Eneida
| Eneida (Aeneis) | |
|---|---|
| Autor | Publio Virgilio Marón |
| Fecha de composición | Del 29 a. C. al 19 a. C., año de la muerte del autor |
| Lengua original | Latín |
| Extensión | 12 libros y 9.896 versos; unos 60 quedaron métricamente inconclusos |
| Metro | Hexámetro dactílico |
| Estado | Inacabada a la muerte del autor |
| Protagonista | Eneas, príncipe troyano hijo de Anquises y de la diosa Venus |
| Modelos | Los libros I-VI siguen el patrón de la Odisea; los VII-XII, el de la Ilíada |
| Función política | Vincular el origen de Roma con Troya y legitimar la gens Julia —y con ella a Julio César y a Augusto— como descendiente de Ascanio, llamado también Iulo |
1. Resumen[editar]
La Eneida (Aeneis) es el poema épico latino compuesto por Publio Virgilio Marón entre el año 29 y el 19 a. C., y la obra fundacional de la literatura romana. Consta de doce libros y 9.896 versos en hexámetro dactílico, y narra el viaje del príncipe troyano Eneas desde las ruinas de Troya hasta el Lacio, donde su descendencia fundará Roma.
Su propósito es doble y explícito. Es, por un lado, una respuesta latina a Homero: los seis primeros libros reproducen el esquema de la Odisea —un viaje lleno de obstáculos hacia una tierra prometida— y los seis últimos el de la Ilíada —una guerra por esa tierra—, comprimiendo en doce libros lo que a Homero le había costado cuarenta y ocho. Es, por otro, un poema político: al hacer que Roma descienda de Troya y que la gens Julia descienda de Ascanio, hijo de Eneas y también llamado Iulo, la Eneida proporciona a Julio César y a Augusto una genealogía que llega hasta la diosa Venus.
Virgilio murió en el 19 a. C. sin haberla terminado de revisar —unos sesenta versos quedaron métricamente incompletos— y, según la tradición, pidió en su lecho de muerte que el manuscrito fuera quemado por considerarlo imperfecto. Augusto lo prohibió y ordenó publicarlo, encargando a dos amigos del poeta que hicieran únicamente las correcciones imprescindibles.
Esa decisión imperial convirtió a la Eneida en el texto más leído, comentado, imitado y traducido de la literatura latina durante dos mil años. Fue el libro escolar de Occidente, la guía de Dante en el infierno, el modelo de la épica renacentista española y el origen de una parte considerable del vocabulario y de las imágenes con que la cultura hispánica piensa el destino, el deber y la fundación.
2. Virgilio y su tiempo[editar]
Virgilio escribió la Eneida en el momento exacto en que Roma dejaba de ser una república y se convertía en un imperio. Había publicado antes las Bucólicas, poesía pastoril, y las Geórgicas, un poema sobre la agricultura y el trabajo de la tierra que es también una defensa de la restauración de la Italia rural tras un siglo de guerras civiles.
La Eneida es la culminación de ese programa. Roma acababa de salir de las guerras civiles que habían destruido la República —la de César contra Pompeyo, la de los cesaricidas, la de Octaviano contra Marco Antonio—, y el régimen que emergía necesitaba un relato que explicara ese desenlace no como un accidente sino como el cumplimiento de un destino. Eso es lo que hace el poema: cada penalidad de Eneas está justificada por lo que acabará fundándose gracias a ella.
3. Argumento[editar]
3.1 La mitad odiseica (libros I-VI)[editar]
El poema empieza in medias res, con la flota troyana ya cerca de Italia y desviada por una tempestad que provoca Juno, diosa hostil a los troyanos, hasta las costas de África.
Libro I. Los náufragos llegan a Cartago, ciudad que está fundando la reina Dido, huida de Tiro. Venus, madre de Eneas, interviene para que la reina los acoja.
Libro II. Eneas relata a Dido la caída de Troya: el caballo de madera, la advertencia desoída de Laocoonte, el engaño de Sinón, el saqueo nocturno, la muerte de Príamo y su huida de la ciudad en llamas cargando a su padre Anquises y llevando de la mano a su hijo Ascanio, mientras su esposa Creúsa se pierde en la confusión. Es el libro más citado del poema y la fuente principal, para la posteridad, del episodio del caballo de Troya.
