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Miguel Hidalgo y Costilla

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Miguel Hidalgo y Costilla · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
CiudadesCiudad de México · San Miguel (Buenos Aires) · Guadalajara · San Antonio
HistoriaIndependencia de México · Historia de México · Revolución mexicana · Imperio español
PaísesMéxico · Estados Unidos · España
Miguel Hidalgo y Costilla
Nombre completoMiguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mondarte Villaseñor
Fecha de nacimiento8 de mayo de 1753
Lugar de nacimientoHacienda de Corralejo, Pénjamo, Alcaldía Mayor de León y Zacatula, Reino de México, Nueva España
Fecha de muerte30 de julio de 1811
Lugar de muerteChihuahua, Provincia de Nueva Vizcaya, Nueva España
Causa de muerteFusilamiento
NacionalidadNovohispana
ReligiónCatólica
OcupaciónSacerdote, profesor, militar insurgente
Años activo1778–1811
Conocido porSer el iniciador de la Independencia de México

1. Resumen[editar]

Miguel Hidalgo y Costilla fue un sacerdote católico, profesor y líder insurgente novohispano, reconocido como el principal iniciador del movimiento de independencia de México y honrado con el título de Padre de la Patria. La madrugada del 16 de septiembre de 1810, en la parroquia del pueblo de Dolores, pronunció una arenga a sus feligreses y al pueblo reunido para levantarse contra las autoridades virreinales, episodio conocido como el Grito de Dolores, que marca convencionalmente el inicio de la guerra de independencia mexicana.[1]

Hombre de formación ilustrada, dominio de varias lenguas indígenas y preocupación por el desarrollo económico y social de las clases populares, Hidalgo encabezó durante los primeros meses de la contienda un ejército improvisado que creció hasta alcanzar varias decenas de miles de personas, en su mayoría indígenas y mestizos pobres armados con hondas, lanzas e instrumentos agrícolas. Tomó las ciudades de Guanajuato y Valladolid (hoy Morelia) y obtuvo una victoria táctica en el Monte de las Cruces, a las puertas de la capital virreinal, pero decidió no ocupar la Ciudad de México, una decisión muy debatida por la historiografía. Derrotado en la batalla de Puente de Calderón en enero de 1811, fue capturado cuando se retiraba hacia el norte, sometido a un doble juicio —civil y eclesiástico—, degradado del sacerdocio y fusilado en Chihuahua. Su cabeza, junto con la de otros tres líderes insurgentes, fue exhibida en la Alhóndiga de Granaditas hasta 1821, cuando se consumó la independencia.

2. Primeros años y formación[editar]

Nació en el seno de una familia criolla en la Hacienda de Corralejo, en la jurisdicción de Pénjamo, actual estado de Guanajuato. Fue el segundo de cuatro hijos del matrimonio formado por Cristóbal Hidalgo y Costilla y Ana María Gallaga Mandarte y Villaseñor. La familia administraba la hacienda y gozaba de una posición desahogada aunque sin títulos nobiliarios.

La educación elemental la recibió en el propio entorno de la hacienda y después en el Colegio de San Francisco Javier, en Valladolid, de donde pasó al Colegio de San Nicolás Obispo, también en Valladolid, la misma institución donde cuarenta años después estudiaría José María Morelos. Cursó gramática latina, filosofía escolástica y teología. Se ordenó sacerdote en 1778 y celebró su primera misa en la parroquia de Dolores Hidalgo.

Su brillante desempeño académico lo llevó a convertirse en catedrático y posteriormente en rector del propio Colegio de San Nicolás, donde introdujo lecturas de autores ilustrados que en ese momento eran vigiladas por la Inquisición. Dominaba el latín, el francés, el italiano y varias lenguas indígenas de la región del Bajío, en particular el otomí y el náhuatl, lo que le permitió una comunicación directa con comunidades que después engrosarían las filas insurgentes.

