Bartolomé de las Casas
| Bartolomé de las Casas | |
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| Nombre completo | Bartolomé de las Casas |
| Nacimiento | 11 de noviembre de 1484 Sevilla, Corona de Castilla |
| Fallecimiento | 18 de julio de 1566 Madrid, |
| Sepultura | Convento de San Pablo, Valladolid (trasladado posteriormente a la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, Madrid[sin verificar]) |
| Nacionalidad | Española |
| Religión | Católica |
| Orden religiosa | Orden de Predicadores (dominicos) |
| Ocupación | Fraile, obispo, cronista, misionero, jurista |
| Cargos eclesiásticos | Obispo de Chiapas (1544–1550) |
| Obras notables | Historia de las Indias, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Apologética historia sumaria, De único vocationis modo |
| Alias | «El Defensor de los Indios», «Protector de los indios» |
| Lengua literaria | Castellano |
1. Resumen[editar]
Fray Bartolomé de las Casas, de la Orden de Predicadores,[1] representa una de las figuras más complejas, controvertidas e influyentes del siglo XVI hispanoamericano. Su tránsito personal —de colono encomendero a fraile dominico, obispo y acérrimo defensor de los derechos de los pueblos indígenas— lo convirtió en un testigo excepcional y en un actor determinante de la temprana configuración jurídica y moral del Imperio español en América. Pasó a la historia con el sobrenombre de «Defensor de los Indios» por su incansable denuncia de la violencia colonial y su alegato a favor de una evangelización pacífica, basada en la razón y el consentimiento, no en la espada.
Su huella documental es colosal: escribió miles de páginas entre crónicas, tratados teológicos, memoriales jurídicos y cartas. La Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552) se convirtió, casi de inmediato, en un texto de resonancia europea que alimentó la llamada «leyenda negra» antiespañola, mientras que la monumental Historia de las Indias permaneció inédita hasta siglos después y se considera una fuente primaria de primer orden. Participó en la célebre Controversia de Valladolid (1550-1551) frente al humanista Juan Ginés de Sepúlveda, en la que debatió sobre la naturaleza y los derechos de los indígenas, un hito fundacional en la historia del derecho internacional y de los derechos humanos.
En el mundo hispanohablante —y de manera muy particular en América Latina— la figura de Las Casas ha sido reivindicada y vilipendiada por igual. Unos lo ven como un precursor del indigenismo moderno, un profeta de la igualdad; otros lo acusan de haber contribuido, con sus denuncias, a la propaganda contra el legado hispánico. Lo que nadie discute es la centralidad de su pensamiento para entender las tensiones morales del primer siglo colonial y su influjo duradero sobre teólogos, juristas e independentistas.
2. Primeros años y formación[editar]
Bartolomé de las Casas nació en Sevilla, en el seno de una familia de mercaderes y navegantes vinculada al comercio atlántico. La fecha de nacimiento no es del todo segura: la tradición acepta el 11 de noviembre de 1484, aunque algunos historiadores han sugerido retrocederla hasta 1474.[2] Era hijo del comerciante Pedro de las Casas y de Isabel de Sosa. Su padre embarcó en el segundo viaje de Cristóbal Colón (1493-1496), experiencia que marcaría el horizonte familiar y que trajo consigo el primer contacto indirecto del joven Bartolomé con el Nuevo Mundo.
La formación intelectual de Las Casas es objeto de debate. Probablemente estudió latín y humanidades en el colegio catedralicio de Sevilla, y es verosímil que haya frecuentado la Universidad de
Salamanca, donde habría cursado cánones y leyes, aunque no hay constancia documental definitiva de un grado universitario.[3] Sí parece seguro que desde joven dominó el latín y tuvo acceso a lecturas jurídicas y teológicas que luego desplegaría en sus escritos. La Sevilla de su adolescencia era una ciudad cosmopolita, puerta de las Indias, donde circulaban mercancías, noticias y relatos sobre las tierras recién descubiertas.
En 1502, a la edad de unos dieciocho años, Las Casas zarpó hacia La Española en la flota de Nicolás de Ovando, recién nombrado gobernador. Con ese viaje comenzó una relación de más de medio siglo con el continente americano.
