Historia del Perú
| Historia del Perú | |
|---|---|
| Territorio actual | 1 285 216 km² |
| Población actual | Aprox. 34 millones (estimación 2024) |
| Periodización convencional | Prehispánico – Virreinato – República |
| Primeros asentamientos | Los primeros grupos humanos llegaron hacia fines de la glaciación wisconsiense (XI milenio a. C.), es decir, hace unos trece mil años (Lauricocha, Piquimachay) |
| Civilización más antigua | Caral‑Supe, ca. 3000 a. C. (Esta cultura se desarrolló entre 3200 y 1800 a. C.) |
| Imperio prehispánico | Tahuantinsuyo (Imperio incaico), siglos XV–XVI |
| Conquista española | 1532–1572 |
| Independencia | Proclamada el 28 de julio de 1821; sellada en Ayacucho, 1824 |
| Conflictos mayores | Guerra del Pacífico (1879–1884), conflicto interno (1980–2000) |
| Última constitución | 1993 (con reformas posteriores) |
1. El medio geográfico y el poblamiento originario[editar]
El Perú ocupa una de las áreas más contrastadas del planeta: costa
desértica, sierra andina y selva amazónica[1]. Esa
diversidad condicionó el desarrollo de sociedades muy distintas entre
sí. Los restos humanos más antiguos hallados en territorio peruano
proceden de las cuevas de Piquimachay (
Ayacucho) y Lauricocha (Huánuco),
con dataciones que oscilan entre 15 000 y 12 000 años antes del presente. Eran grupos de
cazadores‑recolectores nómadas que aprovechaban la megafauna
andina y los recursos marinos de la costa.
La transición hacia la agricultura se inició de forma temprana. Evidencias halladas en la cueva de Guitarrero (Áncash) muestran cultivos de frijol y pallar hacia el 8500 a. C., mientras que el maíz aparece más tarde. La domesticación de camélidos –la llama y la alpaca– dio sustento a las sociedades altoandinas y fue la base de un sistema económico sin par en el continente.
2. El período Precerámico y la civilización de Caral[editar]
El gran salto civilizatorio se produjo en la costa nor‑central con la aparición de la civilización Caral‑Supe, considerada la más antigua de América[2]. Caral, ubicada en el valle de Supe, alberga plataformas piramidales, plazas circulares y un sistema de viviendas que implica una sociedad jerarquizada y especializada. Su economía se basaba en el algodón y en productos marinos, con una red de intercambio que llegaba hasta la sierra y la selva. Caral carecía de cerámica y de armas, lo que sugiere una organización basada en la religión y el comercio más que en la guerra.
Contemporáneos o ligeramente posteriores son otros centros como Vichama, Áspero y Bandurria. Todos ellos comparten la arquitectura monumental y el uso de shicras (bolsas de fibra rellenas de piedra) en las construcciones.
3. Culturas del Formativo y los desarrollos regionales[editar]
Tras Caral, el Período Formativo (ca. 1800–200 a. C.) trajo la difusión de la cerámica y el surgimiento de templos en «U». El más célebre es Chavín de Huántar (sierra de Áncash), un centro ceremonial que articuló un vasto sistema de creencias basado en felinos, serpientes y aves rapaces, difundido por buena parte de los Andes centrales. Su influjo se conoce como el horizonte Chavín o primer horizonte cultural.
Hacia el Intermedio Temprano (ca. 200 a. C.–600 d. C.) surgieron
entidades regionales nítidamente diferenciadas. En la costa norte, los
mochicas (o moche) construyeron las huacas del Sol y de la Luna,
canales de irrigación y una cerámica escultórica que es una de las
cumbres del arte precolombino. En la costa sur destacan Nazca,
autores de los enigmáticos geoglifos, y Paracas por sus finos
textiles y las prácticas de deformación craneana. En el altiplano, la
cultura Pucará y luego Tiahuanaco (cuya área nuclear está en
Bolivia pero irradió al sur peruano) consolidaron una tradición
agro‑pastoril de altura.
