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Economía de Paraguay

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Economía de Paraguay
MonedaGuaraní (PYG, símbolo ₲)
Año fiscalEnero a diciembre
Banco centralBanco Central del Paraguay
OrganizacionesOMC, Mercosur, FMI, Banco Mundial, CAF, ALADI
Indicadores macroeconómicos
PIB (nominal)aprox. 44 000 millones USD (2023)
PIB (PPA)aprox. 117 000 millones USD (2023)[sin verificar]
PIB per cápita (nominal)aprox. 7162 USD (2023)
PIB per cápita (PPA)aprox. 16 000 USD (2023)[sin verificar]
Crecimiento del PIBaprox. 4,5 % (proyección 2025)
Inflación (IPC)aprox. 3,8 % (interanual 2025)
Población bajo línea de pobrezaaprox. 22,7 % (2023)
Desempleoaprox. 5,8 % (2023)
Deuda públicaaprox. 35 % del PIB
Reservas internacionalesaprox. 10 000 millones USD (2024)
Salario mínimo mensual₲ 2 798 309 (aprox. 370 USD, 2025)
Población activaaprox. 3,9 millones (2024)
Población activa por sectorAgricultura 26,9 % (sector primario o extractivo: agricultura o ganadería)
Industria 18,2 % (sector secundario)
Servicios 54,8 % (sector terciario)
Industrias principalesAgroindustria, energía hidroeléctrica, manufactura liviana, construcción, comercio
Exportacionesaprox. 11 890 millones USD (2024)
Productos exportadosSoja y derivados, carne bovina, maíz, electricidad, arroz, aceites vegetales, textiles
Principales mercados de exportaciónBrasil, Argentina, Chile, Unión Europea, Rusia
Importacionesaprox. 14 550 millones USD (2024)
Productos importadosMaquinaria, combustibles y lubricantes, vehículos, productos electrónicos, agroquímicos, bienes de consumo
Principales proveedoresChina, Brasil, Argentina, Estados Unidos, Unión Europea
IED acumuladaaprox. 7 000 millones USD
Soberanía energéticaExportador neto de energía eléctrica (hidroeléctrica binacional)
Régimen tributario destacadoImpuesto a la Renta Empresarial 10 %, IVA 10 %, sistema de Maquila para exportación
Tipo de cambio flotante administrado1 USD ≈ 7500 PYG (mediados de 2025)

1. Panorama general[editar]

La economía de Paraguay es una de las economías de ingresos medios de América del Sur con un perfil productivo dual: por un lado un sector primario de alta productividad orientado a la exportación y por otro un sector terciario extenso y en buena medida informal que abastece el mercado interno. El país es el cuarto exportador neto de energía eléctrica del mundo gracias a las centrales hidroeléctricas binacionales de Itaipú (compartida con Brasil) y Yacyretá (compartida con Argentina), cuyas represas se encuentran entre las de mayor potencia instalada del planeta.

La economía paraguaya ha mostrado en las últimas dos décadas una tasa de crecimiento promedio que se sitúa entre las más altas de Latinoamérica, impulsada por la expansión de la frontera agrícola, las exportaciones de materias primas y una política monetaria considerada prudente por organismos multilaterales. Sin embargo, persisten desafíos estructurales: una matriz productiva poco diversificada, alta informalidad laboral,[1] debilidad en la cobertura de protección social y vulnerabilidad ante los ciclos climáticos y los precios internacionales de los commodities.

2. Historia económica[editar]

2.1. Período colonial y poscolonial temprano[editar]

Durante la época colonial, el territorio que hoy ocupa el Paraguay se organizó inicialmente en torno a las misiones jesuíticas guaraníes, que desarrollaron un sistema económico comunitario basado en la agricultura (especialmente el cultivo de yerba mate), la ganadería y la producción artesanal textil e instrumentos musicales. Se ha documentado que ese modelo alcanzó niveles de autosuficiencia que lo diferenciaban notablemente de otras economías coloniales de la región.

