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William Shakespeare

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William Shakespeare
Retratado de forma póstuma en el First Folio (1623)
Nacimiento23 de abril de 1564
Stratford-upon-Avon, Reino de Inglaterra
Fallecimiento23 de abril de 1616
Stratford-upon-Avon, Reino de Inglaterra
Causa de muerteEnfermedad (posiblemente fiebre tifoidea)
SepulturaIglesia de la Santísima Trinidad, Stratford-upon-Avon
NacionalidadInglesa
OcupaciónDramaturgo, poeta, actor
Lengua maternaInglés
MovimientoTeatro isabelino, Renacimiento inglés
Años activoc. 1589–1613
CónyugeAnne Hathaway (matrimonio 1582)
HijosSusanna Hall, Hamnet Shakespeare, Judith Quiney
Obras destacadasHamlet, Romeo y Julieta, Macbeth, El rey Lear, Otelo, Sueño de una noche de verano

1. Resumen[editar]

William Shakespeare (Stratford-upon-Avon, 23 de abril de 1564 – ibidem, 23 de abril de 1616) fue un dramaturgo, poeta y actor inglés, ampliamente considerado el escritor más importante de la lengua inglesa y una de las cumbres de la literatura universal. Su obra, compuesta por aproximadamente 39 obras de teatro, 154 sonetos y varios poemas narrativos, ha sido traducida a prácticamente todos los idiomas y continúa representándose y reinterpretándose en escenarios de todo el mundo.

Apodado "el Bardo de Avon" —o simplemente "el Bardo"—, Shakespeare desarrolló su carrera en Londres durante los reinados de Isabel I y Jacobo I, un período de esplendor cultural conocido como la era isabelina y jacobea. Vinculado a la compañía teatral Lord Chamberlain's Men, que más tarde se convertiría en los King's Men, escribió tragedias, comedias y dramas históricos que transformaron el teatro para siempre. Su habilidad para explorar las pasiones humanas, la ambición, los celos, el amor y la locura, con una profundidad psicológica asombrosa, lo convirtió en un autor intemporal. Frases como "Ser o no ser, esa es la cuestión" han trascendido el ámbito literario para incrustarse en el imaginario colectivo global.

2. Primeros años y formación[editar]

William Shakespeare nació en Stratford-upon-Avon, un próspero pueblo de mercado en el condado de Warwickshire, en el centro de Inglaterra. Fue el tercero de los ocho hijos de John Shakespeare, un comerciante de guantes, curtidor y funcionario municipal que llegó a ocupar el cargo de alguacil mayor —equivalente a alcalde— del burgo, y de Mary Arden, hija de un acaudalado terrateniente católico de la vecina Wilmcote. El estatus de la familia era desahogado durante la infancia de William, aunque posteriormente atravesaría dificultades económicas.[1]

No se conservan registros precisos de su educación formal, pero la tradición biográfica sostiene que asistió a la King Edward VI Grammar School de Stratford, donde habría recibido una formación intensiva en gramática, retórica y literatura latinas. Autores como Ovidio, Plauto, Terencio y Séneca dejaron huellas profundas en su obra posterior. A los quince años, la situación económica de la familia se había deteriorado, y es probable que Shakespeare abandonara los estudios para incorporarse al taller paterno o buscar empleo como preceptor en hogares de la nobleza local.

En 1582, con dieciocho años, contrajo matrimonio con Anne Hathaway, una mujer ocho años mayor que él, hija de un granjero de Shottery, una aldea cercana. La diferencia de edad y el hecho de que Anne estuviera embarazada de tres meses en el momento de la boda —su primera hija, Susanna, nació en mayo de 1583— han alimentado las especulaciones sobre un posible matrimonio forzado. Dos años más tarde, en 1585, nacieron los mellizos Hamnet y Judith. El único hijo varón, Hamnet, murió en 1596 por causas desconocidas. Este hecho ha sido objeto de numerosos análisis críticos por su posible relación con la gestación de la tragedia Hamlet, escrita pocos años después.