3. Primer viaje a América y la experiencia de la encomienda[editar]
Las Casas llegó a La Española en abril de 1502. Durante los primeros años, como era habitual entre los colonos, recibió tierras e indígenas en régimen de encomienda, figura jurídica que asignaba a un español un grupo de nativos para que trabajaran en minas y plantaciones a cambio de una teórica instrucción cristiana. El sevillano se aplicó a la explotación agropecuaria y minera y, según su propia confesión posterior, participó del sistema sin cuestionarlo.
En 1506 regresó a Roma y allí recibió las órdenes menores, aunque la ordenación sacerdotal completa ocurriría algo más tarde. En 1510 cantó su primera misa, posiblemente en Concepción de la Vega, La Española, siendo uno de los primeros sacerdotes ordenados en el Nuevo Mundo.
La experiencia bélica más determinante de este período fue su participación, como capellán, en la conquista de Cuba (1511-1513) al lado del capitán Diego Velázquez de Cuéllar, quien más tarde sería gobernador de la isla. Como recompensa por sus servicios, Las Casas recibió nuevas encomiendas cerca de la actual Cienfuegos y en el territorio de Jagua. Allí fue testigo directo de matanzas, repartimientos y ejecuciones sumarias, entre ellas la célebre matanza de Caonao, donde cientos de indígenas inermes fueron pasados a cuchillo ante sus ojos. El horror de aquel episodio fue un punto de inflexión emocional, aunque el giro doctrinal tardaría todavía un par de años en madurar.
4. Conversión y defensa de los indios[editar]
El momento que la tradición lascasiana considera como «conversión» ocurrió en 1514. Durante la preparación de un sermón para Pentecostés, en la villa de Sancti Spíritus (Cuba), Las Casas leyó un pasaje del libro del Eclesiástico (34:24-27) que condena el sacrificio de bienes obtenidos mediante la opresión. El texto lo golpeó como una revelación y decidió renunciar a sus encomiendas y dedicar la vida a la defensa de los indígenas.
En ese mismo año predicó un sermón en el que denunció públicamente la conducta de los colonos y anunció que no podía absolver a quienes maltrataban a los nativos. La reacción fue de escándalo e indignación entre los vecinos españoles. Comprendiendo que sin apoyo de la Corona nada cambiaría, Las Casas se embarcó de vuelta a España en 1515.
En la corte de Fernando el Católico —y tras la muerte de este, ante el cardenal regente Francisco Jiménez de Cisneros— presentó memoriales detallando las atrocidades y proponiendo reformas. Consiguió que Cisneros enviara una comisión de frailes jerónimos a La Española para investigar y poner coto a los abusos, y obtuvo para sí el título de «Protector de todos los indios de las Indias», cargo que le daba autoridad para intervenir en causas judiciales en defensa de los indígenas.
El plan reformista de Las Casas enfrentó una resistencia feroz de los encomenderos y de amplios sectores de la administración colonial que veían peligrar sus privilegios. Los jerónimos, presionados, terminaron por contemporizar con el sistema de encomiendas, lo que sumió al Protector en una profunda frustración. Aun así, entre 1516 y 1523 no cesó de viajar, escribir memoriales y buscar aliados en la corte.
5. El proyecto de evangelización pacífica en Tierra Firme[editar]
Convencido de que el fracaso de la evangelización se debía al uso de la fuerza, Las Casas elaboró un proyecto de colonización pacífica: labradores y misioneros debían instalarse sin armas en zonas no conquistadas, convenciendo a los indígenas mediante el ejemplo y la palabra. En 1520 logró que el joven rey Carlos I (futuro emperador Carlos V) le otorgara una capitulación para poblar y evangelizar en paz una vasta zona de la costa de Tierra Firme, en la actual
Venezuela, concretamente en las inmediaciones de Cumaná y el golfo de Paria.
La experiencia terminó en desastre. Mientras Las Casas viajaba a La Española para reclutar colonos, los indígenas de la región atacaron los asentamientos españoles, instigados en parte por las incursiones esclavistas de otras expediciones. Murieron varios frailes dominicos y franciscanos, y el proyecto hubo de abandonarse en 1522. La decepción fue tal que Las Casas se retiró temporalmente del activismo y decidió ingresar en la vida conventual.