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el esquema productivo se desarticuló y la administración virreinal no logró replicar la prosperidad anterior. La independencia formal de 1811, bajo el liderazgo del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, dio paso a un período de economía cerrada y autosuficiente que, según han señalado historiadores económicos,[2] consolidó la propiedad estatal de tierras productivas y limitó la influencia del comercio exterior, pero también aisló al país de los flujos de capital y tecnología de la época.

2.2. La era de Carlos Antonio López y la Guerra de la Triple Alianza[editar]

Bajo los gobiernos de Carlos Antonio López y luego de su hijo Francisco Solano López (1844‑1870), Paraguay adoptó un modelo de desarrollo estatal con fuerte inversión en infraestructura: se construyeron el primer ferrocarril de Sudamérica (AsunciónEncarnación), el primer alto horno de fundición de hierro de la región (en Ybycuí), un astillero capaz de producir embarcaciones a vapor y un sistema de telégrafo propio. Este esfuerzo fue financiado en gran parte por la renta de tierras públicas y la exportación de yerba mate y tabaco.

La Guerra de la Triple Alianza (1864‑1870) marcó un quiebre demográfico y económico sin paralelo en la historia latinoamericana. Las estimaciones históricas sobre la pérdida de población masculina adulta son objeto de debate académico, pero coinciden en describir un colapso de la fuerza de trabajo que destruyó el tejido productivo durante décadas. La deuda de guerra impuesta y la pérdida de territorio disputado con los países vecinos completaron un cuadro de devastación del que la economía paraguaya tardó más de medio siglo en empezar a recuperarse.[3]

2.3. Reconstrucción, enclave taninero y expansión agrícola[editar]

A partir de 1880 y durante las primeras décadas del siglo XX, la economía se reconstruyó lentamente sobre la base de la explotación forestal (quebracho colorado para tanino), la ganadería extensiva en el Chaco, la producción de yerba mate orientada al mercado argentino y la llegada de inmigración europea (menonitas, alemanes, italianos, españoles) que impulsó colonias agrícolas en el este del país. El modelo, sin embargo, mantuvo un carácter de enclave: empresas extranjeras controlaban los eslabones de exportación y el Estado recaudaba regalías limitadas.

La Guerra del Chaco (1932‑1935) contra Bolivia volvió a imponer costos fiscales y humanos significativos, aunque el conflicto no alcanzó la escala de devastación productiva de la guerra del siglo anterior.

2.4. Estabilización, crisis y el largo estancamiento de los años ochenta y noventa[editar]

Entre las décadas de 1950 y 1970, la construcción de la represa de Itaipú (iniciada formalmente en 1974) generó un ciclo breve de auge de la construcción y el consumo, acompañado de flujos de capital hacia el país. Sin embargo, una vez terminada la obra, la economía experimentó un fuerte ajuste. Durante la década de 1980, Paraguay arrastró un estancamiento prolongado mientras el resto de la región también enfrentaba la crisis de la deuda.

En los años noventa se avanzó en reformas orientadas a la liberalización comercial, la apertura financiera —con la creación de un marco más permisivo para la banca extranjera— y la adhesión plena al Mercosur en 1991. Las crisis financieras de la región, especialmente la crisis argentina de 2001, impactaron al sistema bancario paraguayo, que sufrió una ola de quiebras e intervenciones entre 1995 y 2003, con la consiguiente pérdida de confianza del público y contracción del crédito.[4]

2.5. El ciclo de expansión de los 2000 y la resiliencia frente a choques recientes[editar]

A partir de 2003, la economía paraguaya inició un período de crecimiento alto y relativamente estable, favorecido por el boom de precios de las materias primas (soja, carne, maíz) y una política macroeconómica que combinó superávits fiscales durante varios años, acumulación de reservas internacionales y una inflación controlada en torno a la meta del Banco Central del Paraguay. La crisis financiera global de 2008-2009 tuvo un impacto moderado gracias al limitado grado de integración del sistema bancario doméstico con los mercados financieros internacionales.

