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Ed Gein

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Edward Theodore Gein
Nombre completoEdward Theodore Gein
Apodo«El carnicero de Plainfield»
Nacimiento27 de agosto de 1906, condado de La Crosse, Wisconsin, Estados Unidos
Fallecimiento26 de julio de 1984, Instituto de Salud Mental de Mendota, Madison (Wisconsin), por insuficiencia respiratoria derivada de un cáncer de pulmón
ResidenciaGranja familiar en las afueras de Plainfield, condado de Waushara, Wisconsin
Asesinatos confirmadosDos: Mary Hogan (desaparecida el 8 de diciembre de 1954) y Bernice Worden (desaparecida el 16 de noviembre de 1957)
ProfanacionesAdmitió haber saqueado nueve tumbas entre 1947 y 1952
Situación procesalDeclarado inicialmente incapaz para ser juzgado; juzgado en noviembre de 1968, hallado culpable el 14 de noviembre y a la vez no culpable por razón de demencia
InternamientoHospital Central para Enfermos Mentales Criminales de Waupun y después Instituto de Salud Mental de Mendota, hasta su muerte
Influencia culturalInspiración parcial de Norman Bates (Psicosis), Leatherface (La matanza de Texas) y Buffalo Bill (El silencio de los corderos)

1. Resumen[editar]

Edward Theodore Gein (27 de agosto de 1906 - 26 de julio de 1984) fue un asesino y profanador de tumbas estadounidense, conocido como «el carnicero de Plainfield» por la localidad de Wisconsin en la que vivió toda su vida. Su nombre es célebre por una razón desproporcionada respecto de sus crímenes: sólo se le atribuyen dos asesinatos confirmados, lejos de las cifras de otros criminales mucho menos conocidos.

Lo que hizo de Gein un caso singular fue lo que la policía encontró en su granja el 16 de noviembre de 1957, al investigar la desaparición de la dueña de la ferretería del pueblo. En la casa —sin electricidad, cubierta de basura acumulada durante una década— había restos humanos convertidos en objetos domésticos: máscaras hechas con piel de rostros, tapicería de muebles, recipientes, prendas. La mayor parte procedía de nueve tumbas que Gein admitió haber saqueado en cementerios de la zona entre 1947 y 1952, seleccionando cadáveres de mujeres de mediana edad recién enterradas y parecidas a su madre.

Ese detalle —la madre— es el eje de todas las lecturas del caso. Augusta Gein, fanática religiosa, crio a sus dos hijos aislados en la granja predicándoles la corrupción del mundo y en particular de las mujeres. Cuando murió, en diciembre de 1945, Ed se quedó solo en la casa, selló las habitaciones que ella había usado y las conservó intactas mientras el resto se degradaba.

Gein fue declarado incapaz para ser juzgado en 1957 e internado. Once años después, en noviembre de 1968, se le juzgó por el asesinato de Bernice Worden: fue hallado culpable el 14 de noviembre y, en la misma resolución, no culpable por razón de demencia, por lo que volvió al hospital psiquiátrico, donde murió en 1984.

Su huella cultural es enorme y en gran medida indirecta. Elementos de su caso —la casa aislada, la madre muerta conservada, las máscaras de piel— pasaron a la novela Psicosis de Robert Bloch y de ahí a la película de Alfred Hitchcock, a Leatherface de La matanza de Texas y a Buffalo Bill de El silencio de los corderos. En octubre de 2025, la tercera temporada de la antología Monster, de Netflix, volvió a ponerlo en circulación ante un público nuevo.

2. Infancia y familia[editar]

Ed Gein nació el 27 de agosto de 1906 en el condado de La Crosse, Wisconsin, segundo hijo de George Gein y Augusta Wilhelmine Gein. Su hermano mayor, Henry, era siete años mayor.

La familia se trasladó a una granja aislada en las afueras de Plainfield, y el aislamiento fue deliberado: Augusta lo eligió para mantener a sus hijos apartados de un mundo que consideraba corrupto. Su marido, George, era alcohólico y carecía de autoridad en la casa; murió el 1 de abril de 1940, a los sesenta y seis años, de un fallo cardíaco.

Augusta es la figura determinante. Todos los relatos coinciden en describir a una mujer de religiosidad extrema que predicaba diariamente a sus hijos sobre la inmoralidad innata del mundo y, muy en particular, sobre las mujeres y la sexualidad, a las que presentaba como instrumentos del pecado. Prohibió a sus hijos hacer amistades. Ed, que fue un niño retraído y objeto de burlas en la escuela, mantuvo con ella una dependencia total.

