Ir al contenido

Geografía de El Salvador

✏️ Editar🕓 Historial🔗 Enlaces
Geografía de El Salvador · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
PaísesGuatemala · Honduras · México · Costa Rica · España
CiudadesUsulután · San Miguel (El Salvador)
Geografía de El Salvador
PaísEl Salvador
CapitalSan Salvador
Superficie total21 040 km²
Superficie terrestre20 720 km²
Longitud de costa307 km (océano Pacífico)
Punto más altoCerro El Pital, 2730 m s. n. m.
Río más extensoRío Lempa (422 km totales; unos 260 km en el país)
Lago principalLago de Ilopango (72 km²)
Lago compartidoLago de Güija (con Guatemala)
Coordenadas extremas13°09′–14°27′ N; 87°41′–90°08′ O
Fronteras terrestresGuatemala (~203 km) y Honduras (~342 km)
Zona económica exclusiva~90 000 km² (estimada)
Clima predominanteTropical de sabana (Aw/Am en clasificación de Köppen), templado por altitud en zonas altas
Riesgo natural principalTerremotos, erupciones volcánicas, huracanes, deslizamientos

1. Resumen[editar]

El Salvador es el país más pequeño de América Central continental y el único de la región que carece de costa sobre el mar Caribe, pues su litoral se extiende únicamente a lo largo del océano Pacífico. Con una superficie de 21 040 km² —que lo sitúa entre los Estados americanos de menor extensión—, el territorio salvadoreño alberga una notable diversidad fisiográfica concentrada en un espacio reducido: cadenas volcánicas activas, altiplanicies frescas, valles intermontanos densamente poblados, una estrecha planicie costera y un sistema hidrográfico articulado en torno al río Lempa, el eje fluvial compartido con Guatemala y Honduras. El país se asienta sobre la Placa del Caribe, en una zona de subducción donde la Placa de Cocos se hunde bajo la placa continental, lo que explica la intensa actividad sísmica y volcánica que le ha valido el apodo tradicional de «Valle de las Hamacas».[1]

La geografía salvadoreña ha condicionado profundamente el poblamiento y la economía del país. Los suelos de origen volcánico —jóvenes y fértiles— sustentaron desde la época precolombina una agricultura intensiva y favorecieron densidades de población elevadas en las tierras altas centrales, donde hoy se concentran las principales ciudades, incluida la capital, San Salvador. La escasez de tierras planas, sumada a una historia de deforestación y presión demográfica, ha generado un paisaje profundamente humanizado en el que los ecosistemas originales subsisten de forma fragmentaria, principalmente en áreas protegidas.

Administrativamente, el país se organiza en catorce departamentos que, para efectos de descripción geográfica, suelen agruparse en cuatro grandes regiones: la región occidental (departamentos de Santa Ana, Ahuachapán y Sonsonate), la región central (La Libertad, San Salvador, Chalatenango, Cuscatlán, La Paz, Cabañas y San Vicente), la región oriental (Usulután, San Miguel, Morazán y La Unión) y la región paracentral, que a veces se funde con las dos anteriores. Cada una de ellas presenta combinaciones particulares de relieve, clima y vegetación, aunque con patrones comunes derivados de la disposición general del relieve.

2. Ubicación y límites territoriales[editar]

El Salvador ocupa el extremo noroccidental del istmo centroamericano, entre los 13°09′ y 14°27′ de latitud norte y los 87°41′ y 90°08′ de longitud oeste. Limita al oeste con Guatemala (frontera de aproximadamente 203 km) y al norte y este con Honduras (unos 342 km). Al sur, el océano Pacífico baña sus costas a lo largo de 307 km, desde la desembocadura del río Paz —que en su tramo final sirve de frontera natural con Guatemala— hasta el golfo de Fonseca, compartido con Honduras y Nicaragua. Aunque El Salvador tiene presencia en el golfo de Fonseca, su fachada marítima principal se abre al Pacífico abierto mediante una costa generalmente rectilínea, interrumpida por algunos salientes rocosos y esteros.