6. Vida conventual y ordenación como dominico[editar]
En 1522 o 1523, Bartolomé de las Casas tomó el hábito de la Orden de Predicadores en el convento de Santo Domingo, en La Española. Durante más de una década se dedicó a la oración, el estudio y la escritura. Fue en esos años de recogimiento cuando inició su obra cumbre, la Historia de las Indias, un vasto relato de la presencia española en América basado en sus recuerdos, testimonios y documentos que fue acumulando. También comenzó la redacción de la Apologética historia sumaria, tratado en el que defendía la racionalidad de los indígenas y su disposición natural para la vida civilizada, recurriendo a argumentos antropológicos avant la lettre.
Los dominicos de La Española —en particular la comunidad de la isla donde destacaba fray Pedro de Córdoba— habían sido los primeros en predicar públicamente contra la encomienda, y en ese ambiente Las Casas radicalizó y sistematizó sus posiciones. A esa etapa pertenece la formulación completa de su teoría sobre la evangelización pacífica, que expondría más tarde en el tratado De único vocationis modo (ca. 1537).
En 1535 viajó de nuevo a España y desde allí, a instancias suyas, el papa Paulo III emitió la bula Sublimis Deus (1537), en la que declaraba solemnemente que los indígenas eran «verdaderos hombres» dotados de alma racional, capaces de recibir la fe y libres por derecho natural, con prohibición expresa de reducirlos a esclavitud.[4] La bula fue un triunfo teológico para la causa lascasiana, aunque su aplicación efectiva en los dominios americanos fue limitada.
7. Obispo de Chiapas y la crisis de las Leyes Nuevas[editar]
La presión ejercida por Las Casas y otros clérigos reformistas tuvo un efecto legislativo decisivo: en 1542, Carlos V promulgó las Leyes Nuevas, un cuerpo legal que limitaba drásticamente la encomienda, prohibía la esclavitud de los indios por cualquier causa (incluida la guerra justa) y ordenaba que ninguna nueva conquista pudiera hacerse sin autorización expresa y bajo supervisión de religiosos.
En 1544, casi como un reconocimiento de su papel en la redacción de esas leyes, Bartolomé de las Casas fue consagrado obispo de la recién creada diócesis de Chiapas, con sede en Ciudad Real (actual San Cristóbal de las Casas, que lleva su nombre precisamente por esta razón). Llegó a su diócesis ese mismo año y desde el primer momento se enfrentó abiertamente a los encomenderos, excomulgando a quienes no se sometían a las disposiciones de las Leyes Nuevas y exigiendo la restitución de bienes a los indígenas.
La tensión escaló hasta tal punto que lo obligaron a abandonar la diócesis en 1546: los colonos organizaron una resistencia cerrada y las autoridades virreinales, temerosas de una rebelión, suspendieron los capítulos más radicales de las Leyes Nuevas. Las Casas partió hacia la Ciudad de México y de allí a España, donde permanecería el resto de su vida, convencido de que la batalla decisiva debía librarse en la corte y en el Consejo de Indias.
8. La Controversia de Valladolid[editar]
El debate conocido como Controversia o Junta de Valladolid se celebró entre 1550 y 1551. Convocada por el emperador Carlos V, reunió a teólogos y juristas para discutir la legitimidad de las conquistas y el modo en que debía tratarse a los indígenas. La posición que defendía el derecho a la guerra y a la sumisión forzosa fue asumida por Juan Ginés de Sepúlveda, humanista cordobés, traductor de Aristóteles y cronista imperial. Enfrente, Bartolomé de las Casas leyó durante cinco días su monumental Apología, un texto que rebatía punto por punto los argumentos aristotélicos de Sepúlveda sobre la pretendida «barbarie natural» de los indios.
Las Casas sostuvo que los indígenas poseían plena capacidad racional, que constituían sociedades complejas y moralmente desarrolladas, y que el Evangelio solo podía predicarse por medios pacíficos, sin coacción. Rechazó que la infidelidad o la idolatría justificaran la guerra y defendió que la soberanía de los reinos indígenas debía ser respetada hasta que, voluntariamente, aceptaran la fe y la autoridad del rey de España.
