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Fernando el Católico

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Fernando el Católico · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
CiudadesValencia · Barcelona · Valladolid · Sevilla · Santiago de Chile · Buenos Aires
PaísesEspaña · Brasil · México · Estados Unidos · Argentina
HistoriaDescubrimiento de América · Reconquista
Fernando el Católico
Rey de Aragón, Castilla, Sicilia, Nápoles, Navarra y Valencia
Nombre completoFernando de Trastámara y Enríquez
SoberaníaRey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Sicilia (1479-1516)
Rey consorte de Castilla y León (1474-1504) como Fernando V
Rey de Nápoles (1504-1516) como Fernando III
Rey de Navarra (1512-1516) como Fernando I
Regente de Castilla (1504-1506; 1507-1516)
Nacimiento10 de marzo de 1452
Sos, Reino de Aragón (actual Sos del Rey Católico, Zaragoza, España)
Fallecimiento23 de enero de 1516
Madrigalejo, Corona de Castilla (actual provincia de Cáceres, España)
SepulturaCapilla Real de Granada
DinastíaCasa de Trastámara
PadreJuan II de Aragón
MadreJuana Enríquez
CónyugesIsabel I de Castilla (matr. 1469; fall. 1504)
Germana de Foix (matr. 1505)
DescendenciaIsabel (1470-1498), príncipe Juan (1478-1497), Juana I de Castilla, María (1482-1517), Catalina (1485-1536), Alonso de Aragón (ilegítimo), y con Germana un hijo Juan, príncipe de Gerona (1509, fallecido a las pocas horas)

1. Resumen[editar]

Fernando el Católico (Fernando II de Aragón) fue el monarca que, junto con su esposa Isabel I de Castilla, sentó las bases de la unidad política de lo que posteriormente se conocería como España. Nacido en la rama aragonesa de la dinastía Trastámara, heredó un conjunto de reinos mediterráneos y, mediante una estrategia combinada de herencia, conquista y diplomacia, sumó a su corona los territorios de Castilla (como consorte), el Reino de Granada, Nápoles y Navarra, hasta convertirse en el soberano más poderoso de su tiempo. Su figura fue tan influyente que Nicolás Maquiavelo lo convirtió en modelo del príncipe renacentista. En el mundo hispanohablante ocupa un lugar ambivalente: se le reconoce como artífice del Descubrimiento de América y de la proyección transoceánica del idioma, pero al mismo tiempo su política religiosa —que incluyó la expulsión de los judíos y la imposición de conversiones forzosas— deja un legado controvertido.

2. Primeros años y formación[editar]

Fernando nació en la localidad aragonesa de Sos (luego renombrada Sos del Rey Católico en su honor) el 10 de marzo de 1452, hijo del rey Juan II de Aragón y de su segunda esposa, Juana Enríquez. Su infancia transcurrió en medio de una compleja crisis dinástica. El heredero al trono era su medio hermano, Carlos de Viana, cuya relación con Juan II era abiertamente hostil. La muerte de Carlos en 1461, en circunstancias sospechosas, desató una revuelta en Cataluña que colocó a la corona aragonesa al borde de la fractura.[1]

Juana Enríquez se encargó personalmente de la formación de Fernando y lo llevó consigo a los escenarios bélicos. Ya en 1466, con apenas catorce años, el joven príncipe fue proclamado rey de Sicilia por su padre y se inició en el arte de gobernar. Al año siguiente fue reconocido formalmente heredero de Aragón. Uno de los primeros actos políticos decisivos de Fernando fue su intervención en la guerra civil catalana: participó en la fase final del conflicto, en la que se ganó fama de negociador pragmático al recibir la capitulación de Barcelona en octubre de 1472, lo que cerró la contienda sin represalias masivas.[2]

3. Trayectoria[editar]

3.1. Matrimonio con Isabel y Guerra de Sucesión Castellana[editar]

La unión con Isabel de Castilla fue el eje de su proyecto político. Las negociaciones, llevadas en secreto por un grupo de nobles y eclesiásticos, culminaron con la firma de las capitulaciones matrimoniales en Cervera el 5 de marzo de 1469. Fernando, entonces con diecisiete años, viajó disfrazado hacia Castilla y contrajo matrimonio con la princesa en Valladolid, el 19 de octubre de 1469.[3]

A la muerte de Enrique IV de Castilla en 1474, Isabel se proclamó reina. Una facción nobiliaria apoyó a la hija del difunto rey, Juana la Beltraneja, y a su prometido, Alfonso V de Portugal. Estalló la Guerra de Sucesión Castellana (1475-1479). Fernando asumió el mando militar de las tropas isabelinas. La batalla decisiva se libró en los campos de Toro el 1 de marzo de 1476, donde sus fuerzas derrotaron a las portuguesas.[4] La paz definitiva llegó con el Tratado de Alcáçovas en septiembre de 1479, donde Portugal reconoció a Isabel como reina a cambio de la cesión sobre la navegación atlántica al sur de las Canarias y el reparto de derechos sobre el África occidental.

