Ir al contenido

Independencia de México

✏️ Editar🕓 Historial🔗 Enlaces
Guerra de Independencia de México
Parte deGuerras de independencia hispanoamericanas
Fecha16 de septiembre de 1810 – 27 de septiembre de 1821 (11 años y 11 días)
LugarVirreinato de Nueva España (actual México)
DetonanteGrito de Dolores, 16 de septiembre de 1810
ResultadoIndependencia de México y disolución del Virreinato de Nueva España; proclamación del Primer Imperio Mexicano
Fin formalActa de Independencia del Imperio Mexicano, 28 de septiembre de 1821
Reconocimiento por EspañaTratado Santa María-Calatrava, 28 de diciembre de 1836
BandosInsurgentes (1810-1821), después Ejército Trigarante (1821)
—frente a—
Ejército realista del Virreinato de Nueva España
Líderes insurgentesMiguel Hidalgo y Costilla †
Ignacio Allende
José María Morelos y Pavón †
Vicente Guerrero
Guadalupe Victoria
Otros protagonistasAgustín de Iturbide (jefe realista hasta 1821 y después del Ejército Trigarante)
Juan O'Donojú (jefe político superior y capitán general, firmante del Tratado de Córdoba)
TerritorioEspaña pierde todo el territorio continental del virreinato; la guarnición del fuerte de San Juan de Ulúa, en Veracruz, resistió hasta 1825

1. Resumen[editar]

La Independencia de México es el proceso por el cual el Virreinato de Nueva España dejó de formar parte de la monarquía española para constituirse en un Estado soberano. El conflicto armado, conocido como guerra de Independencia de México, comenzó el 16 de septiembre de 1810 con el llamado a las armas del cura Miguel Hidalgo y Costilla —el Grito de Dolores— y concluyó con la entrada del Ejército Trigarante en la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 y la firma del Acta de Independencia del Imperio Mexicano al día siguiente.

No fue un movimiento único ni continuo. Bajo la misma etiqueta se suceden proyectos políticos incompatibles entre sí: el levantamiento popular y socialmente radical de Hidalgo y Morelos, la guerra de guerrillas de Vicente Guerrero durante los años de repliegue, y finalmente el pacto de 1821 entre Guerrero y Agustín de Iturbide, un oficial realista que había combatido a los insurgentes durante una década y que consumó la independencia bajo la forma de una monarquía constitucional católica. Esa discontinuidad es la clave para entender el proceso y el motivo de buena parte del debate historiográfico que sigue abierto sobre él.

2. Antecedentes[editar]

2.1 La Nueva España a comienzos del siglo XIX[editar]

La sociedad novohispana estaba organizada en torno a una jerarquía rígida entre peninsulares (españoles nacidos en Europa), criollos (descendientes de españoles nacidos en América), mestizos, indígenas y castas. Los criollos, con considerable poder económico, tenían vetado en la práctica el acceso a los cargos superiores de la administración, el ejército y la Iglesia, lo que alimentó un resentimiento sostenido hacia los peninsulares.

A esa tensión se sumó una crisis material. Las malas cosechas de 1809 y las disrupciones comerciales derivadas de las guerras napoleónicas golpearon con especial dureza el Bajío, la región más dinámica del virreinato y su principal centro minero y agrícola. Antes, la Real Cédula de Consolidación de Vales Reales de 1804 había ordenado la ejecución forzosa de los créditos e hipotecas administrados por la Iglesia —el principal sistema de crédito del virreinato— para financiar las guerras de la Corona en Europa, provocando una contracción crediticia que arruinó a numerosos hacendados y comerciantes criollos. Muchos de los futuros dirigentes insurgentes salieron de ese grupo.

2.2 La crisis de la monarquía española[editar]

La invasión napoleónica de España en 1808 y las abdicaciones de Bayona, que llevaron al trono a José Bonaparte, abrieron un vacío de legitimidad que repercutió de inmediato en América: si el rey estaba cautivo, ¿en quién residía la soberanía? En la Ciudad de México, el intento del ayuntamiento criollo de constituir una junta de gobierno propia fue abortado por un golpe de los comerciantes peninsulares en septiembre de 1808, que depuso al virrey José de Iturrigaray. La vía institucional quedó cerrada.