La sequía severa de 2011‑2012 y los episodios posteriores de condiciones climáticas adversas recordaron la vulnerabilidad de la producción agropecuaria, mientras que la pandemia de COVID-19 en 2020 provocó una contracción del PIB, aunque menor a la de otros países de la región. La recuperación pospandemia fue vigorosa, empujada por un nuevo ciclo de precios altos de los commodities y por la normalización del comercio fronterizo. Los datos más recientes disponibles muestran una economía que mantiene un ritmo de crecimiento por encima del promedio regional y una inflación que ha vuelto a situarse dentro del rango meta.[5]

3. Estructura sectorial[editar]

3.1. Agricultura y ganadería[editar]

La agricultura constituye uno de los pilares de la economía paraguaya, con una participación en el PIB que aunque ha ido reduciéndose en términos relativos —desplazada por el crecimiento más acelerado de los servicios y la construcción— sigue siendo determinante para las exportaciones y el empleo. Paraguay es uno de los principales exportadores mundiales de soja (habitualmente entre el cuarto y el sexto lugar según la campaña) y también ocupa posiciones destacadas en los mercados de carne bovina, maíz, arroz y aceites vegetales.

La producción agrícola se concentra en dos regiones agroecológicas diferenciadas:

  • La Región Oriental, donde predominan la agricultura mecanizada de soja, maíz, trigo, girasol, arroz y caña de azúcar, organizada en torno a cooperativas y empresas agropecuarias medianas y grandes, con fuerte presencia de productores de origen brasileño, menonita y japonés en ciertos distritos.
  • La Región Occidental o Chaco, dominada por la ganadería bovina extensiva de carne, que ha experimentado un proceso de intensificación y mejoramiento genético, y en menor medida por algunos proyectos de agricultura en zonas de transición.

La ganadería paraguaya ha logrado posicionarse en mercados de alto valor gracias a la condición sanitaria de su hato, declarado libre de fiebre aftosa con vacunación o sin vacunación según la zona, reconocimiento que ha permitido el acceso a mercados exigentes como la Unión Europea, Chile e Israel, entre otros.[6]

3.2. Energía hidroeléctrica[editar]

La energía hidroeléctrica es el segundo pilar del sector externo paraguayo después de la soja, aunque su aporte fiscal y de balanza de pagos opera por mecanismos distintos a los de una exportación convencional. Paraguay es copropietario al 50 % de la central de Itaipú (con Brasil) y también de la central de Yacyretá (con Argentina). Debido a que el consumo interno paraguayo absorbe solo una fracción de la energía que le corresponde por tratado, el excedente es cedido al socio a un precio estipulado.

El Anexo C del Tratado de Itaipú, que rigió durante los primeros cincuenta años de la represa, estableció un modelo de comercialización que generó ingresos importantes pero también fue objeto de debate público sobre la justicia del precio pagado por la energía cedida. La renegociación de dicho anexo, que culminó con un acuerdo en 2024, modificó las condiciones tarifarias y los mecanismos de gobernanza, abriendo la posibilidad de que Paraguay comercialice una porción de su energía en el mercado libre brasileño y eventualmente en otros mercados regionales.[7]

3.3. Industria manufacturera y régimen de maquila[editar]

El sector industrial paraguayo es comparativamente pequeño y está orientado en su mayor parte al mercado interno (alimentos, bebidas, materiales de construcción, productos metálicos básicos, plásticos). Su competitividad externa se ha visto limitada históricamente por los costos de transporte, la escala reducida del mercado doméstico y la competencia de productos de países vecinos.

Sin embargo, desde la promulgación de la Ley de Maquila (Ley N.º 1064/97 y sus modificaciones), el régimen de maquila ha tenido un crecimiento notable, atrayendo inversiones —principalmente de capital brasileño, pero también argentino y de otros orígenes— en los sectores de autopartes, confecciones, calzado, plásticos, productos farmacéuticos y servicios de business process outsourcing (BPO). El régimen permite importar materias primas, insumos y bienes de capital libres de aranceles y tributos internos, para luego exportar el producto terminado con un pago de un impuesto único reducido.