3.2. Consolidación en Aragón y fundación institucional[editar]

La muerte de Juan II de Aragón en enero de 1479 invistió a Fernando como rey de la Corona de Aragón. A partir de ese momento, ambos esposos gobernaron conjuntamente sus territorios bajo el lema Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando, si bien los reinos mantuvieron sus instituciones, leyes y fronteras propias. La etapa inicial de su reinado se dedicó a restaurar la autoridad monárquica, seriamente dañada por décadas de guerra civil y banderías nobiliarias.

En las cortes de Toledo de 1480 se sentaron las bases de la reforma del Estado, con la creación de la Santa Hermandad como fuerza policial y militar al servicio de la Corona. En la Corona de Aragón, Fernando implantó mecanismos similares de control, como la figura del virrey en los reinos donde él no residía habitualmente —Sicilia, Nápoles o los territorios catalano-aragoneses—, y la extendió también al nuevo mundo en décadas posteriores.

3.3. Guerra de Granada[editar]

La campaña contra el Reino nazarí de Granada fue la empresa militar más ambiciosa del reinado y duró diez años (1482-1492). Fernando dirigió personalmente varias de las ofensivas y aplicó una estrategia de desgaste, combinando asedios, bloqueos económicos y negociaciones para fracturar las alianzas internas de los nazaríes. La conquista de Alhama en 1482 fue el primer gran éxito. Malaca cayó en 1487 tras un sitio de varios meses, lo que cortó el vínculo marítimo del reino musulmán con el norte de África. La pérdida de Baza y Almería en 1489-1490 aceleró el colapso, hasta que la ciudad de Granada capituló el 2 de enero de 1492. Las Capitulaciones, negociadas en secreto, garantizaban inicialmente la libertad religiosa para los musulmanes, si bien esas condiciones se revisaron pocos años después.[5]

3.4. Política religiosa[editar]

La unificación religiosa fue un objetivo prioritario de Fernando. El 1 de noviembre de 1478, el papa Sixto IV expidió la bula Exigit sincerae devotionis que autorizó la instauración del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Castilla, y enseguida se extendió a Aragón y sus reinos. Fue la primera institución que funcionó por igual en todos los dominios de los Reyes Católicos y se convirtió en un instrumento poderoso de cohesión interna.[6]

La pragmática de expulsión de los judíos se dictó el 31 de marzo de 1492 en Granada y se hizo pública en abril. Obligaba a toda la población judía a convertirse al cristianismo o abandonar los reinos en un plazo de cuatro meses. Las estimaciones de los expulsados varían entre cincuenta mil y cien mil personas, aunque no hay consenso historiográfico sobre la cifra exacta.[7] La medida debilitó la economía urbana de algunas ciudades como Barcelona o Valencia pero reforzó la homogeneidad religiosa buscada por la Corona.

Paralelamente, los musulmanes del recién reconquistado Reino de Granada sufrieron una presión creciente que culminó en la pragmática de 1502 que los obligaba a convertirse o emigrar. Esta política provocó sublevaciones como la de las Alpujarras (1501) y contribuyó a configurar una población morisca que nunca fue plenamente asimilada.

3.5. Política atlántica y Descubrimiento de América[editar]

Fernando e Isabel recibieron en el campamento de Santa Fe, a las afueras de Granada, las propuestas de Cristóbal Colón. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe, que otorgaban a Colón los títulos de almirante, virrey y gobernador de las tierras que descubriera, así como un 10 % de las riquezas obtenidas. La Corona aportó el financiamiento esencial: se estima que alrededor de millón y medio de maravedíes, una suma modesta para la Hacienda real de entonces.[8]

La expansión atlántica produjo rápidamente conflictos diplomáticos con Portugal. Las negociaciones posteriores al retorno de Colón se concretaron en el Tratado de Tordesillas, firmado el 7 de junio de 1494, que trazó una línea de polo a polo a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Esta división concedió a Castilla la mayor parte de lo que después sería América del Sur y el Caribe, aunque excluyó el extremo oriental del continente, que hoy corresponde a Brasil.

