Giuseppe Garibaldi
| Giuseppe Garibaldi | |
| Nombre completo | Giuseppe Maria Garibaldi |
| Nacimiento | 4 de julio de 1807 |
| Lugar de nacimiento | Niza, Primer Imperio Francés |
| Fallecimiento | 2 de junio de 1882 |
| Sepultura | Isla de Caprera, Italia |
| Nacionalidad | Italiana (antes súbdito del Reino de Cerdeña y del Primer Imperio Francés) |
| Apodo(s) | El héroe de dos mundos, El León de Caprera |
| Ocupación | Militar, marino, político, escritor |
| Rama militar | Marina del Reino de Cerdeña, Legión Italiana, Camisas Rojas, Ejército de los Vosgos |
| Rango | General |
| Conflictos | Guerra de los Farrapos, Guerra Grande, Guerras de unificación italiana, Guerra franco-prusiana |
| Cónyuge(s) |
Anita Garibaldi (1842-1849) Giuseppina Raimondi (1860) Francesca Armosino (1880-1882) |
| Hijos | Menotti, Rosa, Teresa, Ricciotti, Clelia, Rosa (y otros) |
1. Resumen[editar]
Giuseppe Garibaldi fue un militar, revolucionario y político italiano que se convirtió en la figura más emblemática del proceso de unificación de Italia, el Risorgimento. Es conocido mundialmente como el héroe de dos mundos por haber luchado en el continente europeo y en Sudamérica, donde su participación en las guerras civiles rioplatenses y la Revolución Farroupilha le forjaron una reputación de guerrillero idealista.
Su nombre está ligado indisolublemente a la expedición de los Mil —o los Camisas Rojas— que en 1860 conquistó el Reino de las Dos Sicilias y lo puso en bandeja para la proclamación del Reino de Italia en 1861. Por encima de victorias y derrotas, Garibaldi representó el rostro popular y romántico de las revoluciones del siglo XIX: defensor de la libertad, republicano de corazón —aunque pragmático en sus alianzas monárquicas—, anticlerical, masón y admirador de la fraternidad universal.
Su paso por América, entre 1836 y 1848, lo convirtió en una leyenda viva en países como
Brasil,
Uruguay y
Argentina, donde combatió al lado de los colorados uruguayos durante la Guerra Grande, defendiendo la sitiada ciudad de Montevideo al mando de la Legión Italiana. En ese período conoció a su primera esposa, la guerrillera brasileña Anita Ribeiro, quien se transformó en un símbolo de la lucha femenina y la compañera de armas inseparable hasta su prematura muerte en una retirada militar.
Giuseppe Garibaldi murió en su retiro de la isla de Caprera el 2 de junio de 1882. El eco de su figura traspasó generaciones y fronteras, inspirando a revolucionarios, liberales y nacionalistas en Europa, pero también a los patriotas de las emergentes repúblicas latinoamericanas que veían en él la encarnación del coraje y el compromiso con las causas oprimidas.
2. Primeros años y formación[editar]
Giuseppe Maria Garibaldi nació en Niza, ciudad que en 1807 se hallaba bajo soberanía del Primer Imperio Francés de Napoleón Bonaparte, aunque su familia era de estirpe ligur y de lengua materna italiana. Fue el segundo hijo de Domenico Garibaldi, un modesto capitán de barco mercante con inclinación a la pesca costera y el comercio de cabotaje, y de Rosa Raimondi, una mujer profundamente católica.
La infancia de Garibaldi transcurrió en un ambiente marinero. Desde niño sintió la fascinación por el mar; su padre, pese a las limitaciones económicas, lo instruyó en las artes de la navegación y le transmitió la disciplina de la vida a bordo. La costa de Liguria, con sus colinas que se precipitan sobre el Mediterráneo, fue su primer horizonte físico, pero también político: Niza, su patria chica, sería más tarde canjeada a Francia en 1860, lo que le provocó un profundo resentimiento tanto hacia la monarquía saboyana como hacia el emperador Napoleón III.
