Héctor
| Héctor | |
|---|---|
| ῞Εκτωρ · Héktōr | |
| Nombre griego | ῞Εκτωρ (Héktōr); en eolio, Éktōr |
| Epíteto | hippodamoio (ἱπποδάμοιο), «el domador de caballos» |
| Condición | Príncipe troyano, primogénito y heredero |
| Padres | El rey Príamo y la reina Hécuba |
| Hermanos | Paris, Casandra, Héleno, Polidoro y otros |
| Esposa | Andrómaca, hija de Eetión, rey de los cilicios |
| Hijo | Astianacte, único |
| Papel | Comandante de la defensa de Troya frente a los aqueos |
| Muerte | A manos de Aquiles, de una lanzada en la garganta |
| Aparece en | Ilíada, de la que es el gran antagonista |
1. Resumen[editar]
Héctor (griego ῞Εκτωρ, Héktōr) es, en la mitología griega, el príncipe troyano encargado de la defensa de la ciudad frente a los aqueos durante la Guerra de Troya, hasta su muerte a manos de Aquiles. Su epíteto homérico es hippodamoio, «el domador de caballos».
Es uno de los personajes principales de la Ilíada y, como comandante de las fuerzas troyanas, su contribución a la resistencia fue decisiva. En la estructura del poema ocupa el lugar del antagonista de Aquiles, no sólo en el campo de batalla sino en el carácter, y esa oposición es el eje del texto: la Ilíada empieza nombrando a Aquiles y termina con el funeral de Héctor.
Lo que hace de Héctor un personaje excepcional para la épica antigua es que defiende una causa que no aprueba y una ciudad que sabe condenada. No quiso la guerra, reprocha a su hermano Paris haberla provocado, sabe que Troya caerá y que su mujer será esclava, y sale a combatir de todos modos. De ahí que muchos lectores lo consideren el personaje más admirable del poema pese a estar en el bando que pierde.
2. Familia y descripción[editar]
Era hijo primogénito del rey Príamo y de la reina Hécuba, y hermano de Paris y Casandra. Estaba casado con Andrómaca, hija de Eetión, rey de los cilicios, con quien tuvo un único hijo, Astianacte.
Una tradición minoritaria sostiene que en realidad era hijo de Apolo.
Dares Frigio lo describió como «tartamudo, blanco, de pelo rizado, bizco, de miembros ágiles, de rostro venerable, barbado, agradable, belicoso, magnánimo, clemente para con los ciudadanos, amable y equilibrado».
2.1 El nombre[editar]
Hay varias explicaciones sobre su origen. Una lo hace derivar del verbo ἔχειν (ejein), con el sentido aproximado de «el que sostiene» —una etimología que encaja tan bien con su función en el poema que resulta difícil no leerla como intencionada.
3. En la Ilíada[editar]
3.1 Un guerrero que no quiere la guerra[editar]
Pese a ser el guerrero más temido por sus enemigos, Héctor no aprobaba la guerra entre griegos y troyanos. Al ver que Paris rehúye el combate con Menelao, le reprocha que se esconda después de haber causado tantos problemas a su patria. Paris propone entonces resolverlo en combate singular, con Helena y el fin de la guerra como premio; pero durante el duelo Afrodita se lleva a Paris del campo de batalla, Menelao reclama la victoria y Pándaro hiere a Menelao con una flecha desde las murallas, con lo que la guerra se reanuda.
3.2 La despedida de Andrómaca[editar]
Es la escena más célebre del personaje y una de las más citadas de toda la literatura griega.
Obligado a encabezar el contraataque, Héctor se dispone a atravesar las puertas de la ciudad cuando Andrómaca lo detiene con Astianacte en brazos y le suplica que no salga. Héctor sabe que Troya y la casa de Príamo están condenadas y que el destino de los suyos será la muerte o la esclavitud en tierra extranjera, y se lo dice con una precisión brutal: le describe el día en que un aqueo se la llevará llorando, y ella tendrá que tejer en Argos a las órdenes de una señora o ir a por agua a las fuentes Meseis o Hiperea, mientras alguien que la vea diga: «Esa fue la mujer de Héctor, el más valiente de los troyanos». Prefiere, añade, estar muerto y enterrado antes que oír sus gritos mientras se la llevan.
