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Nazismo

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Nazismo
Nombre completoNacionalsocialismo
(en alemán: Nationalsozialismus)
AbreviaciónNazismo, hitlerismo
Período de gobierno1933–1945 (Alemania)
LíderAdolf Hitler
PartidoPartido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP)
Tipo de ideologíaExtrema derecha, fascismo, totalitarismo
Posiciones centralesAntisemitismo, racismo científico, eugenesia, pangermanismo, anticomunismo, rechazo de la democracia liberal
Régimen al que dio nombreTercer Reich (Alemania nazi)
Movimientos posterioresNeonazismo, neonazismo esotérico

1. Resumen[editar]

El nazismo, abreviatura común de nacionalsocialismo (en alemán, Nationalsozialismus), fue la ideología del régimen que gobernó Alemania desde 1933 hasta 1945, con la llegada al poder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) de Adolf Hitler. Se trata de una forma de fascismo caracterizada por su rechazo al comunismo, al marxismo, a la democracia liberal y al sistema parlamentario, y por la incorporación de un antisemitismo radical, el racismo científico y la eugenesia en su credo.

Hitler instauró una dictadura conocida como el Tercer Reich, que se autoproclamaba sucesor del Sacro Imperio Romano Germánico y del Imperio alemán. Durante su vigencia, el Reich se anexionó Austria (mediante el Anschluss), la zona de los Sudetes, Memel y Dánzig. En el curso de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas alemanas ocuparon territorios en Polonia, Francia, Checoslovaquia, Hungría, los Países Bajos, Dinamarca y Noruega, entre otros.

El régimen nazi sometió a persecución sistemática a los judíos, los comunistas, los testigos de Jehová, los homosexuales y a todo aquello que se opusiera a su definición restrictiva de la «nación». La represión fue ejercida principalmente por la SS, organización paramilitar creada en 1925 y fortalecida por el régimen, y por la Gestapo, la policía secreta nazi, que respondía a las SS.

A los movimientos ideológicamente afines al nazismo surgidos tras la caída del Tercer Reich en 1945 se les denomina neonazis; algunos de ellos derivaron también en corrientes religiosas ocultistas o neopaganas, conocidas como neonazismo esotérico.

2. Término y etimología[editar]

La vigésima segunda edición del Diccionario de la lengua española define nazismo como el «movimiento político y social del Tercer Reich alemán, de carácter pangermanista, fascista y antisemita».[1]

Etimológicamente, la forma abreviada nazi proviene de las dos primeras sílabas del término alemán Nationalsozialismus, con el patrón de acortamiento típico del alemán coloquial que termina en /i/. El nombre completo del partido era Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (NSDAP). Los miembros del partido se identificaban a sí mismos generalmente como nacionalsocialistas y solo raramente como nazis.[2]

El uso de nazi como apodo fue popularizado por el periodista Konrad Heiden, quien lo empleaba con intención burlesca en sus escritos.[3] El origen y uso de nazi es similar al de sozi, término del lenguaje cotidiano para designar a los miembros del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD). A partir de 1933, cuando Hitler asumió el poder, el uso del término disminuyó en Alemania, aunque en Austria, al menos hasta el Anschluss, los opositores continuaron usándolo con connotación despectiva. Posteriormente, el vocablo adquirió una carga cada vez más peyorativa.

Algunos autores emplean «nacionalsocialista» en el contexto político y «nazi» en el contexto ideológico y, sobre todo, racista. Otras fuentes consideran ambos términos como sinónimos, sin más diferencia que el uso habitual y más común del término abreviado.

3. Antecedentes ideológicos[editar]

El nazismo nació en la década de 1920 y alcanzó importancia en los años treinta, cuando las duras condiciones de paz impuestas por el Tratado de Versalles (1919) coincidieron con la crisis mundial iniciada por el crac de 1929 y la Gran Depresión. En Alemania, la situación era aún más grave, ya que a los devastadores efectos económicos se sumaba la obligación de pagar las reparaciones de la Primera Guerra Mundial y un descontento popular que llenaba las calles de manifestaciones extremistas de izquierda y de derecha.

