Charles de Gaulle
| Charles de Gaulle | |
|---|---|
| Nombre completo | Charles André Joseph Marie de Gaulle |
| Nacimiento | 22 de noviembre de 1890 Lille, Norte, Francia |
| Fallecimiento | 9 de noviembre de 1970 Colombey-les-Deux-Églises, Alto Marne, Francia |
| Causa de muerte | Rotura de aneurisma |
| Sepultura | Cementerio de Colombey-les-Deux-Églises |
| Nacionalidad | Francesa |
| Religión | Católico |
| Altura | 1,96 m |
| Cónyuge | Yvonne Vendroux (matrim. 1921) |
| Hijos | Philippe, Élisabeth, Anne |
| Educación | École Spéciale Militaire de Saint-Cyr |
| Ocupación | Militar, escritor, político |
| Rama militar | Ejército de Tierra francés |
| Rango | General de brigada |
| Conflictos | Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial |
| Cargos principales | Presidente de Francia (1959-1969) Jefe del Gobierno provisional (1944-1946) Líder de la Francia Libre (1940-1944) |
| Partido político | Agrupación del Pueblo Francés (R.P.F.) Unión para la Nueva República (U.N.R.)[sin verificar] |
| Obras destacadas | La espada y el filo (1932) Hacia un ejército profesional (1934) Memorias de guerra (1954-1959) Memorias de esperanza (1970-1971, póstuma) |
1. Resumen[editar]
Charles de Gaulle (Lille, 22 de noviembre de 1890 – Colombey-les-Deux-Églises, 9 de noviembre de 1970) fue un militar, escritor y estadista francés. Está considerado una de las figuras más influyentes de la historia contemporánea de Francia y de Europa, responsable de la reorganización institucional del país tras la Segunda Guerra Mundial y de la fundación de la Quinta República, de la que fue su primer presidente durante más de una década.
En el imaginario colectivo francés y mundial ocupa un lugar prominente como el hombre que, desde el exilio en Londres, se negó a aceptar la derrota ante la Alemania nazi en 1940 y organizó la resistencia de la Francia Libre, encarnada en el histórico llamamiento del 18 de junio. Esa posición le otorgó una legitimidad moral que mantuvo durante el resto de su carrera y que le permitió volver al poder en 1958, en medio de la crisis de la Cuarta República, para dotar a Francia de una nueva Constitución, con un ejecutivo fuerte, estable y legitimado por el sufragio popular.
Su presidencia (1959-1969) marcó profundamente la política francesa e internacional: concluyó la guerra de Argelia, emprendió una política exterior independiente, retiró a Francia del mando integrado de la OTAN, vetó el ingreso del Reino Unido en la Comunidad Económica Europea, normalizó las relaciones con la Alemania Federal mediante el Tratado del Elíseo y reconoció a la China comunista. Dentro del país impulsó la modernización económica, la estabilidad institucional y una idea de la grandeur que se convirtió en divisa de su pensamiento, conocido como gaullismo —corriente que influyó de manera decisiva en la derecha francesa y en la propia identidad republicana.[1]
Al mismo tiempo, de Gaulle fue un intelectual de notable producción literaria y un polemista tenaz. Su pluma forjó la narrativa con la que quiso explicarse ante la historia, desde sus ensayos militares de entreguerras hasta sus tres tomos de Memorias de guerra y los póstumos Memorias de esperanza.