El 16 de mayo de 1944 murió Henry. Los hermanos estaban quemando maleza en un terreno de la finca; el fuego se descontroló y, cuando llegaron los equipos de auxilio, Ed condujo directamente al cuerpo de su hermano. El forense certificó asfixia, pero el cadáver presentaba contusiones en la cabeza y el episodio ha sido considerado sospechoso desde entonces. Nunca se investigó como homicidio ni se le imputó, y no hay más que la circunstancia para sostener la sospecha.

Augusta murió el 29 de diciembre de 1945, a los sesenta y siete años, tras una serie de derrames. Ed se quedó solo en la granja, con treinta y nueve años y sin nadie. Es el punto exacto en el que empieza todo lo demás.

3. La granja y las profanaciones[editar]

Durante los doce años siguientes Gein vivió solo, manteniéndose con trabajos ocasionales en el pueblo —era un vecino conocido, poco hablador y considerado inofensivo, al que se le encargaba cuidar niños— y clausurando las habitaciones que habían sido de su madre, que conservó tal como ella las dejó, mientras el resto de la casa se llenaba de basura y de revistas.

En ese período leyó de forma obsesiva material sobre anatomía, sobre el nazismo y sobre experimentos médicos, y comenzó a visitar cementerios de la zona. Según su propia confesión, entre 1947 y 1952 exhumó nueve tumbas, escogiendo en la prensa local los entierros recientes de mujeres de mediana edad que le recordaban a su madre. Se llevaba los cuerpos completos o partes de ellos.

Con esos restos fabricó los objetos que se hallarían después. La explicación que dio en los interrogatorios, y que los peritos psiquiátricos recogieron, es que quería construirse un «traje de mujer» con el que poder convertirse literalmente en su madre.

4. Los asesinatos[editar]

Se le atribuyen con certeza dos víctimas, ambas mujeres de mediana edad que regentaban negocios en la zona:

  • Mary Hogan, dueña de una taberna en Pine Grove, que desapareció el 8 de diciembre de 1954. La investigación no llegó a ninguna parte en su momento.
  • Bernice Worden, propietaria de la ferretería de Plainfield, que desapareció el 16 de noviembre de 1957.

La desaparición de Worden se resolvió en horas. Su hijo, ayudante del sheriff, encontró la tienda cerrada, sangre en el suelo y el último resguardo de venta del día: un bidón de anticongelante a nombre de Ed Gein. Varios vecinos recordaron además que Gein había comentado que pensaba comprar anticongelante.

5. El hallazgo del 16 de noviembre de 1957[editar]

El registro de la granja de Gein se practicó esa misma noche.[1] Lo que los agentes encontraron es lo que convirtió un caso local en un caso nacional: el cuerpo de Bernice Worden, decapitado y colgado en un cobertizo; y, dentro de la casa, restos humanos transformados en objetos de uso: máscaras confeccionadas con la piel del rostro, cuencos hechos con calotas craneales, una pantalla de lámpara, tapicería de sillas, cinturones y prendas de vestir.

La cobertura periodística de aquel momento fue enorme y estableció el vocabulario con el que se contaría el caso después. Conviene señalar, sin embargo, un matiz que la leyenda ha borrado: la mayor parte de aquellos restos no procedía de asesinatos, sino de las tumbas profanadas. La prensa de la época y la cultura popular posterior tendieron a fundir ambas cosas y a presentar a Gein como un asesino en serie prolífico, cosa que no fue.

6. Proceso, internamiento y muerte[editar]

Gein fue acusado formalmente el 21 de noviembre de 1957. Los peritos lo declararon incapaz de comprender el proceso, y fue internado en el Hospital Central para Enfermos Mentales Criminales de Waupun, y más tarde trasladado al Instituto de Salud Mental de Mendota.

Once años después se consideró que su estado permitía juzgarlo. El juicio comenzó el 7 de noviembre de 1968, duró una semana y se limitó al asesinato de Bernice Worden. El 14 de noviembre de 1968 el tribunal lo declaró culpable y, en una segunda fase del mismo procedimiento, no culpable por razón de demencia. Volvió al hospital psiquiátrico, donde permaneció el resto de su vida.

