Immanuel Kant
| Immanuel Kant | |
| Nombre de nacimiento | Emanuel Kant |
|---|---|
| Nacimiento | 22 de abril de 1724 Königsberg, Reino de Prusia (hoy Kaliningrado, Rusia) |
| Fallecimiento | 12 de febrero de 1804 (79 años) Königsberg, Reino de Prusia |
| Nacionalidad | Prusiana |
| Residencia | Königsberg |
| Alma máter | Collegium Fridericianum Universidad de Königsberg |
| Áreas | Epistemología, metafísica, ética, lógica, estética, filosofía política |
| Obras principales | Crítica de la razón pura Fundamentación de la metafísica de las costumbres Crítica de la razón práctica Crítica del juicio Metafísica de las costumbres |
| Influenciado por | Isaac Newton, David Hume, Jean-Jacques Rousseau, Gottfried Leibniz, Christian Wolff |
| Influyó en | Johann Gottlieb Fichte, Friedrich Schelling, Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Arthur Schopenhauer |
| Conocido por | Imperativo categórico, idealismo trascendental, distinción analítico-sintético, criticismo |
| Religión | Pietismo |
| Padres | Johann Georg Kant Anna Regina Reuter |
1. Resumen[editar]
Immanuel Kant (Königsberg, 22 de abril de 1724 – Königsberg, 12 de febrero de 1804) fue un filósofo prusiano de la Ilustración. Considerado uno de los pensadores centrales de la filosofía moderna occidental, su obra sistemática abarcó la epistemología, la metafísica, la lógica, la ética, la estética, la filosofía política y la filosofía de la religión. Es reconocido, junto con Platón y Aristóteles, como una de las figuras fundamentales del canon filosófico de Occidente.
Kant fue el primer representante del criticismo y precursor del idealismo alemán. Su pensamiento se articula en torno a tres preguntas fundamentales: «¿qué puedo conocer?», «¿qué debo hacer?» y «¿qué puedo esperar?», que a su vez se resumen en una cuarta: «¿qué es el hombre?». A la primera responde principalmente en la Crítica de la razón pura (1781, segunda edición revisada en 1787), en la que investiga la estructura y los límites de la razón humana; a la segunda, en la Crítica de la razón práctica (1788) y en la Metafísica de las costumbres (1797), centradas en la ética y el derecho; y a la tercera, en la Crítica del juicio (1790), donde examina la estética y la teleología.
En el plano teórico, Kant propuso el idealismo trascendental: la doctrina según la cual el espacio y el tiempo no son propiedades de las cosas en sí mismas, sino formas de la intuición que estructuran toda experiencia posible. De este modo, solo conocemos «fenómenos» —los objetos tal como se nos aparecen— y no los «noúmenos», las cosas en sí. Este planteamiento, que Kant comparó con la revolución copernicana en astronomía, transformó el modo en que la filosofía entiende la relación entre la mente y el mundo.
En el terreno moral, Kant formuló el imperativo categórico, un principio de deber que, a diferencia de los imperativos hipotéticos, obliga a todo agente racional de modo incondicionado. Su propuesta ética, centrada en la autonomía de la voluntad, sigue siendo una referencia inevitable en los debates contemporáneos sobre la moral y el derecho. En política, defendió un republicanismo liberal según el cual el Estado debe garantizar las libertades de los ciudadanos, y proyectó una paz perpetua fundada en una federación de repúblicas y en la cooperación internacional.
Kant vivió toda su vida en Königsberg, capital de la Prusia Oriental, sin alejarse más de 150 kilómetros de su ciudad natal.[1] Durante buena parte de su vida mantuvo hábitos sociales y conversacionales activos, aunque con los años adoptó una rutina tan regular que, según una anécdota difundida por sus contemporáneos, los vecinos podían poner los relojes en hora con sus paseos diarios. Nunca se casó y no dejó descendencia conocida.
Su influencia se extendió de inmediato en la filosofía alemana. Fichte, Schelling y Hegel se consideraron continuadores —y también críticos— del sistema kantiano, dando lugar al idealismo alemán. Hoy su pensamiento es discutido tanto en la filosofía analítica como en la filosofía continental, y su obra figura de modo permanente en los programas universitarios de todo el mundo, incluida América Latina.
2. Primeros años y formación[editar]
Kant nació el 22 de abril de 1724 en Königsberg, entonces capital de la Prusia Oriental y desde 1946 la ciudad rusa de Kaliningrado. Fue bautizado como «Emanuel», pero modificó la grafía a «Immanuel» después de estudiar hebreo.[2] Fue el cuarto de nueve hijos del matrimonio formado por Johann Georg Kant y Anna Regina Reuter, aunque las fuentes discrepan sobre cuántos alcanzaron la vida adulta: las cifras varían entre cinco y seis.[3]
Su padre, Johann Georg Kant (1682-1746), era un artesano guarnicionero nacido en Memel, en aquel tiempo la ciudad más nororiental de Prusia (hoy Klaipėda, Lituania). Su madre, Anna Regina Reuter (1697-1737), nació según algunas fuentes en Königsberg, hija de un fabricante de sillas de montar originario de Núremberg, y según otras directamente en Núremberg.[4] Kant creyó durante mucho tiempo que su familia paterna tenía ascendencia escocesa, pero la investigación genealógica posterior no ha podido verificarlo de forma concluyente.
