Primera Guerra Mundial
| Primera Guerra Mundial | |
|---|---|
| También llamada la Gran Guerra y, en su momento, «la guerra que acabaría con todas las guerras». | |
| Fecha | 28 de julio de 1914 – 11 de noviembre de 1918 (4 años, 3 meses y 14 días) |
| Lugar | Europa, los Balcanes, Oriente Medio, África, el Cáucaso, el Pacífico, China y el océano Atlántico. |
| Casus belli | Asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo el 28 de junio de 1914 y el ultimátum austrohúngaro a Serbia del 23 de julio. |
| Resultado | Victoria aliada. Disolución de los imperios alemán, austrohúngaro, ruso y otomano. Tratado de Versalles (28 de junio de 1919). Creación de la Sociedad de Naciones. |
| Beligerantes |
Aliados (Entente)FranciaImperio ruso (hasta 1917) Imperio británico Serbia Bélgica Italia (desde 1915) Portugal (desde 1916) Rumania (desde 1916) Grecia (desde 1917) Japón y otros Estados americanos y asiáticos Imperios CentralesImperio alemánImperio austrohúngaro Imperio otomano (desde 1914) Bulgaria (desde 1915) |
| Dirigentes |
AliadosRaymond Poincaré · Georges ClemenceauNicolás II de Rusia Jorge V · H. H. Asquith · David Lloyd George Víctor Manuel III de Italia Woodrow Wilson Pedro I de Serbia Alberto I de Bélgica Imperios CentralesGuillermo II de AlemaniaPaul von Hindenburg · Erich Ludendorff Francisco José I · Carlos I de Austria Mehmed V · Enver Bajá Fernando I de Bulgaria |
| Bajas |
Muertos totales: entre 15 y 22 millones Militares muertos: entre 9 y 11 millones Civiles muertos: entre 6 y 13 millones Heridos: alrededor de 21 millones |
| Fin de la guerra | Armisticio de Compiègne, firmado a las 5:20 de la mañana del 11 de noviembre de 1918 y efectivo a las 11:00, hora de París. |
1. Resumen[editar]
La Primera Guerra Mundial, conocida en su época simplemente como la Gran Guerra, fue un conflicto armado de alcance global librado entre el 28 de julio de 1914 y el 11 de noviembre de 1918. Enfrentó a dos coaliciones: los Aliados o Entente —encabezados por Francia, el Imperio ruso y el Imperio británico, a los que se sumarían Italia en 1915 y Estados Unidos en 1917— contra los Imperios Centrales, formados por el Imperio alemán, el Imperio austrohúngaro, el Imperio otomano y Bulgaria.
Fue la primera guerra industrial de la historia. Los ejércitos de masas, el ferrocarril, la ametralladora, la artillería pesada de tiro rápido, el submarino, el avión, el carro de combate y el gas venenoso convirtieron el campo de batalla en un espacio donde la defensa aplastaba al ataque, y donde ofensivas que costaban centenares de miles de vidas movían la línea del frente unos pocos kilómetros. La cifra de muertos se estima entre 15 y 22 millones de personas, de las cuales entre 9 y 11 millones eran militares; a ellas se sumaron alrededor de 21 millones de heridos y, en el tramo final del conflicto, una pandemia de gripe que mató en el mundo a decenas de millones más.
Sus consecuencias fueron desproporcionadas incluso respecto de su enormidad. Cuatro imperios desaparecieron —el alemán, el austrohúngaro, el ruso y el otomano—; el mapa de Europa central y de Oriente Medio se redibujó por completo; nacieron la Unión Soviética y una decena de Estados nuevos; Estados Unidos pasó de deudor a acreedor del mundo; y el Tratado de Versalles dejó en Alemania un resentimiento que dos décadas después alimentaría el ascenso del nazismo y la Segunda Guerra Mundial. Por eso una parte considerable de la historiografía trata ambos conflictos como dos fases de una misma crisis europea, una "guerra civil europea" o "segunda guerra de los Treinta Años" separada por veinte años de tregua.[1]
América Latina no fue un espectador. Ocho repúblicas terminaron declarando la guerra a Alemania y cinco más rompieron relaciones; Brasil envió una división naval al Atlántico y una misión médica a Francia;
México rechazó una oferta alemana de alianza militar que se convirtió en uno de los detonantes de la entrada estadounidense;
Argentina y
Chile se mantuvieron neutrales hasta el final. Sobre todo, la guerra cortó de golpe el vínculo comercial y migratorio con Europa que había definido el siglo anterior de la región, y en su lugar dejó a Estados Unidos como socio comercial y financiero dominante del hemisferio.
España, también neutral, vivió a la vez su mayor auge exportador y la crisis social de 1917 que empezó a desmontar el sistema de la Restauración.
2. Nombre, alcance y periodización[editar]
Durante los años en que se libró, nadie la llamó "Primera" Guerra Mundial: se decía la Gran Guerra (the Great War, la Grande Guerre), la guerra europea o, con el optimismo desesperado del momento, "la guerra que acabaría con todas las guerras". La numeración actual solo se generalizó a partir de 1939, cuando quedó claro que había habido una segunda.[2]
Las fechas canónicas son el 28 de julio de 1914, día en que Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia, y el 11 de noviembre de 1918, día del armisticio en el frente occidental. Ambas admiten matices. Los combates no cesaron en noviembre de 1918 en el este de Europa ni en el Cáucaso, donde guerras civiles, guerras de independencia y la guerra polaco-soviética se prolongaron hasta 1921; y el estado formal de guerra no terminó hasta la firma y ratificación de los tratados de paz, entre 1919 y 1923. El armisticio, técnicamente, solo suspendía las hostilidades.
En cuanto al alcance, la guerra fue "mundial" en un sentido preciso y en otro discutible. Se libró efectivamente en cuatro continentes y en todos los océanos: hubo combates en Bélgica y en Tanganica, en los Dardanelos y en Mesopotamia, en Tsingtao (China) y en las Malvinas. Pero su núcleo fue europeo, y la mayoría de los países extraeuropeos que participaron lo hicieron como imperios coloniales que movilizaron a sus súbditos —cerca de un millón y medio de soldados y trabajadores indios, varios centenares de miles de africanos— o como potencias que entraron tarde y en la periferia.
3. Antecedentes[editar]
Ninguna de las causas que se suelen enumerar bastaba por sí sola para producir una guerra continental. Lo que la produjo fue su combinación: un sistema de alianzas rígido, una carrera armamentística sin frenos, un choque de imperialismos, nacionalismos irredentos concentrados en una región concreta y unos planes militares que, una vez activados, no admitían marcha atrás.
3.1. El sistema de alianzas[editar]
Tras la unificación alemana de 1871, el canciller Otto von Bismarck construyó un entramado diplomático cuyo objetivo era mantener a Francia aislada y evitar una guerra en dos frentes. Su pieza central fue la Triple Alianza de 1882 entre Alemania, Austria-Hungría e Italia. Cuando Guillermo II destituyó a Bismarck en 1890 y dejó caducar el tratado de contraseguro con Rusia, el edificio se invirtió: Francia y Rusia firmaron una alianza militar en 1894, el Reino Unido y Francia liquidaron sus disputas coloniales en la Entente Cordiale de 1904, y el acuerdo anglo-ruso de 1907 completó la Triple Entente.
El resultado fue un continente dividido en dos bloques donde cualquier conflicto local podía escalar automáticamente. El sistema no obligaba mecánicamente a la guerra —las alianzas eran defensivas y sus términos, ambiguos—, pero convertía cada crisis en una prueba de credibilidad: retroceder ante el bloque contrario significaba, se creía, perder al aliado y quedar solo en la siguiente.
3.2. Imperialismo, economía y carrera armamentística[editar]
Entre 1880 y 1914 las potencias europeas se repartieron África y buena parte de Asia. Alemania, unificada tarde, llegó a ese reparto cuando quedaba poco, y su política de Weltpolitik —exigir "un lugar bajo el sol"— chocó repetidamente con Francia y el Reino Unido: las dos crisis marroquíes (1905-1906 y 1911) llevaron a Europa al borde de la guerra por el control de un territorio norteafricano.
La carrera naval anglo-alemana fue el símbolo más visible de esa rivalidad. La botadura del acorazado británico HMS Dreadnought en 1906 dejó obsoletas de golpe todas las flotas del mundo, incluida la propia, y abrió una competencia de construcción naval que Alemania no podía ganar pero que envenenó las relaciones entre ambos países durante una década. En tierra, el gasto militar de las grandes potencias creció sin pausa y los ejércitos de conscripción alcanzaron tamaños inéditos: Europa podía movilizar en semanas a varios millones de hombres.
Este armamentismo convivía con una economía mundial extraordinariamente integrada. En 1913 el comercio internacional, las migraciones y los flujos de capital habían alcanzado niveles que no se volverían a ver hasta finales del siglo XX; Alemania era el segundo socio comercial del Reino Unido. Se argumentaba —el economista Norman Angell lo hizo célebremente en La gran ilusión (1910)— que una guerra entre economías tan entrelazadas sería tan ruinosa que resultaba impensable. El argumento era correcto en cuanto al costo y erróneo en cuanto a la conclusión.
3.3. Nacionalismos y el polvorín balcánico[editar]
La causa inmediata estaba en el sureste de Europa. La retirada progresiva del Imperio otomano de los Balcanes dejó un vacío que se disputaban Austria-Hungría, Rusia y los jóvenes Estados nacionales de la región. Austria-Hungría, un imperio multinacional donde una docena de pueblos convivían bajo dos coronas, veía en el nacionalismo eslavo del sur una amenaza existencial: si los serbios, croatas y eslovenos del imperio se unían a Serbia, el edificio entero se venía abajo.
La anexión austrohúngara de Bosnia-Herzegovina en 1908 humilló a Serbia y a Rusia. Las dos guerras balcánicas (1912-1913) duplicaron el territorio serbio y multiplicaron su confianza. Cuando en junio de 1914 el heredero del trono austrohúngaro visitó Sarajevo, la capital de la provincia anexada, la ciudad era el punto exacto donde se cruzaban todas esas líneas de fractura.
3.4. Los planes de guerra[editar]
El último ingrediente fue técnico y resultó decisivo. Los estados mayores europeos habían pasado décadas preparando planes de movilización detallados hasta el horario de cada tren, y esos planes tenían una lógica propia que se imponía a la diplomacia.
El Plan Schlieffen alemán, concebido hacia 1905 y modificado después, partía de que Alemania no podía sostener una guerra simultánea contra Francia y Rusia, y proponía resolverla por partes: aplastar a Francia en seis semanas mediante un gran movimiento envolvente a través de la neutral Bélgica, y trasladar después el grueso del ejército al este antes de que la lenta movilización rusa se completara. El plan convertía cualquier movilización rusa —aunque fuera dirigida contra Austria— en una razón para atacar Francia de inmediato, y garantizaba la violación de la neutralidad belga, que a su vez arrastraba al Reino Unido.
Francia respondía con el Plan XVII, una ofensiva frontal en Alsacia y Lorena inspirada en la doctrina del ataque a ultranza: la creencia, extendida en casi todos los ejércitos, de que el elemento moral y la ofensiva decidían las batallas. La experiencia de la guerra ruso-japonesa (1904-1905), que ya había mostrado el poder de la ametralladora y la trinchera, fue leída selectivamente y en gran medida descartada.
4. La crisis de julio de 1914[editar]
El 28 de junio de 1914, en Sarajevo, el archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero del trono austrohúngaro, y su esposa Sofía fueron asesinados a tiros por Gavrilo Princip, un joven nacionalista serbobosnio vinculado a la organización clandestina Mano Negra. El atentado, que a primera vista era un crimen político más en una Europa acostumbrada a ellos, desencadenó en cinco semanas la mayor guerra conocida hasta entonces.
