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Virreinato de Nueva España

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Virreinato de Nueva España · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
HistoriaConquista de América · Independencia de México · Revolución mexicana
PaísesMéxico · Cuba
Virreinato de Nueva España
DenominaciónNueva España, nombre propuesto por Hernán Cortés en 1520 ("Nueva España del Mar Océano"). En la documentación oficial alternan "Reino de la Nueva España" y "Virreinato de la Nueva España"; el segundo se generalizó en la historiografía posterior
Tipo de entidadVirreinato de la Monarquía Hispánica
CapitalCiudad de México, sobre las ruinas de México-Tenochtitlan
IdiomasEspañol como lengua de gobierno; náhuatl, maya, otomí, zapoteco, mixteco, purépecha y decenas de lenguas indígenas de uso cotidiano y, durante el siglo XVI, de evangelización
ReligiónCatolicismo, oficial y exclusivo
Forma de gobiernoMonarquía absoluta, representada en el territorio por un virrey
Dinastías reinantesCasa de Habsburgo (1535-1700) y Casa de Borbón (1700-1821)
Primer virreyAntonio de Mendoza y Pacheco, que tomó posesión en 1535 y gobernó hasta 1550
Último virreyCuestión disputada. El último virrey formalmente nombrado fue Juan Ruiz de Apodaca, depuesto el 5 de julio de 1821; Francisco Novella gobernó de facto ese verano; Juan O'Donojú llegó con el título de jefe político superior y capitán general, no de virrey, y suele contarse como el último de la serie
Número de virreyes62 según el cómputo más habitual; otras listas dan 61, 63 o 64 según cómo se cuenten los gobiernos interinos y los de la Real Audiencia
Establecimiento8 de marzo de 1535
Disolución27 de septiembre de 1821, con la entrada del Ejército Trigarante en la Ciudad de México
SuperficieDel orden de 4.000.000 km² de territorio efectivamente administrado; los mapas que incluyen todo el territorio reclamado, con el norte no ocupado y las posesiones del Pacífico, superan los 7.000.000 km²
PoblaciónEl censo de Revillagigedo, levantado desde 1790, contabilizó alrededor de 3,5 millones de habitantes en las jurisdicciones cubiertas, pero quedó incompleto; las correcciones posteriores, incluida la de Humboldt en 1803, sitúan la población en torno a 5,8 millones a comienzos del siglo XIX
MonedaReal de a ocho o peso novohispano, acuñado en la Casa de Moneda de México desde 1535
Precedido porImperio azteca (Triple Alianza mexica) y los demás señoríos mesoamericanos
Sucedido porPrimer Imperio Mexicano (1821-1823) y, tras su caída, los Estados Unidos Mexicanos y las repúblicas centroamericanas

1. Resumen[editar]

El Virreinato de Nueva España fue la entidad territorial de la Monarquía Hispánica que existió entre el 8 de marzo de 1535 —fecha convencional de su creación formal— y el 27 de septiembre de 1821, día de la consumación de la independencia de México. Fue el primer virreinato que la Corona estableció en América, siete años antes que el del Perú, y a lo largo del siglo XVIII llegó a ser el más poblado y el de mayor rendimiento fiscal del imperio.

Tuvo su capital en la Ciudad de México, levantada sobre las ruinas de México-Tenochtitlan, y abarcó en distintos momentos el actual México, buena parte de Centroamérica, el suroeste y el sur de los actuales Estados Unidos, la Florida y —a través del Pacífico— las islas Filipinas, Guam y las Marianas. Su relación jurídica con varias de esas regiones fue, sin embargo, mucho menos vertical de lo que sugieren los mapas: capitanías generales como las de Guatemala, Cuba o Filipinas gozaron de amplia autonomía y despacharon a menudo directamente con Madrid.

Su primer virrey fue Antonio de Mendoza y Pacheco, designado por Carlos I. Después de él gobernaron, según el cómputo más difundido, 62 virreyes en total. El virreinato terminó con la guerra de independencia iniciada en 1810 y sellada en 1821 con el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba.