En su adolescencia comenzó a navegar como grumete en barcos mercantes, y a los 25 años obtuvo el certificado de capitán de segunda clase.[1] Su vida de navegante lo llevó a puertos del Mar Negro, el Mediterráneo y más allá, y fue en uno de esos viajes, en la ciudad rusa de Taganrog, donde tuvo una epifanía política: un miembro de la sociedad secreta Joven Italia, fundada por Giuseppe Mazzini, le habló de una Italia libre, unificada y republicana. Aquella conversación encendió en Garibaldi la vocación revolucionaria que definiría su vida entera.
De regreso a suelo italiano, Garibaldi se afilió a la Joven Italia en 1833 y, un año más tarde, participó en una insurrección fallida en el Piamonte, donde estaba destinado como marinero de la armada sarda. La rebelión, inspirada en el republicanismo y el nacionalismo de Mazzini, fue rápidamente sofocada. Garibaldi fue condenado a muerte en rebeldía y se vio obligado a escapar, iniciando un largo periplo como exiliado que lo llevaría primero a Marsella y luego al otro lado del Atlántico.
3. Trayectoria[editar]
3.1. Exilio y guerras en Sudamérica (1836-1848)[editar]
La etapa sudamericana de Garibaldi resultó fundamental para su formación militar y política. Arribó primero a Río de Janeiro y, tras un breve periodo de comercio, se unió a las causas insurgentes que agitaban el continente.
3.1.1. La República Riograndense y la Guerra de los Farrapos
En 1837, en la provincia brasileña de Río Grande del Sur, estalló la Revolución Farroupilha, un movimiento republicano y separatista contra la monarquía imperial de Brasil. Garibaldi, presentado a los líderes farrapos, decidió tomar las armas por aquella causa. El gobierno rebelde le confió el mando de una pequeña flota con patente de corso —no de piratería— para hostigar al Imperio. En esas aguas conoció a la joven Ana Maria de Jesus Ribeiro, conocida en la historia como Anita Garibaldi, quien se convertiría en su esposa y compañera de guerra.
La pareja luchó codo a codo en las acciones navales y terrestres. Las memorias de Garibaldi narran el valor de Anita durante la Batalla de Laguna, donde ella tomó las armas y siguió combatiendo aun estando embarazada. Su hijo primogénito, Menotti, nació en plena contienda, pero tuvieron que huir para no caer prisioneros. Anita cruzó a caballo zonas hostiles con el recién nacido en brazos, una gesta que contribuyó a forjar la leyenda de la pareja.
3.1.2. La Legión Italiana en Uruguay y la defensa de Montevideo
Tras un breve periodo en el Estado Oriental del Uruguay, y con los conflictos riograndenses en declive, Garibaldi se ofreció en 1842 al gobierno de la República Oriental del Uruguay, entonces presidido por los colorados de Fructuoso Rivera, que enfrentaba al partido blanco de Manuel Oribe en la llamada Guerra Grande. Oribe estaba respaldado por la Confederación Argentina de Juan Manuel de Rosas.
Garibaldi organizó la Legión Italiana, una tropa de voluntarios italianos que vestían la camisa roja de los obreros carbonarios —precursoras de sus famosos Camisas Rojas— y enarbolaban una bandera negra con el volcán Vesubio en erupción, símbolo del lamento por la Italia oprimida. Esta legión fue clave para romper el cerco de Montevideo por parte de las fuerzas de Oribe.
Durante esos años, Montevideo fue apodada "La Nueva Troya" por la resistencia de sus habitantes. Las habilidades tácticas de Garibaldi en el combate fluvial, su capacidad de sorpresa en el terreno y, sobre todo, el carisma que le permitía mantener la moral de los voluntarios, le valieron gran fama internacional. En América se le empezó a llamar "el héroe de dos mundos", anticipando su regreso a Europa. Fue en ese periodo cuando Garibaldi también se inició en la masonería, influencia que marcó su anticlericalismo liberal y su visión fraternalista.
