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Holocausto

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Holocausto · artículos relacionados[ Desplegar · Plegar ]
PaísesEstados Unidos · España · Argentina · México
CineEl pianista · Steven Spielberg · La vida es bella
HistoriaSegunda Guerra Mundial · Francisco Franco
Holocausto
Shoá (השואה)
UbicaciónEuropa ocupada por la Alemania nazi
Período1941–1945
ContextoSegunda Guerra Mundial
VíctimasAprox. 6 000 000 de judíos
Otros grupos perseguidosPueblo romaní, eslavos, discapacitados, opositores políticos, homosexuales, testigos de Jehová
PerpetradorAlemania nazi y sus colaboradores en los territorios ocupados
Método principalCampos de exterminio, fusilamientos masivos, trabajos forzados, experimentación médica
Nombre hebreoShoá (השואה, «la catástrofe»)
Término en yidisJurbn (חורבן, «destrucción»)

1. Resumen[editar]

El Holocausto —también conocido por su término hebreo Shoá (השואה, «la catástrofe»)— fue el genocidio sistemático y planificado por el Estado alemán bajo el régimen nacionalsocialista contra la población judía europea durante la Segunda Guerra Mundial. Entre 1941 y 1945, aproximadamente seis millones de judíos fueron asesinados en lo que constituye el genocidio más documentado y de mayor escala ejecutado con métodos industriales en la historia de la humanidad.

El exterminio fue la culminación de un proceso de radicalización progresiva que comenzó con la discriminación legal, el despojo económico y la segregación social de los judíos alemanes tras el ascenso de Adolf Hitler al poder en 1933, se intensificó con la violencia de la Noche de los Cristales Rotos en 1938, y desembocó en el asesinato masivo tras la invasión de la Unión Soviética en 1941. La decisión de ejecutar la «Solución Final de la Cuestión Judía» (Endlösung der Judenfrage) se materializó en la construcción de campos de exterminio equipados con cámaras de gas —Auschwitz-Birkenau, Treblinka, Sobibor, Bełżec, Chełmno y Majdanek— y en las ejecuciones masivas llevadas a cabo por los Einsatzgruppen en los territorios del este.

Aunque el blanco principal fue la población judía, la política de exterminio nazi también se dirigió contra otros grupos considerados «racialmente inferiores» o «indeseables»: el pueblo romaní (gitanos), ciudadanos polacos y eslavos, personas con discapacidad física o mental, opositores políticos (particularmente comunistas y socialdemócratas), prisioneros de guerra soviéticos, homosexuales y testigos de Jehová, entre otros. La historiografía actual estima el número total de víctimas del régimen nazi en una cifra que oscila entre los 11 y los 17 millones de personas, si se incluyen todos los grupos perseguidos.

El Holocausto transformó profundamente la conciencia moral del siglo XX, impulsó la creación del Estado de Israel en 1948, dio origen a la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de las Naciones Unidas y generó un cuerpo jurídico internacional sobre crímenes de lesa humanidad que sigue desarrollándose. Su legado atraviesa la filosofía, la literatura, el cine y la pedagogía contemporáneos, y su memoria es preservada en instituciones como Yad Vashem en Jerusalén y el Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos en Washington D. C. La negación del Holocausto está tipificada como delito en varios países europeos, entre ellos Alemania, Austria y Francia.

2. Etimología y terminología[editar]

El término «holocausto» proviene del latín tardío holocaustum, que a su vez deriva del griego ὁλόκαυστος (holókaustos): ὅλος (hólos, «completo») y καυστός (kaustós, «quemado»). En la Septuaginta, la traducción griega de la Biblia hebrea, designaba el sacrificio en que la víctima era completamente consumida por el fuego. Este origen sacrificial fue motivo de debate entre sobrevivientes, teólogos e historiadores, que señalaron la inconveniencia teológica de asociar el asesinato de seis millones de personas con un sacrificio religioso.

La comunidad judía prefiere mayoritariamente el término Shoá (השואה), vocablo hebreo que significa «la catástrofe» o «la devastación», y que aparece en Isaías 47:11. En el mundo de habla yidis se emplea Jurbn (חורבן, «destrucción»), término que evoca el lenguaje tradicional de la destrucción del Templo de Jerusalén. En el ámbito de habla alemana, la palabra Völkermord («genocidio») es de uso común, y el régimen nazi utilizó internamente eufemismos como «Solución Final» (Endlösung), «tratamiento especial» (Sonderbehandlung) o «reasentamiento en el este» (Umsiedlung).