Murió de forma repentina en su retiro de Colombey, pocos días antes de cumplir ochenta años, y su legado pervive en las instituciones de la Quinta República, en la doctrina de la disuasión nuclear francesa y en la manera en que Francia concibe su lugar en el mundo. A más de medio siglo de su desaparición, su figura sigue siendo referencia y motivo de debate tanto en Francia como en círculos políticos e intelectuales del resto de Europa y de América Latina.[2]
2. Primeros años y formación[editar]
Charles André Joseph Marie de Gaulle nació en Lille, en el seno de una familia católica, monárquica y profundamente ligada a los valores del viejo patriotismo francés. Su padre, Henri de Gaulle, era profesor de literatura, historia y matemáticas en colegios jesuitas; su madre, Jeanne Maillot, provenía de una familia de industriales del norte. El ambiente familiar combinaba una disciplina rigurosa con un respeto casi reverencial hacia la cultura clásica y la historia de Francia.[3]
Charles fue el tercero de cinco hijos. La familia se trasladó a París cuando él era aún niño, y fue en la capital donde cursó los estudios primarios y secundarios. Desde muy joven mostró inclinación por la historia, la literatura y la escritura: a los catorce años escribió un breve relato en el que ya se representaba a sí mismo como general de un ejército victorioso. Esa vocación precoz por la milicia lo condujo, en 1909, a ingresar en la prestigiosa École Spéciale Militaire de Saint-Cyr, academia de oficiales del Ejército de Tierra.[4]
Se graduó en 1912 con la promoción “Fez” y fue destinado al 33.º Regimiento de Infantería de Arrás, bajo el mando del entonces coronel Philippe Pétain, con quien mantendría durante dos décadas una relación de respeto intelectual que se quebraría trágicamente durante la ocupación alemana y el gobierno de Vichy. El joven de Gaulle se reveló pronto como un oficial de notables dotes intelectuales y gran voluntad, pero también como un espíritu individualista que no se plegaba a la disciplina burocrática. Su carácter inflamable y su convicción en la razón propia le granjearían tantas adhesiones como enemigos a lo largo de su vida.[5]
3. Trayectoria[editar]
3.1 Carrera militar temprana[editar]
Al estallar la Primera Guerra Mundial, de Gaulle fue movilizado con el grado de teniente. En agosto de 1914 fue herido en combate en Bélgica, pero volvió al frente. Durante la batalla de Verdún, en marzo de 1916, resultó gravemente herido en el muslo y fue dado por muerto en el campo de batalla; capturado por los alemanes, pasó el resto de la guerra en campos de prisioneros, de los cuales intentó evadirse en cinco ocasiones, todas frustradas. Esa etapa confirmó tanto su valentía física como su estoicismo frente a la adversidad, rasgos que después explotaría políticamente.[6]
Liberado tras el armisticio de 1918, prosiguió la carrera militar en misiones de Estado Mayor y en destinos en Polonia durante la guerra polaco-soviética, donde fue condecorado por su valor. De regreso en Francia, se desempeñó como profesor de historia militar en Saint-Cyr y colaboró estrechamente con Pétain en la redacción de estudios de estrategia, aunque sus relaciones se fueron agriando por divergencias doctrinales y literarias.
Fue en los años treinta cuando publicó las obras que revelan la madurez de su pensamiento estratégico. En La espada y el filo (1932), un ensayo sobre el mando, esboza su idea del líder como un ser solitario, visionario y casi místico, capaz de elevar la nación por encima de sus particularismos. Pero el libro clave de este período es Hacia un ejército profesional (1934), en el que defendía la creación de un cuerpo blindado mecanizado, autónomo de la infantería tradicional, que pudiera ejercer una guerra de movimiento. La tesis chocó contra la ortodoxia defensiva que representaba la Línea Maginot y contra la mentalidad de una generación de oficiales marcada por la guerra de trincheras. [7]
Pese a que la clase política francesa ignoró en gran medida sus advertencias, la rápida ofensiva alemana de mayo de 1940 le daría una razón amarga: la blitzkrieg seguía, en esencia, el guion que de Gaulle había descrito años antes sin ser escuchado.
3.2 Segunda Guerra Mundial y la Francia Libre[editar]
El 10 de mayo de 1940, el ejército alemán inició la invasión del oeste europeo. De Gaulle, ascendido a general de brigada con carácter provisional —rango que llevaría ya el resto de su vida—, recibió el mando de la 4.ª División Blindada y, en los combates de Montcornet y Abbeville, logró algunas de las escasas contraofensivas francesas parcialmente exitosas de aquella campaña. Sin embargo, la debacle era irreversible. El mariscal Pétain, entonces presidente del Consejo, pidió el armisticio y se preparó para colaborar con el ocupante.
