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Aquiles

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Aquiles
Nombre griego Ἀχιλλεύς (Achilleús)
Otros nombres Ligirón (nombre de infancia según Apolodoro) · Pirra, Cercisera, Isa (durante su ocultamiento en Esciros) · el Pélida (patronímico)
Padres Peleo, rey de los mirmidones de Ftía, y la nereida Tetis
Pueblo Los mirmidones
Maestros El centauro Quirón, en el monte Pelión; el anciano Fénix
Descendencia Neoptólemo (o Pirro), habido con Deidamía
Compañero Patroclo
Armas La lanza de fresno del Pelión, regalo de bodas de sus padres; la armadura forjada por Hefesto (Ilíada XVIII)
Muerte Ante las puertas Esceas de Troya, por una flecha de Paris guiada por Apolo
Fuente principal La Ilíada de Homero; el ciclo épico; la Aquileida de Estacio

1. Resumen[editar]

Aquiles (en griego antiguo Ἀχιλλεύς) es el mayor guerrero del ejército griego en la Guerra de Troya y el protagonista de la Ilíada, el poema con el que empieza la literatura occidental. Su historia se cuenta en un verso: nació de una diosa y un mortal, supo desde niño que podía elegir entre una vida larga y oscura o una corta y gloriosa, eligió la segunda y acertó — llevamos tres mil años hablando de él.

La Ilíada no cuenta su vida entera. Cuenta cincuenta y un días del décimo año del asedio, y su tema, anunciado en la primera palabra del poema, es la cólera: la que estalla cuando Agamenón le arrebata a la cautiva Briseida, la que lo aparta del combate mientras los suyos son masacrados, la que se vuelve una furia inhumana cuando Héctor mata a Patroclo, y la que finalmente se apaga en la última noche del poema, cuando el anciano Príamo entra en su tienda a besarle las manos que mataron a su hijo.

Buena parte de lo que el lector moderno cree saber sobre Aquiles no está en Homero. El baño en la Estigia, la invulnerabilidad, el talón: todo eso es material muy posterior. En la Ilíada, Aquiles sangra como cualquiera. Distinguir las dos capas —la homérica y la que se le fue añadiendo durante mil años— es la primera tarea de cualquier artículo serio sobre él, y es lo que este intenta hacer.

Su nombre sobrevive fuera de la mitología en dos expresiones de uso diario en todas las lenguas de Europa: el talón de Aquiles —el punto débil de algo por lo demás sólido— y el tendón de Aquiles, término anatómico oficial.

2. El nombre[editar]

La etimología más aceptada descompone Achilleús en ἄχος (ákhos, «dolor», «aflicción») y λαός (laós, «pueblo», «hueste»): «el que trae dolor a la hueste». El helenista Gregory Nagy ha subrayado la ironía estructural que eso encierra, y que es precisamente el argumento del poema: cuando Aquiles actúa como debe, el dolor cae sobre el enemigo; cuando se retira ofendido, cae sobre los suyos. El nombre del héroe contiene, así, el tema de la Ilíada.

Apolodoro transmite una explicación alternativa, claramente popular: Peleo lo habría llamado así porque «no acercó los labios a un pecho», derivando el nombre de χεῖλος (cheîlos, «labio») con la alfa privativa. Según esa misma tradición, antes se habría llamado Ligirón.

Durante su ocultamiento en Esciros (§ 5) las fuentes le dan nombres femeninos —Pirra («la pelirroja»), Cercisera, Isa— y algunas añaden nombres masculinos alternativos como Aspeto o Prometeo. Homero no usa ninguno: para él es Aquiles, o el Pélida, «el hijo de Peleo».

3. Nacimiento y genealogía[editar]

Aquiles es hijo de Peleo, rey de los mirmidones de Ftía, en Tesalia, y de la nereida Tetis, una diosa marina. Su nacimiento es consecuencia directa de una profecía.

Zeus y Poseidón se disputaban a Tetis hasta que Temis —en otras versiones Prometeo— reveló el detalle que lo cambiaba todo: la nereida daría a luz un hijo más poderoso que su padre. Ningún dios quiso correr ese riesgo, y los inmortales resolvieron casarla con un mortal. Le tocó Peleo.

Las bodas de Peleo y Tetis son uno de los grandes acontecimientos de la mitología griega, porque a ellas asistieron todos los dioses menos uno: Eris, la Discordia, que no fue invitada y que arrojó entre los comensales la manzana «para la más hermosa». De esa manzana salió el juicio de Paris, del juicio salió el rapto de Helena y del rapto salió la guerra en la que moriría el hijo de los novios. La Ilíada está contenida, en germen, en el banquete de bodas de los padres de su protagonista.