El hogar de los Kant era de confesión luterana y de fuerte impronta pietista. El pietismo, movimiento de renovación religiosa dentro del protestantismo alemán, ponía énfasis en la devoción intensa, la humildad personal y una lectura literal de la Biblia. Esos valores marcaron la educación temprana del filósofo, que recibió una instrucción estricta y disciplinaria, orientada sobre todo al latín y a la formación religiosa, en detrimento —en esa etapa— de las matemáticas y las ciencias naturales.
Kant demostró tempranamente una clara aptitud para el estudio. Asistió primero al Collegium Fridericianum, dirigido entonces por Franz Albert Schultz, y egresó al final del verano de 1740. Ese mismo año, a los dieciséis años, ingresó a la Universidad de Königsberg, institución con la que quedaría vinculado durante el resto de su vida profesional. Allí estudió la filosofía de Leibniz y de Christian Wolff bajo la guía de Martin Knutzen (1713-1751), profesor asociado de Lógica y Metafísica desde 1734 hasta su muerte. Knutzen era un racionalista que, además, estaba familiarizado con los desarrollos de la filosofía y la ciencia británicas, e introdujo a Kant en la nueva física matemática de Isaac Newton. También le advirtió contra el idealismo tradicional —es decir, la idea de que la realidad es puramente mental—, posición que la mayoría de los filósofos del siglo XVIII consideraba negativamente.
La muerte del padre en 1746 interrumpió los estudios de Kant. A partir de 1748 se desempeñó como preceptor privado en pequeñas localidades de los alrededores de Königsberg, sin abandonar por ello su trabajo académico. En 1754 regresó a Königsberg y al año siguiente obtuvo la licencia para dictar clases en la universidad.[5]
3. Trayectoria[editar]
3.1 Primeros escritos y años precríticos[editar]
La primera obra filosófica de Kant fue Meditaciones sobre la verdadera estimación de las fuerzas vivas, publicada en 1749 y escrita entre 1745 y 1747. A ella siguieron numerosos trabajos sobre temas científicos. En 1754, reflexionando sobre una cuestión propuesta por la Academia de Berlín acerca de la rotación terrestre, Kant argumentó que la gravedad de la Luna frena gradualmente el giro de la Tierra. Al año siguiente amplió ese razonamiento a la formación y evolución del sistema solar en su Historia general de la naturaleza y teoría del cielo (1755), obra en la que formuló la llamada hipótesis nebular.
En 1756 publicó tres ensayos sobre el terremoto de Lisboa de 1755, en los que intentó explicar el fenómeno por causas naturales —movimientos de enormes cavernas llenas de gases calientes— y no por castigos divinos. Aunque la teoría era técnicamente inexacta, fue uno de los primeros intentos sistemáticos de abordar los terremotos en términos puramente naturales. Ese mismo año, en un texto sobre la teoría de los vientos, esbozó una intuición cualitativa de lo que más tarde se conocería como fuerza de Coriolis.
A comienzos de la década de 1760, Kant concentró su atención en problemas cada vez más estrictamente filosóficos. En 1762 apareció La falsa sutileza de las cuatro figuras del silogismo, obra de lógica; en 1763 publicó Ensayo para introducir el concepto de magnitudes negativas en la filosofía y El único fundamento posible de una demostración de la existencia de Dios. En 1764 escribió Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime, y con su Investigación sobre la nitidez de los principios de la teología natural y de la moral obtuvo el segundo lugar en un concurso de la Academia de Berlín, detrás de Moses Mendelssohn.
En 1766, Kant escribió un texto crítico sobre los Sueños de un visionario de Emanuel Swedenborg, en el que se distanciaba del espiritismo y de las pretensiones metafísicas sin base empírica. Con estas obras, Kant se había convertido para 1764 en un autor popular de cierto renombre, cuyos libros se vendían bien en el mundo cultural alemán.
En 1770, a los cuarenta y cinco años, fue nombrado por fin profesor titular de Lógica y Metafísica en la Universidad de Königsberg. Para defender el nombramiento escribió su disertación inaugural De mundi sensibilis atque intelligibilis forma et principiis, conocida como la Disertación de 1770. Allí aparecen ya varios temas centrales de su filosofía madura, como la distinción entre las facultades del pensamiento intelectual y la receptividad sensible. Ignorar esa distinción, sostenía Kant, significa cometer el error de la subrepción; y solo evitándolo puede progresar la metafísica.
3.2 La década de silencio y el despertar crítico[editar]
Poco después de la Disertación, Kant reconoció en su correspondencia con el médico y filósofo Markus Herz, antiguo alumno suyo, que no había logrado explicar adecuadamente la relación entre nuestras facultades sensibles e intelectuales. También atribuyó a David Hume haberlo despertado del «sueño dogmático», expresión con la que describió el abandono de una confianza ingenua en los principios de la religión y de la filosofía natural.[6] Hume, en su Tratado de la naturaleza humana (1739-1740), había sostenido que solo conocemos la mente a través de una serie subjetiva, en gran medida ilusoria, de percepciones, y que ideas como la causalidad, la moral o incluso los objetos no son directamente evidentes en la experiencia.
