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Juan Domingo Perón

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Juan Domingo Perón · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
PaísesArgentina · Panamá · República Dominicana · Bolivia · Paraguay · España · Perú · Uruguay · Venezuela · Brasil
CiudadesBuenos Aires · Caracas · Madrid
HistoriaEva Perón · Guerra Fría
Nombre completoJuan Domingo Perón
Nacimiento8 de octubre de 1895, Lobos, Provincia de Buenos Aires, Argentina
Fallecimiento1 de julio de 1974, Olivos, Provincia de Buenos Aires, Argentina
Causa de muerteParo cardíaco por cardiopatía isquémica
SepulturaMausoleo en la Quinta de San Vicente, luego trasladado a la quinta 17 de octubre en San Vicente[sin verificar]
NacionalidadArgentina
CónyugeAurelia Tizón (1929–1938), Eva Perón (1945–1952), Isabel Perón (1961–1974)
OcupaciónMilitar, político, escritor
Partido políticoPartido Justicialista (fundador)
Rama militarEjército Argentino
RangoTeniente general
Presidencia1.ª: 4 de junio de 1946 – 21 de septiembre de 1955
2.ª: 12 de octubre de 1973 – 1 de julio de 1974
Vicepresidentes1.ª: Hortensio Quijano (1946–1952)
2.ª: Isabel Perón (1973–1974)
Predecesor como presidente1.ª: Edelmiro Julián Farrell
2.ª: Raúl Alberto Lastiri
Sucesor como presidente1.ª: Eduardo Lonardi (de facto)
2.ª: Isabel Perón

1. Resumen[editar]

Juan Domingo Perón fue un militar y político argentino que dominó la escena política de su país durante tres décadas. Fundó el movimiento justicialista, una corriente política que combinó elementos del nacionalismo, el sindicalismo y el intervencionismo estatal bajo la bandera de la "tercera posición" frente al capitalismo y al comunismo. Su legado sigue siendo el eje vertebrador de la política argentina contemporánea.

Como presidente en dos períodos (1946–1955 y 1973–1974), implementó un vasto programa de industrialización, nacionalizaciones, expansión de derechos laborales y construcción de viviendas populares. Su gobierno contó con un apoyo masivo de la clase trabajadora organizada, pero también generó una intensa polarización que derivó en su derrocamiento por un golpe militar en 1955 y en casi dieciocho años de proscripción política. Durante el largo exilio que siguió al golpe, Perón residió en Paraguay, Panamá, Venezuela, República Dominicana y, finalmente, en España, desde donde continuó influyendo decisivamente en la política argentina.

La figura de Perón es indisociable de la de su segunda esposa, Eva Duarte de Perón, cuya labor social y carisma la convirtieron en un ícono popular y en una figura casi mítica para sus seguidores. Tras la muerte de Evita en 1952, la influencia de Perón no se apagó: su retorno a la Argentina en 1973, luego de casi dieciocho años de exilio, desencadenó una de las jornadas de movilización más multitudinarias de la historia latinoamericana. Falleció en ejercicio de la presidencia en 1974, dejando el poder en manos de su tercera esposa y vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón.

2. Primeros años y formación[editar]

Juan Domingo Perón nació en Lobos, provincia de Buenos Aires, el 8 de octubre de 1895. Fue hijo de Mario Tomás Perón, un pequeño productor rural y juez de paz de origen sardo, y de Juana Sosa, de ascendencia tehuelche por línea materna. La familia se trasladó tempranamente a la Patagonia, donde el joven Perón vivió en estancias de Río Gallegos y de la precordillera chubutense.[1]

En 1911 ingresó al Colegio Militar de la Nación, del que egresó en 1913 con el grado de subteniente de infantería.[2] Su carrera militar inicial transcurrió en diversos destinos del interior del país. Demostró un temprano interés por la teoría militar y la historia, y se destacó como esgrimista y como instructor.