La junta no emitió un veredicto formal, y ambos contendientes se declararon vencedores. Con todo, la controversia significó la primera gran discusión pública sobre los derechos de los pueblos colonizados y un precedente de lo que siglos después se denominaría derecho de gentes o derecho internacional. La influencia a largo plazo de las tesis lascasianas —aun sin triunfar políticamente en el corto plazo— fue notable en los círculos universitarios y en la legislación indiana posterior.
9. Obras principales[editar]
La producción escrita de Las Casas fue inmensa. Aunque muchas de sus obras quedaron manuscritas y se difundieron siglos después, las que publicó en vida causaron un auténtico terremoto político y teológico.
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Brevísima relación de la destrucción de las Indias (Sevilla, 1552). Es su texto más conocido y polémico. Escrito como un memorial dirigido al príncipe Felipe, relata con lenguaje sobrecogedor y cifras discutidas las matanzas, crueldades y despojos sufridos por los indígenas en las Antillas, Nueva España, Perú, Tierra Firme y otras regiones. Traducido al latín, francés, neerlandés, italiano e inglés en pocos años, se convirtió en un arma propagandística de las potencias rivales de España y en la base gráfica de la «leyenda negra». En la propia América hispana la obra fue leída con pasión encontrada: para unos fue un testimonio veraz; para otros, una exageración tendenciosa.
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Historia de las Indias. Es una crónica monumental que abarca desde el primer viaje de Colón hasta aproximadamente 1521. Las Casas trabajó en ella durante decenios, incorporando documentos originales —incluidos extractos del perdido diario de a bordo colombino— y sus propios recuerdos. Permaneció inédita hasta 1875, cuando se imprimió por primera vez en Madrid. Hoy se la considera una fuente primaria imprescindible para el estudio de los primeros tiempos coloniales.
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Apologética historia sumaria. Complemento de la anterior, es un tratado de geografía y antropología de los pueblos indígenas de América. Su propósito es demostrar, mediante la descripción detallada de costumbres, leyes, idiomas, arquitectura y formas de gobierno, que los nativos cumplían con todos los requisitos para ser considerados hombres racionales y libres según los criterios aristotélicos y tomistas de la época.
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De único vocationis modo omnium gentium ad veram religionem. Tratado teológico en latín donde expone su doctrina sobre la evangelización pacífica: el único modo lícito de predicar el Evangelio es la persuasión amorosa, y cualquier forma de coerción hace inválida la conversión. La obra quedó incompleta pero su argumentación central fue incorporada en los debates vallisoletanos.
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Confesionario. Un manual para confesores que incluía reglas estrictas para absolver a los españoles en Indias: exigía la restitución de los bienes usurpados a los indios como condición previa. Su publicación en 1552 desató una tormenta entre los clérigos y autoridades coloniales, que vieron en él un atentado contra el orden establecido.
Además, Las Casas redactó decenas de memoriales, cartas y tratados menores dirigidos al Consejo de Indias, al emperador y a diversas instancias eclesiásticas.
10. Pensamiento y legado[editar]
El pensamiento de Bartolomé de las Casas se articula en torno a unos cuantos ejes nítidos: la unidad del género humano, la racionalidad de todos los pueblos, la condena de la guerra ofensiva y la evangelización por métodos exclusivamente pacíficos. Para el dominico, el único título legítimo de presencia española en América era la donación pontificia y el mandato evangelizador, pero no la conquista militar ni la servidumbre. Sostenía que los reyes indígenas eran verdaderos soberanos y que cualquier cesión de derechos debía ser voluntaria y libremente consentida.
Su posición sobre la esclavitud ha sido objeto de controversia. En sus primeros memoriales (1516-1518), Las Casas llegó a sugerir que se autorizara la importación de esclavos africanos para aliviar a los indígenas, una propuesta que él mismo lamentó y retractó más tarde. En la Historia de las Indias confiesa su arrepentimiento con estas palabras: «no fue nada cristiano aquel consejo» y añade que, ante el juicio divino, todos los esclavos del mundo, africanos e indios, merecen la misma libertad.[5] Esta evolución, sin embargo, ha sido señalada por sus críticos como una contradicción moral insalvable.