Esa crisis económico-política se sumó a una crisis ideológica más amplia, extendida entre 1890 y 1930, que ha sido caracterizada como una «revolución contra el positivismo». Tanto los valores como las aproximaciones a la sociedad y la política que formaban la base de la civilización occidental fueron percibidos como reliquias superadas del racionalismo ilustrado. El Zeitgeist de la época puede describirse como una mezcla de ideas marcada por el rechazo al racionalismo y por el intento de incorporar «explicaciones científicas» a prejuicios raciales, lo que dio origen a propuestas como la eugenesia.

Entre las influencias intelectuales relevantes se menciona la obra de Arthur de Gobineau, quien propuso que en cada nación existía una diferencia racial entre las clases dirigentes y las comunes; las primeras serían miembros de la «raza aria», considerada dominante y creativa. Posteriormente, Houston Stewart Chamberlain identificó a «los arios» con los teutones y sostuvo que todos los grandes personajes de la historia, incluidos Jesucristo, Julio César o Voltaire, habían sido realmente arios.

También se ha destacado el papel de la teoría evolucionista y del darwinismo social en la ideología nazi, como factores que propiciaron el racismo, la creación del nacionalismo extremo y la política neoimperialista basada en la idea de la «supremacía del más fuerte». [4]

En Alemania, la rebelión contra el racionalismo dio origen a una variedad de asociaciones que promovían un retorno a visiones romantizadas del pasado alemán, conocidas como Völkisch. Richard Wagner tuvo cierta influencia en ese movimiento, al igual que la Sociedad Thule, una organización ocultista y semisecreta basada en la ariosofía, que fue de las primeras en usar la esvástica en ese contexto y que patrocinó al Partido Obrero Alemán (DAP), transformado más tarde por Hitler en el NSDAP.

Además, se ha afirmado que una tradición cultural específicamente alemana ─remontable a figuras como Lorenz von Stein y Otto von Bismarck─ concebía al Estado como garante del orden, la disciplina y el control social estricto a cambio de crecimiento y bienestar económico. Bajo la influencia de juristas conservadores como Ernst Forsthoff, esa tradición derivó en la subordinación de los individuos al «Estado absoluto» o al Volk, bajo la dirección de un caudillo o Führer.

4. Nacionalsocialismo y Hitler[editar]

Se ha sugerido que Adolf Hitler «es uno de esos pocos individuos de los cuales se puede decir con absoluta certeza que: sin él, el curso de la historia habría sido diferente». Hitler poseía un carisma y una capacidad de oratoria notables, así como una ambición excepcional y una falta absoluta de escrúpulos. Sin embargo, tanto sus objetivos como sus medios eran avalados por el espíritu de su época, y Hitler encapsuló lo peor de ese Zeitgeist.

Hitler conoció ese ambiente cuando vivió en Viena entre 1908 y 1913, tratando de ganarse la vida como pintor. La Viena de entonces no era solo la ciudad culta y cosmopolita de la visión general, sino también un hervidero de antisemitismo, racismo y política corrupta, con un parlamento paralizado por disensiones raciales y sectoriales intransigentes. Allí Hitler adquirió su desprecio por la democracia, vio por primera vez el saludo Heil entre los seguidores del pangermanista y antisemita radical Georg von Schönerer y conoció las propuestas de la eugenesia.[5]

Después de la Primera Guerra Mundial, Hitler permaneció en el ejército y fue asignado a una unidad de educación y propaganda del Ejército de Baviera, bajo el mando del capitán Karl Mayr. Una función importante de esa unidad era dar a los soldados una razón aceptable de la derrota: la «traición de los judíos y comunistas».

En julio de 1919, Hitler fue enviado a espiar a un pequeño grupo, el Partido Obrero Alemán (DAP), bajo sospecha de ser marxista o socialista. Allí quedó impresionado por la visión nacionalista, anticomunista y antisemita de su fundador, Anton Drexler, quien a su vez quedó impresionado por la oratoria de Hitler. Se incorporó al partido el 12 de diciembre de 1919, como el miembro número 55. Años después, Hitler proclamó haber sido el séptimo en unirse, afirmación que posteriormente fue demostrada como falsa.