Libro III. El relato continúa con la errancia por el Mediterráneo —Tracia, Delos, Creta, las Estrófades, el Épiro, Sicilia— y la muerte de Anquises.
Libro IV. El libro más leído de todos. Dido y Eneas se enamoran; los dioses ordenan a Eneas partir hacia Italia; él obedece; la reina, abandonada, se suicida sobre una pira y maldice a la estirpe troyana en unos versos que el poema presenta como el origen mítico de las guerras púnicas entre Roma y Cartago.
Libro V. Escala en Sicilia y juegos fúnebres en honor de Anquises.
Libro VI. Eneas desciende al mundo de los muertos guiado por la Sibila de Cumas. Allí se reencuentra con Dido —que se niega a dirigirle la palabra— y con su padre, que le muestra las almas de los romanos que aún no han nacido: una galería de héroes que culmina en Augusto. Es el centro ideológico del poema y el modelo directo del descenso a los infiernos de la Divina comedia.
3.2 La mitad iliádica (libros VII-XII)[editar]
Libro VII. Los troyanos desembarcan en el Lacio. El rey Latino ofrece a Eneas la mano de su hija Lavinia, pero Juno desencadena la guerra soliviantando a Turno, rey de los rútulos, prometido de Lavinia.
Libro VIII. Eneas busca aliados y visita el emplazamiento donde un día estará Roma. Su madre le entrega un escudo forjado por Vulcano en el que están representadas las hazañas futuras de los romanos, incluida la batalla de Accio.
Libros IX-XI. Combates. Aparecen los episodios más célebres del bloque: la incursión nocturna y la muerte de los amigos Niso y Euríalo, y la guerrera Camila.
Libro XII. Duelo final entre Eneas y Turno. Eneas lo vence y duda si perdonarle la vida, hasta que ve que lleva puesto el cinturón del joven Palante, a quien Turno había matado. Lo mata. El poema termina ahí, de forma abrupta, con el alma del vencido descendiendo indignada a las sombras.
Ese final ha alimentado dos milenios de discusión: para unos es el cierre necesario de un poema sobre el coste del deber; para otros, una nota deliberadamente disonante que pone en cuestión el mismo orden que el poema celebra.
4. Temas[editar]
La pietas. El rasgo que define a Eneas —hasta el punto de que su epíteto fijo es pius Aeneas— no es el valor ni la astucia, sino la pietas: el cumplimiento de las obligaciones para con los dioses, la patria y la familia, por encima del deseo propio. Es la virtud romana por excelencia, y la diferencia esencial entre el héroe virgiliano y los homéricos: Aquiles actúa por cólera y por honor personal, Odiseo por astucia y por deseo de volver a casa; Eneas actúa contra su propio deseo, y ése es exactamente el conflicto del libro IV.
El destino. El fatum atraviesa el poema como una fuerza que ni los dioses pueden alterar, sólo retrasar. Juno no puede impedir la fundación de Roma; sólo puede hacerla más costosa.
El precio de la fundación. La Eneida no oculta lo que cuesta el imperio: una ciudad arrasada, una esposa perdida, un padre muerto, una reina suicida, un joven vencido al que se niega el perdón. Esa ambivalencia es la razón por la que el poema ha resistido tan bien lecturas de signos opuestos, del panegírico imperial a la elegía sobre las víctimas de la historia.
5. La lengua y el verso[editar]
El prestigio de la Eneida no descansa sólo en su argumento. Virgilio construyó un latín poético de una densidad que la crítica antigua ya reconocía como inimitable y que es la razón por la que el poema resiste veinte siglos de lectura.
El hexámetro. El verso épico grecolatino se compone de seis pies métricos de sílabas largas y breves. Virgilio lo manejó con una variedad rítmica extraordinaria: acelera en las batallas acumulando dáctilos, se remansa en los pasajes solemnes con espondeos, y hace coincidir o chocar deliberadamente el acento de la palabra con el del verso para producir tensión. Ese trabajo es prácticamente intraducible, y es el motivo por el que ninguna traducción, por buena que sea, transmite la impresión que el original produce en quien lo lee en latín.
La condensación. Virgilio es célebre por decir en tres palabras lo que otro autor diría en tres versos. De ahí que la Eneida haya proporcionado a las lenguas europeas una cantidad desproporcionada de sentencias sueltas —sobre el paso del tiempo, sobre el recuerdo del sufrimiento pasado, sobre el temor a los regalos del enemigo— que circulan desde hace siglos separadas de su contexto.