3. Trayectoria teatral[editar]

3.1. Los "años perdidos" y el traslado a Londres[editar]

El período comprendido entre 1585 y 1592 se conoce como los "años perdidos" de Shakespeare, ya que no existe documentación que acredite su paradero o actividad. Han surgido numerosas leyendas y conjeturas: que trabajó como maestro de escuela, que viajó a Italia con alguna compañía teatral ambulante, o incluso que se alistó como soldado en los Países Bajos. Lo cierto es que en 1592 ya se encontraba en Londres y era una figura lo suficientemente reconocida en el mundo teatral como para provocar los celos del dramaturgo Robert Greene, quien lo calificó despectivamente como "un grajo arrogante, embellecido con nuestras plumas y que, con su corazón de tigre envuelto en piel de actor, se cree capaz de escribir un verso blanco como el mejor de vosotros". La alusión a "corazón de tigre" parafrasea un verso de la tercera parte de Enrique VI, lo que confirma su autoría de dramas históricos ya en esa fecha.

3.2. La década de 1590: Lord Chamberlain's Men y el poeta del amor[editar]

Cuando los teatros de Londres reabrieron en 1594, tras un brote de peste que había interrumpido la actividad escénica durante meses, Shakespeare ya se había consolidado como dramaturgo, actor y accionista de la compañía Lord Chamberlain's Men, que actuaría bajo el patrocinio del chambelán real. La formación contaba con el actor trágico Richard Burbage y el cómico Will Kempe, y se convertiría en la más destacada del teatro isabelino.

Durante esta década, Shakespeare escribió una vertiginosa sucesión de obras maestras. En el terreno de la comedia, Sueño de una noche de verano, con su intrincada trama de amores cruzados y mundos fantásticos, y El mercader de Venecia, con la memorable figura de Shylock y su discurso sobre la humanidad compartida, lo consagraron como un autor de ingenio y profundidad inigualables. En la tragedia, Romeo y Julieta —estrenada en 1597— se convirtió en el arquetipo universal del amor juvenil contrariado, inmortalizando a los amantes de Verona como símbolos de una pasión que trasciende el odio y la muerte.

Paralelamente a su labor teatral, Shakespeare cultivó la poesía narrativa con dos poemas de largo aliento: Venus y Adonis (1593) y La violación de Lucrecia (1594), dedicados ambos a Henry Wriothesley, conde de Southampton. También escribió los Sonetos, un ciclo de 154 poemas que exploran el amor, el tiempo, la muerte y la belleza con una intensidad y una complejidad que los han convertido en una de las cumbres de la lírica universal. La identidad del "joven hermoso" y la "dama oscura" a quienes están dedicados sigue siendo uno de los grandes misterios de la biografía shakespeariana.[2]

3.3. El cambio de siglo: el teatro del Globe y las grandes tragedias[editar]

En 1599, la compañía de Shakespeare construyó su propio teatro en la orilla sur del Támesis, el Globe, un imponente edificio poligonal de madera con capacidad para alrededor de 2000 espectadores. El emblemático lema que adornaba su entrada —Totus mundus agit histrionem (Todo el mundo actúa)— reflejaba la ambición artística del proyecto. El Globe se convertiría en el escenario de los estrenos más memorables del período.

El tránsito al nuevo siglo marcó un giro hacia la tragedia más sombría y filosófica. Entre 1600 y 1606, Shakespeare escribió una serie de obras que muchos consideran el punto culminante de su genio: Hamlet (c. 1600), la historia del príncipe de Dinamarca atrapado entre el duelo, la venganza y la duda existencial; Otelo (c. 1603), una devastadora exploración de los celos y la manipulación; El rey Lear (c. 1605), una meditación sobre la vejez, la locura y la ingratitud filial que desemboca en una catarsis de desoladora belleza; y Macbeth (c. 1606), un estudio de la ambición y la culpa ambientado en una Escocia de brujas y presagios.

A estas cumbres trágicas se suman las llamadas "comedias oscuras" u "obras problemáticas" —Troilo y Crésida, Bien está todo lo que bien acaba y Medida por medida—, en las que el humor se tiñe de amargura y las resoluciones felices se vuelven ambiguas.