El 20 de febrero de 1920, el Partido Obrero Alemán cambió su nombre por el de Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP). A Hitler no le gustaba el término «socialista», pero accedió como estrategia para atraer a la clase trabajadora y alejarla de los partidos de izquierda. También se apropiaron de símbolos propios de la izquierda, como el color rojo en sus banderas.

Hitler llegó a ser el protegido de Dietrich Eckart, otro de los fundadores y miembro de la Sociedad Thule, quien —al igual que el resto de esa sociedad— creía en la llegada inminente de un «Mesías alemán». En julio de 1921, Hitler ofreció dimitir o ser nombrado jefe del partido con poderes ilimitados. La propuesta fue aprobada por 543 votos a favor y uno en contra. En la reunión del 29 de julio de 1921, Hitler fue presentado por primera vez como Führer.[6]

Esa posición le permitió librarse de la obligación de seguir cualquier programa o compromiso que no fuera conveniente en el momento. Los principales ideólogos del partido cuando este llegó al poder —Walter Darré, Dietrich Eckart, Hans Frank, Rudolf Hess, Heinrich Himmler, Robert Ley, Julius Streicher y Alfred Rosenberg, entre otros— mostraban una fe ciega en Hitler, concebido como encarnación de las cualidades y de la «voluntad de poder» de la nación. En palabras del jerarca nazi Robert Ley: «El Führer siempre tiene la razón».[7]

Todos ellos compartían un enemigo mortal, responsable de todos los problemas: las razas consideradas inferiores o Untermensch, como los eslavos, los gitanos y, especialmente, los judíos, acusados de formar parte de una conspiración judeo-masónico-comunista internacional. Para los nazis, los arios eran la raza superior, de la que procedía el hombre creador, viril y guerrero.

Una de las primeras medidas de Hitler como Führer fue organizar las Sturmabteilung (SA) o secciones de asalto, bajo el control de Ernst Röhm, con la orden de enfrentar a los socialistas en las calles. Entre las figuras que se unieron a los nazis destacaron Heinrich Himmler, Hermann Göring y Joseph Goebbels. Las SA crecieron rápidamente, atrayendo miles de reclutas; en 1922 se creó la Jugendbund o hermandad de jóvenes de 14 a 18 años, que con el tiempo se transformó en las Juventudes Hitlerianas.

Tras el fallido golpe de Estado de 1923 contra la República de Weimar (el Putsch de Múnich), Hitler fue condenado a prisión y recluido en un castillo. De la condena de cinco años cumplió solo once meses, tiempo durante el cual escribió el libro semiautobiográfico Mein Kampf («Mi lucha»), que se convirtió en una suerte de texto sagrado del movimiento. En él declaró firmemente su antisemitismo y su anticomunismo y sostuvo que los arios son una raza superior a todas las demás.

En febrero de 1926, Hitler repudió en un discurso las posiciones «socialistas» anteriores del partido, enfatizó que «el verdadero enemigo son los judíos» y aclaró que la propiedad privada debía ser respetada por los nazis. Ese giro a la derecha causó una ruptura con la facción de Gregor Strasser, pero facilitó el acuerdo con sectores derechistas del gobierno. En 1927, el empresario Wilhelm Keppler se unió al partido y, a través de él, figuras como Hjalmar Schacht, Fritz Thyssen y el banquero Kurt von Schroeder aceptaron financiarlo. La crisis de 1929 aumentó el caudal electoral nazi: en abril de 1932 obtuvo el 37 % del voto popular, mientras que la militancia pasó de 27 000 en 1925 a más de 800 000 en 1931.

