica, geología
Conocido por Cálculo infinitesimal, notación de Leibniz, sistema binario, monadología, teodicea, principio de razón suficiente, carácter universal, optimismo filosófico
Obras notables Discurso de metafísica (1686), Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano (1704, pub. 1765), Teodicea (1710), Monadología (1714), Principios de la naturaleza y de la gracia (1714)
Cargos desempeñados Consejero en la corte de Hannover (desde 1676), Presidente de la Academia de Ciencias de Berlín (fundador, 1700), Miembro de la Royal Society (1673), Miembro de la Academia de Ciencias de Francia [sin verificar]

1. Resumen[editar]

Gottfried Wilhelm Leibniz (Leipzig, 1 de julio de 1646 - Hannover, 14 de noviembre de 1716) fue un filósofo, matemático, lógico, jurista, bibliotecario, diplomático y científico alemán, considerado uno de los grandes pensadores del siglo XVII y XVIII. Junto a Isaac Newton, a quien se le atribuye de manera independiente y casi simultánea, desarrolló el cálculo infinitesimal [1]. Su notación es la que se utiliza de manera universal en la actualidad por su claridad y funcionalidad. Además, inventó el sistema binario, base de la computación moderna, y propuso una máquina de calcular que superaba los límites de la sumadora de Pascal. Su filosofía se levanta sobre principios como la identidad de los indiscernibles, la armonía preestablecida, el principio de razón suficiente y una teodicea que defiende la bondad divina frente a la existencia del mal. En lógica fue un precursor que vislumbró un lenguaje universal simbólico —la characteristica universalis— con el cual descomponer todo problema en un cálculo, anticipando el racionalismo formal y la inteligencia artificial [2]. Leibniz escribió principalmente en latín y francés, aunque su obra abarca también textos en alemán y, de manera más limitada, en otras lenguas [3].

2. Primeros años y formación[editar]

2.1. Infancia y familia[editar]

Gottfried Wilhelm Leibniz nació en Leipzig el 1 de julio de 1646 [4]. Su padre, Friedrich Leibniz (1597–1652), era profesor de filosofía moral en la Universidad de Leipzig, y su madre, Catharina Schmuck (1621–1664), era hija de un jurista de renombre. El ambiente familiar le proporcionó un temprano acceso a la biblioteca paterna, en la que Leibniz, huérfano de padre a los seis años, se sumergió de manera autodidacta. A los ocho años dominaba el latín y pronto comenzó a leer los clásicos grecolatinos, los escolásticos y los primeros textos modernos con notable avidez.

La precoz curiosidad de Leibniz se manifestó en su interés por la lógica y la metafísica. Él mismo relató, más tarde, cómo a los trece o catorce años empezó a plantearse un sistema de categorías lógicas que pudiera abarcar todo el conocimiento, una semilla de su posterior programa de la ciencia universal [5]. La formación escolar en la Nicolai-Schule consolidó sus bases en latín y griego, pero fue su lectura autónoma lo que realmente moldeó su espíritu.

2.2. Formación universitaria[editar]

A los quince años Leibniz ingresó en la Universidad de Leipzig (1661), donde estudió filosofía con Jakob Thomasius, quien lo inició en el aristotelismo renovado y en la historia de la filosofía. Allí también entró en contacto con las ideas modernas de Bacon, Kepler, Campanella y Galileo. En 1663 se trasladó brevemente a Jena para estudiar matemáticas bajo Erhard Weigel, cuya influencia en su concepción del derecho natural y la armonía fue duradera. De regreso en Leipzig, presentó su trabajo de bachiller en filosofía y, poco después, su disertación de maestría Disputatio Metaphysica de Principio Individui (1663), donde defendió el principio de individuación como un principio total de la entidad concreta.