En la década de 1930, ya como capitán, publicó varios trabajos sobre historia militar y estrategia. Escribió un estudio sobre la guerra en el Chaco entre Bolivia y Paraguay, así como manuales de instrucción para tropas de montaña. También se desempeñó como profesor en la Escuela Superior de Guerra y, entre 1939 y 1941, fue agregado militar en la embajada argentina en Italia, con misiones de observación en Alemania, Francia, España y otros países europeos. Aquel viaje modeló su percepción del fascismo italiano y del régimen nacionalsocialista, experiencias que luego filtraría en su propia concepción del Estado y de las relaciones entre capital y trabajo.[3]

3. Trayectoria[editar]

3.1. La Revolución del 43 y el ascenso al poder[editar]

El 4 de junio de 1943, un golpe de Estado encabezado por el general Arturo Rawson derrocó al presidente Ramón Castillo. Perón participó activamente en la preparación del movimiento como miembro de la logia Grupo de Oficiales Unidos (GOU), una organización secreta de oficiales de rango medio con un programa vagamente nacionalista y anticomunista. En el gobierno militar resultante, ocupó inicialmente un cargo menor en el Ministerio de Guerra, pero en pocos meses acumuló una extraordinaria cuota de poder al ser designado al frente del Departamento Nacional del Trabajo, una repartición de escaso peso institucional que él transformó rápidamente en un instrumento de relación directa con el movimiento obrero.

Desde ese puesto, Perón impulsó una batería de medidas que ampliaron derechos laborales sin precedentes en la Argentina: extendió el régimen de jubilaciones, estableció el aguinaldo, creó tribunales de trabajo y promovió la sindicalización masiva de trabajadores que hasta entonces carecían de representación. La estrategia consistía en construir una base de poder propia, ajena a los partidos tradicionales y a los sectores conservadores que habían sostenido hasta entonces a los gobiernos militares.[4]

En octubre de 1945, la acumulación de poder de Perón alarmó a sus camaradas de armas. Fue forzado a renunciar a todos sus cargos y confinado en la isla Martín García. La noticia de su detención desencadenó una movilización espontánea de trabajadores que convergió sobre la Plaza de Mayo el 17 de octubre, fecha que se convertiría en el mito fundacional del peronismo. Presionado por la multitud y por oficiales leales, el gobierno militar liberó a Perón, quien esa misma noche se dirigió a la masa desde el balcón de la Casa Rosada. Días después, formalizó su candidatura presidencial para las elecciones de febrero de 1946.

3.2. Primera presidencia (1946–1952)[editar]

Perón ganó las elecciones del 24 de febrero de 1946 con el 52,4% de los votos, una cifra que marcó un hito en una Argentina acostumbrada a triunfos por márgenes estrechos y acusaciones de fraude. Asumió el 4 de junio de ese año y conformó un gobierno que desplegó una ambiciosa agenda de transformación económica y social.

En el plano económico, el gobierno peronista nacionalizó los ferrocarriles, el Banco Central, los servicios telefónicos y el comercio exterior mediante el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), un organismo que monopolizó la compra de la producción agropecuaria local a precios fijados por el Estado y la revendió a precios internacionales. Las divisas generadas por el diferencial se volcaron a un acelerado proceso de industrialización sustitutiva de importaciones, que amplió el mercado interno y multiplicó los puestos de trabajo urbanos.[5]

En el terreno social, la Fundación Eva Perón, creada por su esposa, construyó hospitales, hogares de ancianos, escuelas y colonias de vacaciones en una escala desconocida hasta entonces en el país. El voto femenino, largamente postergado, fue sancionado por ley en 1947 y se aplicó por primera vez en las elecciones de 1951, en las que Evita, gravemente enferma, recibió una candidatura simbólica a la vicepresidencia que la presión militar la obligó a rechazar.

3.3. Segunda presidencia (1952–1955)[editar]

Perón fue reelegido en 1951 con el 62,5% de los sufragios, la mayor ventaja registrada hasta entonces en una elección presidencial argentina. El nuevo mandato arrancó bajo el signo trágico de la muerte de Eva Perón, ocurrida el 26 de julio de 1952, a los 33 años. El duelo nacional fue inmenso y la figura de Evita se transformó en un culto popular que el gobierno cultivó activamente.