De Gaulle, nombrado subsecretario de Estado de Defensa, se negó a aceptar el armisticio. El 17 de junio de 1940 abandonó Burdeos en un avión británico y, al día siguiente, el 18 de junio, pronunció desde los estudios de la BBC en Londres el llamamiento que lo convertiría en leyenda. Aquella alocución, apenas escuchada en su momento pero difundida profusamente después, afirmaba que Francia había perdido una batalla, pero no la guerra, y convocaba a los franceses a unirse a la resistencia bajo su bandera.
El gobierno británico, bajo Winston Churchill, reconoció a de Gaulle como líder de la Francia Libre, aunque la relación entre ambos fue siempre difícil, atravesada por la mutua desconfianza y por los vaivenes de la diplomacia aliada.[8] Desde Londres y más tarde desde Argel, de Gaulle fue construyendo una fuerza militar y política propia, buscando legitimarse como el auténtico representante de Francia frente al régimen colaboracionista de Vichy y frente a otros movimientos de resistencia que lo veían con recelo.
La campaña militar de la Francia Libre tuvo momentos decisivos en África y Oriente Medio, y creció gradualmente con la incorporación de territorios coloniales y de combatientes de la resistencia interior. Para 1943, logró imponerse en el Comité Francés de Liberación Nacional y entró en París como el jefe aclamado de la Francia combatiente. El 26 de agosto de 1944, tras la liberación de la capital, desfiló por los Campos Elíseos rodeado de una multitud exultante; una imagen que cimentó su legitimidad de manera definitiva.[9]
El gobierno provisional que presidió desde septiembre de 1944 hasta enero de 1946 emprendió tareas monumentales de reconstrucción nacional, nacionalizó sectores estratégicos y sentó las bases del Estado del bienestar francés, al tiempo que depuró a los colaboracionistas. Pero el sistema parlamentario de partidos que se gestaba en la Cuarta República no se ajustaba a su idea de un ejecutivo vigoroso y sin ataduras, así que dimitió con la convicción de que, más tarde o más temprano, el país lo llamaría de nuevo.
3.3 Posguerra y retiro temporal[editar]
Su dimisión en 1946 inauguró un período conocido en Francia como la “travesía del desierto”. Se retiró con su familia a la residencia de La Boisserie, en Colombey-les-Deux-Églises, y desde allí intentó organizar un movimiento político de nuevo cuño, la Agrupación del Pueblo Francés (Rassemblement du Peuple Français, RPF). La formación logró algunos éxitos electorales, sobre todo en las municipales de 1947, pero no logró romper la inercia del sistema de partidos de la Cuarta República y hacia 1953 se encontraba en franca retirada.[10]
Fue durante esos años cuando redactó sus Memorias de guerra, monumento literario al mismo tiempo que instrumento político: en sus páginas de Gaulle forjó el relato de sí mismo como el hombre que, invocando una “cierta idea de Francia”, había salvado el honor nacional. La publicación recibió una acogida extraordinaria y le garantizó ingresos suficientes para mantener el retiro, además de mantener viva su figura en un país que se debatía entre la modernización y el trauma colonial.
3.4 Regreso al poder y Quinta República[editar]
La travesía del desierto terminó abruptamente en mayo de 1958. La insurrección en Argel y el riesgo de una guerra civil dentro del propio ejército francés provocaron el colapso de la Cuarta República. El presidente René Coty apeló a de Gaulle como “el más ilustre de los franceses” y lo invistió presidente del Consejo con poderes excepcionales durante seis meses, con el cometido de redactar una nueva Constitución.
El texto, sometido a referéndum en septiembre de 1958[sin verificar], obtuvo un respaldo masivo y dio nacimiento a la Quinta República, caracterizada por un presidente elegido por sufragio universal (inicialmente mediante colegio electoral, luego por voto directo a partir de la reforma de 1962) con poderes muy amplios: jefatura de Estado, dirección de la política exterior, capacidad de disolver la Asamblea Nacional y recurso al referéndum.
