Nicolás Maquiavelo
| Nicolás Maquiavelo | |
| Nombre de nacimiento | Niccolò di Bernardo dei Machiavelli |
| Nacimiento | 3 de mayo de 1469 Florencia, República de Florencia |
| Fallecimiento | 21 de junio de 1527 Florencia, República de Florencia |
| Causa de muerte | Enfermedad repentina (posiblemente peritonitis o hemorragia estomacal) |
| Sepultura | Basílica de la Santa Croce, Florencia |
| Nacionalidad | Florentino |
| Ocupación | Diplomático, filósofo, político, escritor, historiador, poeta, militar |
| Movimiento | Renacimiento, realismo político, republicanismo clásico |
| Lengua materna | Italiano (toscano) |
| Obras notables | El príncipe, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, El arte de la guerra, La mandrágora |
| Cónyuge | Marietta Corsini (matr. 1501) |
| Hijos | Siete hijos: Primerana, Bernardo, Lodovico, Guido, Piero, Baccina y Totto |
| Padres | Bernardo di Niccolò Machiavelli y Bartolomea de' Nelli |
| Cargos públicos | Segundo Canciller de la República de Florencia, Secretario de los Diez de Guerra |
1. Resumen[editar]
Nicolás Maquiavelo (Florencia, 3 de mayo de 1469 — 21 de junio de 1527) fue un diplomático, funcionario público, filósofo político y escritor florentino del período del Renacimiento. Considerado el padre de la ciencia política moderna, su nombre ha pasado a la lengua cotidiana con el adjetivo «maquiavélico», que describe el uso del engaño y la astucia en la política, aunque su pensamiento es mucho más complejo y matizado de lo que sugiere el uso popular del término.[1]
Maquiavelo sirvió durante catorce años como alto funcionario de la República de Florencia, período durante el cual participó en misiones diplomáticas ante las cortes de Francia, el Sacro Imperio Romano Germánico, los Estados Pontificios y diversas ciudades-estado italianas. Su experiencia directa con los mecanismos del poder —observando de cerca a figuras como César Borgia, el papa Julio II y Luis XII de Francia— moldeó las ideas que más tarde plasmaría en sus obras principales.
Su tratado más célebre, El príncipe (escrito en 1513 y publicado póstumamente en 1532), rompió con la tradición medieval de los «espejos de príncipes» al describir el poder político tal como es, no como debería ser. Junto con esta obra, sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio revelan a un pensador profundamente republicano que admiraba la constitución de la antigua Roma y buscaba lecciones prácticas para la Italia de su tiempo.
Además de su obra política, Maquiavelo fue autor de comedias teatrales —destacando La mandrágora—, poesía, una novela satírica y una Historia de Florencia encargada por los Médici. Su producción literaria, en conjunto, lo sitúa entre los principales prosistas del Renacimiento italiano y su influencia se extiende desde la teoría del Estado hasta la literatura, la historia y el arte de la guerra.
2. Primeros años y formación[editar]
2.1. Origen familiar y contexto florentino[editar]
Niccolò di Bernardo dei Machiavelli nació en Florencia en 1469, año en que Lorenzo de Médici —conocido como «el Magnífico»— ascendía al gobierno de facto de la ciudad. La familia Maquiavelo pertenecía a la nobleza urbana empobrecida (los popolani grassi) y tenía un largo historial de participación en la vida pública florentina. Documentos de la época registran al menos trece gonfalonieros de justicia y cincuenta priores en la genealogía de los Machiavelli, lo que indica un linaje de prestigio republicano, aunque en decadencia económica para el momento del nacimiento de Nicolás.
Su padre, Bernardo di Niccolò Machiavelli, era un jurista licenciado que, pese a la estrechez de recursos, poseía una biblioteca notable. Bernardo tenía intereses humanistas y mantuvo relación con el círculo de eruditos que orbitaban alrededor de la cancillería florentina. La madre, Bartolomea de' Nelli, pertenecía a una familia de rancio abolengo y, según testimonios indirectos, poseía cierta formación y devoción religiosa. Algunas fuentes le atribuyen la composición de himnos sacros en lengua vernácula.
