Napoleón Bonaparte
| Napoleón Bonaparte | |
|---|---|
| Napoleone Buonaparte | |
| Nombre completo | Napoleone Buonaparte (luego Napoleón Bonaparte) |
| Título | Emperador de los franceses Rey de Italia Protector de la Confederación del Rin |
| Nacimiento | 15 de agosto de 1769 Ajaccio, Córcega |
| Fallecimiento | 5 de mayo de 1821 Longwood, Isla Santa Elena |
| Sepultura | Les Invalides, París |
| Cónyuges | Josefina de Beauharnais María Luisa de Austria |
| Descendencia | Napoleón II (Rey de Roma) Hijos ilegítimos reconocidos: Charles Léon, Alexandre Colonna-Walewski |
| Dinastía | Bonaparte |
| Ocupación | Militar, estadista, legislador |
| Rango militar | General de brigada General en jefe del Ejército de Italia Emperador |
| Período de gobierno | Primer Cónsul: 1799–1804 Emperador: 1804–1814 Cien Días: 20 de marzo – 22 de junio de 1815 |
| Predecesor | Luis XVI (como rey) Directorio (como régimen revolucionario) |
| Sucesor | Luis XVIII (primera restauración) Napoleón II (de iure, durante unos días en 1815) |
| Firma | Napoléon |
1. Resumen[editar]
Napoleón Bonaparte (Ajaccio, Córcega, 15 de agosto de 1769 – Isla Santa Elena, 5 de mayo de 1821) fue un militar, estadista y legislador francés que gobernó como Primer Cónsul de la República Francesa desde 1799 y como Emperador de los franceses desde 1804 hasta 1814, con un breve retorno al poder en 1815 durante el período conocido como los Cien Días.
Elevado al mando del ejército en plena Revolución Francesa, dirigió campañas militares que modificaron profundamente las fronteras y las estructuras políticas de Europa. Entre sus reformas civiles más perdurables figura el Código Civil de 1804 —llamado desde entonces Código Napoleónico— que abolió los privilegios feudales, estableció la igualdad jurídica de los ciudadanos varones y sirvió de modelo para numerosas legislaciones nacionales en Europa, América Latina y otras regiones.
Su ambición expansionista lo llevó a enfrentarse a siete coaliciones de potencias europeas (las llamadas Guerras Napoleónicas, 1803–1815). Tras la desastrosa campaña de Rusia (1812) y la derrota en la batalla de Leipzig (1813), las potencias aliadas lo forzaron a abdicar en 1814 y lo exiliaron a la isla de Elba. Escapó al año siguiente y reconstruyó su ejército, pero fue definitivamente vencido en la batalla de Waterloo (18 de junio de 1815) por las tropas del duque de Wellington y del mariscal Blücher. Murió confinado en la remota isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur.
Considerado uno de los mayores genios militares de la historia y, al mismo tiempo, una figura profundamente controvertida, su huella abarca desde la organización administrativa moderna de Francia hasta la configuración del nacionalismo europeo y latinoamericano. En Hispanoamérica, la invasión napoleónica de la península ibérica (1808) precipitó los procesos de independencia al fracturar el vínculo entre la metrópoli y sus virreinatos.
2. Primeros años y formación[editar]
2.1. Origen familiar y Córcega[editar]
Napoleón nació como Napoleone Buonaparte en el seno de una familia de la pequeña nobleza corsa de origen toscano. Su padre, Carlo Buonaparte, era abogado y había apoyado inicialmente la causa independentista corsa liderada por Pasquale Paoli; su madre, Maria Letizia Ramolino, ha sido descrita por los biógrafos como una figura de fortaleza austera que ejerció gran influencia sobre sus ocho hijos[1]. Un año antes del nacimiento de Napoleón, la República de Génova había cedido formalmente la isla a Francia mediante el Tratado de Versalles (1768), lo que hizo de él súbdito del rey Luis XV desde la cuna —aunque durante su infancia habló fundamentalmente corso e italiano y mantuvo una pronunciada aversión hacia los ocupantes franceses.