Para mediados de la década de 2020, Paraguay contaba con varios cientos de empresas maquiladoras activas, que generaban decenas de miles de empleos directos formales y exportaban valores anuales del orden de miles de millones de dólares, convirtiendo al programa en una de las políticas industriales más exitosas del país en los últimos lustros.[8]

3.4. Servicios, comercio y turismo de compras[editar]

El sector de servicios representa la mayor parte del PIB y del empleo. El comercio minorista y mayorista está altamente atomizado y, en las áreas fronterizas con Brasil (Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero, Salto del Guairá) y con Argentina (Encarnación, Puerto Falcón, Nanawa), adquiere características de comercio de reexportación y turismo de compras. Estos flujos, aunque difíciles de medir con precisión en las cuentas nacionales, representan un componente dinámico del consumo y de la actividad terciaria.

El sistema financiero paraguayo es de tamaño mediano en relación con el PIB y está dominado por bancos de capital nacional y sucursales de bancos extranjeros, principalmente brasileños. El nivel de bancarización ha mejorado con la expansión de los servicios de banca digital y las billeteras electrónicas, pero permanece por debajo del promedio de América Latina.

El sector de telecomunicaciones y tecnología de la información ha mostrado dinamismo, con una penetración de telefonía móvil que supera largamente el 100 % de la población y un crecimiento del segmento de desarrollo de software y servicios tecnológicos, en parte impulsado por costos operativos competitivos y una oferta de profesionales jóvenes formados en universidades públicas y privadas.

4. Sector externo e inserción regional[editar]

4.1. Comercio exterior y balanza de pagos[editar]

El perfil exportador de Paraguay es marcadamente agropecuario y concentrado en pocos productos y destinos. La soja (en grano, aceite, harina y pellets) y la carne bovina congelada o refrigerada constituyen los dos grandes rubros de exportación, que en conjunto explican alrededor de la mitad del valor total exportado. La electricidad exportada —registrada contablemente como cesión bajo los tratados binacionales— constituye el tercer rubro de relevancia, aunque su contabilización precisa depende de las definiciones metodológicas y de los precios pactados en cada período.

La balanza comercial suele ser superavitaria en los años de buenas cosechas y precios altos, y puede tornarse deficitaria cuando la demanda de importaciones asociadas a la inversión o al consumo crece por encima del valor de las exportaciones. Las importaciones están dominadas por bienes de capital, combustibles y lubricantes, insumos industriales y bienes de consumo duradero, y su origen se ha diversificado con una creciente participación de productos provenientes de China.

4.2. Paraguay en el Mercosur[editar]

Paraguay es Estado parte fundador del Mercosur y su economía es, entre las del bloque, la que presenta el mayor grado de apertura comercial en términos relativos al tamaño de su PIB. A diferencia de sus socios mayores, Paraguay aplica un arancel externo común con numerosas excepciones y mantiene una política comercial que ha buscado históricamente niveles arancelarios bajos para bienes de capital e insumos no producidos localmente, con el fin de no gravar la competitividad de sus sectores productivos.

La pertenencia al Mercosur ha sido un factor determinante para el acceso al mercado brasileño y argentino de productos paraguayos, pero también ha implicado restricciones para la negociación de acuerdos comerciales bilaterales con terceros países, dada la exigencia de negociar en bloque. La relación económica con Brasil merece un capítulo aparte: el socio mayor absorbe la mayor parte de las exportaciones paraguayas, es el principal origen de las importaciones y de la inversión extranjera directa, y la frontera compartida genera dinámicas comerciales informales que complementan y a veces distorsionan las cifras oficiales.[9]

4.3. Otros acuerdos y preferencias comerciales[editar]

Además del Mercosur, Paraguay participa del Sistema Generalizado de Preferencias de diversos países desarrollados, ha firmado acuerdos de alcance parcial en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) y mantiene vínculos comerciales con la Unión Europea, con la cual el Mercosur negoció un acuerdo de asociación que al momento de redactar este documento aún se encontraba en proceso de ratificación.[10] Las preferencias arancelarias unilaterales han sido relevantes para colocar productos como la carne y el azúcar en mercados europeos y asiáticos.