2.2. Educación humanística[editar]
Maquiavelo recibió una educación humanística típica para un joven de su condición. Estudió latín con Battista da Poppi y se familiarizó con los autores clásicos latinos —particularmente Tito Livio, Cicerón y Vegecio— que más tarde nutrirían abundantemente su obra. A diferencia de otros humanistas de su generación, no se destacó por el conocimiento del griego, que en su época era una lengua de creciente prestigio entre los círculos cultos florentinos. Aprendió rudimentos de aritmética y contabilidad, saberes prácticos para quien aspiraba a un puesto en la administración pública.
No existen indicios firmes de que Maquiavelo asistiera a la universidad. Su formación fue fundamentalmente autodidacta y práctica, forjada en el trato con los hombres de poder más que en las aulas. Él mismo reconocería más tarde esta deuda al afirmar que sus verdaderos maestros habían sido las negociaciones diplomáticas y la lectura de los historiadores antiguos.
3. Trayectoria en la República de Florencia[editar]
3.1. Ascenso en la administración pública[editar]
En 1494, tras la expulsión de los Médici y la instauración de la república bajo la influencia espiritual y política del fraile dominico Girolamo Savonarola, Florencia reorganizó sus instituciones. Cuatro años después, el 20 de junio de 1498, Maquiavelo fue nombrado Segundo Canciller de la República y, pocas semanas después, asumió la secretaría de los Diez de Guerra (Dieci di Balía), un organismo colegiado encargado de los asuntos militares y de la política exterior. Tenía veintinueve años. El nombramiento fue posible, en parte, porque la facción savonaroliana que había ocupado la cancillería fue depurada tras la ejecución de Savonarola ese mismo año, abriendo vacantes en el aparato administrativo.
Como Segundo Canciller, Maquiavelo gestionó la correspondencia diplomática y administrativa, redactó informes, preparó instrucciones para los embajadores y, sobre todo, realizó un número considerable de misiones diplomáticas él mismo. Entre 1498 y 1512, año de la caída de la república, Maquiavelo participó en alrededor de treinta legaciones que lo llevaron a los principales centros de poder europeos y que constituyeron el laboratorio empírico de su pensamiento político.
3.2. Misiones diplomáticas principales[editar]
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Corte de Luis XII de Francia (1500, 1504, 1510-1511): Maquiavelo viajó a Francia en varias ocasiones para negociar alianzas y los términos de la participación florentina en las guerras italianas. Observó el funcionamiento de una monarquía centralizada y hereditaria, muy distinta del modelo republicano o de las tiranías italianas. De esa experiencia extrajo reflexiones sobre la unidad nacional y los peligros de depender de tropas mercenarias.
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César Borgia (1502-1503): La legación más influyente para Maquiavelo fue, sin duda, la que lo mantuvo cerca de César Borgia, duque de Valentinois e hijo del papa Alejandro VI. Borgia, en plena campaña para construir un principado en la Romaña, alternaba la negociación con la violencia y el engaño con una efectividad que fascinó al secretario florentino. Maquiavelo fue testigo de episodios como la célebre «trampa de Sinigaglia» (31 de diciembre de 1502), en la que Borgia atrajo y ejecutó a sus capitanes rebeldes. Este modelo de príncipe nuevo, con virtù y sin escrúpulos, sería retratado de forma arquetípica en El príncipe.[2]
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Corte del Sacro Imperio Romano (1508): Maquiavelo viajó a la corte del emperador Maximiliano I para evaluar las intenciones imperiales respecto de Italia. Sus informes revelan un agudo análisis sobre las finanzas y la capacidad militar efectiva del imperio, así como una mirada poco impresionada sobre la autoridad imperial.
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Roma y la Santa Sede: En varias ocasiones, Maquiavelo trató con el papa Julio II, un pontífice de temperamento guerrero, a quien observó durante campañas militares como la de Bolonia en 1506. Su análisis de Julio II —un hombre que actuaba con ímpetu y sin dudas— se trasluce en varios pasajes de sus obras políticas.
3.3. La reforma militar y la milicia florentina[editar]
Uno de los proyectos personales más queridos para Maquiavelo fue la creación de una milicia ciudadana que reemplazara a las tropas mercenarias, en las que él veía la causa principal de la debilidad militar de los estados italianos. Convencido de que los soldados que luchaban por su propia patria eran más fiables que los que luchaban por una paga, redactó una ley para el reclutamiento de infantería en el contado (campo) florentino.