Y entonces ocurre el detalle que ha hecho inmortal el pasaje. Héctor tiende los brazos hacia su hijo y el niño rompe a llorar asustado, no de su padre, sino de la armadura y del penacho de crines de caballo que se agita sobre el yelmo. Sus padres se echan a reír, Héctor se quita el casco y lo deja en el suelo, reluciente, coge al niño, lo besa, lo mece en brazos y reza:
Que este hijo mío llegue a ser como yo, el primero entre los troyanos; que no sea menos fuerte, y que gobierne Ilión con su poder. Y que alguien diga de él, al verlo volver del combate: «El hijo es mucho mejor que el padre».
Después devuelve el niño a su madre, que lo aprieta contra el pecho sonriendo entre lágrimas.
3.3 El duelo con Áyax[editar]
Reagrupados los troyanos, y tras comunicarle su hermano Héleno —dotado de adivinación— que aún no le tocaba morir, Héctor desafía a cualquier griego a un combate singular.
Los aqueos se muestran reticentes hasta que Néstor los reprende; entonces se ofrecen nueve y se sortea quién combatirá. Sale elegido Áyax Telamón, y ambos luchan todo el día sin que ninguno logre imponerse. Al terminar, cada uno expresa su admiración por el valor y la destreza del otro y se intercambian regalos: Héctor le entrega su espada —la misma con la que Áyax acabaría suicidándose— y Áyax le da su cinto.
Ambos bandos pactan una tregua para enterrar a sus muertos, que los griegos aprovechan para construir una muralla y abrir un foso alrededor de las naves.
3.4 El asalto al campamento[editar]
Los troyanos empujan a los griegos tras la empalizada y están a punto de alcanzar las naves, pero Agamenón reagrupa el ejército y repele el ataque. Héctor decide entonces atacar el campamento y quemar las naves al día siguiente.
Diomedes y Odiseo lo obstaculizan para dar tiempo a la retirada mientras los troyanos intentan derribar la empalizada. Héctor golpea las puertas con una gran piedra y ordena escalar el muro. Ya dentro, es alcanzado por una piedra que le arroja Áyax, pero Apolo le infunde fuerzas. Llega hasta la nave de Protesilao y ordena incendiarla, aunque Áyax frustra todos los intentos.
3.5 Patroclo[editar]
Ante la ofensiva troyana, la única esperanza griega es que Aquiles vuelva al combate, y este se niega. Su compañero Patroclo decide entonces vestir la armadura de Aquiles y ponerse al frente de los mirmidones.
Patroclo es herido por Euforbo y muerto por Héctor, con la ayuda de Ares. Héctor toma la armadura de Aquiles y ordena la retirada, evitando disputar a Áyax el cuerpo de Patroclo.
Al enterarse, Aquiles clama venganza y acepta volver a la lucha. Es el punto de no retorno del poema.
4. La muerte[editar]
4.1 El consejo que no sigue[editar]
Aquella noche, los troyanos se reúnen. Polidamante, amigo y lugarteniente de Héctor, aconseja replegarse a la ciudad para protegerse de la ira de Aquiles. Héctor desoye el consejo, ordena mantener las posiciones en el campamento y se declara decidido a enfrentarse a él.
Es su error, y el poema lo presenta como tal.
4.2 Las tres vueltas a la muralla[editar]
Al día siguiente, los griegos empujan a los troyanos hacia la ciudad. Héctor se asusta y se mezcla entre las tropas por consejo de Apolo, pero cuando Aquiles mata a su hermano Polidoro deja de esconderse y acude al enfrentamiento; Apolo vuelve a retirarlo del combate.
En la retirada, Héctor queda fuera de las puertas y Aquiles lo persigue. Dan tres vueltas completas a las murallas de la ciudad, pasando ante los lavaderos donde, antes de la llegada de los aqueos, las mujeres troyanas lavaban la ropa. El poema se detiene ahí para una de sus observaciones más frías: no corrían por un premio de carrera —ni una res para el sacrificio ni una piel de buey—, sino por la vida de Héctor.
Hasta que Atenea, tomando la forma de su hermano Deífobo, lo convence de plantar cara. Héctor se detiene creyendo que tiene un aliado al lado. No lo tiene.
4.3 La lanzada[editar]
Héctor pide a Aquiles un pacto: que el vencedor honre el cadáver del vencido. Aquiles rechaza cualquier trato.
Aquiles examina el cuerpo de Héctor buscando dónde herirlo, y todo está protegido por la armadura que el propio Héctor había arrebatado a Patroclo —es decir, por la armadura de Aquiles—, salvo la garganta, en el punto donde las clavículas separan el cuello de los hombros. Ahí le clava la lanza.