La secuencia de aquellas semanas —la "crisis de julio"— se ha estudiado con más detalle que cualquier otro mes de la historia diplomática:
[ Desplegar / Plegar ] Cronología de la crisis de julio de 1914
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 28 de junio | Asesinato de Francisco Fernando y su esposa en Sarajevo. |
| 5-6 de julio | Alemania da a Austria-Hungría el llamado "cheque en blanco": respaldo incondicional a la acción que decida tomar contra Serbia. |
| 23 de julio | Austria-Hungría entrega a Serbia un ultimátum de diez puntos con 48 horas de plazo, redactado para ser inaceptable. |
| 25 de julio | Serbia acepta casi todas las condiciones y rechaza la que permitía a funcionarios austrohúngaros investigar en suelo serbio. Austria rompe relaciones. Rusia inicia preparativos militares. |
| 28 de julio | Austria-Hungría declara la guerra a Serbia. Al día siguiente bombardea Belgrado. |
| 30 de julio | Rusia ordena la movilización general. |
| 1 de agosto | Alemania declara la guerra a Rusia y ordena su propia movilización. Francia moviliza. |
| 3 de agosto | Alemania declara la guerra a Francia y exige a Bélgica paso libre. |
| 4 de agosto | Tropas alemanas invaden Bélgica. El Reino Unido declara la guerra a Alemania. |
| 6 de agosto | Austria-Hungría declara la guerra a Rusia. |
| 12 de agosto | El Reino Unido y Francia declaran la guerra a Austria-Hungría. |
Dos rasgos de esa cronología explican mucho de lo que vino después. El primero es la velocidad: entre el ultimátum y la guerra general transcurrieron doce días, un plazo en el que los gobiernos actuaron con información incompleta y bajo la presión de los calendarios de movilización. El segundo es que Italia, formalmente aliada de Alemania y Austria-Hungría, se declaró neutral el 3 de agosto alegando que la Triple Alianza era un pacto defensivo y que Austria había sido la agresora; nueve meses después entraría en la guerra en el bando contrario.
El estallido fue recibido en las capitales europeas con manifestaciones de entusiasmo que la memoria posterior ha exagerado —el apoyo fue mucho más matizado en el campo que en las ciudades—, pero que sí reflejaron un consenso real: casi todos los partidos socialistas europeos, que durante años habían prometido una huelga general contra la guerra, votaron los créditos militares de sus respectivos gobiernos. La Segunda Internacional se rompió en agosto de 1914 y nunca se recompuso.
Se daba por supuesto que la guerra sería breve. La frase atribuida a los soldados alemanes de que estarían "en casa antes de que caigan las hojas" resume una expectativa que compartían los estados mayores de ambos bandos.
5. 1914: la guerra de movimientos[editar]
5.1. La invasión de Bélgica[editar]
El 4 de agosto de 1914 el ejército alemán cruzó la frontera belga. La resistencia de los fuertes de Lieja retrasó el avance algunos días —menos de lo que después se diría, pero lo suficiente para alterar el calendario— y la campaña estuvo marcada desde el principio por represalias contra la población civil: unos 6.000 civiles belgas y franceses fueron ejecutados en las primeras semanas y la biblioteca de la Universidad de Lovaina fue incendiada. Estos hechos, reales aunque después amplificados por la propaganda aliada bajo el nombre de "la violación de Bélgica", fueron decisivos para movilizar la opinión pública británica y, más tarde, la estadounidense.
Mientras tanto, el ejército francés lanzaba su Plan XVII contra Alsacia y Lorena. La batalla de las Fronteras (agosto de 1914) fue un desastre: en un solo día, el 22 de agosto, Francia perdió unos 27.000 muertos, la jornada más sangrienta de toda su historia militar. Los pantalones rojos y los capotes azules del uniforme francés, pensados para la visibilidad en el campo de batalla del siglo XIX, resultaron letales frente a la ametralladora.
5.2. El Marne y la carrera hacia el mar[editar]
A comienzos de septiembre los ejércitos alemanes estaban a menos de cincuenta kilómetros de París y el gobierno francés se había trasladado a Burdeos. Entonces, entre el 5 y el 12 de septiembre de 1914, se libró la primera batalla del Marne. El mando alemán, tras semanas de marcha forzada, había estirado sus líneas y desviado su ala derecha; los franceses, reforzados por la Fuerza Expedicionaria Británica y por unos seis mil soldados transportados desde París en taxis requisados —un episodio menor en lo militar y enorme en lo simbólico—, contraatacaron en la brecha abierta entre el primer y el segundo ejército alemán.
El Marne no fue una victoria aplastante, pero sí definitiva en un sentido: obligó a los alemanes a retirarse hasta el río Aisne y liquidó el Plan Schlieffen. Alemania tendría la guerra en dos frentes que había querido evitar a toda costa.
Lo que siguió fue la mal llamada "carrera hacia el mar": una serie de intentos mutuos de desbordar el flanco norte del adversario que, al fracasar todos, extendieron el frente hasta la costa belga. En noviembre de 1914 existía una línea continua de trincheras de unos 700 kilómetros, desde el mar del Norte hasta la frontera suiza, que apenas se movería durante los tres años siguientes.
5.3. El frente oriental: Tannenberg[editar]
En el este, Rusia movilizó mucho más rápido de lo previsto e invadió Prusia Oriental en agosto. El resultado fue la batalla de Tannenberg (26-30 de agosto de 1914), donde los generales Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff, aprovechando que los rusos transmitían órdenes por radio sin cifrar, aniquilaron el 2.º Ejército ruso del general Aleksandr Samsónov: unos 92.000 prisioneros y decenas de miles de muertos frente a menos de 20.000 bajas alemanas. Samsónov se suicidó la noche del 29 de agosto. La victoria convirtió a Hindenburg y Ludendorff en héroes nacionales y, con el tiempo, en los verdaderos gobernantes de Alemania.
El frente oriental fue desde el principio muy distinto del occidental: más largo —más de 1.500 kilómetros—, con densidades de tropas mucho menores y, por tanto, con guerra de movimientos hasta el final. Contra Austria-Hungría, en cambio, los rusos avanzaron con éxito en Galitzia y el ejército austrohúngaro sufrió pérdidas de las que nunca se recuperó del todo.
5.4. La guerra se hace global[editar]
El conflicto rebasó Europa en cuestión de semanas. Japón, aliado del Reino Unido desde 1902, declaró la guerra a Alemania en agosto de 1914 y tomó la concesión alemana de Tsingtao, en China, además de las islas alemanas del Pacífico norte. Las fuerzas británicas, francesas, sudafricanas, australianas y neozelandesas ocuparon una tras otra las colonias alemanas de África y Oceanía; solo en el África Oriental Alemana el coronel Paul von Lettow-Vorbeck sostuvo una campaña de guerrillas que no depuso las armas hasta después del armisticio.
El 1 de noviembre de 1914 Rusia declaró la guerra al Imperio otomano, que se había alineado con Alemania tras el bombardeo de puertos rusos del mar Negro por buques otomanos con tripulación alemana. La entrada otomana cerró los estrechos, aisló a Rusia de sus aliados occidentales y abrió frentes nuevos en el Cáucaso, Mesopotamia, Persia, Egipto y Palestina.
En el Atlántico Sur, la escuadra alemana del almirante Maximilian von Spee derrotó a los británicos frente a Coronel, en la costa chilena, el 1 de noviembre de 1914, y fue destruida cinco semanas después en la batalla de las islas Malvinas (8 de diciembre). Aquellos combates, librados frente a costas sudamericanas, fueron el episodio bélico más próximo geográficamente a la región durante toda la guerra y plantearon a las repúblicas neutrales —Chile y Argentina en particular— problemas concretos de respeto a sus aguas territoriales.
5.5. La tregua de Navidad[editar]
En diciembre de 1914, en varios tramos del frente occidental, soldados británicos y alemanes salieron de sus trincheras sin permiso de sus mandos, intercambiaron tabaco y alimentos, enterraron a sus muertos y, en algunos puntos, jugaron al fútbol en tierra de nadie. La tregua de Navidad fue un fenómeno real, localizado y no repetido: los mandos de ambos bandos tomaron medidas para impedir que volviera a ocurrir, y en las navidades siguientes se programaron bombardeos para asegurarse de ello. Se ha convertido en el episodio más citado de la guerra en la cultura popular, precisamente porque fue una excepción.
6. 1915: el estancamiento[editar]
Con el frente occidental inmovilizado, 1915 fue el año en que ambos bandos buscaron soluciones: nuevas armas, nuevos frentes y nuevos aliados. Ninguna funcionó.
6.1. La guerra química[editar]
El 22 de abril de 1915, en el arranque de la segunda batalla de Ypres, el ejército alemán liberó unas 168 toneladas de cloro desde miles de cilindros instalados en sus propias trincheras. La nube verdeamarilla abrió una brecha de seis kilómetros en las líneas francesas y coloniales argelinas, pero los alemanes no tenían reservas preparadas para explotarla. Fue el primer uso masivo y eficaz de un arma química en la historia de la guerra.[3]
A partir de ahí, la guerra química se generalizó en ambos bandos: el fosgeno, mucho más letal que el cloro, apareció a finales de 1915, y el gas mostaza —un vesicante que quemaba piel y pulmones y persistía en el terreno durante días— en julio de 1917. Se calcula que los gases causaron alrededor de 1,3 millones de bajas y unos 90.000 muertos en total: menos del 1 % de las muertes de la guerra, pero con un efecto psicológico desproporcionado que llevó a su prohibición en el Protocolo de Ginebra de 1925.
6.2. Galípoli[editar]
La idea de romper el estancamiento por la "puerta trasera" produjo la campaña de Galípoli (19 de febrero de 1915 – 9 de enero de 1916), impulsada por el entonces Primer Lord del Almirantazgo británico, Winston Churchill. El objetivo era forzar los Dardanelos, tomar Constantinopla, sacar de la guerra al Imperio otomano y abrir una ruta de suministro a Rusia.
El ataque naval del 18 de marzo de 1915 fracasó ante los campos de minas, con tres acorazados hundidos. El 25 de abril desembarcaron tropas británicas, francesas, indias y, sobre todo, el cuerpo ANZAC australiano y neozelandés. Los defensores otomanos, dirigidos en el sector clave por el entonces teniente coronel Mustafá Kemal, mantuvieron las alturas. La campaña se convirtió en una guerra de trincheras idéntica a la de Francia, con el agravante del calor, la disentería y la falta de agua.
Tras ocho meses y unas 252.000 bajas aliadas frente a unas 253.000 otomanas, los aliados evacuaron sus posiciones —la única operación de toda la campaña que salió impecablemente— entre diciembre de 1915 y el 9 de enero de 1916. Churchill dimitió del Almirantazgo. En Australia y Nueva Zelanda, el 25 de abril se conmemora desde entonces como ANZAC Day y es considerado el nacimiento de la conciencia nacional de ambos países; en Turquía, Galípoli fue el punto de partida del ascenso de Mustafá Kemal, futuro Atatürk.
6.3. La guerra submarina y el Lusitania[editar]
Incapaz de romper el bloqueo naval británico que asfixiaba su comercio, Alemania declaró en febrero de 1915 las aguas en torno a las islas británicas zona de guerra y autorizó a sus submarinos a hundir sin previo aviso a los buques mercantes enemigos.
El 7 de mayo de 1915 el submarino U-20 torpedeó frente a la costa irlandesa al transatlántico británico RMS Lusitania, que se hundió en dieciocho minutos. Murieron 1.198 personas, entre ellas 128 ciudadanos estadounidenses. La indignación en Estados Unidos fue tal que Alemania acabó restringiendo la campaña submarina en septiembre de 1915 para no provocar la entrada estadounidense en la guerra. Aquella decisión aplazó dos años lo que finalmente ocurriría.
6.4. Nuevos beligerantes[editar]
Italia abandonó su neutralidad tras negociar con ambos bandos y firmar en secreto el Tratado de Londres (abril de 1915), en el que los aliados le prometían Trentino, Tirol del Sur, Trieste, Istria y parte de Dalmacia. El 23 de mayo de 1915 declaró la guerra a Austria-Hungría. El nuevo frente se estableció en los Alpes y a lo largo del río Isonzo, donde entre 1915 y 1917 se libraron once batallas sucesivas con avances mínimos y pérdidas enormes en un terreno de montaña donde había que excavar las trincheras en la roca.