La posición geográfica de El Salvador lo sitúa en el cinturón de convergencia intertropical, lo que determina un régimen climático con una estación lluviosa bien definida y otra seca, modulado por la altitud. La ausencia de litoral caribeño lo priva de la influencia directa de los vientos alisios húmedos que caracterizan a sus vecinos septentrionales, y hace que todo su territorio drene hacia la vertiente del Pacífico, a excepción de pequeñas cuencas endorreicas en el altiplano.[2]

3. Relieve y regiones fisiográficas[editar]

El relieve salvadoreño puede dividirse en tres grandes unidades fisiográficas que se suceden de sur a norte: la planicie costera, las tierras altas centrales —que incluyen la cadena volcánica y las mesetas interiores— y la depresión septentrional o cuenca alta del Lempa. Esta disposición general, sin embargo, se complica por la presencia de estructuras volcánicas aisladas, fosas tectónicas y valles intramontanos.

3.1 La planicie costera[editar]

La franja litoral del Pacífico está constituida por una llanura aluvial estrecha, cuyo ancho rara vez supera los 30 km y en varios sectores se reduce a menos de 10 km. Está formada por materiales sedimentarios aportados por los ríos que descienden de la cordillera central —arenas, limos y arcillas— combinados con depósitos marinos. La costa se caracteriza por playas de arena oscura —de origen volcánico—, barras litorales, lagunas costeras y, en los tramos de mayor desarrollo aluvial, terrazas bajas dedicadas a la agricultura comercial (caña de azúcar, algodón en el pasado reciente, y pastizales para ganadería).

En la planicie destacan dos grandes complejos de humedales: la Bahía de Jiquilisco y el estero de Jaltepeque, ambos protegidos como sitios Ramsar y reservas de la biosfera. La Bahía de Jiquilisco, en el departamento de Usulután, constituye el mayor estuario del país y alberga uno de los bosques de manglar más extensos de la costa pacífica centroamericana. El estero de Jaltepeque, más modesto en dimensiones, desempeña una función semejante en el litoral del departamento de La Paz.

3.2 Las tierras altas y el sistema montañoso central[editar]

El rasgo morfológico dominante del interior salvadoreño es la cordillera volcánica que recorre el país de oeste a este, formando parte del Arco Volcánico Centroamericano. Esta alineación incluye más de 20 volcanes, varios de ellos activos. Entre los más destacados figuran:

  • Volcán de Santa Ana (o Ilamatepec): con 2381 m s. n. m., es el volcán más alto del país y uno de los más activos. Su última erupción significativa ocurrió en octubre de 2005.[3]
  • Volcán de San Salvador (o Quezaltepec): se alza inmediatamente al oeste de la capital. Su cráter principal, el Boquerón, es un destino turístico accesible. La última erupción data de 1917.
  • Volcán de San Miguel (o Chaparrastique): al oriente del país, 2130 m, uno de los más activos de la región, con actividad eruptiva frecuente. Su erupción más reciente de magnitud ocurrió en 2013.
  • Volcán de Izalco: célebre por haber estado en erupción casi continua desde principios del siglo XIX hasta mediados de la década de 1950, lo que le valió el apodo de «Faro del Pacífico» porque sus emisiones de lava eran visibles desde los barcos que navegaban frente a la costa.
  • Volcán de San Vicente (o Chichontepec): es un estratovolcán doble situado en el centro del país, cuya última erupción se remonta a un período prehistórico indeterminado.
  • Complejo volcánico de Coatepeque: su caldera alberga el lago del mismo nombre, uno de los más pintorescos del país.

Al norte de la cordillera volcánica, el relieve desciende gradualmente hacia una serie de mesetas y valles intermontanos que constituyen la depresión central del país, drenada en gran parte por el río Lempa. Estas tierras, de altitudes medias entre 400 y 800 metros, concentran la mayor parte de la actividad agrícola y de los asentamientos urbanos, incluidas ciudades como San Salvador, Santa Ana y San Miguel.