4. La invulnerabilidad y el talón[editar]

Esta es la parte de la leyenda que todo el mundo conoce y que no es homérica.

La versión familiar procede de la Aquileida, poema inacabado del romano Estacio, del siglo I d. C.: Tetis, para hacer inmortal a su hijo recién nacido, lo sumergió en las aguas de la laguna Estigia, pero «olvidó mojar el talón por el que lo sujetaba», y ese punto quedó vulnerable.

Existe una variante más antigua y más brutal, que probablemente sea la original: Tetis ungía al niño con ambrosía de día y lo ponía de noche en el fuego del hogar para quemar la parte mortal que había heredado del padre. Peleo la sorprendió, gritó horrorizado y la diosa abandonó el trabajo a medias. En algunas versiones, el tobillo del niño quedó calcinado y Peleo se lo sustituyó por el del gigante Dámiso, famoso por su velocidad en la carrera — lo que explicaría de paso el epíteto homérico «el de los pies ligeros».

Ninguna fuente anterior a Estacio menciona la invulnerabilidad. Y hay más: la Ilíada la contradice expresamente. En el canto XXI, Aquiles es herido por Asteropeo y sangra. Si Homero hubiera conocido la leyenda del baño, ese verso sería imposible.[1]

El tendón de Aquiles recibió su nombre de esta historia. Se atribuye habitualmente al anatomista flamenco Philip Verheyen, que lo bautizó así a finales del siglo XVII; la denominación pasó después a la terminología anatómica internacional, donde sigue vigente.

5. Infancia, educación y Esciros[editar]

5.1 Quirón y la elección[editar]

Peleo confió a su hijo —y a Patroclo, llegado a Ftía tras un homicidio involuntario en su ciudad— al centauro Quirón, en el monte Pelión. La educación descrita por las fuentes es deliberadamente salvaje: Quirón los alimentaba con entrañas de león, médula de oso y carne de jabalí para infundirles valor, y les enseñó tiro con arco, elocuencia y el arte de curar heridas. La musa Calíope les enseñó el canto. El anciano Fénix, en el palacio paterno, hizo de ayo.

En ese periodo se sitúa la profecía que define al personaje. El adivino Calcante —en otras versiones la propia Tetis— le anunció que tenía dos destinos posibles: quedarse en casa y vivir una vida larga y sin gloria, o ir a Troya y morir joven con un nombre imperecedero. Aquiles conoce su muerte desde el principio, y esa es la diferencia entre él y todos los demás héroes: la Ilíada es la historia de alguien que sabe exactamente lo que le cuesta cada decisión que toma.

5.2 Esciros: la doncella Pirra[editar]

Las fuentes posteriores a Homero cuentan que Tetis, para evitar el destino anunciado, escondió al muchacho en la corte de Licomedes, rey de la isla de Esciros, disfrazado de doncella con el nombre de Pirra y criado entre las hijas del rey. Con una de ellas, Deidamía, engendró a su único hijo, Neoptólemo, llamado también Pirro.

Odiseo, que sabía por Calcante que Troya no caería sin Aquiles, fue a buscarlo. Llegó a palacio con regalos para las muchachas y escondió entre ellos un escudo y una lanza; después hizo sonar una alarma de guerra. Todas huyeron menos una, que se arrancó el vestido y empuñó las armas. El episodio, ausente de la Ilíada, fue enormemente popular en la pintura barroca y sigue siendo la escena más representada del Aquiles prehomérico.

6. Aquiles en la Ilíada[editar]

6.1 La cólera (canto I)[editar]

El poema abre con la palabra μῆνιν, «cólera»: «Canta, diosa, la cólera del Pélida Aquiles, funesta, que causó a los aqueos incontables males».

El desencadenante es una cadena de agravios. Agamenón se ha quedado con Criseida, hija de un sacerdote de Apolo; el padre suplica su devolución, es despedido con malos modos y el dios responde con una peste que diezma el campamento. Calcante revela la causa, pero sólo tras exigir la protección de Aquiles, porque sabe que va a señalar al rey. Agamenón devuelve a Criseida y, para no quedar sin botín, se lleva a Briseida, la cautiva de Aquiles.