3. Trayectoria sacerdotal y actividad previa a la insurrección[editar]

3.1. Labor pastoral en Dolores[editar]

A partir de 1803 se hizo cargo de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, un pueblo de población mayoritariamente indígena y mestiza en el Bajío guanajuatense. Allí desplegó una labor pastoral que desbordaba lo estrictamente religioso: fundó talleres de alfarería, herrería y carpintería, introdujo el cultivo de la morera para la cría de gusanos de seda y fomentó la producción de loza y ladrillo. Organizó una pequeña fábrica de curtiduría e instaló hornos para la elaboración de teja y ladrillo. También promovió la plantación de vides y olivos, actividades que chocaban con las restricciones comerciales del monopolio peninsular.[2]

Su casa en Dolores se convirtió en un punto de reunión de criollos ilustrados y descontentos con el régimen virreinal. Allí se celebraban tertulias que, bajo la apariencia de reuniones sociales, discutían las ideas de la Ilustración francesa y los acontecimientos de la Europa napoleónica.

3.2. La conspiración de Querétaro[editar]

Durante 1809 y 1810, Hidalgo se vinculó con grupos de criollos que conspiraban en la ciudad de Querétaro, apoyados por el corregidor Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz de Domínguez. El núcleo conspirador incluía a los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama, oficiales del Regimiento de Dragones de la Reina acantonado en San Miguel el Grande. La conspiración planeaba un levantamiento armado para octubre de 1810, aprovechando la debilidad de la monarquía española tras la invasión napoleónica de la península ibérica en 1808.

El plan fue descubierto por las autoridades virreinales a mediados de septiembre de 1810. La noticia del arresto inminente fue comunicada a los conspiradores por Josefa Ortiz de Domínguez a través de un mensaje urgente que llegó a San Miguel el Grande y de ahí a Dolores. Ante la imposibilidad de esperar la fecha prevista, Hidalgo y Allende decidieron adelantar el levantamiento.

4. La insurrección de 1810-1811[editar]

4.1. El Grito de Dolores[editar]

La madrugada del 16 de septiembre de 1810, Hidalgo mandó tocar las campanas de la parroquia de Dolores y reunió en el atrio al pueblo. El discurso que pronunció es objeto de debate histórico, pero el núcleo del mensaje era un llamado a levantarse contra el gobierno virreinal en nombre del rey Fernando VII —una ficción jurídica para no declarar abiertamente la independencia— y contra los peninsulares, a quienes se acusaba de haber entregado la Nueva España a los franceses. La tradición atribuye a la arenga las consignas «¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII! ¡Muera el mal gobierno!».

Esa misma mañana, el movimiento liberó a los presos de la cárcel local y partió hacia San Miguel el Grande, donde se sumó el regimiento de Allende. La columna insurgente creció exponencialmente al paso por las comunidades rurales del Bajío, alimentada por jornaleros agrícolas y mineros que veían en el levantamiento una posibilidad de revertir siglos de opresión.

4.2. Toma de Guanajuato y la Alhóndiga de Granaditas[editar]

El ejército insurgente, que ya contaba con 15.000 personas, llegó a la ciudad minera de Guanajuato el 28 de septiembre de 1810. Las autoridades y la población peninsular se habían refugiado en la Alhóndiga de Granaditas, un edificio construido originalmente como almacén de granos y diseñado con gruesos muros y pocas ventanas, lo que lo convertía en una fortaleza improvisada. El intendente Juan Antonio de Riaño dirigió la defensa.

La resistencia fue tenaz. Según el relato tradicional, un minero apodado «El Pípila» se cubrió la espalda con una losa de piedra y prendió fuego a la puerta principal, lo que permitió a los insurgentes irrumpir en el edificio. La Alhóndiga cayó tras varias horas de combate. La mayor parte de los defensores, incluido Riaño, murió durante el asalto o en las horas posteriores, en una matanza que marcó el inicio de la reputación violenta del movimiento insurgente y que le valió críticas incluso entre sus partidarios.[3]

4.3. Avance hacia Valladolid y el Monte de las Cruces[editar]

Tras la toma de Guanajuato, el ejército insurgente se dirigió a Valladolid, ciudad que fue ocupada sin resistencia el 17 de octubre de 1810. Allí Hidalgo emitió un primer decreto de abolición de la esclavitud en el territorio insurgente, promulgado el 6 de diciembre, adelantándose décadas a otras naciones hispanoamericanas.