Durante el reinado de Fernando, se sentaron las bases del sistema colonial americano. Se creó en 1503 la Casa de Contratación en Sevilla, que centralizaba el control del comercio transatlántico, y desde 1511 se establecieron las primeras audiencias con el fin de administrar justicia en las nuevas tierras. Las Leyes de Burgos de 1512, aunque con alcance limitado, constituyeron el primer intento de regular el trato a los indígenas, fruto de la presión de los frailes dominicos que denunciaban abusos en La Española.

3.6. Política italiana y expansión mediterránea[editar]

El conflicto por el dominio de la península itálica fue el eje de la política exterior de Fernando tras la muerte de Isabel. La invasión francesa de Nápoles en 1494, durante el reinado de Carlos VIII, desencadenó una guerra en la que Fernando se integró en la Liga Santa para frenar el expansionismo galo. En 1500, mediante el Tratado de Granada acordó con Luis XII de Francia el reparto del reino de Nápoles, pero el pacto se rompió pronto.

La respuesta militar fue comandada por Gonzalo Fernández de Córdoba, apodado el Gran Capitán. En las batallas de Ceriñola (28 de abril de 1503) y Garellano (diciembre de ese mismo año), sus tropas impusieron una táctica de infantería combinada con arcabuces que resultó demoledora para la caballería pesada francesa. La victoria total consolidó a Fernando como rey de Nápoles a partir de 1504; la incorporación de este reino a la Corona de Aragón fue ratificada diplomáticamente en 1505, aunque desde entonces Nápoles se convirtió en un virreinato gobernado por un representante del rey. En 1506, los Reyes Católicos recibieron el reconocimiento formal del papa Julio II, que invistió el reino napolitano como feudo de Fernando.

Años más tarde, el monarca participó en la Liga de Cambrai (1508) contra Venecia y posteriormente en la Liga Santa (1511) contra Francia, en un juego diplomático que le permitió asegurar sus posesiones sin comprometer demasiados recursos. La muerte de Fernando en 1516 encontró el Mediterráneo occidental bajo hegemonía aragonesa.

3.7. Conquista de Navarra[editar]

La incorporación del Reino de Navarra en 1512 respondió a una combinación de oportunismo, diplomacia papal y necesidad militar. En el contexto de las guerras italianas, la Corona de Navarra se hallaba bajo una fuerte influencia francesa, con los reyes Juan III de Albret y Catalina de Foix en abierta alianza con Luis XII. Fernando, bajo el argumento de la excomunión de los monarcas navarros por su apoyo a un rey cismático, organizó una expedición militar en julio de 1512 encabezada por Fadrique Álvarez de Toledo, duque de Alba. En apenas unas semanas, Pamplona y el resto del reino peninsular cayeron sin apenas resistencia. La Baja Navarra, al norte de los Pirineos, permaneció en poder de los Albret y posteriormente fue heredada por los Borbones franceses.

La anexión fue ratificada por las Cortes de Burgos en 1515, que declararon la unión perpetua de Navarra a la Corona de Castilla, algo que Fernando aceptó porque facilitaba el control militar del territorio. A partir de ese momento, Navarra funcionó como un reino autónomo dentro del entramado institucional castellano.

3.8. Últimos años y crisis sucesoria[editar]

La muerte de Isabel la Católica en noviembre de 1504 alteró profundamente el equilibrio peninsular. El testamento de la reina reconocía a su hija Juana como propietaria de la Corona de Castilla, con Fernando como regente en caso de que la nueva reina estuviera ausente o incapacitada. Juana, casada con el archiduque Felipe de Habsburgo (Felipe el Hermoso), residía en Flandes, y pronto se desencadenó una lucha de poder entre el suegro y el yerno por la regencia castellana.