2.2. Educación en Francia[editar]
Gracias a una beca real obtenida por su padre, a los nueve años ingresó en el colegio militar de Brienne (1779–1784), donde permaneció cinco años. Allí sufrió el desprecio de los cadetes aristócratas por su acento corso y su baja estatura, y se refugió en la lectura de historia, geografía y matemáticas. En 1784 fue admitido en la prestigiosa Escuela Militar de París, donde completó un programa de estudios que en condiciones normales tomaba dos años en tan solo uno. A los dieciséis años obtuvo el despacho de subteniente de artillería, una de las pocas armas técnicas donde el mérito podía compensar la falta de linaje.
2.3. Juventud y lecturas[editar]
Durante los años de guarnición en Valence y Auxonne, el joven oficial devoró obras de los filósofos ilustrados —Voltaire, Rousseau, Montesquieu— y redactó escritos juveniles de tono radical sobre la libertad de Córcega. El estallido de la Revolución Francesa en 1789 encontró a un Bonaparte de veinte años dividido entre sus simpatías revolucionarias y sus lealtades corsas. Viajó repetidamente a la isla para participar en la política local, pero en 1793 la ruptura definitiva con Paoli obligó a la familia Bonaparte a abandonar Córcega y refugiarse en Marsella, ya sin más patria que Francia.
3. Trayectoria[editar]
3.1. La Revolución y el sitio de Tolón (1793)[editar]
El primer hecho que sacó a Napoleón del anonimato fue el sitio de Tolón. La ciudad portuaria se había sublevado contra la Convención y había abierto sus puertas a una flota británica y española. Bonaparte, por entonces capitán, propuso un plan de artillería para desalojar a los navíos enemigos de la rada. El éxito de la operación, ejecutada en diciembre de 1793, le valió el ascenso a general de brigada con apenas veinticuatro años y atrajo la atención de los hermanos Robespierre, aunque la caída de éstos en Termidor (julio de 1794) lo dejó temporalmente en desgracia.
3.2. El 13 de Vendimiario y la campaña de Italia[editar]
En octubre de 1795, una insurrección monárquica amenazó a la Convención Nacional en París. Paul Barras, encargado de la defensa, recurrió a Napoleón, quien dispersó a los amotinados con fuego de artillería en plena calle —una represión que le valió el mando del Ejército del Interior y, poco después, el del Ejército de Italia.
La campaña de Italia (1796–1797) cimentó su leyenda. Con un ejército mal equipado y peor pagado, derrotó sucesivamente a los austríacos y a sus aliados piamonteses en una serie de movimientos veloces —Lodi, Arcole, Rivoli— y firmó por su cuenta el Tratado de Campo Formio (1797), que redibujó el mapa de la península. Las riquezas requisadas y las obras de arte enviadas a París lo convirtieron en un héroe nacional.
3.3. La campaña de Egipto (1798–1799)[editar]
Con el propósito de cortar la ruta británica a la India, Napoleón persuadió al Directorio de invadir Egipto. La expedición combinó ambición militar, científica y política: llevó consigo a más de ciento cincuenta sabios —matemáticos, naturalistas, arqueólogos— que fundaron el Instituto de Egipto y realizaron el primer levantamiento sistemático de monumentos faraónicos, incluido el descubrimiento de la célebre Piedra de Rosetta. Sin embargo, la destrucción de la flota francesa por el almirante Nelson en la batalla del Nilo (Abukir, 1 de agosto de 1798) dejó al ejército expedicionario atrapado en Oriente. Napoleón abandonó Egipto en secreto en 1799 y regresó a una Francia sacudida por la inestabilidad política.
3.4. El golpe del 18 de Brumario y el Consulado[editar]
El 9 de noviembre de 1799 (18 de Brumario del año VIII), Bonaparte encabezó un golpe de Estado que derrocó al Directorio e instauró el Consulado. La Constitución del año VIII lo designó Primer Cónsul, cargo que concentraba el poder ejecutivo y que, en la práctica, ponía fin a la etapa revolucionaria. Entre las tareas acometidas de inmediato destacaron la reorganización administrativa (creación de los prefectos), la fundación del Banco de Francia (1800), la reforma de la enseñanza y la pacificación religiosa mediante el Concordato con la Santa Sede (1801).
