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Troya

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Troya
NombresTroya, Ilión (Ἴλιον), Ilio; Ilium en latín; posiblemente Wilusa en las fuentes hititas
UbicaciónColina de Hisarlik, provincia de Çanakkale, Turquía, a unos 4,5 km de la entrada de los Dardanelos
Coordenadas39°57′27″N 26°14′20″E
TipoYacimiento arqueológico con diez niveles de ocupación superpuestos
OcupaciónDesde hacia el 3500 a. C. (Troya 0) hasta los siglos XIII-XIV (Troya X)
Capa candidata a la Troya homéricaTroya VI (1700-1300 a. C.) o Troya VII-A (1300-1200 a. C.), según la interpretación
Primera identificación del sitioFrank Calvert, en 1865, que lo identificó correctamente con la Ilión de época clásica
Primeras excavaciones sistemáticasHeinrich Schliemann, desde 1871
Excavadores posterioresWilhelm Dörpfeld (1893-1894), Carl W. Blegen (1932-1938), Manfred Korfmann (1988-2005), Ernst Pernicka (2005-2012), Rüstem Aslan (desde 2013)
Patrimonio de la HumanidadInscrito por la Unesco en 1998
Hallazgo más célebreEl llamado «tesoro de Príamo», encontrado por Schliemann en el nivel de Troya II y conservado hoy en el Museo Pushkin de Moscú

1. Resumen[editar]

TroyaIlión para los griegos, Ilium para los romanos— es el yacimiento arqueológico situado en la colina de Hisarlik, en la provincia turca de Çanakkale, a unos 4,5 kilómetros de la entrada de los Dardanelos. Es el lugar que la Antigüedad identificaba con la ciudad asediada durante diez años por los aqueos en el relato que Homero fijó en la Ilíada, y su excavación es uno de los episodios fundacionales de la arqueología moderna.

La singularidad de Troya no es que sea una ciudad antigua, sino que son diez ciudades superpuestas. La colina no es un accidente natural sino un montículo artificial —un tell— formado por casi cinco mil años de reconstrucciones sucesivas sobre las ruinas de la anterior, desde alrededor de 3500 a. C. hasta los siglos XIII y XIV de nuestra era. Los arqueólogos las numeran de Troya 0 a Troya X.

Durante siglos se dio por hecho que la ciudad de la Ilíada era pura invención poética. En 1865, Frank Calvert, un británico afincado en la zona, identificó correctamente Hisarlik con la Ilión de época clásica; y a partir de 1871, el comerciante alemán Heinrich Schliemann excavó allí con una convicción literal en el texto de Homero y con métodos que hoy se consideran destructivos, pero que sacaron a la luz una ciudad fortificada real, con murallas, torres y un incendio.

Cuál de las diez ciudades corresponde —si es que alguna corresponde— a la del poema sigue siendo objeto de discusión. Las dos candidatas son Troya VI, la más monumental, y Troya VII-A, cuyo estrato conserva una capa espesa de cenizas y restos carbonizados fechada hacia 1200 a. C., con indicios de asedio. El yacimiento fue inscrito en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1998.

2. El lugar[editar]

Hisarlik —«dotada de fortaleza», en turco— es una colina baja en la llanura del río Escamandro, cerca de la desembocadura de los Dardanelos, el estrecho que comunica el mar Egeo con el mar de Mármara y, a través del Bósforo, con el mar Negro.

Esa posición explica por qué hubo allí una ciudad durante cinco mil años. Los Dardanelos son estrechos, y la corriente y los vientos dominantes del norte obligaban a los barcos de vela antiguos a esperar días o semanas condiciones favorables para remontarlos. Quien controlara la orilla en ese punto controlaba el paso hacia el mar Negro —y con él el grano, los metales y los caballos de las estepas— y podía cobrar por el tránsito y por la espera. Troya no era una ciudad rica porque produjera algo; lo era porque estaba donde había que estar.

La línea de costa ha cambiado desde la Antigüedad: los sedimentos del Escamandro han rellenado la bahía, de modo que el yacimiento, que en la Edad del Bronce estaba prácticamente sobre el mar, queda hoy varios kilómetros tierra adentro. Reconstruir esa geografía antigua ha sido uno de los trabajos que han permitido leer con más sentido las descripciones de la llanura y del campamento aqueo que aparecen en el poema.

