Cine de Paraguay
| Cine de Paraguay | |
|---|---|
| Datos generales | |
| País | Paraguay |
| Capital cinematográfica | |
| N.º de salas | aprox. 70 (2025) |
| Producción anual | entre 4 y 8 largometrajes (promedio 2015‑2025) |
| Película más taquillera | 7 cajas (2012) |
| Principal premio internacional | Oso de Plata – Berlinale (Las herederas, 2018) |
1. Resumen[editar]
El cine de Paraguay es la expresión cinematográfica nacional de uno de los países con menor tradición industrial en el ámbito audiovisual de América del Sur. A lo largo del siglo XX, la producción fílmica fue esporádica y condicionada por la inestabilidad política, la dictadura de Alfredo Stroessner (1954‑1989) y la falta de una infraestructura estable de producción y distribución. Sin embargo, desde el inicio del siglo XXI, y en especial a partir de la década de 2010, el cine paraguayo ha vivido un proceso de revitalización que ha colocado a varias de sus obras en el mapa de festivales internacionales y ha generado un circuito de exhibición y formación local antes inexistente.
El país cuenta hoy con una ley de cine, un fondo de fomento estatal y un número creciente de cineastas formados tanto en el extranjero como en las nuevas escuelas locales. La cinematografía paraguaya se caracteriza por una fuerte impronta de realismo social, la exploración de la memoria histórica y la vida en los márgenes urbanos y rurales, y el uso frecuente del guaraní y del jopará como lenguas de expresión.
2. Historia[editar]
2.1. Primeros años y cine mudo[editar]
Las primeras proyecciones cinematográficas llegaron a Paraguay poco después del cambio de siglo. Se tiene registro de exhibiciones itinerantes en Asunción hacia 1900, a cargo de empresarios extranjeros que recorrían el Cono Sur con proyectores portátiles. Durante las dos primeras décadas del siglo XX, las salas de cine comenzaron a instalarse de manera permanente en la capital: el Cine Victoria (posteriormente Teatro Victoria) y el Cine Mundial figuraron entre los primeros espacios dedicados exclusivamente a la exhibición.
La producción local de imágenes en movimiento se limitó por muchos años a noticiarios y documentales institucionales. Una de las primeras obras filmadas en territorio paraguayo fue el documental alemán En el infierno del Chaco (1932), rodado por el director Roque Funes (fotógrafo argentino) durante la Guerra del Chaco, aunque su perspectiva respondía a intereses extranjeros[1]. El primer largometraje de ficción realizado íntegramente por un equipo paraguayo tardaría aún varias décadas en aparecer.
2.2. La era del cine sonoro y la dictadura de Stroessner[editar]
La dictadura de Alfredo Stroessner (1954‑1989) impuso un férreo control sobre los medios de comunicación y la cultura. El régimen utilizó el cine casi exclusivamente como herramienta de propaganda, produciendo cortometrajes y documentales que exaltaban la figura del dictador y las obras de su gobierno. La producción cinematográfica privada fue prácticamente inexistente durante la mayor parte de ese período, debido a la censura, la falta de financiamiento y la ausencia de una industria que sostuviera una producción continua.
No obstante, en este contexto adverso surgieron algunos hitos aislados. Se suele citar La sangre y la semilla (1959), dirigida por Alberto Du Bois, como el primer largometraje de ficción sonoro producido en Paraguay, aunque con limitaciones técnicas muy marcadas. La película, ambientada en la Guerra del Chaco, combinaba drama histórico con un elenco mayoritariamente amateur.
Años más tarde, en la década de 1970, el realizador Guillermo Vera filmó Cerro Corá (1978), un ambicioso drama épico sobre la Guerra de la Triple Alianza que contó con apoyo estatal y se convirtió en la superproducción más cara de la historia del país hasta ese momento. La cinta, estrenada en pleno auge del stronismo, fue interpretada por algunos sectores como una metáfora de la resistencia nacional, pero su lenguaje no desafiaba directamente al régimen.
Durante los años ochenta, la llegada del video doméstico y el cierre de muchas salas tradicionales agravaron la crisis del circuito de exhibición. El cine paraguayo prácticamente desapareció de las carteleras, y la producción se redujo a esporádicas obras de carácter independiente, muchas veces sin estreno comercial.
2.3. Resurgimiento contemporáneo (1990‑presente)[editar]
La caída de la dictadura en 1989 abrió un lento proceso de democratización cultural. En los años noventa surgieron los primeros cineclubes, festivales universitarios y talleres de formación audiovisual. La creación de la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad Nacional de Asunción (1997[sin verificar]) y, posteriormente, de otras escuelas privadas, permitió la aparición de una nueva generación de cineastas.