Kant dedicó los once años transcurridos entre 1770 y 1781 a estudiar esos problemas sin publicar ningún trabajo filosófico importante. Aunque era amante de la conversación y de la compañía, en ese período se aisló, resistiendo los intentos de sus amigos por sacarlo de su retiro. En una carta de 1778 respondió a una invitación de un antiguo alumno con una negativa cortés, en la que confesaba su temor a cualquier cambio y pedía protección frente a toda alteración de su estado.[7]
Cuando salió de su silencio en 1781, lo hizo con la publicación de la Crítica de la razón pura, impresa por Johann Friedrich Hartknoch. La obra tenía más de 800 páginas en su edición alemana original y estaba escrita en un estilo denso y académico. Aunque hoy se la reconoce de manera casi unánime como una de las obras más importantes de la historia de la filosofía, en su momento fue recibida con decepción y confusión. Johann Gottfried Herder, antiguo alumno de Kant, la describió en una carta a Johann Georg Hamann como «un hueso duro de roer» oscurecido por una «pesada telaraña».
En 1783, consciente de que era necesario aclarar el tratado original, Kant publicó los Prolegómenos a toda metafísica futura que pueda presentarse como ciencia, un resumen de sus ideas principales. Su amigo Johann Schultz, profesor de matemáticas, publicó en 1784 un breve comentario sobre la primera Crítica, considerado una exposición fiel del pensamiento kantiano.
3.3 Las tres Críticas y la consolidación[editar]
La reputación de Kant creció de manera gradual durante la década de 1780, impulsada por una serie de obras mayores. En 1784 publicó el ensayo Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?, del que proviene la célebre fórmula «Sapere aude» («¡Atrévete a saber!»). En 1785 apareció la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, su primera obra específicamente dedicada a la filosofía moral, y en 1786 los Principios metafísicos de la ciencia natural.
El reconocimiento definitivo llegó por una vía inesperada. En 1786, Karl Leonhard Reinhold comenzó a publicar una serie de cartas sobre la filosofía kantiana. Reinhold enmarcó a Kant como la respuesta a la gran controversia intelectual del momento: la disputa sobre el panteísmo. Friedrich Heinrich Jacobi había acusado al recién fallecido Gotthold Ephraim Lessing, dramaturgo y ensayista, de espinosismo, acusación que, en el contexto de la época, equivalía prácticamente al ateísmo. Moses Mendelssohn, amigo de Lessing, negó rotundamente la acusación, y se desató una amarga controversia pública. El debate se convirtió gradualmente en una discusión más amplia sobre los valores de la Ilustración y de la razón. En sus cartas, Reinhold sostenía que la Crítica de la razón pura podía resolver esa disputa defendiendo tanto la autoridad como los límites de la razón. Las cartas fueron leídas con avidez y convirtieron a Kant en el filósofo más famoso de su época.
En 1787, Kant publicó una segunda edición de la Crítica de la razón pura, con revisiones profundas de las primeras partes, en particular de la Estética trascendental y de la deducción de las categorías. La mayor parte de su obra posterior se concentró en otras áreas de la filosofía. Continuó desarrollando su moral en la Crítica de la razón práctica (1788) y en la Metafísica de las costumbres (1797). La Crítica del juicio (1790) aplicó el sistema kantiano a la estética y a la teleología.
3.4 Últimos años, censura y muerte[editar]
A partir de 1792, la publicación de los escritos de Kant sobre religión chocó con la censura del rey Federico Guillermo II de Prusia. Kant intentó publicar el segundo de los cuatro textos que integrarían La religión dentro de los límites de la mera razón en la revista Berlinische Monatsschrift, pero la comisión de censura, creada ese mismo año en el contexto de la Revolución Francesa, lo impidió. Kant hizo publicar los cuatro textos como libro en 1793, tramitándolo por la facultad de filosofía de la Universidad de Jena para eludir la censura teológica. Esa desobediencia le valió una célebre amonestación real. Cuando en 1794 publicó una segunda edición, las autoridades reaccionaron con una orden que le prohibía volver a publicar o incluso pronunciarse en público sobre religión. Kant acató formalmente la orden, pero explicó su posición más tarde en el prefacio de El conflicto de las facultades (1798).
En 1799, en uno de sus últimos textos filosóficos, Kant denunció públicamente la filosofía de Fichte en una carta abierta, marcando así distancia respecto de las derivaciones cada vez más radicales del idealismo alemán. En 1800, su discípulo Gottlob Benjamin Jäsche publicó la Lógica, un manual preparado a partir de las anotaciones de Kant sobre un manual de lógica de Georg Friedrich Meier. Esa obra, considerada fundamental para la comprensión del sistema kantiano, llevó a Charles Sanders Peirce a afirmar que «toda la filosofía de Kant gira en torno a su lógica».
La salud de Kant se deterioró progresivamente. En el invierno de 1803 padecía dolores estomacales, pérdida de memoria y de sueño, síntomas que se han asociado a una arteriosclerosis cerebral. Murió a las once de la noche del domingo 12 de febrero de 1804 en Königsberg. Las fuentes discrepan sobre su última palabra: según la tradición recogida por algunas biografías, murmuró «Genug» («suficiente», «basta»), mientras que otra versión consigna «Es ist gut» («Es bueno»).[8] Su obra final, el fragmentario Opus postumum, se publicó de manera póstuma. Su entierro fue un acontecimiento multitudinario al que asistieron personas de todas las clases sociales.