5. Política fiscal y monetaria[editar]

5.1. Marco institucional[editar]

El Banco Central del Paraguay es una entidad autárquica con mandato legal de preservar la estabilidad de precios y la estabilidad del sistema financiero. Desde mediados de la década de 2000 adoptó un esquema de metas de inflación, que con el tiempo se ha consolidado como el ancla nominal de la política monetaria. El tipo de cambio es flotante, aunque el Banco Central se reserva la facultad de intervenir en el mercado cambiario para moderar fluctuaciones que considere excesivas o desordenadas.

La política fiscal, por su parte, está enmarcada por la Ley de Responsabilidad Fiscal, que establece límites al déficit fiscal y al crecimiento del gasto corriente, aunque su cumplimiento ha sido irregular en función de los ciclos políticos y de los choques externos.

5.2. Sostenibilidad de la deuda y acceso a mercados[editar]

Paraguay ha mantenido históricamente niveles de deuda pública considerados moderados por las agencias calificadoras de riesgo, lo que le ha permitido acceder a los mercados internacionales de capital en condiciones favorables. El país ha emitido bonos soberanos en dólares y en guaraníes en los mercados globales, y ha utilizado parte de esos recursos para financiar infraestructura y para operaciones de manejo de pasivos. Las calificaciones crediticias otorgadas por las principales agencias han mostrado una tendencia de mejora gradual en los últimos quince años, facilitando el acceso a tasas de interés decrecientes.

6. Informalidad, inclusión financiera y desafíos sociales[editar]

Un rasgo central de la economía paraguaya es la alta informalidad que atraviesa tanto el empleo como la producción y el comercio. La informalidad laboral —que abarca a más de la mitad de los trabajadores y a una proporción todavía mayor entre las mujeres, los jóvenes y la población rural— implica que una porción considerable de la fuerza de trabajo no cuenta con protección social, acceso al crédito formal ni mecanismos de ahorro previsional.

La inclusión financiera ha mejorado de la mano de instrumentos como las billeteras electrónicas y corresponsalías no bancarias, con especial protagonismo de las empresas de telefonía móvil y de las entidades de medios de pago electrónico. Sin embargo, el crédito privado como porcentaje del PIB sigue estando por debajo del promedio regional, lo que refleja tanto limitaciones de oferta —concentración bancaria, plazos cortos, altos costos de evaluación de riesgo— como de demanda —falta de garantías, baja formalización, escasa educación financiera—.

La desigualdad de ingresos, medida por el coeficiente de Gini, se ubica en niveles similares al promedio latinoamericano, aunque hay diferencias marcadas entre las zonas urbanas y rurales y entre la Región Oriental y el Chaco. La cobertura de servicios públicos como agua potable, saneamiento, electricidad y conectividad digital ha avanzado, pero persisten brechas significativas en áreas rurales dispersas y en asentamientos urbanos periféricos.

7. Economía e hispanohablantes: Paraguay en el contexto regional[editar]

Para el lector hispanohablante, la economía paraguaya presenta la particularidad de ser la única dentro de América del Sur que combina el bilingüismo oficial español‑guaraní con una estructura productiva en la que el sector agrícola moderno convive con una economía campesina que mantiene formas de organización y comercialización con fuertes raíces culturales. Además, la dolarización informal de muchas transacciones cotidianas —sobre todo en bienes durables e inmuebles— junto con la circulación de hecho del real brasileño y el peso argentino en zonas de frontera, configura un mosaico monetario poco común incluso dentro de una región acostumbrada a la pluralidad cambiaria.

En las décadas recientes, la presencia de empresas de capital español en sectores como la distribución de combustibles, las telecomunicaciones, la banca, los seguros y la construcción ha constituido un canal relevante de inversión y de transferencia de prácticas de gestión. Del mismo modo, instituciones académicas y organismos de cooperación españoles han participado en programas de fortalecimiento institucional, capacitación técnica y asistencia en áreas como la administración tributaria, la seguridad social y modernización del Estado.