5. Ascenso al poder[editar]

El gobierno de la República de Weimar fue un gobierno en crisis constante, con frecuentes divisiones de alianzas faccionales formadas alrededor de personalidades. La mayoría de los políticos —con excepción de los socialdemócratas—, los industriales, el ejército, las clases medias, la aristocracia y muchos sectores populares no tenían un interés real en la democracia.

Franz von Papen perdió posición frente a la facción de Kurt von Schleicher, quien a su vez fue incapaz de obtener apoyo mayoritario. Von Papen concibió la idea de reemplazarlo con «una cara nueva», la de Hitler, a quien consideraba fácil de manipular. El partido nazi comenzaba a mostrar desgaste electoral: en julio de 1932 perdió 34 escaños, reduciendo su representación a 196 diputados sobre un total de 608. Además, el partido se estaba quedando sin fondos. El plan de von Papen era promover una dictadura mediante un golpe de Estado que, en su opinión, sería inevitable tras el caos que el gobierno de Hitler produciría.[8]

Von Papen arregló una reunión con Hitler a través del banquero Kurt von Schroeder; el encuentro se concretó el 4 de enero de 1933. Hitler fue nombrado canciller de Alemania el 30 de enero de 1933, acontecimiento conocido como Machtergreifung. Sin embargo, la coalición que «apoyaba» al nuevo canciller era minoritaria: contaba con solo 247 escaños.

Tras su nombramiento, Hitler pidió al anciano presidente Paul von Hindenburg que disolviera el Reichstag y fijara elecciones para el 5 de marzo de 1933. El 27 de febrero ocurrió el incendio del Reichstag, posiblemente bajo órdenes de Hitler. Al día siguiente, Hitler declaró el estado de emergencia y demandó que Hindenburg firmara el Decreto del Incendio del Reichstag, que abolió la mayoría de las disposiciones de derechos fundamentales de la constitución de 1919 de la República de Weimar.

Las elecciones de marzo de 1933 dieron a los nazis y sus aliados el 44 % del voto, todavía no una mayoría. La respuesta de Hitler fue exigir al Reichstag la concesión de poderes plenos mediante la Ley habilitante de 1933. El 23 de marzo de 1933, el parlamento se reunió a discutir la cuestión. En una atmósfera de creciente intimidación, los parlamentarios tuvieron que ingresar cruzando un anillo de SA que gritaba: «Los poderes totales... o fuego y muerte». Solo los socialdemócratas se opusieron —los comunistas habían sido arrestados o asesinados en su totalidad—. Su presidente, Otto Wels, proclamó: «Ustedes pueden quitarnos la libertad y la vida, pero no pueden privarnos de nuestro honor. Estamos indefensos, pero no desgraciados».[9]

Esa fue la última sesión de un Reichstag con oposición. Poco después, el Partido Socialdemócrata fue prohibido y los demás partidos, aparte del nazi, se disolvieron. Von Papen tuvo que contentarse con el puesto de vicecanciller, desde el cual esperaba poder manipular a Hitler, sin éxito.

6. El régimen nazi: consolidación y gobierno[editar]

El proceso de concentración del poder culminó en la Noche de los cuchillos largos, entre el 30 de junio y el 2 de julio de 1934, cuando los últimos elementos que osaban dudar de la infalibilidad de Hitler —incluso implícitamente— fueron eliminados políticamente o asesinados, incluidos el excanciller Kurt von Schleicher y antiguos camaradas de Hitler como Gregor Strasser, Gustav Ritter von Kahr y Ernst Röhm.

Horas después de la muerte del presidente Hindenburg, el 2 de agosto de 1934, Hitler publicó una ley, fechada el 1.° de agosto, que establecía: «La posición de Presidente del Reich será combinada con la del Canciller. La autoridad del presidente será por lo tanto transferida al presente canciller y Führer: Adolf Hitler». Comenzaba así formalmente el Tercer Reich, que la propaganda afirmaba que duraría mil años.