En español, «Holocausto» sigue siendo el término más extendido en el ámbito académico, educativo y mediático, si bien en las últimas décadas ha ganado terreno «Shoá», sobre todo en contextos que buscan respetar la sensibilidad de las víctimas y sus descendientes.

3. Antecedentes históricos[editar]

3.1. El antisemitismo europeo antes del nazismo[editar]

El antisemitismo que cristalizó en el Holocausto no surgió con el nazismo, sino que se asentaba sobre una larga tradición de hostilidad hacia los judíos en Europa. Durante la Edad Media, las comunidades judías sufrieron persecuciones periódicas, expulsiones masivas —como la de España en 1492 mediante el Decreto de la Alhambra—, acusaciones de crímenes rituales y la imposición del confinamiento en guetos. La Reforma protestante añadió una dimensión teológica adicional: los escritos antijudíos de Martín Lutero, particularmente Sobre los judíos y sus mentiras (1543), serían profusamente citados por la propaganda nazi siglos después.[1]

En el siglo XIX, el antisemitismo adoptó un ropaje pseudocientífico con las teorías raciales. El conde Joseph Arthur de Gobineau, en su Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas (1853–1855), postuló una jerarquía racial que sería instrumentalizada más tarde por los ideólogos nazis. El compositor Richard Wagner publicó en 1850 El judaísmo en la música, panfleto que abogaba por la exclusión de los judíos de la vida cultural alemana. En Francia, el Caso Dreyfus (1894–1906) puso de manifiesto la profundidad del antisemitismo en las sociedades europeas supuestamente liberales.

En el Imperio ruso, los pogromos —estallidos de violencia colectiva contra comunidades judías— se sucedieron con particular virulencia entre 1881 y 1921, provocando una emigración masiva hacia Europa occidental y América. El más infame ocurrió en Chisináu, en 1903. Estos episodios contribuyeron a forjar un clima en que la deshumanización de los judíos podía ser socialmente aceptada en amplios sectores de la población europea.

3.2. La ideología racial nacionalsocialista[editar]

El Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) articuló desde sus orígenes un programa político en el que el antisemitismo racial constituía el núcleo doctrinario. En su obra programática Mi lucha (Mein Kampf), dictada en prisión tras el fallido Putsch de Múnich de 1923, Adolf Hitler desarrolló la tesis del «espacio vital» (Lebensraum) en el este europeo y presentó a los judíos como la antítesis racial del pueblo ario, responsables simultáneamente del capitalismo financiero internacional y del comunismo bolchevique. Esta contradicción —que hacía de los judíos enemigos tanto de la derecha como de la izquierda— fue funcional a la movilización de apoyos sociales heterogéneos.

La antropología racial alemana, influida por figuras como Hans F. K. Günther, proporcionó un andamiaje pseudocientífico que clasificaba a los judíos como una «raza inferior» (Untermensch) cuya existencia amenazaba la pureza del Volk alemán. Las Leyes de Núremberg de 1935 plasmarían esta ideología en el ordenamiento jurídico del Reich.

3.3. El ascenso de Hitler al poder (1933)[editar]

El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler fue nombrado Canciller de Alemania por el presidente Paul von Hindenburg. En menos de dos meses, el incendio del Reichstag (27 de febrero de 1933) sirvió de pretexto para la promulgación del Decreto del Incendio del Reichstag, que suspendió derechos civiles fundamentales. El 23 de marzo, la Ley Habilitante otorgó a Hitler poderes legislativos plenos, eliminando de facto la separación de poderes de la República de Weimar.

La persecución de los judíos comenzó casi de inmediato. El 1 de abril de 1933 se organizó un boicot nacional a los comercios judíos, marcado con pintadas y custodiado por las SA (tropas de asalto). El 7 de abril, la Ley para la Restauración del Servicio Civil Profesional excluyó a los judíos de la administración pública. Se inició así un proceso de exclusión legal progresiva que precedió en años al exterminio físico.

