Música de Uruguay
| Música de | |
|---|---|
| Orígenes musicales | Tradiciones indígenas, música africana, tradición hispánica, influencias europeas y rioplatenses |
| Instrumentos característicos | Tamboril (chico, repique, piano), guitarra, acordeón, bandoneón |
| Géneros principales | Candombe, murga, tango, milonga, canto popular, rock uruguayo, cumbia, folclore, fusión |
| Escenas regionales | Montevideo, zona metropolitana, litoral, frontera con |
| Figuras fundamentales | Alfredo Zitarrosa, Jaime Roos, Rubén Rada, Eduardo Mateo, Julio Sosa, entre otros |
1. Resumen[editar]
La música de Uruguay constituye una de las expresiones culturales más densas y diversificadas de América Latina en proporción a su población. El país ha generado géneros propios de fuerte arraigo popular —como el candombe y la murga uruguaya—, ha sido protagonista en la historia del tango rioplatense y ha mantenido una escena de rock, canto popular y fusión que alcanzó picos de proyección internacional desde los años sesenta.
Tres matrices históricas conforman la base de la música uruguaya: la herencia africana, concentrada en el candombe y sus llamadas de tambores; la tradición hispánica y europea, que se manifiesta en la murga, el folclore y la música académica; y la vertiente del tango y la milonga, compartida con
Argentina pero con aportes uruguayos sustanciales tanto en lo compositivo como en lo interpretativo.[1]
A diferencia de otros países de la región, donde la industria discográfica y los grandes centros de producción moldearon la evolución musical, la música uruguaya creció en un mercado interno reducido y con recursos de difusión limitados, lo que paradójicamente favoreció la preservación de formas propias y una alta valoración del directo y la creación independiente. Montevideo ha sido históricamente el epicentro creativo, pero en las últimas décadas han ganado visibilidad escenas del litoral, la frontera con Brasil y la diáspora uruguaya, sobre todo en Buenos Aires y Europa.
2. Características e influencias[editar]
2.1 Matriz africana y candombe[editar]
El candombe es el género de raíz afrouruguaya por excelencia. Nacido en el Montevideo colonial como música, danza y práctica religiosa de las comunidades africanas esclavizadas y sus descendientes, fue reelaborándose a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX hasta convertirse en el emblema sonoro del Carnaval uruguayo y, más tarde, en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009.
Su columna vertebral es la cuerda de tambores, formada por tres tambores de distinto tamaño y función: el chico (el más pequeño y agudo), el repique (medio) y el piano (el más grave). Sobre esa base polirrítmica se organizan las comparsas o sociedades de negros y lubolos, que desfilan durante las Llamadas —el gran desfile de tambores de los barrios Sur y Palermo— y en los tablados de Carnaval.
La evolución del candombe en el siglo XX lo llevó mucho más allá del desfile callejero. Primero a los escenarios teatrales con los candombes de sala de compositores como Romeo Gavioli y, sobre todo, a la fusión con el jazz, el rock y la canción popular que inauguraron músicos como Rubén Rada, Eduardo Mateo y Hugo Fattoruso hacia fines de los sesenta. El "candombe beat" o "candombe rock" se convirtió en una de las marcas de identidad del sonido montevideano, y su influencia se extiende hasta artistas contemporáneos como Jorge Drexler —quien incorpora tambores, ritmo de candombe y comparsas en álbumes como Bailar en la cueva (2014)— y propuestas de la escena alternativa.
2.2 La murga uruguaya[editar]
Aunque la murga como formato de comparsa satírica existe en varios países, la murga uruguaya desarrolló una identidad completamente propia que la distingue de su homóloga argentina o española. Su formato estándar incluye un coro de voces masculinas —aunque en las últimas décadas han aparecido agrupaciones mixtas y femeninas—, acompañamiento de bombo, platillos y redoblante, y un repertorio dividido en presentación, cuplés (números humorísticos), salpicón, popurrí y retirada.