En 1827, la Iglesia católica incluyó la Crítica de la razón pura en el Índice de Libros Prohibidos, donde permaneció en sucesivas ediciones del índice[9]. Varios años después, entre 1879 y 1881, se recolectaron fondos para construir una capilla conmemorativa. La tumba de Kant se encuentra hoy fuera de la catedral de Königsberg, en la actual Kaliningrado, a orillas del río Pregolya, y es uno de los pocos monumentos alemanes conservados por los soviéticos después de la conquista y anexión de la ciudad en 1945. El mausoleo actual, obra del arquitecto Friedrich Lahrs, se terminó en 1924, a tiempo para el bicentenario del nacimiento del filósofo. Originalmente Kant había sido sepultado en el interior de la catedral; en 1880 sus restos fueron trasladados a una capilla neogótica contigua, que con el paso de los años se deterioró y fue demolida para levantar el mausoleo en el mismo lugar.
4. Pensamiento filosófico[editar]
4.1 El proyecto crítico y el giro copernicano[editar]
El objetivo del proyecto crítico de Kant es asegurar la posibilidad del conocimiento y de la moral frente a las amenazas del escepticismo y del determinismo, sin renunciar a los avances de la ciencia moderna. En la Crítica de la razón pura, resume sus preocupaciones en las tres preguntas clásicas: «¿Qué puedo conocer?», «¿Qué debo hacer?» y «¿Qué puedo esperar?». La primera Crítica se ocupa de la primera pregunta y abre el espacio conceptual para responder a la segunda: aunque no podemos demostrar estrictamente que somos libres, podemos —y a efectos prácticos, debemos— pensarnos como libres. En palabras del propio Kant: «Tuve que negar el conocimiento para hacer lugar a la fe».
El método de Kant consiste en distinguir dos fuentes de conocimiento. Las cogniciones a priori son independientes de toda experiencia e incluso de toda impresión sensible; las cogniciones a posteriori tienen su origen en la experiencia. A esa primera distinción se suma la de los juicios. Los juicios analíticos son aquellos en que el concepto del predicado está contenido en el concepto del sujeto, como en «todos los solteros no están casados» o «todos los cuerpos son extensos». Los juicios sintéticos, en cambio, añaden algo nuevo al concepto del sujeto, como en «todos los cuerpos tienen peso».
La combinación de ambas distinciones genera una tabla de cuatro tipos de juicio: analíticos a priori, analíticos a posteriori (imposibles), sintéticos a posteriori y sintéticos a priori. Kant sostenía que la filosofía anterior, desde racionalistas como Leibniz hasta empiristas como Hume, había ignorado precisamente la posibilidad de los juicios sintéticos a priori. Las matemáticas elementales, por ejemplo, contienen según Kant proposiciones de ese tipo: en «7 + 5 = 12», el concepto de 12 no está contenido en los conceptos de 7 y de 5; la proposición nos dice algo nuevo. Sin embargo, es evidente por sí misma e innegablemente a priori. Mostrar cómo son posibles los juicios sintéticos a priori equivale, según Kant, a responder la pregunta general que define el problema de la razón pura.
La respuesta se apoya en lo que Kant llamó su «giro copernicano». Así como Copérnico avanzó en astronomía cambiando el punto de vista —interpretando el movimiento aparente de los astros a partir del movimiento del observador terrestre—, Kant propone que no es el conocimiento el que debe conformarse a los objetos, sino los objetos de la experiencia los que deben conformarse a nuestras formas espaciales y temporales de intuición y a las categorías del entendimiento. A esa doctrina la denomina «idealismo trascendental». La definió en los términos siguientes: «Llamo trascendental a todo conocimiento que se ocupa no tanto de objetos, cuanto de nuestro modo de conocerlos».
4.2 Estética trascendental: espacio y tiempo[editar]
En la «Estética trascendental», la primera parte de la Crítica de la razón pura, Kant analiza la sensibilidad, que define como la capacidad de recibir representaciones al ser afectados por los objetos. La sensibilidad es receptiva, pero no por ello pasiva en sentido estricto. Las intuiciones que se refieren a un objeto dado por las sensaciones se llaman intuiciones empíricas. El objeto sensible constituido por la sensación y por las formas puras a priori del espacio y el tiempo se denomina «fenómeno», término griego que significa «aquello que aparece».
Kant sostiene que el espacio no es un concepto empírico extraído de experiencias externas, sino una representación necesaria a priori que sirve de base a todas las intuiciones externas. No es un concepto discursivo o generalizable, sino una intuición pura. La representación del espacio no puede derivarse de la relación entre los fenómenos ofrecidos por la experiencia; antes bien, es una condición de posibilidad de toda experiencia de objetos externos. El espacio posee una «idealidad trascendental» —en tanto condición formal en que se dan los fenómenos— y una «realidad empírica» —en tanto valida objetivamente los objetos intuidos—.
El tiempo, por su parte, es también una forma pura de la intuición sensible. Como el espacio, no es un concepto discursivo, pero se distingue de él por ser además la forma del sentido interno: la capacidad que tienen los sujetos de intuirse a sí mismos en una sucesión de momentos. Por eso, argumenta Kant, es posible pensar objetos que no estén dados en el espacio, pero no es posible pensar objetos que no estén dados en el tiempo.