Aunque su primer amor intelectual fue la filosofía, Leibniz decidió seguir la tradición familiar y estudió derecho. En 1666 presentó su tesis doctoral De Casibus Perplexis in Jure (Sobre los casos difíciles en derecho) en la Universidad de Leipzig, pero la facultad le negó el doctorado, oficialmente por su juventud —tenía apenas veinte años— aunque, según algunos biógrafos, también pudieron influir celos académicos o la influencia de la esposa de un profesor [6]. Inmediatamente se dirigió a la Universidad de Altdorf, cercana a Núremberg, donde su brillantez fue reconocida: obtuvo el doctorado en derecho en febrero de 1667 y, además, rechazó una oferta para permanecer como profesor en esa casa de estudios, pues su vocación ya se inclinaba hacia la práctica del derecho, la política y la diplomacia al servicio de la nobleza.

3. Trayectoria[editar]

3.1. Al servicio del elector de Maguncia[editar]

Tras doctorarse, Leibniz entró en contacto, a través de la alquimia y la logia rosacruz de Núremberg, con el barón Johann Christian von Boineburg, influyente consejero del elector de Maguncia, Philipp von Schönborn. Boineburg lo tomó bajo su protección y, en 1668, Leibniz fue nombrado juez en la corte de apelaciones de Maguncia y, más tarde, asistente de Boineburg para tareas diplomáticas.

En esa etapa temprana, Leibniz trabajó en la reforma del derecho romano y canónico, y propuso una nueva lógica jurídica que redujera el derecho a un sistema de proposiciones derivadas de principios. También colaboró en la publicación de una nueva edición del Anti-Lipsius y en obras de historiografía. Su primer gran texto político-filosófico es el Specimen demonstrationum politicarum pro eligendo rege Polonorum (1669), un ensayo —fallido en términos prácticos— para probar geométricamente qué candidato debía ser elegido rey de Polonia.

El interés de Leibniz por la matemática, todavía embrionario, recibió un impulso decisivo cuando comenzó a leer los trabajos de Huygens, Pascal y Descartes. En 1672, recibió el encargo de una misión diplomática crucial: viajar a París para persuadir a Luis XIV de que dirigiera sus conquistas hacia Egipto, en lugar de atacar los Países Bajos, una propuesta que más tarde sería conocida como el Consilium Aegyptiacum. Aunque el plan nunca fue presentado formalmente al Rey Sol, la estadía en París resultó un punto de inflexión en su desarrollo intelectual.

3.2. París y el despertar matemático[editar]

Leibniz permaneció en París desde marzo de 1672 hasta octubre de 1676, con intervalos de viaje a Londres. En la capital francesa encontró un ambiente científico vibrante y entró en contacto directo con Christiaan Huygens, quien se convirtió en su mentor en matemáticas y física. Hasta entonces Leibniz se consideraba un aficionado con talento, pero bajo la guía de Huygens y estudiando los trabajos de Pascal, Descartes y los métodos infinitesimales de Cavalieri y Torricelli, comenzó a desarrollar sus propias herramientas.

Entre 1673 y 1676, Leibniz gestó las ideas centrales del cálculo diferencial e integral. En Londres, en 1673, fue elegido miembro de la Royal Society tras presentar una máquina de calcular que superaba a la Pascalina porque permitía multiplicar, dividir y extraer raíces. Sin embargo, aún no había dado a conocer su descubrimiento del cálculo, que plasmaría de manera definitiva en sus manuscritos de 1675 y 1676 [7]. Fue en París donde comenzó a usar las notaciones dx y que hoy son universales. Desde allí también trabajó en física, estudiando la elasticidad de los cuerpos y la teoría de la resistencia de materiales, así como en filosofía, manteniendo correspondencia con Antoine Arnauld y Nicolas Malebranche.

Su empresa diplomática fracasó, pero Leibniz había sido transformado. Al morir Boineburg y el propio elector de Maguncia en 1672 y 1673 respectivamente, su situación quedó incierta. Después de rechazar ofertas de permanecer en París con una pensión real o en la corte de Viena, aceptó un puesto como consejero y bibliotecario en la corte del duque Johann Friedrich de Brunswick-Luneburgo en Hannover.