De Gaulle asumió la presidencia en enero de 1959 y se mantuvo en ella durante un decenio que cambió la fisonomía de Francia.
3.5 Presidencia (1959-1969)[editar]
La primera gran prueba del nuevo presidente fue Argelia. Aunque en 1958 parte del ejército y los colonos lo habían visto como el garante de la presencia francesa en el territorio, de Gaulle fue inclinándose progresivamente hacia la autodeterminación. En 1962 firmó los Acuerdos de Évian, que pusieron fin a la guerra de independencia con un balance de víctimas difícil de precisar y que la historiografía no ha cerrado.[11] La apuesta suscitó la furia de los partidarios de la Argelia francesa, que organizaron atentados contra su persona —el más relevante fue el de Petit-Clamart, en agosto de 1962—, pero le permitió concentrar los recursos políticos y financieros del Estado en la modernización interior.
En política económica, la presidencia de de Gaulle coincidió con los años de fuerte crecimiento conocidos como los “Treinta Gloriosos”. Se creó un nuevo franco, se impulsó la industrialización, la agricultura se modernizó y París inició su transformación bajo la égida del primer ministro Georges Pompidou. El Estado desarrolló una política tecnológica ambiciosa que cristalizó en programas como el avión supersónico Concorde o el nacimiento de una industria nuclear civil y militar.
En la escena internacional, de Gaulle practicó una diplomacia de la independencia que chocaba con el orden bipolar de la Guerra Fría. Retiró a Francia del mando integrado de la OTAN en 1966 sin abandonar formalmente la Alianza, buscó acercarse a la Unión Soviética, reconoció a la República Popular China en 1964[sin verificar], y desplegó una retórica a menudo antagónica hacia el predominio del dólar estadounidense. En su célebre discurso de Phnom Penh en 1966 condenó sin ambages la intervención de
Estados Unidos en Vietnam.[12]
Su relación con la construcción europea fue ambivalente. Defensor convencido de una Europa de naciones soberanas —frente a cualquier tentativa federalista—, impulsó el eje franco-alemán sellado con el Tratado del Elíseo de 1963 junto al canciller Konrad Adenauer, pero bloqueó en dos ocasiones la adhesión británica a la Comunidad Económica Europea, por considerar que Londres era un “caballo de Troya” de los intereses americanos. Esta posición generó una duradera controversia entre federalistas y soberanistas dentro del continente.[13]
La sociedad francesa, sin embargo, no le respondió unánimemente con gratitud. En mayo de 1968, una revuelta estudiantil desembocó en una huelga general masiva que sacudió los cimientos del régimen. Durante algunos días la República pareció al borde del vacío, pero de Gaulle, tras un misterioso viaje relámpago a Baden-Baden para asegurarse la lealtad del ejército, disolvió la Asamblea Nacional y convocó elecciones legislativas en las que sus partidarios obtuvieron una victoria arrolladora. Sin embargo, la ola de conservadurismo que siguió a aquellos comicios no escondía un malestar difuso con el personalismo y la verticalidad del poder que encarnaba el general.[14]
El ocaso de su mandato se fraguó en un asunto de política interior: un referéndum sobre la regionalización y la reforma del Senado, convocado para abril de 1969, fue rechazado por el electorado. Coherente con su doctrina de que un presidente debía dimitir si perdía la confianza popular, de Gaulle abandonó el Palacio del Elíseo horas después y se retiró definitivamente a Colombey. Moriría al año siguiente, pocos días antes de cumplir los ochenta.