2. Historia[editar]

2.1 Antecedentes y conquista (1519-1535)[editar]

El origen del virreinato está en la expedición de Hernán Cortés, que partió de Cuba en 1519 hacia las costas del actual México. Tras aliarse con pueblos enemigos o sometidos de los mexicas —los tlaxcaltecas sobre todo—, Cortés llegó a México-Tenochtitlan, donde fue recibido por el tlatoani Moctezuma II. La relación se deterioró con rapidez y, tras la matanza del Templo Mayor y el levantamiento de la ciudad, los españoles fueron expulsados en la llamada Noche Triste (30 de junio de 1520). Moctezuma murió en esos días, en circunstancias que las fuentes españolas e indígenas relatan de forma incompatible: las primeras lo atribuyen a las pedradas de sus propios súbditos, las segundas a los españoles.

La campaña culminó el 13 de agosto de 1521 con la caída de México-Tenochtitlan, defendida por el último tlatoani, Cuauhtémoc. Cortés propuso para el territorio el nombre de "Nueva España del Mar Océano" en su segunda carta de relación, y estableció la nueva capital sobre las ruinas de la ciudad mexica. En los años siguientes la conquista se extendió hacia el norte y el sur, un proceso que no concluyó en el siglo XVI: la frontera septentrional siguió en disputa durante toda la época colonial y hasta bien entrado el siglo XIX.

Entre 1521 y 1535 el territorio se gobernó de forma provisional: primero por Cortés como gobernador y capitán general, y después por la Primera Audiencia (1528-1531), cuyo abuso de poder bajo Nuño de Guzmán obligó a la Corona a sustituirla, y por la Segunda Audiencia (1531-1535), presidida por Sebastián Ramírez de Fuenleal, de gestión mucho más solvente. Ante la necesidad de una autoridad única y de designación real, la Corona instauró la figura del virrey.

2.2 Consolidación bajo los Habsburgo (siglos XVI-XVII)[editar]

Antonio de Mendoza llegó como primer virrey en 1535 y gobernó hasta 1550, acumulando los cargos de gobernador general, capitán general, presidente de la Real Audiencia, superintendente de la Real Hacienda y vicepatrono de la Iglesia: cinco atribuciones que definirían el cargo durante casi tres siglos. En ese período se asentaron las instituciones básicas del gobierno colonial —el Consejo de Indias en la metrópoli, las Reales Audiencias de México y de Nueva Galicia, los cabildos y los corregimientos— y se abrió la Casa de Moneda de México, la primera de América.

El siglo XVI estuvo marcado por tres procesos simultáneos. El primero, la evangelización, a cargo sobre todo de franciscanos, dominicos y agustinos, que levantaron una red de conventos y misiones y produjeron, junto a la destrucción de los cultos prehispánicos, una labor lingüística y etnográfica de primer orden: las gramáticas y vocabularios de lenguas indígenas y el Códice Florentino de fray Bernardino de Sahagún son obra de ese esfuerzo. El segundo, la creación de instituciones educativas, entre ellas la Real y Pontificia Universidad de México, autorizada por real cédula de 1551 y que comenzó sus cursos en 1553. El tercero, el descubrimiento de los grandes yacimientos de plata: Zacatecas en 1546, seguido de Guanajuato, Pachuca, Taxco y Real del Monte.

Paralelamente se produjo el hecho demográfico dominante del período: el colapso de la población indígena por epidemias —viruela, sarampión y, sobre todo, los brotes de cocoliztli de 1545-1548 y 1576-1580—, guerra, desplazamiento y trabajo forzado. Las cifras concretas varían mucho según el autor, pero todas las escuelas coinciden en una caída superior al 80 % en el curso de un siglo; las estimaciones y el debate sobre sus causas se tratan en Conquista de América.

