Historia de México
| Período más estudiado | 3500 a. C. – presente |
|---|---|
| Poblamiento temprano | ca. 33 000 a. C. |
| Primeras aldeas agrícolas | ca. 5000 a. C. |
| Civilización olmeca | ca. 1200–400 a. C. |
| Período Clásico mesoamericano | ca. 200–900 d. C. |
| Período Posclásico | ca. 900–1521 |
| Llegada de españoles | 1517–1519 |
| Caída de México‑Tenochtitlan | 13 de agosto de 1521 |
| Virreinato de Nueva España | 1535–1821 |
| Consumación de la Independencia | 27 de septiembre de 1821 |
| Revolución mexicana | 1910–1917/1920 |
| Constitución vigente | 5 de febrero de 1917 |
| Población actual (est.) | 129 millones |
1. Resumen[editar]
La historia de México es una de las más largas y complejas del continente americano. Abarca desde la llegada de los primeros grupos humanos —hace más de treinta milenios— hasta el presente, pasando por la formación y caída de grandes civilizaciones mesoamericanas, tres siglos de dominio virreinal español, un turbulento siglo XIX marcado por guerras internas y externas, la Revolución de principios del siglo XX y la paulatina construcción de un estado moderno.
El espacio que hoy ocupa
México fue uno de los centros originarios de la agricultura
y la domesticación del maíz, y en él florecieron culturas como la olmeca, la maya, la
teotihuacana, la zapoteca, la tolteca y la mexica, que compartieron rasgos que los
arqueólogos agrupan bajo el concepto de Mesoamérica. Esa herencia indígena se mezcló,
a partir del siglo XVI, con la española y, en menor medida, con la africana —resultado de
la trata esclavista— para producir una sociedad novohispana que acabó por romper con la
metrópoli en 1821. El México independiente conoció la inestabilidad crónica, la pérdida de
más de la mitad de su territorio en la guerra con
Estados Unidos (1846‑1848), una efímera
monarquía europea, la reforma liberal encabezada por Benito Juárez y el largo régimen
porfirista. La Revolución que estalló en 1910 transformó el país en profundidad y legó la
Constitución que todavía hoy lo rige.
En el siglo XX México transitó de un sistema de partido hegemónico a una democracia electoral competitiva, se industrializó, multiplicó por más de siete su población y extendió su influencia cultural en todo el mundo hispanohablante, sobre todo a través del cine, la música, la literatura y la televisión.
2. Primeros pobladores y prehistoria de México[editar]
Los indicios más antiguos de presencia humana en el territorio mexicano proceden de yacimientos como El Cedral (San Luis Potosí) y Tlapacoya (Estado de México), donde se han recuperado restos de fauna y artefactos líticos asociados a fechas que algunos investigadores sitúan entre 33 000 y 20 000 años a. C. Otros sitios, como la cueva del Chiquihuite en Zacatecas, han arrojado dataciones todavía más controvertidas que podrían remontarse a 30 000 a. C.[1] La mujer del Peñón III y el hombre de Tepexpan, hallados en la Cuenca de México, dan fe de ocupación humana durante el final del Pleistoceno.
Alrededor del 5000 a. C. diversas bandas de cazadores‑recolectores comenzaron en los valles del centro‑sur del actual México el largo proceso de domesticación de plantas que desembocó en la agricultura del maíz, la calabaza, el frijol y el chile. La generalización de la vida aldeana es perceptible hacia el 2500‑1500 a. C., en el llamado Preclásico temprano, con sitios como los de la costa del Golfo y el valle de Tehuacán. La adopción de la cerámica, el pulimento de piedra y una incipiente estratificación social anuncian ya el horizonte civilizatorio mesoamericano.