El poema añade entonces un detalle que casi todos los resúmenes omiten y que cambia por completo la escena: la punta atraviesa la carne del cuello pero no le secciona la tráquea, de modo que Héctor todavía puede hablar. Y habla. Suplica a Aquiles, por su vida, por sus rodillas y por sus padres, que no deje que los perros lo devoren junto a las naves, y que acepte el oro y el bronce que su padre y su madre le ofrecerán a cambio de devolver su cuerpo a Troya para que le den las honras del fuego.
Aquiles se niega, y le responde que los aqueos darán a Patroclo todos los ritos fúnebres mientras perros y buitres harán su voluntad con él.
4.4 El ultraje[editar]
Muerto Héctor, los aqueos laceran su cuerpo. Después Aquiles le perfora los tendones de ambos pies, del talón al tobillo, pasa por los agujeros correas de piel de buey y ata el cadáver a su carro, dejando que la cabeza vaya arrastrando por el suelo. Lanza los caballos y el polvo se levanta tras el cuerpo; el cabello oscuro de Héctor se despliega y su cabeza, antes hermosa, queda tendida en la tierra.
Desde la muralla, Hécuba se arranca el pelo y arroja el velo dando un grito, Príamo gime, y la ciudad entera rompe a llorar.
Durante doce días el cuerpo permanece expuesto al sol y a los animales, pero Apolo lo protege y lo conserva intacto.
4.5 El rescate[editar]
Finalmente, Príamo, guiado por Hermes, se atreve a llegar hasta la tienda de Aquiles y le suplica que le devuelva a su hijo. Aquiles se apiada y, a cambio de un rescate, le entrega el cadáver. Príamo lo lleva a Troya y celebra sus funerales.
Con ese funeral termina la Ilíada.
5. ¿Existió Héctor?[editar]
No hay pruebas directas de la existencia de los héroes homéricos, y las teorías sobre ellos se apoyan en indicios que no bastan para ser concluyentes.
El más sugerente procede de las tablillas en lineal B, la escritura de la Grecia micénica. En ellas aparecen muchos de los nombres masculinos homéricos, y entre ellos e-ko-to (Héctor). Eso no demuestra que existiera el personaje: demuestra que el nombre era un nombre real de la Edad del Bronce griega, lo que sitúa la tradición en un suelo histórico aunque no la confirme.
La ciudad, en cambio, sí existió: el yacimiento de Hisarlik, en los Dardanelos.
6. Después de Homero[editar]
Según Pausanias, que escribió en el siglo II d. C., la ciudad de Tebas envió una delegación a Troya que trajo los huesos de Héctor, depositados según la creencia en una tumba próxima a la fuente Edipodia, después de que los tebanos recibieran un oráculo en ese sentido.
7. Héctor en el mundo hispanohablante[editar]
Héctor es un nombre propio corriente en España y en toda Hispanoamérica, a diferencia de Aquiles, Áyax o Patroclo, que en español son rarezas. La consecuencia es curiosa: millones de hispanohablantes llevan el nombre del defensor de Troya sin que la asociación llame la atención de nadie.
En el terreno de la lectura, el acceso al personaje pasa por las traducciones de la Ilíada, de las que la de Luis Segalá y Estalella —en prosa y de dominio público— sigue siendo la más difundida en la enseñanza secundaria de la región.
Conviene además una advertencia para el lector que llega desde el cine. En la película Troya (2004), que interpretó Eric Bana y cuya actuación fue de lo más elogiado del filme, Aquiles mata a Héctor directamente ante las murallas: no hay persecución de tres vueltas a la ciudad ni engaño de Atenea, y los dioses no intervienen en absoluto. La libertad tomada con el material clásico fue precisamente uno de los reproches más repetidos de la crítica a esa película. Lo que sí conserva, y con fidelidad, es el final: Príamo entrando solo y desarmado en el campamento griego a suplicar el cuerpo de su hijo, la escena culminante tanto del poema como de la adaptación.
8. Véase también[editar]
- Ilíada — el poema del que es el gran antagonista.
- Aquiles — su enemigo, y quien lo mata.
- Guerra de Troya — la guerra que defiende sin haberla querido.
- Troya — la ciudad que defiende, y el yacimiento arqueológico que la identifica.
- Helena — la causa declarada de la guerra, y cuñada suya.
- Agamenón — el jefe del ejército al que se enfrenta.