4. Estilo y características[editar]
La impronta personal de de Gaulle sobre la política francesa fue tan profunda que dio origen a un sustantivo —el gaullismo— que es a la vez una ideología, un estilo de gobierno y una sensibilidad nacional. El culto a la unidad del país por encima de los partidos, la primacía del interés nacional frente a los bloques, la desconfianza hacia la hegemonía anglosajona y una concepción casi sacerdotal de la autoridad del Estado figuran entre los rasgos más reconocibles de su pensamiento.[15]
Un elemento diferencial fue el uso ritualizado de la comunicación política. Las conferencias de prensa televisadas, los discursos sin notas y los viajes a las provincias, en los que se exponía directamente al contacto con la muchedumbre, sirvieron para construir una relación plebiscitaria con la ciudadanía. Su oratoria, de ritmo pausado y registro literario, estaba pensada tanto para el oído como para la relectura.
En el plano militar y diplomático, su acción siempre estuvo respaldada por el concepto de la force de frappe, la fuerza disuasoria nuclear independiente de Francia, que él consideraba la garantía última de la soberanía nacional frente a cualquier tutela. Al mismo tiempo, su recelo hacia Estados Unidos y su acercamiento a Moscú y Pekín no eran simpatías ideológicas, sino la expresión pragmática de una política de equilibrio que pretendía devolver a Francia un margen de maniobra propio en medio de la Guerra Fría.
De Gaulle también fue un escritor meticuloso. En sus textos se aprecia el afán de construir un personaje histórico que trasciende la anécdota. Memorias de guerra comienza con una frase ya clásica: “Toda mi vida he tenido una cierta idea de Francia”. La autoafirmación, el sentido de la fatalidad y la voluntad de encarnar el destino nacional son constantes de su prosa y constituyen una de las claves para entender por qué tantos contemporáneos lo admiraron y tantos lo aborrecieron con igual intensidad.
5. Palmarés y récords[editar]
La carrera militar de de Gaulle y su papel en la fundación de las instituciones de la Quinta República le valieron un buen número de condecoraciones francesas y extranjeras, aunque no todas las que se le suelen atribuir de manera genérica. Entre ellas pueden mencionarse:
- Cruz de Guerra 1914-1918 con dos citaciones.
- Cruz de Guerra 1939-1945.
- Medalla de la Resistencia.
- Gran Cruz de la Legión de Honor (recibida tras la liberación).
- Grandes cruces y collares de órdenes extranjeras como la Orden del Mérito de la República Italiana, la Orden de
Boyacá (
Colombia), la Orden del Libertador (
Venezuela) y otras que testimonian su prestigio en América Latina durante la década de los sesenta.[16]
En el terreno de los récords políticos, de Gaulle figura entre los jefes de Estado que encabezaron tres procesos constituyentes en su país —el gobierno provisional de 1944-1946, el retorno de 1958 y la reforma de 1962 que instauró la elección directa del presidente—, y el único político francés que ha renunciado dos veces al poder (1946 y 1969) por encontrar las condiciones políticas incompatibles con su idea de la autoridad legítima.
6. Vida pública y legado[editar]
Tras su muerte, se abrió paso un debate que no ha cesado del todo. Para sus partidarios, de Gaulle fue el salvador del honor francés en 1940, el arquitecto de la estabilidad institucional y un visionario que anticipó la multipolaridad mundial. Para sus críticos, fue un autoritario que despreció el parlamentarismo, un manipulador del sentimiento nacional y una figura que concentró en sí mismo un poder excesivo.
En términos institucionales, la Quinta República ha perdurado con modificaciones, y sus sucesores —desde Pompidou hasta Emmanuel Macron[sin verificar]— han gobernado bajo un esquema presidencialista que, en su arquitectura esencial, sigue siendo el diseñado por de Gaulle y Michel Debré. La poseción de la fuerza de disuasión nuclear ha continuado siendo un pivote de la política exterior francesa, y el escaño permanente de Francia en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es, en parte, un fruto de la legitimidad que él construyó en 1944-1945.
Culturalmente, el personaje ha absorbido tantas interpretaciones que desborda los manuales de historia: desde el cómic y el cine hasta la publicidad, las alusiones al general vuelven cada vez que la política francesa atraviesa una tormenta. La referencia al hombre del 18 de junio se ha convertido en un recurso retórico —a veces vacío— de la clase política gala.