La columna, que había engrosado hasta unas 80.000 personas según los cronistas de la época —aunque con muy pocos soldados entrenados y escaso armamento de fuego—, emprendió la marcha hacia la capital virreinal. El 30 de octubre de 1810 se enfrentó en el Monte de las Cruces a una fuerza realista comandada por el teniente coronel Torcuato Trujillo. Los insurgentes obtuvieron una victoria táctica, pero sufrieron un número muy elevado de bajas.

Con la Ciudad de México al alcance, Hidalgo tomó la decisión de no avanzar hacia la capital y en su lugar ordenar la retirada hacia el Bajío. Las razones de esta determinación constituyen uno de los puntos más discutidos de la historiografía mexicana: escasez de municiones, temor a un ataque simultáneo de las fuerzas que el virrey Francisco Javier Venegas había concentrado en la capital, el riesgo de una matanza descontrolada similar a la de Guanajuato, y el deseo de reorganizar la fuerza insurgente antes de un asalto definitivo. Allende y otros jefes militares discreparon amargamente de la decisión, lo que profundizó las tensiones en la cúpula insurgente.

4.4. Derrota en Puente de Calderón y captura[editar]

El repliegue insurgente fue seguido por una contraofensiva realista. En enero de 1811, las fuerzas comandadas por el general Félix María Calleja del Rey alcanzaron al ejército insurgente cerca de Guadalajara. La batalla decisiva se libró el 17 de enero de 1811 en el Puente de Calderón, a orillas del río del mismo nombre. Un disparo de artillería realista hizo estallar un carro de municiones insurgente y provocó un incendio que sembró el pánico entre las filas de Hidalgo, desbandándose el ejército en desorden.

La derrota fue total. Hidalgo fue relevado del mando militar en una junta de jefes insurgentes —en la hacienda de Pabellón— y emprendió la retirada hacia el norte con la intención de buscar apoyo en los Estados Unidos. En el trayecto fue traicionado por Francisco Ignacio Elizondo y capturado junto con Allende, Aldama y otros líderes en Acatita de Baján, en las Norias de Baján, el 21 de marzo de 1811.

4.5. Juicios, degradación y ejecución[editar]

Hidalgo fue conducido a Chihuahua, donde enfrentó un proceso civil por «alta traición» y otro eclesiástico por herejía y cisma. El tribunal de la Inquisición lo encontró culpable de sostener proposiciones contrarias a la fe católica y a la autoridad del papa. Como sacerdote, no podía ser ejecutado por la autoridad civil sin antes ser degradado de su condición clerical. La ceremonia de degradación, en la que se le despojó simbólicamente de las vestiduras y atributos sacerdotales, se realizó el 29 de julio de 1811.

Fue fusilado al amanecer del 30 de julio de 1811 en el patio del Hospital Real de Chihuahua. Su cadáver, junto con los de Allende, Aldama y José Mariano Jiménez, fue decapitado. Las cuatro cabezas fueron enviadas a Guanajuato y colocadas en jaulas de hierro colgadas de las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, donde permanecieron como advertencia pública hasta 1821, cuando México consumó su independencia bajo el liderazgo de Agustín de Iturbide.

5. Pensamiento e influencias intelectuales[editar]

La formación intelectual de Hidalgo fue la de un eclesiástico ilustrado del siglo XVIII novohispano. En el Colegio de San Nicolás había tenido acceso a las obras de la Ilustración francesa —Rousseau, Voltaire, Diderot, Montesquieu—, así como a los teólogos y juristas de la Escuela de Salamanca que habían debatido durante siglos la legitimidad del poder político y los derechos de los pueblos indígenas.

Sus medidas de gobierno durante los meses que encabezó la insurrección revelan un programa que combinaba reivindicaciones inmediatas —abolición de la esclavitud, supresión de los tributos que gravaban a las comunidades indígenas, devolución de tierras a pueblos despojados— con el objetivo político de constituir un gobierno propio para la Nueva España, aunque la formulación de ese proyecto no llegó a madurar antes de su captura.