3. Los nombres[editar]

El poema de Homero usa dos nombres para la misma ciudad: Troya (Τροία) e Ilión (Ἴλιον); de hecho el título Ilíada significa «la de Ilión». La tradición griega los explicaba mediante una genealogía de fundadores —Tros e Ilo— característica de la mitología de fundación.

A esos dos se ha añadido en el siglo XX un tercero. Los archivos del Imperio hitita, la gran potencia de Anatolia en la Edad del Bronce final, mencionan repetidamente un reino vasallo llamado Wilusa, situado en el noroeste de la península, y a un rey suyo llamado Alaksandu con quien se firmó un tratado. La identificación de Wilusa con Ilión y de Alaksandu con Alejandro —el otro nombre de Paris en la Ilíada— es hoy mayoritaria entre los especialistas, aunque no unánime, y es la razón principal por la que la discusión sobre la historicidad de Troya cambió de tono a partir de los años ochenta: ya no se discute si hubo una ciudad allí, sino qué relación guarda con el relato.

4. La ciudad en capas[editar]

4.1 Diez ciudades, un solo montículo[editar]

Un tell se forma cuando una población reconstruye siempre en el mismo sitio: los escombros de cada destrucción se aplanan y sirven de cimiento a la siguiente ciudad, de modo que el terreno se eleva unos metros cada milenio. Excavarlo consiste en retirar esas capas en orden inverso al de su formación, y la profundidad equivale al tiempo.

Ése es el motivo por el que Troya fue tan importante para la historia de la arqueología: es el yacimiento en el que se aprendió, a golpes y con errores graves, que la estratigrafía es la fuente de datación fundamental y que destruir una capa para llegar a la de abajo destruye información irrecuperable.

4.2 Los estratos[editar]

Nivel Fechas Notas
Troya 0 hacia 3500 a. C. Ocupación más antigua documentada
Troya I 2920-2450 a. C. Ciudadela pequeña, de menos de una hectárea
Troya II 2600-2350 a. C. Capa donde Schliemann halló el «tesoro de Príamo»
Troya III 2350-2200 a. C.
Troya IV 2200-1900 a. C.
Troya V 1900-1700 a. C.
Troya VI 1700-1300 a. C. La más monumental; primera candidata a Troya homérica
Troya VII-A 1300-1200 a. C. Capa de cenizas hacia 1200 a. C.; segunda candidata
Troya VII-B 1200-950 a. C. Ocupación posterior a la destrucción
Troya VIII 700-85 a. C. Ilión griega
Troya IX 85 a. C.-500 d. C. Ilium romana
Troya X siglos XIII-XIV Ocupación medieval tardía

4.3 Troya II: la ciudad equivocada[editar]

Schliemann creyó haber encontrado la ciudad de Príamo en el nivel II, donde apareció el conjunto de objetos de oro y plata que bautizó como «tesoro de Príamo». El error es de más de mil años: Troya II corresponde a la primera mitad del III milenio a. C., mientras que la guerra de Troya, de haber ocurrido, se sitúa hacia el 1200 a. C. Para llegar hasta ese nivel, Schliemann atravesó y destruyó buena parte de las capas superiores —incluidas las que hoy se consideran las candidatas serias—, y abrió una gran trinchera norte-sur que sigue cortando el yacimiento y que la arqueología posterior ha tenido que trabajar alrededor.

4.4 Troya VI y VII-A: las candidatas[editar]

Troya VI (1700-1300 a. C.) es la ciudad más impresionante de la secuencia: murallas de sillares en talud, torres, calles anchas, casas de dos plantas. Encaja bien con la ciudad «de anchas calles» y «de altas murallas» del poema. Su final, sin embargo, presenta rasgos que se han atribuido a un terremoto más que a una guerra: muros desplomados sin señales de combate ni de incendio generalizado.

Troya VII-A (1300-1200 a. C.) es la reocupación inmediata del mismo emplazamiento, más pobre y más densa: se subdividieron las casas, se instalaron grandes tinajas de almacenamiento hundidas en el suelo de las viviendas —lo que sugiere una población hacinada y preparada para un asedio— y su destrucción, hacia 1200 a. C., dejó un estrato espeso de cenizas y restos carbonizados, con puntas de flecha y restos humanos sin enterrar. Fue Carl Blegen quien propuso esta capa como la Troya de la guerra, y sigue siendo la hipótesis más difundida.