Bulgaria, atraída por la promesa de recuperar Macedonia, entró en el bando de los Imperios Centrales y declaró la guerra a Serbia el 14 de octubre de 1915. La ofensiva conjunta austro-alemana-búlgara aplastó a Serbia ese otoño: el ejército serbio, con miles de civiles, se retiró a pie a través de las montañas albanesas en pleno invierno hasta la costa adriática, donde buques aliados lo evacuaron a Corfú. Fue una de las mayores catástrofes proporcionales de toda la guerra: Serbia perdió entre el 16 % y el 28 % de su población total antes de que terminara el conflicto.
Portugal entró en la guerra en 1916, después de que Alemania le declarara la guerra el 9 de marzo de ese año por haber requisado buques alemanes fondeados en Lisboa. Envió a Flandes un cuerpo expedicionario de decenas de miles de hombres, que sufrió especialmente en la ofensiva alemana de abril de 1918.
6.5. El genocidio armenio[editar]
La guerra sirvió de cobertura y de pretexto para la eliminación sistemática de la población armenia del Imperio otomano. La fecha convencional de inicio es el 24 de abril de 1915, cuando cientos de intelectuales y notables armenios fueron detenidos en Constantinopla. La Ley Tehcir del 29 de mayo de 1915 dio cobertura legal a las deportaciones masivas hacia los desiertos de Siria y Mesopotamia, que en la práctica fueron marchas de la muerte.
Las estimaciones del número de víctimas oscilan, según las fuentes, entre 600.000 y algo más de dos millones, y la cifra más frecuentemente citada es de alrededor de 1,5 millones de armenios muertos entre 1915 y 1923. Fue el primer genocidio del siglo XX documentado como tal, y la palabra "genocidio" fue acuñada décadas después, en parte, para nombrarlo. Su reconocimiento sigue siendo un conflicto diplomático abierto: Turquía rechaza la calificación de genocidio, mientras que decenas de Estados y organismos internacionales —varios de ellos latinoamericanos— la han adoptado oficialmente.
7. 1916: el año del desgaste[editar]
Si 1915 fue el año de buscar atajos, 1916 fue el año en que ambos bandos aceptaron que no los había y adoptaron explícitamente la estrategia del desgaste: ganar no destruyendo al ejército enemigo de un golpe, sino agotando su capacidad de reponer hombres y material. Fue el año más sangriento del frente occidental.
7.1. Verdún[editar]
El jefe del Estado Mayor alemán, Erich von Falkenhayn, eligió atacar Verdún precisamente porque era una plaza que Francia, por razones de prestigio, no podría abandonar. El objetivo declarado no era tomar la ciudad sino, en su propia expresión, "desangrar al ejército francés".
La batalla comenzó el 21 de febrero de 1916 con un bombardeo preliminar de unas diez horas en el que la artillería alemana disparó cerca de un millón de proyectiles, y no terminó hasta el 18 de diciembre de 1916: 303 días, la batalla más larga de toda la guerra. El general Philippe Pétain organizó la defensa y el sistema de rotación de unidades por la única carretera de suministro practicable, la Voie Sacrée, por la que pasaron camiones día y noche durante meses; el sistema hizo que la mayor parte del ejército francés pasara por Verdún, lo que convirtió la batalla en una experiencia nacional compartida.
Las cifras siguen discutiéndose. Las estimaciones habituales sitúan las bajas francesas entre 377.000 y 542.000 (de ellas unos 162.308 muertos y desaparecidos) y las alemanas entre 336.000 y 434.000 (alrededor de 100.000 muertos). Al final de diez meses, la línea del frente estaba prácticamente donde había empezado. Verdún se convirtió en el símbolo por excelencia de la guerra industrial: un lugar donde el paisaje mismo fue destruido y donde todavía hoy existen "zonas rojas" de acceso restringido por la munición sin detonar y la contaminación del suelo.
7.2. Jutlandia[editar]
El 31 de mayo y el 1 de junio de 1916 se libró frente a la costa danesa la batalla de Jutlandia, el mayor combate naval de la guerra y el único enfrentamiento a gran escala entre la Gran Flota británica del almirante John Jellicoe y la Flota de Alta Mar alemana del almirante Reinhard Scheer.
Tácticamente, el resultado favoreció a Alemania: los británicos perdieron 14 buques y 6.094 hombres, frente a 11 buques y 2.551 hombres alemanes. Estratégicamente, la victoria fue británica: la flota alemana volvió a puerto y ya no volvió a desafiar el control aliado del mar del Norte, de modo que el bloqueo naval —el arma que a la larga estranguló a Alemania— siguió intacto. De aquella imposibilidad de romper el bloqueo con buques de superficie nació la decisión alemana de apostarlo todo al submarino, que a su vez arrastró a Estados Unidos a la guerra.
Se dijo entonces que la flota alemana había "asaltado a su carcelero y había vuelto a la celda".
7.3. El Somme[editar]
La ofensiva anglo-francesa del Somme empezó el 1 de julio de 1916, precedida de siete días de bombardeo con más de un millón y medio de proyectiles que, se creía, dejarían el terreno despejado. No fue así: las alambradas quedaron en pie en muchos tramos y las guarniciones alemanas sobrevivieron en refugios subterráneos de hasta diez metros de profundidad.
Aquel primer día el ejército británico sufrió 57.740 bajas, de ellas 19.240 muertos: la jornada más costosa de toda la historia del ejército británico. La batalla continuó hasta el 18 de noviembre de 1916. Las bajas aliadas totales se cifran en 623.907 (419.654 británicas y de la Commonwealth y 204.253 francesas) y las alemanas entre 465.000 y 600.000. El avance máximo fue de ocho kilómetros.
El Somme fue también el escenario del primer uso de carros de combate en la historia: el 15 de septiembre de 1916, en Flers-Courcelette, los británicos emplearon 49 tanques Mark I, de los que apenas una veintena llegó a entrar en acción. El resultado táctico fue modesto y el efecto sobre el futuro de la guerra, enorme.
7.4. La ofensiva Brusílov y la entrada de Rumania[editar]
En el este, entre el 4 de junio y el 20 de septiembre de 1916, el general Alekséi Brusílov ejecutó la ofensiva más eficaz de todo el frente oriental y una de las más innovadoras de la guerra: en vez de concentrar todo el esfuerzo en un punto —lo que avisaba al enemigo—, atacó simultáneamente en un frente amplísimo tras un bombardeo breve y preciso, con tropas de asalto adelantadas en trincheras excavadas muy cerca de las líneas contrarias.
El ejército austrohúngaro se derrumbó: entre 400.000 y 408.000 prisioneros y unos 200.000 muertos o heridos, además de pérdidas alemanas de entre 148.000 y 350.000 hombres. Las bajas rusas, sin embargo, fueron también enormes —entre medio millón y un millón— y agotaron las últimas reservas de un ejército y de un Estado que se acercaban al colapso.
El éxito de Brusílov convenció a Rumania de entrar en la guerra del lado aliado en agosto de 1916. Fue una decisión desastrosa: las tropas de los Imperios Centrales ocuparon Bucarest en diciembre y el país quedó en gran parte bajo ocupación hasta 1918.
8. 1917: el año que cambió la guerra[editar]
1917 fue el año bisagra. La guerra perdió a uno de sus tres grandes protagonistas iniciales y ganó otro más poderoso; y en ambos bandos los ejércitos y las sociedades empezaron a romperse.
8.1. La guerra submarina sin restricciones[editar]
El 1 de febrero de 1917 Alemania reanudó la guerra submarina sin restricciones: cualquier barco, de cualquier bandera, que navegara hacia puertos aliados podía ser hundido sin aviso. La decisión fue un cálculo consciente. El mando alemán estimaba que podía hundir 600.000 toneladas mensuales y forzar la rendición británica en cinco meses, antes de que un eventual ejército estadounidense pudiera llegar a Europa.
El cálculo estuvo cerca de acertar. En abril de 1917 los submarinos hundieron cerca de 860.000 toneladas y el Reino Unido llegó a tener reservas de trigo para pocas semanas. Lo que salvó la situación fue una medida sencilla que el Almirantazgo había rechazado durante años: el sistema de convoyes, adoptado en mayo de 1917, que agrupaba los mercantes bajo escolta militar. Las pérdidas cayeron drásticamente a partir del verano.
8.2. El telegrama Zimmermann[editar]
En enero de 1917, el ministro de Exteriores alemán Arthur Zimmermann envió un telegrama cifrado a su embajador en México, Heinrich von Eckardt, con instrucciones para el caso de que Estados Unidos entrara en la guerra: debía proponer a México una alianza militar con Alemania, con apoyo financiero y la promesa de recuperar los territorios de Texas, Nuevo México y Arizona perdidos en 1848.
El mensaje fue interceptado y descifrado por la sección criptográfica británica conocida como Sala 40, cuyos analistas Nigel de Grey y William Montgomery reconstruyeron el texto. Los británicos, que no querían revelar que leían las comunicaciones alemanas, obtuvieron a través de un agente en la oficina telegráfica de Ciudad de México una copia del mensaje reenviado, lo que les permitió entregarlo a Washington sin comprometer su fuente.
El texto se publicó en la prensa estadounidense el 1 de marzo de 1917, y el propio Zimmermann confirmó su autenticidad el 3 de marzo, algo que ningún observador esperaba y que eliminó de golpe la posibilidad de presentarlo como una falsificación británica. El efecto sobre la opinión pública estadounidense fue devastador para Alemania.
El gobierno de Venustiano Carranza, que había recibido la propuesta, encargó un estudio militar de la hipótesis y la rechazó formalmente el 14 de abril de 1917: México acababa de salir de siete años de revolución, no tenía capacidad para una guerra contra Estados Unidos y tampoco podría haber administrado los territorios ofrecidos, poblados por millones de ciudadanos estadounidenses.
8.3. La entrada de Estados Unidos[editar]
El presidente Woodrow Wilson, reelegido en noviembre de 1916 con el lema de que "nos mantuvo fuera de la guerra", pidió al Congreso la declaración de guerra el 2 de abril de 1917. El Congreso la aprobó el 6 de abril de 1917.
El peso inmediato de la entrada estadounidense fue más económico y psicológico que militar: el ejército de Estados Unidos contaba en 1917 con poco más de cien mil hombres y hubo que construirlo casi de cero. La ley de conscripción de mayo de 1917 movilizó a millones, pero la Fuerza Expedicionaria Americana del general John J. Pershing no combatió en operaciones importantes hasta la primavera de 1918. A partir de ahí, sin embargo, llegaron a Francia unos 10.000 soldados estadounidenses al día, un ritmo de refuerzo que Alemania no podía igualar y que hizo matemáticamente imposible su victoria.
Wilson insistió en que Estados Unidos entraba como "potencia asociada" y no como "aliada", una distinción destinada a mantener las manos libres en la futura negociación de paz. El 8 de enero de 1918 expuso ante el Congreso sus Catorce Puntos: diplomacia abierta, libertad de navegación, reducción de armamentos, autodeterminación de los pueblos y una asociación general de naciones. Fue el primer programa de paz formulado en términos de principios y no de botín, y se convirtió en la base sobre la que Alemania aceptaría negociar el armisticio.
8.4. Las revoluciones rusas[editar]
En marzo de 1917 (febrero según el calendario juliano entonces vigente en Rusia), las protestas por el pan y las huelgas en Petrogrado desembocaron en el motín de la guarnición y en la abdicación del zar Nicolás II, poniendo fin a tres siglos de dinastía Románov. El Gobierno Provisional que le sucedió cometió el error decisivo de continuar la guerra: la ofensiva de julio de 1917 fracasó y hundió lo que quedaba de disciplina en el ejército.