3. Mesoamérica: horizonte civilizatorio compartido[editar]
Mesoamérica es el nombre que el antropólogo Paul Kirchhoff asignó en 1943 a la región cultural que, desde el centro‑norte del México actual hasta Centroamérica, compartió rasgos como el cultivo del maíz, el ritual del juego de pelota, el calendario de 260 días, la escritura jeroglífica y la edificación de basamentos piramidales. La mayor parte de esa región se encuentra dentro de las fronteras mexicanas actuales.
3.1 Olmecas: la cultura madre[editar]
La primera gran civilización mesoamericana floreció en la llanura costera del Golfo, en
lo que hoy son el sur de Veracruz y el occidente de
Tabasco, entre aproximadamente 1200 y
400 a. C. Los olmecas levantaron centros ceremoniales como San Lorenzo, La Venta y Tres
Zapotes, esculpieron las colosales cabezas de piedra que los han hecho célebres y
establecieron muchos de los patrones simbólicos —el jaguar, los atributos del gobernante—
que las culturas posteriores heredarían.
3.2 Período Preclásico tardío y diferenciación regional[editar]
A lo largo de los últimos siglos anteriores a nuestra era se configuraron los grandes estilos regionales que preludian el esplendor del Clásico. En el valle de Oaxaca los zapotecas fundaron Monte Albán (ca. 500 a. C.); en la Cuenca de México surgió Cuicuilco, primer centro de poder regional que sucumbió ante las lavas del volcán Xitle, y más tarde Teotihuacan empezó a concentrar población.
En el área maya, al sur y sureste del México actual, el Preclásico tardío vio los primeros grandes asentamientos como El Mirador y Nakbé, en el Petén guatemalteco, y más tarde Calakmul y Komchén en la península de Yucatán. La escritura y el calendario mayas ya estaban en uso antes del inicio del período Clásico.
3.3 Período Clásico (ca. 200–900 d. C.)[editar]
El Clásico es la etapa en que Mesoamérica alcanzó su máxima densidad de población y su mayor refinamiento artístico e intelectual. En el centro de México, Teotihuacan llegó a ser una de las mayores ciudades del mundo antiguo, con unos 100 000 a 200 000 habitantes. Su traza ortogonal, sus monumentales pirámides del Sol y de la Luna y sus complejos de apartamentos expresan una sociedad altamente planificada. La influencia teotihuacana se extendió hasta el área maya y Oaxaca, ya fuera comercial o militar.
La civilización maya alcanzó su esplendor en esta época. Decenas de ciudades‑estado —Palenque, Yaxchilán, Calakmul, Piedras Negras, Comalcalco, entre otras— competían y se aliaban en un paisaje político dinámico, mientras producían obras maestras de la escultura, la cerámica y la arquitectura. Los mayas afinaron un sistema de escritura logosilábico —el más completo de la América prehispánica— y llevaron los conocimientos astronómicos y calendáricos a un nivel difícilmente superado.
En Oaxaca, Monte Albán siguió siendo la capital zapoteca más influyente durante el Clásico temprano y medio. Su famoso “edificio de los Danzantes” testimonia una temprana escritura y la práctica del sacrificio de cautivos.
El colapso del Clásico
Entre los siglos VIII y IX una cadena de crisis —agotamiento ecológico, sobreexplotación agrícola, guerras endémicas— provocó el abandono de las grandes urbes del Clásico. En el centro de México, Teotihuacan ya había sido incendiado y abandonado hacia 550‑650 d. C. En el área maya central el colapso fue traumático: la mayoría de las ciudades fueron despobladas entre 800 y 900 d. C., aunque en las tierras bajas del norte de Yucatán surgirían luego nuevos centros de poder.
3.4 Período Posclásico (ca. 900–1521)[editar]
El Posclásico es la época de los toltecas, los mexicas (aztecas), los mayas de la Liga de Mayapán y el reino mixteco. Es una etapa de militarismo acentuado, intensa actividad mercantil y redes políticas cuyo centro de gravedad se fue desplazando hacia el altiplano central.
