Ir al contenido

Música de Cuba

✏️ Editar🕓 Historial🔗 Enlaces
Música de Cuba · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
CiudadesLa Habana · Matanzas · Ciudad del Carmen · Santiago de Cuba · Cienfuegos · Madrid · Ciudad de México
PaísesEstados Unidos · Puerto Rico · Venezuela · México · Colombia · España
MúsicaCelia Cruz · Héctor Lavoe
Música de Cuba
Orígenes culturalesMúsica africana occidental, música española, tradiciones taínas
Instrumentos característicosTres, bongó, congas, timbales, claves, maracas, güiro, trompeta, piano, contrabajo
Géneros principalesSon, rumba, danzón, bolero, mambo, chachachá, trova, timba, guaguancó, habanera, guajira, punto cubano, sucu-sucu, jazz afrocubano
Período de formaciónSiglo XIX
PaísCuba
Reconocimiento UNESCOTres declaraciones como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

1. Resumen[editar]

La música de Cuba constituye uno de los legados culturales más ricos e influyentes del continente americano. Surgida del encuentro entre las tradiciones musicales africanas —traídas por la población esclavizada— y las formas musicales españolas de la época colonial, la música cubana desarrolló desde el siglo XIX una identidad propia que, a lo largo del siglo XX, se proyectó con fuerza más allá de las fronteras de la isla, transformando la música popular de América Latina, el Caribe y buena parte del mundo.[1]

Con un repertorio de géneros que abarca desde el son y la rumba hasta el mambo, el chachachá, el bolero, la trova y la timba, Cuba ha producido figuras de talla universal como Benny Moré, Celia Cruz, Compay Segundo, Chucho Valdés y Omara Portuondo. La isla ha sido, además, el laboratorio donde se forjaron instrumentos hoy inseparables de la música caribeña, como las congas, los bongós y los timbales.

En el plano institucional, la música cubana goza de un doble reconocimiento por parte de la UNESCO: la Tumba Francesa[2] y la rumba cubana han sido inscritas en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. A esto se suma, desde 2018[sin verificar], el punto cubano.

2. Raíces y formación histórica[editar]

2.1 Componente español[editar]

La conquista y colonización española introdujo en la isla la tradición musical europea: la guitarra, el laúd, las formas poéticas como la décima y la copla, y un sistema armónico basado en la tonalidad. Ya en el siglo XIX, la habanera —derivación cubana de la contradanza europea— se convirtió en el primer género musical propiamente cubano con proyección internacional. Su ritmo característico, una célula de dos corcheas con puntillo y una semicorchea, influyó más tarde en el tango argentino y en compositores europeos como Georges Bizet —quien lo incorporó en su ópera Carmen— y Claude Debussy.

La décima, estrofa de diez versos octosílabos traída por los campesinos canarios y andaluces, se aclimató en los campos cubanos y se convirtió en la base del punto cubano, la música de los guajiros. En ella, dos o más cantores improvisan versos sobre una melodía fija acompañados por el laúd, el tres o la guitarra.

2.2 Componente africano[editar]

La población esclavizada, procedente en su mayoría de África occidental —regiones que hoy corresponden a Nigeria, Ghana, Benín y el Congo—, aportó una concepción musical radicalmente distinta. Su música era fundamentalmente rítmica y percutiva, basada en patrones polirrítmicos, en una estrecha relación con la danza y en una función social y religiosa inseparable del concepto de entretenimiento.

De esa matriz africana proceden los tambores batá —consagrados a las deidades del panteón yoruba o lucumí—, los complejos patrones rítmicos del guaguancó y la columbia (variantes de la rumba), y el sentido de la improvisación vocal y gestual que impregna toda la música popular cubana.[3]

2.3 El sincretismo criollo[editar]

A lo largo del siglo XIX se consolidó un repertorio de géneros criollos —ni exclusivamente africanos ni exclusivamente españoles— que cristalizaron la identidad musical cubana. El proceso tuvo como epicentros las ciudades portuarias: La Habana, Santiago de Cuba, Matanzas y, más tarde, Cienfuegos y Camagüey.

Una figura clave de esta etapa fue Manuel Saumell (1818–1870), compositor de contradanzas que incorporó giros melódicos y rítmicos afrocubanos, sentando las bases del nacionalismo musical cubano. Su obra fue continuada por Ignacio Cervantes (1847–1905), cuyas danzas para piano constituyen una de las cumbres del repertorio decimonónico cubano.