Fernando, aconsejado por su secretario Miguel Pérez de Almazán, buscó mantener el control en Castilla y al mismo tiempo aislar diplomáticamente a Felipe. Con ese fin, y para asegurar la sucesión de sus reinos aragoneses frente a una posible absorción por la rama Habsburgo, contrajo matrimonio en 1505 con Germana de Foix, sobrina de Luis XII de Francia y mucho más joven. La Concordia de Salamanca (1505) y la de Villafáfila (1506) fueron intentos fallidos de concordia con Felipe; en Villafáfila, Fernando se retiró temporalmente a Aragón dejando Castilla en manos de su yerno. La repentina muerte de Felipe en septiembre de 1506 devolvió a Fernando la regencia.

Fernando gobernó Castilla entre 1507 y su muerte como regente en nombre de Juana, que fue considerada mentalmente incapacitada para ejercer el poder. En estos últimos años, el monarca dio continuidad a las líneas maestras de la política atlántica y mediterránea, al tiempo que veía desvanecerse el sueño de un heredero masculino: su hijo con Germana murió apenas nacido en 1509.[9]

Fernando falleció en Madrigalejo, en la comarca extremeña de las Vegas Altas, el 23 de enero de 1516, cuando se dirigía al monasterio de Guadalupe para recuperarse de una enfermedad. Su testamento establecía que la Corona de Aragón quedara en manos de su hija Juana, pero encargó la gobernación a su nieto Carlos mientras Juana viviera, allanando el camino al primer soberano de la dinastía de Austria en España.

4. Estilo y características de su gobierno[editar]

El reinado de Fernando inauguró una forma de entender el poder que rompió con el modelo feudal y se orientó hacia el Estado moderno. Su pragmatismo era legendario. Consideraba la diplomacia y la guerra como dos caras de la misma moneda, y las fuentes diplomáticas de la época están llenas de ejemplos de una capacidad de intriga y disimulo que los embajadores venecianos retrataron con asombro. Fernando escogía con frialdad los medios que convenían a sus fines, lo que le valió, entre los historiadores, el calificativo de "maquiavélico" incluso antes de que Maquiavelo escribiera "El Príncipe".

En la estructura del poder, Fernando impuso la práctica de gobernar mediante un cuerpo de letrados y secretarios de origen modesto, en lugar de apoyarse exclusivamente en la alta nobleza. Los corregidores —representantes de la autoridad real en las ciudades— y los virreyes multiplicaron la presencia de la Corona en todos los rincones de un imperio territorialmente desconectado. La diplomacia fue igualmente central: los embajadores permanentes en Roma, Londres o la corte imperial de Maximiliano I, así como una red de "escuadras" de galeras mediterráneas, garantizaban su influencia.[10]

Su conocido lema tanto monta no era solo una expresión de igualdad conyugal, sino la máxima de un gobierno que atendía a la razón de Estado por encima de los lazos personales. La religión católica fue para él, al mismo tiempo, una convicción y un recurso legitimador de la conquista y de la unidad política.

5. Palmarés y récords[editar]

Los títulos y dominios acumulados por Fernando a lo largo de su reinado constituyen la unión dinástica más vasta de la Europa de su tiempo.

  • Rey de Aragón (como Fernando II), desde 1479 hasta 1516.
  • Rey de Valencia (Fernando II), 1479-1516.
  • Rey de Mallorca, 1479-1516.
  • Rey de Cerdeña, 1479-1516.
  • Rey de Sicilia (Fernando II), desde 1468 (efectivo en 1479) hasta 1516.
  • Rey consorte de Castilla y León (Fernando V), 1474-1504; y regente hasta 1516.
  • Rey de Nápoles (Fernando III), desde 1504 hasta 1516.
  • Rey de Navarra (Fernando I), desde 1512 hasta 1516.
  • Rey de Granada (título incorporado desde 1492).
  • Señor de Vizcaya y de Molina.
  • Conde de Barcelona y soberano de los condados catalanes.
  • Duque de Atenas y Neopatria (títulos históricos de la Corona de Aragón en Grecia).

Además, fue el primer monarca europeo en gobernar territorios en cuatro continentes (Europa, África, América y, nominalmente, las posesiones asiáticas de las rutas portuguesas en las que Castilla retenía derechos hasta la línea de Tordesillas). Bajo su reinado, la monarquía hispánica se convirtió en la mayor potencia mundial, con una extensión territorial que superaba los dos millones de kilómetros cuadrados sumando sus reinos europeos y las nuevas posesiones americanas.