Los toltecas, con centro en Tula (Hidalgo), forjaron en los siglos X‑XII una leyenda de poder que los mexicas y otras culturas posteriores reivindicarían. Su “rey‑sacerdote” Quetzalcóatl —personaje histórico quizá, mito sin duda— se convertiría en un eje cosmogónico mesoamericano.
A la caída de Tula sucedió un período de migraciones y reacomodos. Uno de los últimos grupos en llegar al valle de México fue el de los mexicas, que en 1325 fundaron México‑Tenochtitlan sobre un islote del lago de Texcoco. En menos de dos siglos los mexicas, aliados con Texcoco y Tlacopan (la Triple Alianza), construyeron un imperio tributario que abarcaba la mayor parte del centro y sur del México actual. Su capital era una de las mayores metrópolis del mundo, con unos 200 000 habitantes al momento del contacto, y su mercado de Tlatelolco asombraba a los conquistadores españoles por su organización y variedad.
En el sur, el Posclásico fue la época de florecimiento de los reinos mixtecos, hábiles orfebres y autores de los célebres códices que documentan sus genealogías y conquistas. En Yucatán, la Liga de Mayapán agrupó a los principales linajes mayas hasta su disolución hacia 1450.
4. La conquista española (1517–1521)[editar]
Las primeras expediciones españolas que rozaron las costas mexicanas fueron mandadas por Francisco Hernández de Córdoba (1517) y Juan de Grijalva (1518). Ambas detectaron la existencia de una civilización rica y despertaron el interés de Diego de Velázquez, gobernador de Cuba, quien encargó una tercera expedición al mando de Hernán Cortés.
Cortés zarpó de Santiago de Cuba en febrero de 1519 con once navíos, unos 500 soldados y varios caballos. Después de tocar Cozumel y la costa tabasqueña —donde venció a los chontales y recibió como intérprete a Malinche (Malintzin)— fundó la Villa Rica de la Vera Cruz, el primer ayuntamiento español en territorio continental de México, y se desligó legalmente de Velázquez para responder directamente ante la Corona de Castilla.
La entrada hacia el altiplano siguió una ruta que le permitió tejer alianzas con pueblos sometidos o enfrentados a los mexicas, en especial con los tlaxcaltecas, que se convirtieron en sus principales aliados indígenas. Tras la llamada matanza de Cholula, los españoles alcanzaron Tenochtitlan el 8 de noviembre de 1519 y fueron recibidos sin hostilidad por el huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin.
Al cabo de meses de tensión creciente, el episodio de la matanza del Templo Mayor
—durante la ausencia de Cortés— precipitó la llamada “Noche Triste” del 30 de junio de
1520, en que los españoles y sus aliados sufrieron fuertes pérdidas al intentar evacuar
la ciudad. Refugiados en
Tlaxcala, los conquistadores reorganizaron sus fuerzas,
construyeron bergantines para operar en el lago y, tras un asedio de 75 días, capturaron
a Cuauhtémoc el 13 de agosto de 1521. La ciudad de México‑Tenochtitlan cayó ese día.
Sobre sus ruinas se empezó a levantar la nueva capital del que sería el Virreinato de
Nueva España.
5. Virreinato de Nueva España (1535–1821)[editar]
5.1 Instauración y consolidación[editar]
El Virreinato de Nueva España fue establecido formalmente en 1535 con la llegada del
primer virrey, Antonio de Mendoza. Su jurisdicción abarcó, en su máxima extensión, desde
lo que hoy es el occidente de Estados Unidos hasta Centroamérica (salvo
Panamá) y las
posesiones españolas en el Caribe y Filipinas. La capital se ubicó en la Ciudad de
México, construida sobre la antigua Tenochtitlan.
La conquista espiritual fue obra, sobre todo, de franciscanos, dominicos y agustinos, que fundaron misiones, escuelas (como el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco) y recogieron en obras como el Códice Florentino de fray Bernardino de Sahagún un testimonio insustituible de la cultura indígena.