Lo que ofende a Aquiles no es la pérdida de una mujer sino la de la timé, el honor público que el botín representa: es el mejor guerrero del ejército y el rey acaba de demostrar delante de todos que puede quitarle lo que quiera. Aquiles se retira a su tienda, saca a los mirmidones del combate y pide a su madre que interceda ante Zeus para que los griegos sean derrotados hasta que se le repare la afrenta. Tetis lo consigue.

6.2 La embajada (canto IX)[editar]

Con los troyanos ya junto a las naves, Néstor convence a Agamenón de que ceda. La embajada —Odiseo, Áyax y el viejo Fénix— lleva una oferta abrumadora: la devolución de Briseida intacta, siete ciudades, oro, caballos, una hija del rey en matrimonio.

Aquiles la rechaza. Su respuesta es el discurso más radical del poema y el punto en que la Ilíada deja de ser una historia de guerreros para convertirse en otra cosa: si todos vamos a morir igual, dice, ¿qué compra el honor? «Ni todas las riquezas de Ilión valen lo que mi vida». Es la primera vez en la literatura europea que un héroe cuestiona el sistema entero de valores que lo ha producido.

6.3 Patroclo (canto XVI)[editar]

Con los griegos al borde del desastre, Patroclo pide permiso para entrar en combate con la armadura de Aquiles, para que los troyanos crean que el Pélida ha vuelto. Aquiles accede con una condición estricta: rechazar a los troyanos de las naves y volver, sin perseguirlos hasta la muralla.

Patroclo desobedece, llega hasta las puertas de Troya y allí muere: Apolo lo aturde y le arranca la armadura, Euforbo lo hiere y Héctor lo remata. Sobre el cadáver se libra una de las batallas más largas del poema, y Héctor se queda con la armadura de Aquiles.

6.4 El escudo y el regreso (cantos XVIII–XXII)[editar]

La noticia destruye a Aquiles. Su duelo —se revuelca en el polvo, se echa ceniza en la cabeza, lanza un grito que hace retroceder al ejército troyano— es tan desmedido como lo fue su cólera anterior, y es la misma cólera cambiada de objeto: ya no odia a Agamenón, odia a Héctor y odia haber vivido.

Tetis consigue de Hefesto una armadura nueva. La descripción del escudo (Ilíada XVIII, 478–608) es el pasaje más célebre del poema fuera de la acción: sobre el metal, el dios representa la tierra, el cielo, el mar, dos ciudades —una en paz con bodas y juicios, otra en guerra—, la siega, la vendimia, un rebaño atacado por leones y una danza de muchachos y muchachas. Es el mundo entero, incluida la vida civil que la Ilíada no cuenta, grabado en el arma con la que su protagonista va a matar. La écfrasis del escudo fundó todo un género literario.

El regreso de Aquiles al campo de batalla es una masacre. Llena el río Escamandro de cadáveres hasta que el dios del río se levanta contra él, y sólo la intervención de Hefesto lo salva. Después persigue a Héctor tres veces alrededor de las murallas de Troya, hasta que Atenea, disfrazada de su hermano Deífobo, convence al troyano de plantar cara. Aquiles lo mata de una lanzada en la garganta, le ata el cadáver al carro y lo arrastra alrededor de la ciudad.

6.5 Los juegos y Príamo (cantos XXIII–XXIV)[editar]

El canto XXIII son los juegos fúnebres en honor de Patroclo: carreras de carros, boxeo, lucha, tiro con arco. Aquiles preside, reparte los premios y arbitra las disputas con una ecuanimidad que contrasta violentamente con todo lo anterior — es el primer momento en que vuelve a comportarse como un miembro de una comunidad.

El canto XXIV cierra el poema. Guiado por Hermes, Príamo atraviesa de noche el campamento enemigo, entra en la tienda de Aquiles y le besa las manos «que habían matado a tantos hijos suyos». Le pide el cadáver de Héctor. Aquiles piensa en su propio padre, que también perderá a un hijo, y los dos hombres lloran juntos: uno por Héctor, el otro por Patroclo y por Peleo. Aquiles devuelve el cuerpo y concede una tregua de once días para los funerales. La Ilíada termina con el entierro de Héctor, no con la caída de Troya.

7. Después de la Ilíada[editar]

Los episodios siguientes pertenecían a la Etiópida, poema del ciclo épico hoy perdido, del que sólo quedan resúmenes:

  • Pentesilea. La reina de las amazonas llega en socorro de Troya. Aquiles la mata en combate singular y, al quitarle el yelmo, queda sobrecogido por su belleza y llora. El soldado Tersites se burla de esa blandura y Aquiles lo mata de un puñetazo.
  • Memnón. El rey de Etiopía, hijo de la Aurora, mata a Antíloco, el hijo de Néstor que había ocupado junto a Aquiles el lugar de Patroclo. Aquiles lo venga matando a Memnón: la estructura del duelo repite deliberadamente la de Héctor, como si el poema quisiera subrayar que el héroe está condenado a repetir el mismo gesto hasta que le toque a él.