El siguiente esquema resume los argumentos centrales de la estética trascendental:
| ESPACIO Forma pura de la sensibilidad externa | TIEMPO Forma del sentido interno y condición formal de todos los fenómenos |
|---|---|
| 1. No es un concepto empírico extraído de experiencias externas. | 1. No es un concepto empírico extraído de alguna experiencia. |
| 2. Es una representación necesaria *a priori*, base de todas las intuiciones externas. | 2. Es una representación necesaria, base de todas las intuiciones. |
| 3. No es un concepto discursivo, sino una intuición pura. | 3. No es un concepto discursivo, sino una forma pura de la intuición sensible. |
| 4. La representación originaria del espacio es, pues, una intuición *a priori*, no un concepto. | 4. La representación originaria del tiempo debe estar dada como ilimitada. |
Una consecuencia central de la estética trascendental es que no podemos conocer las cosas tal como son en sí mismas, sino solo tal como se nos aparecen. El concepto de «noúmeno» designa precisamente aquello que queda más allá de toda experiencia posible: la cosa en sí, pensable pero no cognoscible. El «fenómeno», en cambio, es el objeto en tanto se manifiesta a través de las intuiciones puras del espacio y el tiempo. La demarcación entre ambos establece, según Kant, el límite entre lo que puede conocerse objetivamente —la ciencia— y lo que no —la metafísica dogmática—.
4.3 Analítica trascendental y dialéctica[editar]
La «Analítica trascendental» examina el entendimiento, la facultad activa de producir conceptos y de organizar las intuiciones recibidas de la sensibilidad. Kant resume esa articulación con una de sus fórmulas más citadas: «Pensamientos sin contenido son vacíos; intuiciones sin conceptos son ciegas». El conocimiento, subraya, únicamente puede surgir de la unión de ambos elementos.
Las categorías del entendimiento —cantidad, cualidad, relación, modalidad— son conceptos puros a priori que permiten pensar y unificar los datos sensibles. La deducción trascendental trata de mostrar cómo es legítimo aplicar esas categorías a los objetos de la experiencia. El resultado es una síntesis entre empirismo y racionalismo: sin sensibilidad, ningún objeto nos sería dado; sin entendimiento, ninguno sería pensado. Ninguna de las dos facultades es preferible a la otra.
La «Dialéctica trascendental», la parte crítica del libro, muestra lo que ocurre cuando la razón pura se lanza más allá de la experiencia. Kant sostiene que la razón humana, impulsada por su propia necesidad, se plantea inevitablemente preguntas que no pueden ser respondidas por el uso empírico del conocimiento: Dios, la inmortalidad del alma, la totalidad del cosmos. Esas ideas no tienen un uso constitutivo —no podemos probar su realidad—, pero sí pueden tener, según Kant, una función regulativa y, sobre todo, un uso práctico. La dialéctica expone las «antinomias», contradicciones en las que cae la razón cuando intenta decidir racionalmente sobre tales objetos. La lección del proyecto crítico es, por tanto, establecer hasta dónde puede legítimamente avanzar la razón y cuándo debe callar.
4.4 Ética: el imperativo categórico[editar]
La ética kantiana se centra en la autonomía de la voluntad racional. Un sujeto racional se autoimpone una ley moral a priori derivada de la buena voluntad. Esa ley se expresa en el imperativo categórico, distinto de los imperativos hipotéticos. Estos últimos ordenan una acción como medio para un fin: «si quieres X, haz Y». El imperativo categórico, en cambio, ordena de manera incondicionada: «obra solo según aquella máxima por la cual puedas querer al mismo tiempo que se convierta en ley universal».
Kant ofrece varias formulaciones del imperativo. Una de las más conocidas es la fórmula de la humanidad, que prohíbe tratar a las personas meramente como medios y exige tratarlas siempre al mismo tiempo como fines en sí mismas. Otra es la fórmula de la autonomía, según la cual la voluntad se da a sí misma la ley. La moralidad no depende de inclinaciones, emociones o consecuencias, sino únicamente del respeto a la ley moral autoimpuesta. Actuar por deber, y no solo conforme al deber, es la condición de una acción propiamente moral.
La ética de Kant ejerció una influencia inmensa en el pensamiento moral posterior, desde el idealismo alemán hasta los debates contemporáneos sobre los derechos humanos, la dignidad y la justicia. Su obra moral se desarrolla principalmente en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), en la Crítica de la razón práctica (1788) y en la Metafísica de las costumbres (1797), que contiene una doctrina del derecho y una doctrina de la virtud.
4.5 Política, religión y teleología[editar]
En política, Kant defendió una teoría republicana de carácter liberal, según la cual el deber del Estado consiste en garantizar las libertades de sus súbditos. Su concepto de república no equivale necesariamente a una democracia directa, sino a un gobierno fundado en la separación de poderes y en la representación. En Sobre la paz perpetua (1795), proyectó un orden internacional en que la paz podía asegurarse mediante repúblicas constitucionales y la cooperación internacional, apoyada en el desarrollo del comercio. Esa propuesta anticipa, en un sentido general, ideas que más tarde desarrollaría la teoría de las relaciones internacionales y el cosmopolitismo jurídico.
En religión, Kant criticó los argumentos clásicos para demostrar la existencia de Dios, pero reivindicó los valores morales de la religión. En La religión dentro de los límites de la mera razón (1793), propone reducir la religiosidad a la racionalidad y el cristianismo a su contenido ético: la verdadera religión se funda, a su juicio, en la moral. La naturaleza exacta de sus ideas religiosas sigue siendo objeto de disputa: los intérpretes oscilan entre el deísmo y el teísmo, y algunos estudiosos discuten hasta qué punto Kant puede considerarse todavía un filósofo cristiano.