La demografía indígena sufrió un desplome catastrófico: de una población estimada en unos 12 a 25 millones antes del contacto, quedó reducida a poco más de un millón hacia inicios del siglo XVII, debido a las epidemias de viruela, sarampión y otras enfermedades importadas contra las que los nativos carecían de defensas.
5.2 Economía y sociedad novohispanas[editar]
La minería de plata fue el motor económico del virreinato. Los yacimientos de Zacatecas,
Guanajuato, San Luis Potosí y más tarde Real del Monte y Taxco convirtieron a Nueva
España en la principal productora mundial de plata durante tres siglos. La agricultura, la
ganadería extensiva y la manufactura textil (los obrajes) completaban el cuadro.
La sociedad novohispana se organizó en torno a un sistema de corporaciones y en una jerarquía que, aunque nunca estanca, distinguía entre peninsulares, criollos, indígenas, mestizos y población de origen africano. Las llamadas reformas borbónicas del siglo XVIII intentaron centralizar la administración, aumentar la recaudación fiscal y recortar los privilegios de las corporaciones, en particular de la Iglesia y los consulados de comerciantes.
5.3 El siglo XVIII y el germen independentista[editar]
El siglo XVIII novohispano fue un tiempo de crecimiento económico, auge cultural —con figuras como sor Juana Inés de la Cruz o Carlos de Sigüenza y Góngora— y reacomodo de élites criollas que veían cada vez con más recelo el monopolio peninsular de los altos cargos y las restricciones comerciales. La expulsión de los jesuitas en 1767, la Ilustración y el ejemplo de la independencia de las Trece Colonias y de la Revolución francesa aportaron ingredientes ideológicos a un descontento que estallaría en 1810.
6. Independencia de México (1810–1821)[editar]
El movimiento de independencia puede contarse a partir del 16 de septiembre de 1810, cuando el cura Miguel Hidalgo y Costilla llamó a sus feligreses de Dolores a levantarse contra el gobierno virreinal —el célebre “Grito de Dolores”—. Hidalgo, acompañado por los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama, encabezó una insurrección popular que tomó varias ciudades del Bajío, pero fue derrotado, capturado y fusilado en 1811.
El liderazgo pasó a otro sacerdote, José María Morelos y Pavón, que dio al movimiento un carácter más organizado: convocó el Congreso de Chilpancingo, que en 1813 declaró formalmente la independencia y promulgó la primera constitución mexicana. Morelos fue apresado y fusilado en 1815.
Durante los años siguientes la insurgencia quedó reducida a partidas guerrilleras al mando de figuras como Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria y Francisco Xavier Mina. La restauración de la Constitución liberal de Cádiz en 1820, que incomodó a los sectores más conservadores de la élite novohispana, permitió al criollo Agustín de Iturbide pactar con los insurgentes y proclamar el Plan de Iguala, que establecía la independencia, la defensa de la religión católica y la unión de todos los habitantes. El 27 de septiembre de 1821 el Ejército Trigarante entró en la Ciudad de México y se consumó la independencia.
7. El primer México independiente (1821–1855)[editar]
7.1 Imperio y república federal[editar]
Tras la independencia se sucedieron dos proyectos de nación contrapuestos. Primero se adoptó la monarquía constitucional: Agustín de Iturbide fue coronado emperador en 1822, pero su gobierno duró apenas diez meses; en 1823 abdicó y se instauró una república federal según el modelo estadounidense. La constitución de 1824 dio al país el nombre de Estados Unidos Mexicanos y dividió el poder en ejecutivo, legislativo y judicial.
La joven república heredó un territorio inmenso —que incluía Texas, Nuevo México, Alta California y toda la franja norte— y una hacienda exhausta. Las pugnas entre centralistas y federalistas, y entre liberales y conservadores, se tradujeron en una inestabilidad crónica: en 30 años hubo más de treinta cambios de presidente.