Las murgas son el centro de la fase más popular del Carnaval montevideano: el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas, que se desarrolla en el Teatro de Verano Ramón Collazo y en los tablados de los barrios. La competencia enfrenta cada año a decenas de agrupaciones en las categorías de murgas, comparsas de candombe, humoristas, parodistas y revistas.
Musicalmente, la murga uruguaya se caracteriza por armonías vocales sofisticadas, arreglos polifónicos que pueden evocar desde la música barroca hasta el rock, y una percusión incisiva. En cuanto al contenido, la murga ha oscilado entre la sátira política, el humor costumbrista y, en coyunturas históricas difíciles —durante la dictadura cívico-militar (1973-1985) y en la crisis de 2002, por ejemplo—, una crítica social directa y a menudo cifrada para burlar la censura. Murgas como Araca la Cana, La Mojigata, Falta y Resto, Contrafarsa y Agarrate Catalina han marcado épocas con libretos que son memoria viva del país.
2.3 Tango, milonga y la identidad rioplatense[editar]
Uruguay comparte con Argentina la cuna del tango y la milonga. La discusión sobre los orígenes precisos del tango es antigua y no está saldada, pero existe consenso en que ambas orillas del Río de la Plata participaron de manera activa en la gestación del género durante la segunda mitad del siglo XIX. Montevideo reclama para sí sitios y figuras tempranas del tango, y la evidencia documental muestra que ya en las décadas de 1880 y 1890 había una intensa circulación de músicos y repertorios entre Buenos Aires y Montevideo.
Algunos de los compositores más importantes de la historia del tango nacieron en Uruguay. El caso más emblemático es el de Gerardo Matos Rodríguez, autor de La cumparsita, compuesta en 1916 y considerada el tango más difundido del mundo. Otros uruguayos fundamentales en el género incluyen a Horacio Ferrer —letrista de Balada para un loco— y a intérpretes como Julio Sosa, el "Varón del Tango", cuya voz potente y estilo declamatorio renovaron el tango cantado en los años cincuenta.
La milonga —tanto en su forma bailable como en la variante "milonga-candombe"— tiene también una presencia central en el acervo uruguayo. Músicos como Alberto Mastra y más tarde Alfredo Zitarrosa llevaron la milonga al formato canción con gran éxito popular.
2.4 Folclore, tradición rural y fronteras[editar]
La música rural uruguaya se articula en torno a géneros como la cifra, el estilo, el cielito, la vidalita y la milonga campera. Aunque comparte elementos con el folclore argentino, el repertorio uruguayo ha desarrollado variantes rítmicas y temáticas propias, muchas veces vinculadas a la vida del gaucho y a los paisajes de la Banda Oriental.
En la zona fronteriza con Brasil —particularmente en los departamentos de Rivera, Artigas y Cerro Largo—, la influencia brasileña es notoria y ha dado lugar a estilos híbridos, como la milonga pampeana con inflexiones del chamamé y del xote gaúcho. Esta región ha producido artistas que se mueven con comodidad entre ambos idiomas y tradiciones, contribuyendo a una zona de contacto musical que el antropólogo Lauro Ayestarán ya describía a mediados del siglo XX como una región cultural con personalidad propia.
3. Historia[editar]
3.1 Época colonial y siglo XIX[editar]
La música en el territorio que hoy es Uruguay comenzó a documentarse con las misiones jesuíticas —que introdujeron la enseñanza de la música europea entre los pueblos originarios de la región— y, posteriormente, con la instalación de la sociedad colonial en Montevideo. Los bailes de salón, la música religiosa y las bandas militares fueron los ámbitos predominantes durante el período colonial tardío.
El siglo XIX trajo consigo el desarrollo de una vida musical urbana más diversificada. Montevideo contó tempranamente con teatros y sociedades filarmónicas. La impronta africana, mientras tanto, se manifestaba en las llamadas de tambores que recorrían la ciudad amurallada y, tras la abolición de la esclavitud —decretada en 1842 aunque implementada de forma gradual—, en las comparsas que empezaron a tomar forma como asociaciones civiles de la comunidad afrodescendiente.