El segundo quinquenio resultó mucho más conflictivo que el primero. Los precios de las exportaciones agropecuarias cayeron después de la guerra de Corea, la acumulación de divisas comenzó a agotarse, la inflación se aceleró y el gobierno optó por un viraje hacia políticas de austeridad y de acercamiento al capital extranjero que desconcertaron a sus bases. Simultáneamente, el enfrentamiento con la Iglesia Católica se agravó hasta convertirse en un conflicto abierto. Perón promovió la ley de divorcio vincular, suprimió la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y, en 1955, impulsó una reforma constitucional que eliminaba los privilegios eclesiásticos. La respuesta de la jerarquía católica fue organizar las procesiones del Corpus Christi como actos de oposición masiva, que derivaron en graves incidentes callejeros.

El 16 de junio de 1955, aviones de la Armada bombardearon la Plaza de Mayo durante un acto de apoyo al gobierno, con el propósito declarado de asesinar a Perón. El ataque causó más de trescientos muertos civiles, una cifra que la historiografía aún debate.[6] Perón se refugió en el edificio del Ejército y el bombardeo no logró su objetivo, pero la escalada de violencia culminó tres meses después con un nuevo alzamiento militar. El 19 de septiembre de 1955, una sublevación encabezada por el general Eduardo Lonardi en Córdoba se extendió rápidamente. Perón renunció, se asiló en la embajada de Paraguay y partió al exilio.

3.4. Exilio, proscripción y resistencia (1955–1973)[editar]

El gobierno de la autodenominada "Revolución Libertadora" proscribió al peronismo, prohibió la mención pública de los nombres de Perón y Evita e intervino los sindicatos. Comenzaron así casi dieciocho años de resistencia peronista, en los que el exiliado conservó un control notable sobre la política argentina a través de delegados personales, cartas, cintas grabadas y emisarios.

Perón recorrió varios países latinoamericanos durante sus primeros años de exilio antes de instalarse en España. Residió primero en Panamá, luego en Caracas, más tarde en Santo Domingo —bajo la protección del dictador dominicano Rafael Trujillo— y finalmente en Madrid, donde fijó su residencia en el barrio de Puerta de Hierro a partir de 1960. En Madrid contrajo matrimonio con María Estela Martínez, "Isabel", una bailarina que conoció en Panamá y que se convertiría en su tercera esposa y, años más tarde, en su sucesora en la presidencia argentina.

Desde el exilio, Perón tejió alianzas con los sectores más diversos del espectro político argentino, desde la izquierda revolucionaria de Montoneros hasta sectores de la derecha sindical y nacionalista. Esa ambigüedad táctica le permitió conservar centralidad, pero también sembró las tensiones que explotarían violentamente durante su tercer mandato. En 1971, ante el agotamiento de la dictadura de Alejandro Lanusse, el gobierno militar convocó a elecciones con la condición de que los candidatos residieran en el país antes de una fecha determinada, lo que excluía deliberadamente a Perón. Sin embargo, el candidato peronista Héctor Cámpora, un odontólogo de perfil moderado, ganó las elecciones de marzo de 1973 con la consigna "Cámpora al gobierno, Perón al poder".

3.5. Retorno y tercera presidencia (1973–1974)[editar]

El 20 de junio de 1973, Perón regresó definitivamente a la Argentina. En el aeropuerto de Ezeiza lo esperaba una multitud calculada en cientos de miles de personas. Lo que debía ser una jornada triunfal se convirtió en una masacre cuando facciones de la izquierda y la derecha peronistas se enfrentaron a tiros en los palcos montados junto al aeródromo. La "masacre de Ezeiza" dejó un saldo de al menos trece muertos y reveló la profundidad de las fracturas internas del movimiento.