7.2 Guerra con Estados Unidos (1846–1848)[editar]
La anexión de Texas por Estados Unidos en 1845 y la disputa por los límites fronterizos llevaron a una guerra abierta entre ambos países. Las tropas estadounidenses invadieron el norte, Veracruz y la capital, que fue ocupada en septiembre de 1847. El Tratado de Guadalupe Hidalgo (2 de febrero de 1848) costó a México más de la mitad de su territorio: Alta California, Nuevo México y la mayor parte de los actuales estados de Arizona, Nevada, Utah y Colorado. Poco después, la venta de La Mesilla (1853) completó la sesión.
7.3 Reforma liberal[editar]
A partir de 1855 los liberales, encabezados por Benito Juárez, Melchor Ocampo y Miguel Lerdo de Tejada, impulsaron una profunda reforma del estado: ley de desamortización de los bienes eclesiásticos y corporativos (Ley Lerdo), separación Iglesia‑Estado, registro civil, secularización de cementerios y la constitución liberal de 1857. La resistencia conservadora desembocó en la Guerra de Reforma (1858‑1861), que ganó el bando liberal.
8. La Intervención francesa y el Segundo Imperio (1861–1867)[editar]
Habiendo declarado la suspensión de pagos de la deuda externa en 1861, México se enfrentó a la protesta de Francia, el Reino Unido y España. Británicos y españoles acabaron retirándose, pero Napoleón III de Francia emprendió una intervención que desembocó en la ocupación de la capital y la instauración de un imperio sustentado por los conservadores mexicanos. El archiduque austriaco Maximiliano de Habsburgo fue ofrecido la corona y llegó a México en 1864.
El gobierno republicano de Juárez se replegó hacia el norte sin dejar de ejercer su autoridad. El imperio carecía de recursos y de apoyo popular. Cuando Francia retiró sus tropas en 1866‑1867, las fuerzas republicanas recuperaron el terreno perdido y pusieron sitio a Querétaro. Maximiliano, capturado, fue fusilado en el Cerro de las Campanas el 19 de junio de 1867. La república quedó restaurada.
9. El Porfiriato (1876–1911)[editar]
Porfirio Díaz, general liberal que había combatido contra el imperio, accedió a la presidencia por la rebelión de Tuxtepec en 1876. Salvo el breve interregno de Manuel González (1880‑1884), Díaz gobernó de manera ininterrumpida hasta 1911[2], período que se conoce como el Porfiriato.
El Porfiriato combinó un férreo autoritarismo político —la famosa máxima “poca política, mucha administración”— con la construcción de ferrocarriles, puertos y líneas telegráficas, la expansión de la minería y la explotación petrolera, y un espectacular aumento de la inversión extranjera, principalmente estadounidense y británica. La hacienda pública se saneó, el crédito internacional mejoró y las clases urbanas se ensancharon. Pero la modernización tuvo costos sociales graves: despojo de tierras comunales, represión de huelgas (como las de Río Blanco y Cananea), desigualdad extrema y ausencia de libertades políticas. Hacia 1910 había alrededor de 15 millones de mexicanos, la mayoría rurales y analfabetos.
10. La Revolución mexicana (1910–1920)[editar]
10.1 El derrocamiento de Díaz[editar]
El levantamiento antirreeleccionista de Francisco I. Madero, que llamó a las armas en noviembre de 1910 bajo la divisa “Sufragio efectivo, no reelección”, prendió en varios puntos del país. En mayo de 1911 los revolucionarios tomaron Ciudad Juárez y Díaz presentó su renuncia. Madero ganó las elecciones de octubre de 1911, pero no logró estabilizar el país. Las facciones que lo habían apoyado —los zapatistas en Morelos, los villistas en el norte— se alzaron contra él cuando la reforma agraria no llegó.