En los últimos años, la historiografía ha pasado del esquema hagiográfico de la primera posguerra y del revisionismo crítico de los años setenta a visiones más matizadas que subrayan, junto a la grandeza del estadista, las contradicciones de su nacionalismo, la dureza de su política colonial y los límites del personalismo en democracia.[17]
7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
La relación de Charles de Gaulle con el mundo de habla hispana es compleja y a menudo subestimada. No se reduce a las medallas recibidas de gobiernos latinoamericanos, sino que involucra tanto a su propia trayectoria como a la imagen que de él construyeron las élites intelectuales y políticas de la región a lo largo del siglo XX.
En primer lugar, la familia de De Gaulle guardaba cierta inclinación hacia la cultura española. Su hija menor, Anne, a quien el general profesaba un amor particularmente intenso y protector, fue objeto de cuidados constantes, y se sabe que la familia contrató a una institutriz de origen español.[18]
En el plano diplomático, el principal episodio que vincula a De Gaulle con Hispanoamérica fue la extensa gira que emprendió en 1964 por diez países latinoamericanos. Entre septiembre y octubre de aquel año, el presidente francés visitó Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil. El viaje se inscribía en su diseño de una política exterior que pretendía ofrecer a los gobiernos latinoamericanos una alternativa frente a la influencia de Washington —un discurso que fue acogido con entusiasmo por ciertos sectores del nacionalismo local, aunque con recelo por otros.
La gira tuvo momentos notables: en Bogotá recibió un baño de multitudes a pesar de la lluvia, en Buenos Aires habló ante una asamblea en la que se mezclaban el entusiasmo popular y la hostilidad de algunos círculos políticos. En cada capital, insistió en las afinidades culturales y en la necesidad de que América Latina ocupara un lugar central en el concierto de las naciones libres.[19]
El mensaje de De Gaulle hacia la región contenía un ingrediente que los intelectuales hispanoamericanos no dejaron de notar: su defensa de la soberanía nacional y su condena de los intervencionismos —incluida su célebre posición sobre la guerra de Vietnam— resonaban con tradiciones políticas tan arraigadas en el continente como el antiimperialismo o la lucha por un orden internacional más equitativo. La revista Cuadernos Americanos y otras publicaciones dedicaron números monográficos a analizar su figura, y circuló durante años una edición en español de las Memorias de guerra que gozó de influencia entre cierta izquierda nacionalista, la cual veía en el general a un aliado improbable pero útil.
En
España, por supuesto, las relaciones del general con la dictadura de Francisco Franco fueron pragmáticas, aunque nunca cálidas. De Gaulle mantuvo los vínculos diplomáticos y comerciales, pero la naturaleza autoritaria del régimen franquista contrastaba con la legitimidad democrática de la Quinta República. Tras la liberación de Francia, el gobierno provisional había mostrado escaso entusiasmo por el gobierno del caudillo, y solo bajo la Cuarta República se normalizaron las relaciones. Ya en la presidencia de De Gaulle, la cooperación económica —especialmente en materia de infraestructuras y energía— fue la nota dominante, pero evitó cualquier gesto que interpretarse como un respaldo político explícito.[20]
Poco se suele subrayar que el pensamiento gaullista inspiró a algunas figuras de la política latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX, desde corrientes desarrollistas hasta sectores castrenses de orientación nacionalista. Aunque las referencias explícitas a De Gaulle en los discursos de presidentes latinoamericanos no han sido sistematizadas, se puede rastrear su huella en las ideas de autonomía estratégica y en la reivindicación del Estado como rector del desarrollo que compartieron gobiernos tan distintos entre sí como los de Juan Perón, el primer mandato de Carlos Menem o el apogeo del Partido Revolucionario Institucional mexicano. Ciertamente, sería una exageración afirmar que De Gaulle modeló la política latinoamericana, pero no lo es señalar que su manera de articular nacionalismo e independencia exterior encontró un terreno fértil en la imaginación política de la región.