Tras superar resistencias políticas, en 1506 se aprobó la creación de la Milicia de las Nueve Ordenanzas, y Maquiavelo fue nombrado su canciller. La recluta y entrenamiento de la tropa, sin embargo, tuvo resultados desiguales. Puesta a prueba en la guerra contra Pisa, la milicia contribuyó a la toma de la ciudad rebelde en 1509, lo que constituyó un éxito temporal para la república y para Maquiavelo. Sin embargo, años más tarde, en 1512, la misma milicia se mostró incapaz de defender Prato frente a la infantería española, lo que precipitó la caída del gobierno republicano y el regreso de los Médici.
4. El exilio forzoso y el periodo de escritura[editar]
4.1. Caída de la república y ostracismo político[editar]
En agosto de 1512, las tropas de la Liga Santa —una coalición que incluía a
España, el papado y Venecia— derrotaron a los franceses en Italia y forzaron a Florencia a rendirse. Los Médici, con Giuliano y posteriormente Lorenzo de Médici (nieto menor del Magnífico) al frente, regresaron a la ciudad y restauraron su dominio con el apoyo del papa León X. Maquiavelo, que había servido lealmente al régimen republicano, fue destituido de sus cargos en noviembre de ese año y confinado al territorio florentino.
La situación empeoró a principios de 1513. Se destapó una conspiración antimedicea, la llamada «conjura de Boscoli y Capponi», y el nombre de Maquiavelo apareció en una lista de posibles simpatizantes. Fue arrestado, encarcelado en Le Stinche y sometido a tortura con la strappado —una brutal técnica que consistía en atar las manos del prisionero a la espalda y alzarlo para luego soltarlo de golpe—, según reportó él mismo en sus cartas. Soportó el tormento sin confesar, y en marzo de ese año, con motivo de la elección del cardenal Giovanni de Médici como papa León X, se decretó una amnistía que le permitió salir de prisión.
4.2. Retiro en Sant'Andrea in Percussina[editar]
Marginado de la vida pública y bajo vigilancia, Maquiavelo se retiró a una modesta propiedad familiar en Sant'Andrea in Percussina, una aldea a unos 15 kilómetros al sur de Florencia. Allí, en una rutina que él mismo describió con amarga ironía en una famosa carta a su amigo Francesco Vettori —datada el 10 de diciembre de 1513[sin verificar]—, pasaba los días cazando tordos, jugando a las cartas en la taberna del pueblo y dedicando las noches a la lectura de los clásicos en su estudio. La carta a Vettori contiene la descripción más íntima de su proceso creativo y su angustia por estar alejado de la política activa:
«Llegada la noche, regreso a casa y entro en mi escritorio; y en el umbral me despojo de la vestimenta cotidiana, llena de fango y lodo, y me visto con paños reales y curiales; y vestido decentemente, entro en las antiguas cortes de los antiguos hombres, donde, recibido por ellos amorosamente, me nutro de aquel alimento que solum es mío y para el cual nací; donde no me avergüenzo de hablar con ellos y preguntarles por la razón de sus acciones; y ellos, por su humanidad, me responden; y durante cuatro horas no siento tedio alguno, me olvido de todo afán, no temo a la pobreza, no me aterra la muerte: todo entero me transfiero en ellos.»
En ese ambiente de aislamiento forzoso, entre fines de 1513 y mediados de 1514, Maquiavelo compuso de un tirón su obra más famosa, De Principatibus (luego titulada El príncipe), un breve tratado que pretendía ser un manual para gobernar principados nuevos y que estaba dirigido, en principio, a Lorenzo de Médici el joven, con la esperanza de que le sirviera como carta de presentación para volver a la vida pública.
4.3. Producción literaria mayor en el exilio[editar]
Durante los años siguientes en Sant'Andrea y en Florencia, ya con más libertad aunque sin el ansiado cargo público, Maquiavelo produjo el grueso de su obra escrita:
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Discursus Florentinarum rerum (1520): Una memoria sobre la reforma del gobierno florentino, solicitada por el cardenal Julio de Médici (futuro papa Clemente VII).
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El arte de la guerra (publicado en 1521): El único trabajo político de envergadura que Maquiavelo publicó en vida. Escrito en forma de diálogo entre personajes de la élite florentina, es una defensa razonada de la milicia ciudadana y un tratado sobre táctica y estrategia militar en clave humanista.