4. Los horizontes Wari e incaico[editar]
El horizonte Wari (ca. 600–1000 d. C.) constituye la primera
experiencia imperial en el territorio. Desde su capital, la ciudad de
Wari, cerca de la actual Ayacucho, esta sociedad conquistó o influyó
sobre un espacio que iba de
Cajamarca a Cusco y posiblemente hasta
Moquegua. Wari estandarizó el urbanismo ortogonal, la red de caminos
y los depósitos estatales (collcas), sentando las bases sobre las que
luego se erigiría el Tahuantinsuyo.
Tras la caída de Wari siguió un nuevo período de fragmentación
(Intermedio Tardío, ca. 1000–1450) con reinos y señoríos como
Chimú (sucesores de los mochicas), Chachapoyas en la selva
alta y los aymaras del altiplano. Los incas, un curacazgo del
valle del Cusco, comenzaron su expansión hacia 1438 bajo Pachacútec.
En menos de un siglo articularon el Tahuantinsuyo, un imperio de
cuatro regiones (suyos) que cubría desde el sur de
Colombia hasta el
norte de Chile y
Argentina. La red vial inca (Capac Ñan) superó los
30 000 km y
permitió la circulación de ejércitos, productos y funcionarios.
A la llegada de los españoles en 1532, el imperio se hallaba debilitado por una guerra civil entre los hermanos Huáscar y Atahualpa, lo que facilitó la conquista.
5. Conquista y virreinato (1532–1821)[editar]
Francisco Pizarro y sus huestes capturaron a Atahualpa en Cajamarca el 16 de noviembre de 1532. A pesar del rescate pagado, ejecutaron al inca y avanzaron hacia el Cusco, donde fundaron la capital española en 1534[3]. En 1542 se creó el Virreinato del Perú, con jurisdicción sobre casi toda Sudamérica española durante el siglo XVI.
El virreinato se sustentó en la minería de la plata –el cerro de
Potosí
(hoy Bolivia) y las minas de Huancavelica (mercurio)– y en un sistema
de trabajo indígena, la mita, que diezmó la población[4]. Lima,
fundada en 1535, se convirtió en la sede virreinal y en el principal
centro comercial del Pacífico sur. Las reducciones o «pueblos de
indios» reorganizaron el espacio rural y la Iglesia católica asumió la
evangelización masiva.
La administración borbónica del siglo XVIII introdujo reformas que recortaron el poder de los criollos y crearon nuevos virreinatos (Nueva Granada, Río de la Plata), reduciendo el peso del Perú. Aún así, Lima siguió siendo un polo cultural: la Universidad de San Marcos (fundada en 1551) es la más antigua de América.
- En 1535 Pizarro fundó Lima, a la que llamó «Ciudad de los Reyes».
6. Independencia y república temprana (siglo XIX)[editar]
La independencia del Perú se gestó en un contexto de agotamiento del sistema colonial y de oleadas continentales. El 28 de julio de 1821 el general José de San Martín proclamó la independencia en la Plaza Mayor de Lima. Sin embargo, la resistencia realista persistió hasta las batallas de Junín y Ayacucho (1824), libradas por Simón Bolívar y Antonio José de Sucre.
Los primeros decenios republicanos fueron caóticos: caudillismo militar, constituciones efímeras y guerras limítrofes con la Gran Colombia, Bolivia y Chile. Entre 1840 y 1870, el país gozó de una bonanza gracias al guano de las islas, que financió ferrocarriles, burocracia y la abolición del tributo indígena. Esa riqueza fugaz no logró consolidar un desarrollo institucional.
La Guerra del Pacífico (1879–1884) enfrentó al Perú y Bolivia contra Chile. La campaña marítima, que culminó con el sacrificio de Miguel Grau en el monitor Huáscar, fue seguida por la ocupación de Lima (1881) y la pérdida de las provincias de Tarapacá y Arica. El tratado de Ancón (1883) marcó el fin del conflicto y dejó una profunda herida nacional.
7. Del civilismo al legado militar (siglo XX)[editar]
Tras la guerra, el civilismo encabezó la reconstrucción durante la llamada República Aristocrática (1895–1919), un período de crecimiento agroexportador (azúcar, algodón) aunque con fuerte exclusión social. La dictadura de Augusto B. Leguía (1919–1930) modernizó Lima e inició grandes obras públicas, pero endeudó al Estado.