Hoy, el nombre de Charles de Gaulle aparece en calles, plazas y liceos de diversas ciudades de América Latina, y el aeropuerto internacional de la capital francesa —el aeropuerto Charles de Gaulle— es para millones de hispanoamericanos el punto de entrada a Europa, lo que mantiene vivo el apellido del general en la geografía cotidiana del continente.
El término “gaullismo” (gaullisme) no fue acuñado por el propio De Gaulle, sino por sus seguidores y por la prensa a finales de los años cuarenta. Designó primero a la Agrupación del Pueblo Francés y más tarde a la doctrina política que identificaba al Estado con la nación, rechazaba el sistema de partidos y propugnaba una relación directa entre el líder y el pueblo a través del referéndum. Tras la desaparición del general, el gaullismo se convirtió en una corriente interna de la derecha francesa —primero con Jacques Chirac, luego con Nicolas Sarkozy—, si bien muchos politólogos discuten si su contenido original sobrevivió a la integración europea y la globalización. ↩︎
La influencia de De Gaulle en América Latina se analiza en el apartado 7 del presente artículo. Para una revisión de la recepción de sus ideas en el continente, véase la bibliografía especializada que recopilan los estudios de historia de las relaciones entre Francia y la región durante la Guerra Fría. ↩︎
El abuelo paterno, Julien-Philippe de Gaulle, fue historiador y autor de varios libros sobre París; el materno, Charles Alfred Maillot, dirigió una fábrica textil. La tradición familiar combinaba el legitimismo monárquico con una religiosidad católica no exenta de cierto liberalismo cultural e interés por las ciencias. ↩︎
La École Spéciale Militaire de Saint-Cyr es una de las grandes escuelas militares francesas, fundada en 1802. Forma a los oficiales del Ejército de Tierra y ha dado al país buena parte de su élite castrense. ↩︎
La relación entre De Gaulle y Pétain es uno de los nudos dramáticos de la historia francesa del siglo XX. El mariscal había sido padrino de bautismo del hijo de De Gaulle, Philippe, y durante los años veinte ambos colaboraron en manuales de estrategia. El distanciamiento comenzó cuando De Gaulle publicó Hacia un ejército profesional, cuyo énfasis en la movilidad chocaba con la doctrina defensiva patrocinada por Pétain. En 1940, la ruptura fue total. Condenado a muerte por el régimen de Vichy ese mismo año, De Gaulle no mostró nunca intención de conmutar la pena de su antiguo jefe cuando la guerra terminó; Pétain murió prisionero en la isla de Yeu en 1951. ↩︎
Aunque las evasiones fracasaron, la obstinación del joven oficial impresionó a sus captores, que lo confinaron en fortalezas de máxima seguridad. La experiencia del encierro aparece aludida en pasajes de su correspondencia y en las Memorias de guerra, donde es descrita con una mezcla de orgullo y amargura. ↩︎
La obra fue traducida al español con el título Hacia un ejército profesional (o, en algunas ediciones, El ejército del futuro) y tuvo cierta difusión en círculos militares de
Argentina y Chile durante los años cuarenta. Las tesis de De Gaulle influyeron poco o nada en el desenlace de la guerra en Francia, pero su valor predictivo fue reconocido después por los historiadores de la guerra mecanizada. ↩︎La correspondencia entre Churchill y De Gaulle es un clásico del género epistolar político y revela, junto a la admiración mutua, un choque de personalidades casi teatral. Churchill llegó a escribir sobre él: “De Gaulle se considera a sí mismo el heredero de la grandeza de Francia. Lo respeto, pero a veces resulta difícil soportarlo”. La frase resume la relación. ↩︎
Las imágenes del desfile del 26 de agosto de 1944, captadas por los noticieros aliados, son de las más icónicas de la liberación de París. Sin embargo, la reconstrucción histórica ha matizado el espontaneismo de aquella jornada: los acuerdos con los comandantes de la resistencia y las negociaciones con los aliados para que fueran tropas francesas las primeras en entrar en la capital habían sido cuidadosamente preparados. ↩︎