5. Historia de las excavaciones[editar]

5.1 Frank Calvert (1865)[editar]

Antes de Schliemann estuvo Frank Calvert, un británico afincado en la región y propietario de parte del terreno, que excavó en 1865, hizo un reconocimiento sistemático de la colina y la identificó correctamente con la Ilión de época clásica. Fue él quien convenció a Schliemann de que excavara en Hisarlik y no en la colina rival que entonces se consideraba candidata. El reconocimiento público le llegó tarde: durante un siglo, el crédito fue casi enteramente de su socio más ruidoso.

5.2 Heinrich Schliemann (desde 1871)[editar]

Heinrich Schliemann, comerciante alemán enriquecido antes de dedicarse a la arqueología, empezó a excavar en 1871 convencido de que la Ilíada describía hechos reales y lugares reales. Esa convicción —minoritaria entre los eruditos de su tiempo, que leían el poema como pura ficción— resultó ser fértil: encontró una ciudad fortificada donde se suponía que no había nada.

Su método, en cambio, fue desastroso según cualquier criterio posterior: excavó a gran escala y a gran velocidad, sin registrar contextos, buscando el nivel «heroico» y atravesando todo lo que había encima. Además exageró y reordenó los hallazgos en sus publicaciones, y sacó del país el tesoro que había encontrado. Su figura resume una ambivalencia que la disciplina no ha dejado de discutir: fundó la arqueología de campo del Egeo y destruyó una parte irrecuperable de su objeto.

5.3 Dörpfeld y Blegen[editar]

Wilhelm Dörpfeld, arquitecto y colaborador de Schliemann, excavó en 1893 y 1894 y estableció por primera vez una secuencia estratigráfica rigurosa; fue él quien identificó Troya VI como la ciudad monumental y propuso que era la homérica.

El estadounidense Carl William Blegen trabajó en el yacimiento entre 1932 y 1938 con los métodos de la arqueología moderna: registro sistemático, cerámica como criterio de datación, publicación completa de los materiales. Su conclusión —que la ciudad de la guerra era Troya VII-A y no Troya VI— reorientó el debate y sigue siendo el punto de partida de la discusión.

5.4 Korfmann y la ciudad baja[editar]

El alemán Manfred Korfmann dirigió las excavaciones entre 1988 y 2005 y cambió la escala del problema. Mediante prospección geofísica y sondeos fuera de la ciudadela demostró que Troya no era sólo el recinto amurallado excavado por sus predecesores, sino que tenía una ciudad baja mucho más extensa, con un foso defensivo excavado en la roca. La imagen resultante ya no es la de una fortaleza aislada sino la de un núcleo urbano de dimensiones considerables para su época y región, lo que reforzó la lectura de Troya como capital de un reino real —Wilusa— en la órbita hitita.

Le sucedieron Ernst Pernicka (2005-2012) y Rüstem Aslan (desde 2013), bajo cuya dirección continúan los trabajos.

6. ¿Hubo una guerra de Troya?[editar]

La pregunta admite tres respuestas distintas según lo que se pregunte, y conviene separarlas.

¿Existió la ciudad? Sí, sin discusión. Hubo en Hisarlik una ciudad fortificada, próspera y estratégicamente situada, ocupada de forma continuada durante milenios, y una de sus capas fue destruida violentamente hacia 1200 a. C.

¿Hubo un conflicto? Es muy probable que hubiera más de uno. El noroeste de Anatolia en la Edad del Bronce final era una zona de fricción entre el mundo micénico y el hitita, y los archivos hititas documentan disputas por Wilusa. Que una ciudad de ese valor estratégico fuera atacada varias veces en mil años no requiere ninguna hipótesis extraordinaria.

¿Ocurrió la guerra del poema? Aquí la respuesta honesta es que no lo sabemos y probablemente no podamos saberlo. La Ilíada se compuso cuatro o cinco siglos después de la fecha en que se sitúan los hechos, en una sociedad sin escritura durante buena parte de ese intervalo, y describe armamento, costumbres funerarias e instituciones que mezclan varias épocas. Es un poema, no una crónica: lo que conserva de un acontecimiento real —si lo conserva— llegó a él a través de generaciones de transmisión oral. La arqueología puede confirmar que hubo una ciudad y una destrucción; no puede confirmar a Aquiles.