4. Las fases de la persecución (1933–1939)[editar]

4.1. Las Leyes de Núremberg (1935)[editar]

El 15 de septiembre de 1935, el Reichstag aprobó las Leyes de Núremberg durante el congreso anual del NSDAP en esa ciudad. La «Ley de Ciudadanía del Reich» (Reichsbürgergesetz) privó a los judíos de la ciudadanía alemana, reduciéndolos a la condición de «súbditos» (Staatsangehörige) sin derechos políticos. La «Ley para la Protección de la Sangre y el Honor Alemanes» (Gesetz zum Schutze des deutschen Blutes und der deutschen Ehre) prohibió los matrimonios y las relaciones sexuales entre judíos y ciudadanos de «sangre alemana», además de vetar a los hogares judíos la contratación de empleadas domésticas alemanas menores de 45 años.

Estas leyes fueron seguidas por decretos complementarios que definieron quién era considerado judío a efectos legales: se establecieron las categorías de «judío pleno» (tres o cuatro abuelos judíos), «mischling de primer grado» (dos abuelos) y «mischling de segundo grado» (un abuelo), creando una taxonomía racial que determinaría el destino de millones de personas.

4.2. La expropiación económica y la «arianización»[editar]

Entre 1933 y 1938, el régimen nazi llevó a cabo un proceso sistemático de expropiación de las propiedades y negocios judíos, conocido como «arianización» (Arisierung). Empresas, inmuebles, obras de arte y cuentas bancarias fueron transferidos a propietarios alemanes no judíos a precios muy por debajo del mercado, cuando no confiscados directamente. Este proceso no solo empobreció a la comunidad judía alemana, sino que creó una base de beneficiarios materiales del antisemitismo estatal que amplió la complicidad social con la persecución.

4.3. La Noche de los Cristales Rotos (1938)[editar]

La Noche de los Cristales Rotos (Kristallnacht o Reichskristallnacht) del 9 al 10 de noviembre de 1938 supuso un salto cualitativo en la violencia antisemita. Oficialmente presentada como una «reacción espontánea» al asesinato del diplomático alemán Ernst vom Rath en París —perpetrado por el joven judío polaco Herschel Grynszpan—, fue en realidad una operación coordinada por las autoridades nazis.

En toda Alemania y Austria, sinagogas, comercios y viviendas judías fueron destruidos o incendiados. Se estima que más de 1 000 sinagogas fueron quemadas, alrededor de 7 500 comercios saqueados y un centenar de judíos asesinados directamente. Aproximadamente 30 000 varones judíos fueron arrestados y enviados a los campos de concentración de Dachau, Buchenwald y Sachsenhausen en lo que constituyó la primera deportación masiva de judíos a campos de concentración. La comunidad judía fue obligada a pagar una «multa expiatoria» de mil millones de marcos por los daños sufridos por sus propias propiedades.

4.4. La emigración forzada[editar]

La política nazi hasta 1941 contempló la emigración forzada de los judíos como una «solución» territorial al «problema judío». La Oficina Central para la Emigración Judía, dirigida en Viena por Adolf Eichmann, desarrolló un sistema de expropiación burocrática que despojaba a los emigrantes de sus bienes antes de autorizar su salida. Entre 1933 y 1939, alrededor de 300 000 judíos abandonaron Alemania y Austria. Sin embargo, las políticas restrictivas de inmigración de muchos países —incluidos Estados Unidos y buena parte de América Latina— limitaron drásticamente las posibilidades de refugio. La Conferencia de Évian, convocada en julio de 1938 por iniciativa del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt para abordar la crisis de refugiados judíos, se saldó sin compromisos sustanciales de acogida por parte de los 32 países participantes.

5. La Segunda Guerra Mundial y la radicalización del genocidio (1939–1941)[editar]

5.1. Los guetos en Polonia[editar]

La invasión de Polonia en septiembre de 1939 colocó a unos 3,3 millones de judíos bajo control alemán. Las autoridades nazis procedieron a concentrarlos en guetos urbanos sellados, sometidos a condiciones de hacinamiento extremo, hambre y enfermedades. El gueto de Varsovia, el mayor de todos, llegó a albergar a más de 450 000 personas en un área de 3,4 km².

Los guetos funcionaron como antesala del exterminio. Sus habitantes fueron diezmados por el hambre —las raciones calóricas diarias oscilaban entre las 300 y 600 calorías— y por epidemias como el tifus. Al mismo tiempo, los consejos judíos (Judenräte), impuestos por los alemanes para administrar los guetos, se vieron forzados a una colaboración trágica, incluyendo la confección de listas de deportados.