3.3. Al servicio de la casa de Hannover[editar]

Leibniz llegó a Hannover a finales de 1676 y permaneció al servicio de esa corte hasta su muerte. Aunque en un principio el duque Johann Friedrich apoyó sus investigaciones científicas y filosóficas, el trabajo oficial de Leibniz en Hannover se centró en tareas históricas y jurídicas. El gran proyecto que se le encomendó fue escribir la historia de la casa de Welf (Güelfos), de la cual los duques de Brunswick-Luneburgo eran herederos.

Esta tarea lo llevó a recorrer archivos de Alemania, Austria e Italia entre 1687 y 1690, en un viaje de investigación histórica que también le permitió discutir filosofía con pensadores italianos y recopilar documentos genealógicos. La Historia de la casa de los Welfos quedó inconclusa al momento de su muerte, pero los materiales que Leibniz acumuló y los volúmenes que completó constituyen un hito de la historiografía científica, al ser una de las primeras obras en aplicar criterios estrictos de crítica documental y diplomática [8]. Durante este período, Leibniz negoció también la ascensión de la casa de Hannover al trono de Inglaterra, que se materializaría en 1714 con Jorge I, aunque el filósofo ya había caído en desgracia relativa ante el elector.

3.4. Academias y proyectos científicos[editar]

Leibniz fue un incansable promotor de la organización del saber. En 1700 fundó la Sociedad de las Ciencias de Berlín (posteriormente Academia Prusiana de las Ciencias), de la cual fue su primer presidente vitalicio. También planeó y propuso la creación de academias en Dresde, Viena y San Petersburgo; esta última fue fundada por Pedro el Grande siguiendo, en parte, el consejo póstumo de Leibniz, a quien el zar había recibido en audiencia en 1711 y designado consejero privado de justicia con una pensión. Su modelo de academia como centro de investigación multidisciplinar —combinando filosofía, ciencias naturales, matemáticas, historia y tecnología— fue innovador y se anticipó a lo que serían las grandes academias ilustradas del siglo XVIII.

En Hannover, Leibniz continuó sus propias investigaciones en matemáticas, física, ingeniería de minas y geología. En los últimos años de su vida redactó obras filosóficas de síntesis como la Monadología (1714) y los Principios de la naturaleza y de la gracia (1714), además de mantener una correspondencia monumental con unos 1.100 corresponsales —desde princesas y soberanos hasta científicos y misioneros— que cubre prácticamente todos los saberes de la época [9].

4. Obra matemática y científica[editar]

4.1. El cálculo infinitesimal[editar]

El desarrollo del cálculo por Leibniz es independiente del realizado por Isaac Newton, aunque ambos llegaron a resultados equiparables en un plazo similar. Newton comenzó sus investigaciones sobre fluxiones antes, alrededor de 1666, pero las mantuvo inéditas durante décadas; Leibniz empezó su trabajo sistemático en París en 1673 y publicó su primer artículo sobre el cálculo diferencial en 1684 en Acta Eruditorum, bajo el título Nova methodus pro maximis et minimis, itemque tangentibus, quae nec fractas nec irrationales quantitates moratur, et singulare pro illis calculi genus (Un nuevo método para máximos y mínimos, y también para tangentes, que no se detiene ante cantidades fraccionarias ni irracionales, y un singular tipo de cálculo para ellas). Allí introdujo las reglas de derivación y la notación que transformó la disciplina: dx para el diferencial, dy/dx para la derivada y un poco más tarde, en 1686, el símbolo integral —una deformación de la letra S de summa— para la integración.

La disputa de prioridad con Newton —la célebre querelle du calcul— envenenó los últimos años de Leibniz. En 1712, la Royal Society, de la que Newton era presidente, emitió un informe oficial, el Commercium epistolicum, que favorecía a Newton y dejaba caer acusaciones de plagio sobre Leibniz. La historiografía moderna ha establecido con claridad que ambos llegaron al cálculo de manera independiente: Newton mediante un enfoque cinemático y de series infinitas, Leibniz mediante un enfoque algebraico y de sumas infinitesimales [1:1]. La notación de Leibniz se impuso en la Europa continental y, con el tiempo, en todo el mundo, por su capacidad de expresar con claridad las operaciones y la relación entre derivadas e integrales.