Durante el siglo XVII, el virreinato se organizó en reinos y provincias —el Reino de México, el de Nueva Galicia, el de Nueva Vizcaya, el de Guatemala y otros— y alcanzó el mayor desarrollo del comercio transpacífico a través del Galeón de Manila, que unía Acapulco con Manila desde 1565 y convirtió a Nueva España en el eslabón que cerraba el primer circuito comercial verdaderamente global: la plata americana pagaba la seda y la porcelana chinas.

2.3 Las reformas borbónicas (siglo XVIII)[editar]

Con la llegada de los Borbones al trono español en 1700, y sobre todo a partir del reinado de Carlos III, el virreinato experimentó un conjunto de reformas administrativas, fiscales y militares —las reformas borbónicas— orientadas a centralizar el poder real, aumentar la recaudación y reforzar la defensa frente a Gran Bretaña.

Su medida territorial más importante fue la Real Ordenanza de Intendentes de 1786, que reorganizó la administración en doce intendencias: México, Puebla, Guadalajara, Guanajuato, Valladolid de Michoacán, Oaxaca, Mérida de Yucatán, Veracruz, San Luis Potosí, Zacatecas, Durango y Sonora, con capital en Arizpe. Las Provincias Internas del norte quedaron bajo un mando militar separado, creado en 1776. Otras medidas de calado fueron los estancos —el del tabaco, muy rentable—, la creación de un ejército regular y de milicias provinciales, y la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767, que privó al virreinato de buena parte de su red educativa y misional y dejó un agravio duradero entre las élites criollas.

En este período destacaron virreyes como Antonio María de Bucareli y Ursúa (1771-1779), que murió en el cargo, y Juan Vicente de Güemes Pacheco de Padilla, segundo conde de Revillagigedo (1789-1794), bajo cuyo gobierno se impulsó la expansión hacia la Alta California —en parte como respuesta al interés ruso y británico por el Pacífico norte— y se levantó el primer censo general de población, iniciado en 1790 y conocido como censo de Revillagigedo.

2.4 Crisis e independencia (1808-1821)[editar]

La invasión napoleónica de la península ibérica en 1808 y las abdicaciones de Bayona abrieron una crisis de legitimidad en todo el imperio. En la Ciudad de México, el cabildo propuso que el virreinato se gobernase a sí mismo en nombre de Fernando VII; el golpe de los peninsulares encabezado por Gabriel de Yermo, que en septiembre de 1808 depuso al virrey José de Iturrigaray, cerró esa vía institucional y empujó el descontento criollo hacia la conspiración.

El 16 de septiembre de 1810, el cura Miguel Hidalgo y Costilla encabezó en Dolores el levantamiento conocido como el Grito de Dolores, considerado el inicio de la guerra de independencia. Capturado en 1811, fue fusilado en Chihuahua el 30 de julio de aquel año. El movimiento insurgente lo continuó José María Morelos y Pavón, que le dio un programa político definido —el Congreso de Anáhuac y los Sentimientos de la Nación, de 1813, y la Constitución de Apatzingán de 1814— antes de ser capturado y fusilado el 22 de diciembre de 1815 en San Cristóbal Ecatepec.

Tras 1815 la insurgencia quedó reducida a focos de resistencia, entre ellos el de Vicente Guerrero en el sur. El desenlace llegó en 1821 por un camino inesperado: el militar realista Agustín de Iturbide, enviado a combatir a Guerrero, pactó con él el Plan de Iguala del 24 de febrero de 1821, que proponía la independencia bajo una monarquía constitucional y las Tres Garantías —religión católica, independencia y unión de todos los habitantes—, una fórmula que permitió sumar a criollos, peninsulares e insurgentes.

Juan O'Donojú, enviado desde España con el título de jefe político superior y capitán general —el cargo que la Constitución de Cádiz restaurada había puesto en lugar del de virrey—, firmó los Tratados de Córdoba el 24 de agosto de 1821, reconociendo la independencia. El 27 de septiembre de 1821 el Ejército Trigarante entró en la Ciudad de México, fecha que marca convencionalmente el fin del virreinato.