3.3 La región montañosa septentrional[editar]

La franja fronteriza con Honduras está dominada por sierras de origen tectónico —no volcánico— que corresponden a las estribaciones meridionales de la Cordillera Centroamericana. Estas montañas alcanzan su máxima altitud en el cerro El Pital, situado en el departamento de Chalatenango, en la frontera misma con Honduras. Con sus 2730 m s. n. m., es el punto culminante del territorio salvadoreño. La zona presenta un relieve quebrado, con pendientes pronunciadas y valles encajonados, y alberga reductos de bosque nuboso y bosque de pino-encino.

Esta región montañosa septentrional, menos poblada y peor comunicada que las tierras centrales, fue escenario de importantes episodios durante el conflicto armado de la década de 1980 y conserva hoy un carácter rural muy marcado.

4. Hidrografía[editar]

La red hidrográfica de El Salvador pertenece casi en su totalidad a la vertiente del Pacífico, dividida en 10 regiones hidrográficas principales. La columna vertebral del sistema es el río Lempa, que con sus 422 km de recorrido total —de los cuales aproximadamente 260 km discurren dentro del país— drena alrededor de la mitad de la superficie nacional.

4.1 La cuenca del río Lempa[editar]

El Lempa nace en las tierras altas de Guatemala, atraviesa el norte de El Salvador y penetra en Honduras antes de regresar a territorio salvadoreño para desembocar en el Pacífico, en el departamento de San Vicente. Su importancia trasciende lo puramente hidrológico: sus aguas alimentan varias centrales hidroeléctricas que generan una proporción sustancial de la electricidad consumida en el país —destacando las represas del Cerrón Grande, 5 de Noviembre y 15 de Septiembre— y riegan cultivos de subsistencia y comerciales en sus márgenes.[4]

Los afluentes principales del Lempa en suelo salvadoreño incluyen los ríos Acelhuate, Sucio, Torola y Sumpul. El río Acelhuate atraviesa el área metropolitana de San Salvador y experimenta graves problemas de contaminación por vertidos urbanos e industriales.

4.2 Ríos de la vertiente pacífica[editar]

Además del Lempa, otros ríos importantes desembocan directamente en el océano Pacífico. Entre ellos sobresalen:

  • Río Paz: marca la frontera occidental con Guatemala y desemboca en el Pacífico después de un recorrido de aproximadamente 134 km.
  • Río Grande de San Miguel: con unos 90 km, es el principal curso fluvial del oriente del país.
  • Río Jiboa: desciende desde el centro del país y riega zonas agrícolas de los departamentos de San Vicente y La Paz. Su longitud estimada es de unos 60 km.
  • Río Goascorán: sirve de frontera natural con Honduras en el extremo oriental, cerca del Golfo de Fonseca.

Estos ríos, a diferencia del Lempa, tienen cuencas más pequeñas y regímenes marcadamente pluviales, con crecidas repentinas durante la estación lluviosa que pueden provocar inundaciones en las zonas bajas.

4.3 Lagos y lagunas[editar]

El Salvador alberga varios lagos notables, la mayoría de origen volcánico o tectónico:

  • Lago de Coatepeque: de origen volcánico, se encuentra en la caldera del mismo nombre. Tiene una extensión aproximada de 26 km² y sus aguas presentan ocasionalmente un fenómeno de coloración turquesa por proliferación de microalgas.
  • Laguna de Alegría (o de Tecapa): en el cráter del volcán Tecapa, en el departamento de Usulután, es conocida por sus aguas sulfurosas de un característico color verde esmeralda.
  • Laguna de Olomega: en el oriente, uno de los humedales más importantes de la región, protegido como sitio Ramsar.

5. Clima y regiones climáticas[editar]

El Salvador se halla en la zona climática tropical, con temperaturas que varían fundamentalmente en función de la altitud.