5.2. La Operación Barbarroja y los Einsatzgruppen[editar]

La invasión alemana de la Unión Soviética, iniciada el 22 de junio de 1941 (Operación Barbarroja), marcó el punto de inflexión hacia el genocidio sistemático. Detrás de las líneas del frente, cuatro grupos operativos móviles (Einsatzgruppen A, B, C y D) —compuestos por miembros de las SS, la policía alemana y colaboradores locales— ejecutaron fusilamientos masivos de comunistas, partisanos y, sobre todo, de población judía de todas las edades y sexos.

La masacre más conocida tuvo lugar en el barranco de Babi Yar, en las afueras de Kiev, donde entre el 29 y el 30 de septiembre de 1941, el Einsatzgruppe C y colaboradores ucranianos asesinaron a 33 771 judíos en apenas dos días. Se calcula que los Einsatzgruppen asesinaron en total a aproximadamente 1,5 millones de judíos entre 1941 y 1943, principalmente en Ucrania, Bielorrusia, los países bálticos y el oeste de Rusia.

Estos fusilamientos masivos, sin embargo, planteaban problemas logísticos y psicológicos para los perpetradores: consumían grandes cantidades de munición, dejaban fosas comunes difícilmente ocultables y causaban estrés psicológico en los verdugos. Ello impulsó la búsqueda de métodos de exterminio más «eficientes» e impersonales.

6. La «Solución Final» y los campos de exterminio (1941–1945)[editar]

6.1. La Conferencia de Wannsee (1942)[editar]

El 20 de enero de 1942, quince altos funcionarios del Reich se reunieron en una villa del barrio berlinés de Wannsee bajo la presidencia de Reinhard Heydrich, jefe de la Oficina Principal de Seguridad del Reich (RSHA). La conferencia, de la que se conserva el acta redactada por Adolf Eichmann, no fue el momento en que se tomó la decisión de exterminar a los judíos europeos —decisión que la mayoría de los historiadores sitúa en algún momento del otoño de 1941, probablemente en octubre o diciembre— sino la instancia en que se coordinó su ejecución a escala continental.

6.2. La Operación Reinhard[editar]

La Operación Reinhard (Aktion Reinhardt), nombrada en memoria de Reinhard Heydrich tras su asesinato en Praga en mayo de 1942, fue el plan de exterminio de los judíos del Gobierno General de Polonia. Bajo la dirección de Odilo Globocnik, se construyeron tres campos de exterminio específicamente diseñados para el asesinato masivo mediante gas:

En estos campos, el procedimiento seguía un patrón estandarizado: llegada de los convoyes ferroviarios, separación por sexo y edad, desnudez forzosa, corte de cabello, marcha hacia las cámaras de gas presentadas como «duchas», muerte por inhalación de monóxido de carbono proveniente de motores diésel o de gasolina, extracción de objetos de valor de los cadáveres —incluyendo prótesis y dientes de oro— e incineración en fosas o crematorios.

6.3. Auschwitz-Birkenau[editar]

El complejo de Auschwitz, ubicado en la Alta Silesia polaca, se convirtió en el símbolo universal del Holocausto. Auschwitz I fue establecido en 1940 como campo de concentración para prisioneros políticos polacos. Auschwitz II-Birkenau, construido en 1941 y operativo a partir de 1942, combinaba funciones de campo de trabajo y de exterminio. Auschwitz III-Monowitz abastecía de mano de obra esclava a la planta de caucho sintético de IG Farben.

Birkenau fue el principal campo de exterminio por ácido cianhídrico (Zyklon B), un pesticida que, en contacto con el aire, liberaba cianuro de hidrógeno y causaba la muerte por asfixia celular en cuestión de minutos.[2] El resto incluía prisioneros polacos, gitanos, prisioneros de guerra soviéticos y presos de otras nacionalidades.

En Birkenau, el médico de las SS Josef Mengele realizó experimentos pseudocientíficos con prisioneros, particularmente gemelos y personas con anomalías físicas, que le ganaron el sobrenombre de «Ángel de la Muerte». La selección de los deportados en la rampa de llegada —trabajo forzado para los aptos, muerte inmediata para ancianos, enfermos, mujeres con niños y embarazadas— decidía en minutos el destino de miles de personas cada día.