Surgieron entonces conspiraciones clandestinas, la más importante de las cuales fue la de Querétaro, en la que participaban Miguel Hidalgo, el capitán Ignacio Allende, Juan Aldama y Josefa Ortiz de Domínguez, esposa del corregidor. El levantamiento estaba previsto para el otoño de 1810 —las fuentes discrepan sobre si la fecha acordada era el 1 o el 2 de octubre—, pero al ser denunciada la conspiración, Hidalgo decidió adelantarlo.

3. Desarrollo del conflicto (1810-1821)[editar]

3.1 Etapa de inicio: Hidalgo (1810-1811)[editar]

En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, en el pueblo de Dolores (actual Dolores Hidalgo, Guanajuato), Miguel Hidalgo convocó a la población a las armas. No se conserva el texto de la arenga: todas las versiones que circulan son reconstrucciones posteriores, a menudo contradictorias, y las más difundidas incorporan consignas —como el "¡Viva México!"— que difícilmente pudieron pronunciarse en 1810, cuando el movimiento invocaba todavía a Fernando VII.

El levantamiento, integrado mayoritariamente por indígenas, mestizos y trabajadores de las minas y haciendas del Bajío, y encabezado por el estandarte de la Virgen de Guadalupe, creció con enorme rapidez hasta formar una hueste numerosísima pero sin instrucción militar. Tras la toma de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato (28 de septiembre de 1810), acompañada de una matanza de la población peninsular refugiada en el edificio, y la victoria en el Monte de las Cruces, Hidalgo renunció a marchar sobre la capital, decisión nunca explicada satisfactoriamente y muy discutida desde entonces.

La derrota decisiva llegó en la batalla del Puente de Calderón, cerca de Guadalajara, el 17 de enero de 1811, donde una fuerza realista muy inferior en número pero disciplinada deshizo al ejército insurgente. Los cabecillas fueron capturados en Acatita de Baján en marzo y trasladados a Chihuahua. Allende, Aldama y Mariano Jiménez fueron fusilados el 26 de junio de 1811; Hidalgo, por su condición de sacerdote, debió ser degradado antes por un tribunal eclesiástico y fue fusilado el 30 de julio de 1811. Las cabezas de los cuatro se exhibieron durante diez años en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas.

3.2 Etapa de organización: Morelos (1811-1815)[editar]

El liderazgo pasó a José María Morelos y Pavón, también sacerdote y antiguo alumno de Hidalgo, que dio al movimiento una estructura militar y política muy superior: fuerzas reducidas y móviles en lugar de multitudes, y un programa escrito.

Bajo su impulso se reunió el Congreso de Chilpancingo, instalado el 14 de septiembre de 1813, ante el que Morelos leyó los "Sentimientos de la Nación": independencia plena de España, soberanía popular, abolición de la esclavitud y de la distinción de castas, supresión de los tributos y de los privilegios estamentales, y catolicismo como única religión. El Congreso declaró formalmente la independencia el 6 de noviembre de 1813 y promulgó el 22 de octubre de 1814, en Apatzingán, el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, primera constitución redactada en el país, que nunca llegó a aplicarse.

Morelos fue capturado en noviembre de 1815, degradado y fusilado el 22 de diciembre de 1815 en San Cristóbal Ecatepec. Su muerte descabezó la insurgencia organizada.

3.3 Etapa de resistencia (1815-1820)[editar]

Tras la caída de Morelos, el movimiento se fragmentó en partidas dispersas. Vicente Guerrero sostuvo la lucha en la sierra del sur —en lo que hoy es el estado que lleva su nombre— y Guadalupe Victoria en la región de Veracruz, en una guerra de desgaste de baja intensidad frente a un ejército realista que tampoco lograba dar el golpe definitivo. En 1817 el expedicionario español Francisco Javier Mina, liberal enfrentado a Fernando VII, desembarcó con una pequeña fuerza para apoyar a los insurgentes; fue capturado y fusilado ese mismo año.

3.4 Etapa de consumación: Plan de Iguala e Iturbide (1820-1821)[editar]

El giro decisivo vino de España. El pronunciamiento liberal de Rafael del Riego en 1820 obligó a Fernando VII a restablecer la Constitución de Cádiz, cuyo programa anticlerical y sus limitaciones a los fueros alarmaron a los sectores conservadores, eclesiásticos y militares de Nueva España. Para muchos de ellos, la independencia dejó de ser una amenaza y pasó a ser un seguro frente al liberalismo peninsular.