En el mundo hispanoamericano, la huella de Las Casas es ubicua y ambivalente. Durante las guerras de independencia, los líderes criollos lo invocaron como símbolo de la resistencia frente a la opresión peninsular, aunque paradójicamente muchos de ellos sostenían economías de plantación con mano de obra forzada. Ya en el siglo XX, los movimientos indigenistas y la teología de la liberación reivindicaron su figura como precursor de la lucha por la justicia social. La ciudad de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, lleva su nombre —aunque no sin debate local sobre la pertinencia del cambio— y su legado es reclamado tanto por la Iglesia católica como por organizaciones de derechos humanos.
Entre los historiadores, el juicio sobre su obra histórica oscila entre quienes lo consideran un testigo fidedigno aunque apasionado, y quienes lo acusan de haber falseado cifras y hechos para dramatizar su denuncia. El debate, en el fondo, es el mismo que recorre la memoria del imperio español: ¿fue una empresa civilizadora o una máquina de explotación? Las Casas obligó a plantear esa pregunta en el mismo siglo en que los hechos ocurrían, y esa es quizá su mayor contribución.
11. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
El nombre y la obra de Bartolomé de las Casas tienen un eco particularmente intenso en América Latina y en España, donde constituye un referente ineludible de la reflexión sobre la identidad mestiza y la herencia colonial.
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Toponimia y monumentos. La ciudad chiapaneca de San Cristóbal de las Casas es el homenaje más visible, pero decenas de calles, plazas, escuelas y universidades llevan su nombre en
México, Perú,
Colombia,
Bolivia,
Guatemala y otros países. En Santo Domingo (
República Dominicana) se conserva el convento donde tomó el hábito dominico; en La Habana Vieja una placa recuerda su paso como capellán durante la conquista de Cuba. En Sevilla, su ciudad natal, una estatua lo representa junto al puerto. -
Presencia en la educación y el debate público. La Brevísima relación es lectura habitual en los cursos de historia y literatura hispanoamericanas del bachillerato y la universidad. En España, en cambio, su figura suscita periódicamente debates sobre la «leyenda negra», especialmente cuando se revisan las efemérides del Descubrimiento o de la conquista. En 1992, con motivo del quinto centenario, su obra experimentó una notable relectura tanto desde sectores académicos como desde movimientos indígenas.
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Las Casas en la cultura popular y el cine. Su personaje aparece en producciones cinematográficas y series televisivas sobre la conquista de América, aunque a menudo con trazos simplificados. En la película También la lluvia (2010), dirigida por Icíar Bollaín, el guion de Paul Laverty evoca indirectamente el debate lascasiano al contraponer los abusos coloniales del siglo XVI con la explotación contemporánea en Bolivia. En el ámbito de la novela histórica, autores como Eduardo Galeano, con una semblanza en Memoria del fuego, han recreado su figura.
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Centros de estudio y fundaciones. Existen institutos especializados en su pensamiento, como el Instituto de Estudios Bartolomé de las Casas en España y el Centro Bartolomé de las Casas en Cusco, Perú. Estas instituciones promueven investigaciones interdisciplinarias sobre derechos humanos, interculturalidad y teología.
La presencia de Las Casas en el espacio público hispanohablante expresa una relación no resuelta con el pasado colonial; su legado no es solo histórico, sino un espejo en el que la sociedad contemporánea sigue interrogándose sobre la justicia, la memoria y la otredad.
En las citas de archivo y documentación colonial, Las Casas aparece referido a menudo como «Fray Bartolomé de las Casas, O.P.» (Ordinis Praedicatorum). ↩︎
La fecha de 1484 se apoya en declaraciones del propio Las Casas que mencionan su edad en distintos momentos, pero no existe un acta bautismal incontrovertible. Algunos investigadores han defendido un nacimiento más temprano. ↩︎
La estancia en Salamanca es afirmada por varios biógrafos clásicos, pero se basa en indicios indirectos y en la familiaridad que Las Casas muestra con la tradición jurídica salmantina. ↩︎
La influencia directa de Las Casas sobre la redacción de Sublimis Deus ha sido discutida; sin embargo, consta que él mismo estuvo en Roma en fechas cercanas y que el contenido de la bula coincide punto por punto con sus tesis. ↩︎
Las Casas escribe: «No fue nada cristiano aquel consejo que dio... porque luego se halló tan injusto el cautiverio de los negros como el de los indios». El pasaje exacto ha sido objeto de análisis minucioso para calibrar el alcance de su retractación. ↩︎