6.4. Otros campos y el universo concentracionario[editar]

Además de los campos de exterminio de la Operación Reinhard y Auschwitz, el sistema nazi contaba con una vasta red de miles de campos de concentración, campos de trabajo y guetos.

Campos como Dachau, Buchenwald, Mauthausen, Bergen-Belsen, Ravensbrück o Theresienstadt, aunque no diseñados específicamente como centros de exterminio industrial, registraron una mortalidad masiva por inanición, trabajos forzados, torturas y epidemias. Bergen-Belsen, liberado por tropas británicas en abril de 1945, albergaba en el momento de la liberación miles de cadáveres sin enterrar y prisioneros en estado de extrema desnutrición; entre las víctimas se encontraba la niña judía alemana Ana Frank, autora del célebre diario.

7. Otros grupos perseguidos[editar]

Aunque los judíos constituyeron el blanco central del genocidio nazi, la política racial y la persecución política del Tercer Reich se cebaron igualmente con otros colectivos.

Los romaníes sinti y lara fueron clasificados como racialmente inferiores, esterilizados y deportados a Auschwitz, donde existió un «campo gitano» (Zigeunerlager) específico.

Aunque oficialmente suspendido tras las protestas de la Iglesia católica, el programa continuó de forma descentralizada bajo la denominación de «eutanasia salvaje».

La tasa de mortalidad entre ellos fue muy elevada.

Llevaban el triángulo púrpura en los campos y, a diferencia de otros grupos, podían obtener la libertad si firmaban una renuncia a su fe —lo que la mayoría rechazó—.

8. Resistencia judía[editar]

Contra el estereotipo de la pasividad, los judíos opusieron resistencia en múltiples formas, a pesar de condiciones extremas de desnutrición, desposesión, vigilancia y la presencia de represalias colectivas —a menudo la ejecución de decenas o cientos de rehenes por cada alemán muerto— que disuadían cualquier acción armada.

El levantamiento del gueto de Varsovia, iniciado el 19 de abril de 1943 y sofocado el 16 de mayo, fue la mayor insurrección judía durante la guerra.

En los campos de exterminio se produjeron insurrecciones armadas. En Treblinka, el 2 de agosto de 1943, un levantamiento de prisioneros permitió la huida de varios cientos de internos, aunque la mayoría fueron recapturados o abatidos.

Además de la resistencia armada, existió una resistencia espiritual y cultural de enorme relevancia: archivos clandestinos —como el del gueto de Varsovia, coordinado por el historiador Emanuel Ringelblum bajo el nombre clave «Oyneg Shabes»—, escuelas secretas, sinagogas improvisadas y una intensa vida intelectual y artística incluso en los guetos y campos, que testimoniaba la voluntad de afirmar la dignidad humana en el corazón mismo del infierno.

9. La respuesta internacional y el conocimiento del genocidio[editar]

La pregunta de cuándo y cuánto supieron los Aliados del exterminio de los judíos europeos y por qué no hicieron más para impedirlo ha constituido uno de los debates historiográficos más persistentes.

En 1942, el gobierno polaco en el exilio, con sede en Londres, recibió del miembro de la resistencia Jan Karski información detallada sobre el gueto de Varsovia y el campo de tránsito de Izbica, que transmitió a los gobiernos británico y estadounidense. Ese mismo año, Gerhart Riegner, representante del Congreso Judío Mundial en Ginebra, envió el llamado «Telegrama Riegner» alertando del plan nazi para asesinar a todos los judíos de Europa. El Departamento de Estado estadounidense retuvo la información durante meses antes de autorizar su difusión.

El 17 de diciembre de 1942, los Aliados emitieron una declaración conjunta condenando «la política bestial de exterminio por el frío procedimiento» del régimen nazi. Sin embargo, no se tomaron medidas específicas de rescate, como el bombardeo de las líneas ferroviarias hacia Auschwitz o de las propias instalaciones de exterminio, opción que fue discutida y descartada por razones militares y logísticas que siguen siendo objeto de controversia. La conferencia anglo-estadounidense de las Bermudas de abril de 1943, convocada para abordar el problema de los refugiados, concluyó sin acuerdos sustanciales.