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Historia de Florencia (encomendada en 1520 por el Estudio Florentino, concluida en 1525): Una obra de historia narrativa en ocho libros, que cubre desde los orígenes legendarios de la ciudad hasta la muerte de Lorenzo el Magnífico en 1492.
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La mandrágora (estrenada probablemente en 1518): Una comedia en prosa en cinco actos que satiriza las costumbres de la sociedad florentina y es considerada una de las obras maestras del teatro renacentista italiano.
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La vida de Castruccio Castracani: Biografía novelada del líder militar de Lucca, que ilustra las virtudes del príncipe a través de la figura histórica.
Más allá de estos títulos, en los años del exilio redactó también numerosos informes, poemas, y un epistolario que constituye una fuente esencial para comprender su personalidad y vida cotidiana.
5. Obras principales[editar]
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5.1. El príncipe[editar]
(Véase el artículo principal: El príncipe)
Escrito en 1513 y circulado en forma manuscrita entre varios amigos, El príncipe no sería publicado póstumamente hasta 1532. Dividido en 26 capítulos, la obra puede descomponerse en varias secciones temáticas: una tipología de los principados (capítulos I-XI), una teoría sobre las armas propias y mercenarias (XII-XIV), una tratado sobre la virtù y la conducta del príncipe (XV-XIX) y, por último, un encendido llamado a la liberación de Italia de los bárbaros (XXIV-XXVI).
El tratado está atravesado por conceptos que se volvieron medulares: la diferencia entre virtù y fortuna, entendida la primera como la capacidad humana de adaptarse activamente a los tiempos y resistir los embates del azar; la distinción entre ser amado y ser temido —con inclinación maquiaveliana por lo segundo—; y la legitimación de métodos como la fuerza, el engaño y la crueldad siempre que estén orientados a la conservación del Estado y al bien común.
El capítulo final (XXVI) es una «Exhortación a tomar Italia y liberarla de los bárbaros», en el que Maquiavelo recurre al lenguaje del patriotismo y del providencialismo para reclamar un príncipe redentor. Este tono ha generado debate sobre si la obra era un manual técnico o un panfleto de circunstancia en favor de la unidad italiana.
5.2. Discursos sobre la primera década de Tito Livio[editar]
A menudo considerada su obra más profunda, los Discursos fueron redactados durante el mismo periodo que El príncipe, aunque probablemente su composición se extendió por más años. Con un enfoque diferente al del opúsculo principesco, los Discursos toman la forma de un extenso comentario a los primeros diez libros de la Historia de Roma de Tito Livio y exponen la teoría republicana del autor.
La tesis central de los Discursos es que la grandeza de Roma se debió a su constitución mixta y a la tensión creativa entre la plebe y el patriciado. Maquiavelo defiende aquí la superioridad del régimen republicano sobre el principado cuando las condiciones de igualdad y de virtù cívica lo permiten. También desarrolla su concepto de «retorno a los principios», según el cual las repúblicas necesitan periódicamente recuperar los valores fundacionales para no decaer.
5.3. El arte de la guerra[editar]
Es la única obra política publicada en vida de Maquiavelo (1521). En ella, el autor dialoga con Fabrizio Colonna, un respetado condotiero, sobre la necesidad de reorganizar las armas italianas siguiendo los modelos de la antigüedad romana. La obra condena con dureza a las compañías mercenarias y traza un plan para la formación de una milicia nacional. Aunque técnicamente superada, la obra ejerció gran influencia en el pensamiento militar durante dos siglos y es una piedra angular para entender el deseo de Maquiavelo de que los estados italianos contaran con fuerzas propias.
5.4. Obra literaria e histórica[editar]
Maquiavelo fue un prosista excepcional, reconocido por la claridad y la fuerza expresiva de su estilo toscano. En La mandrágora (1518), su comedia más célebre, urde una trama de engaños, corrupción del clero y picardía mundana. Es, al mismo tiempo, un reflejo escénico de la filosofía —la astucia triunfa sobre la moral convencional— y una de las cumbres del teatro renacentista. Otras obras incluyen el poema satírico El asno, la fábula Belfagor arcidiavolo y los Capitoli, composiciones poéticas de tono autobiográfico y moral.