3.4. Últimos años y obras finales[editar]

En 1613, durante una representación de Enrique VIII, el Globe fue pasto de las llamas al prenderse el techo de paja con un cañonazo ceremonial. Para entonces, Shakespeare ya reducía su participación en la vida teatral londinense y pasaba cada vez más tiempo en su retiro de Stratford.

Sus últimas obras —conocidas como "romances"— mezclan elementos trágicos y cómicos con una atmósfera de reconciliación y magia. En el epílogo de una de ellas, Próspero ruega al público que lo libere con sus aplausos, en una de las metáforas más conmovedoras de la jubilación de un creador.

La obra Enrique VIII, escrita en colaboración con John Fletcher —su sucesor como dramaturgo principal de los King's Men—, fue la última pieza que llevó a escena.

4. Obra literaria[editar]

4.1. Clasificación[editar]

La obra dramática de Shakespeare, que ha llegado hasta nosotros en ediciones póstumas de diversa fiabilidad, se agrupa convencionalmente en tres grandes géneros: tragedias, comedias y dramas históricos. El First Folio, la recopilación de sus obras publicada en 1623 por sus amigos y colegas John Heminge y Henry Condell, constituye la fuente más autorizada e incluye 36 obras; algunas, como Pericles, príncipe de Tiro o Los dos nobles caballeros, quedaron fuera del canon y fueron atribuidas posteriormente.

4.2. Los Sonetos[editar]

Los Sonetos constituyen un caso aparte. Publicados en 1609 con una enigmática dedicatoria, los 154 poemas desafían cualquier lectura simplista. Los primeros 126 están dirigidos a un joven de extraordinaria belleza; los últimos 28, a una mujer morena de sensualidad turbadora. Temas como la inmortalidad a través del arte ("mientras haya hombres que respiren y ojos que vean, vivirán estos versos") o la corrosión del tiempo se trenzan con una voz lírica de una modernidad asombrosa.

5. Estilo y características[editar]

5.1. Lenguaje e innovaciones[editar]

Shakespeare escribió en una época en que el inglés moderno estaba fraguándose. Su dominio del verso blanco —pentámetro yámbico sin rima— y su capacidad para transitar del verso a la prosa con una naturalidad que refleja el rango social y el estado de ánimo de los personajes son marcas distintivas de su estilo.

5.2. Personajes y profundidad psicológica[editar]

Quizá el rasgo más revolucionario de su dramaturgia sea la complejidad de sus personajes, mucho más allá de los arquetipos que demandaba el teatro de su tiempo. Hamlet, con su parálisis reflexiva; Lady Macbeth, con su ambición feroz que desemboca en el sonambulismo y la locura; Shylock, el judío de Venecia que exige justicia y compasión en un monólogo que humaniza al villano; Falstaff, el genio de la vida picaresca que trasciende el drama histórico de Enrique IV para convertirse en un personaje mítico. La crítica ha señalado que Shakespeare no juzga a sus criaturas: las presenta en toda su contradicción, dejando al público la tarea de comprenderlas.

5.3. Fuentes y reelaboraciones[editar]

Shakespeare rara vez inventó sus tramas. Bebió de las crónicas históricas de Raphael Holinshed, las Vidas paralelas de Plutarco —en la traducción inglesa de Sir Thomas North—, la novelística italiana de Matteo Bandello y Giovanni Boccaccio, las tragedias de Séneca y las leyendas medievales. Su genialidad consistió en tomar materiales ajenos, a menudo de segunda mano, y transmutarlos en obras de una originalidad radical, profundizando en la psicología de los personajes, añadiendo subtramas y modificando el tono hasta alcanzar lo universal.

6. Controversia sobre la autoría[editar]

Desde el siglo XVIII, una persistente corriente heterodoxa ha cuestionado que el hombre de Stratford-upon-Avon fuera el verdadero autor de las obras que llevan su nombre. Los llamados "anti-stratfordianos" argumentan que un comerciante de provincias, sin educación universitaria ni viajes conocidos, no pudo haber escrito piezas tan eruditas y cosmopolitas. Los candidatos alternativos propuestos incluyen a Francis Bacon, al dramaturgo Christopher Marlowe —cuya muerte violenta en 1593 habría sido fingida— y a Edward de Vere, decimoséptimo conde de Oxford, que es el favorito de buena parte de los teorizadores contemporáneos.