Los ejércitos que comandó, o que combatieron en su nombre, obtuvieron victorias decisivas en Toro (1476), Alhama (1482), Malaca (1487), Granada (1492), Ceriñola (1503) y Pamplona (1512), entre otras muchas plazas. Su capacidad para reorganizar la administración de los territorios conquistados sin provocar revueltas generalizadas fue uno de los rasgos admirados por los tratadistas políticos del siglo XVI.

6. Vida pública y legado[editar]

6.1. El título de “Católico”[editar]

El 2 de diciembre de 1496, el papa Alejandro VI concedió a Fernando y a Isabel el título de Reyes Católicos, por la bula Si convenit. Este reconocimiento pontificio recompensaba la culminación de la Reconquista, el sostenimiento de la guerra contra el islam en el norte de África y la defensa de la ortodoxia, aunque también era un gesto político hacia la Corona que en aquellos años le ofrecía apoyo en las guerras italianas.[11]

6.2. Legado político y cultural[editar]

La obra de Fernando es inseparable de la de Isabel, pero su responsabilidad en la vertiente mediterránea e italiana fue exclusiva. La creación de un ejército profesional en torno al Gran Capitán, la racionalización de la Hacienda en sus dominios y la utilización del matrimonio como herramienta diplomática (casó a sus hijas con las principales casas reinantes de Europa: Portugal, Inglaterra, la Casa de Habsburgo y dos veces con la propia Portugal) configuraron un entramado internacional que favoreció el posterior reinado de Carlos V.

En el plano cultural, Fernando no fue un mecenas comparable a algunos príncipes italianos, pero bajo su protección se imprimieron las primeras gramáticas del castellano y se protegieron las universidades. Su testamento incluyó una partida para la construcción de hospitales en Granada y en otras ciudades de Castilla.

6.3. Legado controvertido[editar]

El legado de Fernando el Católico sigue siendo materia de intensos debates. La Inquisición, si bien fue una institución medieval anterior, adquirió con él una dimensión estatal que se prolongaría hasta el siglo XIX. La expulsión de los judíos y la conversión forzosa de los musulmanes representan para parte de la historiografía un acto fundacional de intolerancia, mientras que otros lo contextualizan dentro de la obsesión unificadora de las monarquías europeas en la época de transición hacia el Antiguo Régimen. Lo cierto es que estos procesos alteraron profundamente la demografía y la economía de los territorios.

7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

7.1. En la memoria de España y América Latina[editar]

La imagen de Fernando el Católico fue difundida desde temprano en los virreinatos americanos. Los retratos oficiales, las monedas y los documentos jurídicos llevaban la efigie del rey o las armas de los Reyes Católicos. Los conquistadores que fundaron las primeras ciudades en el continente lo hicieron en nombre de “don Fernando y doña Juana” (primero) y luego de “don Carlos”. En el Valle de México, en el Cuzco y en las calles de Santo Domingo, las primeras inscripciones reales rememoran el tiempo de Fernando.

En el arte público contemporáneo, la pareja real aparece en numerosos monumentos. Uno de los más conocidos en América Latina es la estatua de los Reyes Católicos ubicada en la plaza homónima de Santiago de Chile. En Buenos Aires, el monumento a Colón originalmente erigido detrás de la Casa Rosada representaba en sus relieves la escena de la presentación del navegante ante los Reyes, pero la pieza fue desmontada en 2014 y desde entonces permanece almacenada en desuso[sin verificar].

7.2. En la televisión y el cine[editar]

La serie histórica Isabel, producida por RTVE entre 2012 y 2014, otorgó a Fernando una popularidad renovada en España y en numerosos países de América Latina, donde se distribuyó mediante canales de pago y plataformas digitales. La interpretación del personaje recayó en el actor Rodolfo Sancho, cuya caracterización fue elogiada por reflejar tanto la astucia política del monarca como su compleja vida conyugal. Más recientemente, el cine español ha explorado la vida del Gran Capitán y la corte de los Reyes Católicos en documentales y telefilmes, algunos de ellos emitidos en canales latinos de Estados Unidos y en las señales culturales de la región.

7.3. En la literatura y la investigación[editar]

Los cronistas de Indias, desde Gonzalo Fernández de Oviedo hasta Antonio de Herrera, dedicaron a Fernando páginas que cimentaron la imagen del rey como "fundador" del imperio ultramarino. En la literatura de ficción, novelistas españoles e hispanoamericanos han llevado al rey al relato histórico. En 1992, con motivo del quinto centenario del Descubrimiento, se produjo un notable repunte de publicaciones en toda Iberoamérica, incluyendo congresos académicos que revisaron el papel del monarca aragonés en la conquista del Caribe y en la organización de las primeras encomiendas.