Sobre el final del siglo, en las dos últimas décadas, las fuentes registran la aparición simultánea, en Montevideo y Buenos Aires, de una nueva forma musical y coreográfica: el tango. Las academias, las casas de baile y los cafés del centro y la periferia montevideana fueron espacios de creación y difusión en los que empezaron a destacarse los primeros compositores y ejecutantes.
3.2 Primera mitad del siglo XX: consolidación del candombe, la murga y la música académica[editar]
El Novecientos uruguayo fue testigo de la progresiva institucionalización de las grandes expresiones populares. En 1908 se organizó el primer certamen oficial de agrupaciones de Carnaval, que con el tiempo se convertiría en el Concurso Oficial que hoy se celebra en el Teatro de Verano. La murga fue definiendo sus características formales en las décadas siguientes, y las comparsas de candombe se consolidaron como protagonistas del Carnaval callejero.
En el ámbito académico, la creación del Conservatorio Nacional de Música y la labor de compositores como Eduardo Fabini —autor del poema sinfónico Campo (1922)— y Luis Cluzeau Mortet sentaron las bases de una escuela uruguaya de música clásica. Fabini, en particular, alcanzó difusión internacional y se convirtió en uno de los compositores latinoamericanos más programados de su generación.
El tango uruguayo vivió su época dorada en las décadas de 1910 a 1940, con figuras como Gerardo Matos Rodríguez, los hermanos Julio y Francisco De Caro (este último argentino por nacimiento pero de intensa actividad en Montevideo), y cantores como Alberto Vila y Charlo —este último nacido en el departamento de Florida en 1906—. La difusión masiva del tango se producía a través de las partituras, la radio —que se inauguró en Uruguay en 1922— y, pocos años más tarde, el cine sonoro.
3.3 Los años sesenta y setenta: la era del canto popular y la fusión[editar]
Los años sesenta representaron un punto de inflexión para la música uruguaya. En el contexto de una efervescencia cultural que recorría toda América Latina, surgió en Montevideo un movimiento que combinaba la canción de autor con las raíces rítmicas del candombe, la milonga y el folclore. El movimiento se articuló en torno a figuras como Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti, Los Olimareños y, en una vertiente más experimental y cercana al rock y al jazz, el llamado "grupo del Café De l’Arte" y el sello Sondor.
La obra temprana de Eduardo Mateo —en particular su álbum Mateo solo bien se lame (1972)— y del grupo El Kinto (del que Mateo formaba parte junto a Rubén Rada y Walter Cambón) inauguró una fusión de candombe y rock que décadas más tarde sería reconocida como una de las aportaciones más originales de la música uruguaya. Hugo y Osvaldo Fattoruso, por su parte, integraron Los Shakers —banda beat de repercusión continental— antes de girar hacia la fusión con Opa, un grupo que conectó el candombe con el jazz y el funk.
Simultáneamente, el canto popular de raíz folclórica se consolidaba como vehículo de expresión política y social. En 1972, Daniel Viglietti fue encarcelado; al año siguiente, con el golpe de Estado de 1973, se instauró una dictadura que prohibió, censuró y persiguió a decenas de músicos, forzando al exilio a artistas como Zitarrosa, Viglietti, Los Olimareños, Rada y Hugo Fattoruso. La música uruguaya se partió en dos: la que se hacía bajo censura dentro del país —muchas veces en clave metafórica— y la que se producía en la diáspora, sobre todo en Buenos Aires,
México,
España y Suecia, desde donde estos artistas continuaron grabando y girando.
3.4 Retorno democrático y década de 1980[editar]
El retorno a la democracia en 1985 marcó el regreso de los músicos exiliados y un renacimiento de la escena local. Los conciertos multitudinarios celebrados en el Estadio Luis Franzini, en el Teatro de Verano y en otras plazas de Montevideo tuvieron un carácter profundamente simbólico: la música funcionó como ritual de reencuentro colectivo tras la dictadura.