En ese contexto, el coronel realista Agustín de Iturbide, enviado al sur a batir a Guerrero, optó por negociar con él. Ambos sellaron su acuerdo en el Abrazo de Acatempan, el 10 de febrero de 1821, y el 24 de febrero de 1821 proclamaron el Plan de Iguala, articulado en tres garantías:

  1. Religión: la católica como única, sin tolerancia de ninguna otra.
  2. Independencia: México como monarquía constitucional, con el trono ofrecido a Fernando VII o a un príncipe de su casa.
  3. Unión: igualdad de derechos entre españoles peninsulares, criollos y las demás castas, con garantía de las personas y propiedades de los peninsulares residentes.

El Ejército Trigarante o de las Tres Garantías fue sumando adhesiones a lo largo de 1821, en su mayoría de guarniciones realistas que cambiaron de bando sin combatir, hasta dejar el dominio español reducido a la capital y a unas pocas plazas. El 30 de julio de 1821 desembarcó en Veracruz Juan O'Donojú, enviado desde Madrid. Conviene precisar un punto que suele repetirse mal: O'Donojú no fue el último virrey de Nueva España. La Constitución de Cádiz había suprimido el cargo, y su título era el de jefe político superior y capitán general; el último virrey propiamente dicho fue Juan Ruiz de Apodaca, depuesto por los propios oficiales realistas semanas antes.

Al constatar que la situación militar era insostenible, O'Donojú se reunió con Iturbide y firmó el Tratado de Córdoba el 24 de agosto de 1821, que reconocía la independencia de México en los términos del Plan de Iguala. Carecía de la autorización necesaria y las Cortes españolas lo desautorizaron y nunca lo ratificaron.

4. Consumación de la independencia[editar]

El 27 de septiembre de 1821 —día en que Iturbide cumplía 38 años— el Ejército Trigarante entró en la Ciudad de México. Al día siguiente, el 28 de septiembre de 1821, la Junta Provisional Gubernativa firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, que declaraba a la nación "soberana e independiente de la antigua España".

Existe una divergencia habitual sobre qué fecha debe considerarse la de la separación formal. Algunas obras de referencia toman el Tratado de Córdoba (24 de agosto de 1821); otras, la entrada del Ejército Trigarante (27 de septiembre) o la firma del Acta (28 de septiembre). La tradición cívica mexicana resuelve la cuestión distinguiendo entre el inicio del proceso —el 16 de septiembre de 1810, que es la fiesta nacional— y su consumación en septiembre de 1821, y esa es la convención que sigue la mayoría de la historiografía.

Un resto español permaneció en territorio mexicano: la guarnición del fuerte de San Juan de Ulúa, frente a Veracruz, que no capituló hasta 1825.

5. Consecuencias y primeros años del México independiente[editar]

El Primer Imperio Mexicano fue efímero. Ningún príncipe europeo aceptó el trono ofrecido y el Congreso proclamó emperador al propio Iturbide el 19 de mayo de 1822, coronado como Agustín I el 21 de julio. El enfrentamiento con el Congreso, la crisis fiscal y el Plan de Casa Mata —proclamado el 1 de febrero de 1823 por Antonio López de Santa Anna y respaldado por Guadalupe Victoria y buena parte del ejército— forzaron su abdicación el 19 de marzo de 1823 y su exilio. Iturbide regresó al país en 1824 desconociendo el decreto que lo declaraba fuera de la ley y fue fusilado el 19 de julio de aquel año.

La Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos se promulgó el 4 de octubre de 1824, estableciendo una república federal, y Guadalupe Victoria asumió el 10 de octubre de 1824 como primer presidente de México, siendo el único de los presidentes de las primeras décadas que completó su mandato.

El nuevo país heredó una economía arruinada. La minería, motor de la hacienda colonial, quedó gravemente dañada por once años de guerra, inundación de galerías y destrucción de instalaciones; la salida de capitales y de comerciantes peninsulares tras la independencia agravó la escasez de crédito. El Estado dependió durante décadas de los ingresos aduaneros y del endeudamiento externo. Buena parte de la historiografía vincula la crónica inestabilidad política de la primera mitad del siglo XIX —pronunciamientos militares sucesivos, quiebra permanente del erario— a esa herencia, aunque la interpretación no es unánime: otros autores subrayan que la crisis fiscal y minera venía ya de las últimas décadas coloniales y del esfuerzo bélico de la Corona.