7.4. Museos y archivos[editar]

La Capilla Real de Granada, donde reposan los restos de Fernando junto a los de Isabel, es uno de los destinos patrimoniales más visitados por los turistas hispanohablantes que viajan a Europa. El Archivo General de Indias, fundado en 1785 pero que conserva la documentación original de la Casa de Contratación desde 1503, permite seguir la huella directa del rey: las cartas, instrucciones y consultas enviadas por los oficiales de Indias van a menudo dirigidas “al Rey Nuestro Señor”. En Latinoamérica, archivos como el de la Nación Argentina, el de la Nación de México o el de Indias en Cuba atesoran traslados de disposiciones fernandinas.

8. Semblanza final[editar]

Fernando el Católico encarnó, como pocos dirigentes de su siglo, la transición del mundo medieval al moderno. A caballo entre el Mediterráneo y el Atlántico, entre el ideal de cruzada y la razón de Estado, su legado pervive en la lengua común de veinte naciones y en el debate sobre los costos de aquella primera globalización. Quien visite hoy la Capilla Real verá la losa de mármol bajo la que yace el monarca en Granada. Esa losa, rodeada de los escudos de sus reinos, resume por sí misma el alcance de un proyecto político que no nació de la imposición de un centro sobre las periferias, sino de la suma de coronas bajo un solo rey.


  1. Carlos de Viana falleció pocos días después de ser liberado de su encarcelamiento. Los rumores de envenenamiento nunca se probaron, pero la nobleza catalana culpó a Juan II y a Juana Enríquez, lo que alimentó la guerra civil catalana (1462-1472). ↩︎

  2. La capitulación se firmó el 16 de octubre de 1472 y Fernando entró en la ciudad pocos días después. La paz fue un primer ejemplo de su política de reconciliación que luego aplicaría en otros territorios. ↩︎

  3. La boda tenía un impedimento canónico por el parentesco de los contrayentes, por lo que se presentó una bula papal. Posteriormente se supo que el documento era una falsificación, lo que generó tensiones con Roma hasta que el papa Sixto IV emitió una dispensa auténtica en 1471. ↩︎

  4. La batalla de Toro ha sido objeto de debate historiográfico. Mientras la historiografía castellana la presenta como una victoria decisiva, fuentes portuguesas argumentan que el combate resultó indeciso porque una parte del ejército luso se retiró en orden. En cualquier caso, la consecuencia política fue el aislamiento de Juana y el retorno de Alfonso V a Portugal. ↩︎

  5. Las primeras capitulaciones, firmadas en noviembre de 1491 por Gonzalo Fernández de Córdoba a nombre de los Reyes, incluían respeto a la fe islámica y a las propiedades. La conversión forzosa se generalizó tras la rebelión mudéjar de 1499-1501, lo que generó un clima de tensión permanente. ↩︎

  6. Aunque en principio el objetivo eran los falsos conversos (cripto-judaizantes), la Inquisición adquirió competencias sobre delitos de blasfemia, brujería y moral, y su financiación dependía en parte de los bienes confiscados, lo que generó incentivos para su expansión. ↩︎

  7. Se calcula que entre cuarenta mil y ochenta mil judíos salieron de Castilla y Aragón, mientras que alrededor de cincuenta mil optaron por la conversión.[sin verificar] ↩︎

  8. La mayor parte del capital fue adelantada por Luis de Santángel, escribano de ración y financiero de Fernando, y no por la reina empeñando sus joyas, como sostiene la leyenda popular. ↩︎

  9. La muerte del príncipe Juan en 1497, del heredero Miguel de Portugal en 1500 y del último hijo con Germana frustraron todas las tentativas de Fernando de conservar los reinos separados de la casa de Habsburgo. El tratado de Blois de 1505 con Francia preveía que un posible hijo con Germana heredara Nápoles, pero la ausencia de descendencia masculina hizo que la Corona de Aragón recayera finalmente en Juana y, por tanto, en su hijo Carlos de Gante. ↩︎

  10. Las embajadas permanentes datan del reinado de Juan II y fueron potenciadas por Fernando, especialmente en Roma desde la década de 1490.[sin verificar] ↩︎

  11. El título era hereditario y pasó a todos los monarcas españoles posteriores. ↩︎