5.5. Historia de Florencia[editar]
Encargada por el cardenal Julio de Médici (el futuro Clemente VII) y presentada al papa en 1525, esta historia en ocho libros fue un encargo oficial y remunerado. Constituye, junto con la obra histórica de Francesco Guicciardini, una de las cumbres de la historiografía renacentista. El libro finaliza con la muerte de Lorenzo el Magnífico en 1492, eludiendo los años más conflictivos del siglo florentino (la república de Savonarola y la propia república a la que sirvió el autor), en un probable intento de evitar polémicas políticas directas.
6. Estilo y pensamiento político[editar]
6.1. Realismo político y secularización del Estado[editar]
Maquiavelo es el primer pensador político moderno en analizar la política en sus propios términos, emancipada de la teología moral y del derecho canónico que dominaban la teoría política medieval. Su método es el estudio de los hechos —la verità effettuale della cosa («la verdad efectiva de las cosas»)— antes que de las normas ideales. No le interesa cómo debería comportarse un gobernante de acuerdo con la moral cristiana, sino cómo se comportan de hecho los hombres y cómo puede un príncipe conservar el poder.
Esta secularización implica que el gobernante, para mantener el Estado, debe estar dispuesto a obrar contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad, si las circunstancias lo exigen. El bien superior es la seguridad del Estado, que el pensamiento posterior formulará como razón de Estado. Este principio, lejos de ser cínico en el pensamiento maquiaveliano, se sostiene sobre una antropología pesimista: los hombres son ingratos, volubles, simuladores, ávidos de ganancia, y quien gobierna debe tener en cuenta esa naturaleza antes que confiar en la bondad de sus súbditos.
6.2. Virtù y Fortuna[editar]
Uno de los ejes conceptuales de Maquiavelo es la relación entre virtù y fortuna. La fortuna no es la providencia divina sino el azar, la contingencia, las circunstancias que el ser humano no puede controlar. La virtù es la capacidad masculina (de vir, hombre), la energía activa, la audacia, la flexibilidad y la fuerza para imponerse sobre el azar. En una de sus metáforas más célebres, contenida en el capítulo XXV de El príncipe, Maquiavelo compara la fortuna con un río desbordado que solo se puede contener si se han construido diques, y sostiene que la virtù es precisamente esa previsión y vigor para canalizar el ímpetu destemplado de la fortuna. La otra cara de la metáfora —la fortuna como mujer a la que hay que golpear— es una de las muestras de la impronta de género del lenguaje renacentista, que ha sido profusamente analizada por la crítica contemporánea.[3]
6.3. El problema del republicanismo[editar]
Aunque la fama popular retiene solo el «maquiavelismo» del príncipe sin escrúpulos, la obra del florentino alberga una robusta veta republicana. En los Discursos, Maquiavelo sostiene que las repúblicas, cuando las condiciones de igualdad y civismo lo permiten, son superiores a los principados porque el «vivir libre» genera mayor riqueza, estabilidad y poder militar. La defensa de las leyes, la rotación de cargos, la participación política, la vigilancia contra la corrupción y el temor a la tiranía son temas centrales de esta obra.
Esta dualidad —príncipe en un libro, república en el otro— ha generado siglos de controversia. Algunos intérpretes (Rousseau, Spinoza) vieron en El príncipe un panfleto satírico contra los déspotas o un manual republicano disfrazado para alertar al pueblo. Otros historiadores, en cambio, sostienen que ambas obras son complementarias y que la preferencia de Maquiavelo por un sistema o por otro depende del contexto histórico. En una Italia corrupta y fragmentada, un principado con un líder de excepcional virtù podía ser la herramienta necesaria para fundar un orden nuevo; una vez estabilizado ese orden, la república podía florecer.
6.4. Moral política y fortuna del «maquiavelismo»[editar]
La recepción de su obra forjó, ya a mediados del siglo XVI, la «leyenda negra» del maquiavelismo. El cardenal Reginald Pole, el jesuita Antonio Possevino y otros polemistas católicos y protestantes acusaron a Maquiavelo de ateísmo, inmoralidad y defensa de la tiranía. En 1559, la Iglesia católica incluyó todos sus libros en el Índice de libros prohibidos. La aparición del calificativo «maquiavélico» en las lenguas europeas generalizó un estereotipo que lo identificaba con el cinismo político y la máxima «el fin justifica los medios», frase que, irónicamente, no se encuentra en ninguna de sus obras.