España tardó quince años en reconocer al nuevo Estado: lo hizo mediante el Tratado Santa María-Calatrava, firmado en Madrid el 28 de diciembre de 1836 por Miguel Santa María en representación de México y José María Calatrava por parte española, en el que la monarquía reconocía a México como "nación libre, soberana e independiente".

6. Símbolos y legado[editar]

6.1 Bandera y símbolos patrios[editar]

El Ejército Trigarante adoptó una bandera de tres franjas —blanca, verde y roja en diagonal, con una estrella en cada una— cuyos colores representaban las Tres Garantías: verde por la independencia, blanco por la pureza de la religión católica y rojo por la unión entre españoles y americanos. Esa es la lectura documentada de 1821.

La bandera cambió de disposición y de escudo en múltiples ocasiones a lo largo del siglo XIX, y con ello cambió también el significado atribuido a los colores. Tras la Reforma liberal y la separación entre Iglesia y Estado, la interpretación oficial se secularizó y pasó a ser la que se enseña hoy: verde por la esperanza, blanco por la unidad y rojo por la sangre de los héroes nacionales. Las dos lecturas conviven en la divulgación y a menudo se confunden. El escudo, con el águila devorando a la serpiente sobre un nopal, remite a la fundación legendaria de Tenochtitlan y es muy anterior a la independencia.

6.2 El Grito de Dolores como conmemoración[editar]

Desde el siglo XIX, la noche del 15 de septiembre, en vísperas del aniversario, el presidente de México sale al balcón central del Palacio Nacional y pronuncia una versión ritualizada de "El Grito", en la que se invoca a los próceres de la independencia y se hace repicar la campana traída de Dolores. La ceremonia se replica, a menor escala, en gobiernos estatales y municipales y en las embajadas y consulados mexicanos en el extranjero.

7. Conmemoración y presencia en el mundo hispanohablante[editar]

El 16 de septiembre es el Día de la Independencia de México, fiesta nacional, celebrada con desfile cívico-militar, música y comida tradicional. Es habitual —sobre todo en Estados Unidos— que la fecha se confunda con el Cinco de Mayo, que conmemora un episodio distinto y muy posterior: la victoria mexicana sobre el ejército francés en la batalla de Puebla de 1862, sin relación con la independencia.

La conmemoración tiene una proyección exterior considerable, sostenida por la enorme diáspora mexicana. Las celebraciones más multitudinarias fuera del país se dan en ciudades estadounidenses con fuerte población de origen mexicano —Los Ángeles, Chicago, Houston, San Antonio, San Diego, Phoenix—, donde el Grito se reproduce en actos públicos y consulados. En el resto de América Latina y en España, la fecha se marca sobre todo mediante actos de las representaciones diplomáticas mexicanas y programación en centros culturales, sin ser festivo.

8. Historiografía y controversias[editar]

La lectura del proceso independentista ha variado profundamente según la época y la posición política del intérprete, y tres discusiones siguen abiertas.

La primera es la de la continuidad. El relato cívico decimonónico y buena parte de la divulgación presentan una línea recta que va de Hidalgo a Iturbide pasando por Morelos y Guerrero. La historiografía académica contemporánea subraya, por el contrario, la ruptura: entre el programa igualitario, antiesclavista y republicano de los Sentimientos de la Nación y el pacto monárquico, católico y garantista de las propiedades peninsulares del Plan de Iguala hay una distancia considerable, y quien consumó la independencia fue el mismo oficial que había combatido a los insurgentes durante diez años.

La segunda es la de la naturaleza del conflicto: si se trató de una guerra de independencia en sentido estricto o de una guerra civil dentro de una monarquía en descomposición. El argumento a favor de la segunda lectura es que en ambos bandos hubo criollos y peninsulares, que el ejército realista estaba compuesto mayoritariamente por americanos y que el movimiento invocó durante sus primeros años la lealtad a Fernando VII.

La tercera es la del componente social. Una tradición interpretativa lee las fases de Hidalgo y Morelos como una insurrección popular y agraria con demandas propias —abolición de la esclavitud y de los tributos, restitución de tierras— que fue derrotada, y la consumación de 1821 como una operación de las élites para evitar precisamente ese desenlace. Otra subraya la heterogeneidad de las motivaciones de quienes se sumaron a la insurgencia y advierte contra proyectar categorías del siglo XX sobre un movimiento del XIX. El debate no está cerrado.