3.2. El regreso a Europa y la Primera Guerra de Independencia (1848-1849)[editar]
Las noticias de las revoluciones liberales que barrieron Europa en 1848 decidieron a Garibaldi a volver a Italia. Desembarcó en Niza con sesenta de sus legionarios, listo para ofrecer su espada a la causa de la unificación. Inicialmente se puso al servicio del rey Carlos Alberto de Cerdeña, que luchaba contra Austria en la Primera Guerra de Independencia, pero la tibieza y las sospechas de la casa de Saboya hacia un republicano lo llevaron a luchar por su cuenta.
En 1849, al frente de un grupo de voluntarios, corrió en defensa de la efímera República Romana, proclamada por Giuseppe Mazzini en los Estados Pontificios. Participó en una brillante maniobra defensiva en la batalla de Gianicolo, infligiendo severas bajas a un ejército francés superior en número que había acudido a restaurar al papa Pío IX. Finalmente, la República cayó. En la retirada que siguió hacia Venecia, atravesando la Italia central, murió Anita, embarazada y enferma, en los pantanos cerca de Rávena. La persecución obligó a Garibaldi a exiliarse de nuevo: Nueva York, luego el Pacífico, y finalmente regresó a su isla de Caprera.
3.3. Las campañas decisivas: de Caprera a la unificación (1854-1861)[editar]
En 1854, Garibaldi compró la isla de Caprera en Cerdeña, un paraje salvaje que se convirtió en su refugio y su hogar. Desde allí, y ya en sintonía con el hábil ministro del reino sardo-piamontés, Camillo Benso, Conde de Cavour, empezó a tejer la red que consumaría la unidad.
3.3.1. Los Cazadores de los Alpes (1859)
En la Segunda Guerra de Independencia Italiana, en la que el Piamonte se alió con Francia contra Austria, Garibaldi recibió el mando de una unidad de voluntarios, los Cazadores de los Alpes. Su misión era hostigar las posiciones austríacas en Lombardía. Aunque con tropas irregulares, logró victorias resonantes en el norte de Italia, tomando ciudades como Varese y Como. Este éxito le otorgó control territorial y le confirmó como el único general de la revolución capaz de vencer a las tropas regulares austríacas.
3.3.2. La Expedición de los Mil (1860)
La obra maestra estratégica de Garibaldi fue la Expedición de los Mil. En mayo de 1860, burlando la vigilancia de la marina borbónica, zarpó de Quarto (cerca de Génova) con dos barcos de vapor, el Piamonte y el Lombardo, y un millar de voluntarios —los Camisas Rojas— rumbo a Sicilia.
Desembarcaron en Marsala y, en una campaña que parecía imposible, derrotaron a un ejército borbónico numéricamente superior. En Calatafimi, Garibaldi pronunció una frase que se volvió lema: "Aquí hacemos Italia o morimos". La victoria en la batalla de Calatafimi y la toma de Palermo, mediante una combinación de insurrección popular y guerra de guerrillas urbana, precipitaron el colapso del régimen borbónico. En apenas meses, traspasó el estrecho de Mesina y entró triunfalmente en Nápoles, la capital del reino más grande y rico de la península.
El 26 de octubre de 1860, en Teano, Garibaldi se encontró con el rey Víctor Manuel II y le entregó los territorios conquistados, saludándolo como "Rey de Italia". Este gesto, que muchos republicanos no le perdonaron, fue la culminación práctica del Risorgimento. La unificación italiana era un hecho.
3.4. Últimas campañas y retiro (1862-1882)[editar]
A pesar del éxito, Roma y el Véneto quedaban fuera del reino. Garibaldi intentó tomar Roma por iniciativa propia, pero fue herido y detenido por el ejército italiano en la batalla de Aspromonte (1862). Más tarde, en 1866, comandó un cuerpo de voluntarios en la Tercera Guerra de Independencia, logrando un importante éxito en la batalla de Bezzecca, pero se le ordenó detener la ofensiva hacia Trento. Su respuesta, un lacónico y disciplinado "Obbedisco" ("Obedezco"), quedó en la historia italiana como símbolo de su relación nunca resuelta con la monarquía.
En 1870, ya envejecido pero con el espíritu intacto, se puso al mando del Ejército de los Vosgos, defendiendo a la recién proclamada Tercera República Francesa contra el agresor reino de Prusia en la Guerra Franco-Prusiana. Fue la única guerra que luchó en el bando de una gran potencia y la única en la que no consiguió una victoria decisiva, aunque su columna resistió con tenacidad.