La segunda mitad de los ochenta vio consolidarse a una nueva generación. Jaime Roos editó una seguidilla de discos —Mediocampo (1984), Brindis por Pierrot (1985), Sur (1987)— que se convirtieron en banda sonora del país: su capacidad para integrar candombe, murga, milonga y rock en canciones de construcción impecable lo transformó en un fenómeno de masas. Roos llenó estadios, logró difusión radial ininterrumpida y se convirtió, para la crítica y el público, en la figura más importante de la música popular uruguaya de fin de siglo.
En el rock, bandas como Los Estómagos y su continuación, Buitres, abrieron un circuito de rock barrial que conectaba con el sentir de una juventud de la periferia montevideana. Otras propuestas como La Tabaré Riverock Banda y Traidores exploraron registros que iban del blues y el punk a la teatralidad.
3.5 De los años noventa al presente[editar]
Los años noventa trajeron la profesionalización e internacionalización de algunos referentes. Rubén Rada se radicó en Argentina y luego en México, manteniendo una carrera prolífica y conquistando nuevos públicos; Jaime Roos se retiró de los escenarios tras una serie de conciertos masivos en el Estadio Centenario en 2001 —aunque retornó esporádicamente años después—; y una camada de nuevos artistas empezó a circular en el Cono Sur y en España.
Jorge Drexler, con una trayectoria iniciada en los circuitos de cantautores montevideanos, se radicó en España y en 2005 se convirtió en el primer uruguayo en ganar un Premio Óscar por la canción Al otro lado del río, que integra la banda sonora de la película Diarios de motocicleta. El galardón, sumado a la difusión internacional de su obra, lo ubicó como el músico uruguayo de mayor proyección global del siglo XXI.
En el plano del rock y la escena alternativa, la primera década del siglo vio el auge de grupos como No Te Va Gustar y La Vela Puerca, que construyeron una base de seguidores en toda América Latina y realizaron giras multitudinarias. Ambas bandas, surgidas en los años noventa, alcanzaron su pico de popularidad internacional en los 2000 y se convirtieron en embajadoras de un sonido de rock con elementos de ska, reggae y melodías cuidadas.
La segunda década del siglo trajo consigo la explosión de la cumbia uruguaya, con agrupaciones como Rombai y Márama que lideraron listas de reproducción y giras continentales en el género denominado "cumbia pop" o "cumbia cheta". Este fenómeno, con base en Montevideo pero con rápida proyección regional, introdujo una línea de producción musical uruguaya masiva que no tenía precedentes en el país.
En paralelo, la escena alternativa y de fusión ha seguido generando propuestas notables: desde el trabajo de artistas como Ana Prada en el ámbito de la canción de autor, hasta la electrónica con raíz de candombe de Campo (proyecto liderado por Juan Campodónico) y la música experimental de artistas y colectivos que mantienen una actividad sostenida en el circuito independiente.
4. Géneros y estilos[editar]
4.1 Candombe[editar]
El candombe tiene al menos tres dimensiones que conviene distinguir: la del toque, la del espectáculo callejero y la de la música popular compuesta.
En su dimensión de toque, es una práctica comunitaria que se transmite de generación en generación en los barrios Sur, Palermo, Cordón y en otros puntos del país —Durazno, Rivera, Melo, entre otros— donde existen comparsas. La llamada de tambores recorre las calles durante las Llamadas de Carnaval y en otras fechas —como el Día del Candombe, fijado el 3 de diciembre—.
En el plano del espectáculo, las comparsas participan en el concurso de Carnaval con un repertorio que incorpora coreografía, vestuario y una presentación escénica de alta elaboración. Comparsas como Cuareim 1080, Yambo Kenia, Elumbé y C 1080 han marcado décadas con sus puestas.[2]
En la música popular, el candombe se ha integrado al jazz, al rock y a la canción de autor. La obra de Eduardo Mateo, Rubén Rada, Jaime Roos y Hugo Fattoruso representa la línea más innovadora de esta fusión, que se continúa en artistas del siglo XXI como Martín Buscaglia, Hugo Fattoruso (con su proyecto como solista y como integrante de tríos de jazz) y la propia escena de la música electrónica.