Cámpora renunció en julio para habilitar nuevas elecciones sin proscripciones. Perón, con casi setenta y ocho años, se presentó acompañado por su esposa Isabel como candidata a vicepresidenta y ganó con el 61,8% de los votos en septiembre de 1973. Asumió su tercera presidencia el 12 de octubre de ese año.

El tercer gobierno de Perón fue breve, tormentoso y, en buena medida, una amarga paradoja histórica. El líder que había construido su poder sobre la alianza con los sindicatos y la retórica de la justicia social, se vio enfrentado a una izquierda peronista que reivindicaba su legado desde posiciones revolucionarias y a una derecha sindical y parapolicial que operaba con extrema violencia. En mayo de 1974, durante un acto en la Plaza de Mayo, los sectores juveniles de Montoneros se retiraron masivamente en desafío público; Perón los calificó de "imberbes" y "estúpidos", lo que selló la ruptura definitiva.[7]

El 1 de julio de 1974, Perón sufrió un paro cardíaco en la quinta presidencial de Olivos. Falleció a las 13:15 horas, rodeado por Isabel y sus colaboradores más cercanos. Su muerte sumió al país en una conmoción profunda y en un duelo multitudinario, pero también dejó un vacío de poder que, en menos de dos años, derivaría en el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

4. Estilo y características[editar]

El estilo político de Perón combinaba una retórica que apelaba simultáneamente a la emoción de las masas y a la argumentación racional. Era un orador que podía dirigirse a los trabajadores en un lenguaje llano y directo durante las grandes concentraciones, y desplegar ante auditorios académicos un discurso articulado sobre geopolítica, estrategia militar o teoría del Estado. Esa ductilidad le permitió construir una identidad política que trascendía las categorías tradicionales de izquierda y derecha.[8]

El vínculo de Perón con las masas no se basaba únicamente en la distribución de beneficios materiales, sino también en una dimensión simbólica y afectiva que la sociología política ha estudiado bajo el concepto de "identidad peronista". Para millones de trabajadores, Perón no era solamente un presidente, sino la encarnación de una reparación histórica frente a décadas de exclusión política y social. Esa adhesión sentimental explicó en buena medida la persistencia de la lealtad peronista a lo largo de décadas de proscripción, represión y transformación social.

Perón fue también un líder autoritario en aspectos centrales de su gestión. Durante sus primeros dos gobiernos, controló la prensa mediante expropiaciones, subsidios y presiones directas; promovió una reforma constitucional en 1949 que le permitió la reelección —un punto que generó intenso debate— y persiguió a opositores con instrumentos legales como la ley de desacato. Sin embargo, a diferencia de otras experiencias autoritarias latinoamericanas, el peronismo no clausuró el parlamento ni prohibió la existencia de otros partidos, y las elecciones se celebraron con regularidad y con una participación opositora significativa.[9]

5. Palmarés y récords[editar]

La carrera política de Perón registra marcas singulares en la historia argentina y latinoamericana:

  • Único presidente argentino elegido en tres períodos diferentes (1946, 1951 y septiembre de 1973), aunque el primero y el segundo fueron consecutivos bajo la reforma constitucional de 1949 que permitió la reelección inmediata.
  • Ganó las elecciones de 1951 con el porcentaje más alto de votos registrado en la Argentina hasta ese momento (62,5%), récord que se mantuvo por varias décadas.
  • El movimiento fundado por él, el justicialismo, gobernó la Argentina durante la mayor parte del período democrático posterior a 1983, un dato que habla de la extraordinaria capacidad de adaptación del legado político peroniano a contextos muy diferentes.
  • El 17 de octubre de 1945, su liberación y discurso constituyen la fecha fundacional del movimiento peronista y uno de los hitos simbólicos más perdurables de la política argentina.
  • La ley de voto femenino (1947) y la ley de derechos del trabajador (incorporada a la Constitución de 1949 y luego derogada, aunque su contenido influyó en el artículo 14 bis de la Constitución de 1957) figuran entre las realizaciones legislativas de mayor impacto de sus mandatos.