La Crítica del juicio (1790) aborda la estética y la teleología, intentando tender un puente entre el ámbito teórico de la naturaleza y el ámbito práctico de la libertad. En estética, Kant desarrolla la noción del juicio de gusto «desinteresado», según la cual la belleza se aprecia sin un interés directo por la existencia del objeto. En la segunda parte, sobre la teleología, examina la aparente intencionalidad de los organismos vivos y sugiere que la naturaleza puede ser considerada «como si» tuviera fines, sin que ello autorice a afirmar que tales fines existan objetivamente.
5. Pensamiento científico[editar]
Aunque se le conoce sobre todo por sus obras filosóficas, Kant contribuyó de manera relevante a la física, la geología y la astronomía. En su Historia general de la naturaleza y teoría del cielo (1755), formuló la hipótesis de que el sistema solar se formó a partir de una gran nube de gas, una nebulosa. De ese modo intentaba explicar el orden del sistema solar, que Newton había visto como impuesto por Dios desde el comienzo. La hipótesis nebular de Kant anticipó en más de cuarenta años la formulación independiente de Pierre-Simon Laplace, de modo que hoy se habla en ocasiones de la hipótesis nebular de Kant-Laplace.
En la misma obra, Kant dedujo correctamente que la Vía Láctea era un gran disco de estrellas formado a partir de una nube giratoria. Sugirió además que otras nebulosas podían ser igualmente grandes discos de estrellas distantes, similares a la Vía Láctea. Esa idea dio origen a la denominación de «universos isla» para las galaxias, término que se mantuvo en uso hasta bien entrado el siglo XX.
En 1754, Kant argumentó que la gravedad de la Luna produce una desaceleración progresiva de la rotación terrestre como efecto de las mareas. Esa línea de razonamiento fue ampliada al año siguiente en su teoría del nacimiento del sistema solar. En sus ensayos sobre el terremoto de Lisboa de 1755, propuso una explicación naturalista basada en movimientos de cavidades subterráneas llenas de gases calientes. En 1756, en un escrito sobre la teoría de los vientos, esbozó una primera intuición cualitativa de lo que más tarde se denominaría fuerza de Coriolis. A partir de 1757 comenzó a dictar lecciones de geografía, lo que lo convierte en uno de los primeros profesores en enseñar geografía como disciplina autónoma. Sus lecciones, que gozaron de gran popularidad, fueron recopiladas y publicadas en 1802 por Friedrich Theodor Rink con el título de Geografía física.
El naturalista alemán Ernst Haeckel resumió el valor histórico de la empresa kantiana señalando que el primer intento de explicar la constitución y el origen mecánico del mundo de manera simple mediante leyes newtonianas fue obra de Kant en su obra de juventud de 1755, y que ese trabajo audaz permaneció casi desconocido durante noventa años, hasta que Alexander Humboldt lo rescató en el primer volumen de su Cosmos en 1845.
6. Estilo y características[editar]
Kant ocupó un lugar singular en la historia del pensamiento por su capacidad para operar una síntesis entre el empirismo y el racionalismo sin cancelar las contribuciones de ninguna de las dos tradiciones. Aceptó que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia, pero negó que todo él proceda de la experiencia: la razón aporta estructuras propias sin las cuales la experiencia misma sería imposible. Esa posición intermedia le permitió responder al escepticismo de Hume sin regresar al dogmatismo racionalista combatiendo por los autores de la escuela leibniziano-wolffiana.
Su estilo de escritura, sin embargo, no siempre acompañó la claridad de su posición histórica. La primera edición de la Crítica de la razón pura superaba las 800 páginas y estaba redactada, como observó el propio Herder, en un estilo seco y académico que la hacía «un hueso duro de roer». Los estudiosos contemporáneos suelen describir su prosa filosófica como densa, técnica y a veces oscura, aun cuando sus ensayos breves y de divulgación fueran considerablemente más legibles. Esa distancia entre las obras populares, como sus escritos sobre el terremoto de Lisboa o las Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime, y la aridez de las tres Críticas, explica en parte la recepción lenta de su filosofía madura.
En su método, Kant se distinguió por una tendencia arquitectónica: construir el sistema completo de la filosofía a partir de unos pocos principios estructurales claramente formulados. Su pensamiento avanza mediante distinciones —a priori/a posteriori, analítico/sintético, fenómeno/noúmeno, entendimiento/razón— que no son meros recursos terminológicos, sino elementos organizadores del sistema. Esa vocación sistemática se combina, sin embargo, con un rasgo constante de autolimitación: la razón, en Kant, debe inspeccionar sus propios límites antes de lanzarse a construir conocimiento válido.
En lo personal, Kant fue descrito como un hombre metódico y moderado, amante de la conversación y de los banquetes, al menos en su juventud y madurez. Solo en una etapa más avanzada de su vida, bajo la influencia de su amigo el comerciante inglés Joseph Green, adoptó un régimen diario muy regular. De esa época procede la anécdota, tan difundida como parcialmente inexacta, de que los vecinos de Königsberg ponían sus relojes en hora con sus paseos diarios.[10] La imagen popular de un Kant severo y rígido es, como han señalado sus biógrafos, solo parcialmente verdadera: fue una persona sociable, como lo atestiguan la pintura Kant y sus compañeros de mesa, de Emil Doerstling, y los numerosos testimonios sobre sus comidas con ciudadanos notables de Königsberg.