La corriente académica mayoritaria rechaza de plano estas especulaciones y considera que la evidencia documental —registros parroquiales, testimonios de contemporáneos como Ben Jonson, el First Folio de 1623— es abrumadora a favor del Shakespeare canónico.

7. Legado y repercusión[editar]

7.1. El canon literario[editar]

La influencia de Shakespeare en la cultura mundial es incalculable. Dramaturgos como Goethe, Víctor Hugo y Bertolt Brecht; novelistas como James Joyce, William Faulkner y Jorge Luis Borges; psicoanalistas como Sigmund Freud —que leyó en Hamlet el complejo de Edipo—; compositores como Giuseppe Verdi, que convirtió Otelo, Macbeth y Falstaff en óperas inmortales. Su obra ha sido llevada al cine por directores como Laurence Olivier, Akira Kurosawa —que trasladó El rey Lear al Japón feudal en Ran— y Kenneth Branagh, y al ballet por Serguéi Prokófiev con su partitura para Romeo y Julieta.

7.2. El Globe y la pervivencia escénica[editar]

La Royal Shakespeare Company, con sede en Stratford-upon-Avon, es una de las instituciones teatrales más prestigiosas y perpetúa un legado que, cuatro siglos después, sigue llenando los teatros.

7.3. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La recepción de Shakespeare en el ámbito hispánico ha sido fecunda y compleja. En el siglo XX, figuras como el poeta español Luis Cernuda (con una celebrada versión de Troilo y Crésida) y el argentino Jorge Luis Borges —cuyo ensayo "La memoria de Shakespeare" es un homenaje especulativo al genio— marcaron hitos en la apropiación del legado shakespeariano.[3]

En América Latina, el teatro shakespeariano ha sido objeto de adaptaciones que lo conectan con las realidades locales. Directores y dramaturgos han trasladado sus tramas a contextos tan diversos como la selva amazónica, el Caribe o las dictaduras del Cono Sur, demostrando la maleabilidad y la vigencia de los textos originales. El Festival Shakespeare de Buenos Aires y los montajes de la Compañía Nacional de Teatro de México figuran entre los esfuerzos más sostenidos por mantener al Bardo en los escenarios de habla hispana. Algunas de sus obras, como Sueño de una noche de verano, han conocido una docena o más de traducciones al español, cada una con matices y enfoques distintos, lo que habla de la dificultad —y la fascinación— de verter al castellano un verso tan intrincado como el pentámetro yámbico.

8. Muerte y epitafio[editar]

Fue enterrado en la Iglesia de la Santísima Trinidad de Stratford-upon-Avon, donde hoy reposa bajo una losa con un célebre epitafio que, en su versión original en inglés, maldice a quien ose remover sus huesos:

Buen amigo, por amor de Cristo, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito sea el hombre que respete estas piedras,
y maldito el que remueva mis huesos.

El epitafio ha sido respetado durante más de cuatro siglos, y la tumba permanece intacta.


  1. Existen indicios que sugieren que John Shakespeare pudo haber sido un católico devoto en una época de persecución religiosa. En 1757 se encontró un documento de profesión de fe católica con su nombre en la casa familiar de Henley Street, aunque la autenticidad del hallazgo ha sido discutida por los académicos. ↩︎

  2. Los Sonetos fueron publicados en 1609 por el editor Thomas Thorpe, aparentemente sin la supervisión directa del autor. La dedicatoria inicial —"Al único progenitor de estos sonetos entrantes, el Sr. W. H."— ha dado lugar a siglos de especulación sobre la identidad del destinatario, con candidatos que van desde el conde de Southampton hasta el conde de Pembroke. La naturaleza homoerótica de varios poemas ha sido también objeto de intenso debate académico. ↩︎

  3. Borges no solo escribió sobre Shakespeare: en su relato "Everything and nothing" imaginó a un dramaturgo vacío que encuentra en el teatro la única forma de ser "alguien". También tradujo escenas de varias obras y participó activamente en la difusión del autor inglés en la Argentina. ↩︎