El país está expuesto a la influencia indirecta de los huracanes del Atlántico y directamente a las tormentas tropicales del Pacífico oriental, que pueden provocar lluvias torrenciales, inundaciones y deslizamientos de tierra. Episodios como el huracán Mitch (1998) —que aunque no tocó tierra salvadoreña generó lluvias catastróficas— y la tormenta tropical Stan (2005) son recordados por su impacto devastador sobre la infraestructura y la población.[5]

6. Regiones naturales y ecosistemas[editar]

A pesar de su reducido tamaño, El Salvador alberga una variedad de ecosistemas que van desde bosques tropicales secos hasta bosques nubosos de altura. La clasificación biogeográfica tradicional distingue las siguientes formaciones principales:

  • Bosque tropical seco (o bosque caducifolio): ocupaba originalmente la mayor parte de la depresión central y la planicie costera en altitudes bajas. Hoy está reducido a fragmentos, y en muchos lugares ha sido sustituido por pastizales y cultivos. Durante la estación seca, la vegetación pierde el follaje, dando al paisaje un aspecto árido.
  • Bosque tropical húmedo y muy húmedo: se localiza en las laderas montañosas orientadas al sur y en el extremo oriental, donde las precipitaciones son más abundantes. Predominan especies perennifolias de hoja ancha.
  • Bosque nuboso: aparece en las zonas más elevadas de la cordillera septentrional, en particular en el cerro El Pital y áreas aledañas de Chalatenango y Morazán. La frecuente neblina y la alta humedad relativa permiten el desarrollo de una vegetación exuberante rica en epífitas (bromelias, orquídeas, musgos).
  • Bosque de pino-encino: en las montañas del norte, sobre suelos más pobres y en áreas con influencia de clima templado, aparecen bosques mixtos de pino (varias especies de Pinus) y roble (Quercus).
  • Manglares: los bosques de mangle bordean los esteros y bahías del litoral pacífico, particularmente en la Bahía de Jiquilisco, el estero de Jaltepeque y la Barra de Santiago. Están dominados por especies de Rhizophora (mangle rojo), Avicennia (mangle negro) y Laguncularia (mangle blanco). Estos ecosistemas sirven como criaderos de numerosas especies marinas y como barrera natural contra inundaciones costeras.
  • Vegetación de playa y dunas: una franja estrecha de vegetación herbácea y arbustiva adaptada a la salinidad y a la movilidad del sustrato.

El jaguar (Panthera onca) y el puma (Puma concolor) subsisten en áreas muy restringidas de la región montañosa septentrional.

7. Geología y recursos naturales[editar]

7.1 Marco tectónico y evolución geológica[editar]

El Salvador se localiza en el borde occidental de la Placa del Caribe, en la zona de subducción donde la Placa de Cocos se introduce bajo la placa continental. Este proceso genera la fusión parcial del manto y alimenta el vulcanismo activo del Arco Volcánico Centroamericano.

La historia geológica puede resumirse en varias fases:

  • Oligoceno–Mioceno: episodio de intensa actividad volcánica que depositó potentes series de piroclastos, lavas y sedimentos asociados.
  • Plioceno–Holoceno: desarrollo del arco volcánico actual y formación de las calderas de Ilopango y Coatepeque. La actividad sísmica y volcánica continúa en la actualidad, con erupciones históricas de varios volcanes y terremotos destructivos.

7.2 Recursos naturales[editar]

Los recursos minerales del país son modestos. Existen asimismo depósitos de materiales de construcción (piedra caliza, arena, grava) y de minerales no metálicos.

El recurso natural más valioso del país, junto con el agua, es el suelo. Los suelos de origen volcánico —andosoles y regosoles—, aunque erosionables, poseen alta fertilidad natural y han sustentado la agricultura durante siglos. Sin embargo, la deforestación, la agricultura intensiva sin prácticas de conservación y la urbanización acelerada han reducido la superficie de suelos agrícolas de calidad y agravado la erosión en las laderas.