7. Vida pública y legado[editar]
La vida pública de Kant no se redujo a sus obras. Fue, además, un profesor muy apreciado por sus estudiantes. Tras obtener la licencia para dictar clases en 1755, impartió lecciones sobre lógica, metafísica, matemáticas, física, geografía, derecho natural, ética y antropología. Su actividad docente lo convirtió en una figura institucional de la Universidad de Königsberg, a la que permaneció ligado hasta el final de su vida.
El impacto público de su filosofía se multiplicó después de 1786, cuando las cartas de Reinhold lo divulgaron como solución a la disputa sobre el panteísmo. Aparecieron entonces revistas dedicadas exclusivamente a defender o a criticar la filosofía kantiana, y durante un tiempo el debate filosófico alemán giró en gran parte alrededor de su sistema. Ese éxito no lo libró, sin embargo, del conflicto con el poder. La censura de 1792-1794, promovida por la política religiosa de Federico Guillermo II, convirtió a Kant en un símbolo de la libertad de pensamiento y del enfrentamiento entre la razón ilustrada y la autoridad confesional.
Su herencia filosófica es inmensa. De su sistema surgió el idealismo alemán: Fichte se consideró su continuador, Schelling desarrolló la filosofía de la naturaleza a partir de la tercera Crítica, y Hegel presentó su propio sistema como una superación —en el sentido dialéctico del término— del proyecto crítico. Schopenhauer se definió a sí mismo como heredero de Kant en la doctrina del noúmeno y del fenómeno, aun cuando rechazara partes centrales de su legado. En el siglo XX, su influencia se extendió tanto a la filosofía analítica como a la fenomenología y a la filosofía continental: Nietzsche, Heidegger, Foucault, Lyotard y Derrida dialogaron críticamente con su obra, mientras que autores como Karl-Otto Apel y Jürgen Habermas recuperaron su ética del discurso en la tradición pragmática.
En 1905, el filósofo Hans Vaihinger fundó la Sociedad Kantiana en Halle. La organización fue desmantelada por los nazis, pero se reabrió en 1945. Hoy existen sociedades kantianas en numerosos países, dedicadas al estudio del kantismo y a la edición crítica de sus textos, como la North American Kant Society en los Estados Unidos.
La presencia simbólica de Kant en la actual Kaliningrado es motivo de orgullo local y de tensiones políticas. Tras la expulsión de la población alemana al final de la Segunda Guerra Mundial, la Universidad de Königsberg fue sustituida por la Universidad Estatal de Kaliningrado, de habla rusa. En 2005, con la asistencia del presidente ruso Vladímir Putin y del canciller alemán Gerhard Schröder, la institución fue renombrada Universidad Estatal Immanuel Kant de Rusia, y en 2010 adoptó el nombre de Universidad Federal Báltica Immanuel Kant. El cambio de nombre, considerado por los residentes un asunto políticamente sensible, fue anunciado en una ceremonia oficial. La ciudad conserva además la tumba y el mausoleo del filósofo, adonde los recién casados llevan flores, como hacían antes con el monumento a Lenin.
8. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
La obra de Kant tiene una larga historia de recepción en el mundo hispanohablante. Las traducciones al español de sus escritos principales permitieron desde el siglo XIX el estudio universitario de su filosofía tanto en España como en América Latina. Entre las traducciones que han circulado ampliamente figura la de la Crítica de la razón pura de P. Ribas, publicada en Madrid por Alfaguara en 1978. También la Lógica, editada a partir de las lecciones de Kant por Jäsche en 1800, fue vertida al español y publicada en Madrid por Akal en 2000.[11] Los Prolegómenos a toda metafísica futura que pueda presentarse como ciencia fueron traducidos por J. Besteiro y editados en Buenos Aires por Aguilar en 1971, lo que da cuenta de la circulación de sus textos en el Cono Sur.
En el ámbito biográfico, la obra Kant: vida y doctrina de Ernst Cassirer fue publicada en español por el Fondo de Cultura Económica en 1948, con reimpresiones posteriores, y se convirtió en una de las referencias clásicas para los estudiosos hispanoamericanos. La labor del Fondo de Cultura Económica, en particular, contribuyó de manera decisiva a que el kantismo formara parte del canon filosófico académico de México, Argentina, Colombia, Chile y otros países de la región.
Más allá de las ediciones, el pensamiento de Kant ocupa un lugar permanente en los programas de filosofía de las universidades hispanoamericanas. Las tres preguntas kantianas —«¿qué puedo conocer?», «¿qué debo hacer?», «¿qué puedo esperar?»— figuran en cursos introductorios de filosofía desde el nivel medio hasta los posgrados. Conceptos como el imperativo categórico, el idealismo trascendental, el giro copernicano y la disyuntiva entre fenómeno y noúmeno integran el vocabulario filosófico habitual en español. La fórmula «Sapere aude» se cita, asimismo, como emblema del ideal ilustrado en obras de divulgación, discursos académicos y cátedras universitarias de la región. La influencia kantiana se advierte también en la filosofía del derecho, en los debates contemporáneos sobre la dignidad humana y los derechos fundamentales y en la pedagogía, campo en el que la pregunta por la ilustración ha servido de inspiración para proyectos de educación pública y autonomía intelectual.
Las conmemoraciones de los aniversarios de Kant, como el bicentenario de su nacimiento en 1924 y los centenarios posteriores, han dado lugar en el mundo hispánico a congresos, números monográficos de revistas académicas y nuevas traducciones. La Universidad de Kassel y otras instituciones no hispanohablantes han sido, sin embargo, las principales impulsoras de las ediciones críticas en curso; en el ámbito editorial de habla española, las obras completas y los estudios kantianos se alimentan de esas ediciones alemanas de referencia.