8. La muerte[editar]

Héctor, al morir, se lo había anunciado. Aquiles cae ante las puertas Esceas de Troya, alcanzado por una flecha de Paris; la mayoría de las versiones añade que fue Apolo quien la guio, y algunas que el propio dios disparó bajo la apariencia del troyano. En la tradición posterior a Estacio, la flecha da en el talón.

Existe una versión alternativa, ajena a la épica, en la que Aquiles muere asesinado en el templo de Apolo Timbreo mientras negociaba su matrimonio con la princesa troyana Políxena: una emboscada, no un combate.

Sus huesos fueron mezclados con los de Patroclo en la misma urna, según su propia petición, y se celebraron juegos fúnebres. La Etiópida añadía un final distinto del de la tumba: Tetis arrebató el cuerpo de la pira y lo llevó a la isla de Leuce, la Isla Blanca, en el mar Negro.

9. Las armas y la locura de Áyax[editar]

Tras su muerte se disputaron su armadura los dos mejores guerreros que quedaban: Odiseo y Áyax el Grande. Cada uno pronunció un discurso reclamando haber sido el más valioso después de Aquiles; ganó Odiseo — la elocuencia sobre la fuerza, un desenlace que la tradición posterior leyó siempre como el fin de un modelo de héroe y el comienzo de otro.

Áyax, humillado, enloqueció. Salió de noche a matar a los jefes griegos y degolló un rebaño de ganado creyendo que eran ellos; al recobrar la razón y ver lo que había hecho, se arrojó sobre la espada que Héctor le había regalado. Es el argumento del Áyax de Sófocles, la tragedia conservada más antigua sobre la materia troyana.

10. Aquiles y Patroclo[editar]

La relación entre ambos es uno de los asuntos más discutidos de la filología clásica, y conviene separar lo que dice cada fuente.

En la Ilíada no hay ninguna referencia erótica explícita. Son therapon uno del otro —compañero de armas, en una relación asimétrica en la que Patroclo es mayor pero de rango inferior— y su vínculo es descrito con una intensidad que no tiene igual en el poema: la muerte de Patroclo destruye a Aquiles de un modo que la pérdida de Briseida no roza. En el canto IX, además, ambos duermen con mujeres distintas: Aquiles con Diomeda, Patroclo con Ifis.

La lectura erótica es posterior y ateniense. La tragedia perdida Los mirmidones de Esquilo (siglo V a. C.) los presentó por primera vez como amantes; Platón, en El banquete, discute cuál de los dos era el amado y cuál el amante; el orador Esquines usó el vínculo como argumento en un discurso judicial. Desde entonces la lectura amorosa es parte de la tradición, y la novela La canción de Aquiles de Madeline Miller (2011) la ha devuelto al gran público.

La posición mayoritaria de la filología actual es que el texto homérico no permite decidir, y que la pregunta misma —«¿eran amantes?»— proyecta sobre un poema arcaico categorías que la Atenas clásica inventó cuatro siglos después.

11. Culto[editar]

A diferencia de la mayoría de los héroes, Aquiles tuvo culto activo y de amplio alcance geográfico.

El centro principal fue Leuce, la Isla Blanca —hoy la isla de las Serpientes, frente al delta del Danubio, en el mar Negro—, donde había un templo, una estatua y un oráculo. Flavio Arriano, en su Periplo del Ponto Euxino, describe las ofrendas que dejaban los navegantes de paso; Pausanias cuenta que la sibila de Delfos envió allí a un hombre de Crotona para que sanase de una herida en el pecho, de modo que el santuario tenía también función curativa. Plinio menciona un túmulo a cincuenta millas romanas de la isla de Peuce, y el geógrafo Dionisio Periegeta explica el nombre de la isla por los animales blancos que la poblaban.

En el mar Negro se lo veneraba con el epíteto Pontarca, «señor del Ponto», como protector de la navegación. Hubo además puertos llamados Aquileo en Mesenia y Laconia, un santuario en Sigeo —donde la tradición situaba su tumba, junto al Helesponto— y templos en el Epiro, Olimpia y Arcadia.