La disolución no fragmentó de inmediato todo el territorio histórico. El núcleo mexicano se convirtió primero en el Primer Imperio Mexicano y después en una república federal; las provincias centroamericanas, que habían declarado su independencia el 15 de septiembre de 1821 y se incorporaron brevemente al imperio de Iturbide, se separaron en 1823 para formar las Provincias Unidas del Centro de América; y Filipinas, gobernada desde México hasta 1821, pasó a depender directamente de Madrid y permaneció española hasta 1898.

3. Organización política y administrativa[editar]

El gobierno de Nueva España descansaba en última instancia en el rey de España, autoridad suprema cuya voluntad, al menos en teoría, no tenía límites legales. En la práctica, el monarca gobernaba a distancia mediante instituciones que actuaban en su nombre y se vigilaban entre sí:

  • El Consejo de Indias, con sede en la metrópoli, encargado de legislar, nombrar cargos y supervisar la administración de los territorios americanos y asiáticos.
  • El virrey, máxima autoridad en el territorio, que reunía las funciones de gobernador general, capitán general, presidente de la Real Audiencia, superintendente de la Real Hacienda y vicepatrono de la Iglesia. Su mandato solía ser de unos pocos años y concluía con un juicio de residencia, una revisión pública de su gestión.
  • Las Reales Audiencias, tribunales superiores que ejercían además funciones de gobierno y actuaban como contrapeso del virrey; en ausencia de este, lo sustituían. En el territorio novohispano funcionaron las de México (1527) y Nueva Galicia, con sede en Guadalajara (1548); en su órbita más amplia, las de Santo Domingo, Guatemala y Manila, cuya dependencia respecto del virrey de México fue variable y ha sido objeto de discusión historiográfica.
  • Los cabildos o ayuntamientos, órganos de gobierno local en ciudades y villas, integrados sobre todo por criollos y única instancia con algún grado de representación de la sociedad novohispana. Existieron también cabildos de indios en los pueblos indígenas, que conservaron autoridades propias.
  • Los corregimientos y alcaldías mayores y, a partir de 1786, las intendencias, unidades de administración fiscal y judicial del interior.
  • La Iglesia católica, que ejercía funciones administrativas, educativas, asistenciales y de control social a través de parroquias, órdenes religiosas y el Tribunal del Santo Oficio.

4. Territorio y división administrativa[editar]

El territorio del virreinato varió mucho a lo largo de casi tres siglos, y su enumeración exige una advertencia previa: la relación jurídica de las capitanías generales con el virrey de México no fue uniforme. Varias de ellas conservaron amplia autonomía, tuvieron audiencia propia y despacharon con frecuencia directamente con el Consejo de Indias, de modo que su inclusión bajo el virreinato es en algunos casos una convención cartográfica más que una realidad de gobierno.

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División Territorio actual aproximado Relación con el virrey de México
Reino de México Centro y sur del actual México Núcleo del virreinato; gobierno directo
Reino de Nueva Galicia Occidente de México Audiencia propia en Guadalajara desde 1548
Reino de Nueva Vizcaya Durango, Chihuahua y aledaños Provincia del norte; desde 1776, Provincias Internas
Nuevo Reino de León Noreste de México Provincia del norte
Provincia de Texas Texas (Estados Unidos) Provincia de frontera
Nuevo México Nuevo México (Estados Unidos) Provincia de frontera, poblada desde 1598
Las Californias Baja California y California Colonización a partir de 1769
Capitanía General de Yucatán Península de Yucatán Autonomía militar considerable
Capitanía General de Guatemala Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Chiapas Audiencia propia; autonomía muy amplia
Capitanía General de Cuba Cuba, y desde 1763 la Florida y la Luisiana Gobernada desde La Habana; dependencia del virrey mexicano nominal y discutida
Florida española Florida (Estados Unidos) Española hasta 1763 y de 1783 a 1821
Provincia de la Luisiana Cuenca del Misisipi Española de 1763 a 1801-1803; administrada desde Nueva Orleans y La Habana
Capitanía General de Filipinas Filipinas, Guam y las Marianas Financiada y abastecida desde México hasta 1821; audiencia propia en Manila

Esta enumeración no debe leerse como una lista cerrada ni como un organigrama. Los límites del norte fueron durante siglos una frontera abierta más que una línea, y las relaciones de subordinación entre la Ciudad de México, La Habana, Guatemala y Manila cambiaron según la época y según el asunto de que se tratase.