9. Obras principales[editar]
La bibliografía kantiana es extensa y abarca tanto obras publicadas en vida como textos póstumos. Entre las principales figuran:
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- Meditaciones sobre la verdadera estimación de las fuerzas vivas (1749)
- Historia general de la naturaleza y teoría del cielo (1755)
- La falsa sutileza de las cuatro figuras del silogismo (1762)
- Ensayo para introducir el concepto de magnitudes negativas en la filosofía (1763)
- El único fundamento posible de una demostración de la existencia de Dios (1763)
- Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime (1764)
- De mundi sensibilis atque intelligibilis forma et principiis (Disertación inaugural, 1770)
- Crítica de la razón pura (1781; 2.ª ed. revisada, 1787)
- Prolegómenos a toda metafísica futura que pueda presentarse como ciencia (1783)
- Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? (1784)
- Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785)
- Principios metafísicos de la ciencia natural (1786)
- Crítica de la razón práctica (1788)
- Crítica del juicio (1790)
- La religión dentro de los límites de la mera razón (1793)
- Sobre la paz perpetua (1795)
- Metafísica de las costumbres (1797)
- El conflicto de las facultades (1798)
- Lógica (ed. de Jäsche, 1800)
- Opus postumum (póstuma, fragmentaria)
10. Cronología[editar]
| Año | Hito |
|---|---|
| 1724 | Nace el 22 de abril en Königsberg, Prusia. |
| 1740 | Ingresa a la Universidad de Königsberg. |
| 1746 | Muere su padre; interrumpe los estudios universitarios. |
| 1749 | Publica su primera obra filosófica. |
| 1755 | Obtiene la licencia para dictar clases; publica la Historia general de la naturaleza y teoría del cielo. |
| 1756 | Publica tres ensayos sobre el terremoto de Lisboa. |
| 1764 | Publica las Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime; obtiene el segundo lugar en el concurso de la Academia de Berlín. |
| 1770 | Es nombrado profesor titular de Lógica y Metafísica en Königsberg. |
| 1781 | Publica la primera edición de la Crítica de la razón pura. |
| 1783 | Publica los Prolegómenos a toda metafísica futura. |
| 1784 | Publica Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? |
| 1785 | Publica la Fundamentación de la metafísica de las costumbres. |
| 1787 | Publica la segunda edición revisada de la Crítica de la razón pura. |
| 1788 | Publica la Crítica de la razón práctica. |
| 1790 | Publica la Crítica del juicio. |
| 1793 | Publica La religión dentro de los límites de la mera razón. |
| 1797 | Publica la Metafísica de las costumbres. |
| 1799 | Carta abierta de denuncia contra la filosofía de Fichte. |
| 1804 | Fallece en Königsberg el 12 de febrero. |
| 1924 | Se concluye el mausoleo en el bicentenario de su nacimiento. |
| 2005 | La Universidad de Kaliningrado es renombrada Universidad Estatal Immanuel Kant de Rusia. |
| 2010 | La misma institución adopta el nombre de Universidad Federal Báltica Immanuel Kant. |
Notas[editar]
La cifra de 150 kilómetros proviene de una biografía de referencia: Kuehn, Manfred. Kant: A Biography. Cambridge University Press, 2001. ↩︎
Kuehn, Manfred. Kant: A Biography. Cambridge University Press, 2001, p. 26. ↩︎
La Wikipedia en español refiere que «solo cinco alcanzaron la adolescencia»; la Wikipedia en inglés, siguiendo la fuente genealógica de Viktor Haupt, indica que seis llegaron a la edad adulta. La discrepancia no afecta el dato central: Kant era el cuarto de nueve hermanos. ↩︎
La biografía de Kuehn describe a la madre como nacida en Königsberg e hija de un artesano de Núremberg. Otras fuentes, como la Wikipedia en español, la ubican nacida en Núremberg. Se trata de una variación menor entre biógrafos. ↩︎
El intervalo entre 1748 y 1754, durante el cual Kant trabajó como tutor privado lejos de Königsberg, es referido por la biografía de Kuehn (pp. 94 y 98). ↩︎
Kant utiliza la expresión «despertar del sueño dogmático» en los Prolegómenos para referirse a la influencia de Hume. Esa imagen se ha convertido en un tópico de la historiografía filosófica. ↩︎
La carta es citada por las biografías de Kuehn (2001) y por la introducción gráfica de Christopher Kul-Want y Andrzej Klimowski, Introducing Kant, Icon Books, 2005. ↩︎
La Wikipedia en español consigna «Genug» («suficiente», «basta»); la Wikipedia en inglés, siguiendo a Karl Vorländer, registra «Es ist gut» («Es bueno»). Ambas tradiciones conviven en la literatura biográfica. ↩︎
- La fecha figura en la edición española.
La imagen del reloj como metáfora de la regularidad kantiana se encuentra en muchas biografías. Kuehn (2001, p. 14) la recoge como anécdota, con la advertencia de que la vida joven de Kant fue menos previsible de lo que ese tópico sugiere. ↩︎
Los datos editoriales de la traducción de Ribas y de la Lógica de Akal proceden de las referencias citadas en la Wikipedia en español. ↩︎