Los versos incompletos. Los aproximadamente sesenta hemistiquios que quedaron sin terminar son una de las peculiaridades más comentadas del texto. Como el poema se publicó sin la revisión final del autor, esas líneas truncadas se conservaron tal cual, y la crítica ha discutido durante siglos si son simples andamios de trabajo o si en algunos casos Virgilio los habría mantenido por efecto expresivo.
6. Cómo llegó hasta nosotros[editar]
La transmisión de la Eneida es excepcionalmente buena para un texto antiguo. Se conservan manuscritos tardoantiguos de gran calidad —algunos ilustrados—, muy anteriores a los de la mayoría de los autores clásicos, y el texto circuló sin interrupción durante toda la Edad Media, porque nunca dejó de enseñarse.
Esa continuidad tuvo un efecto secundario notable: mientras el griego se perdía en el Occidente latino y Homero quedaba fuera del alcance de los lectores europeos durante casi mil años, Virgilio siguió leyéndose siempre. Por eso, para la Europa medieval y para buena parte de la moderna, la guerra de Troya fue ante todo la que contaba el libro II de la Eneida, y el héroe ejemplar de aquella historia no fue ningún griego sino Eneas. La materia troyana llegó al castellano por esa vía latina, y no por la homérica.
Al texto se sumó pronto un aparato de comentarios —el más influyente, el de Servio, del siglo IV— que explicaba cada verso a los escolares y que transmitió a la Edad Media una parte considerable de lo que se sabía sobre la religión y las instituciones romanas.
7. Recepción[editar]
En la Antigüedad tardía y en la Edad Media, la Eneida fue el texto escolar por excelencia del Occidente latino: se aprendía a leer con él, se memorizaban sus versos y se le atribuyeron incluso poderes adivinatorios mediante la práctica de abrir el libro al azar y leer el pasaje que apareciera.
Su lector más influyente fue Dante Alighieri, que hizo del propio Virgilio el guía que conduce al narrador de la Divina comedia a través del infierno y el purgatorio, en un homenaje que fijó durante siglos la imagen del poeta latino como maestro de la razón y del arte.
En la literatura española, la huella es continua desde la Edad Media. Fue el modelo de la épica culta del Siglo de Oro; Garcilaso de la Vega, fray Luis de León y Góngora trabajaron sobre sus materiales y sobre su sintaxis; y el episodio de Dido —transmitido también por Ovidio— se convirtió en uno de los asuntos recurrentes del teatro y la poesía áureos.
En cuanto a traducciones al castellano, la de Miguel Antonio Caro, humanista y presidente de Colombia, es la versión clásica en verso: una traducción en octavas reales del siglo XIX que sigue siendo una referencia y que ilustra hasta qué punto la tradición virgiliana echó raíces en la América hispana.
8. La Eneida en el mundo hispanohablante[editar]
La Eneida es, junto a las Metamorfosis de Ovidio, el conducto principal por el que la mitología grecolatina llegó al español, y su presencia se detecta en tres capas distintas.
En la lengua. Expresiones de uso corriente en español proceden directa o indirectamente del poema. La desconfianza ante un regalo del enemigo, la idea del «caballo de Troya» como engaño que se introduce en casa, la fórmula de empezar un relato in medias res y la propia palabra pío en su sentido de cumplidor de sus deberes tienen su origen o su difusión en la tradición virgiliana.
En la enseñanza. Durante siglos, la Eneida fue el texto con el que se aprendía latín en toda la América hispana y en España, y sus primeros versos —la declaración de que el poeta canta las armas y al varón— figuran entre las líneas más reconocibles de la cultura escolar occidental. Sigue siendo lectura habitual en los planes de bachillerato de varios países hispanohablantes.
En la literatura americana. La épica de la conquista y de la fundación en Hispanoamérica se escribió sobre el molde virgiliano: La Araucana de Alonso de Ercilla, poema sobre la guerra de Arauco en
Chile, es el ejemplo mayor de un modelo —un pueblo desplazado, una guerra fundacional, un destino escrito— que resultó especialmente utilizable en un continente donde todas las ciudades tenían fecha de fundación conocida. En el siglo XX, la relectura de los clásicos por parte de poetas hispanoamericanos volvió una y otra vez sobre Eneas como figura del desterrado que carga con su padre y con su historia.