El verdadero punto de inflexión se produjo en la década de 2010, cuando una combinación de factores —fondos públicos, coproducciones internacionales y la democratización del equipo digital— permitió la emergencia de un cine paraguayo con vocación de festival y con alcance comercial. La película 7 cajas (2012), dirigida por Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, se convirtió en un fenómeno de taquilla nacional[2] y fue seleccionada en el Festival de San Sebastián, donde obtuvo el premio del público. El largometraje, un thriller ambientado en el Mercado 4 de Asunción, demostró que una producción local podía competir con los estrenos extranjeros en las salas paraguayas y, al mismo tiempo, interesar a audiencias internacionales.
A este éxito le siguieron otras películas que consolidaron la visibilidad internacional del cine paraguayo:
- Hamaca paraguaya (2006), de Paz Encina, había abierto camino al ser seleccionada en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, donde ganó el premio FIPRESCI. Narrada casi íntegramente en guaraní, la cinta retrata la espera de una pareja de ancianos por el regreso de su hijo de la guerra.
- Las herederas (2018), dirigida por Marcelo Martinessi, se estrenó en la competencia oficial de la Berlinale y recibió el Oso de Plata a la mejor actriz (Ana Brun) y el Premio Alfred Bauer. La película, un drama íntimo sobre una mujer de clase alta venida a menos, fue aclamada por la crítica internacional y se distribuyó en numerosos países.
- La Chiperita (2015), también de Maneglia y Schémbori, reafirmó el potencial comercial del cine local con una comedia romántica ambientada en el mundo de la producción de chipas.
Otros títulos destacados de este período incluyen Libertad (2017) de Gustavo Delgado, Cuchillo de palo (2010) de Renate Costa, El tiempo nublado (2014) de Arami Ullón y Las flores de la guerra (2022), entre otras. La mayoría de estas obras se han beneficiado de fondos internacionales como Ibermedia, el Programa Iberarchivos y apoyos de la Unión Europea, y han contado con participación de casas productoras de
Argentina,
Brasil, Francia o Alemania.
En 2023 se inauguró el primer gran complejo de estudios cinematográficos del país, Paraguay Film Studios[sin verificar], con el objetivo de atraer producciones internacionales y fortalecer la infraestructura local. Paralelamente, el Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo (INAP), creado mediante la Ley N° 6.106 «De Fomento al Audiovisual», promulgada el 5 de julio de 2018, administra el Fondo de Fomento al Audiovisual, que financia anualmente proyectos de largometraje, cortometraje y series.
3. Características y temáticas[editar]
El cine paraguayo contemporáneo se distingue por una serie de rasgos temáticos y estilísticos que reflejan tanto la realidad social del país como las inquietudes de sus creadores:
- Realismo social y marginalidad urbana: Muchas películas, entre ellas 7 cajas y La Chiperita, retratan la vida en los mercados populares, las villas y los suburbios de Asunción. La cámara se acerca a personajes que sobreviven en la informalidad económica, abordando temas como la desigualdad, la corrupción cotidiana y la solidaridad comunitaria.
- Memoria histórica y trauma: La Guerra del Chaco (1932‑1935) y la dictadura de Stroessner son dos heridas recurrentes en la narrativa audiovisual. Documentales como Cuchillo de palo —sobre la persecución a homosexuales durante el stronismo— y ficciones como Las herederas exploran las secuelas del autoritarismo y el silencio impuesto durante décadas.
- Presencia del guaraní y del bilingüismo: El guaraní, lengua oficial de Paraguay junto con el español, aparece con fuerza en el cine contemporáneo. Hamaca paraguaya fue rodada casi por completo en guaraní; otras producciones alternan fluidamente el español y el guaraní, reflejando el jopará (mezcla de ambas lenguas) propio del habla cotidiana.
- Relación campo‑ciudad: La tensión entre el mundo rural, asociado a la tradición y al aislamiento, y la vida urbana, vinculada a la modernidad precaria, atraviesa buena parte de la producción reciente. El paisaje del interior —el monte, el río, el calor agobiante— tiene un papel casi protagónico en filmes como Hamaca paraguaya y ciertos cortometrajes.
- Cine de autor con sello propio: A diferencia de otras cinematografías latinoamericanas que han apostado por géneros comerciales, el cine paraguayo se ha consolidado principalmente a través de obras de autor que transitan por los festivales internacionales. La narrativa pausada, los planos largos y la observación minuciosa de los gestos cotidianos caracterizan a directores como Martinessi, Encina o Ullón.
4. Festivales y premios[editar]
4.1. Festivales nacionales[editar]
- Festival Internacional de Cine de Paraguay (FICPAR): Fundado en 1990, es el certamen cinematográfico más antiguo del país. Se celebra anualmente en Asunción y combina una muestra competitiva de largometrajes y cortometrajes nacionales con una selección de cine internacional.
- Festival de Cine del Mercosur (FEM): Creado en 2005[sin verificar], se enfoca en la producción de los países del bloque y ha tenido varias sedes, incluyendo Asunción y Encarnación.
- Muestra de Cine Independiente Paraguayo: Organizada por la asociación de cineastas Paraguay Cine, esta muestra itinerante recorre ciudades del interior del país con el objetivo de descentralizar la exhibición.