En el pensamiento hispanoamericano, la recepción de Maquiavelo pasó por filtros similares durante el periodo colonial. Escritores del barroco de Indias y tratadistas políticos de los siglos XVII y XVIII citaron a Maquiavelo casi siempre para refutarlo. Sin embargo, el debate sobre su verdadero mensaje —si es el profeta del absolutismo o un teórico de la libertad— nunca se ha cerrado.
7. Últimos años y muerte[editar]
En 1526, el papa Clemente VII, que lo conocía bien de sus años en Florencia, le encargó inspeccionar las fortificaciones de Roma y, más tarde, organizar la defensa de Florencia ante la amenaza de las tropas imperiales de Carlos V. Maquiavelo fue nombrado, junto con Pedro Navarro y otros ingenieros, supervisor de las murallas[sin verificar]. Sin embargo, el Saqueo de Roma en mayo de 1527 por las tropas imperiales cambió el tablero político: los Médici volvieron a ser expulsados de Florencia y se restauró por última vez la república.
Pese a haber colaborado con los Médici, Maquiavelo esperaba ser reintegrado al servicio de la nueva república, pero su antigua asociación con el régimen mediceo pesó en su contra. La facción más radicalmente antimedicea lo consideró un colaboracionista, y no se le ofreció ningún cargo. Sumido en la decepción y enfermo desde hacía semanas, falleció en Florencia el 21 de junio de 1527. Fue sepultado en la Basílica de la Santa Croce, donde un monumento del siglo XVIII lo recuerda con el epitafio «Tanto nomini nullum par elogium» («Para nombre tan grande, ningún elogio es suficiente»)[sin verificar].
Una anécdota tardía y probablemente apócrifa refiere que, ya moribundo, Maquiavelo dijo a sus amigos que prefería estar en el infierno con los antiguos estadistas discutiendo de política que en un cielo con santos y bienaventurados. Esta historia, aunque ciertamente legendaria, ha contribuido a fijar la imagen de un Maquiavelo pagano y amante del poder en el imaginario colectivo.
No vería la fugaz restauración republicana que terminó en 1530, ni la caída definitiva de la Florencia libre en manos de Cosme I de Médici, que transformaría la república en un ducado.
8. Legado e influencia[editar]
8.1. Fundador de un nuevo paradigma político[editar]
La obra de Maquiavelo supone un parteaguas en la historia del pensamiento político occidental. Con él nace la ciencia política como campo autónomo, basada en la observación empírica de la conducta humana y la historia, y no en la deducción de principios teológicos. Autores tan diversos como Thomas Hobbes, Baruch Spinoza, Jean-Jacques Rousseau, James Harrington, los federalistas norteamericanos, Friedrich Nietzsche, Antonio Gramsci, Leo Strauss, Hannah Arendt y Michel Foucault han dialogado —ya sea discutiéndolo, repudiándolo o reinterpretándolo— con el legado del secretario florentino.
Hobbes tomó de Maquiavelo el punto de partida realista y el pesimismo antropológico, aunque desarrolló conclusiones sistémicas muy distintas. Spinoza lo leyó como un defensor encubierto de la libertad republicana. Rousseau, en cambio, interpretó El príncipe como una sátira o un libro para el pueblo, disfrazado de manual para tiranos. Gramsci, desde el marxismo, acuñó el concepto del «Príncipe moderno» —el partido revolucionario— y reivindicó a Maquiavelo como un jacobino temprano.
8.2. El maquiavelismo en la práctica y la leyenda[editar]
El término «maquiavélico» entró al vocabulario político y popular de las lenguas europeas en el siglo XVI y, desde entonces, designa un modo de proceder político basado en la astucia, la duplicidad y la instrumentalización de las personas al servicio de un fin, generalmente el poder por el poder mismo. Esta recepción simplifica y distorsiona a un pensador que no defendió el mal gratuito sino que afirmó la necesidad de recurrir a la crueldad y al engaño solo cuando resultan imprescindibles para la seguridad del Estado y el bien común.