En noviembre de 1917 (octubre en el calendario juliano) los bolcheviques de Lenin tomaron el poder con la consigna de "paz, pan y tierra". Su primer acto de política exterior fue el Decreto sobre la Paz. La Revolución rusa sacó a Rusia de la guerra y creó el primer Estado que se proclamaba socialista, dos hechos cuyas consecuencias dominarían el resto del siglo XX.
8.5. Los motines del ejército francés[editar]
En abril de 1917 el general Robert Nivelle lanzó en el Chemin des Dames una ofensiva que había prometido decisiva y que fracasó con más de cien mil bajas francesas en pocos días. La reacción fue una ola de indisciplina colectiva que afectó a decenas de divisiones entre mayo y junio: no fue una negativa a defender el frente, sino a participar en nuevas ofensivas frontales.
Nivelle fue sustituido por Pétain, que combinó consejos de guerra —con un número de ejecuciones mucho menor de lo que se creyó durante décadas— con mejoras concretas en permisos, alimentación y rotaciones, y con la decisión de no lanzar grandes ofensivas hasta que llegaran los estadounidenses y los tanques. El episodio se mantuvo en secreto con tal eficacia que el mando alemán no llegó a enterarse de su magnitud a tiempo de aprovecharlo.
8.6. Passchendaele y Caporetto[editar]
La tercera batalla de Ypres, conocida por el nombre de la aldea de Passchendaele, se libró entre el 31 de julio y el 10 de noviembre de 1917. El bombardeo preparatorio destruyó el sistema de drenaje de una llanura que estaba por debajo del nivel del mar y las lluvias, excepcionales aquel verano, convirtieron el campo de batalla en un lodazal en el que hombres, caballos y vehículos se ahogaban literalmente. Las bajas se estiman entre 200.000 y 448.614 del lado aliado y entre 217.000 y 410.000 del alemán, para un avance de unos pocos kilómetros. Passchendaele es, junto con el Somme, el nombre que en el mundo anglosajón resume la futilidad de la guerra de trincheras.
En el frente italiano, la batalla de Caporetto (24 de octubre – 9 de noviembre de 1917) fue un desastre de otro orden. Fuerzas austrohúngaras reforzadas por divisiones alemanas que aplicaron por primera vez a gran escala las tácticas de infiltración rompieron el frente italiano y provocaron una retirada de más de cien kilómetros, primero al Tagliamento y después al río Piave. Italia sufrió unos 10.000 muertos, 30.000 heridos y 293.942 prisioneros, además de cientos de miles de desertores. El gobierno de Paolo Boselli cayó el 29 de octubre, Vittorio Emanuele Orlando asumió la jefatura del gobierno y el general Luigi Cadorna fue relevado por Armando Diaz, que reorganizó el ejército sobre el Piave y detuvo allí el avance. La derrota, paradójicamente, unificó a la opinión pública italiana como no lo había hecho la guerra hasta entonces.[4]
9. 1918: la decisión[editar]
9.1. Brest-Litovsk y el espejismo alemán[editar]
El 3 de marzo de 1918 la Rusia soviética firmó con los Imperios Centrales el Tratado de Brest-Litovsk. Las condiciones fueron brutales: Rusia renunció a Finlandia, Polonia, Estonia, Livonia, Curlandia, Lituania, Ucrania y Besarabia, y cedió Ardahán, Kars y Batumi al Imperio otomano. Perdió con ello cerca de un tercio de su población, un tercio de sus tierras cultivadas y alrededor del 75 % de su capacidad industrial. Lenin lo aceptó como el precio de la supervivencia del régimen.
Para Alemania, el tratado significaba la posibilidad de trasladar decenas de divisiones al oeste y disponer, por primera vez desde 1914, de superioridad numérica en el frente occidental. Era una ventaja con fecha de caducidad: había que usarla antes de que el ejército estadounidense estuviera listo. El tratado quedó anulado con la derrota alemana y no fue reconocido en el armisticio del 11 de noviembre de 1918.
9.2. Las ofensivas de primavera[editar]
La Kaiserschlacht —"batalla del Káiser"— comenzó el 21 de marzo de 1918 con la operación Michael, un ataque de una violencia sin precedentes precedido por un bombardeo corto y masivo y ejecutado por Stosstruppen, tropas de asalto entrenadas para infiltrarse por los puntos débiles en vez de asaltar frontalmente. Los alemanes avanzaron más de cincuenta kilómetros, la mayor penetración en el frente occidental desde 1914, y volvieron a poner París al alcance de su artillería de largo alcance.
Siguieron la operación Georgette en el Lys (abril, hasta el 2 de mayo), la operación Blücher-Yorck en el Aisne (mayo) y la operación Gneisenau en el Matz (9-13 de junio). Ninguna alcanzó un objetivo estratégico. El avance creaba salientes difíciles de defender, agotaba a las tropas de élite —irreemplazables— y alargaba unas líneas de suministro que no podían seguir el ritmo. Las bajas alemanas en el conjunto de la ofensiva se cifran en 688.341 hombres, frente a 433.000 francesas, 418.374 británicas y unas 7.000 portuguesas.
La crisis produjo además el efecto contrario al buscado: el 26 de marzo de 1918, en la conferencia de Doullens, los aliados aceptaron por fin un mando único y nombraron al mariscal Ferdinand Foch coordinador —y después comandante supremo— de las fuerzas aliadas en Francia.
9.3. Amiens y la Ofensiva de los Cien Días[editar]
El 18 de julio de 1918 el contraataque francés en la segunda batalla del Marne arrebató a Alemania la iniciativa para siempre. Tres semanas después, el 8 de agosto de 1918, comenzó en Amiens la ofensiva que Ludendorff llamaría "el día negro del ejército alemán": más de diez divisiones y unos 500 tanques lograron sorpresa completa, abrieron una brecha de veinticuatro kilómetros, capturaron 17.000 prisioneros y 330 cañones y causaron unas 30.000 bajas alemanas frente a 6.500 aliadas. Lo decisivo no fue el terreno sino lo que reveló: unidades alemanas enteras se rindieron sin combatir.
Amiens abrió la Ofensiva de los Cien Días (8 de agosto – 11 de noviembre de 1918), una sucesión de golpes coordinados en distintos puntos del frente que impedía a los alemanes concentrar reservas: Albert (21 de agosto), el segundo Arras (26 de agosto), Saint-Mihiel (12 de septiembre, primera gran operación estadounidense independiente), Mosa-Argonne (26 de septiembre), el canal du Nord (27 de septiembre), el canal de San Quintín (29 de septiembre, ruptura de la Línea Hindenburg), Cambrai (8 de octubre), el Selle (17 de octubre) y el Sambre (4 de noviembre). Entre el 18 de julio y el 11 de noviembre, las bajas aliadas sumaron unos 1.070.000 hombres (531.000 franceses, 412.000 británicos y 127.000 estadounidenses) y las alemanas 1.172.075, de los cuales 386.342 fueron prisioneros: la proporción de rendiciones es la medida más clara del colapso.
9.4. El derrumbe en cadena[editar]
Los Imperios Centrales se hundieron uno tras otro en seis semanas:
| Potencia | Armisticio | Fecha de firma | Entrada en vigor |
|---|---|---|---|
| Bulgaria | Armisticio de Salónica | 29 de septiembre de 1918, 22:50 | 30 de septiembre, mediodía |
| Imperio otomano | Armisticio de Mudros | 30 de octubre de 1918 | 31 de octubre, mediodía |
| Austria-Hungría | Armisticio de Villa Giusti | 3 de noviembre de 1918 | 4 de noviembre, 15:00 |
| Alemania | Armisticio de Compiègne | 11 de noviembre de 1918, 5:20 | 11 de noviembre, 11:00 |
La rendición búlgara fue la primera y la más importante en términos estratégicos, porque abría el camino desde Salónica hacia el corazón de Austria-Hungría y dejaba al Imperio otomano aislado. El Armisticio de Mudros se firmó a bordo del acorazado británico HMS Agamemnon en el puerto de Mudros, en la isla griega de Lemnos, entre el ministro de Marina otomano Rauf Bey y el almirante Somerset Gough-Calthorpe. El Armisticio de Villa Giusti, firmado cerca de Padua, se produjo cuando el Imperio austrohúngaro ya se estaba disolviendo en Estados nacionales: checoslovacos, húngaros, polacos y yugoslavos proclamaron su independencia en cuestión de días.
En Alemania, el mando militar exigió el 29 de septiembre un armisticio inmediato y trasladó el gobierno a los civiles —una maniobra que después alimentaría la leyenda de la "puñalada por la espalda", según la cual el ejército invicto habría sido traicionado por los políticos en la retaguardia. El 29 de octubre los marineros de Kiel se amotinaron antes que salir a una batalla final suicida; el motín se extendió y desembocó en la Revolución de Noviembre. El 9 de noviembre de 1918 se proclamó la república y el káiser Guillermo II abdicó y se exilió en los Países Bajos.
9.5. El armisticio del 11 de noviembre[editar]
El armisticio se firmó en un vagón de ferrocarril en el bosque de Compiègne, a bordo del tren del mariscal Ferdinand Foch, a las 5:20 de la mañana del 11 de noviembre de 1918, y entró en vigor a las 11:00, hora de París (mediodía en Alemania). De ahí la fórmula memorística anglosajona de "la undécima hora del undécimo día del undécimo mes".
Firmaron por los aliados el mariscal Foch y el almirante británico Rosslyn Wemyss; por Alemania, una delegación encabezada por el político civil Matthias Erzberger, acompañado del conde Alfred von Oberndorff, el general Detlof von Winterfeldt y el capitán de navío Ernst Vanselow.
Las condiciones no dejaban a Alemania posibilidad de reanudar la guerra: evacuación de Francia, Bélgica, Luxemburgo y Alsacia-Lorena en quince días; retirada al este del Rin y ocupación aliada de Renania; entrega de 5.000 piezas de artillería, 25.000 ametralladoras y 1.700 aviones; liberación inmediata de los prisioneros aliados sin reciprocidad; y mantenimiento del bloqueo naval, que siguió vigente hasta julio de 1919 y agravó el hambre en Alemania durante los meses de negociación.
Los combates continuaron hasta el último minuto. Se calcula que en la mañana del 11 de noviembre, con el armisticio ya firmado y su hora conocida, se produjeron alrededor de once mil bajas en el frente occidental.[sin verificar]
10. Los otros frentes: una guerra de imperios[editar]
La atención popular se concentra en el frente occidental, pero la guerra se libró simultáneamente en escenarios muy distintos entre sí.
- Frente italiano (1915-1918): doce batallas del Isonzo, la guerra de alta montaña en los Alpes Dolomitas —con túneles excavados en el glaciar y avalanchas provocadas deliberadamente—, el desastre de Caporetto y la victoria final de Vittorio Veneto en octubre-noviembre de 1918, que liquidó al ejército austrohúngaro.
- Frente de los Balcanes (1914-1918): la invasión de Serbia, la retirada por Albania, el frente estabilizado de Salónica —donde un ejército aliado multinacional permaneció años casi inmóvil, con más bajas por malaria que por combate— y la ofensiva de septiembre de 1918 que sacó a Bulgaria de la guerra.
- Oriente Medio (1914-1918): la campaña del Cáucaso entre rusos y otomanos; Mesopotamia, con la humillante rendición británica en Kut-el-Amara en 1916 y la posterior toma de Bagdad; y la campaña de Palestina, donde las fuerzas británicas al mando de Edmund Allenby entraron en Jerusalén en diciembre de 1917. Paralelamente, la Revuelta Árabe apoyada por el Reino Unido —con la participación del oficial T. E. Lawrence, "Lawrence de Arabia"— prometía a los árabes un reino independiente mientras el acuerdo secreto Sykes-Picot (1916) repartía la región entre Francia y el Reino Unido y la Declaración Balfour (noviembre de 1917) prometía a los judíos un "hogar nacional" en Palestina. La contradicción entre esos tres compromisos es el origen directo de buena parte de los conflictos posteriores de la región.