Los últimos doce años de su vida los pasó en Caprera, dedicado a la agricultura, a escribir sus memorias y a recibir a admiradores de todo el mundo. Se convirtió en un ícono viviente del socialismo humanitario, el pacifismo y el anticlericalismo. Murió en 1882, su figura envuelta en una mezcla contradictoria de leyenda y de realidad humana.
3.5. Estilo y características[editar]
Garibaldi no fue un estratega de gabinete sino un líder carismático y un táctico intuitivo. Su genio militar consistía en la extrema movilidad, el ataque por sorpresa y la capacidad de convertir masas populares en fuerzas políticas armadas. La infantería irregular —los Camisas Rojas— era la extensión orgánica del pueblo en armas. Su vestimenta, la camisa roja, el poncho y el sombrero de anchas alas, copiaba conscientemente los atuendos de los gauchos rioplatenses que conoció en Sudamérica, creando una identidad visual que contagiaba fervor.
En lo político, su corazón era republicano y democrático, antifascista avant la lettre, pero antepuso la unidad de Italia a la forma de gobierno. También fue un antiesclavista radical, habiendo visitado los
Estados Unidos y hecho campaña por la causa abolicionista.
4. Palmarés y récords[editar]
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4.1. Batallas y campañas principales[editar]
- 1839: Acciones navales en la Revolución Farroupilha (Laguna, Santa Catarina).
- 1842-1848: Defensa de Montevideo y batalla de San Antonio del Santo (Uruguay), donde la Legión Italiana se cubrió de gloria.
- 1849: Defensa de la República Romana (Batalla de Gianicolo).
- 1859: Campaña de los Cazadores de los Alpes (Varese, Como, San Fermo).
- 1860: Expedición de los Mil (Calatafimi, Palermo, Milazzo, Volturno).
- 1866: Guerra contra Austria (Batalla de Bezzecca).
- 1870-71: Campaña de los Vosgos (Dijon, Autun) en la Guerra Franco-Prusiana.
4.2. Condecoraciones y reconocimientos[editar]
- Medalla de Oro al Valor Militar (Italia, por la campaña de 1860).
- Ciudadano honorario de decenas de ciudades, incluyendo Nueva York y Londres.
5. Vida pública y legado[editar]
El legado de Garibaldi es tan vasto que resulta difícil medirlo. Se le atribuye haber inventado la figura del guerrillero de la libertad, un molde que luego se replicó en revoluciones de todo el planeta. Es el santo laico de la izquierda romántica y del nacionalismo democrático.
En vida, su popularidad global alcanzó cifras de fanatismo. Giras suyas por Inglaterra en los años 1860 provocaban aglomeraciones de decenas de miles de personas. Su residencia en Caprera se convirtió en un lugar de peregrinación. A nivel simbólico, Garibaldi consiguió fusionar el ideal del héroe clásico (el arrojo personal, la austeridad, la herida de batalla) con el del revolucionario moderno (el anticlericalismo, el contrato social, el voluntariado armado).
Su figura también tuvo sombras: su republicanismo fue criticado por "puro" y "utópico"; su sumisión a los Saboya, una traición; y su autoritarismo benevolente dentro de las tropas, una contradicción con sus ideales libertarios. Sin embargo, ningún estudio histórico omite su papel central en la liquidación definitiva del absolutismo monárquico en la Europa de los Borbones, los Austrias y el poder temporal de los papas.
El revólver, el caballo blanco y el pañuelo al cuello conforman su iconografía. En su faceta de escritor, sus Memorias y su novela Clelia, o el gobierno de los curas (1870) son testimonios de su anticlericalismo radical, que defendía la idea de una federación de repúblicas europeas donde el papado no tuviera poder político.
6. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
La huella de Garibaldi en el mundo de habla hispana, especialmente en Hispanoamérica, es muy profunda. Su exilio sudamericano y la defensa de Montevideo son tratados como parte de la historia local en Uruguay y Argentina. En Montevideo, una avenida y un barrio llevan su nombre, y cada año, en el aniversario de su muerte, las asociaciones ítalo-uruguayas realizan homenajes.