8. Perspectivas y retos[editar]

Los principales retos de la economía paraguaya en los próximos años se pueden agrupar en varias áreas:

  1. Diversificación productiva: reducir la dependencia de la soja y la carne mediante el fomento de cadenas de valor con mayor contenido tecnológico.
  2. Formalización económica y laboral: ampliar la base de contribuyentes y la cobertura de la seguridad social sin destruir los mecanismos informales que hoy sirven de red de subsistencia para una parte importante de la población.
  3. Infraestructura logística: mejorar la navegabilidad fluvial, la red vial secundaria y terciaria, y la conectividad ferroviaria para abaratar los costos de transporte que hoy restan competitividad a la producción paraguaya.
  4. Capital humano: elevar la calidad educativa y la capacitación técnica para acompañar un eventual cambio estructural hacia sectores de mayor valor agregado.
  5. Sostenibilidad ambiental: conciliar la expansión agropecuaria con la preservación de los recursos naturales, en particular los remanentes del Bosque Atlántico del Alto Paraná y los ecosistemas del Chaco, en un contexto de creciente escrutinio de los mercados de destino sobre la trazabilidad ambiental de los productos.
  6. Gobernanza de los recursos energéticos: administrar los ingresos derivados de Itaipú y Yacyretá —incluyendo los fondos de las nuevas condiciones tarifarias— de manera transparente y orientada a inversiones de largo plazo que beneficien a toda la población.

La combinación de una posición fiscal relativamente sólida, un sistema financiero estable y un ciclo demográfico todavía favorable ofrece una ventana de oportunidad que el país podría aprovechar si logra construir consensos políticos y sociales amplios alrededor de reformas de mediano plazo. Los organismos multilaterales han señalado en sus evaluaciones más recientes que Paraguay se encuentra en condiciones de aspirar a un crecimiento sostenido e inclusivo, siempre que avance en las reformas institucionales que permitan traducir la bonanza de recursos naturales en bienestar para las generaciones futuras.


  1. Diversas mediciones de la Organización Internacional del Trabajo y de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos sitúan la informalidad por encima del 60 % de la población ocupada, con concentración en el empleo doméstico, el comercio minorista y la pequeña agricultura familiar. ↩︎

  2. Véase, entre otros, los trabajos de Milda Rivarola y Juan Carlos Herken Krauer sobre la economía francista. ↩︎

  3. Se estima que hacia 1870 la población total se había reducido a una fracción de la existente en 1864, aunque las cifras precisas varían según la fuente (desde 120 000 hasta algo más de 200 000 sobrevivientes según distintos cálculos demográficos). ↩︎

  4. El proceso incluyó la liquidación de bancos emblemáticos como el Banco Alemán Paraguayo, el Banco de Asunción y más tarde el Banco Sur, entre otros. La creación de la Superintendencia de Bancos y la adopción de estándares de Basilea fueron parte del reordenamiento posterior. ↩︎

  5. El rango meta de inflación del BCP es de 4 %, con un margen de tolerancia de ±2 puntos porcentuales, y para 2025 los informes oficiales sugieren que la inflación interanual se ubica en torno a ese centro. ↩︎

  6. La Organización Mundial de Sanidad Animal ha ido actualizando el estatus sanitario de Paraguay por zonas; hacia 2025 se esperaba la ampliación de las áreas libres sin vacunación. ↩︎

  7. El acuerdo alcanzado en 2024 entre los gobiernos de Paraguay y Brasil estableció una nueva tarifa por el servicio de electricidad y un cronograma de flexibilización gradual de la venta de la energía paraguaya a terceros. ↩︎

  8. Según reportes del Consejo Nacional de las Industrias Maquiladoras de Exportación, las exportaciones de maquila superaron la barrera de los 1000 millones de USD anuales a principios de la década de 2020 y continuaron expandiéndose. ↩︎

  9. Las estimaciones sobre el comercio fronterizo no registrado varían ampliamente, pero los estudios del Banco Central y de organismos internacionales sugieren que estos flujos representan un porcentaje significativo del consumo en las zonas de frontera y tienen impacto en los niveles de recaudación tributaria y en las estadísticas de comercio exterior. ↩︎

  10. El acuerdo Mercosur-Unión Europea fue anunciado en 2019 tras dos décadas de negociación, pero su entrada en vigor quedó condicionada a la ratificación por los parlamentos nacionales, proceso que enfrentó demoras principalmente vinculadas a las exigencias ambientales europeas. ↩︎