- África (1914-1918): campañas en Togo, Camerún, África del Sudoeste y África Oriental. La guerra en el continente se libró en gran medida con tropas africanas —los askaris— y con porteadores reclutados por la fuerza, cuya mortalidad por enfermedad y agotamiento fue altísima y sigue mal contabilizada.
- Asia y el Pacífico (1914): toma japonesa de Tsingtao y de las islas alemanas del Pacífico norte; ocupación australiana y neozelandesa de Nueva Guinea alemana y Samoa.
- La guerra en el mar: además de Jutlandia y de la campaña submarina, el bloqueo naval aliado fue una de las armas decisivas del conflicto. Al cortar las importaciones de alimentos y fertilizantes, provocó en Alemania el llamado "invierno de los nabos" de 1916-1917 y una mortalidad civil por desnutrición y enfermedad que suele estimarse en varios centenares de miles de personas.
11. Cómo se combatió: armas, tácticas y trincheras[editar]
11.1. Por qué se cavaron trincheras[editar]
La combinación de tres tecnologías —el fusil de cerrojo de repetición, la ametralladora y la artillería de tiro rápido con retroceso hidráulico— multiplicó la potencia de fuego defensiva mucho más deprisa de lo que la táctica ofensiva pudo adaptarse. A ello se sumó el alambre de púas, barato y fácil de tender, y la ausencia de un medio de comunicación fiable con las tropas una vez iniciado el ataque: la radio era pesada y escasa, y los cables telefónicos se cortaban con el primer bombardeo. Un atacante que rompía la primera línea quedaba, en la práctica, sordo y ciego, mientras el defensor traía reservas por ferrocarril.
El sistema de trincheras del frente occidental no era una zanja sino una red en profundidad: primera línea, línea de apoyo y línea de reserva unidas por trincheras de comunicación en zigzag, con puestos de escucha, refugios subterráneos, nidos de ametralladora y varias bandas de alambrada delante. Entre las líneas enemigas se extendía la tierra de nadie, de unas decenas a unos cientos de metros.
La vida cotidiana en ellas —barro, ratas, piojos, el "pie de trinchera" causado por la humedad permanente, la exposición constante al fuego de artillería incluso en periodos "tranquilos"— produjo además un cuadro clínico nuevo que se llamó shell shock y que hoy se identifica en gran parte con el trastorno de estrés postraumático. Miles de soldados fueron juzgados por cobardía o deserción por síntomas que hoy se tratarían como una lesión de guerra.
11.2. Las armas nuevas[editar]
[ Desplegar / Plegar ] Innovaciones militares de la Primera Guerra Mundial
| Arma o técnica | Primer uso destacado | Efecto |
|---|---|---|
| Ametralladora pesada | Desde 1914 en todos los frentes | Convirtió el asalto frontal en masa en una operación inviable. |
| Artillería pesada y de largo alcance | 1914-1918 | Causó entre el 60 % y el 70 % de todas las bajas de la guerra. |
| Gas de cloro | 22 de abril de 1915, Ypres | Primer arma química eficaz; obligó a dotar de máscaras a todos los ejércitos. |
| Gas mostaza | Julio de 1917, Ypres | Vesicante persistente; contaminaba el terreno durante días. |
| Submarino de ataque | 1914-1918 | Estuvo cerca de estrangular el abastecimiento británico en 1917. |
| Carro de combate | 15 de septiembre de 1916, Flers-Courcelette | Recuperó la movilidad; decisivo a partir de Cambrai (1917) y Amiens (1918). |
| Aviación de caza y bombardeo | 1915-1918 | De la observación al combate aéreo, el bombardeo táctico y el estratégico. |
| Lanzallamas | 1915 | Arma de asalto de trincheras, de efecto sobre todo psicológico. |
| Tácticas de infiltración | Riga (1917) y Caporetto (1917) | Base de la guerra de maniobra moderna. |
| Bombardeo rodante (creeping barrage) | 1916-1918 | Cortina de fuego que avanzaba delante de la propia infantería. |
La aviación fue el ámbito de cambio más rápido. En 1914 los aviones eran frágiles aparatos de observación sin armamento; en 1918 existían escuadrillas de caza, bombarderos capaces de atacar ciudades y una doctrina incipiente de superioridad aérea. La guerra creó también la figura del as de la aviación, con nombres que se hicieron célebres como el alemán Manfred von Richthofen —el "Barón Rojo"— o el francés Georges Guynemer, y una mitología de caballerosidad que contrastaba deliberadamente con el anonimato industrial de la guerra terrestre.
También cambió el uso de los animales: pese a la mecanización, la guerra consumió millones de caballos, mulas y bueyes para el transporte de artillería y suministros, y empleó de forma sistemática palomas mensajeras y perros de enlace.
12. El frente interno[editar]
La Primera Guerra Mundial fue la primera guerra total del siglo XX: la distinción entre el frente y la retaguardia se difuminó y los Estados asumieron un control sobre la economía y la sociedad que no tenía precedentes.
La economía dirigida. Todos los beligerantes acabaron racionando alimentos, fijando precios, requisando materias primas y dirigiendo la producción industrial. Alemania creó una oficina de materias primas de guerra dirigida por el industrial Walther Rathenau que fue el modelo temprano de la planificación económica estatal. El Reino Unido creó un Ministerio de Municiones tras el escándalo de la escasez de proyectiles de 1915. La financiación se hizo sobre todo con deuda: la guerra dejó a las potencias europeas endeudadas entre sí y, todas ellas, con Estados Unidos.
Las mujeres. Millones de mujeres entraron en fábricas de armamento, transportes, oficinas y servicios sanitarios. Las trabajadoras de las fábricas de proyectiles británicas —las munitionettes— sufrieron intoxicaciones por TNT que les amarilleaban la piel. El alcance real de la transformación se discute, porque buena parte de esos empleos se perdió al volver los soldados; pero la guerra aceleró de forma verificable la extensión del sufragio femenino: el Reino Unido lo aprobó parcialmente en 1918, Alemania y Austria en 1918 y Estados Unidos en 1920.
La propaganda y la censura. Los gobiernos organizaron por primera vez aparatos de propaganda a escala industrial —carteles, prensa, cine, atrocidades reales y fabricadas— y sometieron la información a censura militar. Ese último punto tiene una consecuencia que aún se arrastra en el lenguaje: la epidemia de gripe de 1918 se llamó "española" porque España, neutral y sin censura de guerra, fue el único país grande de Europa que informó libremente de ella.
Las minorías y los disidentes. La guerra trajo internamiento de extranjeros enemigos, sospecha sistemática sobre las minorías y persecución de pacifistas y objetores. En Estados Unidos, la Ley de Espionaje de 1917 y la de Sedición de 1918 llevaron a la cárcel a dirigentes socialistas; el líder sindical Eugene V. Debs fue condenado a diez años por un discurso contra el reclutamiento.
El agotamiento. Hacia 1917 la fatiga social era general: huelgas masivas en Alemania y Austria, motines en Francia, revolución en Rusia, protestas por el pan en toda Europa. En España, neutral, el año 1917 concentró una crisis militar, política y social simultánea. Ninguna sociedad europea salió de la guerra con el mismo contrato social con el que había entrado.
13. El costo humano[editar]
Las cifras de víctimas de la Primera Guerra Mundial no son un dato cerrado. Varían según se cuenten solo las muertes en combate o también las producidas por enfermedad y accidente; según se incluya o no el exceso de mortalidad civil por hambre y epidemias; y según se contabilicen o no las muertes ocurridas después del armisticio en las guerras y hambrunas que la siguieron. Los registros de algunos beligerantes —el Imperio otomano, Rusia, Serbia— son además incompletos o se perdieron.
Las horquillas más aceptadas son de 9 a 11 millones de militares muertos, 6 a 13 millones de civiles muertos y un total de 15 a 22 millones de fallecidos, además de unos 21 millones de heridos, muchos de ellos con mutilaciones permanentes que crearon en toda Europa una generación visible de gueules cassées, ciegos y amputados.
[ Desplegar / Plegar ] Militares muertos por país (estimaciones)
| País | Militares muertos |
|---|---|
| Imperio alemán | 2.037.000 |
| Imperio ruso | 1.700.000 – 2.254.369 |
| Francia | 1.357.000 – 1.397.800 |
| Imperio austrohúngaro | 1.200.000 – 1.494.200 |
| Imperio británico (incluidos dominios y colonias) | 887.858 – 1.118.264 |
| Italia | 460.000 – 709.000 |
| Imperio otomano | 325.000 – 771.844 |
| Serbia | 300.000 – 450.000 |
| Rumania | 250.000 – 335.706 |
| Estados Unidos | 116.708 |
| Bulgaria | 87.500 |
| Bélgica | 38.170 – 58.637 |
Dos cifras relativas explican el trauma social de la posguerra mejor que los totales absolutos. Serbia perdió entre el 16,7 % y el 27,8 % de toda su población. Francia perdió entre el 4,3 % y el 4,4 % de la suya, concentrada casi por completo en los varones de entre 18 y 40 años: en algunos reemplazos murió uno de cada cuatro. La expresión "generación perdida", acuñada por Gertrude Stein y difundida por Ernest Hemingway, describía primero un hecho demográfico y solo después un estado de ánimo literario.
A esas cifras hay que sumar categorías que se contabilizan aparte: los genocidios y masacres cometidos al amparo de la guerra —encabezados por el armenio, con alrededor de 1,5 millones de muertos—; la mortalidad civil por el bloqueo y el hambre en Europa central; los muertos entre los porteadores africanos reclutados a la fuerza; y, sobre todo, la pandemia de gripe de 1918.
14. La gripe de 1918[editar]
Entre febrero de 1918 y abril de 1920 una pandemia de gripe recorrió el planeta en varias oleadas. Las estimaciones actuales sitúan el número de muertos entre 50 y 100 millones de personas —cifras superiores a las de la propia guerra— y calculan que llegó a infectar a una fracción enorme de la humanidad de entonces.
La guerra fue su vehículo. Los campamentos militares, con decenas de miles de hombres hacinados, funcionaron como incubadoras; los transportes de tropas la llevaron de un continente a otro; la desnutrición y el agotamiento de las poblaciones civiles la hicieron más letal. La segunda oleada, la del otoño de 1918, fue la más mortífera y afectó de forma anómala a adultos jóvenes y sanos.
El nombre de "gripe española" es un accidente de la censura de guerra. La enfermedad no se originó en España ni la golpeó con especial dureza; ocurrió que España era neutral y su prensa no estaba sometida a censura militar, de modo que informó abiertamente de la epidemia —incluida la enfermedad del propio rey Alfonso XIII— mientras los países beligerantes la silenciaban. Para el resto del mundo, la epidemia parecía venir de España. En la propia España se la llamó, con la misma lógica y la misma injusticia, "el soldado de Nápoles".
En España causó del orden de 200.000 muertes —alrededor del 1 % de la población—, aunque el registro oficial contabilizó 147.114. En América Latina el impacto fue igualmente severo: se han documentado unas 43.113 muertes en Chile, cerca de 25.000 en
Venezuela, 14.997 oficiales en Argentina —cifra que suele considerarse la mitad de la real—, unas 3.000 en
Colombia y unas 2.000 en
Paraguay.[5]
15. La paz de París y los tratados[editar]
La Conferencia de Paz de París se abrió en enero de 1919 con delegaciones de más de treinta países, pero las decisiones las tomaron en la práctica cuatro hombres: Woodrow Wilson por Estados Unidos, Georges Clemenceau por Francia, David Lloyd George por el Reino Unido y Vittorio Emanuele Orlando por Italia. Alemania y sus aliados no fueron invitados a negociar: se les presentaron los textos para su firma. Rusia, en plena guerra civil, tampoco estuvo.