Los manuales de historia suelen fechar el final de la R.P.F. en 1953, cuando las divisiones internas y la pérdida de apoyo electoral llevaron a De Gaulle a disolver la formación y a retirarse por completo de la vida pública. Durante los cinco años siguientes se consagraría a escribir y a recibir en Colombey a un puñado de fieles, mientras la Cuarta República se hundía en crisis ministeriales y en los conflictos coloniales. ↩︎
La cifra de víctimas argelinas varía drásticamente entre las fuentes francesas y argelinas; mientras los historiadores franceses hablan de varios cientos de miles de muertos, las fuentes argelinas mencionan un millón o más. De Gaulle aceptó en privado que el coste humano había sido inmenso, pero nunca lo asumió en un discurso oficial explícito, lo que le valió críticas tanto en el mundo árabe como en círculos intelectuales franceses. ↩︎
El discurso de Phnom Penh, pronunciado el 1 de septiembre de 1966, es citado con frecuencia en la historia de las relaciones internacionales por la crudeza con que De Gaulle acusó a Estados Unidos de prolongar el conflicto indochino y de imponer su hegemonía sobre el sudeste asiático. ↩︎
El doble veto británico (1963 y 1967) generó un profundo malestar en varias cancillerías europeas y sigue siendo una de las decisiones más polémicas de la presidencia gaullista. Quienes lo justifican señalan que De Gaulle anticipó la naturaleza euroséptica del Reino Unido; quienes lo critican afirman que retrasó la construcción de una Europa más amplia y capaz de contrarrestar las superpotencias. ↩︎
La historiografía del mayo francés es vasta y polémica. El viaje de De Gaulle a la base militar de Baden-Baden, donde se entrevistó con el general Massu, se mantuvo confidencial durante años y ha dado pie a numerosas especulaciones sobre si el presidente temió realmente un levantamiento incontrolable o si se trató de una escenificación calculada para recuperar el control. ↩︎
La idea gaullista de la autoridad —“el hombre de carácter”, como lo llama en La espada y el filo— es inseparable de la desconfianza hacia los cuerpos intermedios. En el plano práctico, se plasmó en una presidencia muy intervencionista, que reducía al primer ministro a una función subordinada, en contra del espíritu colegiado que la letra de la Constitución de 1958 parecía sugerir. ↩︎
La enumeración exacta de las condecoraciones extranjeras de De Gaulle varía según los catálogos de órdenes consultados, ya que muchas naciones otorgaron insignias al mandatario en visitas oficiales y el registro puede ser incompleto. Para el lector que desee una relación detallada, se recomienda consultar el archivo de la Cancillería de la Legión de Honor francesa. ↩︎
Durante los años ochenta y noventa se publicaron importantes biografías que marcaron un giro en los estudios gaullistas: la de Jean Lacouture (1984-1986), la de Michel Winock y la de Julian Jackson (2018), todas ellas traducidas al español o al inglés y accesibles al público hispanohablante. ↩︎
El dato, aunque menudo, aparece en varias biografías y arroja una luz suplementaria sobre la vida íntima de la familia De Gaulle, donde se combinaban un patriotismo francés muy cerrado con pequeñas aperturas a otras culturas europeas. ↩︎
Los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores francés y las hemerotecas de los países visitados conservan los discursos pronunciados por De Gaulle durante la gira latinoamericana. En general, el mensaje se ajustaba a la retórica de la “tercera vía” entre los bloques, una retórica que resultaba muy grata a los gobiernos latinoamericanos que buscaban diversificar sus relaciones internacionales sin romper con Estados Unidos. ↩︎
El gobierno republicano español en el exilio mantuvo contactos con la Francia Libre, pero después de 1945 el realismo diplomático se impuso. Las relaciones franco-españolas conocieron episodios de tensión, como la negativa de París a extraditar opositores al régimen de Franco, y también de cooperación, como los acuerdos sobre el suministro de material nuclear para la incipiente industria española. ↩︎