En febrero de 1913 un golpe militar encabezado por Victoriano Huerta —la “Decena Trágica”— culminó con el asesinato de Madero y el vicepresidente Pino Suárez. La dictadura huertista volvió a unir a las distintas corrientes revolucionarias en el Constitucionalismo, dirigido por Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Francisco Villa y Emiliano Zapata. Huerta renunció en julio de 1914.
10.2 Lucha de facciones[editar]
Sin el enemigo común, los revolucionarios se enfrentaron entre sí. La Convención de Aguascalientes (octubre‑diciembre de 1914) pretendió unificar el mando pero acabó rompiendo a los constitucionalistas y los convencionistas. Durante 1915 los ejércitos constitucionalistas de Carranza y Obregón derrotaron decisivamente a la División del Norte de Villa en una serie de batallas —Celaya, León, Aguascalientes— mientras Zapata y su Ejército Libertador del Sur mantenían el control del estado de Morelos.
En 1916 Carranza, ya dueño de la mayor parte del país, convocó un Congreso Constituyente en Querétaro. El 5 de febrero de 1917 se promulgó una nueva constitución, la primera en el mundo en consagrar derechos sociales: artículo 27 (propiedad originaria de la nación sobre el suelo y el subsuelo), artículo 123 (jornada de ocho horas, derecho de huelga, salario mínimo) y artículo 3 (educación laica, gratuita y obligatoria). Con el asesinato de Zapata en 1919 y el de Carranza en 1920, la fase armada tocó a su fin.
11. México posrevolucionario (1920–1940)[editar]
Sobre las cenizas de la guerra se construyó un nuevo régimen político, de partido predominante, que fue consolidándose bajo los gobiernos de la “dinastía sonorense”: Obregón (1920‑1924) y Plutarco Elías Calles (1924‑1928). El conflicto entre el Estado posrevolucionario y la Iglesia católica estalló en la Guerra Cristera (1926‑1929), sangriento levantamiento campesino en el centro‑occidente del país.
En 1929 Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR), embrión del partido que —con sucesivas transformaciones (PRM, PRI)— gobernaría México durante el resto del siglo XX. La presidencia de Lázaro Cárdenas (1934‑1940) marcó el punto más alto del nacionalismo revolucionario: aceleró el reparto agrario, nacionalizó los ferrocarriles y, el 18 de marzo de 1938, expropió la industria petrolera.
12. Estabilidad y desarrollo (1940–1970)[editar]
Las décadas posteriores a 1940 se conocen en la historiografía mexicana como el período del “Milagro mexicano” o desarrollo estabilizador. La economía creció a tasas del 6 % anual durante más de treinta años, con inflación baja, fuerte inversión en infraestructura, urbanización acelerada y un aumento dramático de la alfabetización.
El sistema político se basaba en un presidencialismo fuerte y en la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional, que cooptaba o reprimía a las disidencias. El movimiento estudiantil de 1968 —que demandaba libertades democráticas— fue aplastado con la matanza de Tlatelolco el 2 de octubre, hecho que marcaría el inicio del agotamiento del modelo autoritario.
13. México en el último cuarto del siglo XX[editar]
13.1 Crisis económica y reformas estructurales[editar]
El descubrimiento de grandes yacimientos petroleros a finales de los años setenta hizo que el gobierno se endeudara masivamente, confiando en los altos precios del crudo. La caída de estos en 1981‑1982 desencadenó una crisis de deuda externa, devaluaciones brutales y una década perdida en términos de crecimiento.
En los años ochenta y noventa México viró hacia una economía de mercado abierto. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en vigor desde el 1 de enero de 1994, integró su economía a las de Estados Unidos y Canadá. Ese mismo año, el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas —el 1 de enero— puso en evidencia la fractura social que las reformas no habían resuelto.