5. Economía[editar]

La economía novohispana descansó sobre tres pilares:

  1. La minería de plata, con centros en Zacatecas, Guanajuato, Real del Monte, Taxco, Pachuca, Catorce y Sombrerete. Su peso fue extraordinario: hacia comienzos del siglo XIX, Nueva España producía más de dos tercios de toda la plata americana y una fracción de la producción mundial que las estimaciones de Humboldt sitúan cerca de la mitad. La plata financiaba a la Corona, sostenía el comercio con Asia y arrastraba tras de sí la agricultura, el transporte y el crédito. El peso de a ocho novohispano circuló como moneda de referencia internacional desde Cantón hasta las Trece Colonias.
  2. La agricultura y la ganadería, organizadas en haciendas, ranchos y pueblos de indios. En las primeras décadas funcionó la encomienda, que otorgaba a un conquistador el derecho a percibir tributo y trabajo de un grupo de indígenas a cambio de protegerlos e instruirlos en la fe; las Leyes Nuevas de 1542 iniciaron su desmantelamiento y fue sustituida progresivamente por el repartimiento de trabajo rotativo y, más tarde, por el trabajo asalariado y el peonaje por deudas.
  3. El comercio transatlántico y transpacífico, articulado en la flota de Indias que unía Veracruz con Sevilla y después con Cádiz, y en el Galeón de Manila, que cruzaba el Pacífico desde Acapulco una o dos veces al año. Ambos circuitos estaban sujetos al monopolio de la Corona, lo que estimuló un contrabando de gran escala.

6. Sociedad[editar]

La sociedad novohispana fue estamental y jerarquizada, organizada en torno a un sistema de clasificación por origen —el llamado sistema de castas— y al concepto de "limpieza de sangre" heredado de la península. En la cúspide se situaban los peninsulares, españoles nacidos en España, que monopolizaban los altos cargos; seguían los criollos, descendientes de españoles nacidos en América, cuya exclusión de esos cargos fue una de las fuentes de resentimiento que alimentaron la independencia; y a continuación una amplia gama de categorías mixtas —mestizos, mulatos, castizos, moriscos, zambos— hasta llegar a los indígenas, jurídicamente considerados menores de edad y sujetos a tributo pero con derecho a tierras comunales y tribunal propio, y a las personas de origen africano esclavizadas, en la base de la pirámide.

Este sistema quedó documentado de forma célebre en la pintura de castas del siglo XVIII, un género pictórico que catalogaba visualmente las combinaciones posibles. Conviene precisar que esas pinturas son en buena medida una construcción ideológica destinada al público peninsular: la investigación reciente ha mostrado que la práctica social era mucho más fluida que el esquema, que la clasificación dependía tanto del aspecto y la riqueza como del origen, y que era posible cambiar de categoría. Lo que sí es indudable es que el sistema determinaba el acceso a cargos, a gremios y a la educación, y que su rigidez legal fue una de las tensiones que desembocaron en 1810.

7. Cultura, educación y religión[editar]

La Iglesia católica ocupó un lugar central en la vida novohispana, no solo en lo religioso sino también en lo educativo, lo asistencial y lo cultural. Las órdenes religiosas fundaron misiones, colegios, hospitales y universidades, entre ellas la Real y Pontificia Universidad de México, autorizada en 1551 y en funcionamiento desde 1553.