10. El fin del Holocausto y las marchas de la muerte[editar]

A medida que el Ejército Rojo avanzaba desde el este y los Aliados occidentales desde Francia e Italia, las SS procedieron a evacuar los campos más orientales y a desmantelar las pruebas del genocidio. A partir del verano de 1944, decenas de miles de prisioneros fueron obligados a marchar a pie cientos de kilómetros hacia el interior de Alemania, en condiciones de frío extremo, sin alimento ni abrigo, y con ejecuciones sumarias de quienes no podían continuar.

Auschwitz fue liberado por el Ejército Rojo el 27 de enero de 1945. Majdanek, liberado en julio de 1944, fue el primer campo de exterminio en ser conocido por Occidente.[3] Treblinka, Belzec y Sobibor habían sido ya desmantelados por las propias SS. En los meses siguientes, las tropas británicas liberaron Bergen-Belsen (15 de abril de 1945), y las estadounidenses, Buchenwald y Dachau.

11. Balance de víctimas[editar]

El cálculo del número de víctimas del Holocausto ha sido objeto de un trabajo meticuloso por parte de la investigación histórica. Las cifras que se manejan en la actualidad, basadas en documentación alemana, informes demográficos, testimonios y registros de posguerra de las comunidades judías.

La cifra de seis millones de víctimas, repetida desde el proceso de Núremberg, es una estimación redondeada que la mayoría de los historiadores considera suficientemente precisa, con un margen de error que no altera la magnitud del genocidio. Las variaciones entre las distintas fuentes se deben a la destrucción de documentación por parte de los nazis, la falta de censos precisos de preguerra en algunos países del este de Europa y las dificultades para contabilizar a las víctimas fusiladas por los Einsatzgruppen en fosas comunes.

12. La memoria del Holocausto[editar]

12.1. Los procesos judiciales[editar]

Los llamados «juicios sucesores de Núremberg», entre 1946 y 1949, juzgaron a médicos, juristas, industriales y mandos de los Einsatzgruppen. La definición jurídica de «crímenes contra la humanidad» se acuñó en este contexto.

En las décadas siguientes, la República Federal de Alemania llevó a cabo procesos como el juicio de Frankfurt contra los guardias de Auschwitz (1963–1965). Sin embargo, la mayoría de los perpetradores nunca fueron juzgados, y muchos continuaron vidas normales en la Alemania de posguerra. El juicio a Adolf Eichmann, secuestrado por el Mossad en Buenos Aires en 1960 y juzgado en Jerusalén entre 1961 y 1962, fue un hito mediático y moral que por primera vez puso el testimonio de las víctimas en el centro del proceso judicial y dio a conocer al gran público mundial los detalles del Holocausto a través de las crónicas de la filósofa Hannah Arendt.

12.2. Museos e instituciones de memoria[editar]

  • Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau: emplazado en el propio campo, recibe anualmente alrededor de dos millones de visitantes.

12.3. El Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto[editar]

En Israel, el día oficial de duelo nacional es Yom HaShoá, el 27 del mes hebreo de Nisán, fijado en recuerdo del levantamiento del gueto de Varsovia.

12.4. Negacionismo[editar]

La negación del Holocausto consiste en la refutación, minimización o distorsión deliberada de los hechos históricos establecidos sobre el genocidio nazi. Sus argumentos, desmontados uno a uno por la historiografía académica, incluyen la negación de las cámaras de gas, la reducción de la cifra de víctimas o la afirmación de que el genocidio nunca fue ordenado por las más altas autoridades del Reich. En países como Alemania, Austria, Francia, Bélgica y la República Checa, la negación del Holocausto está tipificada como delito penal. En América Latina, el negacionismo ha encontrado eco en círculos marginales, aunque sin respaldo académico ni difusión masiva.

13. El Holocausto en el mundo hispanohablante[editar]

13.1. España y el Holocausto[editar]

La España franquista mantuvo una relación contradictoria con el Holocausto. Aunque el régimen de Francisco Franco era ideológicamente afín al fascismo tras la Guerra Civil, y Hitler había contribuido decisivamente a su victoria militar, España permaneció oficialmente neutral durante la Segunda Guerra Mundial. En esa ambigüedad, algunos diplomáticos españoles desempeñaron un papel humanitario.