En Buenos Aires, se erigió un monumento ecuestre en la Plaza Italia y otro, de cuerpo entero, en el barrio de Palermo. En otras regiones, como en Chile, Perú y
México, Garibaldi fue un nombre invocado por los radicales liberales durante todo el siglo XIX y principios del XX. La Guerra de Reforma en México y los movimientos republicanos en
España tuvieron al italiano como un referente.
El Che Guevara, otro icono revolucionario argentino y héroe de dos mundos contemporáneo, ha sido comparado en numerosas ocasiones con Garibaldi, tanto por su internacionalismo como por su voluntad de luchar en distintas tierras.[2] La literatura gauchesca también lo reivindicó, como en algunos poemas de Jorge Luis Borges donde el coraje individual se encarna en figuras como la de Garibaldi.
El doblaje de las series italianas de televisión sobre la vida de Garibaldi —la más famosa de las cuales es la de la RAI de 1966— se estrenó en Hispanoamérica en la década de los setenta, consolidando la imagen popular del héroe en los televidentes de habla hispana.
En España, Garibaldi fue un modelo para los republicanos e incluso para los federales de Pi i Margall. Durante la guerra civil española, batallones de las Brigadas Internacionales tomaron su nombre. Hoy, en ciudades como Barcelona o Madrid existen calles y placas dedicadas al "Héroe de Dos Mundos".
En la toponimia hispanoamericana, el nombre de Garibaldi se encuentra en plazas, colegios y calles de prácticamente todas las capitales de la región. Mención especial merece el municipio de Garibaldi en el estado de Río Grande del Sur, Brasil, ciudad que preserva la memoria del período farroupilha.
7. En la cultura popular[editar]
La figura de Garibaldi ha sido llevada al cine, la televisión y la literatura en múltiples ocasiones. Su imagen se ha utilizado desde estampillas postales hasta propagandas comerciales, y su nombre ha bautizado desde un tipo de galleta hasta un barco portaaviones italiano, el Giuseppe Garibaldi, botado en 1983 y retirado del servicio en 2024.
En la literatura, además de sus propias memorias, el personaje aparece en novelas como La Cartuja de Parma, de Stendhal (parcialmente inspirada en su juventud), y en obras de Alexandre Dumas, quien fue su amigo y publicó sus memorias en francés. En la cultura argentina, Garibaldi es protagonista de un capítulo en Historia de guerrilleros, de Félix Luna, y es mencionado por Jorge Luis Borges en sus ensayos sobre el coraje.
En Japón, sorprendentemente, su figura goza de gran popularidad, con adaptaciones al manga y una serie en la televisión pública NHK.
8. Conclusión[editar]
Giuseppe Garibaldi es una de las pocas figuras que pueden reclamar ser auténticamente un héroe mundial. Su vida, una concatenación de gestas que parecen extraídas de una novela de aventuras, tuvo la rara virtud de no estar al servicio de un imperio, sino de un movimiento de liberación nacional —el italiano— y de un difuso ideal republicano de libertad. Su legado en el mundo hispanohablante es tangible y emotivo, pues fue en el Río de la Plata donde Garibaldi se forjó como soldado y como mito. "El Héroe de Dos Mundos" es una figura tan italiana como rioplatense, y su memoria sigue viva en cada placa, cada avenida y cada corazón liberal de América Latina.
En el Reino de Cerdeña, la marina mercante y militar eran los principales vehículos de movilidad social para los jóvenes de la costa ligur. Niza, en particular, aportaba numerosos capitanes y oficiales a la flota sarda y francesa. ↩︎
La relación entre Garibaldi y el Che Guevara ha sido objeto de ensayos académicos y de divulgación. El periodista uruguayo Raúl Zibechi, entre otros, ha explorado el paralelismo de sus vidas: la lucha fuera de la patria, la condición de íconos populares, la muerte como mártires y la apropiación simbólica por parte de movimientos políticos posteriores. Esta vinculación es especialmente válida en el imaginario latinoamericano, donde ambos son "héroes continentales". ↩︎