8. Riesgos naturales y amenazas ambientales[editar]

La geografía salvadoreña sitúa al país en una posición de elevada vulnerabilidad frente a múltiples amenazas naturales, muchas de ellas interrelacionadas.

8.1 Amenazas geológicas[editar]

  • Erupciones volcánicas: varios volcanes presentan actividad eruptiva intermitente, con emisiones de ceniza, flujos piroclásticos y coladas de lava. Los volcanes de San Miguel, Santa Ana e Izalco son los más activos, pero otros sistemas como la caldera de Ilopango representan un riesgo potencial de magnitud catastrófica en caso de una erupción mayor.
  • Deslizamientos: las fuertes pendientes de gran parte del territorio, combinadas con suelos poco consolidados y lluvias torrenciales, hacen que los deslizamientos de tierra (derrumbes) sean un fenómeno recurrente en la estación lluviosa, especialmente en áreas deforestadas o con asentamientos precarios en laderas.

8.2 Amenazas hidrometeorológicas[editar]

  • Huracanes y tormentas tropicales: aunque por su latitud El Salvador no recibe el impacto directo de huracanes con la misma frecuencia que los países caribeños, los sistemas que atraviesan el Caribe o el Pacífico oriental pueden generar precipitaciones excepcionales. Los efectos indirectos del huracán Mitch (1998) y las lluvias asociadas a la tormenta tropical Stan (2005) dejaron cientos de víctimas y pérdidas económicas equivalentes a varios puntos del producto interno bruto.
  • Inundaciones: las crecidas del río Lempa y de los ríos costeros afectan periódicamente a comunidades rurales y cultivos en las llanuras aluviales.
  • Sequías: la estación seca prolongada, agravada por episodios de El Niño, provoca déficits de precipitación que comprometen la seguridad alimentaria de las poblaciones rurales dependientes de la agricultura de subsistencia en el llamado «corredor seco» centroamericano —que en El Salvador abarca partes de los departamentos orientales y de La Libertad—.[6]

8.3 Presión humana y cambio climático[editar]

A las amenazas naturales se suma la presión antrópica. Este panorama amplifica los efectos de las amenazas naturales e incrementa la vulnerabilidad de la población ante eventos extremos.

El cambio climático proyecta para El Salvador un incremento de las temperaturas medias, una mayor irregularidad de las precipitaciones —con lluvias más intensas y sequías más prolongadas— y un posible aumento del nivel del mar que afectaría particularmente a los ecosistemas costeros de manglar y a las comunidades asentadas en la franja litoral.

9. Geografía humana y usos del suelo[editar]

La geografía física ha determinado en buena medida los patrones de asentamiento y los usos económicos del territorio salvadoreño. La población se concentra en las tierras altas centrales y los valles intermontanos, donde la altitud modera las temperaturas y los suelos volcánicos ofrecen buena productividad agrícola.

En cuanto al uso del suelo, las zonas urbanas y la infraestructura, aunque ocupan una fracción relativamente pequeña del territorio en términos absolutos, se expanden con rapidez y a menudo se producen a menudo sobre suelos agrícolas de primera calidad.

La economía salvadoreña dolarizada y orientada a los servicios ha desplazado en parte la presión sobre la tierra hacia otros sectores, pero la agricultura de subsistencia sigue siendo crucial para la seguridad alimentaria de los hogares rurales más pobres, lo que mantiene la tensión sobre los recursos naturales en las laderas y las zonas de frontera agrícola.