4.2. Sistema binario[editar]

Leibniz publicó en 1703 el artículo Explication de l'arithmétique binaire (en Mémoires de l'Académie Royale des Sciences), donde expuso el sistema de numeración en base 2 utilizando únicamente los dígitos 0 y 1. Si bien otros matemáticos, como Thomas Harriot, habían considerado antes representaciones binarias, Leibniz fue el primero en ofrecer un desarrollo sistemático, incluyendo las operaciones de suma, resta, multiplicación y división en binario.

La motivación de Leibniz era filosófica y teológica tanto como matemática: veía en el sistema binario una imagen de la creación divina, donde el 1 representaba a Dios y el 0 la nada, y los números surgían de la combinación de ambos. También asoció el sistema binario al I Ching chino y a los hexagramas de Fu Xi, con los que mantuvo contacto a través de los misioneros jesuitas en Pekín, en particular Joachim Bouvet. Esta asociación reforzó en Leibniz la idea de una sabiduría universal subyacente a todas las culturas y su sueño de un lenguaje universal. En el siglo XX, el sistema binario se convertiría en la base lógica de los circuitos electrónicos y de la computación moderna, un legado que Leibniz no pudo prever pero que confirma la originalidad de su pensamiento.

4.3. Notación matemática y lógica simbólica[editar]

Además del cálculo infinitesimal, Leibniz es responsable de notaciones matemáticas que sobreviven hasta hoy: el uso del punto como multiplicación, los dos puntos para la división (en ciertos contextos), la notación para las determinantes y contribuciones al simbolismo lógico. En lógica, Leibniz desarrolló un programa de characteristica universalis, un lenguaje simbólico perfecto en el que cada concepto tuviera un signo unívoco, y un calculus ratiocinator, un método para manipular esos signos conforme a reglas algebraicas que permitiera zanjar cualquier disputa filosófica o científica mediante un cálculo. Aunque nunca construyó el sistema completo, sus esbozos contienen ideas que anticipan tanto la lógica matemática del siglo XIX (Boole, Frege) como la teoría de la computación. De hecho, la máquina de calcular de Leibniz no era solo una sumadora: prefiguraba la idea de que una máquina podía procesar información simbólica.

4.4. Física, mecánica y otras ciencias[editar]

En física, Leibniz rechazó la noción newtoniana de espacio y tiempo absolutos, defendiendo una concepción relacional: el espacio no es un receptáculo, sino el orden de las coexistencias, y el tiempo es el orden de las sucesiones. Esta visión se confrontó en el célebre debate con Samuel Clarke, portavoz de Newton, entre 1715 y 1716. Leibniz también formuló el principio de conservación de la fuerza viva (lo que hoy conocemos como energía cinética), argumentando que en los choques no se conservaba la cantidad de movimiento cartesiana (mv) sino mv². Aunque la formulación moderna involucra el concepto preciso de energía cinética (½ mv²), Leibniz estableció las bases para el principio de conservación de la energía.

Como inventor diseñó una máquina de calcular escalonada, varios tipos de relojes, una bomba de aire, un sistema para extraer agua de las minas del Harz mediante molinos de viento (proyecto en el que invirtió años sin éxito práctico completo) y un precursor del submarino. En geología, propuso que la Tierra había sido originalmente una masa fundida y que los fósiles eran restos de organismos vivos, rechazando la idea de que fueran meros “juegos de la naturaleza”.

5. Filosofía[editar]

5.1. La monadología[editar]

La metafísica de Leibniz alcanza su máxima expresión en la teoría de las mónadas, expuesta de manera concisa en la Monadología (1714) y en Principios de la naturaleza y de la gracia (1714). Una mónada es una sustancia simple, indivisible, sin partes, inmaterial e inextensa. No tiene ventanas: nada entra ni sale de ella, porque no ocupa espacio y no puede interactuar causalmente con otras sustancias. Sin embargo, cada mónada es un espejo vivo del universo entero, dotada de percepción y apetición (tendencia a pasar de una percepción a otra). Las mónadas se diferencian entre sí por el grado de claridad de sus percepciones: las de los seres inanimados tienen percepciones oscuras (petites perceptions); las de los animales, sensaciones más distintas; las almas humanas alcanzan la apercepción —la conciencia reflexiva— y la razón, mientras que Dios es la mónada suprema, pura actividad y omnisciencia.