En el terreno religioso, su pensamiento fue objeto de escrutinio inquisitorial. Algunos testimonios del proceso lo acusan de haber puesto en duda la autoridad del papa, de negar la virginidad de María y de leer libros prohibidos por el Índice. La historiografía moderna tiende a tratar con cautela estos testimonios, obtenidos bajo coerción o mediados por la voluntad de justificar la condena.

6. Legado y presencia en la memoria nacional[editar]

Miguel Hidalgo es la figura central del panteón cívico mexicano. El 16 de septiembre, aniversario del Grito de Dolores, es la principal fiesta nacional de México. El presidente de la República, a las once de la noche del día 15, rememora el llamado desde el balcón central de Palacio Nacional, repicando la campana original de Dolores —trasladada a la capital— y vitoreando a los héroes de la independencia.

Sus restos reposan en la Columna de la Independencia, en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México, junto con los de otros líderes insurgentes, desde que fueron trasladados allí en 1925.

La figura de Hidalgo ha sido objeto de usos políticos diversos a lo largo de la historia mexicana: reivindicado por gobiernos liberales, por la Revolución mexicana y por el nacionalismo post-revolucionario, su imagen —el rostro severo, la calva, el mechón blanco sobre la frente— se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles del país. Un retrato suyo, obra de Joaquín Ramírez, preside innumerables oficinas públicas y planteles escolares.

Varios estados y municipios llevan su nombre: el estado de Hidalgo, creado en 1869; la ciudad de Dolores Hidalgo, en Guanajuato; y decenas de localidades repartidas por toda la geografía nacional.

7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

Fuera de México, la figura de Hidalgo es menos conocida como personaje histórico de detalle y más como referencia simbólica asociada a las conmemoraciones de independencia latinoamericanas. En varios países de Centroamérica —que entre 1822 y 1823 formaron parte del Primer Imperio Mexicano— el nombre de Hidalgo aparece vinculado a parques, calles y monumentos erigidos durante los siglos XIX y XX.

En España, el conocimiento de Hidalgo suele limitarse al contexto más amplio de las guerras de independencia hispanoamericanas, sin la centralidad que tiene en México. La historiografía española contemporánea tiende a analizar su figura dentro del proceso de disolución del Imperio español más que como héroe o villano, aunque el tono varía significativamente según la corriente historiográfica y la época.

En los Estados Unidos, varias ciudades con importante población de origen mexicano —Chicago, Los Ángeles, Houston, San Antonio— cuentan con estatuas, murales o parques dedicados a Hidalgo, generalmente promovidos por comunidades chicanas y mexicano-americanas a lo largo del siglo XX. La más conocida de estas estatuas se encuentra en la Plaza de las Américas en Chicago[sin verificar].

En el ámbito del español estándar, «ser un Hidalgo» —aunque el apellido existe independientemente del personaje— se usa en México coloquialmente para referirse a alguien que inicia una causa o encabeza un movimiento de forma idealista, a menudo con una connotación de sacrificio personal.

8. Véase también[editar]


  1. No existe un registro textual exacto del discurso. Las versiones que circulan fueron reconstruidas por testigos años después, con variaciones notables en su redacción y en las consignas que incluyen; la más conocida es la que recoge Lucas Alamán en su Historia de México. ↩︎

  2. Estas actividades productivas violaban las Leyes de Indias que prohibían ciertos cultivos e industrias en las colonias para evitar competencia con los productores de la metrópoli. Las autoridades virreinales ordenaron destruir algunas de sus plantaciones de vid y morera en más de una ocasión. ↩︎

  3. La historiografía moderna debate si la matanza fue instigada por Hidalgo o si resultó de la incapacidad de contener a una masa enardecida y sin disciplina militar. Lo cierto es que la toma de Guanajuato causó consternación en la capital virreinal y contribuyó a la decisión del virrey Venegas de poner precio a la cabeza de Hidalgo por la suma de diez mil pesos. ↩︎