Su labor fue continuada por el diplomático italiano Giorgio Perlasca, que se hizo pasar por cónsul español tras la partida de Sanz Briz. Otros diplomáticos españoles, como Eduardo Propper de Calleja, Sebastián Romero Radigales y Bernardo Rolland, también contribuyeron a salvar judíos en distintos puntos de Europa.

13.2. Refugio en América Latina[editar]

Varios países latinoamericanos fueron destino de refugiados judíos, aunque sus políticas de inmigración fueron restrictivas y selectivas. La Argentina recibió un número significativo de judíos europeos tanto antes como después de la guerra, una comunidad que se convirtió en la más numerosa de América Latina. México abrió sus puertas a refugiados españoles republicanos y, en menor medida, a judíos.

Por otro lado, tras la guerra, América Latina se convirtió en destino de numerosos criminales de guerra nazis que huían de la justicia europea. Adolf Eichmann vivió en Argentina hasta su captura en 1960.

13.3. Representación cultural en español[editar]

El Holocausto ha sido tratado en la literatura en español en obras como Sin destino de Imre Kertész —traducida profusamente—, El pianista del gueto de Varsovia de Władysław Szpilman y, más recientemente, La bibliotecaria de Auschwitz de Antonio Iturbe y Los niños escondidos, Los niños de Winton y otros relatos traducidos y publicados por editoriales españolas y latinoamericanas.

[ Desplegar / Plegar — Filmografía seleccionada sobre el Holocausto ]
  • La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993)
  • El pianista (Roman Polanski, 2002)
  • La vida es bella (Roberto Benigni, 1997)
  • El hijo de Saúl (László Nemes, 2015)
  • Noche y niebla (Alain Resnais, 1956) — documental pionero de media hora sobre los campos.
  • La zona de interés (Jonathan Glazer, 2023) — vida cotidiana de la familia del comandante de Auschwitz, Rudolf Höss.
  • Wakolda (Lucía Puenzo, 2013) — drama argentino sobre la estancia de Josef Mengele en la Patagonia.
  • El último tren a Auschwitz (Dana Vávrová y Joseph Vilsmaier, 2006) — coproducción alemana y checa.

14. Legado[editar]

El Holocausto transformó de forma irreversible la comprensión que la humanidad tiene de sí misma. La expresión «nunca más» (nunca más o never again) condensa la promesa, repetida desde 1945 y violada en genocidios posteriores —Camboya, Ruanda, Bosnia, Darfur—, de que la comunidad internacional no permanecería impasible ante crímenes de esa naturaleza.

Su legado jurídico incluye la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (1948), la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y la creación de la Corte Penal Internacional (2002).

En el terreno pedagógico, la educación sobre el Holocausto se ha convertido en un componente estable de los currículos escolares en buena parte de Europa, América del Norte, Israel y, progresivamente, en América Latina. La preservación de los testimonios de los sobrevivientes, cuyo número disminuye con el paso del tiempo, se ha convertido en una prioridad para las instituciones de memoria.

El Holocausto sigue planteando preguntas incómodas sobre la naturaleza humana, el conformismo social, la obediencia a la autoridad —explorada experimentalmente por Stanley Milgram— y la capacidad de sociedades enteras para participar, tolerar o mirar hacia otro lado mientras la maquinaria del genocidio devoraba a millones de seres humanos en el corazón de Europa.


  1. Las propuestas de Lutero —quemar sinagogas, destruir viviendas y prohibir la práctica religiosa judía— guardan una inquietante semejanza retórica con las medidas iniciales del régimen nazi, aunque los historiadores debaten la línea de causalidad directa entre el antisemitismo luterano y el genocidio del siglo XX. ↩︎

  2. El Zyklon B había sido desarrollado como pesticida por la firma alemana Degesch. Su empleo en las cámaras de gas de Auschwitz fue propuesto por el subcomandante del campo, Karl Fritzsch, que había observado su eficacia para eliminar piojos y decidió probarlo con prisioneros soviéticos en el otoño de 1941. ↩︎

  3. La cifra de víctimas de Majdanek ha sido objeto de controversia historiográfica. Las estimaciones iniciales soviéticas, que hablaban de hasta 1,5 millones de muertos, fueron revisadas a la baja por la investigación posterior. La cifra de 78 000, propuesta por Tomasz Kranz en 2005, es la más aceptada en la actualidad. ↩︎