Los objetivos de los vencedores eran incompatibles entre sí. Clemenceau quería seguridad frente a una Alemania que había invadido Francia dos veces en cincuenta años; Lloyd George quería un equilibrio continental y no destruir un mercado; Wilson quería un orden internacional basado en principios. El resultado fue un compromiso que no satisfizo a nadie y que dejó a Alemania lo bastante humillada para desear la revancha y lo bastante intacta para poder intentarla.
15.1. El Tratado de Versalles[editar]
Firmado el 28 de junio de 1919 en la Galería de los Espejos del palacio de Versalles —el mismo salón donde se había proclamado el Imperio alemán en 1871— y en vigor desde el 10 de enero de 1920, el tratado con Alemania contenía:
- El artículo 231, la llamada "cláusula de culpabilidad de guerra", por la que Alemania y sus aliados aceptaban la responsabilidad por todos los daños causados. Jurídicamente era la base para exigir reparaciones; políticamente fue el punto más insoportable para la opinión alemana.
- Reparaciones fijadas por una comisión en 132.000 millones de marcos oro. Alemania terminó de pagar la deuda derivada de aquellas reparaciones en 2010.
- Pérdidas territoriales: Alsacia y Lorena a Francia; Eupen, Malmedy y Moresnet a Bélgica; el norte de Schleswig a Dinamarca tras plebiscito; Posnania, la Prusia Occidental y parte de Silesia a Polonia; Danzig y Memel convertidas en ciudades libres; el Sarre bajo administración de la Sociedad de Naciones durante quince años; y todas las colonias repartidas como mandatos entre los vencedores.
- Limitaciones militares: ejército reducido a 100.000 hombres, sin servicio militar obligatorio, sin artillería pesada, sin submarinos ni aviación militar, y Renania desmilitarizada y ocupada.
En Alemania el tratado se recibió como un Diktat. El 23 de junio de 1919 fue declarado día de luto nacional. Ni un solo partido político alemán lo defendió, y la conjunción del artículo 231 con la leyenda de la "puñalada por la espalda" proporcionó al nacionalismo de posguerra —y después al nazismo— su argumento más eficaz.
15.2. Los demás tratados[editar]
| Tratado | Fecha | Potencia derrotada | Efecto principal |
|---|---|---|---|
| Versalles | 28 de junio de 1919 | Alemania | Pérdidas territoriales y coloniales, reparaciones, desarme. |
| Saint-Germain-en-Laye | 10 de septiembre de 1919 | Austria | Disolución del imperio; prohibición de unirse a Alemania; ejército limitado a 30.000 hombres. |
| Neuilly-sur-Seine | 27 de noviembre de 1919 | Bulgaria | Pérdidas territoriales hacia Grecia y Yugoslavia; salida al Egeo perdida. |
| Trianon | 4 de junio de 1920 | Hungría | Pérdida de cerca de dos tercios de su territorio histórico. |
| Sèvres | 10 de agosto de 1920 | Imperio otomano | Reparto de Anatolia; nunca aplicado, sustituido por Lausana (24 de julio de 1923). |
De la conferencia salió también la Sociedad de Naciones, primer organismo internacional permanente destinado a resolver conflictos por vía colectiva. Nació herida: el Senado de Estados Unidos rechazó el Tratado de Versalles y el país nunca ingresó en la organización que su propio presidente había concebido.
16. América Latina y la Gran Guerra[editar]
La idea de que América Latina fue ajena a la Primera Guerra Mundial es una simplificación que la historiografía de las últimas décadas ha desmontado. La región no aportó grandes contingentes de combatientes, pero fue un teatro económico, diplomático y político de primer orden, y la guerra alteró de forma permanente su lugar en el mundo.
16.1. De la neutralidad general a la ruptura de 1917[editar]
Al estallar la guerra en 1914, todas las repúblicas iberoamericanas se declararon neutrales. La neutralidad era una posición cómoda: permitía vender a ambos bandos y evitaba tomar partido entre potencias que eran, todas ellas, socios comerciales o acreedores.
Ese consenso se rompió en 1917, cuando la entrada de Estados Unidos convirtió la neutralidad en una posición cada vez más difícil de sostener frente a Washington. El resultado dividió a la región en tres grupos:
| Postura | Países |
|---|---|
| Declararon la guerra | |
| Rompieron relaciones sin declarar la guerra | |
| Mantuvieron la neutralidad hasta el final | Argentina, Chile y México, entre otras repúblicas de la región |
En la mayoría de los casos, la declaración de guerra fue un acto diplomático sin consecuencias militares: sirvió para requisar buques y propiedades alemanas, para alinearse con Washington y, en el caso de los países centroamericanos y caribeños bajo influencia directa estadounidense, sencillamente porque no había alternativa realista.[6]
16.2. El choque económico[editar]
El efecto más profundo de la guerra sobre América Latina fue económico, y llegó en dos golpes de signo contrario.
El golpe de 1914 fue de contracción brusca. La guerra desorganizó el comercio transatlántico, cortó el crédito europeo del que dependían los Estados de la región y hundió los precios de varios productos de exportación. En Argentina los ingresos fiscales cayeron alrededor de un 40 % en 1915 y la economía se contrajo cerca de un 10 % en 1914. En Chile, las exportaciones de salitre —el pilar del presupuesto nacional— cayeron de 27 a 18 millones de quintales al cerrarse los mercados agrícolas de Europa. En Brasil, el precio del café se desplomó cuando el Reino Unido restringió sus importaciones en 1917.
El golpe de 1916-1918 fue de auge. La demanda de guerra disparó los precios de las materias primas estratégicas: el salitre chileno se recuperó hasta 29 millones de quintales exportados porque el nitrato es materia prima de explosivos; la carne y los cereales argentinos alimentaron a los ejércitos aliados —las exportaciones argentinas de carne pasaron de 389 millones de pesos en 1910 a 574 millones en 1916—; el estaño boliviano, el cobre chileno y el petróleo mexicano y venezolano se volvieron indispensables.
El tercer golpe llegó con la paz. Terminada la guerra, la demanda militar desapareció y los mercados europeos no pudieron absorber la sobreproducción: las exportaciones chilenas de salitre se hundieron a nueve millones de quintales en 1919, arrastrando consigo empleo, ingresos fiscales y buena parte del modelo económico del país. La competencia del nitrato sintético alemán, desarrollado precisamente durante la guerra para sortear el bloqueo naval, remató lo que la posguerra había empezado: el ciclo del salitre chileno, que había sostenido al Estado durante cuarenta años, no volvió a recuperarse.
Una consecuencia estructural sobrevivió a todos esos vaivenes. Antes de 1914 el Reino Unido era, con enorme diferencia, el principal inversor en América Latina: unos 999,2 millones de libras esterlinas frente a 339 millones de Estados Unidos en 1913. La guerra obligó a Londres a repatriar capital y liquidar activos, y Estados Unidos ocupó el hueco. Al terminar el conflicto, Washington era el primer socio comercial y el primer inversor financiero de la región, una posición que conservaría durante el resto del siglo.
La guerra cortó además el flujo migratorio europeo que desde la década de 1880 había alimentado a Argentina, Brasil, Uruguay y Chile, y que en algunos casos se invirtió: miles de europeos residentes regresaron para incorporarse a los ejércitos de sus países de origen.
16.3. Brasil, el único beligerante activo[editar]
Brasil fue el único país latinoamericano que participó militarmente en la guerra, y su entrada fue el resultado directo de la guerra submarina alemana.
El 5 de abril de 1917 el vapor brasileño Paraná, cargado con 60.000 toneladas de café, fue torpedeado cerca de El Havre; murieron tres brasileños. El 11 de abril de 1917 Brasil rompió relaciones diplomáticas con Alemania. Tras el hundimiento del carguero Macau el 23 de octubre de 1917 y de los vapores Acari y Guaíba el 2 de noviembre, el presidente Venceslau Brás firmó el 26 de octubre de 1917 el decreto n.º 3.361 por el que Brasil declaraba la guerra a los Imperios Centrales.
La contribución brasileña tuvo tres componentes:
- La División Naval en Operaciones de Guerra (DNOG), al mando del contralmirante Pedro Max Fernando Frontin, formada por los cruceros Rio Grande do Sul y Bahia, los destructores Piauí, Rio Grande do Norte, Paraíba y Santa Catarina, el buque de apoyo Belmonte y el remolcador Laurindo Pitta. Zarpó de Río de Janeiro el 1 de agosto de 1918 y llegó a Freetown el 9 de agosto; su zona de patrulla era el triángulo marítimo entre Dakar, São Vicente (Cabo Verde) y Gibraltar. Durante dos meses de fondeo en Dakar, más de cien marineros murieron de gripe española antes de entrar en combate.
- Una misión médica de 92 médicos, además de farmacéuticos, personal administrativo y un pelotón de seguridad, dirigida por el doctor Nabuco Gouveia y el general Napoleão Aché. Partió el 18 de agosto de 1918 y llegó a Marsella el 24 de septiembre; fue disuelta en febrero de 1919.
- Un grupo de aviadores brasileños que sirvió con la Royal Air Force en el frente occidental.
La guerra tuvo además consecuencias internas: Brasil albergaba una comunidad de origen alemán de alrededor de 400.000 personas, concentrada en el sur del país, que quedó bajo sospecha y sufrió restricciones lingüísticas y culturales.
16.4. México: la neutralidad de Carranza[editar]
México llegó a 1914 en plena revolución y no salió de ella hasta bien entrada la década. Esa circunstancia —y no la indiferencia— explica su posición.
El país tenía dos activos que interesaban a los dos bandos: petróleo, cuya producción en la zona de Tampico y Veracruz se había vuelto estratégica para las flotas de guerra, y una frontera de tres mil kilómetros con Estados Unidos. Alemania intentó explotar el segundo con el telegrama Zimmermann de enero de 1917 (véase el apartado 8.2); el gobierno de Venustiano Carranza lo rechazó formalmente el 14 de abril de 1917.
Carranza convirtió la neutralidad en doctrina. En febrero de 1917 propuso a los países neutrales un boicot comercial conjunto a los beligerantes como forma de forzar la paz —una iniciativa que no prosperó pero que situó a México como portavoz de los neutrales—, y ante la entrada estadounidense en la guerra reafirmó públicamente la neutralidad mexicana en abril de 1917. Los principios que enunció ante el Congreso —no intervención en los asuntos internos de otros Estados, igualdad jurídica entre las naciones, respeto a la soberanía— se conocen como Doctrina Carranza y se convirtieron en la columna vertebral de la política exterior mexicana durante el resto del siglo XX.
La guerra coincidió además con la promulgación de la Constitución de 1917, cuyo artículo 27 declaraba propiedad de la nación el subsuelo y sus recursos: es decir, el petróleo que las compañías estadounidenses y británicas explotaban y que la guerra había vuelto imprescindible. La combinación de neutralidad y nacionalismo petrolero definió la relación mexicana con las potencias durante las dos décadas siguientes, hasta la expropiación de 1938 bajo Lázaro Cárdenas.
16.5. Argentina: neutralidad y el asunto Luxburg[editar]
Argentina declaró su neutralidad por decreto el 5 de agosto de 1914, bajo la presidencia de Victorino de la Plaza, con el argumento explícito de poder comerciar con ambos bandos. Cuando Hipólito Yrigoyen asumió la presidencia el 12 de octubre de 1916, mantuvo la línea pese a la presión creciente de Estados Unidos y de una parte de la opinión pública.
Esa posición estuvo a punto de quebrarse en 1917. Submarinos alemanes hundieron varios buques con bandera o intereses argentinos —entre ellos el Oriana el 6 de junio de 1917 y el Toro el 22 de junio de 1917—, y en septiembre estalló el asunto Luxburg: telegramas cifrados del encargado de negocios alemán en Buenos Aires, el conde Karl von Luxburg, fueron descifrados por los británicos y difundidos por la prensa. En ellos Luxburg calificaba al canciller argentino Honorio Pueyrredón en términos insultantes y recomendaba a Berlín que los buques argentinos fueran hundidos "sin dejar rastro" (spurlos versenkt).