13.2 Transición democrática[editar]
La hegemonía priista empezó a resquebrajarse desde 1988, cuando una candidatura disidente de izquierda (Frente Democrático Nacional) obtuvo un resultado que muchos consideraron fraudulento. La reforma electoral de los años noventa instituyó un organismo autónomo (antecedente del INE) y dio paso a una competencia genuina. En las elecciones presidenciales del 2 de julio de 2000 el candidato del conservador Partido Acción Nacional, Vicente Fox, obtuvo la victoria y puso fin a más de siete décadas de gobierno priista ininterrumpido. La alternancia se consolidó con las presidencias subsecuentes de Felipe Calderón (PAN) y Enrique Peña Nieto (PRI).
14. México en el siglo XXI[editar]
Desde el año 2000 México ha combinado estabilidad macroeconómica relativa con graves problemas de violencia, corrupción y desigualdad. La población superó los 126 millones de habitantes, la migración a Estados Unidos se mantuvo como válvula de escape para millones y las remesas se convirtieron en una de las principales fuentes de divisas.
La llamada “guerra contra el narcotráfico” iniciada por el gobierno de Calderón en 2006 militarizó segmentos de la seguridad pública y disparó los niveles de violencia homicida. En contraste, el país mantuvo estabilidad financiera, diversificó algunos sectores manufactureros —sobre todo la industria automotriz— y consolidó una presencia cultural global gracias a sus cineastas, escritores, músicos y celebridades deportivas.
15. México en el mundo hispanohablante[editar]
México es la nación con mayor número de hispanohablantes del planeta. Su peso demográfico, su industria cultural y su vecindad con Estados Unidos han hecho del español mexicano el dialecto más difundido por los medios masivos. La “Época de Oro” del cine mexicano (1936‑1956) pobló las pantallas de toda América Latina y España con figuras como Pedro Infante, Jorge Negrete, María Félix y Cantinflas. Más tarde, las telenovelas producidas por Televisa y TV Azteca se convirtieron en un producto de exportación cultural de primer orden: desde “Los ricos también lloran” hasta “Rubí” y “La reina del sur”, capítulos enteros de la historia del melodrama televisivo mundial llevan sello mexicano.
En literatura, México ha dado al idioma a su único premio Nobel de Literatura (Octavio Paz, 1990) y a nombres canónicos del siglo XX en lengua española, como Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Rosario Castellanos o Elena Poniatowska. En fechas más recientes nuevas voces —Valeria Luiselli, Yuri Herrera, Fernanda Melchor— se leen con avidez en todo el ámbito hispanohablante.
La música ranchera, el mariachi, el bolero ranchero y, más tarde, figuras como Juan
Gabriel, Luis Miguel,
Café Tacvba o Natalia Lafourcade han consolidado la presencia
sonora mexicana. En el deporte, el boxeo y el fútbol son las industrias con mayor eco
regional; la
Selección de fútbol de México es una de las más seguidas en el mundo de
habla hispana, y estadios como el Azteca son reconocidos como templos del fútbol
latinoamericano.[3]
La presencia de México en organismos multilaterales hispanoamericanos —la OEA, la Cumbre Iberoamericana, el Grupo de Río (hoy CELAC)— y los flujos migratorios hacia CDMX y Guadalajara desde otras partes de la región subrayan que, ya sea por historia, economía o cultura, México sigue siendo un interlocutor central de cualquier conversación sobre el mundo hispánico.
Las dataciones del Chiquihuite publicadas en 2020 no lograron el consenso pleno de la comunidad arqueológica; algunos especialistas cuestionan la naturaleza antrópica de las lascas encontradas. ↩︎
Formalmente, Díaz se reeligió en 1884, 1888, 1892, 1896, 1900, 1904 y 1910. Las elecciones eran indirectas y controladas por el régimen. ↩︎
El Estadio Azteca, inaugurado en 1966, es uno de los dos únicos recintos que han albergado dos finales de la Copa Mundial de la FIFA (1970 y 1986). México fue sede del Mundial en ambas ocasiones y volvió a serlo, junto con Estados Unidos y Canadá, en ↩︎