Los informes de aquellos años lo describen como un interno tranquilo y colaborador, sin incidentes. Murió el 26 de julio de 1984, a los setenta y siete años, de insuficiencia respiratoria derivada de un cáncer de pulmón.

Dos notas sobre el rastro material del caso:

  • La granja ardió por completo el 20 de marzo de 1958, poco antes de que sus bienes salieran a subasta. El incendio se atribuyó a vecinos que no querían que el lugar se convirtiera en atracción. Al enterarse, Gein comentó, según se recogió entonces, que era una lástima.
  • Su lápida fue robada en el año 2000 del cementerio de Plainfield, donde está enterrado junto a su familia, y recuperada en junio de 2001 cerca de Seattle. No fue repuesta en su sitio.

7. Interpretaciones[editar]

El caso Gein es uno de los más citados en la literatura criminológica y psiquiátrica del siglo XX, y por razones que van más allá del morbo.

En términos clínicos, se le diagnosticó esquizofrenia y su caso se ha discutido en relación con el aislamiento social extremo, la simbiosis patológica con la figura materna y la incapacidad de elaborar su muerte. La conducta de conservar intactas las habitaciones de Augusta y la de fabricar un traje con el que ser ella son leídas habitualmente como dos formas del mismo intento.

En términos criminológicos, Gein es un ejemplo de manual de por qué la clasificación importa: no fue un asesino en serie en el sentido técnico —dos víctimas, sin patrón de repetición sostenido—, sino sobre todo un profanador de tumbas, y su inclusión sistemática en las listas de asesinos en serie es un error que arrastra la cultura popular desde 1957.

Hay además una dimensión social poco tratada. Gein vivió doce años solo, sin electricidad y sin ningún contacto que traspasara la puerta, en un pueblo de pocos cientos de habitantes que lo conocía y lo tenía por excéntrico e inofensivo. El caso se cita con frecuencia como ilustración de la invisibilidad del aislamiento en las comunidades rurales de la época.

8. Huella en la ficción[editar]

La influencia de Gein en el terror moderno es difícil de exagerar, y es mayoritariamente indirecta: casi ninguna de las obras que se le asocian cuenta su historia.

  • Norman Bates, en la novela Psicosis de Robert Bloch (1959) y en la película que Alfred Hitchcock estrenó en 1960. Bloch, que vivía en Wisconsin, ha explicado que partió menos del caso concreto que de la idea que lo impresionó: que un hombre así pudiera pasar desapercibido entre sus vecinos. De Gein vienen la casa aislada, la relación con la madre muerta y su conservación.
  • Leatherface, en La matanza de Texas (1974) de Tobe Hooper: de Gein proceden las máscaras de piel humana, el mobiliario hecho con restos y la granja aislada.
  • Buffalo Bill, en El silencio de los corderos de Thomas Harris (1988) y la película de 1991: el personaje que confecciona un traje con piel de sus víctimas es la referencia más literal de las tres.

A ellas se suman las adaptaciones directas —Deranged (1974), Ed Gein (2000)— y, sobre todo, la más reciente: la tercera temporada de la antología Monster, de Netflix, titulada Monster: The Ed Gein Story, creada por Ryan Murphy e Ian Brennan y estrenada íntegra el 3 de octubre de 2025, con Charlie Hunnam como Gein, Laurie Metcalf como Augusta, Tom Hollander como Alfred Hitchcock y Addison Rae como Evelyn Hartley. Hunnam perdió cerca de catorce kilos en tres semanas para el papel y trabajó sobre una grabación conservada de la voz de Gein.

Esa serie —como las dos temporadas anteriores de la antología, dedicadas a Jeffrey Dahmer y a los hermanos Menéndez— reabrió el debate recurrente sobre el true crime como espectáculo: si dramatizar crímenes reales con grandes producciones honra a las víctimas o las convierte en material de entretenimiento, y qué obligación tiene una plataforma con los descendientes de personas identificables. Es la discusión que acompaña hoy a cualquier tratamiento del caso, y explica en buena medida por qué el nombre de un hombre que mató a dos personas hace setenta años sigue teniendo la demanda de búsqueda que tiene.


  1. Las fuentes consultadas no coinciden en la fecha del registro: unas la sitúan el mismo 16 de noviembre de 1957, día de la desaparición de Bernice Worden, y otras el 17. La secuencia habitual —desaparición advertida por la mañana, identificación del resguardo de venta y registro esa noche— es compatible con ambas dataciones según se cuente la madrugada. ↩︎