A continuación se anunció un plebiscito para que el pueblo alemán expresara su aprobación. Tuvo lugar el 19 de agosto de 1934 y Hitler obtuvo el 90 % de aprobación, equivalente a 38 millones de votos. Al día siguiente se introdujeron juramentos obligatorios de lealtad personal no al Estado ni a Alemania, sino a Hitler, especialmente en las escuelas, fábricas, servicio público y ejército. Así, la voluntad del Führer se transformaba en ley. La aplicación de este principio, que a partir de 1938 incluía a Austria, produjo formas totalitarias de control y represión, ya que cualquier oposición a los designios del Führer era, por definición, antinacional.

El régimen ejerció un fuerte control sobre cada aspecto de la sociedad, con especial interés en la educación de la juventud alemana. Desde la infancia se enseñaba a los niños a ser duros y a ver la vida como una lucha por la supremacía, seleccionando poco a poco a los elegidos que conformarían una nueva élite de «guerreros sagrados», la SS, concebida a modo de una nueva Esparta. La ciencia tampoco escapó a la influencia del partido, que la utilizaba para justificar sus ideas raciales o para buscar nuevas armas.

En relación con la Europa no occidental, donde «la raza» podría expandirse, existen documentos que sugieren que la intención era establecer formas de gobierno subalternas basadas en un sistema de castas, de acuerdo con el cual la función de la población —trabajador esclavo, campesino u obrero; supervisor; y amo sacerdote-guerrero— se establecería según su «raza», bajo la dirección de la SS. Según el Generalplan Ost, los pueblos eslavos, polacos y rusos serían exterminados en su mayoría, y los sobrevivientes serían trasladados «al este», donde, tratados como esclavos y privados de toda educación y atención médica, finalmente se extinguirían. Dado que no había suficientes «arios», los miembros de razas consideradas intermedias —letones, estonios, checos, ucranianos— continuarían existiendo como campesinos y mano de obra bajo el control de amos y supervisores alemanes, especialmente miembros de la SS, que recibirían tierras y esclavos según sus «méritos».

En el caso de gitanos y judíos, esos planes de largo plazo con las «razas inferiores» fueron puestos en ejecución durante la guerra misma, en el llamado programa de «Solución Final», que derivó en el Holocausto.

7. Política económica[editar]

La política económica nazi es un área compleja, ya que el partido no contaba con un programa económico propiamente tal. Hitler resumió la posición de la siguiente manera: «La característica básica de nuestra teoría económica es que no tenemos ninguna teoría en absoluto». Los nazis consideraban que lo realmente importante era la «pujanza» o voluntad de las naciones: si estas tenían espíritu, decisión y dirección adecuada, tendrían éxito, cualquiera fuesen las circunstancias. Para Hitler, las propuestas basadas en la solidaridad constituían un complot para destruir esa pujanza entre las razas superiores, por lo que rechazaba específicamente la concepción socialista.

En la práctica, la economía nazi operó de manera pragmática y al servicio de los objetivos de rearme, expansión territorial y autarquía. Las grandes obras públicas, el rearme masivo y la creación de empleo fueron utilizados tanto para estabilizar a la población como para preparar la guerra. Este enfoque, más que una doctrina económica coherente, era un instrumento al servicio del proyecto político y militar del régimen.

8. Persecución, represión y Holocausto[editar]

Hitler aplicó de inmediato la represión contra un amplio espectro de ciudadanos: judíos (definidos como enemigos de la nación), comunistas, testigos de Jehová, homosexuales y todo aquello que se opusiera a la estrecha definición nazi de la «nación».

La represión la llevaron adelante prioritariamente la SS, fuerzas paramilitares creadas en 1925 y fortalecidas por el régimen, y la Gestapo, la policía secreta nazi que respondía a las SS y que contaba con una densa red de espías y delatores.