Si bien Perón no acumuló condecoraciones internacionales de primer orden como otros líderes de su época, su influencia excedió largamente las fronteras argentinas y su nombre quedó asociado a una corriente de pensamiento —el peronismo— que sigue siendo objeto de estudio en universidades y centros de investigación de todo el mundo.

6. Vida pública y legado[editar]

El legado de Perón es, probablemente, el más debatido en la historia argentina. Para sus partidarios, representa la incorporación de las mayorías populares a la vida política, la conquista de derechos sociales irreversibles y la construcción de una identidad nacional que rescató al país del colonialismo económico. Para sus detractores, encarna el germen del autoritarismo, la demagogia redistributiva, la destrucción de la institucionalidad republicana y la siembra de una división en la sociedad argentina que se prolongó durante generaciones.

La historiografía académica ha ido matizando progresivamente ambas visiones. Los estudios más recientes, basados en archivos y datos cuantitativos, muestran que las políticas sociales del peronismo produjeron una mejora mensurable en los indicadores de bienestar de las clases trabajadoras, pero también que el modelo de sustitución de importaciones ensayado por el peronismo generó desequilibrios macroeconómicos cuyas consecuencias se proyectaron al menos hasta la crisis de los años ochenta, y que la polarización política durante sus gobiernos fue un fenómeno real que excedió la mera "resistencia oligárquica" y comprometió a todos los actores.

En la cultura popular argentina, la figura de Perón ha sido objeto de innumerables representaciones. El tango, el teatro, el cine, la literatura y las artes plásticas han abordado su figura desde la devoción, la sátira, la nostalgia y el análisis crítico. Su relación con Evita, el exilio, el retorno y la muerte en el poder conforman un relato de ribetes casi novelescos que ha inspirado películas, series, musicales y ensayos en todo el mundo, desde la ópera rock "Evita" de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice hasta el cine de directores argentinos como Leonardo Favio y Juan José Campanella.

Con la restauración democrática de 1983, el peronismo resurgió como la principal fuerza política del país, pero lo hizo bajo liderazgos que, invocando el legado de Perón, siguieron rumbos muy diferentes entre sí, desde el neoliberalismo de los años noventa hasta los gobiernos de orientación nacional-popular del siglo XXI. Esa maleabilidad del peronismo es, en sí misma, una parte central del legado de su fundador: Perón creó un movimiento antes que un partido, una identidad antes que una plataforma fija, y esa ha sido la clave de su perduración.

7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La huella de Perón en el mundo de habla hispana desborda ampliamente el caso argentino. Durante su exilio en España, Perón tejió relaciones con sectores del franquismo tardío y con círculos de la oposición democrática. La residencia de Puerta de Hierro en Madrid se convirtió en lugar de peregrinaje para sindicalistas, políticos e intelectuales de toda América Latina, y el justicialismo influyó de manera directa o indirecta en la formación de movimientos políticos en Bolivia, Perú, Uruguay, Paraguay y Venezuela.

En la España de la Transición, la figura de Perón fue leída por algunos sectores como un ejemplo de régimen autoritario que había logrado incorporar a las masas trabajadoras sin una revolución violenta, una suerte de "fascismo de izquierdas" que suscitaba tanto fascinación como rechazo. En el resto de América Latina, el peronismo fue tempranamente identificado como un laboratorio de políticas que luego ensayarían, con matices, otros movimientos nacional-populares como el varguismo en Brasil, el aprismo en Perú y el propio PRI mexicano en su etapa cardenista. Sin embargo, la singularidad del peronismo radicó en el rol central que jugó la relación directa entre Perón y las masas, una suerte de vínculo plebiscitario sin mediaciones partidarias que le otorgó a su liderazgo una flexibilidad inusual.