3.5. El Imperio (1804–1814)[editar]
Tras el plebiscito de 1804, Napoleón se proclamó Emperador de los franceses en una fastuosa ceremonia en Notre-Dame de París (2 de diciembre de 1804), en presencia del papa Pío VII, a quien, en un gesto simbólico, quitó la corona para ceñírsela él mismo. En los años siguientes consolidó su dominio sobre Europa continental mediante una serie de campañas fulminantes:
- Austerlitz (2 de diciembre de 1805): considerada su obra maestra táctica, destrozó a las fuerzas combinadas de Austria y Rusia.
- Jena-Auerstedt (14 de octubre de 1806): desmoronó Prusia en menos de un mes.
- Friedland (14 de junio de 1807): forzó al zar Alejandro I a firmar la Paz de Tilsit, que dividió Europa en zonas de influencia franco‑rusa.
En el apogeo del Gran Imperio (1810–1811), Napoleón gobernaba directa o indirectamente sobre unos 70 millones de habitantes, desde las costas de Bélgica hasta las fronteras del Imperio otomano. La imposición del Bloqueo Continental contra el comercio británico, sin embargo, generó fricciones crecientes con Rusia y un malestar económico que erosionó la cohesión del sistema imperial.
3.6. La campaña de Rusia y el principio del fin (1812)[editar]
En junio de 1812, la Grande Armée —compuesta por más de 600 000 hombres de todas las nacionalidades del Imperio— cruzó el río Niemen e invadió Rusia. Los rusos evitaron una batalla decisiva y practicaron una política de tierra quemada. La batalla de Borodinó (7 de septiembre de 1812) fue la más sangrienta de toda la era napoleónica; Napoleón tomó Moscú, pero la ciudad, evacuada e incendiada, resultó inhabitable. La retirada en pleno invierno convirtió la derrota en catástrofe: apenas un décimo de la tropa cruzó de vuelta la frontera.
3.7. La abdicación de 1814 y Elba[editar]
La noticia de la debacle rusa alentó la formación de la Sexta Coalición. La derrota en la batalla de Leipzig (16–19 de octubre de 1813), conocida como la Batalla de las Naciones, forzó a Napoleón a retroceder a territorio francés. Pese a su brillante campaña defensiva de seis días, la superioridad numérica de los aliados resultó insuperable. El 6 de abril de 1814 abdicó en Fontainebleau y aceptó el exilio en la isla de Elba, pequeña posesión situada frente a la costa de la Toscana, de la que se le otorgó soberanía nominal.
3.8. Los Cien Días y Waterloo (1815)[editar]
El 1 de marzo de 1815, Napoleón desembarcó en el golfo Juan con apenas mil hombres y marchó hacia París. Los regimientos enviados para arrestarlo se unieron a su causa. Reinstalado en las Tullerías, promulgó el Acta Adicional a las Constituciones del Imperio y declaró su voluntad de gobernar como un monarca constitucional. Las potencias reunidas en el Congreso de Viena lo declararon fuera de la ley y formaron la Séptima Coalición. La guerra se decidió en una sola batalla: Waterloo (18 de junio de 1815), donde el ejército francés fue aniquilado por la combinación anglo‑neerlandesa de Wellington y la llegada providencial de los prusianos de Blücher al anochecer. Napoleón abdicó por segunda vez y se entregó a los británicos.
3.9. Exilio final en Santa Elena[editar]
El gobierno británico lo confinó en la isla volcánica de Santa Elena, perdida en el Atlántico Sur, donde residió en la residencia de Longwood bajo vigilancia estrecha. Allí dictó sus memorias —el Memorial de Santa Elena— a una pequeña corte de fieles. Murió a los 51 años, tras una larga dolencia. La autopsia realizada por el médico corso‑británico Francesco Antommarchi consignó un cáncer de estómago como causa de muerte, aunque una corriente historiográfica ha planteado la hipótesis del envenenamiento por arsénico[2].