La comunicación entre las mónadas no ocurre por interacción real, sino por una armonía preestablecida dispuesta por Dios desde el momento de la creación: cada mónada sigue su propia ley interna de desarrollo, y todas coinciden como relojes sincronizados desde el principio. Con esta metáfora, Leibniz creyó resolver el problema del dualismo cartesiano y la comunicación de las sustancias sin recurrir al ocasionalismo de Malebranche ni a un Dios que interviene constantemente.

5.2. Teodicea[editar]

La Teodicea (1710) es el intento más famoso de Leibniz por reconciliar la existencia de Dios, infinitamente bueno, sabio y todopoderoso, con la realidad del mal en el mundo. Leibniz distingue tres tipos de mal: metafísico (la inevitable imperfección de las criaturas finitas), físico (el sufrimiento) y moral (el pecado). Sostiene que Dios, entre todos los mundos posibles, ha elegido crear el mejor de los mundos posibles, no porque carezca de mal, sino porque en él la combinación de bienes y males produce la máxima perfección global. El mal es a menudo un medio necesario para obtener un bien mayor, como la libertad humana, que implica la posibilidad de pecar. La posición de Leibniz fue satirizada por Voltaire en Cándido (1759) y duramente criticada por Schopenhauer, pero constituye uno de los pilares del optimismo racionalista del siglo XVIII.

5.3. Principios lógicos y metafísicos[editar]

Leibniz erige su sistema sobre dos grandes principios: el de contradicción y el de razón suficiente. El primero establece que una proposición no puede ser verdadera y falsa al mismo tiempo y bajo el mismo respecto; el segundo, que nada ocurre sin una razón determinante, aunque esa razón no siempre podamos conocerla. Para Leibniz, todas las verdades son o bien verdades de razón (necesarias, cuyo opuesto implica contradicción) o bien verdades de hecho (contingentes, cuyo fundamento último es la elección divina del mejor mundo posible). De aquí deriva su distinción entre la necesidad absoluta y la necesidad hipotética, que le sirvió para defender la libertad humana frente al determinismo teológico.

Otro principio fundamental es el de la identidad de los indiscernibles: no pueden existir en la naturaleza dos cosas completamente idénticas en todas sus propiedades, porque si fueran indiscernibles serían la misma cosa. Este principio, además de sus implicaciones metafísicas, tiene resonancias en la lógica y en la filosofía de la ciencia moderna. Leibniz lo ilustraba con la observación anecdótica de que, en los jardines de Herrenhausen, buscó y no encontró dos hojas exactamente iguales.

5.4. Lenguaje y conocimiento[editar]

El proyecto de una characteristica universalis representa el anhelo leibniziano de reducir el razonamiento a un cálculo algebraico de símbolos, un lenguaje universal que refleje la estructura real de los conceptos. En los Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano (1704, publicados póstumamente en 1765), Leibniz responde punto por punto al Ensayo sobre el entendimiento humano de John Locke. Allí defiende, contra el empirismo de Locke, la existencia de ideas innatas no como representaciones completas desde el nacimiento, sino como disposiciones y principios virtuales de la mente que la experiencia actualiza. La famosa máxima leibniziana nihil est in intellectu quod non prius fuerit in sensu, nisi intellectus ipse —nada hay en el entendimiento que no haya pasado antes por los sentidos, salvo el entendimiento mismo— resume su postura. También en esa obra elabora la teoría de las petites perceptions, percepciones insensibles que, sin embargo, componen la vida mental y explican fenómenos como la conciencia gradual o la influencia inconsciente de los estímulos [10].