4.2 Murga[editar]
La murga uruguaya es al mismo tiempo un género musical, un fenómeno teatral y un vehículo de comentario político y social. Su ciclo anual comienza con los ensayos hacia fin de año y culmina en Carnaval —en febrero o marzo— con las presentaciones en el Teatro de Verano y en los tablados. La estructura de una actuación de murga sigue un orden casi litúrgico: presentación, cuplés, salpicón (momentos breves de sátira), popurrí (enlazado de fragmentos musicales) y retirada.
Musicalmente, la murga se basa en coros de voces masculinas —generalmente entre trece y diecisiete integrantes— y una batería de percusión de bombo, platillos y redoblante. Los arreglos vocales son la principal herramienta de expresión musical y pueden alcanzar una complejidad notable. El director escénico y letrista —a menudo una misma persona— tiene un rol central: es quien define el repertorio y el tono de la actuación.
Entre los títulos emblemáticos del repertorio murguero están Saludo a los barrios de Falta y Resto, El canto del pueblo de Araca la Cana y las retiradas de La Mojigata y Contrafarsa, que se han instalado como clásicos populares más allá del circuito carnavalero.
4.3 Tango y milonga[editar]
El tango uruguayo es una corriente con entidad propia dentro del universo rioplatense. Más allá de La cumparsita, Uruguay ha dado al género otros títulos perdurables como Garufa, Francesita y Mamá, yo quiero un novio, todas compuestas alrededor de los años veinte y treinta.
En la interpretación, Julio Sosa sigue siendo el modelo más citado. Su versión de Cambalache y su paso por la orquesta de Armando Pontier representaron una modernización del tango cantado que lo acercó a públicos más jóvenes. La tradición tanguera se ha mantenido en Montevideo a través de orquestas como la de Miguel Villasboas —creador de un tango sinfónico— y, en el siglo XXI, a través de clubes de baile, milongas barriales y una nueva generación de cantantes y compositores que han adaptado el género a lenguajes más contemporáneos.
4.4 Canto popular y canción de autor[editar]
Bajo la etiqueta de "canto popular" se agrupa en Uruguay la tradición de cantautores que fusionan raíz folclórica, compromiso político y elaboración poética. Alfredo Zitarrosa, de voz grave y recitado pausado, y Daniel Viglietti, de estilo más íntimo y militante, son los dos puntales históricos de esta corriente, que se extendió a dúos como Los Olimareños —Pepe Guerra y Braulio López— y, en generaciones posteriores, a artistas como Numa Moraes, Yamandú Palacios, José Carbajal (El Sabalero) y, ya en el siglo XXI, a Ana Prada, Samantha Navarro y Fernando Cabrera.
Cabrera ocupa un lugar peculiar: desde los ochenta, ha desarrollado una obra que trasciende la etiqueta de lo popular para adentrarse en un cancionero de precisa factura poética y musical, reconocido por colegas y por la crítica como uno de los corpus de canciones más refinados de la música uruguaya.
4.5 Rock uruguayo[editar]
El rock uruguayo reconoce un antecedente pionero en la obra de Los Shakers, banda formada en los sesenta por los hermanos Fattoruso que alcanzó repercusión continental con un estilo beat influido por The Beatles, y en el trabajo de El Kinto y Totem, que abrieron la senda del rock con raíces locales.
A partir de los ochenta, el rock encontró un circuito propio en boliches montevideanos y en festivales como el Rock de la Cárcel y más tarde el Pilsen Rock. Bandas como Los Estómagos, Buitres, La Chancha, Níquel y Traidores dieron forma a un movimiento de rock barrial que conectó con la juventud de los márgenes de la ciudad. En los noventa, La Tabaré Riverock Banda —liderada por el performer y poeta Tabaré Rivero— llevó el rock uruguayo a una dimensión de teatro musical y letras densas.
La internacionalización llegó de la mano de No Te Va Gustar y La Vela Puerca, que desde comienzos de los 2000 giran de forma ininterrumpida por toda América Latina y llenan estadios y festivales. Las dos bandas comparten, con matices, un sonido que cruza rock, ska y reggae, y han construido una relación con sus públicos comparable a la de las grandes bandas del rock latinoamericano de estadio.