4.2. Participación y premios internacionales[editar]
El cine paraguayo ha conseguido una presencia notable en los festivales de clase A en las últimas dos décadas. Los hitos más relevantes incluyen:
- Hamaca paraguaya (2006): estreno en Cannes (Un Certain Regard) y Premio FIPRESCI de la crítica internacional.
- 7 cajas (2012): presentación en San Sebastián (sección Horizontes Latinos) y premio del público. También participó en el Festival de Cine Latinoamericano de Biarritz y en la Muestra de Cine de São Paulo.
- Las herederas (2018): Oso de Plata a la mejor actriz (Ana Brun) y Premio Alfred Bauer en la Berlinale. Posteriormente fue nominada a los premios Ariel en
México, a los premios Platino y a los premios Goya en la categoría de mejor película iberoamericana. - El tiempo nublado (2014): seleccionada en el Festival de Locarno y nominada al premio al mejor documental en los premios Platino.
- Cuchillo de palo (2010): estrenada en el Festival Internacional de Cine de Róterdam y proyectada en más de una veintena de festivales.
Además, cortometrajes como La ausencia (2015) y Boreal (2019) han obtenido premios en certámenes de la región.
5. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
El cine paraguayo ha circulado principalmente por los mercados y festivales iberoamericanos, encontrando un público reducido pero fiel en
España, Argentina, México y otros países de habla hispana. La distribución internacional sigue siendo uno de los mayores desafíos: pocas películas logran estrenarse comercialmente fuera del circuito de festivales.
En España, la llegada más contundente fue la de Las herederas, que se estrenó en salas en mayo de 2018[sin verificar] y fue nominada al Goya a la mejor película iberoamericana. 7 cajas también tuvo un tímido paso por cines españoles tras su éxito en San Sebastián.
En América Latina, las coproducciones con Argentina, Brasil y
Uruguay han facilitado la circulación de los filmes paraguayos en esos territorios. Hamaca paraguaya fue editada en DVD con subtítulos en varios idiomas, y La Chiperita se emitió en canales de televisión por cable de la región. Las plataformas de streaming —particularmente Netflix, Mubi y Filmin— han incorporado a sus catálogos algunas producciones recientes, aunque la oferta sigue siendo limitada.
La comunidad paraguaya en el exterior, especialmente en Buenos Aires, Madrid y Nueva York, constituye un público fundamental para las proyecciones especiales y los ciclos organizados por consulados y asociaciones culturales. No obstante, la barrera del idioma (el guaraní no cuenta con una infraestructura de subtitulado masivo) y la falta de una marca‑país cinematográfica fuerte dificultan la penetración en mercados no hispanohablantes.
6. Producción y distribución actual[editar]
A fecha de 2025, Paraguay produce un promedio de entre 4 y 8 largometrajes por año, una cifra modesta comparada con las potencias cinematográficas latinoamericanas como México o Argentina, pero sostenida y en crecimiento. Los fondos públicos, canalizados a través del INAP, financian alrededor del 60 % de los presupuestos de producción, mientras que el resto proviene de preventas internacionales, coproductores y ocasionalmente de inversión privada local.
La exhibición está dominada por las cadenas internacionales de multicines, como Cinemark y Movie, que operan en los principales centros comerciales de Asunción y Ciudad del Este. El cine nacional debe competir en desventaja por las pantallas frente a los estrenos de Hollywood, y generalmente solo consigue mantenerse en cartelera durante una o dos semanas, salvo casos excepcionales como los de Maneglia y Schémbori. Para contrarrestar esta situación, los realizadores han apostado por circuitos alternativos: funciones en centros culturales, universidades, cineclubes y, cada vez más, plataformas digitales propias.
El resultado es una comunidad de cineastas jóvenes, con dominio técnico y narrativo, que ya no necesita emigrar para realizar sus primeras obras, aunque las coproducciones sigan siendo casi obligatorias para asegurar el financiamiento.
El futuro del cine paraguayo depende en gran medida de la capacidad de consolidar una audiencia local fidelizada, de diversificar los géneros hacia propuestas más comerciales sin perder la identidad autoral, y de insertarse de manera permanente en las cadenas de valor del audiovisual internacional. Los recientes éxitos en festivales y la creciente visibilidad en plataformas de streaming sugieren que, pese a las limitaciones estructurales, el cine paraguayo atraviesa el mejor momento de su historia.
La Guerra del Chaco (1932‑1935) entre Paraguay y
Bolivia generó también un importante archivo de fotografías y metraje documental, en su mayoría producido por el ejército paraguayo y por corresponsales argentinos y europeos. Este material, disperso en varios archivos, constituye la memoria audiovisual más antigua del país. ↩︎7 cajas superó los 200 000 espectadores en el país, una cifra inédita para una producción nacional, y fue la película más vista en los cines paraguayos ese año, por encima de muchos tanques de Hollywood. ↩︎