10. Áreas protegidas y conservación[editar]

Entre las áreas protegidas más emblemáticas figuran:

  • Parque Nacional El Imposible: en el departamento de Ahuachapán, protege uno de los fragmentos más extensos de bosque tropical húmedo del país, con una biodiversidad excepcional que incluye especies en peligro de extinción. Forma parte de la Reserva de la Biosfera Apaneca–Ilamatepec.
  • Parque Nacional Los Volcanes: abarca los volcanes de Santa Ana, Izalco y Cerro Verde, y constituye uno de los destinos turísticos más visitados del país.
  • Complejo Bahía de Jiquilisco: reserva de la biosfera y sitio Ramsar, protege el mayor sistema de manglares y estuarios del país.
  • Complejo Jaltepeque: otro sitio Ramsar que preserva manglares, humedales y playas de importancia para aves migratorias.

Las áreas protegidas enfrentan desafíos enormes: insuficiencia de presupuestos, presión de actividades agrícolas y ganaderas en sus zonas de amortiguamiento, extracción ilegal de madera y caza furtiva. No obstante, han logrado preservar los últimos reductos de ecosistemas que en el resto del territorio han sido prácticamente eliminados.

11. Presencia del tema en el mundo hispanohablante[editar]

La geografía de El Salvador ocupa un lugar peculiar en el imaginario centroamericano y, en general, en el mundo hispanohablante. El país es reconocido por la densidad de sus volcanes activos —a menudo se menciona en textos escolares de geografía de toda América Latina como ejemplo de paisaje volcánico joven— y por los dramas humanos asociados a los desastres naturales que periódicamente ocupan titulares de la prensa internacional.

En los países vecinos, particularmente Guatemala y Honduras, la cuenca compartida del río Lempa y la región del trifinio —donde convergen las tres naciones en el cerro Montecristo— son temas de estudio en las carreras de geografía e ingeniería ambiental, y han dado lugar a proyectos de cooperación transfronteriza promovidos por organismos como el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y la Organización de Estados Americanos (OEA).

En el mundo editorial hispanohablante, no abundan las monografías dedicadas exclusivamente a la geografía física de El Salvador. Sin embargo, la información se encuentra dispersa en obras generales sobre geografía de Centroamérica, en revistas especializadas (como Revista Geográfica del Instituto Panamericano de Geografía e Historia) y en publicaciones de instituciones locales como el Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET) —hoy fusionado en el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales— y la Universidad de El Salvador.

El turismo geocientífico, que atrae a aficionados a la vulcanología y a la observación de aves desde España, México y América del Sur, ha generado en años recientes una pequeña pero creciente demanda de guías y contenidos divulgativos en español centrados en los paisajes naturales salvadoreños.


  1. El sobrenombre alude al movimiento oscilatorio que los frecuentes sismos imprimen al suelo, comparable al balanceo de una hamaca. La expresión es de origen colonial y aparece ya en crónicas del siglo XVIII. ↩︎

  2. La divisoria continental atraviesa el país de oeste a este siguiendo aproximadamente la línea de cumbres volcánicas. Al norte de esta divisoria, las escorrentías fluyen hacia el río Lempa y de allí al Pacífico; al sur, los ríos descienden directamente hacia el litoral. ↩︎

  3. La erupción del volcán de Santa Ana en octubre de 2005 obligó a la evacuación de miles de personas y generó flujos de lodo y ceniza, aunque sin víctimas mortales directas gracias a la alerta temprana. ↩︎

  4. La cuenca del Lempa es compartida por Guatemala, Honduras y El Salvador, lo que ha generado disputas y acuerdos de gestión coordinada. La presa del Cerrón Grande creó uno de los embalses artificiales más extensos de Centroamérica. ↩︎

  5. La geografía salvadoreña, con cuencas cortas y pendientes elevadas, vuelve al país especialmente vulnerable a las crecidas súbitas (flash floods). Los suelos deforestados agravan el problema al reducir la capacidad de infiltración. ↩︎

  6. El corredor seco centroamericano es una franja de tierras bajas y medias, desde el sur de México hasta Costa Rica, que sufre sequías recurrentes intensificadas por la variabilidad climática. En El Salvador, las zonas más afectadas incluyen sectores de La Unión, San Miguel y Usulután. ↩︎