4. Estilo y características[editar]
4.1. Genio militar[editar]
La guerra napoleónica se distinguió por el uso agresivo de la artillería, la velocidad de maniobra y la organización del ejército en cuerpos de ejército autónomos —cada uno con infantería, caballería y artillería propias— capaces de combatir independientemente hasta que el emperador concentraba las fuerzas sobre el punto decisivo del campo de batalla. Napoleón también revolucionó la logística militar y la motivación ideológica: la Grande Armée no se reclutaba ya sobre el principio feudal, sino sobre la leva en masa y la promesa de ascenso por mérito.
4.2. Reformador y legislador[editar]
Más allá de las armas, Bonaparte se empeñó personalmente en la redacción del Código Civil (1804), que sistematizaba los principios de propiedad, contratos y familia; muchos de sus artículos se conservan todavía en los códigos civiles de Francia, Bélgica,
España y una veintena de naciones latinoamericanas. Creó asimismo el sistema de liceos, la Corte de Cuentas y la condecoración de la Legión de Honor, abierta a todos los ciudadanos sin distinción de cuna.
4.3. Carácter y liderazgo[editar]
Los memorialistas coinciden en pintar un hombre de energía prodigiosa, temperamento volcánico y memoria excepcional[3]. Dormía pocas horas y solía dictar despachos a varios secretarios simultáneamente durante las campañas. Al mismo tiempo, sus subordinados padecían un trato a menudo despótico, y su corte dio lugar a una mezcla de fervor patriótico y adulación cortesana que ha sido criticada como precursora de los cultos a la personalidad del siglo XX.
5. Palmarés y récords[editar]
5.1. Victorias militares destacadas[editar]
[ Desplegar / Plegar ]
- Tolón (1793)
- Montenotte, Lodi, Arcole, Rivoli (1796–1797)
- Pirámides (1798)
- Marengo (1800)
- Ulm (1805)
- Austerlitz (1805)
- Jena–Auerstedt (1806)
- Friedland (1807)
- Wagram (1809)
- Dresde (1813)
- Ligny (16 de junio de 1815)
5.2. Reformas principales[editar]
[ Desplegar / Plegar ]
- Código Civil de los franceses (1804)
- Código de Comercio (1807)
- Creador del sistema de prefecturas y del Consejo de Estado
- Fundación del Banco de Francia (1800)
- Concordato con la Santa Sede (1801)
- Establecimiento de los liceos y reorganización de las grandes écoles
- Instauración de la Legión de Honor (1802)
5.3. Récords notables[editar]
- Uno de los muy pocos comandantes que ha vencido en más de cincuenta batallas campales a lo largo de su carrera.
- Alcanzó la jefatura efectiva del Estado francés a los treinta años (30).
- La Grande Armée llegó a movilizar simultáneamente a más de un millón de hombres en varios teatros de operaciones, una cifra sin precedentes hasta entonces.
6. Vida pública y legado[editar]
6.1. Memorial de Santa Elena y construcción del mito[editar]
El exilio en Santa Elena permitió a Napoleón edificar, a través de sus dictados a Las Cases y otros compañeros, un relato de su vida en el que se presentaba como mártir de los principios de 1789 y defensor de los derechos de los pueblos contra las monarquías absolutas. El Memorial, publicado en 1823, se convirtió en un éxito editorial que alimentó el bonapartismo popular y abonó el terreno para el golpe de su sobrino, Luis Napoleón, futuro Napoleón III, en 1851.
6.2. Napoleón y la formación del nacionalismo latinoamericano[editar]
Para los lectores de habla hispana, la figura de Napoleón está indisolublemente unida a la Independencia de Hispanoamérica. La invasión francesa de la Península Ibérica en 1808 provocó la abdicación de Carlos IV y Fernando VII y la entronización de José I Bonaparte —apodado Pepe Botella—, lo que generó un vacío de poder que las Juntas de América utilizaron para constituir gobiernos autónomos primero y repúblicas independientes después. Numerosos próceres, como Simón Bolívar, pasaron temporadas en el París napoleónico y quedaron marcados por el espectáculo de un hombre de origen modesto que refundaba la ley y coronaba su propia ambición con la voluntad popular[4].