12. Aquiles en el arte y en la literatura[editar]

El repertorio iconográfico es de los más ricos de la cerámica griega: Tetis entregándole las armas, el juego de dados con Áyax (el ánfora de Exequias, hacia 540–530 a. C., es una de las piezas más célebres del Vaticano), la muerte de Pentesilea, el arrastre del cadáver de Héctor.

En Roma, Estacio dedicó al héroe la inconclusa Aquileida y Ovidio recontó varios episodios en las Metamorfosis. La Edad Media lo conoció sobre todo a través del Roman de Troie de Benoît de Sainte-Maure y de la tradición de Dictis y Dares, que lo presentaban con bastante menos simpatía que Homero.

En 1890 la emperatriz austriaca Isabel de Baviera, «Sissi», hizo construir en Gastouri, en la isla de Corfú, el palacio del Achilleion, dedicado por entero a Aquiles: pinturas y esculturas de sus hazañas por salones y jardines, incluida una estatua monumental del héroe moribundo. Es hoy museo y uno de los lugares más visitados de la isla.

13. Aquiles en el mundo hispanohablante[editar]

13.1 Las expresiones[editar]

Dos usos del nombre son de lengua corriente en español:

  • Talón de Aquiles: el punto vulnerable de una persona, un equipo, una organización o un sistema que por lo demás se considera fuerte. Es de uso constante en el periodismo deportivo y político de toda América Latina y España.
  • Tendón de Aquiles: el tendón calcáneo, el más grueso del cuerpo humano, que une los músculos de la pantorrilla al talón. Su rotura es una de las lesiones más temidas del deporte profesional.

13.2 Cómo se lee en español[editar]

El acceso habitual a Aquiles en el mundo hispanohablante es la Ilíada en la traducción en prosa de Luis Segalá y Estalella (1908), que por estar en dominio público es la que reproducen las ediciones escolares, las colecciones baratas y prácticamente todo internet en español. Entre las versiones modernas destacan las de Emilio Crespo (2000), Agustín García Calvo (1995) y Óscar Martínez García (2010).

En la literatura hispanoamericana, el héroe aparece con frecuencia como emblema del guerrero condenado a saberlo. Jorge Luis Borges, que volvió a la materia homérica una y otra vez, dedicó a la carrera imposible entre Aquiles y la tortuga dos ensayos célebres —La perpetua carrera de Aquiles y la tortuga y Avatares de la tortuga—, en los que la paradoja de Zenón de Elea le sirve para poner en duda la realidad del mundo. Para varias generaciones de lectores en español, «Aquiles y la tortuga» es una referencia tan familiar como el talón.

  • Troya (2004), de Wolfgang Petersen, con Brad Pitt en el papel, es la versión que ha visto más gente. Toma libertades notables: elimina por completo a los dioses, comprime diez años de guerra en unas semanas, convierte a Patroclo en primo del héroe y mata en pantalla a personajes que en la tradición sobreviven. Su Aquiles es un individualista moderno, no el hombre de honor arcaico del poema.
  • La canción de Aquiles (2011), de Madeline Miller, narra la historia desde el punto de vista de Patroclo. Publicada en español por Alianza, encontró un segundo público diez años después de su aparición a través de las redes sociales y es hoy uno de los libros que más lectores jóvenes han traído a la materia troyana.
  • La Odisea (2026), de Christopher Nolan, no tiene a Aquiles entre sus personajes —el poema adaptado transcurre después de su muerte—, pero su estreno mundial el 17 de julio de 2026, con Matt Damon como Odiseo, disparó el interés general por la mitología homérica y por este personaje en particular.
  • En videojuegos, Assassin's Creed Odyssey (2018), Hades (2020) —donde Aquiles es uno de los personajes con los que el jugador conversa en la casa del Hades, junto a Patroclo— y la serie Total War Saga: Troy (2020) han hecho más por difundir la nomenclatura mítica entre el público joven que cualquier plan de estudios.
  • En anatomía, medicina deportiva y hasta en ingeniería de sistemas, «talón de Aquiles» sigue siendo la metáfora estándar del punto único de fallo.

Notas y referencias[editar]


  1. La contradicción es útil para datar la leyenda. Si la invulnerabilidad hubiera formado parte del material tradicional que Homero heredó, sería inexplicable que el poema hiciera sangrar al héroe en el canto XXI y que ninguno de los muchos pasajes en que Aquiles se arma o teme por su vida la mencionara. La conclusión mayoritaria es que el motivo del baño en la Estigia se incorporó a la leyenda en época helenística o romana, y que Estacio es simplemente la fuente conservada más antigua que lo recoge, no necesariamente su inventor. ↩︎