En el siglo XXI, la vigencia del peronismo en el debate público hispanohablante es un dato ineludible. Las discusiones sobre el populismo, el papel del Estado en la economía, la relación entre líderes y masas, y la tensión entre justicia social y estabilidad institucional, se formulan una y otra vez en los términos que Perón contribuyó a instalar. La literatura académica en español sobre el peronismo es, probablemente, una de las más abundantes dedicadas a un movimiento político latinoamericano contemporáneo, y abarca desde la economía política y la sociología hasta la historia cultural y los estudios de género.[10]


  1. La experiencia patagónica marcó el imaginario de Perón, quien más tarde recordaría con frecuencia la dureza del clima, la vida de los peones rurales y el contacto directo con comunidades indígenas, elementos que aparecerían reelaborados en su discurso nacionalista posterior. ↩︎

  2. Durante su paso por el Colegio Militar, Perón compartió promoción con oficiales que más tarde ocuparían posiciones relevantes en el Ejército y en la política nacional; las redes forjadas en esos años resultaron decisivas en la preparación del golpe de 1943. ↩︎

  3. En sus escritos posteriores, Perón sostuvo que en Italia había tomado contacto directo con las políticas sociales del régimen de Mussolini, pero que su intención era adaptar aquella experiencia a las condiciones argentinas sin replicar el modelo de partido único. Esta afirmación ha sido objeto de intenso debate historiográfico; algunos autores enfatizan la admiración inicial y otros señalan que, en la práctica, el peronismo construyó un régimen de movilización de masas más parecido al laborismo británico que al fascismo italiano. ↩︎

  4. La transformación del modesto Departamento Nacional del Trabajo en una plataforma de alianzas con el movimiento obrero es considerada por la historiografía como uno de los ejemplos más notables de construcción de poder político desde una oficina estatal en la historia moderna. Perón comprendió antes que sus rivales que el voto obrero, todavía limitado pero en expansión, sería decisivo en cualquier salida electoral del régimen militar. ↩︎

  5. El IAPI ha sido objeto de valoraciones encontradas. Para sus defensores, permitió financiar la industrialización y desacoplar parcialmente a la Argentina del ciclo de precios de las materias primas. Para sus críticos, desalentó la producción agropecuaria al pagar precios inferiores a los del mercado internacional y generó una burocracia estatal ineficiente y permeable a la corrupción. El debate sobre sus efectos de largo plazo sigue abierto. ↩︎

  6. El bombardeo de Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955 es, todavía hoy, el ataque aéreo más mortífero realizado contra población civil en suelo argentino. Las estimaciones de víctimas fatales oscilan entre 308 y más de 350, dependiendo de las fuentes consultadas. ↩︎

  7. El acto del 1 de mayo de 1974 marcó un punto de no retorno en la relación de Perón con la Juventud Peronista y Montoneros. Las imágenes de la plaza semivacía tras la retirada de las columnas juveniles se convirtieron en un símbolo del fracaso del viejo líder para contener las fuerzas que su propio movimiento había desatado. ↩︎

  8. La "tercera posición" que Perón enunció en 1947 postulaba una vía argentina al desarrollo, equidistante de Washington y de Moscú. En la práctica, sin embargo, la política exterior peronista osciló entre gestos de autonomía (relaciones con la Unión Soviética y Cuba) y una alineación estratégica con Occidente en el marco de la Guerra Fría, sobre todo después de 1952. ↩︎

  9. La calificación del régimen peronista como "autoritario", "populista autoritario" o "democracia de masas con rasgos plebiscitarios" es uno de los debates más intensos de la historiografía argentina. Autores como Tulio Halperín Donghi lo enmarcan en una tradición de autoritarismo plebiscitario sudamericano; otros, como Norberto Galasso, subrayan que las libertades formales subsistieron y que el arco opositor mantuvo representación parlamentaria y capacidad de movilización incluso en los momentos de mayor tensión. ↩︎

  10. Algunas obras de referencia ineludibles en español incluyen los trabajos de Tulio Halperín Donghi, Juan Carlos Torre, Hugo Gambini, Norberto Galasso, Loris Zanatta y Raanan Rein. La publicación periódica de nuevas investigaciones y la digitalización de archivos han renovado el campo de estudios peronistas de manera notable durante las últimas dos décadas. ↩︎