4.6 Cumbia uruguaya y música tropical[editar]
La cumbia tiene en Uruguay una historia larga que empieza con la recepción de la cumbia colombiana y la popularización de grupos tropicales en los años ochenta y noventa —Sonora Borinquen, Sonora Palacio, Bola 8—. Pero el gran salto se produjo en la década de 2010 con el fenómeno de la "cumbia pop" o "cumbia cheta", encabezado por Rombai, Márama y otras agrupaciones que combinaron bases rítmicas de cumbia con líneas melódicas pop y letras orientadas al público adolescente.
Este movimiento, impulsado por la producción de Fer Vázquez (Rombai) y la proyección mediática de canales como Disney Channel y plataformas de streaming, posicionó la música uruguaya en un circuito de escucha masiva y le dio un alcance continental sin precedentes en el género tropical, con giras por Argentina, Chile,
Paraguay y otros mercados.
4.7 Música académica, fusión, electrónica y otras vertientes[editar]
La tradición académica uruguaya tiene como figuras fundacionales a Eduardo Fabini, Luis Cluzeau Mortet, Héctor Tosar y, en la segunda mitad del siglo XX, a compositores como Coriún Aharonián y Graciela Paraskevaídis, ambos vinculados a la vanguardia latinoamericana. El Conservatorio Universitario de Música (actual Escuela Universitaria de Música) y el Centro Nacional de Documentación Musical Lauro Ayestarán constituyen los principales repositorios institucionales de esta corriente.
La fusión y la música instrumental han tenido cultores como Hugo Fattoruso y su trío de jazz (con Daniel "Lobito" Lagarde y Álvaro "Chichorro" Fernández), la presencia de músicos uruguayos en proyectos internacionales de jazz, y la música electrónica con anclaje local, que incluye el trabajo de Juan Campodónico —productor de Drexler y de Bajofondo—, el proyecto Campo, y el desarrollo de una escena de música electrónica y experimental que gira en torno a clubes y festivales como el Montevideo Lab.
5. Músicos y agrupaciones destacados[editar]
5.1 Candombe y fusión[editar]
▶ Figuras principales del candombe y la fusión afrouruguaya
- Rubén Rada 1943: percusionista, cantante y compositor. Miembro de El Kinto y Totem. Carrera solista de más de cinco décadas con más de 30 álbumes editados. Reconocido como el gran embajador del candombe a nivel internacional.
- Eduardo Mateo 1940–1990: compositor, guitarrista y cantante. Líder de El Kinto y autor del influyente álbum Mateo solo bien se lame.
- Hugo Fattoruso 1943: tecladista, compositor y arreglador. Integrante de Los Shakers, Opa y de una extensa carrera solista y en tríos de jazz.
- Jaime Roos 1953: cantautor y productor. Su obra integra candombe, murga, rock y milonga y lo ha convertido en una de las figuras más masivas de la música uruguaya.
- Jorge Drexler 1964: cantautor, ganador del Óscar a Mejor Canción Original en 2005. Su obra fusiona canción de autor con electrónica, candombe y pop.
5.2 Tango y milonga[editar]
▶ Figuras destacadas del tango y la milonga
- Gerardo Matos Rodríguez 1897–1948: compositor de La cumparsita.
- Julio Sosa 1926–1964: cantor, el "Varón del Tango", de gran popularidad en Argentina y Uruguay.
5.3 Canto popular[editar]
▶ Figuras del canto popular y la canción de autor
5.4 Rock[editar]
▶ Bandas y figuras destacadas del rock uruguayo
- Los Estómagos / Buitres: banda fundacional del rock barrial uruguayo de los ochenta, liderada por Gabriel Peluffo.
- La Tabaré Riverock Banda: proyecto de Tabaré Rivero, mezcla de rock, teatro y literatura.
5.5 Música tropical y cumbia pop[editar]
▶ Agrupaciones de cumbia y música tropical
6. Instrumentos musicales característicos[editar]
La música uruguaya se distingue en buena medida por el uso de instrumentos que, sin ser exclusivos del país, adquieren en su contexto local un tratamiento particular.