3. Géneros y estilos musicales[editar]

3.1 Son[editar]

El son es, sin discusión, la columna vertebral de la música popular cubana contemporánea. Nacido en la región oriental —las provincias de Guantánamo y Santiago de Cuba— hacia finales del siglo XIX, el son fusiona la guitarra y la estructura de copla-estribillo de origen español con los patrones rítmicos africanos, interpretados en el bongó, las maracas y la botija —sustituida luego por el contrabajo—. El tres cubano, una guitarra de tres órdenes dobles de cuerdas, se erige como el instrumento armónico-melódico por excelencia del género.

La estructura clásica del son alterna una sección de largo —la copla, cantada generalmente por un solista— con el montuno, un estribillo de llamada y respuesta donde el coro repite una frase fija y el solista improvisa —el soneo—. Esta estructura bipartita se heredará en casi toda la música bailable cubana posterior.

La primera grabación documentada de un son data de 1918 y corresponde al Cuarteto Oriental. Poco después, en la década de 1920, el Trío Matamoros —liderado por Miguel Matamoros— y el Septeto Habanero llevaron el género a los salones de baile de La Habana y a los estudios de grabación de la Victor y la Columbia. En los años treinta, Arsenio Rodríguez añadió la segunda trompeta, la conga y el piano, expandiendo el formato del septeto al conjunto con el que el son migró hacia Nueva York y alimentó el germen de lo que, décadas después, sería la salsa.

3.2 Rumba[editar]

El término rumba designa en Cuba un complejo de danzas, cantos y percusiones de marcada raíz africana, que no debe confundirse con el uso del término en el mercado discográfico internacional —donde "rumba" suele aludir a un baile de salón que poco tiene que ver con la expresión original cubana—. La rumba cubana comprende tres variantes principales: el guaguancó, la columbia y el yambú.

  • Guaguancó: La forma más extendida. Una pareja baila una coreografía que simboliza el acoso amoroso del hombre y la esquiva de la mujer, culminando con el vacunao —un gesto de posesión simbólica— que la mujer intenta evitar cubriéndose la pelvis.
  • Columbia: De ritmo más rápido y carácter acrobático, es tradicionalmente bailada por un solista masculino que exhibe su destreza física. Se acompaña con cajones percutidos y un cencerro.
  • Yambú: Variante más lenta, bailada por parejas de cualquier edad. Simula una danza de ancianos y carece del elemento de persecución amorosa; el vacunao no está permitido.

La instrumentación de la rumba se basa en tres tambores de madera —el quinto, el salidor y el tres golpes—, a los que se añaden las claves y, en ocasiones, otros idiófonos. La rumba fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2016[sin verificar].

3.3 Danzón[editar]

El danzón nació en Matanzas en 1879 de la mano de Miguel Faílde[sin verificar], quien compuso "Las Alturas de Simpson" como una variante de la contradanza con una sección adicional que invitaba al baile en pareja abrazada. Se convirtió en el baile nacional de Cuba durante las primeras décadas del siglo XX. Interpretado por una orquesta de viento —la charanga francesa— con flauta, violines, piano y percusión, el danzón alterna secciones instrumentales con momentos de mayor viveza rítmica que evolucionarían, en los años cuarenta y cincuenta, hacia el danzón-mambo y finalmente hacia el chachachá.

3.4 Bolero[editar]

Aunque el bolero encuentra sus primeras manifestaciones en Cuba —con composiciones como "Tristezas" de José "Pepe" Sánchez, fechada en 1883[sin verificar]—, el género se expandió rápidamente por todo el ámbito hispanohablante. En Cuba, el bolero alcanzó una de sus cimas expresivas con el filin (feeling), un movimiento que en los años cuarenta y cincuenta renovó la armonía del género con influencias del jazz. Nombres como César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez y Ñico Rojas, entre otros, protagonizaron esa renovación.

3.5 Mambo[editar]

El mambo irrumpió a mediados del siglo XX como un desarrollo del danzón-mambo que aceleraba el tempo y añadía una sección de metales brillante. Dos figuras resultan indisociables del mambo: Dámaso Pérez Prado (1917–1989), quien lo popularizó con arreglos espectaculares y éxitos como "Mambo No. 5" y "Qué rico el mambo", y Benny Moré (1919–1963), el "Bárbaro del Ritmo", que lo cantó con la orquesta de Pérez Prado antes de convertirse en uno de los más grandes intérpretes de la música cubana de todos los tiempos.