6. Relaciones con contemporáneos[editar]

6.1. Disputa con Isaac Newton y Samuel Clarke[editar]

La controversia sobre la prioridad del cálculo enfrentó a Leibniz con el entorno de Newton. El filósofo alemán defendió no solo su originalidad sino también su notación, su método y su concepción metafísica del infinito, que juzgaba superior a la de Newton. La disputa tomó un giro metafísico cuando, entre 1715 y 1716, Leibniz mantuvo correspondencia con Samuel Clarke, teólogo anglicano y vocero de Newton. En esas cartas —la Correspondencia Leibniz-Clarke— se discutió la naturaleza del espacio, el tiempo, el principio de razón suficiente, la acción divina y el carácter del milagro. Leibniz defendió un universo relacional y dinámico, mientras Clarke afirmó el espacio y el tiempo absolutos newtonianos. Esta controversia se cerró abruptamente con la muerte de Leibniz en noviembre de 1716, cuando Clarke preparaba una quinta respuesta.

6.2. Spinoza, Arnauld y Malebranche[editar]

Leibniz visitó a Spinoza en La Haya en 1676, justo antes de regresar a Alemania, y tuvo acceso a los manuscritos de la Ética, entonces inédita. Aunque reconoció la profundidad de Spinoza, rechazó su panteísmo y su negación de la libertad y la contingencia, buscando edificar un sistema que salvara la trascendencia divina y la individualidad de las criaturas, contra las tendencias monistas y naturalistas. Con Antoine Arnauld, el célebre teólogo jansenista, mantuvo entre 1686 y 1690 una correspondencia filosófica de alto nivel, en la que expuso las líneas maestras de su metafísica y su teoría de la sustancia. Con Nicolas Malebranche discutió, entre otros asuntos, la naturaleza de las ideas y la acción divina.

6.3. Christian Wolff, Sophie Charlotte y los príncipes[editar]

Leibniz mantuvo una relación intensa con la electora Sofía de Hannover y su hija Sophie Charlotte, reina de Prusia, para quienes escribió exposiciones accesibles de su filosofía; la Teodicea surgió en parte de esas conversaciones. Su discípulo más sistemático en el ámbito académico alemán fue Christian Wolff, quien difundió y sistematizó las ideas leibnizianas en la universidad, creando un systema leibniziano-wolffiano que dominó buena parte de la Ilustración alemana hasta la crítica de Kant. Wolff acentuó la vertiente racionalista de Leibniz, aunque suavizó o eliminó algunos elementos metafísicos más sutiles, como la monadología en su detalle completo.

7. Legado y presencia en el mundo hispanohablante[editar]

7.1. Recepción en España e Hispanoamérica[editar]

La recepción de Leibniz en el mundo hispánico fue tardía y fragmentaria durante el siglo XVIII, debido al predominio del escolasticismo en las universidades hispánicas y a las restricciones impuestas por la Inquisición a ciertos autores protestantes. No obstante, el pensamiento leibniziano penetró a través de la obra de Christian Wolff y de los ilustrados españoles.

El jesuita valenciano Juan Andrés, en su monumental Origen, progresos y estado actual de toda la literatura (1782–1799), dedicó secciones a Leibniz, valorándolo como matemático y filósofo. En la misma época, el novohispano Benito Díaz de Gamarra, en sus Elementos de filosofía moderna (1774), expuso y criticó aspectos de la filosofía leibniziano-wolffiana, contribuyendo a la difusión del racionalismo moderno en México. En el siglo XIX, Marcelino Menéndez Pelayo, a pesar de su antipatía hacia el racionalismo alemán, estudió con seriedad la obra de Leibniz. Más tarde, José Ortega y Gasset dedicó varios ensayos al filósofo de Hannover, en particular a su idea del principio de razón suficiente y a su comprensión del individuo, que Ortega vinculó a su propia metafísica de la “razón vital” [11].

En Argentina, el filósofo Francisco Romero y, antes, José Ingenieros, se interesaron por la metafísica leibniziana en el contexto de la renovación filosófica de principios del siglo XX. La traducción al español de las obras principales de Leibniz, sin embargo, tuvo que esperar hasta el siglo XX, con versiones de Patricio de Azcárate, Ezequiel de Olaso, Javier Echeverría y, más recientemente, de la editorial Gredos, Tecnos y Comares, entre otras. La Monadología suele ser texto de lectura obligatoria en los cursos de historia de la filosofía moderna en las universidades latinoamericanas.