La historia del maquiavelismo como fenómeno cultural es, en sí misma, una historia de la modernidad. La literatura, el teatro y el cine han explotado la figura del «consejero maquiavélico» hasta convertirla en un arquetipo narrativo, desde el Yago de Shakespeare hasta los villanos de las series políticas contemporáneas.
8.3. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
En el ámbito hispanohablante, El príncipe ha circulado desde el siglo XVI, pero su recepción inicial fue, como en el resto de Europa, predominantemente negativa entre los autores de la Contrarreforma. El jesuita español Pedro de Ribadeneyra[sin verificar] escribió un Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano (1595) como refutación explícita de Maquiavelo. En el siglo XVII, el teatro español del Siglo de Oro produjo numerosas figuras de «ateístas políticos» que encarnaban el estereotipo del gobernante sin escrúpulos.
En América Latina, el pensamiento maquiaveliano interesó a los libertadores y constituyentes del siglo XIX, inmersos en el dilema de construir repúblicas estables sobre sociedades que habían conocido tres siglos de centralismo monárquico. Tanto Simón Bolívar como los autores de las primeras constituciones republicanas conocían El príncipe y los Discursos, y algunos de sus escritos denotan el influjo maquiaveliano en el planteamiento de la república posible frente a la república ideal.
En el siglo XX, la teoría política y la filosofía latinoamericanas —desde el marxismo hasta el realismo conservador— han revisitado a Maquiavelo. La tensión entre la ética de los principios y la ética de la responsabilidad, que el florentino exploró sin concesiones, sigue siendo pertinente en los debates contemporáneos sobre gobernabilidad, populismo y razón de Estado en la región.
Actualmente, casi toda la obra de Maquiavelo se encuentra disponible en múltiples ediciones en español y es lectura habitual en cursos de ciencia política, filosofía y derecho en universidades de toda América Latina.
9. Cronología[editar]
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- 1469: Nace en Florencia.
- 1498: Es nombrado Segundo Canciller de la República y secretario de los Diez de Guerra.
- 1500: Primera misión diplomática a Francia.
- 1501: Contrae matrimonio con Marietta Corsini.
- 1502-1503: Legaciones ante César Borgia; presencia en Sinigaglia.
- 1506: Inicia la creación de la milicia florentina.
- 1509: Participa en la rendición de Pisa.
- 1512: Caída de la república; Médici regresan al poder. Maquiavelo es destituido.
- 1513: Arresto y tortura. Amnistía. Redacta El príncipe en Sant'Andrea.
- 1518: Probable estreno de La mandrágora.
- 1520: Es comisionado por el Estudio Florentino para escribir la Historia de Florencia.
- 1521: Publicación de El arte de la guerra.
- 1525: Concluye la Historia de Florencia y la presenta al papa Clemente VII.
- 1526: Inspección de fortificaciones durante la Guerra de la Liga de Cognac.
- 1527: Saqueo de Roma, expulsión de los Médici de Florencia. Maquiavelo no es readmitido en el nuevo gobierno republicano. Fallece el 21 de junio.
10. Véase también[editar]
- El príncipe
- Florencia
- Renacimiento
El adjetivo «maquiavélico» aparece documentado en francés (machiavélique) ya en el siglo XVI y en español hacia el siglo XVII, casi siempre con connotación peyorativa. La «leyenda negra» contra Maquiavelo fue alimentada desde temprano por polemistas católicos y protestantes, que tomaron El príncipe aislado del resto de su obra y del contexto de su producción. ↩︎
La figura de César Borgia en El príncipe es ambivalente. Maquiavelo lo elogia por su habilidad para hacerse con un Estado y consolidarlo mediante violencia calculada, pero también señala sus errores, sobre todo la dependencia de la fortuna de su padre, el papa Alejandro VI. El capítulo VII de la obra es, en gran medida, una disección del ascenso y caída de Borgia. ↩︎
La metáfora de la Fortuna como mujer que «es amiga de los jóvenes, porque son menos respetuosos, más feroces y la dominan con más audacia» (El príncipe, cap. XXV) es una de las más citadas y discutidas del autor. Estudios como los de Hanna Pitkin (Fortune is a Woman, 1984) leen esta metáfora en clave de género, vinculando la construcción renacentista de la virtù con la masculinidad normativa. ↩︎