3.6 Chachachá y otros géneros bailables[editar]

El chachachá fue creado en 1951[sin verificar] por el violinista y compositor Enrique Jorrín, miembro de la orquesta América, con la intención de ofrecer un ritmo más simple y bailable que el danzón-mambo. El nombre proviene del sonido que producían los pies de los bailadores sobre el piso —"cha-cha-chá"—. Piezas como "La engañadora" y "El túnel" se convirtieron en éxitos instantáneos.

Otros géneros de baile que han enriquecido el acervo cubano incluyen la guaracha —de tempo rápido y letras picarescas—, la guajira —de temática campesina, en ritmo de 6/8 y 3/4 alternados— y el punto cubano —música de los guajiros con énfasis en la décima improvisada—.[4]

3.7 Trova[editar]

La trova cubana tiene su origen en Santiago de Cuba a finales del siglo XIX y principios del XX, con figuras como Sindo Garay, Manuel Corona, Rosendo Ruiz y Alberto Villalón. Estos trovadores, guitarra en mano, cultivaron una canción de letra elaborada y armonías refinadas, con influencias de la ópera italiana y el lied alemán, adaptadas a los ritmos cubanos. La tradición perduró a lo largo del siglo XX, primero en el filin habanero y hoy, desde los años setenta, en la llamada Nueva Trova Cubana, movimiento encabezado por Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Sara González, que unió la tradición trovadoresca con la canción de autor políticamente comprometida.

3.8 Jazz afrocubano[editar]

El encuentro del jazz con la música cubana tiene una historia casi tan larga como el propio jazz. Mario Bauzá y Machito (Francisco Raúl Gutiérrez Grillo) fundaron los Afro-Cubans en Nueva York en los años cuarenta, combinando big band con sección rítmica cubana y dando origen al llamado cubop. Dizzy Gillespie y Chano Pozo, con piezas como "Manteca" (1947[sin verificar]), consolidaron el puente entre el bebop y los ritmos afrocubanos. En la escena cubana contemporánea, el pianista Chucho Valdés y su grupo Irakere —fundado en 1973[sin verificar]— representan la culminación del jazz afrocubano, con un sonido que integra música ritual yoruba, rock y música clásica.

3.9 Timba[editar]

La timba radicaliza los elementos del son y la salsa: acelera los tempos, incorpora influencias del funk, el rap y el jazz, y multiplica los bloques —cambios bruscos de intensidad rítmica— en una estructura que privilegia el clímax sobre el desarrollo melódico. Su lenguaje armónico es más agresivo y su lírica, a menudo callejera y directa, refleja las tensiones de la Cuba del Período Especial.

4. Instrumentos característicos[editar]

La música cubana no se entiende sin los instrumentos que le son propios, muchos de los cuales han sido adoptados por la música popular de todo el mundo.

  • Claves: Dos palos de madera dura que se entrechocan. Ejecutan el patrón rítmico fundamental —la clave— que organiza la estructura temporal del son, la rumba y la salsa. Existen dos orientaciones principales: la clave de son (3-2 o 2-3) y la clave de rumba.
  • Bongó: Dos tambores pequeños unidos, de origen cubano, que se colocan entre las rodillas del ejecutante. Aporta agilidad rítmica y, en el son y la salsa, improvisa en la transición del cuerpo al montuno.
  • Congas (tambores tumbadoras): Originalmente tres tambores de un solo parche con forma de barril, afinados en diferentes alturas —tumba, conga y quinto—. De origen afrocubano, se tocan con las manos y proporcionan la base rítmica grave y los solos improvisados.
  • Timbales: Derivados de la batería de las orquestas de danzón, los timbales criollos son dos tambores metálicos con parche sintético, acompañados de cencerro y platillos. Su ejecución, virtuosa y espectacular, es un sello del mambo y la salsa.
  • Güiro: Un raspador de calabaza que produce un sonido rítmico y chirriante, omnipresente en la música bailable cubana.
  • Maracas: Par de sonajeros de calabaza rellenos de semillas, de probable origen taíno. Subrayan el pulso en la guaracha y el son.
  • Tambores batá: Tambores de doble parche y forma cónica, consagrados en la santería cubana a las deidades del panteón yoruba. Existen tres en un conjunto ritual: el iyá (el mayor, que lleva los cencerros), el itótele y el okónkolo.

5. Presencia internacional y legado[editar]

La influencia de la música cubana en la música popular del siglo XX es difícil de exagerar. La habanera alimentó el tango argentino; el son y el bolero se convirtieron en la banda sonora del mundo hispanohablante durante décadas; el mambo de Pérez Prado fue una fiebre en los Estados Unidos de los años cincuenta; y la salsa, tal como se desarrolló en Nueva York, Puerto Rico y Venezuela, hunde sus raíces más profundas en el son y la guaracha cubanos.