Lo que sí puede afirmarse es lo contrario de lo que se creía en 1870: la tradición griega no se inventó el escenario. Y ése, no el oro, fue el hallazgo de Hisarlik.

7. El tesoro de Príamo[editar]

En 1873 Schliemann halló en el nivel de Troya II un conjunto de piezas de oro, plata, electro y cobre —diademas, pendientes, collares, copas, armas— que presentó como el tesoro del rey Príamo, y con cuyas joyas fotografió a su esposa Sophia. La atribución era imposible: los objetos son de un milenio anterior a cualquier Príamo concebible.

El destino del conjunto es una historia por sí sola. Schliemann lo sacó clandestinamente de territorio otomano —lo que le costó un pleito y una indemnización— y acabó donándolo a Berlín. Al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, las piezas fueron confiscadas por la Unión Soviética y trasladadas a Moscú, donde durante décadas se dio por perdidas. Hoy se conservan en el Museo Pushkin de Moscú, y su propiedad es objeto de reclamaciones cruzadas entre Rusia, Alemania y Turquía.

8. Troya después de Troya[editar]

La ciudad no terminó con la Edad del Bronce. En época griega, Ilión (Troya VIII, 700-85 a. C.) fue una polis modesta pero con un enorme capital simbólico: peregrinar allí era rendir homenaje al escenario del poema fundacional de la cultura griega. Jerjes se detuvo en el lugar antes de invadir Grecia, y Alejandro Magno lo visitó al comienzo de su campaña asiática, en un gesto deliberado de identificarse con Aquiles, de quien decía descender.

Con Roma, el vínculo se volvió genealógico. La leyenda de que Eneas, príncipe troyano superviviente, había huido de la ciudad en llamas y fundado en Italia el linaje del que procedería Roma —la historia que Virgilio convirtió en la Eneida— hizo de Ilión la cuna mítica del pueblo romano. La ciudad recibió por ello privilegios y monumentos, y la Ilium romana (Troya IX, 85 a. C.-500 d. C.) fue considerablemente más próspera que la griega. La tradición sostiene que Constantino llegó a considerar el emplazamiento para su nueva capital antes de decidirse por Bizancio.

Después vino un declive largo. La sedimentación de la bahía privó a la ciudad de su puerto y de su razón de ser, y tras una ocupación medieval tardía (Troya X, siglos XIII-XIV) el lugar quedó abandonado y su identificación se perdió, hasta que Calvert y Schliemann la recuperaron en el siglo XIX.

9. Troya en la cultura hispanohablante[editar]

Troya es una de esas palabras que en español funcionan fuera de su referente. «Aquí fue Troya» —para señalar el lugar donde ocurrió una catástrofe o donde queda apenas el rastro de una grandeza pasada— y «se armó la de Troya» son locuciones plenamente vivas en España y en toda América Latina, y su vitalidad es una prueba de hasta qué punto la materia troyana está incorporada al fondo común de la lengua.

La vía de entrada fue doble. Por un lado, la tradición latina: la Eneida de Virgilio fue durante siglos texto escolar en el mundo hispánico, y con ella la versión romana de la caída de la ciudad. Por otro, las historias troyanas medievales, que circularon en castellano desde la Baja Edad Media y reelaboraron la materia en clave caballeresca: la Crónica troyana y sus derivados fueron de las lecturas más difundidas de la época en la península. La Ilíada y la Odisea llegaron en traducción directa mucho después.

En la literatura española, la caída de Troya proporcionó a los poetas del Siglo de Oro uno de sus repertorios de imágenes centrales, y la lamentación sobre las ruinas troyanas se convirtió en modelo del tópico de la ciudad arrasada, que Quevedo y otros trasladaron a Roma y a España. En Hispanoamérica, la reelaboración de los mitos griegos es una constante de la poesía del siglo XX.

En cuanto al público general, la referencia contemporánea más extendida es cinematográfica: la película Troya de Wolfgang Petersen (2004), con Brad Pitt como Aquiles, que llevó a las salas de todo el mundo hispanohablante una versión libre del argumento de la guerra —sin dioses y con la cronología comprimida a unas semanas—, y que para muchos espectadores fue el primer contacto con la historia. El yacimiento real, entretanto, recibe visitantes en la provincia de Çanakkale, donde la reconstrucción de un caballo de madera a la entrada del recinto compite en popularidad fotográfica con las murallas auténticas de Troya VI.