6.3. Juicio histórico[editar]
El balance de su figura sigue siendo motivo de debate. Sus admiradores subrayan la modernización administrativa, el fin del feudalismo en buena parte de Europa y la difusión de los ideales igualitarios. Sus detractores recuerdan las guerras continuas, la censura, la restauración de la esclavitud en las colonias francesas en 1802 y la represión de la disidencia. Sin embargo, desde mediados del siglo XX, la historiografía académica ha tendido a tratarlo menos como un héroe o un villano y más como un fenómeno complejo, a la vez hijo y sepulturero de la Revolución.
7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
7.1. Historiografía y educación[editar]
En los sistemas educativos de numerosos países hispanoamericanos, la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas ocupan un lugar destacado en los programas de historia universal. El personaje de Napoleón aparece generalmente como el vector que, sin quererlo, desencadenó el proceso emancipador americano. Varias universidades latinoamericanas conservan en sus bibliotecas ediciones tempranas del Memorial y de la primera biografía en español —a menudo traducida del francés por exiliados liberales— que circularon profusamente durante el siglo XIX.
7.2. Cine, televisión y literatura[editar]
La filmografía sobre Napoleón cuenta con decenas de títulos, muchos de ellos con amplia distribución en América Latina:
- Napoléon (1927), de Abel Gance, clásico del cine mudo con una duración original de más de cinco horas.
- Waterloo (1970), producción soviético‑italiana dirigida por Serguéi Bondarchuk, recordada por sus espectaculares escenas de masas.
- Napoleón (2002), miniserie televisiva protagonizada por Christian Clavier, emitida en varios canales de habla hispana.
- Napoleón (2023), dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Joaquin Phoenix, estrenada en cines y en plataformas de streaming en español el 23 de noviembre de 2023.
En literatura, el personaje ha sido abordado en español por novelas como Napoleón en Chamartín (uno de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós) y en ensayos de autores como Octavio Paz, que en El laberinto de la soledad lo menciona como arquetipo del caudillo moderno.
7.3. Presencia en la cultura popular mexicana y caribeña[editar]
En
México, la victoria del 5 de mayo de 1862 en Puebla se asocia con la figura de Napoleón III, sobrino del emperador, cuyo ejército fue derrotado por las fuerzas republicanas de Benito Juárez. En el Caribe, la expedición enviada por Napoleón para sofocar la Revolución Haitiana (1801–1803) y la posterior independencia de Haití representan un capítulo fundamental en la memoria histórica de la región. El recuerdo napoleónico se mezcla así con símbolos patrios, discursos de resistencia y tradiciones orales que siguen vivas en las Antillas y en las comunidades afrocaribeñas.
Algunas fuentes sostienen que Carlo Buonaparte no se adhirió al bando francés hasta después de la derrota de Paoli en Ponte Novu (1769), pero la cronología exacta de su cambio de lealtad varía entre biógrafos. Lo cierto es que el ascenso social de la familia se debió en buena medida a su cooperación con la administración francesa. ↩︎
Las pruebas de cabello analizadas en laboratorios modernos arrojaron niveles de arsénico por encima de lo normal, pero no está claro si la exposición fue deliberada, ambiental (pigmentos, tapices) o fruto de las prácticas médicas habituales de la época. El consenso contemporáneo se inclina por una úlcera gástrica complicada. ↩︎
Un testimonio recurrente es el del secretario Bourrienne y, sobre todo, el del conde de Las Cases, que recogió sus recuerdos en el Memorial de Santa Elena. Ambos subrayan su capacidad de recordar con precisión los efectivos de unidades concretas, los detalles del terreno o las cuentas del Estado. ↩︎
Bolívar asistió en 1804 a la coronación de Napoleón en Notre-Dame y años después escribiría que aquella ceremonia le pareció una traición a la libertad, pero que el influjo de las reformas civiles napoleónicas fue innegable en la redacción de los primeros códigos republicanos. ↩︎