La llamada salsa —término acuñado en Nueva York en los años sesenta y setenta— fue impulsada por músicos de origen cubano y puertorriqueño que reelaboraron los patrones rítmicos y las estructuras del son cubano. La Fania All-Stars, con figuras como Johnny Pacheco, Ray Barretto y Héctor Lavoe, popularizó un repertorio en el que el legado cubano resulta indisociable. Celia Cruz, desde el exilio, fue la voz femenina más emblemática de ese movimiento.

En el ámbito del jazz, los intercambios entre músicos cubanos y estadounidenses han sido constantes desde los tiempos de Machito y Dizzy Gillespie. Los conciertos de Irakere en los años setenta en festivales de jazz de Estados Unidos y Europa abrieron una vía de comunicación que, a pesar de las tensiones políticas, nunca se ha interrumpido del todo.

En fechas más recientes, la timba ha influido en la salsa colombiana, la bachata dominicana y otros géneros del continente.

6. Música cubana en el mundo hispanohablante[editar]

La música de Cuba ha tenido una presencia constante y decisiva en todos los países de habla española. En México, la Sonora Matancera —con las voces de Bienvenido Granda, Celia Cruz y Laíto Sureda— fue una de las agrupaciones más populares durante la edad de oro de la radio y el cine mexicanos. En Venezuela, el bolero cubano y el son marcaron la tradición de las orquestas bailables y de los tríos vocales. En Colombia, el son cubano dejó una impronta profunda en géneros como el porro y la cumbia moderna. En España, el chachachá fue un fenómeno de baile en los años cincuenta y sesenta, y la Nueva Trova Cubana encontró una audiencia masiva y políticamente afín durante la Transición.

Las giras de los músicos cubanos por América Latina han sido una constante desde los tiempos del Trío Matamoros.

7. Instituciones y enseñanza musical[editar]

Cuba cuenta con un sistema de enseñanza musical que ha producido generaciones de instrumentistas, compositores y directores de orquesta de reconocimiento mundial.

8. Situación actual y desafíos[editar]

La música cubana contemporánea enfrenta retos importantes. El embargo económico de Estados Unidos —aunque con modificaciones en distintos momentos— ha limitado históricamente la circulación de los músicos cubanos y la comercialización de sus producciones en uno de los mercados discográficos más grandes del mundo. A esto se suma la precariedad material de la industria musical en la isla, que contrasta con la alta calidad de la formación recibida por los músicos.

La emigración de artistas ha sido una constante desde la segunda mitad del siglo XX y se ha intensificado en el siglo XXI. Ciudades como Miami, Nueva York, Madrid y Ciudad de México albergan comunidades de músicos cubanos que desarrollan su carrera fuera de la isla, a menudo hibridando sus tradiciones con las músicas locales.

Este fenómeno ha generado debates en la isla sobre la identidad cultural y el lugar de la tradición en la música del futuro.

A pesar de todo, la vitalidad de la música cubana sigue siendo extraordinaria. Peñas, descargas, festivales y la práctica cotidiana de la música en los barrios mantienen viva una tradición que, a lo largo de más de dos siglos, no ha dejado de renovarse y de influir en el mundo.


  1. Ese proceso de fusión no fue uniforme ni inmediato. Distintas regiones de Cuba desarrollaron estilos particulares: el oriente se convirtió en la cuna del son, mientras que La Habana y Matanzas vieron florecer la rumba y el danzón. ↩︎

  2. La Tumba Francesa, oriunda de la región oriental, es una expresión cultural que combina música, danza y canto en créole haitiano, heredada de los colonos franceses y sus esclavos que emigraron a Cuba tras la Revolución Haitiana. ↩︎

  3. Los cabildos de nación —agrupaciones sociales de esclavos y libertos de una misma etnia— funcionaron como espacios de preservación y transmisión de las tradiciones musicales africanas durante la época colonial. En La Habana, el cabildo lucumí y el cabildo congo mantuvieron vivos los toques de tambor que luego se secularizarían en la rumba callejera. ↩︎

  4. En las controversias de punto cubano, dos cantores se alternan para improvisar sobre un tema propuesto, acompañados por el laúd o el tres. La destreza se mide por la capacidad de ajustar la décima a la melodía y al tema sin titubear. Las competiciones se realizan en las llamadas "casas de la décima", presentes en casi todas las provincias de la isla. ↩︎