El terror se ejercía de forma directa, por medio de la censura, las agresiones físicas, los arrestos y las detenciones en campos de trabajo. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la persecución se radicalizó hasta culminar en el genocidio sistemático de aproximadamente seis millones de judíos europeos, además de cientos de miles de gitanos, prisioneros de guerra soviéticos, personas discapacitadas y opositores políticos. Este proceso es conocido como Holocausto o, en hebreo, Shoá.[10]

9. Fin del régimen y neonazismo[editar]

La Alemania nazi se rindió incondicionalmente a los Aliados en mayo de 1945, con lo que finalizó la Segunda Guerra Mundial en Europa. Hitler se suicidó en su búnker de Berlín el 30 de abril de 1945[sin verificar], días antes de la capitulación. Tras la derrota, el Partido Nazi fue proscrito, sus principales dirigentes fueron juzgados en los Juicios de Núremberg y la ideología nacionalsocialista fue criminalizada en Alemania y Austria.

A los movimientos ideológicamente afines al nazismo surgidos después de la caída del Tercer Reich se les denomina neonazis. Algunos de ellos derivaron también en movimientos religiosos ocultistas, satanistas o neopaganos, como el denominado neonazismo esotérico. Estos grupos, minoritarios pero persistentes, han sido objeto de vigilancia y rechazo generalizado en la mayoría de los países.

10. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La temática del nazismo ha tenido una amplia repercusión en el mundo hispanohablante, tanto en la historiografía como en la cultura popular. Numerosos estudios académicos publicados en español han abordado el ascenso del nazismo, el Holocausto y la figura de Hitler, con obras de autores como Ian Kershaw, Richard J. Evans o Hannah Arendt traducidas y ampliamente difundidas en América Latina y España.

En el ámbito cinematográfico y literario, películas y novelas sobre el nazismo —desde documentales históricos hasta ficciones como La lista de Schindler o El niño con el pijama de rayas— han tenido una presencia destacada en las carteleras y los catálogos editoriales de la región. Asimismo, el Holocausto se ha enseñado de forma progresiva en los sistemas educativos de varios países latinoamericanos, a menudo vinculado a los programas de educación en derechos humanos.

Tras la Segunda Guerra Mundial, varios criminales de guerra nazis buscaron refugio en América del Sur, especialmente en Argentina, Brasil, Chile y Paraguay, con la colaboración de redes de escape y la tolerancia de algunos gobiernos de la época. El caso más emblemático fue el de Adolf Eichmann, secuestrado en Argentina por agentes israelíes en 1960 y juzgado en Jerusalén, donde fue condenado y ejecutado. Este episodio generó un amplio debate en el mundo hispanohablante sobre la presencia de criminales de guerra en la región y la memoria del Holocausto.

En la actualidad, el término «nazi» y la simbología asociada suelen emplearse en el debate público hispanoamericano como referencia para denunciar actitudes autoritarias, racistas o antisemitas, en ocasiones de forma rigurosa y en otras de manera analógica o polémica.

Notas y referencias[editar]


  1. Definición del Diccionario de la lengua española, 22.ª edición, voz «nacionalsocialismo». ↩︎

  2. El nombre alemán Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei se pronuncia [natsjoˈnaːlzotsiaːˌlistiʃə ˈdɔytʃə ˈarbaitɐparˌtai][sin verificar]. ↩︎

  3. Ron Rosenbaum, Explicar a Hitler: La búsqueda de los orígenes de su maldad, Siglo XXI Editores, 1999, p. 179. ↩︎

  4. La relación entre darwinismo social y nazismo es objeto de debate historiográfico; algunos autores la consideran un factor central y otros una apropiación posterior. ↩︎

  5. Brigitte Hamann, Hitler's Vienna (1996). ↩︎

  6. La votación de 543 contra 1 es la que recoge la historiografía tradicional, aunque las cifras exactas varían según las fuentes. ↩︎

  7. Robert Ley, citado en Hitler: sección Führer as Lord, Shoa Education. ↩︎

  8. Henry Ashby Turner Jr., Hitler’s Thirty Days to Power: January 1933. ↩︎

  9. Jeremy Noakes; Geoffrey Pridham, Nazism 1919-1945, Volume 1: The Rise to Power 1919-1934. A Documentary Reader. ↩︎

  10. La cifra de seis millones de víctimas judías es la aceptada por la mayoría de los historiadores y por instituciones como Yad Vashem y el Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos. ↩︎