7.2. Leibniz y los jesuitas: el diálogo con China[editar]

Leibniz mantuvo un interés constante por China, vehículo de su idea de una verdad universal comunicable más allá de las diferencias culturales. A través de la correspondencia con el jesuita Joachim Bouvet —quien trabajaba en la misión de Pekín— Leibniz profundizó en el conocimiento del I Ching y de la filosofía china, que interpretó como una prueba de la existencia de una teología natural común a toda la humanidad. Los jesuitas, muchos de ellos españoles o vinculados a la monarquía hispánica, fueron los corresponsales principales que le proporcionaron noticias de Oriente. Leibniz escribió Novissima Sinica (1697), una colección de textos y documentos sobre China, donde expuso su visión de un intercambio fructífero entre la civilización europea y la china, y abogó por el respeto y el aprendizaje mutuo. La obra fue leída y discutida en los círculos eruditos de la monarquía católica, aunque con reticencias por parte del papado y de los sectores más conservadores.

7.3. Influencia en el derecho y la diplomacia[editar]

La formación jurídica de Leibniz y su desempeño como diplomático dejaron rastros en la teoría del derecho. Su idea de un Índice de normas y la aplicación del cálculo combinatorio al derecho influyó, aunque indirectamente, en la moderna concepción de la codificación. En el ámbito hispanoamericano, algunos tratadistas del siglo XIX y XX, como el colombiano Carlos Lozano y Lozano, citaron los principios leibnizianos de proporcionalidad y razón suficiente en discusiones sobre la teoría de la prueba judicial, aunque de manera marginal [12]. La noción de que el derecho podía ser tratado como un sistema deductivo de proposiciones encontró eco entre los racionalistas latinoamericanos que propugnaban la codificación y la secularización del orden jurídico durante el siglo XIX.

8. Escritos principales[editar]

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  • 1663Disputatio Metaphysica de Principio Individui (Disertación metafísica sobre el principio del individuo)
  • 1666De Arte Combinatoria (Arte combinatoria)
  • 1667Nova Methodus Discendae Docendaeque Jurisprudentiae (Nuevo método para aprender y enseñar jurisprudencia)
  • 1670Specimen demonstrationum politicarum pro eligendo rege Polonorum (Muestra de demostraciones políticas para la elección del rey de Polonia)
  • 1684Nova methodus pro maximis et minimis... (Nuevo método para máximos y mínimos...), primer artículo sobre el cálculo diferencial.
  • 1686De Geometria Recondita et Analysis Indivisibilium atque Infinitorum (Sobre la geometría secreta y el análisis de los indivisibles e infinitos), primer artículo sobre el cálculo integral.
  • 1686Discours de métaphysique (Discurso de metafísica)
  • 1697Novissima Sinica (Últimas noticias de China)
  • 1703Explication de l'Arithmétique Binaire (Explicación de la aritmética binaria)
  • 1704Nouveaux essais sur l'entendement humain (Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano, publicados póstumamente en 1765)
  • 1710Essais de Théodicée sur la bonté de Dieu, la liberté de l'homme et l'origine du mal (Ensayos de Teodicea sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal)
  • 1714La Monadologie (Monadología)
  • 1714Principes de la nature et de la grâce fondés en raison (Principios de la naturaleza y de la gracia fundados en razón)
  • 1715–1716Correspondencia con Samuel Clarke (publicada póstumamente)
  • 1765 – Publicación póstuma de los Nouveaux essais.
  • 1849–1863 – Primera edición de las Œuvres philosophiques por A. Foucher de Careil.
  • 1923–... – Comienza la edición de las Sämtliche Schriften und Briefe de la Academia de Ciencias de Berlín, aún en curso.