A mediados del siglo XX, el reformismo militar de las décadas de 1960 y 1970 –gobiernos de Juan Velasco Alvarado y Francisco Morales Bermúdez– impulsó la reforma agraria y la nacionalización de sectores estratégicos. Más tarde, en la década de 1980, el país sufrió la violencia terrorista de Sendero Luminoso y el MRTA, que provocaron decenas de miles de muertes y un costo económico mayúsculo.
La década de 1990 trajo el gobierno de Alberto Fujimori, que disolvió el Congreso en 1992, promulgó una nueva constitución y derrotó a los grupos alzados en armas. Su administración, sin embargo, acumuló denuncias de corrupción y violaciones a los derechos humanos que terminaron con su extradición y condena judicial.
8. El siglo XXI y la diversidad cultural[editar]
Desde el retorno a la democracia en 2001, el Perú experimentó un sostenido crecimiento macroeconómico, impulsado por la minería y el consumo interno, que redujo sensiblemente la pobreza[5]. Sin embargo, la inestabilidad política se mantuvo: entre 2016 y 2023 el país tuvo seis presidentes y la crisis generó protestas sociales en diversas regiones.
En lo cultural, la gastronomía peruana se ha convertido en un fenómeno mundial; Mistura y otras ferias proyectaron al cebiche, el lomo saltado o la quinua como emblemas nacionales[6]. Asimismo, la producción de cine regional –como la ayacuchana o puneña– y el auge de la música urbana en lenguas originarias reflejan una sociedad que, a pesar de las fracturas, se reconoce cada vez más en su pluralidad étnica y lingüística: 48 lenguas indígenas oficiales según el Estado peruano.
9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
La historia peruana ocupa un lugar singular en la memoria del mundo hispánico. La herencia virreinal, visible en los centros históricos de Lima y Cusco –ambos Patrimonio Mundial–, convive con las raíces precolombinas que el turismo y la academia difunden de forma creciente. Personalidades como el escritor Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura 2010, o el arqueólogo Walter Alva, descubridor de las tumbas reales de Sipán, han llevado al Perú a las aulas y los medios de todo el mundo.
En las últimas décadas, las migraciones peruanas han formado
comunidades numerosas en Chile, Argentina,
España y
Estados Unidos,
generando nuevos puentes culturales y económicos. La historia compartida
con Bolivia,
Ecuador y Colombia, así como la experiencia común con
Chile –tanto el conflicto como la posterior integración comercial–,
hacen del Perú un actor indispensable para entender la dinámica
sudamericana.
El devenir histórico del Perú sigue escribiéndose entre la promesa de su riqueza milenaria y los desafíos pendientes de equidad y estabilidad institucional. Las páginas que faltan se nutren de la misma pregunta que recorre los Andes desde Caral hasta hoy: cómo construir, sobre la inabarcable diversidad de un territorio, un solo país.
La cordillera de los Andes corre paralela al Pacífico y supera los 6 000 m de altitud en numerosas cumbres. La corriente de Humboldt enfría el mar y genera nieblas costeras que permiten una vegetación estacional en las lomas, vital para los primeros habitantes. ↩︎
El sitio fue investigado sistemáticamente por Ruth Shady a partir de 1994. En 2009 la UNESCO inscribió la Ciudad Sagrada de Caral‑Supe en la Lista del Patrimonio Mundial. La datación radiocarbónica ubica la ocupación principal hacia el 3000–1800 a. C. ↩︎
La ciudad de Cusco fue refundada como española en marzo de ↩︎
Las estimaciones sobre la población prehispánica varían enormemente. Algunas investigaciones sugieren una caída de hasta el 90 % durante el primer siglo de dominio español, debido sobre todo a epidemias y al desarraigo social. ↩︎
Según el INEI la pobreza monetaria cayó del 58 % en 2004 al 20 % en 2019, aunque la pandemia de COVID‑19 revirtió parte de ese avance. ↩︎
La feria gastronómica Mistura, organizada por la Sociedad Peruana de Gastronomía (Apega), atrajo anualmente a cientos de miles de visitantes desde su primera edición en 2008. Dejó de realizarse tras la edición de 2017. ↩︎