El escándalo fue mayúsculo: hubo manifestaciones y ataques a instituciones alemanas en Buenos Aires, el Congreso se pronunció a favor de romper relaciones y Luxburg fue declarado persona non grata el 12 de septiembre de 1917. Yrigoyen, sin embargo, no siguió al Congreso y sostuvo la neutralidad hasta el final de la guerra.
Las consecuencias internas fueron duraderas. La carestía, la caída del salario real y el desabastecimiento alimentaron un ciclo de conflictividad obrera que se agudizó al terminar la guerra, cuando la desorganización del comercio internacional golpeó de nuevo a la economía argentina. Apenas dos meses después del armisticio, entre el 7 y el 14 de enero de 1919, la represión de una huelga en los talleres metalúrgicos Vasena desembocó en la Semana Trágica de Buenos Aires, con un número de muertos que las distintas fuentes sitúan entre 700 y 1.356 y que el gobierno de Yrigoyen nunca hizo público.[7]
16.6. La guerra frente a las costas americanas[editar]
Aunque América no fue teatro terrestre, sí hubo combates navales en aguas americanas. La escuadra alemana del Pacífico, al mando del almirante Maximilian von Spee, derrotó a una fuerza británica frente a Coronel, en la costa chilena, el 1 de noviembre de 1914, y fue destruida cinco semanas más tarde en la batalla de las islas Malvinas el 8 de diciembre de 1914. Aquellos episodios obligaron a los gobiernos de Chile y Argentina a gestionar internamientos de buques, denuncias de violación de aguas territoriales y acusaciones cruzadas de favorecer a uno u otro bando, y son la prueba más tangible de que la neutralidad regional era una posición jurídica, no una distancia real respecto del conflicto.
17. España ante la Gran Guerra[editar]
España fue neutral durante toda la guerra, y esa neutralidad es una de las claves de su historia contemporánea: le evitó el desangramiento demográfico de sus vecinos, le proporcionó el mayor auge exportador de su historia moderna y, precisamente por eso, aceleró la crisis social que acabaría con el régimen de la Restauración.
17.1. La declaración de neutralidad[editar]
El 7 de agosto de 1914, apenas diez días después del estallido, el gobierno conservador de Eduardo Dato publicó en la Gaceta de Madrid la declaración oficial de neutralidad. La decisión era casi obligada: España no formaba parte de ninguno de los dos bloques, su ejército estaba comprometido en la guerra de Marruecos y su capacidad industrial y financiera no le habría permitido sostener una campaña europea.
17.2. Aliadófilos y germanófilos[editar]
La neutralidad oficial no impidió que la sociedad española se dividiera con una intensidad que sorprendió a los propios contemporáneos. La fractura no fue geográfica sino ideológica y de clase:
- Los aliadófilos —republicanos, socialistas, buena parte de los intelectuales y de las clases medias urbanas— veían en Francia y el Reino Unido el modelo de la democracia liberal. Entre ellos figuraron Vicente Blasco Ibáñez, José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno y el conde de Romanones, cuyo artículo "Neutralidades que matan" (1914) defendió abiertamente el acercamiento a la Entente.
- Los germanófilos —el clero, buena parte del ejército, la aristocracia, los grandes propietarios, los carlistas y los mauristas— admiraban en Alemania el orden, la disciplina y la potencia industrial. Entre sus voces destacaron Juan Vázquez de Mella y, en el terreno literario, Pío Baroja.
La polémica llenó periódicos, ateneos y tertulias durante cuatro años y dejó una huella profunda en la vida intelectual española.
17.3. El auge económico y la crisis de 1917[editar]
España se convirtió en proveedora de los beligerantes: tejidos, calzado, conservas, carbón, hierro, productos químicos. La industria catalana y la vasca vivieron una expansión sin precedentes, la marina mercante multiplicó sus fletes y las reservas de oro del Banco de España crecieron enormemente.
El reparto de ese auge fue extraordinariamente desigual y ahí está el origen de la crisis. La exportación masiva provocó escasez y carestía en el mercado interior: los precios de los alimentos y del carbón se dispararon mientras los salarios quedaban rezagados. La prensa de la época lo recogió con crudeza; El Liberal de Sevilla describía el 27 de noviembre de 1916 un país donde unas fábricas cerraban o reducían jornada mientras otras ganaban mucho dinero sin subir los sueldos pese a que todo encarecía.
En el verano de 1917 confluyeron tres desafíos simultáneos que estuvieron a punto de derribar el sistema: el movimiento militar de las Juntas de Defensa, el movimiento político de la Asamblea de Parlamentarios reunida en Barcelona y el movimiento social de la huelga general revolucionaria de agosto. Ninguno triunfó, pero juntos dejaron el régimen de la Restauración herido de muerte: la inestabilidad gubernamental posterior desembocaría, seis años después, en la dictadura de Primo de Rivera.
17.4. La guerra submarina y la Oficina Pro Cautivos[editar]
La neutralidad no protegió a la marina mercante española de la guerra submarina sin restricciones: buques españoles fueron torpedeados y hundidos a partir de 1917, lo que generó protestas diplomáticas y reforzó a los partidarios de romper con Alemania, sin que el gobierno llegara a hacerlo.[sin verificar]
En el terreno humanitario, España desempeñó un papel singular y poco conocido. El 24 de octubre de 1914 el rey Alfonso XIII creó la Oficina Pro Cautivos, también llamada Oficina de la Guerra Europea, instalada en una buhardilla del Palacio Real de Madrid y sostenida por la Casa Real. Su función era localizar a prisioneros, desaparecidos y civiles atrapados en territorio ocupado —de todos los bandos, sin distinción—, ponerlos en contacto con sus familias, hacerles llegar dinero, gestionar indultos y facilitar repatriaciones.
Empezó con siete empleados y llegó a reunir a más de cincuenta personas entre funcionarios, voluntarios y colaboradores que trabajaban en varios idiomas. Gestionó más de 250.000 solicitudes de información sobre prisioneros y desaparecidos: unas 122.000 referidas a franceses y belgas, 7.950 a británicos, 6.350 a italianos, 400 a portugueses, 350 a estadounidenses y 250 a rusos. Tramitó además más de 500 indultos de condenas a muerte, más de 5.000 peticiones de repatriación y unas 25.000 consultas sobre familiares en zonas ocupadas.[8] El archivo resultante, que abarca los años 1915-1921 y se conserva en Madrid, fue inscrito en 2025 en el Registro de la Memoria del Mundo de la Unesco.
17.5. El nombre de una pandemia[editar]
La neutralidad española tuvo un último efecto, involuntario y duradero: dio nombre a la mayor pandemia del siglo XX. Como se explica en el apartado 14, la "gripe española" se llama así porque la prensa española, libre de censura de guerra, informó de la epidemia mientras los países beligerantes la ocultaban. Es probablemente el caso más citado de cómo la censura militar puede deformar de manera permanente el registro histórico de un hecho.
18. Consecuencias[editar]
18.1. El fin de cuatro imperios[editar]
La consecuencia más visible fue la desaparición simultánea de cuatro estructuras imperiales que llevaban siglos en el mapa:
- El Imperio alemán se convirtió en la República de Weimar tras la abdicación de Guillermo II el 9 de noviembre de 1918.
- El Imperio austrohúngaro se disolvió en octubre-noviembre de 1918 en Austria, Hungría, Checoslovaquia y el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (después Yugoslavia), con territorios repartidos además a Italia, Polonia y Rumania.
- El Imperio ruso dejó paso, tras la Revolución rusa y una guerra civil que se prolongó hasta 1922, a la Unión Soviética.
- El Imperio otomano fue desmembrado; de su núcleo anatolio surgió, tras la guerra de independencia turca, la República de Turquía proclamada en 1923.
En el hueco aparecieron Estados nuevos o restaurados: Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Hungría, Austria, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania. La aplicación del principio de autodeterminación tropezó de inmediato con la realidad étnica de Europa central, donde ninguna frontera podía trazarse sin dejar minorías al otro lado: las minorías nacionales creadas o consolidadas en 1919 serían el pretexto de las agresiones alemanas de los años treinta.
18.2. Oriente Medio[editar]
El reparto de las provincias árabes del Imperio otomano entre Francia y el Reino Unido, bajo la fórmula de los mandatos de la Sociedad de Naciones, creó las fronteras de Irak, Siria, Líbano, Jordania, Israel y Palestina tal como se discuten hoy. Las promesas contradictorias hechas durante la guerra —independencia árabe, reparto franco-británico y hogar nacional judío— dejaron un conflicto estructural que sigue abierto más de un siglo después.
18.3. Economía y sociedad[editar]
La guerra costó a los beligerantes una proporción de su riqueza sin precedentes y la financiaron con deuda e inflación. Europa dejó de ser el centro financiero del mundo; Estados Unidos pasó de deudor neto a principal acreedor. La reconstrucción, las reparaciones y las deudas interaliadas formaron un sistema de pagos circular y frágil que se desmoronó con la crisis de 1929, cuyos efectos políticos en Alemania fueron devastadores.
En lo social, la guerra aceleró el sufragio femenino, consolidó a los sindicatos como interlocutores del Estado, extendió el impuesto sobre la renta y normalizó la intervención pública en la economía. También dejó el precedente del Estado que registra, raciona, censura y vigila a su propia población.
18.4. Ideologías y el camino a 1939[editar]
La guerra fue la partera de las tres grandes ideologías que dominaron el siglo XX. El comunismo llegó al poder en Rusia como consecuencia directa del conflicto. El fascismo nació de la desmovilización, del resentimiento por la "victoria mutilada" italiana y del culto al excombatiente: Benito Mussolini fue soldado en el frente italiano y llegó al poder en 1922. El nazismo se construyó sobre el rechazo a Versalles, la leyenda de la puñalada por la espalda y la experiencia de las trincheras: Adolf Hitler sirvió como enlace en el ejército alemán y fue condecorado dos veces.
También sobrevivió, más débil, la corriente contraria: el internacionalismo institucional de la Sociedad de Naciones, cuyo fracaso enseñó las lecciones que se aplicarían en 1945 al diseñar la Organización de las Naciones Unidas.
Ese encadenamiento es lo que sostiene la lectura de la Segunda Guerra Mundial como continuación de la primera. En 1919, el mariscal Foch resumió el Tratado de Versalles con una frase que se citaría durante décadas: no era una paz, sino un armisticio por veinte años. La Segunda Guerra Mundial empezó veinte años y dos meses después de la firma.
18.5. Ciencia, medicina y técnica[editar]
Pese a su carácter destructivo, la guerra aceleró desarrollos que después tuvieron uso civil: la aviación comercial nació de los excedentes de aviones y pilotos; la cirugía reconstructiva y la traumatología dieron un salto por la necesidad de tratar a millones de mutilados; la transfusión de sangre y los sistemas de triaje se sistematizaron; el diagnóstico y tratamiento del trauma psíquico empezaron a considerarse medicina y no cobardía. El proceso Haber-Bosch de síntesis de amoníaco, desarrollado antes de la guerra y escalado durante ella para producir explosivos sin depender del salitre importado, es hoy la base de los fertilizantes nitrogenados que alimentan a buena parte de la humanidad —y fue, a la vez, lo que arruinó la economía salitrera de Chile.
19. Memoria, cultura y legado[editar]
19.1. La memoria pública[editar]
La escala de la muerte obligó a inventar formas de duelo colectivo que no existían. Como la mayoría de los caídos no pudieron ser repatriados ni siquiera identificados, se levantaron monumentos a los caídos en prácticamente todos los municipios de Francia, el Reino Unido y Alemania, y se creó la figura del Soldado Desconocido: una tumba sin nombre que representa a todos, inaugurada en París y en Londres el 11 de noviembre de 1920 y replicada después en decenas de países.
El 11 de noviembre se conmemora como Día del Armisticio en Francia y Bélgica, Remembrance Day en el Reino Unido y la Commonwealth —con la amapola roja de Flandes como símbolo— y Veterans Day en Estados Unidos. El 25 de abril es el ANZAC Day en Australia y Nueva Zelanda.