9. Legado e influencia[editar]

El legado de Leibniz es difícil de abarcar por su dispersión en tantas disciplinas. En matemáticas, su cálculo se convirtió en la herramienta fundamental del desarrollo científico y su notación es la lengua franca del análisis moderno. En lógica, sus ideas fueron redescubiertas y sistematizadas siglos después; Kurt Gödel, gran admirador de Leibniz, consideró que la characteristica universalis era una premonición de la lógica moderna y lamentó que sus manuscritos lógicos no se hubieran conocido antes. La computación le debe el sistema binario y también la idea —que Leibniz sugirió— de que las máquinas podrían algún día razonar [13]. En filosofía, Kant se formó en la tradición leibniziano-wolffiana antes de construir su propio sistema crítico; sin Leibniz, la metafísica del racionalismo continental no se entendería.

Culturalmente, Leibniz ha sido figura de novelas, como La baronesa y el filósofo o La disputa, y de numerosos estudios sobre el Barroco y la modernidad. Su figura encarna al polímata: un hombre que, en medio de las guerras y las cortes, soñó con la paz perpetua, la unión de las iglesias, la república de las ciencias y un lenguaje universal que hiciera del cálculo una nueva forma de armonía humana.


  1. La comisión de la Royal Society de 1712 dio un veredicto favorable a Newton. La investigación histórica posterior ha dejado claro que existió un desarrollo independiente por parte de Leibniz; el consenso contemporáneo es que ambos comparten el mérito del descubrimiento. ↩︎ ↩︎

  2. Leibniz escribió en 1677: “Una vez que se tengan los caracteres de un lenguaje universal, todo el mundo podrá resolver cualquier problema mediante un cálculo”. Este pasaje suele citarse como una anticipación del programa de la inteligencia artificial. ↩︎

  3. El dominio lingüístico de Leibniz incluía, además del alemán nativo, latín, francés, griego antiguo, hebreo e inglés. Es posible que tuviera conocimientos básicos de neerlandés y de italiano, adquiridos durante sus viajes. ↩︎

  4. La fecha corresponde al calendario gregoriano, adoptado en las regiones católicas del imperio. En el calendario juliano, entonces vigente en los territorios protestantes, la fecha era 21 de junio de 1646. ↩︎

  5. En una carta de 1671 a Thomasius, Leibniz menciona su proyecto juvenil de un Alphabetum cogitationum humanarum (Alfabeto de los pensamientos humanos), que prefigura la characteristica universalis. ↩︎

  6. La negativa de la Universidad de Leipzig ha sido objeto de interpretaciones. Algunos biógrafos apuntan a la enemistad de la esposa de un profesor, que habría influido en la decisión. Leibniz no dejó escrito claro al respecto. ↩︎

  7. Los manuscritos parisinos de Leibniz, conservados en la biblioteca de Hannover, muestran la evolución de sus ideas sobre el cálculo entre 1673 y 1676. El 29 de octubre de 1675 aparece por primera vez el signo integral. ↩︎

  8. Los estándares que Leibniz aplicó en la Historia de la casa de Welfos incluyen la verificación de fuentes primarias, la datación precisa de documentos y el escepticismo metódico ante la tradición oral. ↩︎

  9. Se estima que la correspondencia de Leibniz comprende unas 15.000 cartas conservadas, de las cuales aproximadamente 1.000 están dirigidas a figuras femeninas de la nobleza, como la electora Sofía y la reina Sofía Carlota, con quienes discutió filosofía y ciencia. ↩︎

  10. En los Nuevos ensayos, Leibniz ilustra las percepciones insensibles con el ejemplo del estruendo del mar: el sonido de cada ola es imperceptible por sí solo, pero la suma de todas produce la sensación auditiva del oleaje. ↩︎

  11. En el ensayo “Leibniz y el individuo”, Ortega y Gasset interpreta la mónada como un antecedente de su propia idea de “vida humana” como realidad radical, aunque critica el racionalismo leibniziano por ignorar la circunstancia concreta. ↩︎

  12. La influencia de Leibniz en la teoría del derecho hispanoamericana es modesta pero reconocible en ciertos tratadistas de principios del siglo XX que intentaron fundamentar el derecho procesal en principios lógicos. ↩︎

  13. Leibniz imaginó un calculus ratiocinator mecánico y, en sus últimos años, especuló sobre si una máquina podría generar todos los conocimientos posibles combinando caracteres según reglas fijas. ↩︎