- Tamboril: el tambor afrouruguayo es el corazón del candombe. Se fabrica en tres tamaños (chico, repique y piano) y se toca con un sistema de madera (palo) y mano alternada. La afinación y ejecución se transmiten en un entorno comunitario y cada comparsa reconoce un toque característico transmitido por generaciones.[3]
- Guitarra: instrumento central en la música folclórica, la milonga y el canto popular. Uruguay ha producido notables guitarristas en los ámbitos clásico (Abel Carlevaro, cuyo método de guitarra es referencial), popular y de tango.
- Bandoneón: protagonista indiscutido del tango rioplatense, con presencia en orquestas y agrupaciones de cámara de ambas orillas.
- Acordeón: instrumento relevante en el folclore del litoral, en la música fronteriza con Brasil y en algunos formatos de música popular.
- Percusión de murga: bombo, platillos y redoblante conforman la batería murguera, de gran creación de ritmos y matices que los directores de murga han profesionalizado notablemente.
7. Festivales y eventos[editar]
La vida musical uruguaya está marcada por un calendario anual de festivales y eventos que cubren desde la música popular hasta la académica.
- Festival del Lago (Fiesta de la Cerveza de Mercedes): encuentro veraniego en el departamento de Soriano con programación musical variada.
- Montevideo Lab y otros festivales: la escena electrónica y alternativa se articula alrededor de encuentros como el Montevideo Lab, el ciclo Radicciones y otros eventos que conectan la música independiente con públicos específicos.
8. Presencia internacional y legado[editar]
La música uruguaya ha proyectado su influencia más allá de sus fronteras de manera desproporcionada en relación al tamaño del país. En el tango, el nombre de Uruguay es indisociable de la historia del género desde sus orígenes hasta hoy: el himno de La cumparsita se ejecuta en cientos de escenarios del mundo cada noche.
En las últimas décadas, la internacionalización se ha extendido a géneros y figuras que representan la diversidad del espectro musical uruguayo: Rubén Rada ha sido reconocido como pionero de la world music y ha colaborado con artistas de Brasil,
Estados Unidos y Europa; Jaime Roos llenó el Luna Park de Buenos Aires y realizó giras en España; Jorge Drexler construyó su carrera desde el mercado hispano y ha llevado la canción uruguaya a los mayores escenarios y plataformas del mundo; No Te Va Gustar y La Vela Puerca han desarrollado circuitos de rock de estadio por todo el continente; y la boyante cumbia pop de los años 2010 logró que el acento uruguayo y la referencia montevideana se instalaran en la música de consumo masivo de toda la región.
En el plano académico, los métodos y obras de compositores como Abel Carlevaro (guitarra) y Eduardo Fabini (música sinfónica) forman parte del repertorio y la pedagogía en conservatorios de América Latina y Europa.
El legado de la música uruguaya se proyecta, así, en tres planos: el de los géneros que definen identidad nacional —candombe, murga—, el de los aportes a patrimonios compartidos como el tango, y el de una canción de autor que, desde Zitarrosa y Viglietti hasta Drexler, Cabrera y Ana Prada, ha mantenido un estándar de exigencia poética y musical que la crítica especializada reconoce de forma sostenida.
La investigadora Coriún Aharonián ha insistido en que las tres matrices no actuaron como compartimentos estancos sino que se hibridaron tempranamente, produciendo fenómenos como la milonga-candombe o la murga-candombe que hoy se consideran señas de identidad nacional. ↩︎
Cuareim 1080, fundada en 1942, es una de las comparsas más laureadas del Carnaval y debe su nombre a la dirección de su sede histórica en el barrio Palermo. ↩︎
La fabricación de tamboriles es un oficio artesanal que se mantiene en talleres familiares de los barrios Sur y Palermo. La madera de los aros y duelas, el cuero de cabra o de oveja y el sistema de tensado de cuerdas han evolucionado con el tiempo, pero la técnica de ejecución con madera y mano sigue siendo la misma que se documenta desde el siglo XIX. ↩︎