Los cementerios militares del frente occidental, con sus hileras idénticas de lápidas, y monumentos como el osario de Douaumont en Verdún o la Puerta de Menin en Ypres —donde cada tarde desde 1928 se toca el toque de silencio— son hoy destinos de un turismo de memoria que mueve a cientos de miles de visitantes al año.
19.2. Literatura[editar]
La guerra produjo una de las literaturas más influyentes del siglo XX, escrita casi toda por combatientes:
- Sin novedad en el frente (1929), de Erich Maria Remarque, la novela antibélica más leída de todos los tiempos, quemada por los nazis en 1933.
- Adiós a las armas (1929), de Ernest Hemingway, ambientada en el frente italiano y en la retirada de Caporetto.
- Los poetas de guerra británicos —Wilfred Owen, muerto en combate una semana antes del armisticio, y Siegfried Sassoon—, cuya obra fijó la imagen de la guerra como carnicería inútil.
- Tempestades de acero (1920), de Ernst Jünger, que narra la misma experiencia desde el lado alemán y con una valoración radicalmente distinta.
- El buen soldado Švejk (1921-1923), de Jaroslav Hašek, la gran sátira del absurdo militar austrohúngaro.
En español, la obra decisiva es Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916), de Vicente Blasco Ibáñez, escrita desde la neutralidad española y con un planteamiento profundamente hispanoamericano: una familia argentina cuyos descendientes, franceses unos y alemanes otros, acaban combatiendo en bandos opuestos. Su traducción al inglés fue el libro más vendido en Estados Unidos en 1919 según Publishers Weekly y dio a su autor una fama internacional que ningún otro escritor español de su tiempo alcanzó. Tuvo dos adaptaciones cinematográficas estadounidenses, en 1921 y en 1962.
19.3. Cine[editar]
La Gran Guerra fue el primer conflicto filmado de forma sistemática, primero por los servicios de propaganda y después por la industria. Entre las obras que han fijado su imagen figuran Armas al hombro (1918) de Charles Chaplin, Sin novedad en el frente (1930, con nuevas versiones en 1979 y 2022), La gran ilusión (1937) de Jean Renoir, Senderos de gloria (1957) de Stanley Kubrick, Lawrence de Arabia (1962), Feliz Navidad (2005) sobre la tregua de 1914, y 1917 (2019) de Sam Mendes. El documental They Shall Not Grow Old (2018), de Peter Jackson, restauró y coloreó metraje original de archivo y devolvió a los rostros filmados en 1916 una inmediatez que el cine mudo había perdido.
19.4. Arte y pensamiento[editar]
La guerra rompió la confianza en el progreso que había definido el siglo XIX y esa ruptura se hizo estética. El dadaísmo nació en el Cabaret Voltaire de Zúrich en 1916 como reacción explícita al absurdo de la matanza; el expresionismo alemán de posguerra y la Nueva Objetividad de Otto Dix y George Grosz —ambos veteranos— convirtieron el cuerpo mutilado en tema central; el surrealismo de André Breton, que había sido enfermero psiquiátrico militar, se construyó sobre la sospecha de que la razón había conducido al desastre. En filosofía, La decadencia de Occidente de Oswald Spengler (1918) fue leída como el diagnóstico de una civilización que se había suicidado.
En el mundo hispanohablante, la guerra actuó como frontera generacional más que como tema: la vanguardia que llega a Madrid y a Buenos Aires a partir de 1918 —el ultraísmo, y con él el joven Jorge Luis Borges, que pasó los años de la guerra en Suiza— es directamente hija de la ruptura europea. En la pintura, Pablo Picasso atravesó el conflicto en París; su Guernica, veinte años posterior, pertenece ya a la Guerra Civil Española, pero pertenece también a la tradición de representación del horror moderno que la Gran Guerra inauguró.
19.5. La huella en el lenguaje y la vida cotidiana[editar]
Muchas expresiones y objetos corrientes vienen de aquellos cuatro años: la trinchera como metáfora política; la gabardina trench coat, diseñada para los oficiales británicos; la cremallera, popularizada por los uniformes; el horario de verano, adoptado por Alemania en 1916 para ahorrar carbón y copiado de inmediato por sus enemigos; la cirugía plástica moderna; el pañuelo desechable y la compresa higiénica, derivados de los apósitos de celulosa; y la costumbre, todavía viva en algunos ejércitos, de no encender tres cigarrillos con la misma cerilla.[9]
20. Cronología resumida[editar]
[ Desplegar / Plegar ] Cronología de la Primera Guerra Mundial
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 28 de junio de 1914 | Asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo. |
| 23 de julio de 1914 | Ultimátum austrohúngaro a Serbia. |
| 28 de julio de 1914 | Austria-Hungría declara la guerra a Serbia. Comienza la guerra. |
| 1-4 de agosto de 1914 | Alemania declara la guerra a Rusia y a Francia; invade Bélgica; el Reino Unido declara la guerra a Alemania. |
| 26-30 de agosto de 1914 | Batalla de Tannenberg. |
| 5-12 de septiembre de 1914 | Primera batalla del Marne; fracasa el Plan Schlieffen. |
| 1 de noviembre de 1914 | Entrada del Imperio otomano en la guerra. |
| 8 de diciembre de 1914 | Batalla de las islas Malvinas. |
| Diciembre de 1914 | Tregua de Navidad en el frente occidental. |
| 19 de febrero de 1915 | Comienza la campaña de Galípoli. |
| 22 de abril de 1915 | Primer uso masivo de gas de cloro en Ypres. |
| 24 de abril de 1915 | Inicio convencional del genocidio armenio. |
| 25 de abril de 1915 | Desembarcos de Galípoli. |
| 7 de mayo de 1915 | Hundimiento del Lusitania. |
| 23 de mayo de 1915 | Italia declara la guerra a Austria-Hungría. |
| 14 de octubre de 1915 | Bulgaria entra en la guerra. |
| 9 de enero de 1916 | Fin de la evacuación aliada de Galípoli. |
| 21 de febrero – 18 de diciembre de 1916 | Batalla de Verdún. |
| 31 de mayo – 1 de junio de 1916 | Batalla de Jutlandia. |
| 4 de junio – 20 de septiembre de 1916 | Ofensiva Brusílov. |
| 1 de julio – 18 de noviembre de 1916 | Batalla del Somme. |
| 15 de septiembre de 1916 | Primer uso de carros de combate en Flers-Courcelette. |
| Agosto de 1916 | Rumania entra en la guerra. |
| 1 de febrero de 1917 | Alemania reanuda la guerra submarina sin restricciones. |
| Enero-marzo de 1917 | Telegrama Zimmermann: envío, descifrado y publicación (1 de marzo). |
| Marzo de 1917 | Revolución de Febrero en Rusia; abdicación de Nicolás II. |
| 5 de abril de 1917 | Hundimiento del vapor brasileño Paraná. |
| 6 de abril de 1917 | Estados Unidos declara la guerra a Alemania. |
| Abril de 1917 | Panamá y Cuba declaran la guerra a Alemania. |
| 14 de abril de 1917 | México rechaza formalmente la propuesta del telegrama Zimmermann. |
| Mayo-junio de 1917 | Motines en el ejército francés tras la ofensiva de Nivelle. |
| 31 de julio – 10 de noviembre de 1917 | Tercera batalla de Ypres (Passchendaele). |
| 12 de septiembre de 1917 | Argentina declara persona non grata al conde von Luxburg. |
| 24 de octubre – 9 de noviembre de 1917 | Batalla de Caporetto. |
| 26 de octubre de 1917 | Brasil declara la guerra a los Imperios Centrales. |
| Noviembre de 1917 | Revolución de Octubre en Rusia. Declaración Balfour. |
| 8 de enero de 1918 | Wilson expone los Catorce Puntos. |
| 3 de marzo de 1918 | Tratado de Brest-Litovsk. |
| 21 de marzo de 1918 | Comienzan las ofensivas alemanas de primavera (operación Michael). |
| 26 de marzo de 1918 | Conferencia de Doullens: mando único aliado bajo Foch. |
| Abril-julio de 1918 | Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, Haití y Honduras declaran la guerra. |
| 18 de julio de 1918 | Contraataque aliado en la segunda batalla del Marne. |
| 8 de agosto de 1918 | Batalla de Amiens: "día negro del ejército alemán". Comienza la Ofensiva de los Cien Días. |
| 29 de septiembre de 1918 | Armisticio de Salónica con Bulgaria. |
| 30 de octubre de 1918 | Armisticio de Mudros con el Imperio otomano. |
| 3 de noviembre de 1918 | Armisticio de Villa Giusti con Austria-Hungría. |
| 9 de noviembre de 1918 | Abdicación de Guillermo II; proclamación de la república en Alemania. |
| 11 de noviembre de 1918 | Armisticio de Compiègne. Fin de los combates a las 11:00. |
| 28 de junio de 1919 | Firma del Tratado de Versalles. |
| 10 de septiembre de 1919 | Tratado de Saint-Germain-en-Laye con Austria. |
| 27 de noviembre de 1919 | Tratado de Neuilly-sur-Seine con Bulgaria. |
| 10 de enero de 1920 | Entrada en vigor del Tratado de Versalles; nace la Sociedad de Naciones. |
| 4 de junio de 1920 | Tratado de Trianon con Hungría. |
| 10 de agosto de 1920 | Tratado de Sèvres con el Imperio otomano. |
| 24 de julio de 1923 | Tratado de Lausana, que sustituye al de Sèvres. |
La expresión "segunda guerra de los Treinta Años" para el periodo 1914-1945 fue popularizada por historiadores del siglo XX y no es una denominación de época; sirve para subrayar la continuidad de causas entre ambos conflictos, no para negar que fueran guerras distintas con protagonistas y motivos propios. ↩︎
El término "Primera Guerra Mundial" aparece de forma aislada ya durante el conflicto —el corresponsal alemán Ernst Haeckel lo usó en 1914—, pero su uso corriente es posterior a 1939. ↩︎
Hubo usos anteriores y menores de agentes químicos: los franceses emplearon granadas de gas lacrimógeno en 1914 y los alemanes probaron un irritante en el frente oriental en enero de 1915, sin efecto por el frío. Ypres fue el primer empleo con resultado táctico. ↩︎
Caporetto dejó una huella duradera en la lengua italiana, donde el topónimo se usa como sinónimo de derrota catastrófica, y en la literatura: la retirada del Piave es el eje de la segunda parte de Adiós a las armas (1929), de Ernest Hemingway, que había servido como conductor de ambulancias en el frente italiano. ↩︎
Las cifras nacionales de mortalidad por gripe de 1918 deben leerse con prudencia: los sistemas de registro civil de la época eran incompletos en casi todos los países y las revisiones historiográficas posteriores han corregido al alza la mayoría de los totales oficiales. ↩︎
La clasificación en tres grupos sigue la que establece la historiografía especializada sobre América Latina y la Gran Guerra; algunos autores contabilizan de forma distinta a los países que rompieron relaciones en fechas muy próximas al armisticio. ↩︎
Las fuentes contemporáneas divergen mucho sobre el número de víctimas de la Semana Trágica: la embajada estadounidense contabilizó 1.356 muertos y la francesa unos 800. El gobierno argentino nunca publicó una cifra oficial, de modo que ninguna de las estimaciones puede considerarse definitiva. ↩︎
Las cifras de expedientes varían según la fuente y según lo que se cuente —solicitudes recibidas, personas localizadas o expedientes conservados—, porque una misma persona podía originar varias peticiones. Las que se recogen aquí proceden del recuento de solicitudes gestionadas por la oficina. ↩︎
La superstición sostiene que la primera luz alerta al francotirador enemigo, la segunda le da tiempo de apuntar y la tercera de disparar. Su origen bélico está firmemente asentado en la tradición oral, aunque también se ha atribuido a una campaña comercial de fabricantes de cerillas de entreguerras. ↩︎