Se desarrolló un arte virreinal propio, con una arquitectura barroca de gran personalidad —el churrigueresco novohispano, visible hoy en las catedrales y palacios de la Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, Guanajuato, Zacatecas, Morelia y Taxco— y una producción literaria y científica notable. Su figura mayor es sor Juana Inés de la Cruz (1648 o 1651-1695; su partida de bautismo apunta a 1648 y su primer biógrafo, Calleja, a 1651), poeta, dramaturga y ensayista cuya Respuesta a sor Filotea de la Cruz es un alegato pionero por el derecho de las mujeres al conocimiento. En el terreno religioso popular, el culto a la Virgen de Guadalupe, cuya devoción se documenta desde el siglo XVI y se consolida en el XVII, se convirtió en el símbolo identitario que uniría a criollos, mestizos e indígenas, y que Hidalgo enarbolaría en 1810.

El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición se estableció formalmente en la Ciudad de México en 1571, por disposición de Felipe II del año 1569. Tuvo jurisdicción sobre delitos contra la fe —judaizantes, protestantes, bigamia, blasfemia, brujería— pero no sobre la población indígena, expresamente excluida de su competencia desde 1571 por considerarse neófitos en la fe; los indígenas quedaban sujetos al llamado provisorato u ordinario diocesano.

8. Fin del virreinato y legado[editar]

El fin del virreinato en 1821 dio paso al Primer Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide, disuelto en 1823, y después a la formación paulatina de las actuales repúblicas de México y de Centroamérica. Muchas de las instituciones, la división territorial, la organización eclesiástica y la propia identidad cultural mestiza de esos países tienen su origen directo en el período novohispano: las intendencias borbónicas son el antecedente inmediato de los estados mexicanos, y las provincias de la Capitanía General de Guatemala se convirtieron, una a una, en países.

El proceso que llevó de la insurgencia de 1810 al desenlace de 1821 se desarrolla en detalle en Independencia de México, y el conflicto que un siglo después volvería a redefinir el país, en Revolución mexicana.

9. Presencia en el mundo hispanohablante actual[editar]

El legado del virreinato sigue siendo visible en múltiples planos de la vida contemporánea de México, Centroamérica y, en menor medida, Filipinas:

  • Patrimonio arquitectónico y urbano: numerosos centros históricos inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO —los de la Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, Guanajuato, Zacatecas, Morelia, Querétaro, Campeche y Antigua Guatemala— conservan trazas urbanas y edificios civiles y religiosos de época virreinal. Buena parte del turismo cultural de la región se organiza en torno a ese patrimonio.
  • Lengua y gastronomía: el español americano incorporó en este período centenares de voces indígenas, y la cocina mexicana actual —reconocida por la UNESCO como patrimonio inmaterial en 2010— es el resultado directo del cruce entre ingredientes mesoamericanos y europeos que el virreinato hizo cotidiano.
  • Educación e historiografía: la etapa novohispana ocupa un lugar central en los programas de historia de México y Centroamérica y es objeto de una producción académica y divulgativa constante, con archivos de referencia como el Archivo General de la Nación mexicano y el Archivo General de Indias de Sevilla.
  • Identidad y debate público: la herencia colonial —el sistema de castas, la evangelización forzada, la explotación del trabajo indígena— es materia de un debate activo sobre memoria histórica y reparación simbólica, particularmente intenso en torno a los aniversarios de 1521 y 1821. En 2019 el Gobierno mexicano solicitó formalmente a España y al Vaticano una petición de perdón por los agravios de la conquista, solicitud que el Gobierno español rechazó.
  • Vínculo con Filipinas: aunque hoy fuera del ámbito hispanoamericano, Filipinas conserva huellas de su pertenencia histórica a Nueva España en su patrimonio arquitectónico, en miles de apellidos de origen español, en centenares de préstamos léxicos al tagalo y en elementos de cultura material llegados por el Galeón de Manila.

El Virreinato de Nueva España constituye, en definitiva, uno de los períodos fundacionales de la historia de México, de Centroamérica y, en cierta medida, de Filipinas, y su estudio sigue siendo indispensable para entender la configuración política, social y cultural de buena parte del mundo hispanohablante actual.